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Full text of "Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833"

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APUNTES PARA UNA BIBLIOTECA 



DE 



ESCRITORAS ESPAÑOLAS 



APUNTES PARA UNA BIBLIOTECA 



DE 



ESCRITORAS ESPAÑOLAS 



DESDE EL AÑO 1401 AL 1833 



POR 



MANUEL SERRANO Y SANZ 



OBRA PREMIADA POR LA BIBLIOTECA NACIONAL EN EL CONCURSO PUBLICO DE 1 898 
É IMPRESA Á EXPENSAS DEL ESTADO 



TOIwIO II 







MADRID 

TIPOGRAFÍA DE LA «REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS» 
Calle de Olid, número 8. 

MCMV 



L 



LABORDA (María de). 

Conocida en el teatro con el nombre de 
Margarita de Castro. 

María de la Gorda es llamada en el ma- 
nuscrito que citaremos; pero á nuestro pare- 
cer esto es una equivocación, pues no cono- 
cemos el apellido Gorda. Fué actriz, según 
ella misma declara, y vivió á últimos del 
siglo XVIII y principios del xix. Ignoramos 
si fué hermana de Francisca Laborda, na- 
tural de Carabanchel de Abajo é hija de 
Valentín Laborda; trabajó en el teatro du- 
rante los años 1775 á 1804. Otra hermana 
de ésta, Ventura Laborda, también cómica, 
casó con Francisco Baus, padre de D." Joa- 
quina Baus y abuelo del inmortal autor 
dramático D. Manuel Tamayo y Baus. 

Conf. Don Ramón de la Crui y sus obras. 
Ensayo biográfico y bibliográfico, por Emi- 
lio Cotarelo y Mori. — ^^Madrid: Imprenta de 
José Perales y Martínez, 1899. 

Págs. 534 y 535. 

En el teatro de Villanueva de los Infantes 
trabajaba en el año 1773, como dama cuar- 
ta, María Laborda (i). 



(1) Archivo Histórico Nacional. Teatro. Leg. 4.° 



I. — Comedia en prosa en cinco actos, 
compuesta por María de la Gorda Bachiller; 
actriz que fué bajo el nombre de Margarita 
de Castro. La dama misterio, Capitán ma- 
rino. 

Manuscrito con algunas enmiendas; letra 
del siglo xviii; 75 hojas útiles en 4.° 

Biblioteca Municipal de Madrid, 1-107M4. 

En esta comedia se propuso su autora de- 
mostrar cómo una mujer puede rivalizar 
con cualquier hombre en valor y sagacidad, 
y recuperar con sus loables acciones el ho- 
nor perdido por una debilidad pasajera. Es 
muy probable que no sea original la obra y 
sí arreglo de alguna extranjera. La acción 
pasa en Inglaterra, y los personajes todos 
como la protagonista Rebeca Wesfield y su 
hermano el Conde Wesfield, son ingleses. 

A la conclusión dice Rebeca: 

Conozcan todos que una mujer sabe ejercer el 
valor y cursar las ciencias con los may^es pro- 
gresos, cuando aspira á colocar su nombre en el 
glorioso templo de la Fama. 

En el prólogo dice la autora: 

Cuando me propuse dilatar con la pluma una 
parte de las muchas 4¿eas que animan mi cora- 
zón, se aparecieron á mi mente dos formidables 
monstruos que con semblante aterrador intenta- 



— 2 — 



ron confundirme; eran la sátira y el desprecio; 
mas yo les dije con serena frente: no temo vues- 
tros golpes, que darán en vago ¿á quién se dirigen? 
á una débil mujer confundida en el profundo abis- 
mo de la obscuridad, que no compone el más leve 
átomo del globo literario; yo no escribo por va- 
nidad; sigo los impulsos del eterno ser que le plu- 
go formar mi alma un ente racional adornado del 
admirable don de la palabra, por cuyo medio dis- 
fruta y comunica los placeres que hacen amable 
la existencia; yo cumplo su voluntad practicando 
tan singular prerrogativa ¿podré temer vuestros 
furores cuando me mueve tan soberana causa? 
En efecto, tal fué el pensamiento que me movió 
á componer mi drama cómico bajo el título de 
La dama misterio, capitán marino; como el alma 
produce las ideas, sin distinción de sexos, nos pre- 
sentan las historias algunas mujeres que han 
competido en ingenio y valor con ios hombres 
más memorables; pero el Supremo Hacedor que 
las destinó principalmente al grande objeto de 
propagar la especie humana, dispuso sabiamente 
que la naturaleza las embelesara con el encanto 
que las ocasiona el fruto de su fecundidad, y su- 
mergidas en el golfo de sus inocentes caricias, de- 
jan al hombre el cuidado de cultivar sus talentos 
para desplegarlos después en fortificar la cadena 
de la sociedad. 

Después añade: 

Me parece necesario advertir que este mi primer 
ensayo sólo es una mera distracción de mis peno- 
sas tareas; mi ocupación, estado y fortuna, no me 
permiten perfeccionarle con mis cortos conoci- 
mientos; no he tenido en él más objeto que ador- 
mecer la memoria de mis pasadas desgracias, 
manifestando al mismo tiempo que las damas es- 
pañolas, entre las gracias de Venus, saben tributar 
holocaustos á Minerva. Dichosa yo si logro que 
estimuladas de mi ejemplo, abandonen una de las 
muchas horas que pierden sin fruto, y traten de 
emplearla en corregir mi obra con otras más dig- 
nas de atención. ¡Cuánto seria mi placer si llegase 
á verlas tan amantes de la Literatura, como son 
de las modas extranjerasl 

LA CERDA (D.*^ Elena de). 

Natural de Sevilla. Casó con D. Joaquín 
de Masaganes y residió en Méjico, siendo 
aquél Gobernador de Tlaxcala. Habiendo 
muerto allí su esposo volvió á Sevilla. A su 



casa concurrían varios literatos, como eran 
D. Fernando Ropiscatín, D. Francisco de la 
Torre, D. Vicente de la Aldea y Benedicto, 
D. Antonio Martínez de Araujo, D. Juan de 
Espina y D. Bartolomé Mostrenco. Sus con- 
temporáneos la llaman «señora tan conocida 
por su hermosura y nobleza, como aplaudi- 
da por sus crecidos talentos, circunstancias 
que la constituyen perfecta». Cierta noche 
propuso á sus amigos la cuestión de quién 
llevaba razón en sus opiniones, si Heráclito 
ó Demócrito, y acordaron dar cada uno su 
opinión en verso, anunciándose el certa- 
men, para que diese su parecer quien qui- 
siera. 

2. — Détima de mi Señora Doña Elena de 
la Cerda, que se fixó en los sitios públicos 
de esta ciudad de Sevilla. 

Dos filósofos nos daba... 

Disertación poética, que de una conversa- 
ción casual resultó sobre el antiguo proble- 
ma de los fundamentos de Heráclito y Demó' 
crito en sus contrarios efectos, tratada por 
parios ingenios de esta ciudad de Sevilla, y 
de otras, cuyas poesías se ponen aguí del 
mismo modo, y en la propia conformidad 
que se han ido exhibiendopor sus respectivos 
authores. Saca á lu!{ esta discreta miscelánea 
la curiosidad de D. Antonio Martines de 
Araujo. — En Sevilla: En la imprenta de 
D. Bartholomé Navarro. S. A. 

22 páginas en 4." más dos hojas de preli- 
minares. 

LA CERDA (D.'^ xMariana de). 

Hay unas coplas suyas en un manuscrito 
del Museo Británico. Letra del siglo xviii; 
folio. 

(Add. 28.489). 



— 3 



LA CERDA (D.''' Mencía de). 



Versos en elogio de Albanio Remirez. 

La Cru{: por Albanio Remire^ de la Tra- 
pera. — En Madrid, por Juan de la Cuesta. 
Año 1612.-8." 

. LA CERDA Y MONCADA 

(D." María Luisa del Rosario de). 

. Hija de los Duques de Medinaceli. 

Escribió una Gramática castellana, en el 
año 1744. Consérvase manuscrita en la bi- 
blioteca ducal de Medinaceli. 

LA CERDA Y VERA 

(D.''' María Cayetana de) 

Condesa de Lalaing. 

Fué hija de D. Joaquín de la Cerda y 
Torquemada, Marqués de la Roca y de la 
Mota de Trejo, caballero de Santiago y 
mayordomo de los reyes Felipe V, Fernan- 
do VI y Carlos III. Su madre, D." María 
Guadalupe de Vera, era nieta del Conde de 
la Roca. D." María Cayetana perteneció á 
la Orden de María Luisa desde el año 1793. 

Estuvo casada con D. Bruno de Lalaing, 
nacido en Badajoz, caballero de Calatrava, 
hijo de D. Lupo de Lalaing, natural de 
Gante, Teniente general en el ejército es- 
pañol, y de D.* Matías Magdalena de Cala- 
sanz, natural de Benabarre. Hizo aquél sus 
pruebas para tomar el hábito de Calatrava 
en 1768. 

3. — Obras de la Marquesa de Lambert, 
Traducidas del Francés por Doña María 
Cayetana de la Cerda y Vera, Condesa de 
Lalaing.— Madrid. En la Oficina de D. Ma- 
nuel Martín. MDCCLXXXI. 

En 4.*, 263 pág., mas cuatro hoj. de pre- 
liminares. 



Portada. V." en blanco. A la Serenissima se- 
ñora D.* Luisa de Borbón, Princesa de Asturias, 
la Condesa de Lalaing. — Prólogo. — Tabla de los 
Tratados. — Texto. 

Contiene varios opúsculos morales, cua- 
les son! Tratado de la amistad; Reflexiones 
sobre las riquei{as; Discurso sobre el dicta- 
men de una señora que creía que el amor con- 
venía á las mujeres aun cuando ya no eran 
jóvenes, y otros. 

En el Archivo Histórico Nacional hemos 
visto los siguientes documentos referentes 
á este libro: 



r 



Muí señor mío: He recibido la Traducción de 
las obras de ALe Lambert, hecha por la Conde- 
sa de Lalaing, que v. m. me remite de orden del 
Consejo para su censura, y quedo en desempe- 
ñar esta comisión inmediatamente. 

Asi podrá v. m. hacerlo presente al Consejo, y 
honrarme con sus preceptos, mientras pido á Dios 
guarde á v. m. muchos años como deseo. Madrid 
á 28 de Mayo de 1781. 

B. L. M. de V. m. 

Su mayor y más seguro servidor, 

Tomás de Yriarte» 
Sr. D. Pedro Escolano de Arrieta. 



II 



M. P. S. 

De orden de V. A. he leído la traducción de va- 
rias obras de M.e Lambert, que ha hecho la 
Condesa de Lalaing; y por lo que pertenece á la 
substancia de este libro, hallo que contiene útiles 
máximas morales, y. ninguna que se oponga á las 
regalías de S. M. Atendiendo á estas dos precisas 
circunstancias, me parece será propio de la benig- 
nidad de V. A. conceder á aquella Señora la satis- 
facción que apetece de dar al público su traduc- 
ción. Madrid á 4 de Julio de 1781. 

Tomás de Triarte. 

III 

Mui señor mío: Devuelvo á v. m. adjunto t\ 
manuscrito de la traducción de las obras de M.*^ 
Lambert, que ha hecho la Condesa de Lalaing, y 



^1 original francés. Acompaño la censura que he 
formado de este libro, para que haciéndolo v. m. 
presente al Consejo, quede por mi parte evacuada 
esta comisión. 

Me repito á las órdenes de v. m., rogando á 
Nuestro Señor le guarde muchos años como 
deseo. 

Madrid á 4 de Julio de 1781. B. L. M. de v. m. 
su mayor y más atento servidor, 

Tomás de Triarte. 

Sr. D. Pedro Escolano de Arrieta. 

(Al margen:) Madrid 6 de Julio de 1781. 
Se concede licencia para la impresión en la for- 
ma ordinaria. 
Fecha licencia en dicho día. 

Archivo Histórico Nacional.— Matrícula de impresio- 
nes. Legajo 21. 

4. — Las Americanas, ó las pruebas de la 
Religión por la razón natural, traducidas 
por la Condesa de Lalaing. 

Habiendo ésta solicitado licencia para pu- 
blicar dicha obra, D. Lorenzo Igual de So- 
ria dio su parecer á i5 de Marzo de 1791, 
manifestando que la obra de Madama Beau- 
mont ofrecía algún peligro para los ignoran- 
tes,, por examinarse en ella los fundamentos 
de la religión únicamente bajo el punto de 
vista filosófico; el Consejo aprobó este dic- 
tamen y decretó á 17 de Marzo de 1791. 

«Escúsese por ahora la impresión de esta obra.» 

Herida la Condesa al verse desairada en 
su pretensión, recurrió al Consejo, y pre- 
sentó un memorial escrito con hiél más que 
con tinta; lo copiamos íntegro: 

Excmo. señor: La Condesa de Lalaing, en la co- 
■ rrespondiente atención y en la debida forma, 

A V. E. suplica, que por un efecto de su justi- 
cia se sirva contribuir á que la exponente no sufra 
un desaire á que está expuesta, y aun ha sufrido 
ya por la inconsideración de los que no desempe- 
ñan como deben las Comisiones del Consejo. A 
instancias de sügeios acreditados por su literatura 
y doctrina, se resolvió la exponente á traducir una 



obra francesa intitulada: Las Americanas, ó las 
pruebas de la Religión por la ra\ón natural, es- 
crita por M.e Beaumont, bien conocida en esta 
Corte, en donde residió algunos años y donde 
mereció la estimación de las personas de la más 
alta gerarquía, y entre otros del Excmo. Sr. Du- 
que de Yxar, por su extraordinaria instrucción, y 
aun mas por su loable conducta y virtud. 

Hecha la traducción y asegurada de nuevo por 
sugetos inteligentes de la solidez y mérito de la 
obra, trató de imprimirla, dedicándola á la Reyna 
nuestra señora (que Dios guarde). Presentó al 
Consejo la traducción para las licencias necesa- 
rias, y para esto el Consejo embió la traducción 
á censores que por el corto espacio que tubieron 
la obra en su poder, secongetura la vieron preci- 
pitadamente, y no solo no usaron con la expo- 
nente el oficio de urbanidad que el Consejo en la 
instrucción de censores que mandó formar el año 
1756, previene se use con cualquier autor cuyas 
obras se les remiten de su superior orden á censu- 
ra, y es el que el censor trate confidencialmente 
con e! autor y de común acuerdo emienden, si 
hay que emendar alguna cosa en la obra remiti- 
da; sino que dieron una censura vaga é infundada 
y aun capciosa, con unos reparos absolutamente 
fútiles é insubsistentes. De ello se sirvió el Consejo 
dar traslado á la exponente para que diera satis- 
facción, como lo hace en el papel separado que 
con la obra original y su traducción devuelve al 
Consejo. 

A V. E. pide que, para evitar que el asunto 
vuelva á los mismos ó semejantes censores que 
es regular sostengan á todo trance su primer 
precipitado dictamen, se sirva mandar quando se 
dé quenta al Consejo, que todo este expediente y 
negocio se remita al Excmo. Sr. Inquisidor Gene- 
ral, cuio dictamen en materia de Religión, que es 
el asunto de la obra en question, deberá ser res- 
petado de la exponente, de sus censores y de to- 
dos. Esta justicia ó gracia espera la exponente del 
favor de V. E. cuia vida Dios guarde muchos 
años. 

Madrid 6 de Octubre de 1791. 

En vista de lo suplicado por la Condesa, 
el Consejo acordó á i5 de Diciembre del 
mismo año remitir el expediente al Vicario 
de Madrid para que informase. 

Archivo Histórico Nacional.— Matrícula de impresio- 
nes. Legajo 31. 



— 5 — 



LADRÓN DE GUEVARA 
(D." Joaquina). 

Vecina de Coria, donde falleció en 1790. 

5. ^Poesías espirituales y algunos papeles 
en prosa para su Confesor. 

Manuscrito en 4.**; letra de aquel tiempo; 
5oo páginas. 

Las poesías son algo menos que media- 
nas; los escritos en prosa insignificantes. 

Biblioteca de Mr. Archer M. Huntington. 

LAFORA (D." María Antonia). 

D." María Antonia Lafora, de la Enseñan- 
za de la calle de San Antonio, dará las gra- 
cias á la Real Sociedad á nombre de las ni- 
ñas premiadas en la siguiente canción: 

¡Cómo! ¿una vez y otra, 
Ilustre Sociedad, orna mi pecho 
El signo del honor? ¿No bastó acaso 
Que mi mérito escaso 
Con un lauro otro tiempo ya premiada, 
Que con nueva corona 
Aun mas mi gratitud empeñar quieres? 

Premios que distribuye la Real Sociedad 
Económica de Amigos del País en la ciudad 
y reino de Valencia en la Junta Pública de 
8 de Diciembre de i83i. — En la oficina de 
D. Benito Monfort. — Sin año. 
' Págs. 10 á 12. 

LA FUENTE (D.* María Antonia de). 

6. — Epigrama española [á la muerte de la 
Reina D.' Isabel de Borbón.] 

Murió por quien la campaña... 

Honras de la Serenissima Reina D. Isa- 
bel de Borbón Nuestra Señora. Que dedica 
a la Católica Magestad del Rey Nuestro Se- 
ñor D. Phelipe 11 11 por renombre el Grande 
la Coronada Real y Imperial Villa de Ma- 
drid. Y escribe el M." loseph Ruík Altable 



Presbytero, natural de la misma Real Vi- 
lla y su Cronista. 

Hemos visto el original en pruebas de im- 
prenta. Es un vol. en 4.° con algunas ho- 
jas sueltas; lo restante manuscrito. 

Biblioteca Nacional.— P. V. 4." 

LANAJA Y FRANCÉS (Francisca). 

Parienta acaso de los conocidos impreso- 
res aragoneses que llevaron este apellido. 

7. — Soneto á la muerte del Príncipe 
D. Baltasar. 

Camipo de guerra, el ánimo valiente... 

Obelisco histórico, i honorario que la Im- 
perial ciudad de Zaragoi^a erigió a la in- 
mortal memoria del Principe D. Baltasar 
Carlos. Escrivelo el Doctor luán Francisco 
Andrés. En (Jarago^a.— Año MDCXLVl. 

Pág. 54. 

LANCASTER Y CÁRDENAS 
(D.* María Guadalupe) 

Fué hija de D. Jorge de Lancaster, Du- 
que de Aveiro, y D." Ana María de Cárde- 
nas, Duquesa de Maqueda. Nació á ii de 
Enero de i63o. Según Flores Perim, apren- 
dió las lenguas griega, latina, francesa, ita- 
liana, inglesa y castellana. Muy joven pasó á 
España, donde se estableció definitivamen- 
te. Casó en Madrid con D. Manuel Ponce 
de León, Duque de Arcos, del cual tuvo tres 
hijos: D. Juan Ponce de León, Duque de 
Arcos y Maqueda; D. Gabriel Ponce de 
León. Duque de Baños, y D.* Isabel Ponce 
de León, Duquesa de Alba. Murió en Fe- 
brero de 1 685. 

8. — Ejercicio devoto, en que pedía á Dios 
la perfección, arreglado para todos los días 
de la semana. 



Flores Perim hace mención de otros es- 
critos breves; como cartas en las que mos- 
traba el interés que tenía por las misiones 
católicas en Oriente (i). 

LANGA (Sor Beatriz de). 

Terciaria descalza de San Francisco, na- 
tural de Medina del Campo. 

g, — Favores que recibió del Señor en la 
oración. 

10.— Exposición del Pater noster. 

Escribió su vida el P. Francisco de la As- 
censión. 

LANZAROTE (D.'^ María del Carmen). 

II. — Comedia en cinco actos. Malo es 
contar los años á las mujeres. 

Copia hecha en Valencia á 2 de Agosto de 1824. 

(Al fin:) Puede representarse con la supre- 
sión hecha. Caballero. 

Consta de yS hojas en 4.° 

Está escrita en prosa. 

Biblioteca Nacional.— Sección de Mss., Xx. 759. 

Para que se vea el estúpido criterio que 
tenían los censores de comedias á princi- 
pios del siglo XIX, copiaremos uno de los pa- 
sajes tachados; no puede ser más inocente. 

Dice la Marquesa Virginia: 

No puedo más si no me desahogo; ¡crueles, 
burlones, inhumanos! sí; estoy envenenada de 
vuestras miradas, de vuestras palabras, de vues- 
tra presencia; curaré á despecho vuestro; sí; viviré 
para confundiros, para vengarme y haceros arre- 
pentir. No os daré el gozo de que me veáis muer- 



(i) Hace pocos años un librero ofreció á la Bibliote-a 
Nacional una riquísima colección de documentos referen- 
tes á las islas Filipinas y otros países del fvxtremo Orien- 
te, y no fué adquirida por la escasez de recursos con que 
siempre lucha esta biblioteca. Kn ella había una lartja 
correspondencia de doña María Guadalupe con varios 
Padres de la Compañía. Ignoramos dónde han ido á parar 
dichos papeles. 



ta; yo sola contra todos tengo la jactancia de que 
os haré una guerra cruel y desesperada. 

LAPORTA (Isabel). 

12. — Tercetos en honor de Fr. Luis 

Aliaga. 

Valencia. 

Ufana Zaragoza, mas que atenta 
con tal razón, á mi razón ni excedes, 
ni á la justicia que el derecho aumenta. 

Zaragoza. 
¿Ser de mi concha perla no concedes? 
¿no admites ser el rayo de mi llama? 
¿y de mi monte de Ida Ganimedes? 
¿Luz de mi lumbre, fruto de mi rama, 
de mi Epiciclo celestial planeta, 
de mi Eclíptica sol, voz de mi fama? 

Luis Diez de Aux. Compendio de las fies- 
tas que ha celebrado la Imperial ciudad de 
Qaragoga... en honor de Fray Luys Aliaga. 
Zaragoza, por Juan de Lanaja. Año i6ig. 

Pág. 187 á 189. 

LARA (D." Inés de). 

13. — A las exequias del Príncipe Nuestro 

Señor. Décimas. 

Enlutada monarquía 

De mundos ambos señora... 

Relación de las funerales obsequias que 
hi^o el Santo y Apostólico Tribunal de la 
Inquisición de los Reyes del Perú á... Don 
Baltasar Carlos de Austria. Por Don Pedro 
Ahare!{ de Paria.— En Lima, En la im- 
prenta de Julián Santos de Saldaña. Año 
de 1648. 

Fol. 35. 

LARA Y BRACAMONTE(D." Juana de). 

14. — Al Marqués de San Felices. Soneto. 

Tú que el silencio de Aragón rompiste.,. 
Poema trágico de Atalanta, y Hipomene. 
Dedicado a la Magestad de Felipa Quarto 



— 7 — 



el Grande. Por Don luán de Moncayo y de 
Garrea, Marqués de San Felices. — En Za- 
ragoza, por Diego Dormer. Año i656. 

LARA Y GUZMAN (María de). 

1 5, — Glosa en cuatro octavas. 

El cielo desde la región fogosa... 

Ivsía poética consagrada a las festivas 
glorias de Maria en su Immaculada Concep- 
ción. Mantenida en la Parroquial Iglesia de 
Santa Maria del Mar de la ciudad de Bar- 
celona... Por Don Francisco Modolell y 
Costa. — En Barcelona, por Narcis Casas. 
Año i656. 

Págs. 6o y 6i. 

LARA Y MENEZES (D.'^ María de). 

Hija del Duque de Caminha ymujer del 
Infante D. Duarte, hermano de D. Juan IV 
de Portugal. 

i6. — Según Costa y Silva, son de D.* Ma- 
ría de Lara los cantos titulados Saudades de 
Doña Inés de Castro, que como obra de Ma- 
nuel Acevedo Morató, se incluyeron en la 
Fénix renascida y en el Postilhao de Apollo. 

LARRAMENDI (Atilana). 

17. — Carta al Editor del Semanario, en 
que refiere algunos incidentes de su vida. 

Semanario erudito y curioso de Salaman- 
ca. Año 1794. 
^Tomo 111, págs. 57 á 63. 

LARREA (D." Francisca Javiera de). 

Madre de la insigne escritora D," Cecilia 
Bóhl de Faber {Fernán Caballero). Por ser 
hija de una irlandesa educóse en Inglaterra 
y adquirió perfecto conocimiento del idio- 
ma de Shakespeare. En 1796 contrajo ma- 



trimonio con el hamburgués D. Juan Nico- 
lás Bohl de Faber, que residía en Cádiz ocu- 
pado en negocios comerciales, y á quien 
tanto deben las letras españolas. En Marzo 
de 1797, de camino para Alemania, dio á luz 
á Cecilia en Morges (cantón de Berna). Re- 
lacionada en Cádiz con la sociedad más dis- 
tinguida, reunía en su casa una tertulia á 
que acudían varios literatos, como Alcalá 
Galiano, quien habla de D.^ Francisca con 
alguna antipatía en sus Recuerdos (i). Se- 
gún escribe D. Fernando de Gabriel cultivó 
la Literatura bajo el seudónimo de Corina. 
Falleció en el año 1839. 

Cnf. Ultimas producciones de Fernán Ca- 
ballero. Estar de más {relación) y Magda- 
lena, obra inédita. Precedidas de una noti- 
cia biográfica escrita por el Excmo. Sr. Don 
Fernando de Gabriel y Rui^ de Apodaca. — 
Sevilla. Imprenta de Girones y Orduña. 
1878. 

Fernán Caballero y la Novela contempo- 
ránea, por D. José Maria Asensio. {Obras 
completas de Fernán Caballero; t. I, Colec- 
ción de escritores castellanos). 

Fernán Caballero d' aprés sa correspon- 
dance avec Antoine de Latour, par A. Mo- 
rel-Fatio. {Bulletin hispanique de 1902). 
18. — Manfredo, drama en tres actos, tra- 
ducido del original inglés de Lord Byron, 
por la madre de Fernán Caballero. 

Revista de ciencias, literatura y artes. Di- 
rigida por D. Manuel Cañete y D. José Fer- 
nández Espino. Sevilla, 1857. 

Tomo IV. Págs. 429 á 438; 555 á 563; 626 
á 633; 694 á 700 y 753 á 760. 



(i) Recuerdos de un anciano; Madrid, 1878; pág. 176. 

En otro lugar dice que era «instruida también, pero no 
mucho; ingeniosa, singular, algo afectada, de buen pare- 
cer, aunque ya no joven; de vehemencia suma.» 

Memorias de D. Antonio Alcalá Galiano; tomo i, pági- 
na 418, 



LASTRA (D/ Inés de). 

Vecina de Avila. Vivió á fines del siglo 
XVIII y comienzos del xix. 

19.— Dedicatoria á Fernando VII, de un 
sermón que predicó D. José Aguado, 

Sermón en la solemne acción de gracias 
celebrada en el convente de Santa Teresa de 
Jesús de la ciudad de Apila, por los felices 
desposorios del Serenísimo Señor Principe 
de Asturias Don Fernando de Borbón, que 
Dios guarde: A expensas de Doña Inés de 
Lastra, vecina de dicha ciudad, la qual por 
espacio de ocho meses tuvo el honor de dar el 
pecho á S. A. á quien le dedica. Predicado 
por Don Josef Aguado. — En Madrid. En la 
Imprenta de la Administración del Real 
Arbitrio de Beneficencia. Año de 1803. 

32 páginas en 4.° 

La dedicatoria de D.* Inés de Lastra ocu- 
pa una hoja al principio. 

LAURA (Sor María). 

Religiosa en el convento de Jerusalén, de 
Barcelona. 

20. — Soneto de pie forzado 

Depon la ira, Querub, que enturbiarías 

Justa poética consagrada a las festivas 
glorias de Maria en su Immaculada Concep- 
ción Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Santa Maria del Mar de la Ciudad de 
Barcelona... Por D. Francisco Modolell y 
Costa. — En Barcelona, por Narcis Casas, 
afío i656. 

Pág. 131. 

LAURA CLEMENTA. 

Celebra á esta poetisa D. Agustín Collado 
del Hierro, en los siguientes versos de su 
poema Granada (i) (Libro VII). 

(i) Manuscrito del siglo xvii. Se conserva en ia Bi- 
blioteca Nacional. 



Mas ¿cuál lustroso ébano luciente 
me dará sonibras para tu cabello?; 
¿de qué alabastro formaré tu frente 
y de qué marmol cifraré tu cuello?; 
¿qué deidad me dará la lumbre ardiente 
para tus ojos, qué color más bello 
las conchas me darán del mar de Tiro 
si pompa suya el de tus labios miro? 
¿De cuál suave músico instrumento 
les daré á tus palabras armonía? 
Para acordar tu raro entendimiento 
no puede haber humana fantasía. 

21. — Soneto á Felipe IV. 

De las fieras escándalo valiente 
Fuiste, lunado asombro de Jarama, 
Y en arena campal, gloriosa Fama 
Quitaste al rey de la África rugiente... 

Anfiteatro de Felipe el Grande, Rey Ca- 
tólico de las Españas.... Dedícale á Su Ma- 
gestad, D. Joseph Pellicer de Tovar. — En 
Madrid, por Juan González, año MDCXXI. 

22. — A Lope de Vega. Décima. 

Lope, con tan dulce lira 
de Elisio el dolor cantáis... 

Biblioteca de Autores españoles.— Tomo XLII, pági- 
na 545. 

LEDESMA MALDONADO 
(D.* Antonia de). 

23. — Décima laudatoria al principio del 
Adonis, compuesto por Don Antonio del 
Castillo de Larzabal. — Salamanca, 1632. 

LEIVA (D.^ Ana de). 

Tal vez sea la misma que D.' Ana Fran- 
cisca de Leyva, hija de D. Luis de Leyva, 
Conde de Monza, quien militó en varias 
jornadas con su tío D. Pedro de Leyva; pe- 
leó cinco años en la Lombardía bajo el 
mando de D. Pedro de Toledo, y se distin- 
guió en el socorro de Pestagno; también 
combatió en Alemania. Posteriormente fué 
nombrado por Felipe III castellano de Pa- 





9 — 



lermo. Falleció en' Ñapóles á 29 de Enero 
de 1645. D.* Ana Francisca de Leyva nació 
del matrimonio de D. Luis con D.' Juana 
Samaniati, y tuvo las baronías de Trippi y 
Sabuche. Casó en Palermo con D. Antonio 
Romano Colonna, Duque de Ritano, Teso- 
rero general del reino de Sicilia. 

Cnf. Compendio genealógico ó epitome 
de la Historia de la Real casa de Leyva. A 
la Excma. Señora Doña Marta Gongale\ de 
Auellaneda y Leyva., Condesa de Castrillo, 
Virrey na de Amapoles mi señora. Autor Don 
Pedro Varron. 

Impreso sin lugar ni año. 

La dedicatoria del autor á la Condesa de 
Castrillo, fechada en Ñapóles á i .° de Sep- 
tiembre de 1654. 

120 págs. en 4.° 

24. — Panegírico en alabanza de la Sere- 
nissima Alteza del gran Francisco de Este, 
Dvque potentissimo de Modena,&. Qvando 
entro pomposo en esta católica Corte de Ma- 
drid con solemne triunfo, por mandado del 
Rey nuestro señor Felipo Quarto el Grande. 
Por doña Ana de Leyva. Dedicado a su Al- 
teza con deuido obsequio. Con licencia. En 
Madrid, En la imprenta del Reyno: Año 
1638. 

8 hojas en 4." 

Portada. — A la Serenissima Alteza del gran 
Francisco de Este, Potentissimo Duque de Mode- 
na, Principe soberano de aquel Estado, &. Epis- 
tola dedicatoria. — Texto. 

Está en prosa con bastantes versos inter- 
calados. 

Biblioteca Nacional. — Sección de Varios. Caja i6i. 

LEYVA (D.'^ Victoria de). 

25. — Soneto á D." Ana de Castro y Egas. 

Milagros son cuantas España honora 
letras de este volumen culto y grave... 



Eternidad del Rey Don Felipe tercero 
Nuestro Señor, el Piadoso. Discurso de su 
vida y santas costumbres. Al Serem'ssimo 
Señor el Cardenal Infante su hijo, doña Ana 
de Castro y Egas.— En Madrid. Por la Viu- 
da de Alonso Martín. Año MDCXXIX. 

Folio 7. 

26,— Soneto á San Pedro Nolasco. 

Tiernos ojos de Dios recien nacido 
sollozan al amor tiernos raudales 



Las fiestas solemnes y grandiosas que hi\o 
la sagrada Religión de Nuestra Señora de 
la Merced á su glorioso Patriarca San Pe- 
dro Nolasco, este año de 1629. — Madrid: 
En la imprenta del Reino. Año MDCXXX. 

Folio 73. 

LEIVA Y MOSQUERA 
(D." Tomasina de). 

Hija del Licenciado Fernando Diez de 
Leiva, médico en la ciudad de Santo Do- 
mingo. 

27. — Epigramma. 

Domine in scriptis elegans ad sidera pergis.... 

Décima. 

Señor, en esta lección.... 

Antiaxiomas morales, médicos, philosophi- 
cos, y políticos. O itnpvgnacioíies variasen 
estas materias, de algunas sentencias admi- 
tidas comunmente por verdaderas. Por el 
Lie. Don Fernando Die^ de Leiva, Médico 
de la ciudad de Santo Domingo. — En Ma- 
drid: por lulian de Paredes. Año 1682. 

LEÓN (Lucrecia de). 

Célebre visionaria madrileña del sigloxvi, 
procesada juntamente con Alonso de Men- 
doza por el Santo Oficio. Sus profecías y 
sueños tenían cierto carácter político, y se 



dirigían contra Felipe II, al cual motejaba 
de tirano y sanguinario, 

38. — Relación de sus sueños y profecías. 

Copiamos dos de sus visiones, tomándolas 
de los autos originales, que se conservan 
actualmente en los Archivos Histórico Na- 
cional y de Simancas: 

Halló al Rey durmiendo debajo de un dosel, y 
que vio una vara derecha con unas letras de san- 
gre que la rodeaban toda, y las últimas letras 
decían que la justicia de los Reyes ha de ser igual, 
y que entró otra muger en hábito de viuda, con 
una espada en la mano, y dixo á bozes: vengo, 
Philipe, á quitarte la vara de la justicia porque 
nunca la hubiste derecha. 

Entró en la cámara del Rey y le halló sentado 
en un banco, los ojos vendados, y en los oídos 
unos candados, en la boca una mordaza, las ma- 
nos con esposas, los pies presos, puesto sobre un 
brasero de lumbre; una vara de mimbre en la 
mano; delante del tres angeles; el mas cercano era 
el ángel de la peste; otro de los sacerdotes; otro de 
la ira; el qual leyó la sentencia al Rey, que no 
abía apelación (i). 

A diez de Mar^o dice que vio un fuego que 
bajava del cielo y abrasaba a toda España, y una 
manada de cuerbos que se asentaban sobre Pala- 
cio, y que luego vino un águila que los levantó a 
todos, y que dijo el hombre ordinario: esta si es 
águila, que no la que vosotros tenéis; y que vio a 
Quiroga muy llenas de lepra las manos, los ojos 
vendados, la lengua sacada, y que colgaba della 
una espada. 

Iten, dice que a Philipe, vestido de pardo, le da- 
rán un arado sin yerro, con que rompa la tierra, 
y que vendría a pedir favor a estos desta camara- 
da, y que no se lo darán. 

A 24 de Mar^o muestra las malas propiedades 
que dice tiene el Rey, que no está fundado sobre 
buen fundamento, que no tiene buenas obras, 
que es tirano, duro; que ni el temor ni el amor con 
que Dios le a esperado le a hecho convertir; que 
a asolado los pobres. 

A 1 1 de Mayo pinta al Rey en una estatua gran- 
de de yerro, arrimada a una caña, con una espa- 
da de plomo, y el escudo de vidrio, y en el pecho 
unas letras que dicen: ¡ay de mi pertinaz y obst i' 
nado! Son armas de aquel que en su vida todo a 



(i) Archivo Histórico Nacional. Inquisición de Valen- 
cia. Legajo 114, núm. 17. 



10 — 

sido sombra, y de su vida 5e hallaran pocos exem- 
plos después de muerto. 

A II de Novienbre de i588, vino á mi el hom- 
bre ordinario, el qual me dixo: entre vosotras hay 
quien desea saber el suceso del armada que aora 
se haze, y el hombre del león quisiera deziroslo, 
sino que Dios ha dicho que no sea descubierto, por 
la poca fe que tenéis en las curaciones, porque 
bastava aver visto hasta aquí las- cosas sucedidas 
para tener entero el coraron en ellas. 

A 20 de Noviembre de 88, soñaua que me aso- 
maua a la ventana y vía toda Madrid sembrada de 
trigo muy crecido y ya seco, aparejado para se- 
gar; y mirándolo dixe: ^como no lo siegan antes 
que venga alguna borrasca? Y estando en esto vi 
que se anublo el sol, y levanté los ojos al Seten- 
trion por ver si avía nuves, y vi que venia gran 
cantidad de langostas, tan juntas y tan espesas 
que parecían una muy gruesa nuve, y estas des- 
cargaron sobre el trigo, y vi que cortaron toda la 
espiga dexando la caña entera, y con esto se le- 
vantaron en alto y se fueron adonde vinieron; y 
mirando yo esto y dando muchos gritos vi que 
me dixeron: ^-quieres que te declare esto?; y res- 
pondí que si; y entonces me dixeron: ¿no sentís la 
perdida del armada?; pues hagote saber que es ya 
llenado el trigo que teníades criado para vuestro 
año, y aora no os queda sino lo que tenéis en los 
silos húmidos, y para que lo entiendas, es la gen- 
te poca que en España queda; lo qual quando lo 
saquéis del silo saldrá húmido de gorgojos, y no 
aprovechara para la guerra, porque los gorgojos 
significa la peste que os ha de dar; y estando cui- 
dando desto, me torné a dormir, y soñé que me 
hallava en unas eras, las quales estavan llenas de 
montones, y la gente aguardava viento para al- 
ventar, y vi que en este instante les vino, y empe- 
gando a aluentar, la paja se llevava el aire y el tri- 
go quedava hecho tierra; y estos hombres llora- 
van amargamente; yo, volviendo a mirar a otro 
montón, vi que las pajas se volvían saetas y el 
trigo se volvía sangre. 

A 3 de Noviembre de i588, soñava que me em- 
bíava a llamar el Rey; yo, no quiriendo ir alia, 
busqué achaque para exemirme y embié a llamar 
a un doctor para que firmase que estava mala, que 
no podría salir de mí casa, y tomándome el doctor 
el pulso, dixo: ¿como he' yo de firmar que estáis 
mala estando buena?; yo le respondí que no fuese 
majadero, sino que hiciese lo que yo mandava, y 
así firmó, y luego entro el doctor Cornejo y firmó 
sin nenguna dificultad, dizíendo que estava mala; 
lo mismo hizo el doctor Hernández; lo firmaron 



— II — 



siete doctores, y Hernández en acabando de firmar 
me dixo que le pidiese al Rey que un hermane 
que tenia medio sordo y guardava gente, que le 
quitase el oficio y que le diese en otra parte p^ra 
poder descansar; yo le respondí que lo diría, y en 
esto entro el Lie. do Martin diziendo: déme ese pa- 
pel, que yo quiero firmar, y firmó como me avia 
visto enferma y que avia sido sana por milagro; 
yo entonces le dixe que no mintiese en aquello, 
pues siete médicos firmaron que eslava enferma y 
el respondió: si quiero, y mas te digo, que si te die- 
se algo no lo recibas, porque no recebiras del que 
ha de venir. Con esto fuese la gente y dile el pa- 
pel a Don Diego de Cordova, y estando en esto pa- 
só un gran rato, y vi venir una litera, la qual se 
llego á mi puerta; yo dixe: el Rey es este; vi que 
sacavan de alia un cuerpo muerto y que le asen- 
taron junto a mi en una silla, y yo, viéndole alli, , 
di muchas voces diciendole todo lo que yo he sa- 
bido; el no me habló, hasta que dixo: dilo paso; y 
quando lo acabé de dezir me respondió: solo que- 
rría que alcanzase que fuese clamoreado; y con 
esto le metieron en su litera; no le pude ver el 
rostro porque estava amortajado (i).» 

Fué castigada Lucrecia en el auto verifi- 
cado á 19 de Junio de ¡594 en Toledo. 

Sentencia de Lucrecia de León en el auto 
de lafee que se hi^o en Toledo. 

Lucrecia de León, natural de la villa de Madrid, 
fue presa por auer sido inducida y testificada de 
auer dicho que desde que fue pequeña, de poca 
hedad, comento á soñar, y tubo muchos sueños 
en los quales de^ia que se le aparegia la Santissi- 
ma Trenidad, Dios por si mismo. Nuestro Señor, 
Moyses y Elias, vírgenes del 9¡elo, San Juan Bau- 
tista, al qual llama hombre ordinario, y San Pe- 
dro apóstol, llamándole el piejo pescador, y San 
Lucas evangelista, al qual llamaua al prin9Ípio de 
sus sueños el pescador mogo, y después el del 
león; y que estando durmiendo la lleuaron a di- 
uersos lugares de tierra y mar, y a diferentes rey- 
nos y prouincias, y le mostrauan varias visiones 
de guerra y de paz, de plazer y espanto, represen- 
tándole cosas venideras, aduersas y prósperas, y la 
perdÍ9Íon y destrui^ion de todos los reynos, reser- 
uando solo una ziudad, y después en breue la re- 
paración de ellos y un siglo dorado, y la conquis- 
ta de la casa sánela de Hierusalen y toda Turquía 



(i) Archivo de Simancas. — Inquisición. Legajos 437 

y 438. 



por las virtudes de un hombre y por la valentía 
de la dicha Lucrecia de León... En otro sueño se 
soñaua reyña, muger del dicho hombre que aula 
de reparar los dichos reynos, con nombre de la 
morena de flacas carnes, que auia de ser esposa 
del Pastor, diciendo muchas vanidades y amores 
con zíerta persona con quien real y verdadera- 
mente los tubo, diciendo grandes cosas de la dicha 
persona y de su casamiento, y en un sueño le ce- 
lebró con ciertas ceremonias, y en otro se sueña 
casada con el y que tenían ambos dos coronas, y 
profeticando grandes cosas de dos híxos que auian 
de tener... 

«Salió al auto público de la fe, de la iglesia de 
San Pedro Mártir, en forma de penitente, en cuer- 
po, con una soga á la garganta y una vela de cera 
amarilla en la mano, la cual tuvo encendida 
mientras se le leyó la sentencia; abjuró de levi, y 
fué condenada en cien azotes, desterrada de la vi- 
lla de Madrid y diez leguas á la redonda por toda 
su vida, y] dos años de reclusión donde los seño- 
res Inquisidores mandaren (i).» 

LEONOR (D.«) 

Mujer de Fernando I de Aragón. 

29. — Carta á su hijo D. Alfonso V, sobre 
los debates entre los Embajadores de los 
Reyes de Aragón y de Castilla, que estaban 
en el Concilio de Constanza. 

Medina del Campo, 27 de Noviembre 

de 1417. 

Original; una hoja en folio. — Firma autó- 
grafa: La triste Reina. 

Biblioteca Nacional.— Manuscritos, C. de Autógrafos. 

LES (La Baronesa de). 

30. — Versos hechos por la Baronesa de 
Les el año de 1773 á las fatales muertes de 
los tres sabios, el P.^ Sarmiento, el P.« Fló- 
rez y D." Jorge Juan. 

Tres veces descargó con fiera mano 
Átropos la tijera inexorable. 



(i) Sentencia de Lucrecia de León.— Manuscrito del si- 
glo XVII. Bib. Nac. Mss., núm. 721, folios 135 y 136. 



— 12 — 



y el golpe formidable 

exiremeció nuestro Parnaso hispano... 

Letra del siglo xviii.— 6 hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional.-Mss. KK. Pap. curiosos. 70, fo- 
lio 1367 sig. 

LEVANTO (D.* Benita). 

Abadesa que fué del convento de Dueñas,, 
de Sevilla, en el año 1686. 

31. — Dedicatoria al Cardenal D. Luis 
Portocarrero del siguiente libro: 

Hverto del celestial esposo, fvndado sobre 
el opvsculo de N. P. S. Bernardo, que co- 
mienga: Ad quid venisti? Cofnpvesto por 
doña Constanza Ossorio.— En Sevilla, por 
Thomas López de Haro, año de 1686. 

32.— Vida de D." Constanza Ossorio. 

Ocupa tres folios en los preliminares de 
la obra citada. 

LIAÑO (D.'"» Isabel de). 

Vecina de Palacios de Campos, donde 
residía á comienzos del siglo xvii. 

No sabemos si fué ó no hija del pintor 
Felipe de Liaño, quien se distinguió por el 
excelente colorido de sus retratos, que eran 
generalmente de cortas dimensiones, y por 
eso fué llamado el pequeño Tiziano. Habia 
nacido en Madrid donde fué discípulo de 
Alonso Sánchez Coello. Cean Bermúdez 
sospecha que debió estudiar eji Italia y que 
acaso sean suyas unas estampas grabadas 
en este país por Teodoro Felipe de Liagno. 
Pintó en el año 1584 el retrato de D. Alvaro 
de Bazán, primer Marqués de Santa Cruz, 
según dice Cristóbal Mosquera de Figueroa 
en su elogio de D. Alvaro. Falleció en Ma- 
drid, año 1625, siendo al menos sexagena- 
rio (1). 



(1) Cean Bermúdez, Diccionario histórico de los más 
iluttrts profttortt de Bellas Artes en España; tomo HI, 



33. — Historia de la vida, mverte, y mila- 
gros de santa Catalina de Sena, diuidida en 
tres libros. Cópuesta en Octaua rima por 
Doña Isabel de Liaño natural de Palacios de 
Campos. Dirigida á la Reyna Nuestra Seño- 
ra Doña Margarita de Austria. Con privi- 
legio. — En Valladolid, Por Luys Sánchez. 
Año 1604. 

8.", 328 hojas foliadas, más 16 de preli- 
minares. 

Portada. — Tasa por Cristóbal Nuñez de León. 
Erratas por D. Alonso Vaca de Santiago. — Censu- 
ra del P. Luis de la Puente: Valladolid, a6 de Mar- 
zo de 1602. — Real cédula para la impresión: El 
Pardo, 22 de Abril de 1602. — Prólogo al lector. — 
Dedicatoria á la Serenissima Señora Doña Marga- 
rita de Austria, Reyna de España. — Soneto de 
Juan de Balboa Mogrobejo. — Décima del mismo. 
Soneto de Miguel Fernández Silvera.— Soneto de 
Bernardino de UUoa.— Soneto del Bachiller Bar- 
tolomé Montero.— Décimas de Pedro Ibañez de 
Segovia. — Soneto de Alvaro de Fonseca Feraz. 
Soneto del Francisco López.— Grabado en made- 
ra; (representa á la Virgen con el cadáver de Cris- 
to en los brazos). Texto; el primer libro en XI 
cantos; el segundo en otros XI; el tercero en V. 

PRÓLOGO AL LECTOR 

Una de las cosas menos admitida entre leyes 
humanas, es la ciencia administrada por femeniles 
juyzios; deuió de ser conuiniente, pues un tan 
gran Santo como San Pablo aprueua la misma 
opinión. lunto con esto sabemos que por la mayor 
parte, entre escritores antiguos y modernos, anda 
nuestro nombre aniquilado; sea razón, ó no lo sea, 
no me quiero meter en averiguar esto, porque di- 
rán que defiendo mi propia causa; solo la remito 
á Dios, como á quien tiene cuydado de amparar y 
defender ofendidos; debaxo de cuya sombra las 
alas de mi pluma crecieron tanto que sin temor 
del incendio fogoso de las lenguas mordaces, se 
atreuieron á bolar tan alto que á no lleuar tal re- 
paro pudiera tener el miserable sucesso del mal 
considerado Ycaro; mas porque imagino que des- 
seará saber el curioso letor que causa tuvo una 



págs. 36737. — El Licenciado Liaño, médico de Burgos, 
publicó en esta ciudad, año 1540, su Examen de la compo- 
sición Theriacal de Andromacho, traducida de Griego y 
Latin en Castellano y comentada. 



I 



13 — 



simple muger como yo para intentar atreuimicnto 
tan grande, quiero satisfazer su desseo, pues el 
mió es darle gusto. La diuina Prouidencia, que ad- 
mite y premia buenos desseos, agradeciendo el que 
yo tenía de hazer este seruicio á su Santa, proueyó 
á mi pobre ingenio de algún caudal, compadecién- 
dose de ver una voluntad tan amplia en sugeto 
tan flaco y tan desposseydo de dones de naturale- 
za, quiso fauorecerme con algo que pareciesse 
bueno, mostrando su omnipotencia en una cosa 
tan desechada de todos como el ingenio de una 
muger, juzgado por incapaz de toda obra essen- 
cial; y de estar arraygada en la tierra esta opinión 
tengo yo mucha esperiencia después que por la 
misericordia de Dios saqué mi trabajo á luz, que- 
dando mas escurecida mi justicia con la increduli- 
dad de nuestros contraditores, diziendo que hurté 
esta Poesía, y que alguno que la hizo la quiso 
atribuyr á mi, por auentajarse en la venta della, 
pues por tener nombre de autor tan desacreditado 
gustarían de verla lodos con curiosidad y como 
cosa á su parecer impossible; lo qual no sera en 
buenos juyzios; que la llaneza del verso, tan sin 
ornamento del que usan los famosos poetas, da 
testimonio de la verdad, pues un lenguage tan ca- 
sero, sin acotar con historias profanas, fábulas de 
Ouídio, curiosidades de Virgilio, astros, planetas, 
Satyros y Ninfas, bien claro manifiesta ser tra9a 
de pecho femenil; aunque confiesse de mi que por 
auer leydo algunas dellas, quifa supiera engerillas 
aquí si mi inclinación no fuera tan enemiga de ver 
las historias diuinas adulteradas con las profanas 
de que por la mayor parte usan los poetas, y las 
mas opiniones mundanas dizen que qualquiera 
poesía que no vaya con este adorno, vale poco; y 
esta curiosidad, estos tales hazen ley de su gusto, 
y si no se le diere [a] esta letura no por esso ani- 
quilen la obra, ni al autor della, considerando el 
buen zelo con que se hizo, el qual fue manifestar 
á todos las excelencias que Dios obró en esta glo- 
riosa Santa... 

CANTO I 

Del cielo canto grandes excelencias 
Que el criador de todas ha juntado 
En un alma, do puso las potencias 
Con mucha perficion en sumo grado; 
También diré esquisitas penitencias 
De un espíritu angélico endiosado, 
Y en pecho femenil una firmeza 
En que de Dios se rr/uéstra la grandeza. 

Diré milagros dignos de alabanza 
Obrados por la mano soberana; 



Vereys de Caridad, Fe y Esperan9a 
Un extremo diuíno en carne humana; 
De humildad y paciencia tal pujanza 
Que al impaciente mas altiuo allana; 
Del dragón contaré las sutilezas 
Con que pensó abatir estas grandezas. 

Tú, Monarcha supremo, que ilustrando 
Estás el christalino y alto assiento. 
Con poderoso imperio gouernando 
Quanto cubre la luz del firmamento, 
Embíame, Señor, del que á tu bando 
Apostólico embiaste, algún aliento; 
Que si de tal fauor tengo promessa 
Alcanfar pensaré tan alta empressa. 
No se estrague, Señor, el excelente 
Licor que con mi vena se dispone, 
Por ser su calidad tan diferente 
Del tosco y pobre vaso en que se pone; 
. La sal de vuestra gracia, conueniente 
Será porque con ella se sazone, 

Y en el pecho de aquél que le gustare 
Quite la frialdad que en él hallare. 

Y pues pedir mercedes no merezco, 
A ves, que de pedirlas soys tan digna, 
María serenissima, me ofrezco; 
Mostraos aquí, señora, muy benigna; 
De vuestro gran valor me fauorezco; 
Hazed agora oficio de madrina. 

Que si vos le mosirays el pecho tierno, 
^Qué aura que no conceda el Hijo Eterno? 
Vos soys de mi buen zelo sabidora, 

Y mis razones fríuolas é indignas 
No aciertan á pedir, si vos. Señora, 

No acudís con las vuestras muy benignas; 
Pedí al que vos amays y mi alma adora, 
Que para hablar de cosas tan diuinas 
Adelgaze mi lengua tosca y fría. 
Porque parezca suya más que mía. 

Y tú, letor, si tibio te sintieres 

Y mis versos en tí mal se perciben, 
Nq los'leas, te ruego, si quisieres, 
Pues para tí los tales no se escriuen; 
Sólo los escriuí para mugeres. 

Que lo que es deuoción mejor reciben, 

Y aunque no lo merezca harán estima 
Por ser de mano femenil la rima. 

Y séase lo que fuere, yo confío 
Con las alas del gran Fénix del cielo 
Mi ñaco espirtu cobrará gran brío 
Para dar sin cayda largo buelo; 

Y quando á luz saldrá el intento mío 
He buscado otra Fénix en el suelo; 



— 14 — 



Ser ésta vos, clarissimo se muestra, 
Preciosa Margarita Reyna nuestra. 

De la cumbre del cielo están baxando 
Siete arroyos que allá se han producido; 
De vos, Reyna excelente, van manando. 
Todos juntos en vos se han recogido 

Y con ellos estays fertilizando 
Nuestra muy venturosa patria y nido; 
Siete virtudes son, y assi la Fama 
Aunque en la tierra estays, del cielo os llama. 

Esta mi obra, Reyna esclarecida. 
Tendrá necessidad de vuestro abrigo. 
Que bien menospreciada y perseguida 
Fuera sin vos de más de un enemigo; 

Y en tal amparo siendo recebida 
No temeré el justissimo castigo 
Que se da al atrevido é insipiente. 

Que en sagrado se ampara el delinquente. 



LIÑAN (D.* Bernarda). 

34. — Soneto. 

Grandes empresas, maravillas nuevas 

Historia de la Nveva México, del Capitán 
Gaspar de Villagra. Dirigida al Rey Don 
Felipe nuestro señor Tercero deste nombre. 
Año 1610. En Alcalá, por Luys Martínez 
Grande. 

LISIDA (Madama). 

35.— Al sepulcro del Fénix de España, 
Lope de Vega Carpió. Dirigido al Excelen- 
tísimo Señor Duque de Sessa, amparo de 
los ingenios. Soneto. 

Suspende caminante, si, reprime..... 

Fama posthuma á la vida y muerte del 
Doctor Frey Lope Félix de Vega Carpió. 

Fol. 164. 

36.— Al segundo Virgilio y Homero es- 
pañol el Doctor Frey Lope Félix de Vega 
Carpió. Epigrama (Soneto). 

Si mi llanto á mi pluma no estorbara 

(Obra citada; fol. 117). 



LÓPEZ (Francisca). 



Beata profesa de San Francisco. 

Vivió á fines del siglo xvi y comienzos 
del siguiente. 

37. — Misericordia y visita del Señor á la 
Madre Sor Francisca López, en el año 1603. 

Letra del siglo xvii; 13 hojas en 8." 

Biblioteca Nacional.— Mss. Pp. 268. 

A la manera que este sol visible baña con sus 
rayos, alumbra y vuelve fecundo todo este mun- 
do, assi la claridad de Dios, reinando en el ápice de 
nuestra mente difunde en todas sus potencias y 
fuerzas espléndidos y brillantes rayos, esto es, sus 
divinos dones, ciencia y sabiduría, piedad, etc. 
Pero la charidad inmensa, que es el mismo Dios, 
reina en la pureza de nuestro espíritu como un 
incendio de ardientes brasas, y arroja de si ciertas 
resplandecientes y abrasadoras centellas, las qua- 
les con su contacto inflaman en más ferviente 
amor el corazón, los sentidos, la voluntad, el 
afecto y todas las fuerzas del animo, excitando en 
ellas cierta tempestad de charidad excesiva y agena 
de modo, y 'cierto ímpetu, impaciencia, i insania. 

LÓPEZ (María Ana). ' 

38. — Glosa á la Virgen: 

¡Oh! cuan bien á su gran fuerte 

Debió femenil piedad 

Certamen poético de Nuestra Señora de 

Cogullada Publícalo el Licenciado luán 

de Iribarren i Pla^a. — En Zaragoza, en el 
Hospital Real i General de Nuestra Señora 
de Gracia. Año MDCXLIV. 
'Pág. 148. 

LÓPEZ (María Dolores). 

Poetisa mexicana, vecina que fué de Te- 
huacan. 
39.— Oda á Carlos IV: 

Si la benigna influencia 
De las hatmanas nueve 



Cantos de las Musas mexicanas con motivo 
I de la colocación de la estatua equestre de 



— i5 — 



bronce de fiuestro Augusto Soberano Car- 
los IV. Los publica el Dr. D. Joseph Maria- 
no Beristain de Sousa. — En México: por 
D. Mariano de Zúñiga y Ontiveros, año 
de 1804. 

Págs. 92 á 94. 

LÓPEZ (D.'" María Manuela). 

40. — Respuesta de la Española, Autora del 
papel titulado: Afectuosos gemidos que los 
españoles consagran á su amado Rey y Se- 
ñor Don Fernando VII, publicado en 14 de 
Octubre de 181 3; y detenido por subversivo 
con arreglo á la primera censura de la Junta 
provincial de Cádiz. — En dicha ciudad: En 
la Oficina de Don Nicolás Gómez de Re- 
quena, Impresor del Gobierno por S. M. 
Sin ano. 

21 págs. en 4." 

Contiene dos cartas fechadas en Cádiz á i." y 
19 de Noviembre de i8i3; en ellas se defiende de 
las acusaciones que le dirigían por haber comba- 
tido la Constitución del año 181 2. 

Precede la denuncia de la Junta Censoria, pre- 
sentada á 20 de Octubre de 181 3. 

Biblioteca Nacional.— Sección de Varios. Papeles en 4.° 
sin clasificar. Fernando ^ II. 

41. — Afectuosos gemidos que los españo- 
les consagran en este día, 14 de Octubre de 
1813, por el feliz cumpleaños de su amado 
Rey y Señor Don Fernando Vil, por una es- 
pañola. Cádiz: En la Oficina de D. Nicolás 
Gómez de Requena, Impresor del Gobierno 
por S. M. [1813.] 

Cuatro hojas en 4." 

Biblioteca Nacional . — Sección de Varios. Fernan- 
do VII. Paquetes en 4.", núm. 128. 

Es un romance endecasílabo que co- 
mienza: 

¡Oh! tu abundante otoño, que del año 
Eres parte, si puede dividido 
El tiempo ser en la veloz carrera 
Que formando de instantes sucesivos 



Los minutos, las horas, y los días. 
Las semanas, los meses, años, siglos, 
Tan rápido camino que hasta ahora 
Ningún mortal su curso ha detenido; 
Detente hoy á mi voz; pero ¡cuan necia 
El imposible que confieso, pido! 
Detenerte no puedes, más no obstante 
Llevada del exceso del delirio 
De un extremo dolor que me atormenta, 
De una pena que turba mis sentidos, 
De una idea que aflige mi memoria, 
De una pasión que agita el pecho mío, 
Pido que te detengas, no un momento, 
Sino el preciso tiempo que imagino 
Ser para mis ideas necesario. 
Pues hoy en tu estación llenarlas fío... 

42. — Afectos que en celebridad de la toma 
de Pamplona, consagran los Españoles á su 
amado Rey y Señor Don Fernando VII com- 
memorando el día 14 de Octubre de 181 3, 
cumpleaños de S. M. — Madrid. Imprenta 
de Villalpando, Año de 1813. 

Cuatro hojas en 4.° 

(Es otra edición de la obra anterior). 

Biblioteca Nacional.— Sección de Varios. Fernando VII 
Paquetes en 4.", núm. 128. 

Cnf. El Robespierre español Amigo de las 
leyes: ó qüestiones atrevidas sobre la Espa- 
ña. Isla de León. En la imprenta de Perin. 
Año 1811. — Cádiz: por D. Antonio de Mur- 
guía. Años 181 1 y 1812. 

Periódico que se publicaba en números 
de 16 págs., 8.° menor; el ejemplar que he- 
mos visto contiene XXVII números, con 
432 págs. 

En el número XI, pág. 161 se lee: 

ínterin que al editor de este periódico (que por 
su acendrado patriotismo se ha captado la bene- 
volencia pública) se le pone en libertad, para que 
se cure de sus males, y responda después á todas 
las censuras fundadas de los números denuncia- 
dos y calificados, nadie extrañará que su esposa 
(que ya ha dado á la España un testimonio au- 
téntico del amor que la profesa) la dé ahora otra 
prueba convincente de su afecto, publicando al- 
gunas obras del Robespierre Español, que por es- 



— i6 — 



tar guardadas en su casa y no en el hospital, se 
salvaron de la nocturna agresión del 7 de Agosto. 

LÓPEZ (María Vicenta). 

Poetisa mejicana de principios del si- 
glo XIX. 

43.— María Vicenta |Lopez, que experi- 
mentalmente admiró la destreza de las ope- 
raciones optálmicas del célebre Mister Fitz 
Geraldo, retribuye en el canto siguiente la 
alabanza poco digna á profesor tan sabio. 
■ Impreso sin lugar ni año.— i hoja en fol. 

Suden, suden las prensas 

tus hechos, Fitz Geraldo, 

y la fama publique 

tu nombre grande en sus gloriosos fastos... 

Biblioteca Nacional.-Sección de Farios. Fernando VII. 
Paquetes en fol. núm. 29. 

LÓPEZ DE BOYL (Ana María). 
44.— Soneto á San Ramón Nonato. 

De la Parca fatal, Raimundo herido, 
que al fin se llegó el fin de su carrera... 

Certamen poético á las fiestas de la trans- 
lación de la reliquia de San Ramón Nonat. 
Zaragoza. Por Juan de Lanaja, 161 8. 

Folio 41. 

LÓPEZ DE CÓRDOBA (D.'^ Leonor). 

Uno de los más antiguos escritos femeni- 
les en castellano es el llamado Testamento 
de Doña Leonor López de Córdoba, donde 
ésta refirió la serie de inicuas persecuciones 
que sufrieron ella y su marido por haber 
sido fieles en vida y muerte al Rey D. Pe- 
dro; relación que difiere en algunas cosas 
de lo consignado por el Canciller Pero Ló- 
pez de Ayala en su Crónica del Rey D. Pe- 
dro (año XIX, cap. VII) y en la Crónica del 
Rey D. Juan I (año VI, caps. I y II). 



Fué hija de D. Martín López de Córdo- 
ba, á quien el Rey D. Pedro dio la enco- 
mienda de Alcántara y luego hizo Maestre 
de Calatrava, y de Doña Sancha Carrillo, 
sobrina de Alfonso XI. Nació en Calatayud 
en la casa de este monarca, y fueron ma- 
drinas suyas las Infantas, quienes más ade- 
lante llevaron á ella y á su madre al Alcá- 
zar de Segovia. Allí murió muy pronto 
Doña Sancha, quedando Doña Leonor 
huérfana de poca edad. A los diez y siete 
años contrajo matrimonio con Ruy Gutié- 
rrez de Finestrosa, hijo de Juan Fernández 
de Finestrosa, Camarero mayor de D. Pedro 
y Mayordomo mayor de Doña Blanca. Ruy 
Gutiérrez era bastante rico; podía armar 
trescientos hombres de á caballo; poseía 
quinientos moros y moras, dos mil marcos 
de plata en vajilla y cuarenta madejas de 
aljófar «tan grueso como garbanzos»; esto 
sin contar las joyas y preseas, cuyo inven- 
tario no se pudiera «escrebir en dos pliegos 
de papel». A Doña Leonor entregó su padre 
como dote veinte doblas. Cuando ésta resi- 
día en Carmona con el Maestre de Calatra- 
va, con su marido, cuñados y un hermano 
suyo llamado Lope López de Córdoba Ca- 
rrillo, fué sitiado en Montiel D. Pedro por 
D. Enrique el Bastardo. El Maestre se pre- 
paró á socorrerlo, y sabida la muerte de su 
Rey se retiró de nuevo á Carmona, villa 
que sitió D. Enrique, y no pudiendo to- 
marla por la fuerza de las armas, logró que 
sus defensores se entregaran á condición de 
respetar sus vidas y haciendas, pacto que el 
Bastardo quebrantó ignominiosamente or- 
denando la decapitación de D. Martín Ló- 
pez de Córdoba en la plaza de San Francis- 
co de Sevilla y confiscando los bienes de éste 
y de su yerno, á quien con Doña Leonor 
metió en un calabozo. Nueve años pasaron 



— 17 — 



en aquella prisión, donde á consecuencia 
de la peste fallecieron los cuñados y herma- 
no de Doña Leonor. Ésta y su marido fue- 
ron puestos en libertad al advenimiento de 
D. Enrique III. Ruy Gutiérrez intentó en 
vano recobrar su hacienda, y viendo que 
nadie le hacía justicia, «anduvo siete años 
por el mundo, como desventurado, é nunca 
halló pariente ni amigo que bien le ficiese 
ni hubiese piedad del». Entretanto Doña 
Leonor se fué á Córdoba en casa de su tía 
Doña María García Carrillo, y considerán- 
dose abandonada de su esposo trató de en- 
trar en un monasterio de Guadalajara, fun- 
dado por sus bisabuelos. Mas antes de rea- 
lizarlo volvió á su lado aquél «encima de 
su muía, que valía muy pocos dineros, é lo 
que traia vestido no valia treinta marave- 
dís». Tan pobres se hallaron los dos, que 
viviendo en una casa contigua á la de su 
tía, salían á comer en la de ésta, con harta 
vergüenza de verse menospreciados por los 
caballeros de la ciudad. En esto Doña Leo- 
nor tuvo un sueño: «Vi, dice ella, en la pa- 
red de los corrales de San Hipólito un arco 
muy grande e muy alto, e que entraba yo 
por allí e cogía flores de la tierra, e veía 
muy grande cielo». Aquel sueño fué en 
cierto modo profético; poco después los clé- 
rigos de San Hipólito le concedían el corral 
donde había contemplado el arco, á condi- 
ción de fundar una capellanía por el alma 
de Alfonso XI. Allí, escribe, «con la ayuda 
de la señora mi tía y de la labor de mis ma- 
nos, hice en aquel corral dos palacios y una 
hortezuela, e otras dos ó tres casas». 

Dotada de profundos sentimientos reli- 
giosos y de inagotable caridad, hallándose 
en Aguilar, donde huyó de la peste que se 
cebaba en Córdoba, cuidó á un moro que 
llegó de Écija «con dos cánceres en la gar- 



ganta y tres carbunclos en el rostro»; lo 
hospedó en casa de un criado de su padre, 
y á falta de otra persona hizo que acompa- 
ñase al doliente un hijo suyo, Juan Fernán- 
dez de Finestrosa, de edad de doce años; 
éste se contagió y pasó á mejor vida (i). 
Doña Leonor mitigó tan amarga desgracia 
recitando una antigua oración, cuyo prin- 
cipio nos ha conservado: 

Madre Santa María 

De vos gran dolor había, 

E vuestro hijo bien criado 

Vístelo atormentado. 

Con su gran tribulación 

Amorteciósevos el corazón; 

Después de su tribulación 

Puso vos consolación; 

Ponédmela á mí, Señora, 

Que sabéis mi dolor. 

Durante el reinado de Enrique III Doña 
Leonor mejoró de posición, y en 1406 era 
Camarera mayor de la reina Doña Catalina. 
En la Crónica de Don Juan que se conserva 
manuscrita en la Biblioteca Colombina, re- 
dactada por Alvar García de Santa María, 
se habla de Doña Leonor con grandes elo- 
gios y se pondera lo mucho que la conside- 
raba Doña Catalina: 

E estaba y con ella una dueña que es natural 
de Córdoba, que dicen Leonor López Carrillo, 
fija del Maestre Don Martin López, Maestre que 
fue de Calatrava en tiempo que reynaua en Casti- 
lla el rey Don Pedro, la qual dueña era muy priva- 
da de la reyna, en tal manera, que cosa del mundo 
no fazia sin su consejo. E quando venia a dezir lo 
que habia visto con los del su Consejo, si ella en 
ello acordaba, eso se fazia. Tanto era el amor que 
con ella tenía. 

Nuevamente cayó en la desgracia Doña 
Leonor, quien con ser fuerte e de seso in- 



(I) Relación que deja escrita para sus descendientes 
Leonor de Córdoba. Copiada en este año de 1733 de la 
original que se encuentra en el Archivo del Real convento 
de San Pablo, de la ciudad de Córdoba. (Colección de do- 
cumentos inéditos para la Historia de España, t. LXXXI 
págs. 33 ¿44). 



— I 



trigaba en Palacio por sostener su in- 
fluencia, y á Doña Catalina «acaesciole tan 
gran desamor en el corazón contra ella, 
que era una gran maravilla; que hom- 
bre del mundo no quería que se la nom- 
brase». 

Fernán Pérez de Guzmán tenía odio pro- 
fundo á Doña Leonor, y tanto, que Don 
Adolfo de Castro le acusa de haber modifi- 
cado en contra de aquélla el texto de la 
Crónica de Don Juan. 

En sus Generaciones y semblanzas (capí- 
tulo XXX), censurando la influencia que 
logró con la Reina Doña Catalina, dice: 

«Hernán Alonso de Robles fue natural de 
Mansilla, una villa del Reyno de León, 
hombre de escuro e baxo linaje. Leonor 
López de Cordova hizole Secretario de la 
Reyna Doña Catalina, con quien el ovo 
gran lugar»; y más adelante, hablando del 
servilismo y abyección de magnates y ecle- 
siásticos, dice que se sometían «no solo a 
este simple hombre, mas a una liviana e 
pobre mujer, ansi como Leonor López, e a 
un pequeño e raez hombre, Hernán López 
de Saldaña». 

Doña Leonor falleció poco después de 
1412 y fué sepultada en un capilla que ha- 
bía fundado en la iglesia de San Pablo, de 
Córdoba. Allí se conserva una inscripción 
que dice: 

Esta capilla fiso Doña Leonor López, fija del 
Maestre Don Martin López, que Dios dé Santo 
Pafaiso, á honor y reuerencia de la Santissima 
Trinidad, e del muy alto e poderoso Señor Don 
Juan, que Dios ensalce, fijo de los mui altos e 
esclarecidos Rey Don Enrique e Reina Doña 
Catalina, que Dios dé Santo Paraíso, por el 
qual de ella fue consolada en la muerte de dicho 
señor. 

Tuvo una hija llamada Doña Leonor Gu- 
tiérrez de Hinestrosa, quien casó en 1409 



con Don Juan de Guzmán, hijo del Conde 
de Niebla (i). 

45. — Testamento, ó sea relación de su 
vida. 

El primero que conoció y se aprovechó 
del Testametito de Doña Leonor fué el 
Maestro Fr. Juan de Ribas en su Vida y 
milagros de el B. Fray Álmro de Córdoba, 
del Orden de Predicadores, hijo del real 
convento de S. Pablo de Córdoba. (Córdoba, 
año 1687.) (2) 

Llámalo «papel verdadero, cierto y segu- 
ro, que no ha llegado á noticia de muchos, 
y se guarda en el archivo de los Henestro- 
sas de Córdoba». 

Publicó esta Relación por vez primera 
D. José María Montoto en El Ateneo, revis- 
ta literaria de Sevilla, número de i5 de Ju- 
lio de 1875. Reprodujo la mayor parte de 
ella D. Joaquín Guichot en su libro: D. Pe- 
dro primero de Castilla. Ensayo de vindica- 
ción crítico-histórica desuReitiado. Sevilla. 
Imprenta de Girones y Orduña. 1878. 

Págs. 228, 229 y 265 á 269. 

LOSA Y SALCEDO 
(D.* Isabel María de la). 

46- — Versos laudatorios á las Justas sa- 
gradas del insigne y memorable poeta Mi- 
guel Cid. Sevilla, 1647. 

LOVIZ Y FREIRÉ (Mariana). 
Poetisa mejicana de principios del sig. \ix. 



(O Memorias de una dama del siglo XIV y XV (de 
1363 á 14JS) Doña Leonor Lópe^ de Córdoba. Comenta- 
das ahora y proseguidas por D. Adolfo de Castro. 

Publicadas en La España Moderna, Julio y Agosto de 
1902, págs. 120 á 148 y 116 á 133. 

Se reproduce el texto de las Metnorías, ilustrado con 
notas curiosísimas. 

(2) Es opinión bastante fundada que Doña Leonor fué 
hermana del Beato Alvaro de Córdoba, fundador del con- 
vento de Scala Coeli, donde más adelante vivió Fr. Luis 
de Granada. 



— 19 — 



47-— Á la señora doña Francisca Zelaa, su 
comadre, Mariana Loviz y Freiré le dedica 
la siguiente décima. 

Impresa sin lugar ni año. L'na hoja en fol. 

No imaginé, ciertamente... 

Biblioteca Nacional . — Sección de Varios. Fern.in- 
do VU. Paquetes en fol., núm. 29. 

48.— Á doña Martinita Loviz felicita los 
días Marianita Loviz y Freyre con las si- 
guientes décimas.— [México.] En la Oficina 
de Valdés, esquina de Tacuba. Sin año. 

Una hoja en fol. 

Naturaleza podrá... 

Biblioteca Nacional. — Sección de Varios. Fernan- 
do Vil. Paquetes en fol., núm. ig. 

LOX (NL\RÍA Perpetua da). 

Nació en Beja á 14 de Julio de 1684; allí 
tomó el hábito del Carmen calzado en el 
convento de la Esperanza á 22 de Octubre 
de 1707, y profesó al siguiente año. Distin- 
guióse por sus virtudes y frecuentes éxtasis. 
Falleció á 26 de Agosto de 1736. Escribió su 
biografía el P. José Peregrín de Santa Ana. 
Lisboa, 1742. 

4g._De la oración y su necesidad; modo 
de orar y frutos de la oración. 

5o.— Del amor divino y el profano, donde 
se prueba que ningún amor es verdadero 
sino el de Dios! 

5 1. —De la reforma del alma y de como 
ésta se purifica. 

52. — Del ánimo instruido, y cómo debe 
recibir los favores divinos. 

53. — Práctica de algunas virtudes. 

54. — Censuras contra los que alegan va- 
rios pretextos para no servir á Dios, 

55. — Reforma de religiosas. 

56. — Instrucciones para las novicias. 

57. — De la corrección de las monjas. 



LUCENA (Leonor de). 



Hija de Juan de Lucena y Teresa de San 
Pedro, vecinos de Toledo. Vivió en la se- 
gunda mitad del siglo xv y comienzos del 
siguiente. Siendo moza residió en Sevilla 
con su tía Beatriz Nuñez. Casó con Diego 
Salazar y se estableció en Lisboa. 

-archivo Histórico Nacional. -Inquisición de Toledo 
Legajo 163, núm. 525. 

58. — Carta á su hermana Teresa de Lu- 
cena, en que le da varias noticias. Lisboa 
12 de Agosto de i5io. 

La publiqué en mi estudio: Xoticias bio- 
gráficas de Fernando de Rojas, autor de La 
Celestina, y del impresor Juan de Lucena. 
(Repista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 
año 1902, t. 1, págs. 286 y 287.) 

LUCINDA (Camila). 

Seudónimo de una amante de Lope de 
\'ega que, según La Barrera fué Doña Ma- 
ría de Lujan, madre de Sor Marcela de San 
Félix. Otros han dicho que era Doña Anto- 
nia Trillo. Son muchas las composiciones 
en que el Fénix se ocupa de Lucinda. Creo 
muy probable que los versos de ésta perte- 
nezcan realmente á Lope. 

Conf. Ahueva biografía de Lope de Vega, 
por D. Cayetano Alberto de la Barrera; pá- 
ginas 86 á 95, 98, 102, 104, 109 á III, 114, 
ii5, 126, 127, 138, 140 y 318. 

Los Sres. D. Cristóbal Pérez Pastor y don 
A. Tomillo, en el Proceso de Lope de Vega 
por libelos contra unos cómicos (págs. 263 á 
265) después de deshacer algunos errores de 
Alvarez Baena y de La Barrera, tocantes 
á la amiga del Fénix, creen que Camila 
Lucinda fué Doña Micaela de Lujan y com- 
baten la sospecha de que pudiera serlo 
Doña Catalina Zamudio, dama de Don Fé- 
lix Arias. 



— 20 

59.— Soneto en alabanza de Lope deVega. 

Cuando como otra Euridice, teñido 
de sangre el blanco pie, mas no el deseo... 

Rimas de Lope de Vega. A D. Fernando 
Coutinho.— En Lisboa, Impreso por Pedro 
Crasbeeck. Año i6o5. — 8.* 

Hallábase ya en la edición de Madrid de 
i6o2, y fué reproducido en las de Milán, 
i6ii, y Huesca, 1623. 

5o, —Soneto al Peregrino de Lope de 
Vega. 

Mientras á un dulce epitalamio templo 
la humilde lira de tu canto indina... 

El peregrino en su patria. De Lope de 
Vega Carpió, dedicado á Don Pedro Fernán- 
dcK de Cordoua Marques de Priego, Señor 
de la casa de Aguilar.—^m^ttsso en Sevi- 
lla por Clemente Hidalgo. Año de 1604. 

61. —Redondillas á la Angélica de Lope. 

Subís de suerte á los cielos... 

La Hermosura de Angélica, con otras di- 
versas rimas. Madrid. Imp. de Pedro Ma- 
drigal. 1602. 

LUNA (Sor Mariana de). 

Natural de Coimbra; vivió á mediados 
del siglo XVII. 

62. — Ramilhete de varias flores a felici- 
dade d'este Reyno de Portugal em a sua res- 
taura^ao pelaMagestade d'el Rey JoaoIV. — 
Lisboa, por Domingo López Rosa, 1642. — 4.° 

LUNA Y TOLEDO (D.'^ Juana de). 

63. — Soneto. 

Filipe, por Anarda con más vida... 

Eternidad del Rey Don Phelipe III, por 
Doña Ana de Castro y Egas. — Madrid, 1629. 



LUPIAN Y GRIMAU (D.* Mariana). 

64. — Glosa en octavas. 
Era de un monte espacioso un llano... 

Ipsta poética consagrada a las festivas 
glorias de María en su Immaculada Concep- 
cepción. Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Santa María del Mar de la ciudad de 
Barcelona. Por Don Francisco Modolell y 
Costa. — En Barcelona, por Narcis Casas. 
Año i656. 

Págs. 59 y 60. 

LUZURIAGA (D.* María). 

Vecina de Madrid. 

65. — Viaje á la China, át Sir Jorge Staun- 
ton, traducido del francés. 

D.' María presentó en Julio de 1798, al 
Consejo de Castilla, la siguiente solicitud: 

Natalio Ortiz de Lanzagorta, en nombre de 
D.* María Luzuriaga, vecina de esta Corte, digo: 

Que mi parte ha traduzido al castellano el pri- 
mer tomo de una obra intitulada Viage á la China 
por Sir Jorje Staunton, que es el que presento; y 
deseando imprimirlo sin incurrir en pena alguna, 
á V. A. suplico que haviendo por presentada la 
referida traducción, se sirva conceder la corres- 
pondiente licencia para su impresión. 

Por Lanzagorta, 
María Luzuriaga. Josej María Sani{. 

El Consejo, á 28 de Julio de 1798, decretó: 

Remítase á la Censura de D. Pedro Estala, en 
la conformidad que está acordado por punto 
general. 

D. Pedro Estala, distinguido literato que 

publicó una colección de poesías á nombre 

de su barbero Ramón Fernández, juzgó así 

el libro: 

Muy señor mío: devuelvo á usted la traducción 
del Viaje á la China, escrito por Sir Jorge Staun- 
ton, que me remitió usted de orden del Consejo; 
en ella no he hallado cosa contraria á la religión, 
buenas costumbres, leyes del Reino y regalías 
de S. M. Por lo que hace al mérito de la obra, es 



21 



en extremo útil por las ¡mporianies noticias que 
contiene relativas á la navegación, geografía, co- 
mercio, historia natural y otros ramos de ciencias 
y artes. La traducción está executada con mucha 
propiedad y exactitud, habiendo cuidado el tra- 
ductor de omitir algunas expresiones peligrosas. 

Por estas razones, juzgo que no hai inconve- 
niente ninguno para su publicación, y que su im- 
presión será mui útil; lo qual comunico á usted 
para que pueda informar al Consejo. 

Madrid 3 de Agosto de 1898. 



Pedro Estala. 



Sr. D. Bartolomé Muñoz. 



El Consejo otorgó la licencia para el to- 
mo primero, que era el presentado por 
D." María Luzuriaga, á 7 de Agosto. 

Ésta, más adelante presentó el tomo se- 
gundo, y el Consejo, á 1 1 de Diciembre de 
1798, determinó: 

Remítase á censura de D. Pedro Estala. 

Estala consignó su parecer en las si- 
guientes palabras: 

Mui señor mió: He visto con la debida atención 
el segundo tomo del viage del Lord Macartney á la 
China, traducido en castellano, y no he hallado 
en el cosa contraria á la religión, buenas costum- 
bres, regalías de S. M. ó leyes del Reino. 

Esta obra es la mas apreciable que se ha publi- 
cado acerca del imperio de la China; manifiesta 
su estado actual, da las mas exactas ideas de sus 
costumbres, religión, gobierno, producciones na- 
turales, industria y comercio; rectifica infinitos 
errores que se tenían sobre cada uno de estos ob- 
jetos y nos pone en estado de conocer este impe- 
rio tan ignorado, de cuyo conocimiento puede 
sacar las mayores ventajas nuestro comercio. 
Ademas, las exactas observaciones y descripciones 
de aquellos mares, que con tanta puntualidad se 
contienen en esta obra, serán sumamente útiles á 
nuestros navegantes, prescindiendo de la utilidad 
que de aquí resulta á la geografía y otras ciencias. 

La traducción esta hecha con mucho conoci- 
miento, con exactitud, claridad y pureza de la len- 
gua castellana, y noto que el traductor ha tenido 
la destreza de omitir ó suavizar algunas expresio- 
nes que entre nosotros serian mal sonantes. Por 



todo lo qual soi de dictamen, que este lomo mere- 
ce la luz publica y que sera mui útil. 
Madrid, 16 de Diciembre de 1798. 

Pedro Estala. 
Sr. D. Bartolomé Muñoz. 

El Consejo á 19 del mismo mes diÓ la li- 
cencia. 

Archivo Histórico Nacional, — Consejo de Castilla. 
Matrícula de impresiones. 

LLAGAS (Damiana de las). 

Nació en Almería á 30 de Agosto de i585. 
Su padres fueron Melchor de los Reyes y 
D." María de Peralta. Hecho voto de cas- 
tidad, vivió en Marchena bajo la direc- 
ción de los jesuítas; guiaron su espíritu los 
Padres Francisco Alemán, Luis de Tero y 
Francisco de Silva. Entre sus visiones es 
notable una que tuvo del juicio final. Mu- 
rió á 5 de Agosto de 1670. 

66. — Oraciones piadosas. 

Se publicaron en la Historia de la vida, 
y virtudes de la venerable Virgen Datniana 
de las Llagas. Escrita por el P. Ivan de 
Cárdenas, de la Compañía de Jesvs, natural 
de la ciudad de Sevilla. Dedicada á la glo- 
riosa Señora Santa Ana Madre de Dios. En 
Sevilla, en casa de Juan Caberas. Año de 
1675. Págs. 407 y siguientes. 

LLUPIA (D.» María de). 

67. — Liras 

Con grave canto armónico 
celebra Melpomenes honoríficas 



Relación de las fiestas, que hiio el Cole- 
gio de la Compañía de Jesús de Girona en la 
Canoniüiacion de su Patriarca S. Ignacio, i 
del Apóstol de la India S. Francisco Xavier, 
i Beatificación del Angélico Luis Gom^aga, 
con el torneo Poético mantenido i premiado 



— 22 



por Don Marlin de Agullana cauallero del 
habito de Santiago, i Señor de las Barotiias 
de Liguere, i Mipanas en el Reino de Ara- 
gón. Por francisco Rui^,natural de la noble 
ciudad de Lo ja en el reino de Granada. — 
Impresa en Barcelona, por Sebastián i Jai- 
me Matevad. CIDÍDCXXIII. 
Folios 1 19 y 120. 



Certamen poético que con motivo de la ca- 

yioni^ación de San Ignacio de Loyola y 

de la beatificación de San Luis Gon^^aga se 
celebró en la ciudad de Gerona en 1622; lo 
publica D. Emilio Grahit.y Papell. Gerona. 
Imprenta del Hospicio ¿1877? 

Segunda edición de la obra anterior. 



M 



MADRE DE DIOS (Sor Francisca de la). 

68. — [Carta á Fr. Jerónimo de San José, 
Cronista del Carmen Descalzo, acerca de la 
vida de San Juan de la Cruz y de Sor Ca- 
talina de Jesús.] 

Beas, 4 de Noviembre de 1629. 

Autógrafa. — Dos hojas en fol. 

Biblioteca Nacional.— Pp. 79, págs. 1461 y sig. 

69. — [Testimonio de las virtudes de la 
Madre Beatriz de San Miguel, monja car- 
melita del convento de Granada.] 

Original, con firma autógrafa. Una hoja 
en 4.** 

Biblioteca Nacional.— .Manuscritos. P. supl.*" 291, fo- 
lio 243. 

MADRE DE DIOS (Sor Isabel de la). 

70.— [Carta á un Religioso acerca de la 
vida de San Juan de la Cruz.] — Medina del 
Campo, 16 de Enero de 1630. 

Autógrafa.— Una hoja en fol. 

Biblioteca Nacional.— Mss. Pp. 79, págs. 1371 y 1372. 

71. — [Noticias biográficas de la Madre 
Beatriz de la Encarnación y de Sor María 
Baptista, compañera que fué de Santa Te- 
resa.]— Calatayud, 24 de Noviembre de 
1604. 



Autógrafa. — Una hoja en fol. 

Biblioteca Nacional.— Mss. L. 239, fol. 224. 

72. — [Relación de un milagro que tuvo 
lugar en las honras fúnebres de Fr. Nicolás 
de Jesús María.] 

Primero de Marzo de 1604. 

Autógrafa. — Dos hojas en fol. 

Biblioteca Nacional. — Mss. L. 239, fol. 218 y 219. 

MADRE DE DIOS 
(Sor Magdalena de la). 

Fué natural de Avila, y allí profesó en el 
convento del Carmen Descalzo. 

73. — De lá comunicación interior y es- 
piritual del alma con Dios. 

Se conservaba manuscrita en el archivo 
del mencionado convento. 

Villiers. Bibliotheca Carmelitana. 

MADRE DE DIOS (Sor Manuela déla). 

Carmelita descalza. Vivió en la primera 
mitad del siglo xvii y residió en el monas- 
terio de Cuerva. 

74. — Carta á un Prelado de su Orden, so- 
bre la fundación del monasterio de Carme- 
litas Descalzas de la villa de Cuerva, y es- 



24 — 



critos de Sor Teresa de Jesús María. — Cuer- 
va, 3 de Octubre de 1642. 
Autógrafa.— Dos hojas en fol. 

Biblioteca Nacional,— Mss. P. V. fol. C. 31, núm. 41. 

75, — Fundación deste convento de Reli- 
giosas descalcas carmelitas de la villa de 
Cuerba. 

Ms. autógrafo. — 13 hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional.— Mss. S. 392, fols. loi á 113. 

Habla también de algunas monjas virtuosas que 
hubo en dicho convento. 

76. — Relación breve déla vida de la Madre 
Leonor María del Santissimo Sacramento, 
Religiosa de este convento de carmelitas de 
la villa de Cuerva. 

Autógrafa. — 21 hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional.— Mss. S. 392, fol. 63 á 73. 

77. — [Vida de las religiosas carmelitas 
del convento de Cuerva, Mariana de Jesús, 
Águeda de San José, Isabel de Jesús, María 
de San José, Eugenia de la Encarnación é 
Isabel de San José.l 

Escrito de puño y letra de la Madre Manuela de 
la Madre de Dios. 

Suscriben además de ésta las Madres Teresa de 
Jesús María, Isabel de San Pablo, María de la En- 
carnación y Juana del Espíritu Santo. 

16 hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional. — Mss. S. 392, fols. 121 á 136. 

78. — Vida de la Madre Francisca de la 
Madre de Dios, fundadora desta Santa Ca- 
sa, [y de Mariana de San Alberto y María 
de Jesús.] 

Autógrafa. — Cinco hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional.— Mss. S. 392, fols. 114 á 118. 

MADRE DE DIOS (Sor María de la). 

79. — [Carta á un religioso en la que habla 
de las virtudes de la Madre María de San 
José, monja carmelita.]— Cuerva, Octubre; 
sin año. 



Letra del siglo xvii.— Autógrafa.— Dos 
hojas en fol. 

Biblioteca Nacional.— Mss. L. 239, fols. 477 y 478. 

80.— [Noticias para la vida de San Juan 
de la Cruz.]— Baeza, 26 de Abril de 1614. 
Original.— Dos hojas en fol. 

Biblioteca Nacional.— Mss. Pp. 79, fol. 592 y 593. 

MAGDALENA (Sor María). 

Monja portuguesa en el convento de la 
Madre de Dios, del Orden de Menores, en 
Lisboa. 

8 1. —Vida de San Joáo Evangelista.— Lis- 
boa, 1628.-8.° 

MALDONADO (Sor Juana). 

Religiosa en el convento de Santa Catali- 
na de Sena, de Granada. 
82. — Seguidillas jocosas: 

Agua bendita quiero, 

porque imagino 

que es vejamen al diablo... 

Triunfales fiestas que á la canonización 
de San Juan de Dios consagró la muy tioble, 
leal y gran ciudad de Granada. Las escribe 
D. Sebastián Antonio de Gadea y Oviedo. — 
Granada. Imprenta de Francisco de Ochoa. 
Año 1692. 

Página 217. 

xMALDONADO (María). 

Natural de Madrid. 

83. — Romance de paranomasias. 

Sagrada efigie, en tu mira 
pongo mi justicia mera... 

Sagrada métrica lid, que al supremo ge- 
neroso impulso de seis sonoros toques en 

obsequio del mejor Sol S.*^ Marta de Jesús 
canto el convento de S. Diego de Alcalá. 
Compuesto y ordenado por D. Joachin de 



— 25 



Aguirre. — Alcalá, por Joseph Espartosa. 
1730. 
Página 213. 

MALDONADO DE MONROY (Jacinta). 

84. — Décima. 

Pulsas tan diestro tu lira... 

Ivpiter y lo. Al Excellentissimo Señor 
D. Manuel de Fonseca, y Zúñiga, Conde de 
Monte Rey y de Fuentes. Por D. Manuel 
Brauo de Velasco. — Con licencia, en Sala- 
manca, por Diego de Cosió. — Sin año. 

Las aprobaciones fechadas en Febrero y 
Marzo de 1641. 

MALO (D.^ Manuela). 

85. — En el Compendio de las fiestas que 
ha celebrado la Imperial ciudad de Qara- 
goga... en honor de Fray Luys Aliaga, pu- 
blicado por Luis Diez de Aux, se lee (fo- 
lio 286): 

Una glosa de Altabas 
nos envió Manuela Malo, 
con moderado compás, 
y al mejor su ingenio igualo 
porque sé que puede más. 

MALDONADO Y ORMAZA 

(D.» Catalina). 

Marquesa de Castrillo. 

Fué hija de D. José Manuel Maldonado, 
Regidor en Salamanca, y doña María Ma- 
nuela Suárez Deza y Várela. Casó con Don 
Baltasar Portocarrero y Prado, segundo 
Marqués de Castrillo. 

86. — Las glorias de Salamanca, poema 
heroico. 

Murió la Marquesa sin haber concluido 
esta obra, y entonces la ensalzó D. José An- 
tonio Porcel en un soneto que fué leido en 
la Academia del Buen Gusto, presidida por 
la Condesa de Lemus. 



87. — Romance endecasílabo de la Mar- 
quesa de Castrillo, en respuesta de otro, á 
D. Joseph de Torres y Villarroel, Cathedrá- 
tico de Prima de Mathemáticas de la Uni- 
versidad de Salamanca. 

A tí, que en el imperio de los astros 
leyes impones sabio é ingenioso, 
y ellos, vanos de verse objetos tuyos 
arden, porque el brillar tienen en poco. 

A tí, que á expensas de tu ingenio logras 
ser de Minerva alumno más glorioso, 
para que así tu nombre inmortalice 
el tiempo á rasgos y la fama á soplos... 

Letra del siglo xviii; tres hojas en 4.** 

Biblioteca Nacional— Mss. núm. 4.041, fols. 231 á 233. 

Acerca de esta composición y de su auto- 
ra hemos visto los siguientes manuscritos: 

Desapasionado juicio que sin añadir, 
agrega á los dos antecedentes dictámenes que 
formó D. Joseph Villarroel, de un romance 
endecasílabo de mi señora la Marquesa de 
Castrillo, D. Joseph Juachin Maldonado y 
Orma\a, en este romance de arte mayor. 

Bellísima deidad, ¡con qué armonía 
impone tu concepto peregrino 
en dulzura, en asombro, en suavidades, 
ley á Urania, á el Sol luz, honor al Pindó! 

¡Con qué privilegiada inteligencia 
introdujo tu numen exquisito 
á pesar del obstáculo del sexo 
al arte vuelo, alma al ser y regla al tiro! 

Cantaste, y en floridas consonancias 
que el Nibla cortesano te previno, 
prestó la errante unión de exhalaciones 
vida al mar, voz al eco, aliento al risco. 

Cantaste, y en tus deíficos perfumes 
que ámbar esparce en ámbito infinito 
el inmortal penacho de la Arabia 
dio cuna, encontró pira y halló nido. 

Cantaste, y al herir las atenciones 
la suave ondulación, tu claro estilo 
en lo hermoso, en lo ardiente y en lo puro 
fué deidad, pasmó llama, admiró armiño... 

Letra del siglo xviii; en 4.** 

Biblioteca Nacional.— Mss. núm. 4.041, fols. 2i5 á 232. 



26 



Dictamen que forma D. Joseph de Villa- 
rroel, de un romance endecasilavo que escri- 
bió mi señora la Marquesa de Castrilio. 

Pulsaste, citarista soberana, 
en plectro de diamante cuerdas de oro, 
imponiendo tu rapto peregrino 
pasmo al Sol, yugo al viento, freno al Ponto. 

Cantaste con tan regio, esclarecido, 
templado acorde, resonante asombro, 
que en éxtasis armónico dejaste 
sordo al mar, mudo al Pindó y ciego á Apolo... 

Letra del siglo xviii; en 4.° 

Biblioteca Nacional.-Mss. núm. 4.041, fols. 223 á 230. 

Juicio que forma quien no tiene forma de 
Juicio, de el romance endecasílabo que escri- 
bió mi señora la Marquesa de Castrilio, imi- 
tando Jocoso á el que escribió D. Joseph de 
Villarroel, serio: escribíale quien tenía plu- 
ma, tintero y papel, en el lugar de el Dere- 
cho, mes del Obispo y era de Agosto. 

Tomaste el pulso ¡oh médico del plectro! 
no sé si fué al Psalterio ó monocordio, 
y tocaste tan bien que logró alegre 
mano el manco, ojo el tuerto y pata el cojo. 

Fué tu canto de vivos y de muertos, 
un fandango, un respingo y un retozo, 
que á un entierro y á un fraile y á una monja 
quitó temo, dio turno y abrió torno. 

Componiendo la cena estaba un lego 
para un extraordinario al refectorio; 
durmióse el lego y tuvo con tu canto 
la olla hervor, el fuelle aire, el candil oleo. 

Letra del siglo xviii; en 4." 

Biblioteca Nacional.— Mss. núm. 4.044, fols. 235 á 245. 



MALUENDA (D.* Catalina de) 

Sobrina del Abad D. Antonio de Maluen- 
da, escritor burgalés. Vivió en la primera 
mitad del siglo xvii. 

88. — Poesías. 

Parece que las compuso, por un soneto 
en que la ensalzó el poeta burgalés cuvo 



seudónimo es El Sacristán de la Vieja Rúa; 
soneto que dice así: 

A D.' Catalina de Maluenda, sobrina del Home- 
ro burgalés el Abad de Maluenda. 

¡Oh tú, cual nueva Fénix renacida 
De las cenizas del varón famoso 
Que en dulce lira y verso numeroso 
Dejó nuestra región esclarecida! 

Tierna planta engendrada y producida 
Del árbol noble y tronco generoso. 
Que del terreno del común reposo 
La muerte trasplantó á dichosa vida. 

Brote ya de la fértil primavera 
De tu ingenio feliz, que el mío adora, 
En vez de flores, sazonado fruto, 

Si del hado cruel, la ley severa 
Que al árbol se atrevió, te deja ahora 
Seguir las huellas con semblante enjuto. 

Cnf. Intento de un Diccionario biográjxco 
y bibliográfico de autores de la provincia de 
Burgos, escrito por Don Manuel Martines 
Añibarro y Rives. — Madrid: Imp. de M.Te- 
11o, 1889. 

Págs. II y 28 á 48. 

Algunas rimas castellanas del Abad Don 
Antonio de Maluenda, natural de Burgos. 
Descubriólas entre los manuscritos de la Bi- 
blioteca Nacional D. Juan PéreK de Gu^mán 
y Gallo; y las publica por ve^ primera, bajo 
los auspicios del Excmo. Sr. D. Manuel Pé- 
re!{ de Gu^mán y Bo^a, Marqués de Xere^ 
de los Caballeros, á quien se dedican.—SQ\i- 
11a: Imp. de E. Rasco. 1892. 

Lvi-i5i páginas en 8." 

El Abad Maluenda y el Sacristán de Vie- 
ja Rúa (poetas burgaleses), por D. Eloy Gar- 
cía de Quevedo y Concellón. {Repista de 
Archivos, Bibliotecas y Museos; t. VII, pá- 
ginas I á 27. 

El Sr. García de Quevedo prueba con 
irrefutables argumentos que el Abad Don 
Antonio Maluenda y el Sacristán de Vieja 
Rúa no son un mismo poeta, según había 
afirmado el Sr. Pérez de Guzmán. 



27 — 



MANRIQIT (D/ Dionisia). 

Vivió á fines del siglo xvi y principios del 
siguiente; fué religiosa en las Huelgas. 

89. — Carta á S. M. en que «dice que las 
cosas de aquella casa en materia de religión 
estaban muy estragadas» y ruega que fuese 
elegida por abadesa D." Ana de Austria. Las 
Huelgas, 7 de Octubre de 1604. 

Autógrafa. — Cuatro hojas en folio. 

90. — Otra carta sobre el mismo asunto. 

Las' Huelgas, 18 de Noviembre de 1604. 

Autógrafa. — Dos hojas en folio. 

Archivo de Simancas.— Patronato eclesiástico. Leg. 295. 

.MANRIQUE (D." Inés). 

Religiosa que fué en las Huelgas á me- 
diados del siglo XVI. 

91. — Cartas á un Señor. 

De las Huelgas, 6 de Mayo y 30 de .íunio 
de 1 568. • 

Tratan estas cartas de varias monjas que 
habían salido del monasterio con permiso 
de la Abadesa y parece se resistían á volver. 

Orig. con firma autógrafa; dos hojas en 
folio. 

Biblioteca Nacional.— P. 29, folios 387 y 388. 

La segunda carta dice así: 

.Muy Ilustre Señor: 

A Francisco de Hubierna, mayordomo desta 
Real Casa, ymbio á esa villa á ynformarse en cier- 
to negocio que el dirá á v. m. y á que las monjas 
de Villamayor se buelban luego á su casa, que es 
tiempo. Suplico á v. m. le de crédito á lo que de 
mi parte dixere, y le de orden como se ynforme del 
negocio á que va; y en lo que toca á las monjas, 
pues el tiempo de mi licencia que tienen es cum- 
plido, iraie v. m. que luego se buelban á su casa 
sin dilatar un dia más. Si v. m. manda en que acá 
le sirba, lo haré como es razón. Nuestro Señor 
guarde la muy ilustre persona de v. m. con acre- 
centamiento de mayor estado ásu santo servicio. 
De las Huelgas á 3o de Junio i568. 
Servidora de vuestra merced que sus manos besa 

Doña Inés Manrique, Abadesa de las Huelgas. 



.MANRIQUE (Dona Luisa). 
Condesa de Paredes. 

Fué hija de Don Luis Enríquez y Doña 
Catalina de Lujan. Nació en Ñapóles á 25 
de Septiembre de 1604. Sus hermanos ocu- 
paron altos puestos; Don Fadrique estuvo 
de castellano en Milán; Don Diego fué ca- 
pitán en esta ciudad; su hermana Francisca 
profesó en el convento de Santa Catalina 
de Valladolid. Muy joven entró Doña Luisa 
en Palacio al servicio de la Reina Doña Isa- 
bel, mujer de Felipe IV, quien la distinguió 
con su afecto. Contrajo matrimonio con 
Don Manuel Manrique de Lara, Conde de 
Paredes, y tuvo dos hijas; una de ellas casó 
con Vespasiano Gonzaga y heredó el Con- 
dado de Paredes; la otra con el Marqués de 
Olías y Mortara. Habiendo tenido la desgra- 
cia de perder á su marido tornó á Palacio 
llamada por la Reina para que educase las 
Infantas. Más adelante, pensó dedicarse ex- 
clusivamente á la salvación de su alma, in- 
gresando en una orden religiosa; escogió la 
del Carmen Descalzo y tomó el hábito en el 
convento de Malagón. Allí desempeñó el 
cargo de Priora. Falleció á 18 de Octubre 
de 1660. 

El testamento de D.* Luisa Manrique, 
otorgado, antes de entrar en Religión, en 
Madrid ante el escribano Francisco de Car- 
tagena, á 20 de Febrero de 1648, fué publi- 
cado por D. Luis de Salazar y Castro en su 
Historia genealógica de la casa de Lar a; 
tomo IV; págs. 368 y 369. 

Cnf. Vida, y muerte de la venerable Ma- 
dre Luisa Magdalena de Jesús Religiosa 
Carmelita Descalca en el convento de San Jo- 
seph de Malagón, y en el siglo, Doña Luisa 
Manrique de Lar a, Excelentissima Condesa 
de Paredes, Aya de la Christianissitna Rey* 



28 — 



na que fué de Francia, Doña María Theresa 
de Austria y Bortón. Obra posthuma del 
Reverendissimo Padre Fr. Agustin de Jesús 
Maria, Provincial que fué de los Carmelitas 
Descalzos. Sácala á lu^ D. Pedro Vidal de 
Flores y Sabedra. Dedícala á las Excelen- 
tissimas Señoras Condesa de Paredes Doña 
María Luisa Manrique Lar a y Lujan y á mi 
Señora la Marquesa de Malpica su herma- 
na Doña Josepha Manrique Enrique^ Gon- 
\aga, nietas de la Venerable Madre Luisa.— 
En Madrid; Por Antonio de los Reyes. 
Año 1705. 

4.°, 256 págs. 

Acerca de la familia de D.' Luisa hemos 
visto en la Sección de Papeles Varios de la 
Biblioteca Nacional los siguientes docu- 
mentos, impresos todos ellos, pero sin indi- 
caciones de lugar ni de año. 

El Licenciado D. Diego Loaysa B.do de Qui- 
ros, Fiscal de su Magestad en su Corte, y Real 
Chancillería que reside en esta ciudad de Vallado- 
lid. Por su Real Corona, y Patrimonio y coadju- 
vando el derecho de la ciudad de Naxera, con don 
lorge Manrique de Lara, y Cárdenas, Duque de 
Maqueda, y (dizen) de Naxera. 

25 hojas en folio. 

Por Don lorge Manrique de Lara, y Cárdenas, 
Duque de Nagera, Duque de Maqueda, con el Fis- 
cal de su Magestad: y Sietes de la ciudad de Na- 
gera. 

46 hojas en folio. 

Por Don Alonso Manrique de Lara, contra 
D. Francisco Manrique de Lara y consortes oposi- 
tores á la tenuta de Amusco, y mitad de Redeci- 
lla del Camino y sus aldeas. 

Firmada por D. Pedro Diez Noguerol. 

20 hojas en folio. 

Por el Rey Nuestro Señor, y el Licenciado 
D. Diego Daza, su Fiscal, y por la ciudad de Na- 
xera. Con el Duque don luán Manrique de Lara, y 
doña Luysa Manrique de Lara, Duquesa de Ma- 



queda, su hija, y contra don lorge de Cárdenas, 
Duque de Maqueda, su nieto. 
Firmada por el Lie. Pedro de Barcena Carasa. 

14 hojas en folio. 

Por D. Francisco Manrique de Lara, Fiscal de 
la Real Audiencia de México. Con doña María 
Inés Manrique, Condesa de Paredes, don Juan Ra- 
mírez de Arellano, Conde de Aguilar. Sobre \z 
Casa y Estado de Paredes. Y sobre el mayorazgo 
de las villas acrecentadas de la Sierra de Alcaraz. 
Y con don Alonso Manrique, y don Bernardino 
Manrique, Señor de las Amayuelas, y don lorge 
Manrique, Duque de Naxera. Sobre las villas de 
Amusco y mitad de Redecilla. 

36 hojas en folio. 

Por el Marqués de la Hinojosa, Señor de los 
Cameros. Con la Condesa de Paredes y D. Fran- 
cisco Manrique. Sobre la sucession del mayoraz- 
go de las villas de la Sierra de Alcaraz, que fun- 
daron los Condes de Paredes el año de 1481. 

Firmada por el Lie. D. Juan de Oviedo. 

16 hojas en folio. 

Por D.* Maria Inés Manrique de Lara^ Condesa 
de Paredes. Con el Marqués de la Hinojosa, Con- 
de de Aguilar, don luán Ramírez de Mendoza y 
Arellano, don Francisco, don Alonso y don Ber- 
nardino Manrique, don luán Enriquez y el Duque 
de Naxera, don Juan Manrique de Lara. Sobre la 
tenuta y possesion del mayorazgo de Amusco y 
Redezilla, y el de la Casa y Estado de Paredes, y 
villas de la Sierra de Alcaraz á él acrecentadas. 

18 hojas en folio. 

Por don Pedro Manrique de Lara, Conde de 
Paredes. Con Doña Luysa Manrique de Lara, Du- 
quesa de Naxera. 

(Sobre las tercias y alcabalas de Amusco.) 

17 hojas en folio. 

92. — Carta á quien había de hacer juicio 
de la conveniencia de imprimirse el libro 
que compuso intitulado Año Santo. 

Publicada por Fr. Agustín de Jesús Ma- 
ría, en la obra citada, págs. 130 á 132. 



— 29 — 



g3. — poesías varias de la Venerable 
Madre Luisa Magdalena de Jesvs, 
Carmelita DESCALgA é^ el Convento 

de MaLAGÓN: ANTES EXCELENTÍSSIMA 

Condesa de Paredes. 

ROMANCE 
Be la correspondecia humana á los favores divinos. 

Pensando está el coraron, 
\ó buen Jesvs! quanto os debo, 
y en golfos de beneficios 
se anega el conocimiento. 

Las malas correspondencias 
con que pago el amor vuestro, 
para que las llore el alma 
les falta á los siglos tiempo. 

¿Qué esperanzas puede aver 
de la enmienda de mis yerros, 
si quiero curar los males 
sin aplicar los remedios? 

Conozco mis desvarios 
y mis tibiezas condeno, 
suspiro por mejorarme 
y nada procuro menos. 

De vuestras misericordias 
tan rodeado me veo 
que quando de vna me aparto 
Otra me sale al encuentro. 

Tan grandes obligaciones 
vozes dan dentro del pecho, 
pero duéleme la paga 
aunque la deuda confiesso. 

Las mercedes que recibo 
no las entrego al silencio; 
mas ^qué importa el publicarlas 
si con mis obras las niego? 

Vuestra justicia en mis culpas 
con justa razón la temo, 
que hazen estas advertencias 
más criminal el processo. 

¡Ay de mi! Señor benigno, 
¿si seréis juez severo?; 
que muchas ingratitudes 
apuran el sufrimiento. 

Vuestra paciencia infinita 
siempre la están compitiendo 
continuas perseverancias 
en antiguos desconciertos. 

Vos, como dueño piadoso, 
dissimulais sentimientos; 
yo, como bárbaro esclavo, 
por esso mismo me atrevo. 



Con auxilios soberanos 
me reparáis en mis riesgos; 
yo me arrojo á los peligros 
con locos atrevimientos. 

Ya con entrañas de padre 
al bien me estáis persuadiendo; 
ya con manos liberales 
me dais lo que no merezco. 

Y yo, diferente en todo, 
llego á ser tan avariento 

que al dexar por vos mis males 
no sé desasirme dellos. 

A costa de vuestra vida 
tengo á la gloria derecho, 
y yo con nuevos pecados 
os crucifico de nuevo. 

Y, finalmente. Dios mió, 
siempre los dos procedemos, 
yo como el peor del mundo, 
vos como el mejor del cielo. 

ROMANCE 

¡Qué breves que son. Dios mió, 
las horas que estoy con tos, 
y que largas le parecen 
á mi inquieto corafón! 

Que mal os puedo encubrir 
la tibieza de mi amor, 
quando tan despacio llego 
donde tan de priessa estoy. 

¡Qué de tiempo mal gastado 
vanamente al mundo doy, 
de quien solo desengaños 
espero por galardón! 

jY qué de tiempo me falta 
para el estudio, Señor, 
de aquella profunda ciencia, 
quién sois vos y quién soy yo! 

Y quando queréis leerme 
tan importante lección, 
¡qué de contrarios halláis 
que impiden este favor! 

Vn escuro entendimiento 
de libre imaginación, 
humilde en el entender 
y altivo en la presunción. 

Vna voluntad rebelde 
con villana obstinación, 
fácil á qualquier empleo, 
ingrata solo con Dios. 

Vna memoria, retrato 
de tal representación, 



— 30 - 



que es solo de lo que mira, 
más de lo que espera, no. 

Contradiziendo mis dichas 
quando se oponen á vos, 
me llevan al mayor daño, 
me apartan del bien mayor. 

Pero no desmaya el alma 
en tanta contradición, 
porque vos para vencerme 
todo poderoso sois. 

OCTAVAS 

jAy Dios!; quién fuera tal que os agradara 
y tan dichoso fuera que os sirviera, 
que por vos á si mismo se dexara 
y por daros su vida la perdiera; 
quien solo á vuestros pies descanso hallara 
y tanto en amor vuestro se encendiera, 
que todo á tus afectos entregado, 
venciera al Serafín más abrasado. 

Siendo vos mi principio y fin dichoso 
reconoceros debe mi baxeza, 
y de un Rey y Señor tan poderoso 
¿quién puede resistirle á la grandeza? 
sois fiel Amante, sois leal Esposo; 
no es justo que apetezca otra belleza; 
todo me debo á vos, buscad el modo, 
mi Dios, para que sea vuestro todo. 

Hazed en mi, dulcissimo Señor, 
vuestra divina y santa voluntad, 
que siendo de la mia vencedor, 
gozaré la mayor felicidad: 
tratadme con blandura, ó con rigor; 
vsad de la justicia, ó la piedad; 
si alcanzo que de mi os agradéis, 
no os queda mayor dicha que me deis. 

Los bienei que de vos he "recibido, 
que el número al contarlos ha faltado, 
piden del coraíon agradecido, 
las veras, la fineza, y el cuydado: 
muchas las culpas son que he cometido, 
grandes los beneficios que he olvidado, 
y estas luzes que al alma se le ofrecen, 
todas en mi tibieza se obscurecen. 

Pues yo para vencerme estoy cobarde, 
vencedme vos con poderosa diestra, 
de vuestra omnipotencia haziendo alarde 
para bien mió, y para gloria vuestra; 
el auxilio eficaz. Señor, no tarde, 
executor de la ventura nuestra, 
pues lo que vos queréis eficazmente, 
villana resistencia no consiente. 



DÉZIMAS 

Señor, quando os llego á hablar 
no se cierto que pedir, 
si vida para servir 
ó muerte para gozar. 
Yo os quisiera assegurar, 
y viuo, temo perderos, 
muerto, no podré ofenderos, 
más dexaré de serviros; 
en fin, no acierto á pediros; 
hazed que acierte á quereros. 

No ay dicha como la vida - 
en serviros empleada, 
ni cosa más desdichada 
que una vida mal vivida. 
En duda tan conocida, 
que vos elijáis espero; 
La vida y la muerte quiero, 
pero con tales reparos, 
que si viuo he de obligaros, 
y he de gozaros si muero. 

Señor mío, hazed en mí 
vuestra santa voluntad, 
que toda mi libertad 
os entrego desde aquí; 
de vos vida recibí, 
quitádmela si queréis; 
sólo os pido que me deis 
que nunca mi gusto hagáis, 
que si el vuestro executais 
lo mas conviniente haréis. 

ROMANCE 
A la Miseriooxdia d* Dio», á modo d« VeJamAii. 

Señora Misericordia, 
quiero dezirla quién es, 
porque no la desvanezcan 
los favores de su Rey. 

Ella, quanto á lo primero, 
no sé yo quién la dio el ser, 
que la que llaman su Madre 
Virgen pura siempre fué. 

Que su hermana es la justicia 
todos lo sabemos bien, 
mas pueden ponerlo en duda 
los efectos que se ven. 

Porque en todas quantas cosas 
rectamente quiere hazer, 
muy á lo moxigatico 
se le opone su merced. 

Y es tan dichosa en la gracia 
del más Supremo Juez, 



— 31 — 



que sale con quanto quiere, 
una, y otra y oira vez. 

Para criada en la Corte 
y ser principal muger, 
espanta mucho su estilo 
quando se repara en él. 

A todos trata igualmente, 
diferencia no ha de aver 
del mas humilde al mas alto, 
ni del amigo al infiel. 

Tiénenla por gran Señora, 
y nunca en su proceder 
se ha estimado en lo que vale; 
digolo, porque lo sé. 

Preciase de muy humana; 
preguntóla: ¿para qué? 
si essa es la mayor falta 
de una doncella de bien. 

Su puerta siempre está abierta, 
y aunque es hermosa y cortés, 
si primero no los llama, 
ninguno la viene á ver. 

Recibe abiertos los braíos 
al que suyo quiere ser, 
y aunque sea en Viernes Santo 
admite á vn ladrón soez. 

Mugeres de mala vida, 
sabe amparar y valer, 
y oyó muchas quemazones 
quien se la advirtió una vez. 

Dizen que es entremetida, 
y yo no lo negaré, 
porque su entremetimiento 
rendir puede á Luzifer. 

En todas partes se halla, 
y á los que dormidos vé, 
por despertarlos del sueño 
haze todo su poder. 

Por cierto, buena amistad; 
no se espante que la den 
con las puertas en los ojos 
los que duermen á placer. 

Espántase de sí misma, 
que tan porfiada es 
que si vna vez la despiden 
quiere bolver otras diez. 

Toda la tierra está llena • 
de sus hechos, bien podré 
dezirlo, pues que lo dize, 
no menos que vn Santo Rey. 

Y con ser tales sus gracias, 
tiene vn cierto no sé qué, 



que no la sabe dexar 
quien la llega á conocer. 

Y yo, que assí la murmuro, 
mal me haga Dios, Amén, 
si no la amo y estimo 
más que al Ángel San Miguel. 

No pido que me lo pagues, 
que es obligación de quien 
conoce que de tus manos 
le ha de venir todo el bien. 

Sólo te pido. Señora, 
que quando llegue á tus pies, 
como al pródigo, en tus braíos 
abrigues mi desnudez. 

ROMANCE 
2n los primeros deseairafios d« m 

Sabed, Señor, que me muero, 
aunque muy bien lo sabéis 
que me muero por quereros 
tanto como vos queréis. 

Mirando vuestra grandeza, 
de mirarla me admiré; 
perdíme en su abismo, y luego, 
ignorando, me gané. 

Advertida en la experiencia, 
confiesso con firme fe, 
que de vos entiendo menos, 
quando más pienso que sé. 

Las Divinas perfecciones 
de vuestro inmutable ser, 
sólo vuestro entendimiento 
las alcan9a á comprehender. 

Estas grandes maravillas 
que en vuestras obras se ven, 
son una muestra pequeña 
de lo que podéis hazer. 

¡O qué dichosos que somos 
en tener vn Dios que es 
sabio, santo y poderoso, 
todo para nuestro bien. 

Con sabiduría inmensa 
remediáis el mal que veis, 
queriendo vuestra bondad 
y obrando vuestro poder. 

Si esto sólo en vos se halla: 
Dezidme, Señor, ¿en quién 
buscava yo bienes quando 
fuera de vos los busqué? 

Pero no me lo digáis, 
que yo lo confesaré: 
aparentes los quería 
y el mundo los da tal vez. 



— 32 — 



Término breve se goza, 
distancia apenas se ve 
de llegar á posseerlos 
y bolverlos á perder. 

Esto he conocido aora 
que á vuestra luz los miré; 
ya los verdaderos pido, 
Christo mío, á vuestros pies. 
Adonde aveis de darme nuevo ser 

y en aquel Pan Divino, 
possessión de tesoros infinitos 

donde sólo se gozan 
seguros bienes y cumplidas gloriaSi 



ROMANCE 

Más quiero yo á Jesu Christo, 
con tormentos y fatigas, 
que no á vos, mundo engañoso, 
con vuestras pompas altivas. 

Más quiero verme á sus pies 
humildemente rendida, 
que en vuestra mayor grandeza 
tener la primera silla. ' 

Más quiero ofrecerle á él 
las tiernas lágrimas mías, 
que gozar vuestros regalos, 
que admitir vuestras caricias. 

Con Dios, no espero tristezas, 
sin Dios, no espero alegrías; 
pena con Dios, gozo es, 
gozo sin Dios, es mentira. 

Quien quiere aparentes gustos 
promessas del mundo admita, 
quien busca seguros bienes, 
tome su Cruz y á Dios siga. 

Si del Reyno de los Cielos 
es difícil la conquista, 
también los premios son largos, 
también es corta la vida. 

Los bienes que el mundo ofrece 
quien más de cerca los mira 
tan limitados los halla 
que se le pierden de vista. 

Los consuelos que ay en Dios, 
cuando á la Cruz nos combida, 
quien más pesada la lleva 
mayores los averigua. 

Llegad, almas, á entender 
esta soberana enigma, 
que está en la pena la gloria 
y en los trabajos la dicha. 



ROMANCE 
Á. las perfecciones de la bondad de Dios. 

Agora que mis potencias 
gozan vna breve paz, 
y de tí, Sol de Justicia, 
luzes recibiendo están. 

De tu bondad infinita 
quisiera. Señor, contar, 
si lo más de lo que alcanzo 
lo menos de lo que ay. 

Lo grande de tu saber, 
lo admirable del obrar, 
mi silencio lo venera, 
essos Cielos lo dirán. 

¡O qué bueno eres, bien mío, 
qué bueno fuiste, y serás, 
sin que pueda aver mudanza 
por toda la eternidad! 

Para Padre, ¡qué amoroso! 
para amigo, ¡qué leal! 
para Señor, ¡qué clemente! 
y para Dios, ¡qué cabal! 

Blando, quando persuades, 
quando mandas, eficaz, 
quando castigas, piadoso, 
quando premias, liberal. 

Quando te enojas, ¡qué justo! 
¡qué fácil en perdonar! 
¡qué acertados tus decretos! 
¡qué recto tu Tribunal! 

Si niegas lo que deseo, 
si lo que pido me das, 
todo es en tí Providencia, 
todo es en tí santidad. 

Si caygo, con pies velozes 
me vienes á levantar, 
y si tú no me tuvieras 
nunca en pie pudiera estar. 

Si estoy enfermo, me curas 
con dulzura celestial, 
siendo médico y salud 
en accidentes de Pan. 

Si todo el mundo me dexa, 
tú siempre conmigo estás, 
y con dobladas caricias 
consuelas mi soledad. 

Quando te ausentas de mí, 
no es desvío, es amistad, 
que te escondes por deberme 
que yo te vaya á buscar. 

Si al corafón temeroso 
desmaya la sequedad, 




33 — 



con lágrimas le regalas, 
que al alma sustento dan. 

Pbrqüe el mal no me acobarde 
ni el bien me pueda dañar, 
tú perfeccionas el bien 
y disminuyes el mal. 

Lo que hazes, lo que eres, 
dirélo con brevedad: 
Eres Dios, como Dios obras; 
no queda que dezir más. 

ROMANCE 
A una Xmag-en del Salvador, hemioRÍBSlma. 

Dulcíssimo Jesús mío, 
cuya beldad soberana 
los Cherubines admira, 
los Serafines abrasa. 

Vuestra divina hermosura 
cortamente dibujada, 
dichosamente suspende 
y tiernamente regala. 
Esse mirar apazible 
que es piedra imán de las almas, 
castos desseos incluye 
y puros amores causa. 

La magestad del semblante 
que á la mansedumbre iguala, 
aumentando está respetos 
donde esfuerza confianjas. 

Essa mano celestial 
tesorera de la gracia, 
mercedes ofrece á todos 
siempre liberal y franca. 

Siendo lo menos de vos 
esto que la vista alcanza, 
lo menos da vos. Señor, 
para dar mil glorias basta. 

Los ojos que á veros llegan 
en dichas tan bien logradas, 
con atención os adoran, 
con lágrimas os alaban. 

Suspenso el entendimiento 
repite con tiernas ansias: 
si esto siente quien os mira, 
¿qué sentirá quien os ama? 

La voluntad codiciosa 
de gozar venturas tantas, 
antiguas pérdidas llora, 
de nuevos empleos trata. 

Toda á vos quiere rendirse, 
y en esta divina tabla 
assegurar los peligros 



de las borrascas humanas. 

Gozando está la memoria 
felicidades dobladas 
quando del retrato hermoso 
al original se passa. 

Porque al vivo se presenta 
la perfección de la estampa 
lo piadoso de las obras, 
lo dulce de las palabras. 

Parece que os estoy viendo 
en el pozo de Samada 
quando de beber pedísteis 
para ofrecer mejor agua. 

Ó en la mesa de Simón, 
donde con enigmas sabias 
fué de vos tan defendida 
la pecadora más Santa. 

O quando compadecido 
de la adúltera acusada, 
su abogado os reconocen 
los que juez os buscavan. 

También, Señor, os propone 
essa modestia sagrada 
diziéndole al Centurión: 
yo iré á curarle en su casa. 

Y en aquel sermón famoso, 
quando de un monte á la falda 
enseñasteis á los hombres 
lo que es bienaventuranza. 

Que llame, que pida y busque 
estáis persuadiendo al alma 
porque reciba, si pide, 
y para que entre, si llama. 

Que sois Pastor verdadero, 
que sois vida deseada, 
que sois camino seguro 
manifestáis con luz clara. 

¡O celestial prototipo 
desta imagen soberana, 
dadme aliento con que pueda 
eternamente alabarla! 

Pero callar es mejor 
porque la verdad agravia 
del divino trato vuestro 
quien mal vive y bien os habla. 

ROJVIANCE 
De vn pecador tomando el Christo para morir. 

En hora buena vengáis. 
Soberano Rey del cielo, 
á ser mi abogado aora 
para ser mi juez tan presto. 



34- 



Que en este apretado trance, 
después que presente os tengo, 
ni teme la muerte el alma, 
ni siente su mal el cuerpo. 

En efecto, Señor mío, 
sois amigo verdadero, 
y no me queréis dexar 
en el mayor de mis riesgos. 

Tanto de veros me animo, 
que á no parecer sobervio 
dixera que en este punto 
ni aun mis propias culpas temo. 

Mas, <:por qué no lo diré, 
si en v.uestros merecimientos 
se fundan mis esperanzas 
y se deshazen mis miedos? 

Nada en mis obras confío, 
que humildemente confiesso 
fueron las malas sin tassa, 
las buenas con mil defectos. 

Muy loco estuviera yo 
si al desengaño más cierto 
con la pena á que me obliga 
no me obligara á ser cuerdo. 
Pequé, Señor, de palabra, 
en obras y pensamientos, 
esclavo de mis antojos 
y libre á vuestros preceptos. 

Los passos que di en la vida 
desde los años primeros, 
siempre de vos me apartaron 
siendo vos mi propio centro. 

Oyendo vuestra doctrina 
y viendo mis desconciertos, 
fui para escucharos, sordo, 
y para mirarme, ciego. 

Tan detenido en seguiros, 
tan tardo en obedeceros, 
que el primer día que os busco 
es de mi vida el postrero. 
Pero nada me acobarda 
como á vuestros pies me veo, 
que la más fiera borrasca 
nadie la teme en el puerto. 

Claro está, Señor, que á quien 
en tal sagrado se ha puesto, 
ofenderle no podrán 
los poderes del infierno. 
El Sol de justicia sois, 
mas yo confiado espero 
que á la sombra desta cruz 
se os encubrirán mis verros. 



Y aunque los echéis de ver, 
aquí en cinco llagas tengo 
para huir vuestros castigos, 
las puertas de mi remedio. 

Sin turbación ni desmayo 
de mis pecados me acuerdo, 
porque es mayor vuestro amor 
aunque son muy grandes ellos. 
Conmigo estáis, buen Jesús, 
no me dexéis, Jesús bueno, 
pues es verdad que sois mío 
y que nací para vuestro. 

Los horrores de la muerte 
ya me van acometiendo; 
Jesús, pues que sois mi vida 
concédeme más aliento. 
No para que se dilate 
pagar el devido feudo, 
sino para repetir, 
Jesús, vuestro nombre tierno. 

Que assi se regala el alma 
oyendo estos dulces ecos, 
que duda si podrá hallar 
gloria mayor en el cielo. 

Pero ya faltan las fuerzas, 
ya voy la vista perdiendo, 
ya se han caydo los bracos 
y se ha levantado el pecho. 

Ya sólo en el corazón, 
Jesús, pronunciaros puedo; 
ya. Señor, en vuestras manos 
este espíritu encomiendo. 



1 



ROMANCE 
Bumll&es reconocimientos k beneficios divinos. 



)Ay mi Dios! 
¿qué fuera de mí sin vos? 

¿Qué fuera. Señor, de mí, 
si fuérades como yo 
y fuera como la mía 
vuestra amable condición? 

¿Qué fuera, Señor, de todos, 
si á la culpa más atroz 
le diérades el castigo 
que á la más leve le doy? 

¿Quién pudiera prometerse 
de sus delitos perdón 
si vuestra piedad tomara 
consejos de mi rigor? 

¿Y quién pudiera librarme 
de eterna condenación 






35- 



si faltara como en mí 
la misericordia en vos? 

¡A y mi Dios! 
¿qué fuera de mí sin vos? 

Remiso y tardo en cumplir 
una y otra obligación, 
al primer agravio, ¡o quanto, 
me precipita el furor! 

Quán diferente, bien mío, 
vuestro noble corazón; 
dilata los escarmientos 
y apresura el galardón! 

Premios tenéis y castigos, 
pero dais, dulce Señor, 
los castigos, como padre, 
y los premios, como Dios. 

La fragilidad humana 
nunca conmigo escusó 
pecado ageno, aunque tanta 
disculpa del pecador. 

Y apenas haze una falta 
el justo en la perfección, 
quando de toda su vida 
fiscal riguroso soy. 

Vos siempre Juez piadoso, 
en el delito mayor 
os mueve á lástima el reo 
y á enojo el acusador. 

Aunque también este crimen 
tiene sentencia en favor, 
porque es vuestra tolerancia 
quien haze la información. 

Dicha es grande que seamos 
tan diferentes los dos, 
más ¡ay! que el no pareceres 
es ser desdichado yo. 

¡Ay mi Dios! 
¿qué fuera de mí sin vos? 



SEGUIDILLAS 
k. Kuestra Befiora. 

¿Quién ha visto del Cielo 

la mejor prenda? 
Yo, que he visto á María 

de gracia llena. 
¿Quién ha visto sin culpas 

un ser perfecto? 
Dios, que deve á su Madre 

tal privilegio. 
¿Quién ha visto sin quexas 

la embidia humana? 



Yo, que sé que á María 

lodos la aman, 
¿Quién ha visto que el Cielo 

se dé á un perdido? 
Dios le da si María 

llega á pedirlo. 
¿Quién espera el remedio 

de un alma ingrata? 
Yo, que sé que María 

todo lo alcanja. 
¿Quién ha visto misterios, 

glorias, prodigios? 
El que viere á María 

todo lo ha visto. 

JACULATORIAS 

Á Christo nuestro Señor, sacadaa de algunos 
sentimientos dt San Agustín. 

Jesús, tú lo mandaste, 
que el ánimo inquieto 
sea para sí mismo 
castigo y escarmiento. 

Jesús, tu prevenisie 
con soberano acuerdo, 
que todo lo posea 
el que te está sugeto. 

Jesús, Rey soberano, 
¡qué apazible es tu Imperio!, 
¡qué suave tu yugo!, 
¡qué dulces tus preceptos! 

Jesús, quando te adoro 
y quando amarte quiero, 
ganancias infinitas 
hallo en tan digno empleo. 

Jesús, tal gloria causa 
tu trato afable y tierno, 
que en gustos repetidos 
se anegan los desseos. 

Jesús, quien de servirte 
haze el devido aprecio, 
ni sabe pedir más, 
ni puede querer menos. 

Jesús, quien sólo trata 
de tenerte contento, 
quando menos le busca 
más asiegura el premio. 

Jesús, el frequentarte 
haze el deleite feo, 
y para los pecados 
. quita el consentimiento. 

Jesús, sólo te pierde 
el pecador tan necio 



-36- 



que le dexa y se aparta 
ó tímido, ó protervo. 

Jesús, ¿de quien á quien 
va, quien de tí va huyendo, 
si no de vn Dios piadoso 
al mismo Dios severo? 

Jesús, suma clemencia, 
como el herido ciervo 
busca la fuente pura, 
yo tu costado abierto. 

Jesús, fuera de tí, 
todo estoy violento: 
pero iqué maravilla, 
si eres mi ptopio centro! 

Jesús, fuego divino, 
abrásame secreto 
en lo interior del alma 
para mayor incendio. 

Jesús, tesoro mío, 
en tí todo lo tengo, 
por tí todo lo alcanzo, 
en tí todo lo espero. 

OCTAVAS 
Deus meuB et omnla. 

Yo ¿'para qué nací? para alabaros, 
para serviros y reconoceros, 
para, como á mi fin, siempre buscaros, 
para, como á mi bien, nunca perderos; 
como á principio mío, devo amaros, 
como á Señor Supremo, obedeceros; 
pues ¿qué penas, qué daños no merezco 
si no os amo, ni busco, ni obedezco? 

Sois de mi bien origen soberano, 
soy de mi perdición causa primera, 
yo para el corazón, dueño tirano; 
vos para el alma, gloria verdadera; 
en mi mismo me pierdo, en vos me gano, 
soy mi peligro, y sois mi propia esfera, 
y no me dexo á mí, ni á vos me llego; 
¿quién vio con tanta luz hombre tan ciego? 

SEGUIDILLAS 

Á la venida de el Santíssimo Sacramento á la Capi- 
lla Keal, aviéndole acompañado el Sey nuestro 
Sefior, y el Príncipe nuestro Señor Baltasar Car- 
los, y la Seyna nuestra Señora, y las Damas le 
esperaron en el patio. 

A Phelipe el Grande 

(miren qué digo) 
otro huésped más Grande 

se le ha venido. 



Y en su compañía 
tan bien se halla 
que irse ya no quiere 

de la posada. 
Con los dueños de casa 

bien se conviene, 
que Isabel y Phelipe 
lo mismo quieren. 
Su Palacio le fían 

(¿quien creyera tal?) 
siendo enamoradizo, 
mancebo y galán. 
Desde el punto que vieron 

su hermosa cara, 
que le adoran, confiessan 

todas las Damas. 
No será estrañeza 
para la Reyna, 
que en el patio se dize 

fué la primera. 
Imitando del Padre 

santos afectos, 
Baltasar, galán suyo, 

no tuvo zelos. 
Antes quando el huésped 

vino á rondalla, 
todos vieron que él mismo 

le acompañava. 
Y el disfraz esse día 

poco le valió, 
que el paje se vía 

quién era el Señor. 
Háganle buen passage 

señores guardas, 
que es galán casamiento, 

mayor de marca. 
Damas y meninas 

ténganse en buenas, 
miren que en la Villa 
muchas le ruegan. 
Mas si se disponen 

á enamorarle, 
es de buen contento, 

será muy fácil. 
Con dos lagrimitas 
y un suspiro fiel 
le verán más tierno 

que al más portugués. 
Como puede tanto 
la buena gracia, 
es María Teresa 
quien más le agrada. 




Hízole visita 

con tal atención 
que en el alma y cuerpo 

vistió su color. 
Y el Divino huésped 

agradecido, 
quanto pide su aya 
le ha concedido. 
A Palacio se viene, 

él estrechará 
con la Casa de Austria 

la antigua amistad. 
Recibióle Phelipe 

con tanto aplauso, 
que su afecto sólo 

pudo hazer tanto. 
¡O que bien se emplean 

estas finezas 
en quien no ay ninguna 

que no merezca! 
Pagarálas todas, 

ténganlo por fee, 
pues servir se dexa, 

cierta es la merced. 
Que es tan liberal 

(como Dios, en fin,) 
que por darnos solo 
se dexa servir. 



37 — 

luán Batista Felipes de Cáceres.—En ^ara- 
go^a, por Diego Latorre. Año 1623. 

MANRIQUE DE SILVA (D.* Francisca) 
Marquesa de Aguilar. 

96. — Manifiesto en que declara la ragón 
que tiene para publicar las sinra9ones y tro- 
pelías que están executando con ella y con 
su hijo el Conde de Castañeda D. Antonio 
Manrique de la Cueva, para que todo el 
mundo conozca quán justamente pide jus- 
ticia á Dios nuestro Señor, á quien dedica 
esta obra. 

Trata del matrimonio del Conde con doña Ca- 
talina Téllez Girón, hija del Duque de Osuna y 
dama de la Reina María Luisa de Borbón, al cual 
se oponía éste. 

Ms. del siglo xvii; 17 hojas en folio. 

Museo Británico. Eg. 338, 

MANUEL (D.* Bernarda). 



g^.. — El año santo, ó meditaciones para 
todos los días en la mañana, tarde y noche, 
sobre los misterios de la vida de Christo 
Señor nuestro y de su pasión.— Madrid. 
1658.-4." 

Publicó esta obra de Doña Luisa Magda- 
lena, D. Aquiles, caballero napolitano, pro- 
tonotario apostólico y comisario del Santo 
Oficio. 

MANRIQUE DE LUNA 
(D.* Ana Polonia). 

g5. — Á Juan Bautista Felices de Cáceres: 

La invidia, que ya aligera 
las edades con su agravio, 
hace desdichado al sabio 
que astros dominar espera... 

El cavallero de Avila. Por la Santa Ma- 
dre Teresa de lesus... Pohema heroico. Por 



Portuguesa del Algarbe, donde nació "en 
el año 1 61 6. Estuvo casada con Antonio 
Gómez Borges, vecino de Madrid. Ambos 
fueron procesados por judaizantes en los 
años 1 65o y i65i, y condenada ella á cárcel 
perpetua, hábito y varias penas espirituales. 
Conoció de su causa la Inquisición de To- 
ledo. 

Con ésta se conserva una defensa origi- 
nal de Doña Bernarda; consta de seis hojas 
en folio. 

Archivo Histórico Nacional.— Inquiíición de Toledo. 
Legajo 164, uúm. 535. 

MANUEL MENDOZA (D.* Mariana). 

97. — Décima á Doña Ana de Castro Egas 
en la Eternidad del Rey Nuestro Señor Fe- 
lipe III: 

Al objeto que matizas 
quien da dones inmortales... 



-38- 



Eternidad del Rey Don Filipe tercero 
Nuestro Señor el Piadoso. Discurs:> de su 
vida y santas costumbres. Al Serenissimo 
Señor el Cardenal Infante su hijo, Doña Ana 
de Castro y Egas.— En Madrid. Por la Viu- 
da de Alonso Martín. MDCXXIX. 

Folio 6. 

MARCELA (Julia). 

^8.— Redondillas á Francisco López Pá- 

rraga: 

Tanto en vuestra sacra suma... 

Epitome a la vida i glorioso transito del 
Seráfico Patriarca S. Francisco. Por Fran- 
cisco Parraga, Bachiller en Teología. A la 
devoción de Luis de Mercado Arias. — Con 
licencia, por Francisco de Lyra. 1622. — 8." 

MARCO (Úrsula Polonia). 

99. — Soneto á San Ramón Nonato: 

Tres ángeles no más y en esa cama 
que es trono del poder de Dios que asoma... 

Certamen poético a las fiestas de la trans- 
lación de la reliquia de San Ramón Nonat, 
Recopilado por el Padre Fr. Pedro Martin, 
Religioso de la Orden de nuestra Señora de 
la Merced Redención de Cautivos. Y su vida 
en Rimas por Francisco Gregorio Fanlo. A 
Doña Luysa de Padilla, Condessa de Aran" 
da. — Año 161 8. Impresso en Zaragoza, por 
luán de Lanaja y Quartanet. 

Folio 90. 

MARGH (Juana Ignacia). 

Natural de Pollenza. Estuvo casada con 
Francisco Pizá y Gible, regidor perpetuo de 
Palma. Murió á 6 de Enero de 1791. 

100. — Poesías religiosas. 

Bover da el título de una que es: Oración 
á Jesucristo crucijicado, y publica algunos 
versos de ésta. 



MARGARITA IGNACIA. 



loi . — Á nombre de esta portuguesa se pu- 
blicó una Apología del P. Antonio Vieira, 
mas el verdadero autor lo fué su hermano 
Luis Gon9alves Pinheiro, según afirma Bar- 
bosa Machado en la Bibliotheca Lusitana. 

MARÍA (Sor Bernarda). 

Monja en el Real Convento de Santa 
Clara de la ciudad de Sevilla. 

102. — Á la muerte del Doctor Juan Pérez 
de Montalván. Décimas: 

Suspende, muerte, suspende... 

Lágrimas panegíricas á la temprana muer- 
te del gran poeta, y teólogo insigne Doctor 
luán Pere^ de Montalván. 

Fol. 83. 

Reproducidas en la Biblioteca de Autores españoles, 
t. XLII, pág. 548. 

iVlARÍA (Sor Gregoria). 

103. — Libro de los consejos de esta Santa 
Casa de la Encarnación Benita. (San Pláci- 
do de Madrid.) 

Años 1629 á 1644. 

Autógrafo. — Ocho hojas en folio. 

Archivo de Simancas.— Proceso de las monjas de Saa 
Plácido. Leg. 3. 

MARÍA ÁNGELA (Sor). 

104. — Carta de Edificación, Cerca de la 
Muerte, y exemplar Vida de Sor María Ca- 
talina, Hermana Profesa de Velo Blanco en 
nuestro Monasterio de Capuchinas de Jesús, 
María, y Joseph, de la Ciudad de Lima. 

4.** — Cuatro hojas sin numerar con la sig- 
natura A. 

Suscrita por Sor María Angela y fechada 
en Lima el 20 de Diciembre de 1767. 



-39 — 



MARÍA LUISA DE BORBÓN 
(La Reina D.»). ' 

Mujer de Carlos H. Nació á 26 de Abril 
de 1662; fué hija de Felipe, Duque de Or- 
leans, y de Enriqueta Ana de Inglaterra. 
Cuando en 1678 se ajustaron las paces entre 
Francia y España se convino en el matri- 
monio de aquélla con el rey Católico. Nom- 
brado Embajador extraordinario al efecto 
D. Pablo Spinola Doria, Marqués de los 
Balbases, se llevó á cabo el desposorio en 
Fontaineblcau á 31 de Agosto de 1679, re- 
presentando á Carlos II el Príncipe de Con- 
ti. Poco después se encaminó D.' Luisa á 
España, y en Quintanilla se reunió con su 
enfermizo esposo, siendo luego, á 2 de Di- 
ciembre, recibidos ambos en Madrid con 
alegría y fiestas públicas. Durante el breve 
tiempo de su reinado se granjeó el amor de 
sus vasallos por su caridad y otras excelen- 
tes prendas. Falleció á 12 de Febrero de 1689 
y fué sepultada en el monasterio del Esco- 
rial. 

io5.— Cartas familiares á Carlos II. 

Fechadas á 17 de Septiembre de 1679 y 
Noviembre del mismo año. 

Autógrafas. La primera escrita en francés; 
la segunda en castellano.— Dos hojas útiles 
en 4.' 

Bibliotíca Nacional.— Mss. P. V. 4." C. i. Núms. 3 y 5. 

MARÍA LUISA DE BORBÓN. 

Mujer que fué de Carlos IV, con quien 
se casó en el año 1775. Falleció en 1819. Su 
biografía, y especialmente sus escándalos, 
son bien sabidos para que nos ocupemos 
de ellos. 

Acerca del matrimonio de Carlos IV con 
María Luisa publicó noticias y documentos 
inéditos D. Juan Pérez de Guzmán en un 



artículo rotulado Casamiento de un Príncipe 
de Asturias. 

(Ilustración Española y Americana de 30 
de Enero de 1901.) 

106.— Cartas á D. José García de León y 
Pizarro. 

Roma 1 5 de Septiembre y 2 de Noviem- 
bre de 1 817. 

Son dos; habla en ellas del tratado de 
Parma y de las acusaciones contra Vargas. 

Publicadas en las Memorias de la vida del 
Excmo, Señor D. José García de León y Pi' 
i(arro, escritas por el mismo, — Madrid. Su- 
cesores de Rivadeneyra. 1894-97. 

Tomo III, págs. 368 á 371. 

MARÍA TERESA (Sor). 

Abadesa que fué en el Convento de Ca- 
puchinas de la Puebla de los Angeles. 

107.— Vida y virtudes de la M. R. M. Ma- 
ría Leocadia, fundadora de las Capuchinas 
de la ciudad de la Puebla.— México, Imp. 4e 
Hogal,año 1734.— 4.' 

Beristain y Souza. Biblioteca hispano-americana. 

MARÍN (Celestina María). 

108. — Carta al Diario de Madrid en que 
censura la Geografía de Cañaveras y á don 
Elias Ranz. 

En mi gabinete á 6 deSeptiembre de 1794. 

Diario de Madrid, 14 de Septiembre de 
1794; págs. 1.047 a 1.049. 

MARQUINA (D,* Marta). 

109.— Marthae Marchinae,Decimae Musa 
Neapolitanse, in suo Libro Carminum, Ro- 
mas in lucem emisso. 

Anno M.DC.LXII. 

DISTICHON AD LECTOREM 

Praecipis ex isto demi mala carmina libro. 
Si mala sustuleris, ¿quid reliquum fuerit? 



— 40 



TRADUCCIÓN 

Que borre los malos versos 
Me mandas, que aquí te escribo; 
Si quito los malos, dime, 
¿Qué quedará en este libro? 

Varias, hermosas flores, del Parnaso, que 
en quatro floridos, vistosos quadros, plan- 
taron iunto a su cristalina fuente D. Anto- 
nio Hurtado de Mendoza; D. Antonio de 
Solis;... y otros i Ilustres poetas de España. 
En Valencia, en casa de Francisco Mestre. 
Año 1680. 

MARTÍNEZ ABELLO (D.^ María). 

Poetisa de principios del siglo xix. 
lio.— Tragedia. La Estuarda. En quatro 
actos. Compuesta por D.' María Martínez 

Abello. 
(Al fin:) Barcelona: Por Francisco Suria 

y Burgada. S. a. 
16 hojas en 4.** 
Empieza así: 

MARÍA ESTUARDA 

Ya he firmado las cartas; id, Jacobo, 
Cerradlas al instante y con presteza 
Dádselas al correo, por si logran 
Mis desgracias tener alguna enmienda. 
¡Corazón! no presagies infortunios. 
Que aunque ya reconozco tu nobleza, 
No tengo de creerte por ahora, 
Ni he de atender á que las alas muevas. 

JACOBO 

Vuestra Real Majestad, no á los pesares 
Les debe conceder tan larga rienda. 
Que el cielo, conmovido, al ver que sufre 
Penas y sobresaltos con paciencia. 
Trocará las tormentas en bonanzas 
Porque la tempestad se desvanezca. 

MARÍA ESTUARDA 

A la verdad, no sé que responderos; 

Está ya decretado que padezca; 

L ) conozco muy bien, Dios lo dispone. 

Alabo su divina providencia; 

Pero buscar alivio en los trabajos 

A los humanos toca, y quien lo ordena 



Después lo que conviene les envía. 
Siempre con equidad y con clemencia. 



JACOBO 

Católica señora, ¡qué constancia! 
¿Qué importará que tantos reinos pierdas 
Si tus muchas virtudes te preparan 
Otra más digna y superior diadema.^ 
A obedeceros voy. 

MARÍA ESTUARDA 

¡Oh santo cielo! 
¡Qué temores el alma no atormentan! 
¡Qué cuidados, que sustos no padezco 
En medio de mi débil resistencia! 
' Que á no ser el poder que me sostiene 
¿Quién duda era forzoso dar en tierra? 
Esto, Señor, pudiera consolarme, 
Pero es en sumo grado mi tibieza; 
Nací para desdichas; bien se advierte; 
Apague el llanto mis ardientes quejas. 

III. — Comedia nueva. Entre los riesgos 
de amor, sostenerse con honor. La Laureta. 
Compuesta por Madama Ahello (sic). 

(Al fin:) Barcelona: en la Oficina de An- 
tonio Sastres, en la baxada de la Cárcel. S. a. 

38 págs. en 4.° á dos columnas. 

MARTÍNEZ GALTERO (D.* Inés). 

112. — De Doña Inés Martínez, Gaitero, 
Religiosa en el Convento de Santa Ana de 
Murcia. 

Décimas: 

Virgen, vuestros ojos bellos 
tanto á Dios enamoraron 

lusta poética, y festividad votiva a honor 
de la gloriosa Virgen y Martyr santa Lu- 
^ia. Por la piedad y devoción de Francisco 
Pére^ de Blesa. Celebradas en el convento 
de San Agustín de la Ciudad de Murcia, a 
trece de Diciembre de 16 34 años. Descritas 
por Don Pedro de Castro y Añaya. Y dedi- 
cadas a Don Deodato Imperial y louardo, 
Sindico General de la Orden de San Fran- 




— 41 — 



cisco. Con licencia: En Origuela: Por íuan 
Vicente Franco. Año M.DC.XXXV. 

90 hojas en 8.°, más ocho de prels. 

Folios 43 y 44. 

Biblioteca de Mr. Archer M. Huatington. 

MARTÍNEZ DE ROBLES 
(D.* Segunda). 

113. — Las españolas náufragas, ó corres- 
pondencia de dos amigas. Novela original 
por Doña Segunda Martínez de Robles. — 
Madrid. Abril de 1831. Imprenta de D. Nor- 
berto Llorenci. 

Dos vol. en i6.°; el primero de 144 pági- 
nas y el segundo de 1 20, con dos grabados 
en madera. 

Esta obrita, que en el fondo es una autobiogra- 
fía, se compone de 18 cartas de D. S. M. (Doña 
Segunda Martínez) á (N. D. S.) y de ésta á su 
amiga, quien refiere un naufragio y mil contra- 
riedades que le sucedieron en el extranjero, hasta 
que pudo luego regresar á España y obtener del 
Rey el indulto de su marido, del cual había estado 
separada largos años; el estilo es sencillo y el con- 
junto del libro más hace efecto de memorias que 
de novela. 

MAS (Isabel de). 

1 14. — Soneto á la Virgen: 

Subiendo Rey más por valor que fuerte 

Romance: 

Bizarra, hermosa Talía 

Certamen poético de Nuestra Señora de 
Cogullada... Publícalo el Licenciado luán 
de Iribarren i Pla^a. — En Zaragoza, en el 
Hospital Real i General de Nuestra Señora 
de Gracia. Año MDCXLIV. 

Págs. 138 y 176. 

MATILDE (D.* Raimunda). 
1 1 5. — Décima: 

Murmurando bien decir..,,. 



Sueños y Discursos de verdades descubri- 
doras de Abusos, Vicios, y Engaños en iodos 
los Oficios, y Estados del Mundo. Compues- 
to por D. Francisco de Quevedo Villegas. 
Valencia. Ch. Garriz. 1627. 

Reproducida en ediciones posteriores, in- 
cluso en la Biblioteca de Autores españoles, 
tomo XXllI, pág. 295. 

MATURANA DE GUTIÉRREZ 
(D.* Vicenta). 

Nació en Cádiz á 6 de Julio de 1793. Fué 
hija de D. Vicente, Caballero de la Orden 
de Calatrava, Mariscal de Campo y Direc- 
tor general de Artillería. Á la edad de cua- 
tro años pasó á Madrid, donde recibió es- 
merada educación y aprendió francés y di- 
bujo. A los nueve años ya componía versos, 
aunque á disgusto de sus padres. En 1807 
se trasladó con éstos á Sevilla; allí se dis- 
tinguió por su destreza en el baile, y tanto, 
que fué llamada la Terpsícore del Betis. 
Habiendo muerto su padre en la batalla de 
Bailen, vivió con su madre en Portugal los 
años 1809 y 18 10. En el siguiente regresó á 
España y en 1820 casó con el Coronel don 
Joaquín María Gutiérrez, Oficial de la Se- 
cretaría de Guerra. En 1825 publicó anóni- 
ma su novela Teodoro ó el huérfano agrade- 
cido; en 1828 un tomo de poesías y en 1829 
otra novela: Sofía y Enrique. Dícese que la 
Reina Amalia, quien la quería sobremane- 
ra, le enseñaba sus versos para que los co- 
rrigiera. Cuando estalló la guerra civil, su 
marido siguió las banderas de D. Carlos, y 
habiendo fallecido á i .' de Octubre de 1 838, 
D.' Vicenta estableció su residencia en el 
extranjero; en Bayona publicó el Himno á 
la luna, folleto raro porque su autora reco- 
gió la mayor parte de los ejemplares. Murió 
en Alcalá de Henares en el año 1859. 



— 42 

1 1 6.— Ensayos poéticos de la Señora Doña 
Vicenta Maturana de Gutiérrez.— Madrid. 
Imprenta de Verges. Año de 1828. 

I j7._Poesias de Doña Vicenta Maturana 
de Gutiérrez.— París. Librería de Lecointe 
y Lasserre. 1841. 

21 5 págs. en 8." 

1 18.— Poesías de Doña Vicenta Maturana 
de Gutiérrez.— Madrid. Imprenta de San- 
tiago Aguado. 1859. 

273 págs. en 8.", más cuatro de prels. y 
dos al fínal. 

En 8.'; iv-106 págs. más dos hojas de prels. 

En el prólogo, después de manifestar 
D.* Vicenta que sólo había compuesto sus 
versos como una expansión del ánimo, tras- 
ladando al papel las impresiones que los 
varios accidentes de la vida la sugirieran, 
y esto con desaliño y espontaneidad, sin los 
auxilios del estudio, protesta contra quienes 
la suponían plagiaría, diciendo: 

Yo puedo sufrir con resignación el título de 
mala compositora; yo sabré hacer el sacrificio de 
mi amor propio, exponiéndome á la justa crítica 
que merecen mis yerros poéticos; pero no me es 
dado autorizar con mi silencio una falsedad y una 
injusticia, ni robar un solo rayo de su gloria á 
quien miro con la más justa consideración y con 
la más viva gratitud. 

Caracteriza este libro la variedad de asun- 
tos en que se inspiran sus composiciones, 
escritas en metros muy diversos, como ro- 
mances octosílabos, romancillos, liras, dé- 
cimas, tercetos y verso libre; en él se cele- 
bra la naturaleza en sus estaciones y frutos, 
los afectos del alma cual La mudanza, 6 ex- 
presiones de éstos como La inquietud y La 
mirada; hay una sátira contra las corridas 
de toros y bastantes sonetos filosóficos; otros 
de felicitación y elegiacos. 

D.' Vicenta Maturana tenia imaginación 
lozana y un sentimiento ppético no común; 



pero no habiendo perfeccionado el gusto 
con el estudio de nuestros clásicos, adolecen 
con frecuencia sus versos de ciertos descui- 
dos, incorrecciones y aun prosaísmos; ver- 
dad es que por lo mismo no se nota en ellos 
''^^cl convencionalismo tan frecuente en mu- 
chas poetisas y sí la expresión sincera de los 
estados del ánimo. 



LA GOLONDRINA 

Ven á mi humilde lecho 
Graciosa golondrina 

Y en él fija el albergue 
De tu amada familia. 
Sólo morar te agrada 
Donde la paz se anida; 
Ven á mi humilde techo, 
Vivirás complacida; 
Aunque soy de la Corte, 
Mi alma, seducida 

No está de sus grandezas, 
Yo soy cual tú sencilla. 
No aprendí en los palacios 
La falacia y mentira. 
No en mi pecho el orgullo 

Y la ambición domina. 
Siempre en la paz hermosa 

Y en la verdad divina 
Formé todo mi encanto, 
Labré toda mi dicha. 
Admiré las virtudes 

Si no supe seguirlas 

Y bendije al Eterno 
Con alma enternecida. 
Así, ven á mi asilo. 
Cantora golondrina, 

Y repite á mi reja 
Tu grata melodía. 
Mis hijos inocentes 
A tu canto sonrían, 

Y de mi esposo amado 
Los cuidados disipa. 
El triste, á sus deberes 
Da la mitad del día, 
Mirando los combates 
Del vicio y de la intriga; 
Pero vuelve anhelante 
Cuando declina el día 

A suspirar al seno 
De su mejor amiga 

Y á gozar de sus hijos 



43 — 



Los juegos y caricias 

Y el .sueño delicioso 
Que grato le convida. 
lAh!, ven á ser testigo, 
Inocente avecilla, 

Del más puro contento 

Y doméstica dicha, 
Ven á mi humilde techo, 
Graciosa golondrina, 

Y en él fija el albergue 
De tu amada familia. 



L\ DESPEDIDA 

Adiós, mi caro esposo, 
Marcha con pecho fuerte 
Á despreciar la muerte 

Y á mezclarte en la lid. 
Del Rey y de la patria 
El interés sagrado 
Reclaman un soldado 
Decidido cual tú. 

Y al universo muestra 
Que por él romper sabes 
Los lazos más suaves 
Que el hombre conoció. 
Que el asilo abandonas 
De una madre querida 
Cuya doliente vida 

Te pudiera excusar; 
Que dejas una esposa 
Tierna y desconsolada 
De riesgos rodeada 
Sumida en el dolor. 

Y una hija en la cuna, 
Cuyas blandas caricias 
Hacían las delicias 

De tu paterno amor. 
Impávido atraviesa 
El ancho mar salado 
En equinocio airado, 
Burlando su rigor. 
La muerte ó la victoria,' 
Tu suerte es decidida; 
Hacienda, honor y vida 
Hoy vas á aventurar. 
Indigno el que no corre 
Cuando el deber le llama 

Y ardiente no se inflama 
De un religioso ardor. 
Yo sufro; mas no temas. 
Que tu noble entereza 
Con indigna bajeza 



Procure contrastar. 
Que fiel te seguiría. 
Si á mi pecho pendiente 
Una niña inocente 
No me fijase aquí, 
¡Cuántas amargas penas 
Apuraré en secreto; 
Tú serás el objeto 
Da mi eterna inquietud! 
Haz llegue á mi retiro 
El eco de tu gloria, 
Que nunca mi memoria 
Te aparte del deber. 
Adiós, que en este instante 
Mi llanto sofocando 
, Voy tu valor copiando 
Con alma varonil. 
Te seguiré á la tumba 
Cual viuda de un valiente, 
O tornarás, la frente 
Ceñida de laurel. 

MI TEMOR ÚNICO 

No me hace extremecer el silvo fiero 
Del terrible huracán, cuando agitado 
Forma montañas en el mar salado 
Llenando de pavor al marinero. 

Ni el trueno que retumba, ni el ligero 
Rayo, de oscura nube disparado. 
Ni el torrente que arrastra mi ganado, 
Ni ver entre humo y llamas el granero. 

Con pecho firme, con serena frente 
Miraré el universo combatido 
Sin que el corazón mío se amedrente. 

Mas este corazón tan atrevido, 
Tiembla, palpita.... mil temores siente 
Si sueña de tu amor helado olvido. 

MI SITUACIÓN 
Iiixas. 

Estaba yo sentada 
Del Manzanares á la fresca orilla 
Mirando enajenada 
Una blanca y graciosa tortolilla 
Que al lado de su amado y fiel esposo 
Formaba dulce arrullo cariñoso. 

Si de ella se apartaba 
El tortolillo fiel, triste gemía; 
Pero al punto tornaba 

Y á su tierno gemido respondía, 
Sobre un árbol frondoso se posaban 

Y con los bellos picos se halagaban. 



— 44 — 



Después que largo rato 
Miré yo enternecida sus amores, 
De mi destino ingrato 
Maldije la injusticia y los rigores, 

Y el recuerdo infeliz de mi tormento 
Ocupó mi agitado pensamiento. 

Mis ojos desmayados 
De lágrimas amargas se cubrieron, 

Y hacia el cielo tornados 
Quejas de su rigor instes le dieron, 

Pues como el humo que arrebata el viento 
La esperanza voló de mi contento. 

La risueña esperanza 
Que llenara mi vida de dulzura 

Y en tranquila bonanza 

Me llevaba hacia el puerto con presura. 
Mas ¡ay! que el desengaño doloroso 
Me robó la esperanza y el reposo. 

Y por siempre privado 
Mi corazón de paz y de ternura, 
Por decreto del hado 
Fallece condenado á noche obscura, 

Y solo al fin la calma y el reposo 
Hallará en el sepulcro tenebroso. 

119. — Himno á la Luna, poema en cuatro 
cantos escrito por la S.* D.' Vicenta Matu- 
rana de Gutiérrez. — Impreso en Bayona por 
Duhart-Fauvet y Maurin. 1838. 

71 págs. en 8.°, más xv de prels.; lleva 
cuatro láminas. 

Este himno es un ensayo de poesía en 
prosa y está escrito con una difusión que 
raya en pesadez. 

Biblioteca de Mr. Archer M. Huntington. 

120. — Sofía y Enrique, novela original, 
escrita y dedicada á su Alteza Real la Sere- 
nísima Señora Infanta Doña María Francis- 
ca de Asís, por la Señora Doña Vicenta Ma- 
lurana de Gutiérrez. — Madrid. Imprenta de 
la Viuda de Villalpando. 1829. 

Dos vols en 8."; el primero de xv-iSy pá- 
ginas y el segundo de 120, más tres hojas 
al principio. 



MAY (Leonor). 



^ 121. — Carta á los Dominicos de Valencia 
acerca de un viaje á Roma del Maestro Cas- 
teloli, de su muerte y de las reliquias de San 
Vicente que obtuvo en Bretaña. — Barcelo- 
na 29 de Septiembre de 1532. 
Autógrafa. — Una hoja en folio. 

Archivo Histórico Nacional.— Papeles de los Dominicos 
de Valencia. 

MAYCAS (Sor Jerónima). 

Religiosa de Nuestra Señora del Rosario 
en Daroca. 

122. — Décimas á la muerte del Príncipe 
Baltasar Carlos: 

Dobló el amor la violencia 

Obelisco histórico, i honorario que la im- 
perial ciudad de Zaragoza erigió á la in- 
mortal memoria del Serenissimo Señor Don 
Balthasar Carlos de Austria, Principe de 
las Españas. Escrivelo el Doctor luán Fran- 
cisco Andrés. — En (Jaragoga, en el Hospi- 
tal, de Nuestra Señora de Gracia. Año 
MDCXLVI. 

Pág. 44. 

MAZAORINI DE LEEROS (D/ Rosa). 

123. — Décima: 

Porque quieres impedirme... 

Diario de Madrid, 3 1 de Agosto de 1 794, 
pág. 991. 

1 24. — Romancillo: 

¿Qué hay en este mundo 
Que pueda durar 
Un año y otro año? 
La dulce amistad... 

Diario de Madrid, 17 de Mayo de 1796, 
págs. 55i y 552. 



-45- 



125.— Oda: 



Á MI BALCÓN Y Á MI ANTEOJO 

Humilde balcón mío, 
Anteojo pobre y tosco 
¡Qué inocentes delicias 
Disfruto por vosotros! 
Tu situación, tu auxilio 
Franquean á mis ojos 
Objetos los más gratos 
Que se esconden á otros... 

Diario de Madrid, 19 de Junio de 1796, 
págs. 687 y 688. 
126. — Oda: 

¡Oh! soledad preciosa 
Que á los mortales brindas 
Con el dulce reposo 
Que tanto necesitan! 
•En el tropel confuso 
De las que llama dichas 
Y placeres el mundo, 
Discurriré tranquila. 
Los halagüeños dones 
Con que fortuna brinda 
¿Son verdaderos bienes? 
¡Qué duda tan tardía!... 

Diario de Madrid, 21 de Julio de 1796, 
págs. 819 á 821. 

127. — En vista del juicio que el señor Cen- 
sor mensual hizo en el Diario de 9 de Agos- 
to, de la Oda inserta en el de 21 de Julio, se 
compuso la siguiente Octava: 

Alababa mis versos cierto sabio... 

128. — Soneto: 

Sueña un calenturiento con la fuente. 

Un viejo con un duelo en que ha vencido... 

Diario de Madrid, 1 1 de Septiembre de 
1796, págs. 1. 041 y 1.042. 

D,* Rosa Mazaorini se refiere en estos 
versos á un romance que empieza: 

Al justo mérito de las Odas insertas en el Diario 
del 21 de Julio y 1 g de Junio, compuestas por 
Rosa Mazaorini. L. D. P. 

Como rosa en tus versos 
Aroma grato esparces 



Y siendo del sentido 
Encanto, el alma atraes. 
¡Oh! bien haya el Parnaso 
Que así quiso llamarte. 
Pues del jardín de Iberia 
Eres rosa apreciable 

Siento con solo oirte 
El coro de las aves 
Que celebran tus versos 
Sonoros y agradables; 
Pues honra de las Musas 
Del Betis, á admirarte 
Concurran los pastores 
Del río Manzanares... 

Diario de Madrid, i de Agosto de 1796 
págs. 263 y 264. 

Más adelante decía el mismo Diario: 

Demasiada humildad tiene Madama Rosa para 
ser mujer que hace excelentes versos; en verdad 
que no mostramos ni un átomo de esta virtud los 
varones, aunque los hagamos detestables. Esta 
prenda y la delicadeza de la Octava del día 1 1 me 
convencen de que realmente es hembra hecha y 
derecha, sobre lo qual hasta ahora había tenido 
mis dudas; y el Soneto, tan bien conducido como 
graciosamente rematado, puede servir de modelo 
á los soneteros que creen no tiene más dificultad 
un soneto que el rimar catorce versos. 

Diario de Madrid, 5 de Octubre de 1796, 
pág. 1. 1 37. 



MEDINAVEITIA (D.* María Josefa). 

Nació en Barcelona á 22 de Noviembre 
de 1797. Fué hija de D. Juan José Medina- 
veitia, Fiscal del Crimen, y de D.' Mariana 
Pefíuelas de Zamora, que lo era de D. Juan 
Peñuelas, Ministro de Gracia y Justicia. 

El cruzado en Egipto. Melodrama heroi- 
co en dos actos, traducido y puesto en verso 
español, según el original italiano. Barcelo- 
na. Imp. de J. Cherta y Comp.* Año 1829. 

Emma de Resburg. Melodrama heroico 
en verso. — Barcelona. Imprenta de Mayol... 
Año 1829. 



46- 



129.— La Geografía en láminas y mapas, 
con el retrato y descripción de los usos, tra- 
jes y costumbres de todas las naciones, tra- 
ducida libremente del francés por D. M. J. 
de M. Con superior permiso.— Barcelona. 
Por los herederos de D. Agustín Roca. 1834. 

vi-264 págs. en 4." menor apais. con 34 

láminas. 

port,— Pról. de los editores.— Advertencia.— 
Texto.— índice alfabético de los capítulos.— Lá- 
minas. 

Acerca de esta obra he visto en el Archi- 
vo Histórico Nacional los siguientes docu- 
mentos: 

r 

La Real Academia de San Fernando ha exami- 
nado la Geografía en estampas, ó sean los usos, 
costumbres y trages de los diferentes pueblos de 
la tierra, que por acuerdo del Supremo Consejo 
remitió V. S. á su censura en 22 de Abril último. 

Esta obra está traducida libremente del francés 
al castellano por D.* María Josefa de Medinabeitia 
y Peñuelas de Zamora; cuya versión examinada 
de antemano particularmente, no ofrece reparo 
alguno contrario al decoro y buena moral. La 
Academia examinó también las eitampas del ori- 
ginal que se acompaña y aunque no parecieron 
muy correctas en los trages y dibujo, juzgó que 
la publicación de esta obra será útil y curiosa 
para los que se dedican al estudio de la Geografía 
Universal, y tanto más apreciable quanto mayor 
sea el mérito y correcto estilo de las referidas es- 
tampas que deben acompañar á la traducción. 
Manifiéstolo á V. S. por acuerdo de la Academia, 
devolviendo la obra original y traducida, para la 
resolución que el Consejo estime conveniente. 

Dios guarde á V. S. m.s a.s 

Madrid 16 de Junio de i83i. 

Martin Fernánde){ de Navarrete. 
Sr. D. Antonio López de Salazar. 

17 de Junio de i83i. Se concede á D.» Maria 
Josefa de Medinaveitia y Peñuelas de Zamora, la 
licencia para imprimir la Geografía en estampas, 
en los términos que propone el censor, pagando 
los Reales derechos. 



MEDRANO (Antonia Aurelia de), 

130. — Elogio del Doctor Juan Pérez de 
Montalván: 

Si viendo ;oh huésped! este monumento... 

Lágrimas panegíricas á la temprana muer- 
te del gran poeta, y teólogo insigne Doctor 
luán Pere¡{ de Montalván. 

Folio 59. 

MEDRANO (María de). 

131. — Soneto á San Pedro Nolasco: 

Sacó la luz en lazos oprimida 
dulce sepulcro de la tierna infancia... 

Las fiestas solemnes y grandiosas que hi^o 
la sagrada Religión de Nuestra Señora de 
la Merced á su glorioso Patriarca... San 
Pedro Nolasco, este año de i63g. — Madrid. 
Imp. del Reino. MDCXXX. 

Folio 74. 

MEDRANO (xMaría Teresa). 



Poetisa mejicana del siglo xviii. 

132. — Dos epigramas latinos en loor de 
Fernando VI. 

133. — Soneto: 

Del caos informe el dedo sobírano... 

Cifra feliK de las dichas imponderables 
que se promete la Monarchia Hespañola baxo 
el suspirado Dominio de su Augusto Sobe- 
rano el Señor Fernando VI (que Dios pros- 
pere)... Justa literaria, Certamen poético, 
con que la humilde lealtad, y reconocida 
gratitud del Real, y más antiguo Colegio 
de S. Ildefonso de México celebró el día 28 
de Enero del año de 1748 la exaltación al 
Solio de su Augusto Protector. — En Sala- 
manca: En la imprenta de la Santa Cruz. 
Sin año. 

286 págs. en 4.°— Fágs. 147 y 157. 





-47- 



MELÉNDEZ (D/ Catalina). 



ij^.—Glosa en elogio del P. Luis Aliaga: 

Para maravilla extraña 
y caudillo de la Fe 
dio un Fernando el cielo á España... 

Luis Diei{ de Aux. Compendio de las fies- 
tas que ha celebrado la Imperial ciudad de 
Qaragoga... en honor del P. Fr. Luys de 
Aliaga.— Zarsigoza: Por Juan de Lanaja. 
Año 1619. 

Página i 60. 

'melgar y santa cruz 

(D.* Antonia de). 

135.— De D. Antonia de Melgar y Santa 
Cruz, Cabera de la Solariega de Soria. So- 
neto al Autor: 

Sobre el instable mar, ^qué atrevimiento 

La casa del iuego, compuesta por Fran- 
cisco de Nauarrete y Ribera, Notario Apos- 
tólico. Por Documento al Letor. — En Ma- 
drid, por Gregorio Rodríguez, año de 1644. 

MELGAREJO (D.» Luisa). 

El inquisidor de Lima, Gaitán, escribía 
á I." de Mayo de 1624 acerca de Luisa Mel- 
garejo: 

Mas ha de doce años que ha corrido voz pública 
en esta ciudad que doña Luisa Melgarejo, muger 
del doctor Juan de Soto, tenía relaciones, visiones 
y favores del cielo, que era muger santa, y que 
decía que sabía cuando las ánimas de los difuntos 
salían del Purgatorio. 

Y visto en consulta en catorce días del mes de 
Noviembre de mil seiscientos veinte y tres, se 
acordó se recogiesen los cuadernos y papeles que 
había escrito la dicha doña Luisa, de sus arrobos, 
éxtasis, suspensiones y revelaciones. 

Recogiéronse cincuenta y nueve cuadernos; lue- 
go que los recibimos vimos que unos traían letra 
nueva en todo, otros en partes, algunas adiciones 
también de letra nueva y diferente, algunas partes 
borradas y enmendadas otras, y hojas cortadas; y 



por haberse hallado todos los dichos quadernos 
ó casi todos en poder de los Padres Contreras y 
Torres, de la Compañía, pareció examinarlos, y 
pareció y se hizo, y van al fin del dicho proceso 
de la dicha doña Luisa sus declaraciones, para 
que vistas por Vuestra Señoría mande lo que fue- 
re servido y convenga, porque resultan culpados. 

J. T. Medina. Historia del tribunal del 
Santo Oficio de la Inquisición de Lima 
( j 56 g-j 8 20). —Sanüago, Imprenta Guten- 
berg. 1887. 

Tomo 11, págs. 34 á 41. 

MENDES SOBRAL (Constanza). 

Floreció en la segunda mitad del siglo 
XVII. Fué muy dada al estudio y perita en 
las lenguas griega y hebrea. Murió soltera 
en el año i685. 

ijg.—Rosa sin espinos ó María Santísima 
concebida sin pecado original. 

Damián Flores Pcrím, Teatro de mujeres ilustres. 

MÉNDEZ DE SIERRA (D.* Bárbara). 

127.— Glosa á la piedad religiosa de Feli- 
pe V y la Reina: 

Ya que en el culto mejor 
de Filipo y de Isabela 
todo el celo se desvela 
todo se esmera el amor... 

Sagradas flores del Parnaso, consonan- 
cias métricas de la bien templada lira de 
Apolo, que á la reverente Cathólica acción 
de aver ido acompañando sus Magestades al 
S.'"" Sacramento que iba á darse por Viáti- 
co á una enferma el día 28 de Noviembre 
de 1722, cantaron los mejores cisnes de Es- 
paña. Dedicado á Doña Isabel Farnesio por 
mano de Don Alvaro Ba^dn Benavides Mar- 
qués de Santa Crw^.— En Madrid; Imprenta 
de Juan de Ariztia. [1723.] 

Un vol. en 4." — Página 25. 



-48 
MÉNDEZ DE ZURITA (Lorenza). 

Nació en Madrid y recibió una esmerada 
educación desde muy niña. Sus maestros 
fueron Alvar Gómez de Castro y el Maestro 
Serna. Casó con Tomás Gracián Dantisco. 

Residió en Valladolid cuando se trasladó" 
á esta ciudad la 'Corte y allí tuvo una hija 
llamada Margarita, bautizada en San Lo- 
renzo á 27 de Junio de 1601. 

Debió morir poco después, pues ya en el 
año i6o5 aparece Tomás Gracián casado 
con D.' Isabel Berruguete, nieta del célebre 
escultor Alonso Berruguete (i). 

Lope de Vega la alaba en los siguientes 
versos del Laurel de Apolo: 

Doña Laurencia de Zurita, ¡lustre 
admiración del mundo, 
ingenio tan profundo 
que la fama, la suya, para lustre 
de si misma la pide. 
Escribió sacros hinos 
En versos tan divinos 
que con el mismo sol dimetros mide. 

No hemos podido hallar estos Himnos 
que Lope cita, como tampoco las epístolas 
y versos latinos que se le atribuyen. 

El mismo Lope, en la Relación que sirve 
de introito al auto del Hijo pródigo, incluí- 
do en el Peregrino en su patria, añade: 

Y si Laurencia su querida esposa 
Que ya goza del cielo, por que el suelo 
No mereció su mérito divino, 
Quisiera competir con cuantas viven 
Eternas en el nombre de la fama, 
Nicóstrata inventora de las letras 
Latinas, se rindiera á las que supo; 
Safo á su verso, y la mujer famosa 
Que corrigió los de Lucano heroicos; 
Que en discreción, prudencia y mansedumbre 
Basta el testigo de su muerte santa. 

De ella escribe Pérez de Moya: 



(i) Estudios histórico- artísticos relativos principal- 
mente á Valladolid, por D. José Marti y Monsó. Vallado- 
lid, i8Q8-igoi.— Pág. 116. 



Loréncia Zorita, que al presente es casada con 
el Secretario Thomás Gracián Dantisco, criado de 
su Magestad, tan docta y exercitada en la lengua 
latina y poesía como otra qualquierade las de los 
siglos passados, según se parece en sus Epístolas y 
versos latinos, compuestos con muy elegante es- 
tilo, y escriptos de su mano, de tan buena letra y 
characteres como podría escriuir un maestro de 
escuela. Y con esto la música de canto y de la 
harpa, la qual tañe, y canta los. versos de Home- 
ro, Ouidio y Vergilio y los Psalmos de Dauid. Fué 
su maestro de letras humanas el maestro Aluar 
Gómez de Castro y el maestro Serna. 

Varia historia de sanctas e ¡Ilustres mu- 
geres en todo género de virtudes. Recopila- 
do de varios autores por el Bachiller luán 
Pere^ de Moya. — En Madrid, por Francis- 
co Sánchez. Año de 1583. 

Folio 310. 

MENDOZA (D.* Ana Vigencia de). 

Uztarroz dedica á D.' Ana estos versos' de 

su Aganipe: 

Por Doña Ana Vicencia de Mendoza 
y por doña Matilde, heroicos goza 
aplausos el Isbela en sus candores 
por tan unidos bellos resplandores, 
y siendo en el ingenio tan hermanas 
podrán estar ufanas 
y dividirse amables la con"ona 
que les ofrece el hijo de Latona, 
si ya no viene escaso 
todo el laurel augusto del Parnaso 
que igualmente se debe á su hermosura 
á su ingeniosa y célebre cultura. 

138. — Soneto á la Virgen: 

Este que acaso incierto es al cuidado... 

Certamen poético de Nuestra Señora da 
Cogullada, ilustrado con una breve chrono- 
logia de las imagines aparecidas de la Vir- 
gen Sacratissima en el Reino de Aragón, del 
Doctor luán Francisco Andrés de U^ta- 
rro^. Publícalo el Licenciado luán de Iri- 
barren i Plai^a, i lo dedica al muy ilustre 
Deán i Cabildo de la Santa Iglesia de Za- 




— 49 — 



rago^a. — En Zaragoza, en el Hospital Real 
i General de Nuestra Señora de Gracia. 
Año MDCXLIV. 
Página 131. 

MENDOZA (D." Andrea de). 

139. — Glosa: 

Ved, señora, que es tni mal... 
Tiéneme tan consumido... 

140. — Otra: 

Mi término es variar... 
Tiénenme tan lastimado... 

Catalogue des manu&crits espagnols et des 
manuscrits portugais, par M. Alfred Morel- 
Fatio; pág. 224. 

MENDOZA (Angela de). 

Poetisa granadina del siglo xvii. 

141. — Á las cenizas del Doctor Juan Pérez 
de Montalván. Epicedio (Soneto): 
Culta pavesa ya, si antes alada... 

Lágrimas panegíricas d la temprana muer- 
te del gran poeta, y teólogo insigne, Doctor 
luán Pére^ de Montalván. 

Folio 58. 

MENDOZA (D.* Antonia de). 
Condesa de Benavente. 

Nació, acaso en Sevilla, á principios del 
siglo XVII. Fué hija del Conde de Castro (1) 
y dama de las Reinas D." Isabel de Borbón 
y D.' Mariana de Austria. 

Pellicer habla en sus Avisos de una pen- 
dencia que hubo entre los criados de Doña 
Antonia y del Marqués de Almenara: 

«Con la nueva de la muerte del Señor infante, 
no asistieron sus Magestades el Domingo 8 [de 
Diciembre de 1641], como acostumbran todos los 



(i) Asi lo aíirma D. J. Pérez de Guzmán en el Cancio- 
nero d* la rosa, tomo II, pág. 407. 



años, á la fiesta de nuestra Señora de la Concep- 
ción, que se celebra en el Monasterio de las Descal- 
zas Reales. Vino el día de la octava domingo á i5; 
comió ese día en el convento la Reyna nuestra 
Señora, y al apearse las señoras Damas, un criado 
de la Señora Doña Antonia de Mendoza se puso 
delante de los Señores Marqueses de Almenara, 
Diego Gómez de Sandoval, Conde de Castelnovo, 
Conde de Vagos y otros. Dixéronle se apartase, 
con cortesía, y respondiendo con desvergüenza, 
sacaron las espadas: quedaron algunos heridos y 
un soldado de la guarda atravesado un muslo: las 
Damas y las Señoras alborotadas (i). 

Un poeta gongorino de aquel tiempo de- 
dicó á D.' Antonia los siguientes versos: 

Á LA SEÑORA DOÑA ANTONIA DE MENDOZA, 
POR UNA SANGRÍA 

Octavas. 

Que un accidente humano á A ntandra hermosa 
Le haga sangre (¡aquí del Dios y ciego!) 
Que le ofende un jazmín bañado en rosa. 
Que le agravia una rosa vuelta en fuego; 
¿Para cuándo su aljaba poderosa 
Guarda las puntas, si admirado llego 
A ver que de un Dios triunfa libremente 

Y se sujeta Antandra á un accidente? 
Rendida, y no de amor, al brazo llega 

Un hombre (¡oh venturoso desacato!) 
Siendo lugar la nieve que le entrega. 
Que apenas antes lo intentó el recato; 
En cinta pone al sol, la luz se ciega. 
Besa el cristal el yerro y hiere ingrato, 

Y al hierro que llamar rayos se atreve 
Respuestas de coral le dio la nieve (2). 

Á 31 de Marzo de 1648 escribía al P. Ra 
fael Pereyra el P. Sebastián González desde 
Madrid: 

Doña Antonia de Mendoza, de edad más que 
mediana, se casa con el conde de Benavente, viu- 
do (3). 



(i) Avisos de D. José Pellicer. Semanario erudito, to- 
mo XXXII, pág. 181. 

(2) Biblioteca Nacional. Departamento de Mss.— M. 83, 
folio 23. 

(31 Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús 
sobre los sucesos de la Monarquía entre los años de 1634 
y 1648. Tomo VII, pág. i65. (Memorial histórico español.) 
£1 Conde lo era D. Juan Francisco Alonso Pimentel. 



— 5o 
Las capitulaciones matrimoniales se otor- 
garon á 10 de Marzo de 1648; el Conde ofre- 
ció á D." Antonia 7.000 ducados de dote y 
una pensión de 3.000 si quedaba viuda. 

Habiendo fallecido el de Benavente á 21 
de Diciembre de i652, un hijo de éste, don 
Antonio Alfonso Pimentel, entabló pleito 
contra aquélla, quien venció en la contien- 
da tres años más adelante. 

Falleció de un atracón de aves á comien- 
zos del año i656, según cuenta D, Jerónimo 
de Barrionuevo: 

«Murió la Condesa de Benavente, domingo en la 
noche. Fué el caso que esta señora se comía cada 
día cuatro pollas de leche en diferentes maneras. 
Cenó una en jigote y una pepitoria, comiendo de 
ella 16 alones, sin los adherentes acostumbrados de 
conservas y sustancias. Díjole el médico que la 
asistía que para su edad era mucha cena. Respon- 
dióle que sin esto no dormiría, y hízolo tan bien 
que amaneció en el otro mundo volando en los 
alones de las aves. Tenía hecho testamento, man- 
dando no la enterrasen si muriese hasta pasados 
tres días, por unos desmayos grandes y dilatados 
que le solían dar; y que la embalsamasen y lleva- 
sen su corazón al túmulo de su marido, que tam- 
bién se hallan ahora Belermos y Durandartes á 
cada paso. Dejó toda su hacienda á los Trinitarios 
descalzos, que dicen pasan de 100.000 ducados.» 

Carta de 2 de Febrero de i656. 

Avisos de D. Jerónimo de Barrionuevo 
(i654-i658). Precede una noticia de la vida 
y escritos del autor por A. Pai( y Melia.— 
Madrid. Imp. de M. Tello. 1892-93. 

Tomo II, págs. 289 y 290. 

142. — Poesías. 

Se atribuyen á D." Antonia, aunque sin 
cierto fundamento, algunas de las conteni- 
das en el ms. M. 83 de la Biblioteca Nacio- 
nal. Son las siguientes: 

I. —Al Marqués de Velada, que Dios 
guarde: 

Dávila generoso, 
magnánimo Toledo, 



gran Marqués de Velada, 

cuya sangre heredada, 

cuyo heroico denuedo, 

cuyo imperio famoso 

lámina adquiere de inmortal memoria 

en vividores siglos de tu gloria. 

De el grande Sancho sucesor activo, 
dos veces, por su nombre, y por tí, vivo, 
pues que la alada trompa 
se renueva por él aunque se rompa, 
y el valor que allí admira 
no sea perdido, pues en tí se mira. 

Así ya en tus róeles 
muchas orlas se miren de laureles 
cuando de el holandés fiero pirata 
la herética escarlata 
que en sus venas produce 
la causa que á su estrago te conduce, 
en el de sangre vegetal Danubio 
brazo de Dios te aclame su diluvio. 

Así, pues, te suplico 
que este rato te deba 
el sentimiento á que mi mal te mueva, 
voz funeral en que el dolor duplico. 
Ya el alma desasida 
de aquella vida que me dio esta vida 
yace; y si bien se advierte 
Norte de mejor vida fué su muerte, 
pues de el imán tocado 
que no perdona el cetro ni el cayado, 
con la aguja fatal del albedrío 
iba guiando el racional navio, 
y así la muerte, que es la amiga estrella, 
á salvamento le llevó tras ella; 
sulcó el golfo de muerto 
y en la misericordia tomó puerto. 

Ya de quien fuiste dueño 
la inexorable le entregó á su sueño, 
y á su Hacedor, que en polvo le resuelve» 
el ser prestado que le dio le vuelve; 
ya el suspiro postrero 
dio mi padre y señor Mateo Montero. 

Y pues que ya de el hado 
el destino fatal se ha ejecutado, 
oye en su hora postrera 
de su afecto una copia verdadera 
de sus palabras nivelada y propia 
si en mi rudeza desmentida copia; 
este epílogo, mucho aunque sucinto, 
¡oh!, grande Antonio, pinto; 
perdona los colores 
que en el original fueron mejores, 
pues de la fe con victoriosa palma 




tabla hizo al cielo si pincel á el alma, 
que de el celo á la luz con el reflejo 
acierto de cristiano fué el bosquejo. 

Aquesto, pues, imito 
y á pluma tosca la oración limito 
de el dolor más perfecto 
(pasión sea ó verdad) que vio el afecto 
y en tí, ¡oh! padre, de lágrimas el hilo 
disculpe la rudeza de mi estilo, 
que en el logro feliz de lo que espero 
tengo á Maclas si me falta Homero, 
porque el amor me alumbre 
cuanto el ingenio rudo me dislumbre, 
y así disculpa alcance 
de aquel contrito trance 
(escala activa de el divino solio) 
porque la imito al temple estando al olio; 
ya este perdón colijo, 
y así ¡oh Marqués! mi amado padre dijo: 

Ya, Señor, que este vajel 
en este mar de mis culpas 
con la falta del aliento 
desanimado fluctúa: 

Yff-que este reloj que al tiempo 
la hora postrera apunta 
y aunque desconcierta el curso 
la que ha de ser no se duda: 

Ya que aqueste lazo unido 
con la Providencia tuya, 
con la misma Providencia 
se quiebra ó se desanuda: ,. 

Ya que la summa de ofensas 
en el guarismo de injurias 
contra tí, porque son tantas, 
la cuenta se dificulta: 

Ya, pues, que aferra á la muerte 
con las áncoras de angustias 
y el aire de mis suspiros 
vajel, reloj, lazo y summa: 

No desperdicie y malogre 
mi voz, pues que no se ofusca 
aunque sabe que su acento 
cecea á la sepultura. 

Alábete yo. Señor, 
en tanto que el ser se fustra 
y esta tumba de mi alma 
va á hospedarse en otra tumba. 



Ya el golpe de la muerte 
levantado está, y ya anuncia 
que Átropos el hilo corta 
de aquesta estambre caduca; 



5i - 

Ya el último parasismo 

en la garganta se añuda; 

el alma, Dios, te encomiendo 

y tu voluntad se cumpla. 
Dijo mi padre, y su postrero acento 
fué en la respiración postrero aliento. 
Ya de su vida aquel natal Oriente 
vio en su postrimería el Occidente; 
ya otro número augmenta á la experiencia; 
Dios le dé el cielo y guarde á Su Excelencia (i). 

II. — Dando el pésame á la cinta verde, de 
cuan desvalida está hoy^ habiendo sido an- 
tes tan estimada de los amantes. 

Coplas de pie quebrado: 

Antes que prorrumpa el llanto 
V que en hebras dolorosas 

se adelgace, 
va de pésame y quebranto; 
cinta verde, estas son cesas 

que Dios hace. 
Allá en la edad más hidalga 
de amantes era interés 

tu color, 
mas ya no hay color que valga; 
todo en las mujeres es 

so color. 
Geroglíficos ignora 
lo verde ya en los amantes 

de más flema, 
porque en las hembras de agora 
es fábula lo que antes 

era emblema... 

III. — Soneto: 

María sacrosanta, Virgen pura, 
casta azucena, candida paloma, 
rosa entre espinas, olorosa aroma, 
madre del Criador siendo criatura... 

IV. — Romance amoroso: 

Cuando sale el alba hermosa... 

V. — Mote á la muerte de la Reina Doña 
Isabel de Borbón, mujer de Felipe IV: 

Al cielo sube Isabel 
del suelo, porque es estrella, 
y naide ganó más que ella 
ni naide perdió más que él. 



(i) La autenticidad de esta poesía es muy dudosa. 



— 52 

VI.— Otro en las cédulas de día de Reyes 
en Palacio: 

El galán que me quisiere... 
VIL— Madrigal. Á una mariposa que dan- 
do tornos á una vela que estaba sobre un 
bufete cayó en un vaso de agua: 
Incauta si dichosa... 
VIII. — Romance: 

Zagalas que en el aldea... 
IX. — Glosa á unos versos que empiezan: 

Igualmente agradeciera... 
X. — Describiendo un hombre que muere 
y mira á la luz de la candela á Cristo cru- 
cificado: 

Esta luz que con sus rayos... 

XI. — Canción. Píntase el amanecer de 
esta aurora [de María] y dase razón porque 
es luz del agua más que de la tierra: 

Nueva luz goza el día 
que le esmalta y redora; 
ya la aurora amanece de María, 
ya María amanece de la Aurora. 

De balsa cristalina 
saliendo va la aurora peregrina 
y en religiosa y reverente mano 
descansa dulce como en fresco llano. 

XII. — Romance. A que habiendo echado 
una Virgen en un estanque para borrarle 
los colores, no los perdió: 

Para estrago de bellezas... 

XIII. — Soneto á dicha imagen: 
El pincel que feliz siempre ha corrido... 

Folios 6o á 91. 

XIV. — Elegía á la muerte de la Marquesa 
de San Román; murió muy moza, recien 
casada; era muy hermosa y muy discreta; 
lastimó sumamente á la Corte. 

Tercetos: 

¡Oh! tú que peinas de oro remolinos 
á lu faz trasladando los semblantes 
que el sol admira en reynos peregrinos. 



Que del mundo en las glorías inconstantes 
procuras pie fijar (sin devaneo) 
al compás de sus ruedas vacilantes, 

Haz de tu vista un breve rato empleo, 
llega á mirar lo que este mármol pesa 
de Parca imperial mayor trofeo. 

Pon á tu vanidad por contrapesa 
d sta fúnebre pira las cenizas, 
pompa fatal que extraña edad traviesa... 

XV. — Coplas místicas compuestas por 
Doña Antonia de Mendoza, de la Cámara 
de S. M. la Reina nuestra Señora, para can- 
tar en la toma de hábito de Doña Rosa de 
Cepeda, en el Monasterio de Santo Domin- 
go el Real de Madrid, de Religiosas de su 
Orden. — Imp. s. 1. n. a. 

Si el obsequio feliz de esta rosa... 

XVI. — Romance: 

Hoy una rosa, Domingo... 

Pérez de Guzmán, Cancionero de la rosa, 
tomo í, págs. 279 y 280. 

MENDOZA (D.^ Catalina de). 

Fué su padre D. Iñigo López de Mendo- 
za, Marqués de Mondéjar; nació en Grana- 
da á 5 de Febrero de 1 542', y desde los tres 
años se crió en casa de sus abuelos, D. Luis 
Hurtado de Mendoza y D. "Catalina de Men- 
doza y Pacheco. Desde muy niña se dedicó 
á la lectura de obras piadosas, gustando mu- 
cho de los libros de Fr. Luis de Granada. 
Casó con el Conde de la Gomera, más ha- 
biendo sabido que éste le era infiel, solicitó 
en Roma el divorcio y lo consiguió por tra- 
tarse de un matrimonio rato; entonces hizo 
voto de castidad. Cuando en iSyi Felipe II 
nombró al Marqués de Mondéjar Capitán 
general del reino de Ñapóles, D.* Catalina 
quedó gobernando los estados de su padre. 
Falleció á i5 de Febrero de 1602. 

143. — Coloquio que tuvo con nuestro Se- 
ñor el día qiie hi2o los votos. 



-53 



Publicado en la Vida, y elogio de Doña 
Catalina de Mendoza, Fundadora del Cole- 
gio de la Compañía de lesús de Alcalá de 
Henares. Escrita por el Padre Gerónimo de 
Perea de la misma Compañía de lesvs. De- 
dícala á la Excelent .^'^ Señora Doña Isabel 
de Sandoual, Duquesa de Ossuna, Condesa 
de Ureña. — Año 1635. En Madrid. En la 
Imprenta Real. 

Folios 27 á 32. 

MENDOZA (D.» Dorotea de). 

144. — Glosa en décimas á la Inmaculada: 
Pues la luna cuando llena... 

Ivsta poética consagrada a las festivas 
glorias de María en su Immaculada Concep- 
ción. Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Santa María del Mar de la ciudad de 
Barcelona. Relación de las svmtuosas fiestas 
que esta ilustre Parroquia hii{0 en honrosas 
memorias de tan Soberano Mysterio. Por 
Don Frajicisco Modolell y Costa. — En Bar- 
celona, por Narcis Casas, Año i656. 

Págs. 76 y yj. 

MENDOZA (D.* Elvira de). 

Poetisa del siglo xvi. Nació, ó cuando me- 
nos residió, en la isla de Santo Domingo. 

Celebróla Eugenio de Salazar como poe- 
tisa en un Soneto á la ilustre Poeta y Seño- 
ra Doña Elvira de Mendoza, moradora en 
la ciudad de Santo Domingo. 

Cantares míos que estáis rebelados... 

Silva de Poesía, compuesta por Eugenio 
de Salariar, vecino y natural de Madrid. 

Mí. de la Real Academia de la Historia.— Folio 211. 

MENDOZA (D.''' Eufrasia de). 

145. — Soneto á la muerte del Cardenal 
Infante D. Fernando: 



Aquí yace el poder que fenecido 
á imitación está de una flor breve 
que el viento que le toca aunque más breve 
deja borrado todo el haber sido... 

Pira religiosa, mausoleo sacro , pompa fú- 
nebre que la muy Santa Iglesia Primada de 
las Españas consagró piadosa á las recientes 
cenizas del Cardenal /n/a/zíe.— Madrid, por 
Diego Díaz de la Carrera. 1642. 

Pág. 99. 

MENDOZA (D.* Isabel de). 
146. — Décimas: 

Soldados tan poco expertos 
como falsos y atrevidos, 
para la verdad dormidos, 
y para mentir despiertos... 

El cavallero de Ávila- Por la Santa Ma- 
dre Teresa de lesús... Pohema heroico. Por 
luán Batista Felipes de Cdceres.— En gara- 
go^a, por Diego Latorre. Año 1623. 

Pág. 489. 

MENDOZA (D.'^ Juana de). 

147.— Da senhora Dona Joana de Men- 
doza. 

Por acudyr ao rrifam 
Cancioneiro geral de Garda de Resende. 
Lisboa. Per Hernán de Campos. i5i6. 
Folio 147. 

MENDOZA (D.-^ María de). 

Hermana del insigne historiador y poeta 
D. Diego Hurtado de Mendoza y mujer de 
D. Antonio Hurtado, Conde de Monte- 
agudo. 

Gutierre de Cetina ensalzó á D.« María 
en estos versos: 

Yo diría de vos tan altamente 
Que el mundo viese en vos lo que yo veo, 
Si tal fuese el decir como el deseo. 
Mas si fuera del más hermoso cíelo. 



-54- 



Acáen la mortal gente, 

Entre las bellas y preciadas cosas 

No hallo una que os semeje un pelo, 

Sin culpa queda aquél que no os atreve. 

El blanco del cristal, el oro y rosas, 

Los rubis y las perlas y la nieve. 

Delante vuestro gesto comparadas 

Son ante cosas vivas, las pintadas. 

Ante vos las estrellas, 

Como delante el sol, son menos bellas, 

El sol es más lustroso, 

Pero á mi parecer no es tan hermoso. 

¿Qué puedo, pues, decir, si cuanto veo 

Todo ante vos es feo? 

Mudad el nombre, pues, señora mía, 

Y vos llamad beldad, beldad María (i). 

De ella escribía Paulo Manucio: 

Cum autem ea quse scripsit legimus, vel anti- 

quis scriptoribus ingenii praestantia simillimam ju- 

dicamus (2). 

MENDOZA (D.'' María Josefa de). 

Natural de la ciudad de Santa Fe en Gua- 
najuato (México): 

148.— Cánticos devotos sobre los cuatro 
Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno y Glo- 
ria.— México, por Jauregui, año 1802.-8.° 

Beristain de Souza. Biblioteca hispano-americana. 

MENDOZA (D.^ Mariana Manuela de). 

149. — Décima: 

Al objeto que matizas... 

Eternidad del Rey Don Phelipe III, por 
Doña Ana de Castro y ¿gas. — Madrid, 
1629. 

MENDOZA (D.'' Vigencia de). 

1 5o.— Silva á la Virgen: 

Esta que ves columna prodigiosa 



(i) Obras de Gutierre de Cetina, con introducción y 
notat del Doctor D, Joaquín Hazañas y la i?u«.— Sevi- 
lla. Imp. de F, de P. Día.'. 1895.— Tomo I, pág. 7. 

(3) Prefatium ad opera philosophica Ciceronis. (Marci 
TulUi Ciceronis, de Philosophia polumina ¿«o.— Venctiis, 
apud Aldi filies, 1541.) 



Certamen poético de Nuestra Señora de 
Cogullada... Publícalo el Licenciado luán 
de Iribarren i Pla^a. — En Zaragoza, en el 
Hospital Real i General de Nuestra Señora 
de Gracia. Año MDCXLIV. 

Págs. 1 01 á 104. 

MENDOZA Y CASTILLA 
(D.^ Orofrisia de). 

Hija de D. Francisco de Mendoza y de 
D.* Beatriz de Castilla y Mendoza. Nació 
en Madrid hacia el año i565. Casó con don 
Francisco de Cepeda, hijo mayor de D. Lo- 
renzo de Cepeda y sobrino de Santa Tere- 
sa. Ésta, en una de sus cartas (i), fechada 
en Valladolid por Diciembre de i58o, es- 
cribe: 

Á mí no me han faltado trabajos, hasta ver á 
Don Francisco como ahora está; porque quedó 
con mucha soledad, que ya ve vuestra merced los 
pocos deudos que hay. 

Ha sido tan codiciado para casarse con él, en 
Ávila, que yo estaba con miedo si había de tomar 
lo que no le convenía. Ha sido Dios servido que 
se desposó el día de la Conceción con una señora 
de Madrid, que tiene madre, y no padre. La madre 
lo deseó tanto que nos ha espantado; porque, 
para quien ella es, pudiérase casar muy mijor; 
que aunque el dote es poco, con ninguna en Ávi- 
la, de las que pretendíamos, le podían dar tanto 
aunque quisieran. Llámase la desposada Orofrisia 
(an no ha quince años, hermosa y muy discreta); 
digo doña Orofrisia de Mendoza y de Castilla. Es 
prima hermana la madre del Duque de Albur- 
querque, sobrina del Duque del Infantazgo y de 
otros hartos señores de titulo: en fin, de padre y 
de madre, dicen no la hará ninguna ventaja en 
España. En Ávila es deuda del Marqués de las 
Navas y del de Velada y de su mujer de don Luís 
el de mosen Rubí, mucho. 

Diéronle cuatro mil ducados. El me escribe que 
está muy contento, que es lo que hace al caso. Á 
mí me le da que doña Beatriz, su madre, es de 
tanto valor y discreción que los podrá gobernar á 
entramos, y que se acomodará, á lo que dicen, 
á no gastar mucho. Tiene doña Orofrisia solo 



(t) Biblioteca de Autores esp-.iñoles; tomo LV, pág. a66. 



— :>D — 



un hermano mayorazgo y una hermana monja. 
A no tener hijo el mayorazgo, le hereda ella; cosa 
posible podría ser. 
Memorial de Lorenzo de Cepeda en que pide á 

S. M. 5.0 pesos de renta en una encomienda 

del Perú. 

Lorenzo de Cepeda, vecino de la cibdad de San 
Francisco del Quito en los Reynos del Terú, digo 
yo he servido á vra. Alteza en los dichos Reynos 
en treinta y cinco ó treinta y seis años que en ellos 
residí, como fiel y leal vasallo, en conquistas y 
pacificaciones de yndios y en las rebelliones que 
en ellos a ávido, siguiendo vuestro estandarte Real 
con Blasco Núñez Vela, vuestro visorrey, y con 
el Licenciado Gasea, vuestro Presidente y Gover- 
nador, contra Gonzalo Piíjarro, y con vuestros 
Oydores de la Real Audiencia de los Reyes, contra 
Francisco Hernández, hallándome siempre en 
vuestro Real servicio en todas las batallas y ren- 
quentro's y alcanaes que los rebeldes dieron al 
dicho vuestro virrey; y asimesmo serví á vra. Al- 
teza en cargos de corregidor y juez de residencia 
y visitador y en tomar quenta á vuestros oficiales 
Reales de las cibdades de Loxa y (^amora y poner 
orden en vuestra Real Hacienda, con gran apro- 
vechamiento della; y lo mesmo á los tenedores de 
bienes de difuntos, y en evitar que no se cargasen 
los yndios desde el puerto de Payta á la dicha 
gibdad de Loxa, que ay sesenta leguas, adonde 
morían muchos; y yo di borden como se abriesen 
caminos y anduviesen requas, y en evitar que no 
se despoblasen las cibdades de Valladolid y Loyo- 
la que las tenían cercadas los yndios, por ser 
presto en socorrerlas, y en otras cosas, como 
todo consta y parece por estas provisiones y pro- 
van9as y cédula de encomienda que presento, por 
do asimesmo consta la suma de pesos que en 
vuestro Real servicio he gastado y los muchos 
peligros y trabajos que en lo susodicho he pade- 
cido; y en la flota pasada, con vuestra Real licen- 
cia vine de los dichos Reynos á suplicar á V. A. 
fuese servido hazerme merced conforme á mis 
servicios y calidad, porque el repartimiento de 
yndios que en vuestro Real nonbre tengo en en- 
comienda vale muy poco, y yo ni el hijo mío que 
en él sucede no podemos sustentarnos con él y si 
yo me he sustentado con lustre y gastado tanto 
en servicio de V. A. a sido por otras ayudas y 
herencias y mucho dote que ove quando me casé. 
Á V. A. suplico que aviendose visto lo que 
dicho tengo, por los papeles que presento, sea 
V. A. servido hazerme merced de mandar que se 

me cumpla á cinco mili pesos sobre lo que vale 



el dicho repartimiento que tengo en encomienda, 
para que mejor mis hijos y yo podamos servir 
á V. A. como hasta aquí lo e hecho sin aver de- 
servido en cosa alguna ni aun con el pensamien- 
to; y lo mesmo an hecho otros quatro hermanos 
míos, de los quales an muerto ios tres: el uno en 
la batalla de Quito, y otro que llevaba el estandar- 
te Real salió con heridas de muerte, como á todos 
es público en aquellos Reynos. [Año de iSjj.) 
Lorenzo de Cepeda. 

Autógrafo. — Una hoja en folio. 

Archivo de Indias.— Patronato. 

Súplica que hi^o al Rey Z).* Orofrisia de Men- 
doza. 

Doña Orofrisia de Mendoza y Castilla, en nom- 
bre de don Francisco de Zepeda su marido, dize 
que ella suplicó á su Magestad, atento á los mu- 
chos y buenos serbicios de Lorenzo de Zepeda, 
su suegro, y del Gobernador Agustín de Hauma- 
da, su hermano, se les hiziese merced de que una 
cédula que la Magestad del Rey nuestro señor, 
que está en el cielo, les dio para que se les situase 
en el Pirú, en yndios bacos ó los primeros que 
bacasen, mil pesos de buen oro, la qual merced a 
quasi deciocho años que se les hizo, y para que se 
les asentase el dicho don Francisco de Zepeda 
pasó en el Perú once años a, el qual tiempo ha 
asstido junto á la persona del virrey, ansí del 
Marqués de Cañete como de don Luys de Velas- 
co, y siempre a serbido en lo que se le a mandado, 
y que acudiendo á don Luys dibersas veces á que 
le asentase le a respondido que llebe su casa, como 
consta de los papeles que tiene presentados; y 
que ansí hiendo ella esto se determina á hir con 
su marido, y para ello suplicó á \. M. le creziese 
la dicha merced y quatro mil pesos de buen oro 
y que estos se le situasen en los yndios que baca- 
ron por muerte de don Beltrán de Castro, y se les 
diese recompensa de los deziocho años que a que 
se les hizo la dicha merced; y que á esto se le 
respondió que mostrase los papeles de lo que dice 

i5i. — Declaración de Doña Orofrisa de 
Mendoza y Castilla en las informaciones 
de Alcalá [sobre la vida de Santa Teresa de 
Jesús]. 

Publicada por D. Vicente de la Fuente 
en la Biblioteca de aut. es/?., tomo LV, pá- 
gina 407. 



1 52. —Carta á la Hermana Teresa de Je- 
sús, sobrina de la Santa. Alcalá 21 de Mar- 
zo de 16 10. 

En ella se queja D.' Orofrisia de que su 
marido, D. Francisco de Cepeda, le había 
gastado su dote, y propone al convento de 
Carmelitas Descalzas de Ávila que la in- 
demnizara en algo, transigiendo en lo re- 
ferente á la herencia de D. Lorenzo de Ce- 
peda, cuyo testamento fué declarado nulo. 
Acaba diciendo: 

Saldré deste matrimonio gastada mi niñez y 
mi mozedad y mi acienda y aun no poder tomar 
un abito de 1 rey la. 

Archivo Histórico Nacional. — Papeles de Carmelitas 
Descalzas. 

MENDOZA Y DE LA CERDA 
(D.* Ana de), Princesa de Éboli. 

La poesía, el mágico pincel de Coello y 
los ruidosos acontecimientos en que figuró 
como protagonista, han hecho de la Prin- 
cesa de Éboli una de las mujeres más céle- 
bres de cuantas vivieron en el siglo xvi. En 
la fantasía popular vive cual tipo de la her- 
mosura capaz de eclipsar con su brillo un 
defecto físico de importancia y de seducir 
el frío corazón de Felipe II. Hija de D. Die- 
go de Mendoza, Conde de Mélito, y de 
D.' Catalina de Silva, nació en la villa de 
Cifuentes (Guadalajara), donde fué bauti- 
zada á 29 de Junio del año 1540. Niña era 
todavía cuando Felipe II, deseoso de en- 
grandecer á su favorito Ruy Gómez de Sil- 
va, concertó el matrimonio de D." Ana con 
éste; firmáronse las capitulaciones á 18 de 
Abril de i552. Los amplios donativos que 
el Rey la hizo con tal ocasión han dado 
margen á pensar en tratos ilícitos que un 
doctísimo historiador ha refutado (1). 

(O Vida de la Princesa de Éboli, por D. Gaspar Muro, 
con una carta por via de prólogo del Excmo. Sr. D. An- 



56 - 

Ni hay tampoco razones para creer que 
ya casada faltase á la fidelidad conyugal, ni 
hiciese desgraciado á su marido, de quien 
tuvo sucesión numerosa: diez hijos. Aun- 
que á poco de casarse perdió un ojo, conti- 
nuó siendo, como la llamaba Antonio Pé- 
rez, «joya engastada en los esmaltes de la 
naturaleza y la fortuna». Muerto en el año 
¡573 Ruy Gómez, D." Ana mostró un dolor 
tan intenso que resolvió entrar en el con- 
vento de Carmelitas Descalzas fundado por 
entonces en Pastrana, propósito que, adop- 
tado en momentos de dolor y sin la reflexión 
necesaria, había de acarrearle algunas con- 
trariedades, dado su carácter altanero y ca- 
prichoso. Seis ó siete meses duró solamente 
su vida monacal, y pasados se instaló en su 
palacio de Pastrana. Vuelta á Madrid co- 
menzó sus relaciones con Antonio Pérez, 
acerca de los cuales y de la rivalidad del 
monarca tanto se ha fantaseado; relaciones 
en que el amor fué acaso el móvil más pe- 
queño, pues ni ella debía estar deslumbra- 
dora á los 36 años, ya madre de diez hijos y 
estropeada con la pérdida de un ojo, ni An- 
tonio Pérez dejaba de guiarse generalmente 
por el cálculo y el afán de medrar. Compli- 
cada en el proceso del soberbio favorito, se 
vio encerrada en el castillo de Pinto. Inútil 
sería entrar en detalles sobre estos sucesos 
conocidísimos gracias á las excelentes obras 
de Mignet, el Marqués de Pidal, Bermú- 
dez de Castro, Muro y del mismo Anto- 
nio Pérez en sus Relaciones. Objeto de la 
más estrecha vigilancia, fué después lleva- 
da á Santorcaz y últimamente á la villa de 



fonio Cánovas del Castillo.— íAidrid. Imp. de Aribau 
y C* 1877. 

Conf. Documentos relativos á Doña Ana de Mendoi^a y 
de la Cerda, Princesa de Éboli, desde el año ¡573 hasta 
su muerte, ocurrida en 2 de Febrero de iSgi. 

(Colección de documentos inéditos para la Historia dt 
España, tomo^LVI.) 



-57- 



Pastrana, dándole su palacio por cárcel. 
Las penalidades. sufridas no la hicieron más 
sensata; rodeada de criminales, su vida fué 
una serie de imprudencias, merced á las 
cuales se vio privada de la tutela de sus hi- 
jos y tratada con sumo rigor, que le ade- 
lantó la muerte, ocurrida á 2 de Febrero 
del año 1592 á los 52 de su edad y doce de 
prisión. 

153. — Cartas al Rey, á D. Antonio Pazos, 
al Cardenal de Toledo y á Mateo Vázquez, 
acerca de su procesó. Publicadas por Don 
Gaspar Muro en la obra citada, págs. 139, 
174, 175, 176 y 207 de los Apéndices, y i5, 
20 y 5o de la Adición. 

154. — Carta á S. M. el Rey Felipe II acer- 
ca de la parte que á ella se imputaba en el 
asesinato de Escobedo. 

Publicada en las Relaciones de Antonio 
Péreí, Secretario de Estado, que fué, del 
Rey de España Don Phelippe II deste nom- 
bre. — Impresso en París, con Priuilegio del 
Rey Christianíssimo. M.D.XCVIII. 

Págs. 22 á 24. 

Reproducida en las posteriores ediciones. 

1 55. — Cartas á su hijo segundo, D. Diego 
de Silva y Mendoza, Duque de Francavila. 

Son tres, y aunque no tienen fecha, pare- 
ce que fueron escritas en el año 1577, y al- 
guna después del destierro de la Princesa. 
Son curiosas por la ternura y sentimiento 
con que se expresa D.* Ana. 

Se publicaron en el Memorial del hecho 
de los pleitos que D. Diego de Silva y Men- 
doza, Duque de Francavila, Conde de Sali- 
nas, trataba con D. Rodrigo de Silva y Men- 
doza, Duque de Pastrana, su hennano. — 
Madrid. Por Juan González. 1631. 



MENESES (D.* Juana Josefa de). 
Condesa de Ericeira. 

Nació en Lisboa á 17 de Septiembre de 
1 65 1. Fué hija de D. Fernando de Mene- 
ses (i), segundo Conde de Ericeira. Recibió 
una educación esmerada; el P. Antonio de 
Mello le enseñó Humanidades. Contrajo 
matrimonio con su tío D. Luis de Mene- 
ses, autor dé la Historia de Portugal res- 
taurado (2), y fué madre de D. Francisco 
Javier de Meneses, quien llegó á ser Tenien- 
te general del ejército portugués y se distin- 
guió como escritor, pues además de la Hen- 
riqueida compuso otras obras en prosa y 
verso (3). Protegieron mucho á D.* Juana 
la reina de Inglaterra, D." Catalina, tía de 
Juan V de Portugal;, habiendo ésta, en su 
viudez, regresado á su patria, la nombró 
su Camarera mayor. Los últimos años de 
su vida los pasó aquejada de perlesía y de 
otras enfermedades. Murió á 26 de Agosto 
de 1709. 

Cnf. Ensaio biographico-critico sobre os 
melhores poetas portugueses, por José María 
da Costa e Silva. 

Tomo X, págs. 231 á 243. 

Dejó la Condesa de Ericeira muchas obras 
inéditas que conservaba, según dice Barbo- 
sa, el Marqués de Lourigal. 



(i) Autor de los siguientes libros: 

Vida, facfoens d'el Rey Dom Jodo II de Portugal.— 
Lisboa. J. Galváo. 1677. — 4.° 

Historia de Tangere. — Lisboa. Na Offic. Ferreiriana. 
1732.— Fol. 

Histuriarum lusitanarum ab anno 1640 usque t657. 
libri X. — Ulissiponae. Typ. Silva. 1734 —Dos vol. en 4.° 

(2) Historia de Portugal restaurado.— Lisbo3L. Joáo 
Galváo y Miguel Deslandes. 1679 á 1698.— Dos vols. en fol. 

E cnbió a emás: 

Compendio panegirice da vida e acfoens do Luis Alya~ 
re¡{ de Tavora, Conde de S. /oao.— Lisboa. Rodriguen 
dAbreu. 1674.-4.° 

(3) Henriqueida. Poema heroico.— Lisboai. k. 1. da Fon- 
seca. 1 741.— 4" 

Historia genealógica da antiquissi7na Casa de Faria,— 
Lisboa. A. L da Fonseca. 1741.-4.° 



58- 



1 56.— Despertador del alma, al sueño de 
la vida. En voz de un advertido desengaño. 
Dale á la estampa Apolinario de Almada. — 
En Lisboa. En la Emprenta de Manuel Lo- 
pes Herrera. M.DC.XC.V. Con todas las li- 
cencias necessarias. 

8.", 1 5o págs., más lo hojas de prels. 

Antepon, grabada.— Port.— Al que leyere.— A 
un libro poético intitulado D:spertador del alma, 
al sueño de la vida. Soneto en castellano del Con- 
de de Ericeyra.— Admiración de un papel de autor 
incógnito, intitulado Despertador del alma, al sue- 
ño de la vida. Romance endecasílabo de S. P. V. — 
Approvagam de Joseph da Cunha Brochado: Lis- 
boa, 20 de Agosto de 1694.— Licen^as.— Texto. 
(3oo octavas.) 

Escrito este poema en estilo gongorino 
ofrece, sin embargo, algunos pasajes que 
no carecen de belleza, cuales son los si- 
guientes: 

Octavas i 58 Á i6fi 

¿Qué es de los Rsyes?; donde la corona 
Un siglo existe, veinte lustros dura, 
Si el tiempo, que las vidas no perdona, 
Encubre á muchos aun la sepultura? 
La muerte, que sus timbres abandona, 
Trofeos hurta siempre á la ventura; 
Pues ¿que serán del tiempo en vituperios 
Los Reyes, si aun acaban los Imperios? 

El que á la dicha en hado peregrino 
De la fortuna el patrocinio alcanza 
Y por sellar del bien el descamino 
Con verde piedra cuenta su esperanza, 
No contrastó de un infeliz destino 
Último fin, que aun quando en mar bonanza 
No pudo (ó sacrificio fuesse, ó voto), 
El hilo de la red más que el de Cloto. 

La hermosura, lisonja apetecida, 
Flor adulada al viso de una aurora 
Que en la blancura de una tez bruñida 
Un purpúreo arrebol blando colora, 
Del cabello y los ojos presumida, 
En oro, en luz que su emispherio dora, 
Del tiempo y de lo frágil de su suerte 
Aun la vida acaba sin la muerte. 

El Filis, presunción imaginaria, 
Hypócrita beldad que el garbo ostenta, 
Hallando siempre la razón contraria 
Sólo de negaciones se alimenta. 



Varia naturaleza, copia varia 
De vanidad que agrados representa. 
Escarmentada por su proprio daño 
Empegando ignorancia, acaba engaño. 

¡Quántas ya de la Fábula ó la Historia 
Bellas y sabias, merecieron dinas (i) 
Los templos, donde ofrece la memoria 
Culto á las perfecciones peregrinas! 

Y en lo inconstante de una vana gloria 
Ceden estimaciones á ruinas. 

Que en aplausos del mundo fementido 
Es la memoria de oy mañana olvido. 

¿Dónde bellezas, dónde presunciones 
Que al mundo hizieron repetida guerra 

Y fueron ultrajando otros blasones. 
Llanto del mar, estrago de la tierra, 
Oy se esconden, si apenas los borrones 
De su fama en olvido el polvo encierra, 

Y sólo dexa su retrato escrito 

En voz del desengaño ú del delito? 

El valor que en aplausos generosos 
Con acciones heroicas se acredita, 

Y erigiendo trofeos victoriosos 
Al orbe vastos ámbitos limita (2), 

¿Es más que una venganga que en furiosos 
Vislumbres de la cólera se excita? 

Y solo.se distingue, si lo adviertes, 
Muerte que se compone de otras muertes. 

Que el polvo que en victorias esparzido 
Buela en fama ruidosa en voz extraña 

Y en monumento al mundo construido, 
Deve á la Historia aplausos de una hazaña, 
Gemiendo dize que en eterno olvido 

Otro polvo le cubre, otra campaña. 
No reparando, de poder desnudos, 
La espada yerros, golpes los escudos. 

¿Qué se hizieron de héroes eminentes 
Á que el orbe tembló, la historia aclama, 
Trofeos nobles, triunfos excelentes, 
Que en el clarín sonaron de la Fama? 
Bolaron sin laureles permanentes. 
Cúbrelos del cyprés funesta rama 
Que grava de la tierra en lo profundo 
Que á quien mundos faltavan faltó el mundo. 

OCTAVAS 204 Y 205 

Lo que passó no buelve, y la futura, 
Tímida, incierta, frágil esperanca 
Aun quando para dichas se apressura 
Seguridad en ellas nunca alcanza, 

Y bolando la pena ó la ventura 



(i) En el original dignas. 
(2) En el original lemita. 



Con veloz gyro rápida mudanza, 

Iguala con sus términos tálales 

Bienes que son, á los que fueron males. 

La instable rueda que á elevada planta 
Erige pedestal, base construye, 
Rápida mueve, altiva se adelanta 
A hazer penalidad, gloria que influye. 
Nunca dura aquel bien que alegre canta, 
Que en las cláusulas del llanto sustituye 
Con el triste gemido, donde auna 
Quexas el Tiempo, estragos la Fortuna. 

OCTAVAS 244 Y 245 

Á nadie perdonó del tiempo duro, 
Sordo martillo que con golpe incierto 
Inclyta torre, sublimado muro 
Deshaze en silencioso desconcierto. 
Nadie de alvor que amaneció, seguro 
Se deve prometer esplendor cierto. 
Que indiferente, al pobre ó al monarca 
Devana el hilo el uso de la Parca. 

Passará el tiempo, llegarán los días 
En que el Cielo fulmine por señales 
De último fin á locas osadías 
Desquicios de los exes celestiales. 
Temblará el mundo al ver cenizas frías 
Reprodusir cadáveres fatales 
Que encuentren, de su pena en las querellas, 
Á incendio de dolor, llanto de estrellas. 

157. — Panegyrico ao governo da serenis- 
sima senhora Duqucza de Saboya D.' Maria 
Joanna Baptista de Saboya, traduzido do 
italiano. — Lisboa, 1680. — 4." 

1 58. — Reflexoes sobre a Misericordia de 
Déos por urna peccadora arrepentida. Tra- 
ducgáo do francez. — Lisboa, 1694. — 8.** 

Reimpresa varias veces. 

iSg. — Poema fúnebre a morte da Rainha 
D.* Maria Francisca Isabel de Saboya. 

160. — Vida de Santo Agostinho acom- 
panhada de varias reflexoes. 

161. — Triumpho das mulheres, traduzido 
do francez. 

162. — Discursos académicos e moraes. 

163. — Obras poéticas. (Divididas en tres 
partes). 

164. — El divino imperio de Amor (co- 
media). 



- 59 - 

i65. — El duelo de las finezas (ídem). 

1G6. — Contienda del amor divino y hu- 
mano (auto sacramental en dos partes). 

Estas obras dramáticas se conservaban 
manuscritas y perecieron cuando el terre- 
moto de Lisboa en el año lySS. 

MENESES NORONHA (D.*^ Leonor de). 
Condesa de Seren. 

Fueron sus padres D. Fernando de Me- 
neses y D:' María Freiré y Andrada, Mar- 
queses de Villarreal, residentes en Lisboa. 
Adornada de relevantes prendas de alma y 
cuerpo, se dedicó al estudio y no quiso con- 
traer matrimonio. La encomió Eduardo 
Núñez de León en su Descripcdo do Rey no 
de Portugal y nos dejó noticia de sus tra- 
bajos literarios. Antes de cumplir diez años 
hablaba correctamente el francés y después 
adquirió notables conocimientos de Filoso- 
fía, Aritmética, Poesía y Música. Falleció 
en Lisboa á 4 de Septiembre de 1640. Es- 
cribió con el pseudónimo de Laura Mau- 
ricia. 

167. — El desdeñado más firme. — Lisboa, 
i655. (Es una novela en prosa y verso.) 

168. — Décadas de Marco Antonio Sabelli- 
co, traducidas al portugués. 



MENESES Y ORELLANA 
(D.^ María de), 

LLAMADA TAMBIÉN SoR MaRÍA DEL NiÑO JeSIJS 

Vivió en Berzocana (Cáceres), donde fué 
donada profesa de la Orden de San Jeróni- 
mo. Debió morir á últimos del siglo xvii, 
pues ya en 1707 el Obispo de Plasencia, 
D. José Gregorio de Rojas, rriandó hacer 
una información sobre su vida y virtudes. 

169. — Vida de la devota D.' María de Me- 
neses y Orellana, por otro nombre María 
del Niño Jesús, escrita por ella misma. 



6o — 



Ms. en folio; letra del siglo xvii. 

Biblioteca provincial de Cáceres. 

MERCADER DE ZAPATA 
(D.^ Ángela). 

Valenciana del siglo xvi, casada con Je- 
rónimo Escriba y madre del P. Francisco 
Escriba, autor de los Notísimos. Conocía 
los idiomas griego y latino. Dicen que ayu- 
dó á su hijo en la obra mencionada, pero 
no está probado ni mucho menos. Lo cierto 
es que Escolano en su Historia de Valencia 
la llama monstruo de aquel siglo. 

De ella escribió García Matamoros: (De 
adserenda hispanorum eruditione.) 

^Quid referam clarissimam feminam Angelam 
Zapatam, quae quum angélica mente donata esset, 
doclissimi viri Ludovici Vives, civis sui, amplum 
et magnificum testimonium de ingenio pariter et 
doctrina tulit? 

MERLO (Sor María Rosalía). 

Nació en Cáller (Cerdeña) en el año 1704. 
Á los 16 años tomó el hábito en el convento 
de religiosas capuchinas de aquella ciudad, 
donde murió en 1772. 

170. — Rimas espirituales. 

Ms. autógr. en i6.° de 371 págs. Está di- 
vidido en ocho partes. Poseíalo el Arzobispo 
de Cáller, D. Manuel Marongiu Nurra. 

Toda y Güell, Bibliografía española de Cerdeña. En 
esta obra se copian alguaos versos de Sor María. 

MESÍA (D.* Teresa de). 

171. — Soneto á San Juan de Dios: 

Al tránsito de Cristo fué María 
De Juatí Evangelista acompañada... 

Justa literaria, certamen poético... en la 
solemne quanto deseada canonización del 
Pasmo de la Caridad, San Juan de Dios. — 



Madrid. En la Imprenta de Bernardo de 
Villa-Diego. Año de MDCLXXXXIL 
Página 109. 

MESQUITA PIMENTEL 
(Sor María de). 

Portuguesa; religiosa cisterciense en el 
monasterio de Celias, próximo á Coimbra. 
Falleció en el año 1661 á los 80 de edad. 

172. — Memorial da infancia de Christo, E 
triumpho do diuino Amor. Primeira parte. 
Dedicado á virgem Senhora N. do Dester- 
ro. Composto por Sóror María de Mesquita 
Pimentel, Religiosa no Mosteiro de sao 
Bento de Castris, extra muros da cidade de 
Euora, da ordem do glorioso Patriarcha 
sao Bernardo. Anno 1639 (Estampa de la 
Virgen y San José con el niño Jesús en me- 
dio). — Em Lisboa. Com as licengas neces- 
sarias. Por loge (sic) Rodrigues. 

1 56 folios en 8." más 12 de prels. 

Port. — V.° en bl. — Licengas. — Dedicatoria aa 
Serenisslma virgen María. — Prólogo ao leitor (en 
verso). — Aa Senhora María de Mesquita Pimeniel. 
Soneto. — Ouiro ao mesmo intento.— Do Doutor 
Frey Luis de Sá. Soneto. — De Frey Theodosio de 
Lucena. Soneto. — Á la señora María de Mesquita. 
Soneto. — Do Padre Joao de Teue & Marmeleiro 
(Redondillas en portugués). — Do Padre Luis Mén- 
dez. Décimas. — Erratas. — Texio divididos en diez 
cantos en octavas. 

173. — Paixao de Christo. 

En el título de un soneto que hay en los 
preliminares del Memorial da infancia de 
Christo se lee: 

Aa Senhora Maria de Mesquita Pimentel, que 
despois de escreuer a Paixao de Christo, & Trium- 
pho do diuino Amor, em octaua rima escreueo a 
Infancia de CJiristo, & Triumpho do diuino Amor, 
no mesmo verso. 

MILÁN (Sor Feliciana de). 

Monja cisterciense en Odivellas(Portugal) 
y natural de Lisboa. Murió en el año 1705. 



— 6i 



174. — Discurso sobre a pedra filosofal. 
175. — Varias partas espirituales. 
176. — Poezias e ditos. 

MIRANDA Y PAZ (Sor María de). 

Religiosa en el convento de Santa Clara, 
de Salamanca. 

Probablemente fué hermana de D. Fran- 
cisco de Miranda y Paz, natural de Sala- 
manca y capellán de los Reyes nuevos de 
Toledo, quien escribió un Discurso sobre si 
se puede hacer fiesta á Adam (Madrid, 1636) 
y El Desengaño, Tratado moral. 

177. — Mote: 

Luz del sacro sol de España, 
tú que al lauro no te excusas, 
dulce Pierio á las Musas 
y á sus émulos guadaña... 

Aplauso gratulatorio de la insigne escue- 
la de Salamanca al Excelentíssimo Señor 
Don Gaspar de Guarnan, por la restauración 
de los Votos de los Estudiantes, que alcangó 
de su Magestad. Recogido por Manuel de 
Ai^euedo. — En Barcelona, por Sebastián de 
Cormellas. S. a. 

178. — Décima: 

Tanta gala y discreción... 

Ivpiter y lo. Al Excellenttssimo Señor 
D. Manuel de Fonseca, y Zúñiga, Conde de 
Monte Rey y de Fuentes. Por D. Manuel 
Brauo de Velasco. — Con licencia, en Sala- 
manca, por Diego de Cosío. S. a. 

Las aprobaciones fechadas en Febrero y 
Marzo de 1641. 

MIRAVETE DE BLANCAS 
(Sor Isabel de San Francisco). 

Nació en Zaragoza en el año i585, y allí 
fué Priora en el convento de San José, de 
Carmelitas Descalzas. Murió á 13 de No- 
viembre de 1627. 



179. — Libro de las cosas más importantes 
para las ordinarias y última enfermedad, 
particularmente para la hora de la muerte. 

180. — Opúsculos en metros sobre asuntos 



de la Sagrada Escritura. 



MIRES Y ARGUILLUR 
(D." Victoria de). 

181. — Soneto á D.' María de Zayas y So- 
tomayor: 

Sacro Ibero que en nítidos cristales... 

Novelas amorosas, y exemplares, compues- 
tas por Doña María Zayas y Sotomayor. — 
En Zaragoza, en el Hospital Real y Gene- 
ral de N. Señora de Gracia, año 1637. 

Folio 5. 

MISERICORDIA (Sor Leonor de la). 

Nació en Zaragoza, de la noble casa de 
Ximénez de Aragués. Estuvo casada con el 
Dr. Miravete de Blancas. Ambos cónyuges 
abandonaron el siglo y fundaron el conven- 
to de Carmelitas Descalzas de Calatayud, 
donde ella fué Priora. Él profesó en otro 
de la misma Orden. Murió Sor Leonor ha- 
cia el año 1 61 2. El P. Villiers (Bibliotheca 
carmelitana) dice que falleció en Pamplona . 
en el año 1620. 

182. — Vida de la Madre Catalina de Cris- 
to, compañera de Santa Teresa. 

Consta que la escribió, en el prólogo de 
esta obra: 

La V. M. Catalina de Christo Carmelita 
Descali^a compañera de la Santa Madre Te- 
resa de Jesús, Priora en Soria del Convento 
de la Safiti'ssima Trinidad, en Pamplona de 
San loseph, en Barcelona de la Concepción, 
y fundadora de los dos últimos. Descrivela 
D. Miguel Batista de Lanuda. — Zaragoza. 
Por Joseph Lanaja. 1657. 

En 4.*» 



— 62 — 



183. — Relación que siendo ya religiosa en 
Calatayud hizo refiriendo los admirables 
medios de que Dios se valió para que ella y 
su marido entrasen en la Reforma del Car- 
men. 

Latassa, Biblioteca nueva. 

MISEVEA (D.'-* Violante). 

184. — Soneto á todo lector destos Sueños 
(de Quevedo) en defensa y alabanza del 
autor. 

jOla! lector, cualquiera que lú seas... 

Sueños y Discursos de verdades descubri- 
doras de Abusos, Vicios y Engaños en todos 
los Oficios y Estados del Mundo. Compues- 
to por D. Francisco de Quevedo Villegas. — 
Valencia. Por Chrysostomo Garriz. 1627. 

Reproducido en ediciones posteriores, 
incluso en la Biblioteca de Autores españo- 
les, tomo XXllI, pág. 295. 

MODOLELL Y COSTA (D."^ María). 

i85. — Glosa en décimas á la Inmaculada: 
Del vientre que el ser te dio... 

Ivsta poética consagrada á las festivas 
glorias de María en su Immaculada Concep- 
ción. Mantenida en la Parroquial Iglesia de 
Santa María del Mar de la ciudad de Bar- 
celona. Relación de las svmtuosas fiestas que 
esta ilustre Parroquia hi^o en honrosas me- 
morias de tan Soberano Mysterio. Por Don 
Francisco Modolell, y Costa.— En Barcelo- 
na, por Narcis Casas, año i656. 

Págs. 8g á 91. 

MONCAYO (D."^ Luisa de). 

Natural de Zaragoza y monja en el mo- 
nasterio de Comendadoras de San Juan, en 
Sixena. Falleció en el año ¡593. 



Aunque Latassa (Biblioteca ULevajla cita 
entre las escritoras, nada hizo sino mandar 
componer un Directorio ó Tercera regla 
del Real Monasterio de Santa María de Si- 
xena. 

MONROY (D.*^ Facunda de). 

186. — Tres glosas á unos versos que em- 
piezan: 

¿Qué reino, clima ó país... 

Celebrando el nacimiento del Príncipe 
D. Baltasar, hijo de Felipe IV. 

Fiestas de la Vniversidad de Salamanca 
al nacimiento del Príncipe D. Baltasar Car- 
los Domingo Felipe V N. S. siendo Retor 
D. Lope de Moscoso, hijo de los Marqueses 
de Tavara. Refiérelas el M. F. Christoval 
de La^arraga. — Salamanca, por lacintoTa- 
bernier. Año de 1630. 

MONROY (D." Mariana de). 

187. — Soneto á la muerte del Príncipe 
D. Baltasar Carlos de Austria: 

No culpo al Hado, no, que reverencio 
El divino dictamen en el Hado... 

Relación de las Junerales obsequias que 
hi\o el Santo y Apostólico Tribunal de la 
Inquisición de los Reyes del Perú á... Don 
Baltasar Carlos de Austria. Por Don Pedro 
Alvares^ de Faria. — En Lima, en la Impren- 
ta de Julián Santos de Saldaña. Año de 1648. 

Folio 43. 

MONTESA (Ángela). 

188. — Á la devoción. Glosa: 

No siendo madre de Dios... 
Si vuestras virtudes bellas, 
Teresa, humilde contemplo 
que en vos lucen más que estrellas... 

El caballero de Avila. Por la Santa Ma- 
dre Teresa de lesus... Pohema heroico. Por 



63- 



I 



luayí Batista Felipes de Cáceres.—En ^ara- 
go^a, por Diego, Latorre. Año 1623. 

MONTESER (D." Silvia). 

Hija acaso de D, Francisco Antonio de 
Monteser, fecundo autor de entremeses y 
comedias burlescas. 

189. — Soneto á la muerte de Felipe III: 

No pases, huésped, no, para y admira 
La pompa de este túmulo arrogante... 

Honras y obsequias que hi\o al catholico 
y C/iristianíssimo Rey D. Filipe Tercero 
nuestro Señor su muy Noble y muy Leal 
ciudad de Murcia. Dirigidas á la misma 
ciudad. Por Alonso Enrique^, escribano Ma- 
yor del Ayuntatniento della. — Impreso en 
Murcia, por Luis Berós. Año MDCXXII. 

Página 280. 

190. — Soneto de Doña Silvia Monteser á 
San Juan de Dios: 

^Qué buriles, qué plumas, qué pinceles 
En láminas, en rasgos, en colores... 

Justa literaria, certamen poético... en la 
solemne quanto deseada canonización del 
Pasmo de la Caridad, San Juan de Dios. — 
Madrid: En la Imprenta de Bernardo de 
Villadiego. Año de MDCLXXXXII. 

Página 103. 

Reproducido en la Biblioteca de Auto- 
res españoles, tomo XLII, pág. 545. 

MONTSORIU (D.^ Aldonza de). 

191. — Dedicatoria á la Reina Católica de 
la Vita Christi de D.'' Isabel de Villena. 
Está escrita en valenciano. 

Vita Christi de la Reueret Abbá Doña 
Isabel de Villena. — Valencia. Per Lope de 
la Roqua. M.CCCC.LXXXXVII. 



MORALES (D.^ Jacinta María de). 

192. — A la fábula de Atalanta escrita por 
el Marqués de San Felices. 
Soneto: 

Del oráculo anuncios verdaderos... 

Poema trágico de Atalanta, y Hipóme^' 
fies. Dedícalo á la Magestad de Felipe Quar- 
to el Grande. Por Don luán de Moncayo y 
de Gurrea, Marqués de San Felices. — En 
Zaragoza. Por Di-ego Dormer. Año i656. 

193. — Soneto. A San Pedro Mártir: 

El pecho herido, la cabeza abierta, 
luchando con la última agonía... 

Biblioteca de Autores españoles, tomo XLII, páu;. 545. 

MORATA (La Condesa de). 

194. — Soneto á San Ramón Nonato: 

Si baja Dios por paternal decreto 
á redimir del cautiverio al mundo... 

Certamen poético á las fiestas de la trans- 
lación de la reliquia de San Ramón Nonat, 
Zaragoza. Por Juan de Lanaja. 1618. 

Folio 40. 

195. — Décima á Juan Bautista de Cáceres: 

Quando hazañas ¡novara 
viniendo el Magno guerrero 
no llorara por Homero 
sí á Felices alcanzara... 

El cavallero de Avila. Por la Santa Ma- 
dre Teresa de Jesús... Pohema heroico. Por 
Juan Batista Felipes de Cáceres. — En (Jara- 
goga, por Diego Latorre, Año 1623. 

MORELL (Juliana). 

Nació en Barcelona hacia el año 1594. 

Con motivo de haber su padre cometido un 

homicidio se refugió con él en Lyon, donde 

se dedicó al estudio, y con tai éxito, que ya 

I en 1607 sostuvo ciertas conclusiones de Fi- 

I losofía, que dedicó á D.* Margarita de Aus- 



-64- 



tria, Reina de España. Recibió el grado de 
Doctora en el palacio Pontificio de Aviñón 
ante la Condesa de Provenza. Dícesé que 
á los 17 años hablaba catorce lenguas y te- 
nía extensos conocimientos de Filosofía, 
Teología, Jurisprudencia y Música. Profesó 
en el convento de dominicas de Santa Prá- 
xedes en Lyon y allí fué Priora tres veces. 
Murió á 26 de Junio de 1653. 

Un escritor contemporáneo de ella (i) le 
dedicó estos versos: 

Lingua sonat Marcum, Grajum sonat jEsquÍ7¡is 
Hebrceque Jluunt balsama mixta croco. [hostem 

Cnf. Juliana Morell, por D. Joaquín Ro- 
ca y Cornet. 

(Memorias de la Academia de Buenas Letras de Barce- 
lona, tomo II, págs. 355 á 384.) 

Scriptores Ordinis Prcedicatorum recen- 
siti notisque historiéis et criticis illustrati. 
Inchoavit R. P. F. Jacobus Quetif, absolvit 
R. P. F. Jacobus Echard. — T. II, pág. 845. 

La misma Juliana Morell dejó una peque- 
ña autobiografía, que dice así: 

Barcelona, una de las principales ciudades del 
■reino de Aragón, es el lugar en que nací; en don- 
de, contando apenas cinco años, mi padre empezó 
á hacerme dedicar al estudio de las buenas letras, 
y por el deseo que tenía de hacerme adelantar en 
ellas, habiendo sobrevenido una desgracia por 
cierta falsa acusación, que le precisó á dejar su 
país y retirarse á Francia, llevóme consigo á la 
edad de siete años, y habiendo fijado su domicilio 
en Lyon, allí me hizo continuar mis estudios con 
un cuidado más que paternal, tomando en su 
casa los maestros más hábiles que pudo encon- 
trar, sin perdonar gasto, hasta que hube concluí- 
do el curso de Filosofía y una parte de la Meta- 
física. Y entonces, habiéndome inspirado Dios 
nuestro Señor á la edad de trece años un intenso 
deseo de servirle en Religión, como mi padre es 
muy buen cristiano y temeroso de Dios, consintió 
en ello á pesar de no tener más hijo que yo, y se 
puso en viaje conmigo para volverme á mi patria 



(I) Balduino Cabillavense. 



y ponerme allí en la Religión que fuese de mi 
gusto. Mas al pasar por esta ciudad de Aviñón, la 
Divina Sabiduría que todo con suavidad lo dis- 
pone y conduce, ordenó que aquí me detuviera, y 
habiendo llegado á mi noticia el buen olor de la 
santidad de este monasterio, sabiendo ser de la 
orden de Santa Catalina de Sena, de quien soy 
particularmente devota, deseando asimismo que 
la ausencia de mi país y parientes^ me dejase ser- 
vir á Dios con más tranquilidad y reposo, atraída 
de lo alto, entré en él á la edad de 14 años, ayu- 
dada de la protección de la señora Condesa de 
Conde, pero sobre todo conducida por la paternal 
providencia de Dios y guiada y protegida por la 
gloriosa Virgen Madre de Misericordia. Mi padre, 
que deseaba volverme á España, opuso alguna 
dificultad al principio, pero al fin se allanó. Aquí, 
pues, recibí, pasado poco tiempo, el santo hábito 
de nuestro padre Santo Domingo, y después de 
un año de prueba hice profesión solemne con un 
gozo y consolación inexplicable de mi alma. 

Monasterio de Santa Práxedes de Aviñón, 21 de 
Junio de 1617. 

El padre de Juliana escribió otra biogra- 
fía de ésta, la cual reproducimos aunque 
fué ya publicada por Mr. A. Morel-Fatio. 

Joliana, hija mía natural, nació en Barcelona á 
16 de Hebrero, día de Santa Joliana de 1694, y 
conociéndole yo, en edad de 4 años, el don que la 
pródiga naturaleza la abía dado, y como los pa- 
dres todos deseamos azer á nuestros hijos reyes 
si pudiésemos, y considerando que para ello el 
primer grado de la escalera para subir sea la vir- 
tud, me puse en el entendimiento de azerla estu- 
diar; y en el año iSgS, quando fué la benturosa 
venida de la Reina que está en el cielo, y pasando 
de noche á alta mar con sus galeras, la ciudad 
hizo las demostraciones de alegría que pudo, aon- 
que no las que debía, aziendo luminarias, y dis- 
parar toda la artillería, y los consejeros embiaron 
á dar la bien venida en España á Su Mag.d por el 
Dotor Soler que era uno dellos, y bolviendo la 
respuesta dixo que se la abía dado en lengua lati- 
na y que en la mesma le había respondido elo- 
cuentemente. El qual oyendo, me hizo crecer el 
deseo que tenía, el qual hize con tanto fervor que 
tan presto supo los nombres y verbos por coro, 
como de leher; que en edad de 4 años y 4 meses 
le tenía tres maestros; el uno, el más pequeño 
que pude hallar que supiese latín, y este yva en 
el punto que daban las 6 al aposento y cama de 
mi muger, con quien ella dormía, y bístiéndola y 




lYUANAT^üKEUABARONONENSIS , 




mw drj/i' ClDAOC\/n.(et<tiis'XU.a^£ul}ííce djfdcáuJ^^mites Afines. 
Hisfctnianm IrnjÜarum^ Bejtm,tn/cmsit ^ evu^cad JFÍaret L^duni 
m G<ám,J\iu/icis vnfhrummtis. alj¡saüe vwmj ttriüus aBpnW exirui* 



-65 



medio adormida le enseñaba las oraciones que yo 

le tenía mandado, bien pronunciado; y tomándola 
de la mano la llevaba á mi aposento y me daba 
el buen día en lengua latina; y de esa edad nunca 
le di alvanega, ni páxaro, ni otras niñerías que no 
me lo pidiese en buena frase latina, la qual pedía 
á sus maestros; y luego la abaxaba abaxo en un 
entresuelo en donde la aguardaba un maestro 
doto y le azía declinar nombres y verbos, y en 
dando las 8 la subían arriba y la peynaban y da- 
ban las papas, y el maestro Marchante, que ansí 
lo llamaba yo porque la enseñaba caminando, la 
llevaba al monesterio de Monte Sion, en donde le 
enseñaban á leher; y por el camino le repetía la 
lición, y comía allá; y á las tres salliendo ambos 
maestros del estudio, la tomaban por el torno y la 
llebavan, haziendo bueno, por encima de los mu- 
ros de la ciudad, en casa, aziéndola declinar y con- 
jugar, y allegando en casa perceveraban el estudio 
hasta las 5. Dadas, se subía arriba y le daban á 
merendar, y en dando las seis la abaxaban abaxo 
y estudiaba asta las 8 que señábamos, y luego en 
la cama. Y con esta regla la tuve asta que supo 
las declinaciones, y para enseñarle las partes de 
la oración no hallé suficiente el maestro que le 
enseñó las declinaciones, bien que abía echo su 
curso en Filosofía y ohía Teología, y tomé un 
llamado Girona, que creo murió rector de la To- 
rre de En Barra, que se abía criado en casa de 
D. Antonio Augustín, el qual lo embió á Sala- 
manca á estudiar; yo le daba 200 escudos el año 
y mi mesa y le enseñaba 8 horas -el día, tanto Do- 
mingos como día de Navidad ho Pascua, sin per- 
der un punto de tiempo, á saber: de 6 á 8, de 10 
á 12, de I á 3, y de 6 á 8; y las otras oras no se 
perdían todas, que en edad de 4 años escribía bien 
y componía en lengua latina; y en edad de 6 fué 
mi desgracia que mataron á Don Emanuel deRa- 
jadel, que está en el cielo (i)^ y yo me ausenté, lo 
que no debía, por tener el Duque de Feria que era 
VÍ9orrey por contrario, por lo que le abía dado 10 á 
5oo escudos de á 12 reales en 4 partidas á cambio 
por Madrid, y como me pagaban mal y yo no qui- 
se continuar, engendré un poderoso enemigo que 
tan caro me cuesta; y en este tiempo perdió algu- 
nos meses de sus estudios; ordené que me la lle- 
basen en Carcasona, en donde yo la aguardaba, y 



(i) Nota marginal del ms.: «Digimuló cuerdamente; 
que no fué sino zelos de D. Emanuel de Rejadel, por una 
monja cuya religión caló. Basta que Morel mató al Reja- 
del.» En sentir de Mr. A. Morel-Fatio quizá sea esta nota 
del cronista Jerónimo Pujades, a quien acaso fué dirigida 
la carta. 



la llevé en Colonia en Alemana, pensando poner- 
la en un monesterio de monjas para» pasar ade- 
lante sus estudios con un maestro que la abía de 
enseñar por fuera y aprender la lengua alemana... 
Por causa de las guerras de aquellos países no la 
osé dexar allá, en donde recibió el Sacramento de 
la Confirmación, del Legato de Su Santidad; y con 
una escolta de mil cavallos y mil infantes que 
acompañaban 70 carros de pólvora para Ostenda, 
me bine á Brúceles por una cobransa, y la llevé á 
París, en donde tomé un maestro muy viejo que 
le enseñó en esta ciudad la Filosofía; y en edad 
de 8 años componía en griego; siempre le tuve 
tres ó cuatro maestros, y á todos pagava por 
oras; y el día que hizo 12 años, que el día antes 
podía decir que no tenía más de 1 1, sustentó con- 
clusiones públicas en Filosofía, en mi casa, en 
donde asistieron dos Obispos y de todas las Órde- 
denes y el Governador y la nata de la ciudad, em- 
bió dellas y escribió á Pablo V." y al Cardenal 
Baronio que le respondió de parte de S. S.d, y á la 
Reyna á quien iban dirigidas, y á la de Polonia, 
su hermana, y á la de Francia, y á la Reyna Mar- 
garita y á la Archiduquesa de Flandres, que le 
mandó responder, y á muchas personas principa- 
les de la Christiendad. Todas estas letras yban 
matizadas del pinzel de 4 lenguas, en un pliego 
de papel al largo; la primera en español, caracte- 
res españoles; la segunda en francés, caracteres 
franceses; la tercera en latín, caracteres ytalianos; 
la cuarta en griego y un pie en hebreo; todos es- 
tos cinco caracteres pinta tan bien que ay pocos 
que pintan mejor, que aprendió con libros del 
Curión de Roma. Sabe mucho de Theología po- 
sitiva y de ambos Derechos. Pasó por esta ciudad 
la Princesa de Conde la vieja y me la pidió de 
parte de la Reyna Margarita, y porque no se la 
quise dar me cobró mala voluntad. Yo le dixe 
que la quería llevar en Barcelona y poner en 
Valldonzella, como era verdad, y de paso le que- 
ría azer dar los grados en Artes y á dotorar en 
Leyes en Mompeller. Díxome que sería mejor en 
Avignon, que aguardaría allá y afavorecería mi 
intención, y estando allá la Uebaría consigo á pa- 
sear por güertas. Entró ha un día en un mones- 
terio de monjas Dominicas reformadas, en donde 
se ha quedado mal mi grado. Es tenida por una 
santa. Tengo echo este discurso tan largo, porque 
no lo tengan á milagro, que buena parte se deve 
á mi diligencia, que los buenos maestros y buenos 
libros y la continuación azen estas cosas que pa- 
recen milagrosas. Trece Gramáticas hebreas de 
diferentes autores tenía, y más de tres meses di 

5 



66 — 



un escudo de ero á un rabín veneciano y mi me- 
sa, para enseñarle la pronunsiasión de la lengua; 
y el Cardenal Du Perron, francés, hombre muy 
doto, la vino á ver y le di(3 el primer lugar del 
más grande griego que ubiese visto. Un teatino 
llamado Gautier, a echo un libro in folio, en fran- 
cés, de las cosas memorables, y la puesto á ella 
sin merecerlo. Yo hize azer su retrato y poner en 
las conclusiones, encima del qual lo an echo en 
muchas partes de Alemana y Flandres; el que va 
aqui se a echo en París; y guarde Nuestro Señor 
á V. M. como puede. 
De Lion á 12 de Setiembre 161 3. 

Joan Antonio Morell (1). 

Lope de Vega dice de ella en su Laurel 
(Silva II). 

¡Oh Juliana Morella, oh gran constancia 
con quien fuera plebeya la arrogancia 
hoy de Argentada Pola, 
aunque fué como tú docta española! 
Porque mejor por ti, que has hecho cuatro 
las Gracias, y las Musas diez, pudiera^ 
que por Safo, Antipatro 
decir aquella hipérbole que fuera 
más ajustada á un ángel, pues lo ha sido 
la que todas las ciencias ha leído 
públicahiente en cátedras y escuelas; 
con que ya las Casandras y Marcelas 
pierden la fama, y á tu frente hermosa 
rinden en paz la rama victoriosa; 
que en tus sienes heroicas y divinas 
las del laurel son hojas sibilinas, 
haciéndoles en toda competencia 
ventaja tus virtudes y tu ciencia. 

En la Biblioteca Nacional se conserva 
una estampa con el retrato de Juliana Mo- 
rell, grabado por Pedro lode; lleva la si- 
guiente inscripción: 

Juliana Morella, Barcinonensis , Virgo 
hispajia Capuccinoruní habitum pietatis er- 
go gestans. Latinee Grecce et Hebrceae lin- 
guarum perita Philosophiae ac Jurispruden- 
tice studiosa: Theses p/iilosophicas anno 
Christi MDCVI aetatis XIII a se publice 
disputans Margarita Austria; Hispaniarwn 



(:) Revista de Archivos, Bibliotec.is y Museos, año 1876, 
págs 195 á 199. 



Indiarumque Regiiice inscripsit & evulgavit. 
Floreí Lugduni in Gal lia, Musicis instru- 
tnentis aliisque ingenii apprime exercita. 

196, — Traite de la vie spirituelle par 
S. Vincent Ferrier de l'Ordre de S. Domi- 
nique, traduit de Latín en Fran9ez avec 
des remarques & annotations sur chaqué 
chapitre. — Lyon, 1617. — En 12." 

Reimpreso en París, por Dionisio Mo- 
reau, año 1619. 

En 12.'*, 446 págs. 

197. — Exercices spirituels sur reternité, 
avec quelques autres meditations de divers 
sujets, & un petit exercice preparatoire 
pour la sainte profession. — Avignon, Joh. 
Piot. 1637. 

12.^ 456 y 59 págs. 

198. — La regle de S. Augustin traduite en 
Fran^ois, enrichie de diverses explications 
& remarques pour servir d'instruction. — 
Avignon. Laur. Lemolt. 1680. — En 24." 

199. — L'Histoire du retablissement & de 
la reforme de son monastere de sainte Pra- 
xede, avec les vies de quelques religieuses 
du dit monastere decedées de son temps en 
opinión de vertu. 

Se conservaba manuscrita en dicho con- 
vento. 

MORÓN (D.*^ Isabel María). 

200. — Buen amante y buen amigo (co- 
media). 

Citada por Ovilo y Otero en su Catálogo 
ms. que se conserva en la Biblioteca Nacio- 
nal. García de Villanueva en el Origen, épo- 
cas y progresos del Teatro español, pág. 3 1 8, 
llama á esta escritora Gabriela xMorón. 

MOSCOSO DE PRADO 
(D.*^ Ana María). 

201. — Glosa á la piedad religiosa de Feli- 
pe V y D.' Isabel de Farnesio: 



c? 



Piadoso Dios, con anhelo 
busca enfermos afligidos... 

Sagradas Jlores del Parnaso, consonan- 
cias métricas de la bien templada Lira de 
Apolo, que á la reverente cathólica acción 
de aver ido acompañando sus Magestades al 
Ss.'^° Sacramento que iba á darse por Viá- 
tico á una enferma el día 28 de Noviem- 
bre de 1722, cantaron los mejores cisnes 
de España. Dedicado á Doña Isabel Farne- 
sio, por mano de Don Alvaro Ba\án Bena- 



vides. — En Madrid. Imprenta de Juan de 
Ariztia. [1723.] En 4." 

MUÑOZ (D."* Ana). 

Vecina de Madrid. 

202. — Las conversaciones de Emilia: tra- 
ducidas sobre la quinta edición del francés 
al castellano por Doña Ana Muñoz. — Ma- 
drid. En la Imprenta de D. Benito Cano, 
Año de 1797. 

Tres Yols. en 8.° 



N 



NACIMIENTO (Sor Cecilia del). 

203. — [Vida de la madre Ana de San Al- 
berto, religiosa Carmelita Descalza.] — Va- 
lladolid 26 de Septiembre de 1640. 

Autógrafa y con firma. — 12 hojas en 4." 

Biblioteca Nacional.— Mss. V. 419. 

NACIMIENTO (Sor María del). 

204. — Declaración de la madre María del 
Nacimiento, en las informaciones de Ma- 
drid, [sobre la vida de Santa Teresa]. 

Biblioteca de Autores españoles, t. LV, pág. 408. 

NADA (Sor). 

Religiosa del siglo xvii que se encubrió 
con este seudónimo. 

2o5. — En qué consiste un verdadero amor 
de Dios. 

Letra del siglo xvii; nueve hojas en 4.** 

Biblioteca Nacional.— Mss. P. V. 4.» C. 31. Núm. 26. 

206. — Explicación sobre en qué consiste 
la paz del Alma. 

Letra del siglo xvii; cinco hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional.— Mss. P. V. 4.0 C. 31. Núm. 28. 

207. — Pintura del propio amor. 
Letra del siglo xvii; lo hojas en 4.* 

"^ Biblioteca Nacional.- Mss. P. V. 4.° C. 31. Núm. 27. 



Habiendo un día reparado en la cara del propio 
amor, me pareció tan feo su rostro como lo pin- 
taré en este papel; miré con algún espacio á mi 
cruel enemigo y á la primer ojeada le aborrecí de 
corazón, pues me pareció tan feo y abominable 
que no supe á qué compararlo sino al mismo de- 
monio, por no encontrar cosa más vil... todos los 
cabellos de su mal formada cabeza les tenía tan 
enmarañados y enredados y entretejidos con las 
raíces de un bien me quiero, que se hacían como 
una tela fuerte, y tirando así abajo apenas daban 
lugar al pensamiento para que subiese á Dios. 

Sigue describiendo de esta manera alegó- 
rica los defectos del amor propio. 

208. — Quartillas A un alma que padece 
soledad interior: 

Un alma afligida y triste 
se ve en un campo, desierta, 
y en él su esposo la tiene 
atormentada y sedienta... 

Letra del siglo xvii; dos hojas en 4." 

Biblioteca Nacional.— Mss. P. V. 4." C. 31. Núm. 28. 

NARCISA 

Poetisa granadina del siglo xvii. 
Alábala en estos versos D. Agustín Colla- 
do del Hierro: 

Sola Narcisa por deidad del suelo 
es hoy como belleza peregrina, 
en el ingenio espíritu del cielo, 
flor en los años de beldad divina; 



-^69 



• ningún pincel atreve su desvelo, 
color ninguno ideas determina 
porque jamás el arte ha contemplado 
cifrado el sol al cielo trasladado (i). 

209. — En elogio de Felipe IV. Soneto: 

Feroz aplauso, vencedora fiera 
Que escarcha alientas, que centellas giras, 
Ciego furor, con que valiente aspiras 
Á la mayor victoria que te espera... 

Anfiteatro de Felipe el Grande Rey Ca- 
tólico de las Españas... Dedícale á Su Ma- 
gestad Don Joseph Pellicer de Tovar. — En 
Madrid, por Juan González, año MDCXXI. 

NARRIONDO 
(D.* María de la Soledad). 

210. — Carta de D.' María de la Soledad 
Narriondo contra el abuso de tener pajes 
sin poder mantenerlos. 

Diario de Madrid, año 1789, tomo XI, 
págs. 261 y 262. 

NARVAEZ (D.*' Hipólita de). 

21 1. — Poesías. 
Soneto: 

Atended que amenguades las espadas... 
Soneto: 

Engañó el navegante á la Sirena... 
Soneto: 

Fuese mi sol y vino la tormenta... 
Soneto: 

Leandro rompe con gallardo intento... 

Primera parte de lascares de poetas ilus- 
tres de España, dividida en dos libros. Or- 
denada por Pedro Espinosa. — En Vallado- 
lid, Por Luys Sánchez. Año M.DCV. 

Reimpresas en la edición de Sevilla, 1 896, 
números 80, 95, 133 y 180. 



(i) Granada. Poema. Libro VIL Ms. del siglo xvii. (Bi- 
blioteca Nacional.) 



Reproducidas las tres últimas en la Bib. de 
Aut. esp., tomo XLII, págs. 18, 24 y 30. 

NARVAEZ (D.^ Luciana). 

Poetisa de Antequera. Vivió en la prime- 
ra mitad del siglo xvii. 
De ella escribía Cabrera: 

En la Poesía han florecido muchos sujetos, y 
porque sería largo referirlos, sólo haré mención 
de tres mugeres: D." Luciana y D.* Hipólita de 
Narváez, cuyos ingenios se conocerán por algunas 
de las obras que andan impresas en el libro de las 
Poesías de varones ilustres del Licdo. Pedro de 
Espinosa. Y en especial D.* Cristobalina Fernán- 
dez de Alarcón, de quien si no es passando á elo- 
gio no se puede hablar debidamente. 

(Descripción de la fundación y antigüe- 
dad, lustre y grandevas de la muy noble 
ciudad de Antequera, obra postuma del P. 
M. Fr. Francisco de Cabrera. Cap. XVI.) 

Debo á la amabilidad del ilustre escritor 
sevillano D. Francisco Rodríguez Marín 
los siguientes documentos que parecen re- 
ferirse á D.* Luciana: 

En trece días del mes de Enero de mili e qui- 
nientos y noventa y siete años, yo el Bachiller 
Joan de la Puebla baptizé á Lucia Ana, hija de 
Antonio de Torres y de doña Manuela de Torres 
su muger; fué su padrino el Hermano Alonso, er- 
mitaño de la Madalena; y asimismo baptizó á 
Joana María, anbas de un vientre, hija de los su- 
sodichos; fué su padrino el Padre Fray Pedro de 
Torres, frayle de San Agustín. En fe de lo qual 
lo firmé; fecho ut supra. — Juan de la Puebla. 

Antequera. Parroquia de Santa María. Libro III de Bau- 
tismos, folio 224. 

En Antequera, en diez y ocho días de Agosto 
de mil y seiscientos y catorze años, el Dotor Luis 
Rodríguez, Cura de la iglesia del Sr. San Sebas- 
tián, con licencia del Sr. Obispo de Málaga don 
Juan Alonso de Moscoso, desposó por palabras 
de presente que hicieron verdadero matrimonio, 
al Licenciado Diego Sánchez Sarnosa, hijo de 
Juan Sánchez Sar9osa y de doña Catalina su niu- 
ger, con doña Luciana Naruáez, hija de don Anto- 
nio de Torres y de doña Manuela de Torres y Es- 
quibel su muger; fueron testigos el mismo Obispo 



— 70- 



que se halló presente y Dionisio Maldonado su 
Secretario, y yo el Licdo. Luis Martín de la Pla- 
9a, Cura de la Sta. Iglesia mayor de esta ciudad;, 
dispensó el Sr. Obispo en que se hiciese el dicho 
desposorio sin amonestaciones, y assi se hicieron 
después; de todo lo qual doy fe. Fecho ut supra. 
Licdo. Luis Martin de la Plaga. 

Antequera. Archivo parroquial de Santa María. Lib, III 
de Matrimonios, fol. 19. 

En Antequera, en veinte días de Nouiembre de 
seiscientos y catorze años, yo Luis Martín de la 
Piafa, Cura de la Iglesia mayor desta ciudad, di 
licencia al Sr. Dotor Alonso Sánchez Sarfosa, 
Canónigo Magistral, para que velasse, y el suso- 
dicho veló, al Licdo. Diego Sánchez Sarnosa su 
ermano, con doña Luciana de Naruáez; fueron 
padrinos don Francisco de Arrese i Narváez y 
doña Francisca de Oviedo su muger; testigos Juan 
Pérez de Tudela, presbítero, y Juan de Gálvez, 
sacristán. En fe de lo qual lo firmé; fecho ut 
supra. — Licdo. Luis Martin de la Plaga. 

Libro y folio citados. 

En Antequera á 29 de Septiembre de 1643, el 
Sr. Dr. Luis Pérez de Gastejón, Canónigo y Vica- 
rio, desposó á D. Alonso de Sarnosa y Narváez, 
hijo de D. Diego de Sarfosa y de D.* Luciana de 
Narváez, con D." Francisca Antonia Salido, hija 
de D. Francisco Salido y de D." Catalina de Alar- 
cón. Precedió sólo una monición, por dispensa del 
Provisor de Málaga. Testigos el Sr. D. Luis de 
Peralta y Cárdenas, Caballero de Santiago y Co- 
rregidor de Antequera, D. íñigo de Viedma y Bal- 
tasar Díaz de Madrid. 

En 3o de Febrero de 1644 tuvo lugar la vela- 
ción, en la que fueron padrinos D. íñigo de Vied- 
ma Alarcón y D." Isabel Jacinta. Los veló el Li- 
cenciado Benito Sarfosa, presbítero. 

Antequera. Archivo parroquial de San Pedro. Lib, VIII. 
folio no. 

Doña Luciana de Narváez murió abintestato en 
II de Diciembre de 1621. 

Antequera. Parroquia de Santa María. Libro I de De- 
funciones, folio 6." 

212.— Á la Magdalena: 

,J Dónde está el oro, ilustre Madalena 
que al cuello de marfil riquezas daba? 

Primera parte de las flores de poetas ilus- 
tres dé España, divididas en dos libros. Or- 
denada por Pedro Espinosa. — En Vallado- 
lid, por Luys Sánchez. Año MDCV. 



Reproducida en la edición de Sevilla, 
1896, núm. 230. 

Reimpresa en la Biblioteca de Aut. esp., 
tomo XLII, pág. 38. 

NATIVIDAD (Sor Cecilia de la). 

Nació en Valladolid en el año iSyo. Fué 
hija de Antonio Sobrino y María de Mori- 
llas. Entró en el convento del Carmen Des- 
calzo de Valladolid y murió allí á 6 de Abril 
de 1646. 

213. — Comentarios sobre algunos lugares 
de la Sagrada Escritura. 

214. — Tratado acerca de la Inmaculada 
Concepción. 

21 5. — Su vida. 

216. — Poesías místicas. 

Las tres primeras obras se conservaban 
manuscritas en el convento de Valladolid y 
la cuarta en el de Madrid. 

Villiers. Bibliütheca Carmelitana, 

NAVA (D.* María Francisca de). 

217. — Sueño alegórico, por la mexicana 
Doña María Francisca de Nava, dedicado á 
la religión, objeto amable de la Antigua y 
Nueva España. — Impresa en la Oficina de 
Doña María de Jauregui. Año de 1809. 

Seis hojas en 4.* 

Bib. Nac— Sección de Varios. Fernando VIL Paquete» 
6n 4.° núm. 138. 

Acaba así este opúsculo: 

Vi á las dos Matronas que poniendo las manos 
en sus pechos sacaban sus corazones y los arro- 
jaban en el fuego; abrió la Religión su libro, em- 
puñó la España su espada y abrió sus manos li- 
berales la América ofreciendo todos sus tesoros; 
se estrecharon con la Cruz y juraron en manos 
de la Religión la venganza de su Rey; la España 
desarrolló su rodela en que con letras de oro se 
leía: Viim Fernando; y la América echando al 
hombro su carca.x, salió gritando: que viva siem- 
pre y para siempre viva el sol de ambas Españas, 
que es Fernando. 



i 



— 71 — 



NAVARRA (D.'"^ María de). 

218.— Garlas á S. M. para que fuese nom- 
brada Abadesa de las Huelgas D." Ana de 
Austria. 

Fechadas á 31 de Enero, 8 de Marzo y 
28 de Abril de i6o5; otra sin año. 

Firman estas cartas, además de D." María 
de Navarra, las restantes monjas de las 
Huelgas. 

Archivo de Simancas.— Patronato cclcsiistico. Lcg. 295. 

Según se desprende de los documentos 
contenidos en este y otros legajos que tra- 
tan de las Huelgas, la disciplina estaba re- 
lajadísima en aquel monasterio, y costó no 
poco trabajo restablecerla. 

NAVARRA Y DE LA CUEVA 
(D."" Antonia Jacinta de). 

Hija de D. Felipe de Navarra, Caballero 
de Santiago, y D." Mariana de Aponte y 
Mendoza. Dícese que entre sus ascendientes 
figuraba el rey de Navarra Carlos 111. Nació 
á 10 de Diciembre del año 1601 y fué la pri- 
mogénita. De sus hermanos, D. Pedro de 
Navarra (i) fué Marqués de Cabrega; Don 
Felipe, Capitán de caballos y Caballero de 
San Juan. De sus hermanas, D." Isabel Ma- 
ría entró en las Huelgas y llegó á ser aba- 
desa; D.' María Matías casó con D. Diego 
Pimentel, Marqués de Gelves y Virrey del 
Perú; D." Blanca Silveria con el Conde de 
Belchite. Á los siete años cumplidos tomó 
D." Antonia Jacinta el hábito en las Huel- 
gas y profesó á 4 de Febrero de 161 8, en 
manos de la Abadesa D." Ana de Austria. 
Muy luego comenzó á tener arrobos y vi- 
siones, pasando los viernes sin sentidos, en- 
teramente separada del mundo. A 30 de 

(i) D. Pedro de Navarra y de la Cueva escribió el libro 
rotulado Logros de la Monarquía en aciertos de un pali- 
do.— Madrid. J. de Paredes. 1669. En 4." 



Junio del año 1653 fué elegida abadesa, car- 
go que desempeñó el trienio legal, acrecen- 
tando los bienes temporales del monasterio. 
Falleció á 25 de Agosto de i656. 

219. — Jardín de flores de la Gracia: escue- 
la de la mejor doctrina; vida, y virtudes de 
la prodigiosa, y venerable señora Doña An- 
tonia Jacinta Navarra y de la Cueva, Aba- 
desa del Ilustrissimo, y Real Monasterio de 
las Huelgas, cerca de Burgos, del Orden del 
Glorioso, y Melifluo Padre San Bernardo. 
Sacada á la letra de los quadernos, que por 
mandado de sus Confessores dexó ella mis- 
ma escritos; y dada á la estampa por el 
R.mo p. M. Fr. Juan de Saracho, de la mis- 
ma Orden, Abad, Visitador, y Definidor, 
que fué muchas vezes, y Confessor de la 
Venerable. Aora nuevamente reimpressa, 
concordada, y añadida en un Prólogo His- 
torial, el libro Séptimo, y otras muchas 
partes del tomo por el R. P. M. Fr. Joseph 
Moreno Curiel, del Sacro, y Celestial Or- 
den de la Santíssima Trinidad, Redempción 
de Cautivos, Lector Jubilado, Ministro, que 
ha sido de su Real Convento de Burgos, y 
Chronista General de la Religión, nombra- 
do el año de 1730, en el Capítulo Provin- 
cial. Dala al público la Ilustríssima Com- 
munidad del Real Convento de las Huel- 
gas: y en su nombre la Ilustríssima Señora 
Doña María Theresa Badaran de Ossinalde, 
Abadesa, que es oy de dicho Real Monaste- 
rio, y de sus Filiaciones, &. Quien le de- 
dica á la Sereníssima Señora Doña María 
Bárbara de Portugal, Princesa de Asturias, 
esposa del Sereníssimo Señor Príncipe de 
Asturias Don Fernando, Hija de los Seño- 
res Reyes de Portugal, Don Juan V. y Doña 
María Ana de Austria. Con privilegio.— En 

Burgos, en la imprenta de Athanasio Fi- 

gueroa, año de 1736. 



— 72 — 



694 págs. á dos col. en &.• doble, más 37 
hojas al principio y 19 al final. 

Port.— Ded. de D.* María Teresa Hadarán y 
Ossinalde. De las Huelgas, 20 de Mayo de lySó.— 
Censura de Fr. Malaquías de Mayorga. Salaman- 
ca, 22 de Marzo de lySS.— Fe de erratas.— Suma 
de la tasa.— Real Privilegio. Aranjuez, 3o de Mayo 
de 1735.— Aprobación de Fr. Agustín Sánchez. 
Convento de la Trinidad, i.° de Enero de 1735.— 
Licencia de la Orden, por Fr. Pedro de Espinosa.— 
Censura de D. Diego de Escalona. Burgos, 3o de 
Noviembre de 1734.— Prólogo. (Contiene una cu- 
riosa y larga historia del monasterio de las Huel- 
gas.)— Tabla de los libros y capítulos.— Retrato 
de D.* Antonia Jacinta de Navarra hecho por 
Marcos Orozco, presbítero, en Madrid, año 1678.— 
Texto.— índice de los textos de Escritura.— índice 
de las cosas más notables. 

NAVARRETE 
(D.* María de los Dolores). 

Estuvo casada con el Marqués de Guardia 
Real. 

Habiendo sido en el año 1808 reducida á 
prisión por los franceses D." María de Arria- 
za, su marido quiso tomar represalias, y 
halló ocasión propicia cuando D. Francisco 
Abad, guerrillero manchego, atacó un con- 
voy en las gargantas de Sierra Morena é hizo 
prisionera á D." María de los Dolores Nava- 
rrete, cuyo esposo era partidario de José I. 

220. — Carta al Generaldel ejército de Va- 
lencia, en que solicita su libertad. 

Elche de la Sierra, 12 de Octubre de 18 10. 

Publicada en el siguiente folleto: 

Manifiesto del Mariscal de Campo Don 
Luis Alexandro de Bassecourt, Comandante 
general de la provincia de Cuenca, é interi- 
no del exército y rey no de Valencia ^ sobre 
el cange de su esposa Doña María de las 
Nieves Arriai^a, con Doña María de los Do- 
lores Navarrete, muger del Marqués de 
Guardia Real, comandante de un esquadrón 
de húsares de la Guardia del Rey intruso. — 



Valencia: En la imprenta de José Estevan. 
Año 181 1. 

27 págs. en 4.* 

D." María de las Nieves Arriaza era her- 
mana del célebre poeta Juan Bautista de 
Arriaza. 

NAVARRO (D.* Francisca). 

221. — El ajuste de la bolera ó una intriga 
en el teatro. Comedia en prosa en tres ac- 
tos. — Barcelona. Imp. de Joaquín Verda- 
guer. 1829. — En 8." 

222. — Defensa de coquetas. Pieza en un 
acto y en verso. — Barcelona. Imp. de To- 
rras. 1828.— En 8." 

223. — Las dos épocas ó la destrucción de 
su familia. Drama trágico en seis actos, en 
prosa, separado en dos piezas distintas de 
tres actos cada una. — Barcelona. Imp. de 
Joaquín Verdaguer. 1829. — En 8.* 

224. — El hombre hace á la mujer. Come- 
dia en tres actos y en prosa. — Barcelona, 
Imp. de Joaquín Verdaguer. 1829. — En 8." 

225. — La tonta, ó el ridículo novio de las 
dos hermanas. Pieza en un acto. — Barcelo- 
na. Imp. de Torras. 1828. — En 8." 

226. — Mi retrato y el de mi compadre. 
Comedia satírica en tres actos y en prosa, 
original de Francisca Navarro. — Barcelona. 
Imp. de J. Verdaguer. 1829. 

78 págs. en 8." 

227. — El enamoradizo, en tres actos y en 
prosa. 

228. — La tonta, en un acto y en verso. 

229. — El marido de dos mujeres. Come- 
dia en tres actos, original de Francisca Na- 
varro. — Barcelona, 1828. 

230. — Querer y no querer, en cinco actos 
y en verso. 

231. — Una noche de tertulia ó el coronel 
Don Raimundo. Comedia en tres actos, 



— 73 — 



original de Francisca Navarro. — Barcelo- 
na, 1828. 

232. — La andaluza en el laberinto, en un 
acto y en prosa. 

Diccionario general de Bibliografía española, por don 
Dionisio Hidalgo. 

NAVARRO (D.* Isabel). 

233. — Soneto: 

Con fuerte lazo tiernamente estrecho 
Cristo y Teresa en dulce amor unidos 
hacen en vivo fuego convertidos, 
de dos un cora9on, de dos un pecho... 

Retrato de las fiestas que á la Beatifica- 
ción de la Bienaventurada Virgen y Madre 
Santa Teresa de lesus, hi\o la Imperial 
ciudad de Zaragoga. Por Luis Die^ de 
Aux. — En Zaragoga. Por luán de la Naja y 
Quartanet. 161 5. 

Pág. 87. 

NAVAS (iMaría de). 

234. — Manifiesto de María de Navas, la 
Comedianta, en que declara los justos mo- 
tivos y causas urgentes que tuvo para hacer 
fuga de la villa de Madrid, Corte de Casti- 
lla, á la ciudad de Lisboa, Corte de Por- 
tugal. 

En 4.**; s. 1. n, a. 36 págs. 

235. — Copia de una carta que ha escrito 
María de Navas, la Comedianta, en res- 
puesta de otra que recibió en Lisboa, acom- 
pañada de un papelejo intitulado: Defenso- 
nario general, que (suponiéndole escrivió 
de su orden) ha publicado Don Fulano de 
Tal, un Ingenio que dize vive en la Cor- 
te, y es nacido, y criado en las Batuecas. 

Imp. s. 1. n. a. — En 4.°, 14 hojas. 

Título.— Texto. — Al fin: Lisboa y Abril 
6 de 1695. María de Navas. 

Es muy dudoso que María de Navas es- 
cribiese estos folletos. 



NAVAS (D.* Mariana de). 



Natural de Vélez Málaga é hija del Li- 
cenciado Bartolomé González y de D.* Ma- 
ría de Navas. Contrajo matrimonio en el 
año 1 591 con Luis Barahona de Soto y que- 
dó viuda, sin sucesión, en Noviembre de 
iSgS. Era D.' Mariana bastante culta y de 
tan buen gusto, que, según afirma el señor 
Rodríguez Marín, Luis Barahona la consul- 
taba con frecuencia y ella «emitía juiciosas 
opiniones sobre sus escritos». 

Luis Barahona de Soto. Estudio biográ- 
fico, bibliográfico y critico por Francisco 
Rodrigue^ Marín. Obra premiada con me- 
dalla de oro, en público certamen, por la 
Real Academia Española é impresa á sus 
expensas. — Madrid. Est. tip. «Suc. de Riva- 
deneyra». 1903. 

236. — De la Sra. D.' Mariana, mujer del 
Licenciado Luis Barahona de Soto, el día 
de su partida. Soneto. 

¡Ay! caro amigo, ay mi agradable esposo... 

NAVASCUES (D.* Ana de). 

En el juicio de un Certamen verificado 
en Zaragoza para celebrar la Beatificación 
de Santa Teresa, es citada como poetisa en 
estos versos: 

Doña Ana de Navascues 
Procuró con gallardía 
Glosar nuestros cuatro pies, 
Y aquí dársele querría 
El premio que mayor es. 
Mas pues tan tarde ha venido 
Que alcanzarlo no ha podido. 
Tendrá su frente dichosa 
Una guirnalda preciosa 
Que Minerva le ha tejido. 

Retrato de las fiestas que á la Beatifica- 
ción de la Bienaventurada Virgen y Madre 
Santa Teresa de lesús hi^o la Imperial ciu^ 



— 74 



dad de Zaragoga. Por Luis Die\ de Aux.— 
Zaragoza, por Juan de la Naja. i6i5. 
Pág. 121. 

NA VIA Y BELLET 

(D.*' Francisca Irene de). 

Marquesa de Grimaldo. 

Fué hija del Marqués de Santa Cruz de 
Marcenado y nació en Turín á 19 de Enero 
de 1626; la bautizaron en el mismo día, 
siendo sus padrinos, en nombre de los Du- 
ques de Parma, el Marqués D. Juan Bau- 
tista Ripa Boscheto de Giaglioni y la Mar- 
quesa de Cena: su padre fué bien conocido 
por las excelentes obras que dio á luz, cua- 
les son las Reflexiones militares, impresas 
en Turín el año 1724, en 12 tomos en 4.°, 
y la Rapsodia económica, y alcanzó los ele- 
vados cargos de Teniente general de los 
reales Ejércitos de S. M., Embajador de 
España en las Cortes de Turín y París, y 
Ministro. Plenipotenciario en el Congreso 
de Soissons. La madre de D." Francisca 
Irene fué Dama de la reina D.* Isabel Far- 
nesio. 

En el Memorial literario del año 1786 se 
publicó una biografía de esta escritora que 
dice así: 

Después de la gloriosa muerte del Señor Mar- 
qués de Santa Cruz en los campos de Oran, se 
restituyó á España la Señora Marquesa viuda, 
con los cuatro hijos que la quedaron, y deseando 
instruirlos con la mayor perfección les destinó 
por ayo y maestro á Don Bernardo Ward, Autor 
del excelente libro Proyecto económico, el cual, 
reconociendo el singular talento de su alumna 
Doña María Francisca Irene, y su afición á las 
letras, la enseñó la Gramática, Retórica y Filoso- 
fía, de la que defendió conclusiones en su casa, 
con asistencia de varias p2rsonas eruditas de esta 
Corte. Además aprendió con perfección las len- 
guas española, francesa, italiana, inglesa y alema- 
na; las traducía, leía, escribía y hablaba, y tuvo 
bastante conocimiento de la griega. 



Se casó con el Señor Marqués de Grimaldo (i)' 
actualmente Teniente general de los Reales Exér- 
citos, Gentil-hombre de Cámara de S. M., Canci- 
ller del insigne Orden del Toisón y Comendador 
de Ribera y Acenchal en la Orden de Santiago, en 

10 de Agosto de 1760, de cuyo matrimonio tuvo 
tres hijos que murieron antes de entrar en el uso 
de razón. 

Durante su vida dio muchas pruebas de su ta- 
lento, prudencia y religión; todos los días, después 
de haber empleado muchas horas en los templos, 
distribuía varias limosnas; y cada año, el día de 
San Joseph, vestía á tres pobres, y el día de Santa 
Ana á una niña, en el que daba de comer á cinco 
pobres sirviéndoles la mesa, y después, puesta de 
rodillas, les besaba la mano, y encargándoles la 
encomendasen á Dios les daba 20 reales de li- 
mosna. 

También dio pruebas de su singular piedad en 
su última enfermedad de ocho meses, durante la 
cual hizo confesión general y recibió á su Divina 
Maiestad dos veces por Viático y una por devo- 
ción. Últimamente recibió la Extrema-Unción con 
todo su conocimiento, y entregó su alma á Dios 
el día 10 de Marzo de este año (1786). Fué Condu- 
cido su cadáver á la Iglesia de Religiosas Capuchi- 
nas, donde estuvo de cuerpo presente lodo el día 

1 1 hasta el anochecer, que fué trasladado al con- 
vento de nuestra Señora de Valverde, distante dos 
leguas de esta Corte, donde fué sepultado. 

Aunque compuso esta Señora en la edad más 
madura excelentes versos latinos y castellanos, y 
tenía hechas algunas traducciones del latín y fran- 
cés, pocos años antes de morir quemó por su 
mano todos los borradores; dejándonos por esta 
causa en el desconsuelo de no poder aplaudir su 
erudición y producciones literarias, que se pueden 
calcular por los versos latinos que á la edad de 
16 años compuso en alabanza del Señor Infante 
de España Don Felipe de Borbón, los que pudie- 
ron escapar de sus manos por haberse impreso en 
las Memorias de '/Vewux correspondientes al mes 
de Marzo de 1742... (2) 



(i) Obsequioso plausible métrico Epitalamio que á las 
felices bodas del Sr. Marques de Grimaldo, Comendador 
y Cavallero del Orden de Santiago, Gran Canciller del 
Insigne Orden del Tuysón de Oro, con mi señora Doña 
Irene de Navia y Bellet, hija de los Excelentissimos Se- 
ñores Marqueses de Santa Crus^ de Marcenado, C. O. Y. D. 
la humilde pluma de Don Antonio Benito Vidaurre de 
Orduña, criado Mayor de la Excelentissima Señora Mar- 
quesa de Grimaldo.— Imp. s. 1. n. a. 

Seis hojas en 4." 

(2) Memorial literario de 178Ó, mes de Mayo, p.ígi- 
nas 68 á 73. 



i 



Otro escritor del siglo xviii decía de Doña 
Irene: 



-75- 

Conservábanse estas obras manuscritas 
en el monasterio citado de Bocairente. 



Marquesa de Grimaldo, hija del sabio y valero- 
so general D. Alvaro. Heredó el alma de su gran 
padre. Es de las mujeres más doctas de estos tiem- 
pos y gran poetisa, como lo sabe todo Madrid por 
sus comedias y demás obras. He visto algunas 
suyas que me dieron una gran idea de su nu- 
men (i). 

237. — Hizo varias traducciones del latín 
y del francés, pero las quemó; sólo conoce- 
mos de ella unos versos exámetros que com- 
puso á los 16 años, con motivo de llegar el 
Infante D. Felipe á Italia. Se publicaron en 
las Memorias de Trevoux (año 1742). Prin- 
cipian: 
Ergo venit nostras dudum expedatus ad oras... 

Los ha reproducido D. Diego Parada en 
su libro Escritoras y eruditas españolas. 

NEBOT Y COSCOLLA 
(Sor Josefa Antonia). 

Nació á 23 de Agosto de 1750 en Bocai- 
rente; allí profesó en el convento de reli- 
giosas Agustinas, en el año 1771. Falleció á 
12 de Diciembre de 1773. 

238. — Relación de lo que pasaba en su 
espíritu. 

Ms. de 1 18 hojas. 

239. — Relación de su vida hasta su ingre- 
so en el Monasterio. 

240. — Varias coplas muy devotas y espi- 
rituales al Niño Jesús de la Estrella, que se 
venera en dicho convento. 



(i) Biblioteca asturiana. Ms. del siglo xviii extractado 
por Gallardo, tomo I del Ensayo de una Biblioteca de li- 
bros raros y curiosos. 

Cnf. Biografía del Marqués de Santa Cru:^ de Man^t- 
nado, por Ángel de .Mtolaguirre y Duvale, con un pró- 
logo de Don Luis Firfarf.— Madrid. Imp. del Cuerpo ad- 
ministrativo del Ejército, i885. 

Un vol. en 4.0 de xxi-181 pág>. 

Vida y escritos del Marqués de Santa Crui^ de Marce- 
nado, por Juan de Madariaga y Suáre^.— .Madrid, Esta- 
blecimiento tip. de Enrique Rubiños. 1886, 

717 págs. en 8.0 doble. 



Fustér, Biblioteca valenciana. 

NESBITT Y CALLEJA 
(D.^ María Micaela). 

241. — Zulima; novela histórica traducida 
del francés por Doña María Micaela Nesbitt 
y Calleja. — Madrid. F. de la Parte. 1817.— 
En 8." 

NEVARES Y SANTOYO 
(D.*'' Antonia de). 

Hermana de Marta de Nevares, la última 
amiga que tuvo Lope de Vega. 

242. — Soneto á la Condesa de Olivares: 

Símbolo de la paz te cupo en suerte 
ave de Venus, celestial, no humana... 

Publicado en los Triunfos divinos de 
Lope de Vega. 
243. — Redondillas: 

Zarza de Moysén divino 
que os ardéis y no os quemáis, 
^cómo tras el fuego os vais 
si tanto el fuego camina?... 

Relación de las fiestas que la insigne villa 
de Madrid hi^o en la Canonización de su hijo 
y Patrón San Isidro, con las comedias que 
se representaron. Dirigida á la misma villa 
por Lope de Vega Carpió. — Madrid, 1622. 

En estas mismas fiestas Lope la elogió en 
el romance á los premios, diciendo: 

Doña Antonia de Nevares 
Hermosa con tanto extremo 
Que estuviera disculpada 
Á faltarle entendimiento. 

NEVARES Y SANTOYO 
(D." Marta de). 

Nació en Alcalá y á los 13 años contrajo 
matrimonio con el desdichado Roque Her- 
nández. Hacia el año 1610 contrajo ilícitas 



-7^^ 



amistades con Lope de Vega, quien ya era 
clérigo, y fruto de estos amores fué una 
niña nacida á 12 de Agosto de 1617, bauti- 
zada el 26 con los nombres de Antonia Cla- 
ra. Lope consigna con demasiada libertad 
el origen y progresos de sus aventuras en 
las cartas al Duque de Sesa. 

Doña Marta quedó viuda en 1619, y es 
probable que continuaran sus intimidades 
con Lope. Más adelante quedó ciega casi de 
repente y murió poco después. 

La hija fruto de este adulterio, vivió con 
su padre hasta que siendo de 17 años huyó 
con un amante que la sedujo por medio de 
una Celestina. Todo esto consta en la Églo- 
ga de Lope, Filis, que en el fondo es his- 
tórica. 

El Fénix de los ingenios dedicó á Marcia 
Ltonarda, esto es, D.* Marta de Nevares, 
sus novelas y dos comedias: La viuda va- 
lenciana y Las mujeres sin hombres. En la 
dedicatoria de la primera se lee: 

Si V. m. hace versos, se rinden Laura Terraci- 
na, Ana Bins, alemana, Safo, griega, Valeria, lati- 
na, y Argentaria, española. 

Doña Marta fué muy celebrada por su 
destreza en la música y por su primor en el 
canto. 

Fallecióen Madrid áy de Abril de 1632(1). 

Cnf. Últimos amores de Lope de Vega 
Carpió, revelados por él mismo en cuarenta 
y ocho cartas inéditas y varias poesías. — 
Madrid. Imprenta de Ducazcal. 1876. 

Referentes á D." Marta y á su familia he- 
mos visto los siguientes papeles: 

Adición al memorial del pleyto que trata doña 
Isabel de Moxica, viuda de don Francisco Ñaua- 
res de Santoyo, madre, y curadora de sus hijos. 



(t) A. Tomi'.o y C. Pérez Pastor, Proceso de Lope de 
Vega por libelos contra unos cómicos.— Madrid. Est. tip. 
de Fortanet. 1903. 

Pág. 303. 



Con doña Luisa y doña Dionisia de Santoyo, her- 
manas del dicho don Francisco. 
Firmada por Andrés de Palacio. 

ímp. s. 1. n. a. 

Nueve hojas en folio. 

Por doña Isabel de Moxica, viuda de don Fran- 
cisco de Neuares Santoyo, madre, y curadora de 
sus hijos. Con doña Luisa, y doña Dionisia de 
Neuares Santoyo, hermanas del dicho don Fran- 
cisco. Adición á la información hecha por la di- 
cha doña Isabel. 

Firmado por el Licdo. Jerónimo de Camargo. 

ímp. s. 1. n. a. 
10 hojas en folio. 

Por doña Isabel de iVIoxica, viuda de don Fran- 
cisco de Neuares Santoyo, madre, y curadora de 
sus hijos. Con doña Luisa, y doña Dionisia de 
Neuares Santoyo, hermanas del dicho don Fran- 
cisco: viudas ambas, la vna de don García Brauo 
de Acuña, Castellano de Milán, Cauallero de la 
Orden de Santiago. Y la otra de don Rodrigo An- 
tonio Pacheco, Cauallero de la misma Orden, y 
señor de Minaya. Sobre la rescisión de las dona- 
ciones graciosas, que el dicho don Francisco hizo 
y prometió á las dichas sus hermanas quando se 
concertaron de casar con los dichos sus maridos, 
sobre lo que les dio en pago de sus legítimas, pa- 
terna y materna: y desde el día del nacimiento del 
primer hijo que el dicho don Francisco tuvo del 
matrimonio con la dicha doña Isabel. 

Firmada por el Licdo. Jerónimo de Camargo. 

ímp. s. I. n. a. 

14 hojas en folio. 

Por doña Lvisa de Santoyo, viuda de don Gar- 
cía Brabo de Acuña, Cauallero del Hábito de San- 
tiago, Comendador de la Oliua, del Consejo de 
Guerra de su Magestad, y su Castellano del Casti- 
llo de Milán, y por doña Dionisia de Santoyo, 
viuda de don Rodrigo Antonio Pacheco, señor de 
Minaya, con doña Isabel de Moxica, viuda de don 
Francisco de Santoyo, hermano de las dichas 
doña Luisa y doña Dionisia, como curadora do 
sus hijos y del dicho su marido. 

Firmada por el Dr. D. Pedro de Meneses. 

ímp. s. 1. n. a. 
33 hojas en folio. 

Por doña Lvisa, y doña Dionisia Neuares de 
Santoyo. Con doña Isabel de Moxica y Gueuara, 



madre, tutora, y curadora de sus hijos, y de don 
Francisco Neuares de Sanioyo su marido difunto. 
En respuesta de la información contraria. 
Firmada por el Licdo. Paulo de Vitoria. 

Imp. s. 1. n. a. 
1 5 hojas en folio. 

Con esta alegación hay una copia manuscrita 
de la Real cédula por la cual Felipe II concedió á 
D. Francisco de Nevares y Santoyo la escribanía 
mayor de las alcabalas, almojarifazgos, tercias y 
monedas del arzobispado de Sevilla, obispado de 
Cádiz y villas de Frejenal, La Higuera, El Bodo- 
nal y Marutera, vacante por muerte de D. Sebas- 
tián Cordero Nevares de Santoyo, padre de don 
Francisco. 

Fechada en Madrid á lo de Enero de iSSg. 

Dos hojas en fol., letra del siglo xvii. 

Biblioteca Nacional.— Sección de Varios. Alegaciones 
jurídicas. Legajo 1.007. 

Memorial del pleito que trata doña Isabel de 
Moxica, viuda de D. Francisco Nebares de Santo- 
yo, madre y curadora de sus hijos, herederos del 
dicho D. Francisco. Con doña Luisa Nebares de 
Santoyo, viuda de D. García Brauo de Acuña, 
Castellano que fué del castillo de Milán. Y doña 
Dionisia Nebares de Sanioyo, viuda, mujer que 
fué de D. Rodrigo Antonio Pacheco, señor que 
fué de la viila de Minaya, ambas hermanas del di- 
cho D. Francisco de Santoyo. Sobre la nulidad 
y revocación de las donaciones que el dicho don 
Francisco de Santoyo hizo á cada una de las di- 
chas sus hermanas, para más aumento de las do- 
tes que las dio. 

Firmado por Andrés de Palacio. 

Imp. s. 1. n. a. (acaso en 1638). 
74 hojas en fol. 

Sermón predicado á diez de Enero de i63i, en 
el Conuento de Santa Ana, Colegio de losFrayles 
Minimos de S. Francisco de Paula, de la Vniver- 
sidad de Alcalá de Henares, en las Honras, y cabo 
de año, que se celebraron por don Francisco Ne- 
uares de Santoyo, Escriuano mayor de rentas de 
Seuilla, y Patrón del mismo Conuento. Adonde 
asistieron el Rector con su Mayor colegio; el Abad 
mayor con su Iglesia; el Corregidor con su Regi- 
miento; todas las Religiones, y demás Colegios. 
Por el padre Fr. luán Pastor, Religioso de la dicha 
Orden. Dedicado á D.* Isabel de Mogica y Gueuara, 



77 — 

viuda del dicho D. Francisco Neuares Santoyo. — 
En Madrid, por luán González, año M.DC.XXXI. 

22 hojas en 4.° 

En el folio 18 dice: 

«No he de descubrir deste ilustre Cauallero las 
rayzes, que están bien patentes en la Casa de Ne- 
uares y Santoyo, nobleza ingerta ya en lo más 
puro de España. Un hijo de Sebastián de Santo- 
yo, educado en la casa, palacio y escuela de aquel 
gran Monarca, ^qué pudo salir sino un don Fran- 
cisco de Santoyo, Cauallero tan morigerado, de 
tanta virtud, partes y prudencia, aun en su mo- 
cedad, que mereció los fauores tales y tantos 
como le hizo su Príncipe, emulados de los validos 
de mayor marca? Y porque el último principio 
de su virtud y desengaño fué tan grande, le refe- 
riré á mi auditorio. Hallóse aquel gran Monarca^ 
ya en víspera de su muerte, y teniendo por arri- 
mo, como tan Católico Príncipe, el báculo de la 
Passión de lesu Christo, gustaua de que se la le- 
yessen en aquel tránsito y hora; y estando á solas 
con don Francisco, le dixo: Don Francisco, paré- 
ceme que en tal parte vi un vaneo. Respondióle 
el Cauallero: Sí, Señor. Pues hazed que le iray- 
gan por vuestra vida, don Francisco. Traído, dí- 
xole á don Francisco que leyesse la Passión, y 
estándosela leyendo, leuantó los ojos el gran Mo- 
narca, y puestos en el, le dixo: Sentaos. Temióy 
estimó don Francisco el gran fauor; rehusó hu- 
milde y estimó prudente. Boluió segunda vez á 
mirarle, estimando de don Francisco su pruden- 
cia, y díxole el Rey: Sentaos. Ay quien le oyó 
dezir á don Francisco que entendió era tan gran- 
de fauor hijo del deliro de la muerte. Leuantó 
tercera vez los ojos el gran Monarca, y le dixo: 
Sentaos, que sois hombre, don Francisco. Obede- 
ció prudente y estimó advertido. Muerto su Prín-^ 
cipe, como quien auía llegado á la última raya 
del fauor, trató de su retiro don Francisco y salió 
diziendo: Vanidad de vanidades.'» 

D. Diego Nevares de Santoyo, cuyas pruebas 
para tomar el hábito de Santiago se verificaron en 
el año 1 599, fué hijo de Bartolomé de Santoyo 
y Ana de Ondegardo, nacida en Valladolid. Sus 
abuelos paternos Francisco Cordero de Nevares, 
natural de Santoyo, y Catalina Gutiérrez. Los 
maternos Diego López de León Ondegardo y Je- 
rónima Zarate, ambos vallisoletanos. 

Archivo Histórico Nacional.— Pruebas de los Caballeros 
de Santiago. 

Don Antonio Nevares de Santoyo, cuyas infor- 
maciones para lomar el hábito de Santiago tuvíe- 



-78- 



ron lugar en el año 1660, era hijo de D. Francisco 
de Nevares y Sanloyo y.D." Isabel de Moxica; 
fueron sus abuelos paternos Sebastián Nevares 
de Santoyo, ayuda de Cámara de Felipe II, natu- 
ral de Santoyo, y María Ramírez, nacida en Ma- 
drid; los maternos, Alfonso de Moxica, señor de 
San Cebrián y Zurita, y Mariana de Londoño, 
riojana. 

Archivo Histórico Nacional.—Pruebas de los Caballeros 
de Santiago. 

De Isabel de Santoyo y Nevares hay dos 
cartas originales al Conde de Gondomar, 
D. Diego Sarmiento de Acuña, en la Aca- 
demia de la Historia. Fechada la una en 
Madrid á 4 de Noviembre de 1593 y la otra 
en el mismo lugar, á 21 de Abril, sin indi- 
cación de año. 

NEYRA (D." Antonia de). 

244. — Décima en alabanza de D, José Ro- 
dríguez: 

Lira que el dulce quebranto... 

Métricos afectos, y dolorosas expresio- 
nes, que en muestra de verdadero arrepenti- 
miento ha^e un Pecador, en presencia de 
Christo nuestro Redemptor Crucificado. Su 
autor Don Joseph Rodrigue^, guien los de- 
dica al Señor D. Diego Bustillo Pambley. 

Imp. s. 1. n. a. 

La dedicatoria fechada en Madrid á 2 de 
Noviembre de 1732. 

18 págs. en 4.° 

NIETO DE ARAGÓN (D." María). 

Dadas sus relaciones con el Marqués de 
Torres, con D. Jilan Vincencio de Lastanosa 
y con Uztarroz, opinamos que descendía de 
familia aragonesa, si bien parece que nació 
en Madrid y no en Aragón, pues en este caso 
es incomprensible que la omitiera su amigo 
Uztarroz en el Aganipe, donde cita hasta los 
ingenios mas mediocres de su país. Su naci- 



miento puede fijarse hacia el año 1620, si no 
se quitaba primaveras en el de 1645 al decir 
que tenía «poca edad»; edad que no era la ni- 
ñez, pues ya se hallaba casada entonces con 
D. Francisco de Valdés á quien el Rey hizo 
en el año 1649 Sargento mayor de Asturias. 
En un Ms. de la Nacional (V.-170) se conser- 
van algunas de las cartas que dirigió éste al 
cronista aragonés Juan Francisco Andrés 
de Uztarroz, fechadas en Madrid á 30 de 
Enero, 20 de Febrero, 19 de Septiembre 
y 2 de Octubre del año 1649; en ellas da 
noticias de la Corte, cuales son la llegada de 
los embajadores turcos, las bodas de Feli- 
pe IV y fiestas en el Retiro; en dicho ma- 
nuscrito hay otras de D.* María, y tan in- 
teresantes, que las reproducimos íntegras. 
Hermano de ésta debió serlo D. Rafael Nie- 
to de Aragón, si no nos induce á error la 
igualdad de apellidos, tan expuesta á equi- 
vocaciones, quien compuso unos versos lau- 
datorios, hallándose en el Perú, á la obra 
de Hipólito Olivares y Butrón, rotulada: 
Concepción de Marta Purtssima, impresa 
en Lima por Jerónimo de Contreras, año 
de 1 63 1. 

Cartas de D."^ Marta Nieto de Aragón á 
U\tarroi, 

I 

S.or D.or Juan Francisco Andrés. 

A la raya del desuanecimienio me puso la carta 
de V. md. y casi Ilebada de parecerme ser ya per- 
sona de inportancia, quise pasar los límites que la 
cordura me atajaba; y si en alguna ocasión pudie- 
ra tener disculpa, fuera en ésta, pues me beo con Jl 
excesso fauorecida de v. md., á quien veneran t odos «■ 
por grande; conosco la ventura que he tenido en 
que mis versos llegasen á mano de quien tan vien 
sabe animar á cortos talentos para que se adelan- 
ten y no desmaien en los primeros pasos de cami- Jl 
no tan dificultoso. La grandeva de la materia fué iB 
causa de que pudiese escriuir esos números, el 
affecto del sentimiento justo les dio alma, porque 
para llorar nadie lo sabe mejor a^er que los de 



-79 



poca edad, y en ella las lágrimas si no deleitan no 
enfadan á quien las oie. En las ocasiones que se 
ofiescan sienpre tendré á v. md. por mi Mecenas 
y espero con dilatados elogios manifestar mi reco- 
nocimiento. Guarde Dios á v. md. con los aumen- 
tos de vida y estado que merece y yo deseo. Ma- 
drid 10 de .Mar9o 1645. 

X). María Nieto de Aragón. 

II 

Achaque forzoso dilató responder reconocida á 
la merced que recibo con la aprobación que v. md. 
da á mi Epitalamio; assegurándole que más la es- 
timo que el apluso que su dicha ha conseguido. 

Para escreuirle tomé la pluma violentada por 
my indisposición, si bien con voluntad por ser 
ocasión tan propia desta monarchia; en él conse- 
guí, como V. md. abrá notado, ablar con la desen- 
sia que se deuía á tanto assunto, assegurada de que 
muchos auían de faltar en esta parte, ó por no en- 
tender la materia, ó por lograr el descrebir por me- 
nor la hermosura de nuestra Reyna, que se ha de 
tratar como á cosa suprema. Quando lodos pro- 
curan afectar escuridad, procuré que mis números 
fuessen inteligibles, no faltando á lo superior del 
hymeneo, haciendo más particular estudio de lo 
que auia de callar, aunque conceptuoso, que de lo 
que auia de escrebir. Para el acierto de lo que des- 
seaua vi á Estacio Papín, Catulo, Marino, Zarate, 
Pantaleón y otros muchos; y si tengo decir mi 
sentir, alié que los que se gouernassen por ellos 
en todo no dexarían de dar en escollos ó de caer 
en barios, porque unos por lo gentílico no se auían 
de imitar sino domesticada la frasi con términos 
católicos; otros por lo humilde de las metáforas ó 
por desapropriadas á nuestro Epitalamio, no se 
auían de admitir sus términos. Mas ¡válgame Dios! 
donde camino por senda que no entiendo, juzgan- 
do de tan grandes hombres, y más escribiendo á 
nuestro Liuio español, como si yo fuera para más 
que para a?er bainiilas; y pues conosco my yerro 
no quiero prosseguir en él hurtando el lienpo á 
V. md. que lo gasta tanto en utilidad pública y 
honra de nuestra nación. Guarde nuestro Señor á 
V. md. con las felicidades que merece. My padre y 
don Francisco (i), besan á v. md. la mano, su- 



(1) No creo que éste sea el Licenciado FranciscoNieto, 
de quien hay unos versos en la Pyra religiosa que la muy 
santa Iglesia Primada de las Españas erigió devota á las 
sepulcrales memorias de Su Altei^a el Serenissimo Carde- 
nal Infante D. Fernando de Austria. Por el Licenciado 
Itíseph Gom^áleii de Várela. Madrid: Diego Díaz de la Ca- 
rrera. 1Ó42. 

195 págs. en 4.°, más lo hojas de prels. ' 



pilcándole que los ocupe en muchas cosas de su 
seruicio. Madrid y Decienbre 1 1 de 649. 

D, María Nieto de Aragón, 

S.or D.or Juan Francisco Andrés. 

III 

S.or D.or Juan Francisco Andrés. 

No es nuebo en v. m. fauorecer mi corto caudal 
animándome á que prosiga en los estudios á que el 
natural me inclina, si bien aunque las ocupaciones 
precisas me desuían, alentada con el aplauso de 
V, m. hurto del tienpo algunos espacios en que 
camino lo que puedo por lición de libros selectos 
en nuestro y extraño idioma. Y puedo assegurarle 
que más trabajo en saber el castellano que depren- 
der el latino. 

El Marqués de Torres me escribió remitiéndome" 
el Certamen que con su protección se premia en 
Huesca, y si no fuera por obedecer, no tomara la 
pluma, porque recebí el pliego y carta de v. m. en 
20 deste, y las Musas andan muchas veces fuera de 
casa y no ay darles alcance. 

El soneto que escrebí, que si no me engaña el 
amor proprio es del assunpto con decencia, se ser- 
uirá V. m. de remitir luego al Marqués y á nuestro 
amigo don Juan de Lastanosa, á quien venero sus 
muchas prendas, para que entre en juicio, que al • 
de mis maestros merece que se ponga en nú- 
mero. 

Muy aprissa daré á la estanpa my Tenplo de la 
eternidad, y otros uersos; mas primero los uerá 
V. m. para que con su censura no tenga después 
que temer; perdone v. m. que le tomo el tienpo, que 
la merced que me ace me disculpa de inportuna. 
Mi padre y don Francisco besan la mano á v. m., 
suplicándole los ocupe en su seruicio. Guarde Dios 
á V. m. como puede, desseo y merece. Madrid y 
Enero 22 de 65o. 

El pliego del Marqués remito abierto, para que 
con su censura me escriba v. m. 

Doña María Nieto de Aragón, (i) 

245. — A la muerte de la Reyna nuestra 
Señora. Por doña María Nieto de Aragón. 
Soneto: 

Cede al sueño fatal, la que divina... 



(i) (Bib. Nac. V.-170, folios 564 á 567). La primera de 
estas cartas es hológrafa, y las otras dos con firma autó- 
grafa; cuatro hojas en folio. 



El cristal más pvro representando imagi- 
nes de Divina y Humana política, para 
exemplo de Principes, labrado de las accio- 
nes heroicas de Doña Isabel de Borbón, 
Reyna de España defeli\ memoria. Por el 
Dotor don loseph Micheli, y Marguei[, ca- 
uallero Imperial, y Vicecancelario de la 
Orden Constantiniana. (Al fin:) Impresso en 
Zaragoza, en la imprenta del Hospital Ge- 
neral de nuestra Señora de Gracia. Año 
de 1644. 

Lleva este libro en la portada un precioso 
retrato de la Reina, grabado por Franciscas 
Bolagnus. 

Pompa funeral, Honras y Exequias en la 
muerte de la muy alta y Católica Señora 
Doña Isabel de Borbón Reyna de las Espa- 
ñas y del Nuevo Mundo que se celebraron en 
el Real Convento de S. Gerónimo de la Villa 
de Madrid. Mandadas publicar por el Con- 
de de Castrillo... que por orden particular 
de Su Magestad (que Dios guarde) acudió 
y assistió á su disposición y execución. Con 
licencia. — En Madrid, por Diego Díaz de la 
Carrera, 1645. 

Soneto XXIV, pág. 100. 

246. — Lágrimas á la mverte de la Avgvs- 
ta Reyna N. Señora Doña Isabel de Borbón. 
Dedicadas á la Señora Doña Catalina Ma- 
nvel de Ribera y Pinto, mvger de D. Ma- 
nuel Aluarez Pinto y Ribera, Cauallero de 
la Orden Militar de Santiago, Fidalgo de la 
Casa del Rey N. S. en la de Portugal, y Se- 
ñor de la Villa de Chilueches, y dé los 
Lugares de Albolleque, y la Celada. Por 
D. María Nieto de Aragón. Con Licencia. — 
En Madrid: Por Diego Díaz de la Carrera, 
Año 1645. 

13 hojas en 4.* 

Aprobación de D. Antonio Sigler de 
Huerta. Madrid 14 de Enero de 1645. 



80 — 

Décima de D. Pedro Rósete Niño. 
Siguen las siguientes composiciones: 
Soneto: 

Aquella augusta antorcha que encendida... 

Otro: 

Cede al sueño fatal, la que divina... 

Otro: 

El águila imperial que caudalosa... 

Otro: 

El planeta mayor, el que es luziente... 

Otro: 

La máquina que admiras leuantada... 

Otro: 

La robusta materia que vencida... 

A la muerte de la Reyna Nuestra Señora. 
Canción: 

Inunda la campaña. Manzanares... 

Al mismo asunto. Canción: 

¿Qué luz resplandeciente... 

Al mismo asunto. Décimas: 

Si por sola peregrina... 

Otro: 

Á lo supremo, á lo augusto... 

Al Rey Nuestro Señor. Soneto: 

A la pérdida ¡guala el sentimiento... 

Á LA MUERTE DE LA REYNA NUESTRA SEÑORA 

Canción. 

Inunda la campaña, Man9anares, 
En llanto conuertido el cristal puro 
Que en cóncauas cauernas detenía 
Ya no campos alegres, mas ya mares 
Que cubren de tristeza con obscuro 
Color el prado ameno que mouía 
Blando Favonio quando Dios quería. 
La máquina celeste no retrata 
Hermosa y rica, pues assi se ostenta 

Que á celebrar atenta 
Un sol divino su esplendor dilata; 



H 



-8i- 



Porque el afecto con razón doliente 
Melancólico forma el accidente. 

De verdes óbas se mostró cubierto 
El cortesano río, no adornado 
De púrpura marina ó. blanco lino; 
Con lloroso semblante el color muerto, 
El vndoso cabello desgreñado, 
Al húmido elemento abre camino, 
Errante, graue el passo y no contino; 
La deidad de las aguas, ninfas bellas. 
Desamparan sin orden sus moradas 

En lágrimas bañadas, 
Hiriendo por mil bocas las estrellas 
Quando el dolor assido á la garganta 
Resonando en el pecho se adelanta. 
Fúnebre norte fué la gran aldea. 
Farol, bien que sin luz, la casa augusta 
Del mejor mayoral, el gran Fileno, 
Que con sacros aromas toda humea, 
Deuido culto quanto oblación justa 
Al espíritu hermoso que sereno 
Desamparó inmortal el mortal seno. 
El clamoroso llanto de la gente 
Fué remora al camino del sagrado 

Choro más lastimado 
Por pérdida de todos igualmente. 
Que el mal que á todos toca es instrumento 
No de consuelo, no, sí de tormento. 
De suspiros el alma y de la pena 
Interrumpidas quexas despedía 
En ronco son y lágrimas al río 
Con abundante y dilatada vena; 
La que habita las aguas, compañía 
Del humano concurso, sin desvío 
Concurre al llanto lastimoso y pío 
Repitiendo las gracias, los fauores 
Con que al orbe animaua soberana, 

Belisa, bien que humana, 
Que con su vista al prado daua flores. 
Con su respiración ámbar al viento 
Y brillante hermosura al firmamento. 

El espíritu digno de alto imperio 
Manifestó sublime su belleza 
Con aspecto suave y con acciones; 
Aquél, serenidad del emispherio; 
Estas, constante bassa y fortaleza 
Del reyno que fundaua en corazones, 
Esphera de más ínclitos blasones 
Á quien no fué luzero en noche triste 
Del luminar mayor siempre assistida 

Con luz esclarecida 
Aunque fiero el león sus rayos viste. 
Siendo al náufrago puerto imaginado 



Que piadoso formaua su cuidado. 

En ausencia del sol, alma del mundo. 
El luminoso carro gouernando* 
Los fogosos cavallos reprimía 
Con prudente valor, saber profundo. 
El amago de incendios desterrando; 
De tal suerte los rayos despendía 
Que la noche vistió luzes del día 
Por secretos condutos á la tierra; 
Qual errante elemento encaminaua 
La paz, deidad que amaua 
Lo tirano deshecho en justa guerra 
Su espumoso coral, torpe Letheo, 
Recuperando España su tropheo. 

El uno transformarse en otro amante 
Ostentaua possible con su esposo, 
Essencia nueua de vn amor perfeto 
Inimitable vínculo constante 
Causa suprema de Himineo dichoso. 
¿Mas quándo dará al mundo igual sujeto 
El soberano incircunscripto objeto? 
¡Oh Hesperia!, felize eternamente 
Por sólo auer gozado en mortal lumbre 

La que assiste en la cumbre 
Del solio de zafir y rubí ardiente 
Al justo Joue deteniendo airado 
Quando el rayo fulmina acelerado. 

A la celeste ñor si fresca rosa 
Dulce pompa de Abril en su mañana 
A superior jardín donde florece 
Siempre la primauera deleitosa, 
La traslada seuera, como vfana 
Jardinera, la Parca que apetece 
La candida azuzena, y le parece 
Que está tiranizada en lo terreno 
Sugeta al Aquilón, escarcha y nieue 

Que al candor guerra mueue 
(Caduco bien de tristes sombras lleno) 
Assí la eclipsa á vista de su Oriente 
Discuento eterno del dolor presente. 
Renuéuanse del llanto los raudales 
Viendo ausente á Fileno en su partida; 
Aquí se pierde el hilo del consuelo; 
Aquí el amor y pena son iguales; 
La luz á todos es aborrecida; 
Aquí culto Timantes con desvelo 
En las ideas pinta el desconsuelo; 
Del nácar las dos perlas apartarse. 
Emulación del sol, el sentimiento 

Excede al pensamiento, 
Pues quiso amor en ellas retratarse, 
Y quando estrellas son en noche esquiua 
En el aliuio está la pena viua. 

6 



^82 — 



¡O! cómo diligente la memoria 
Muestra eterno el dolor del bien passado 
Señalando dVuel, no lisongera, 
Á Bliesa gallarda, siendo gloria 
De los vistosos campos fatigado 
Quando dexaua el monte y la más fiera 
Victoriosa en rendirse á la seuera 
Jabalina fatal, y quando Aurora 
A las aues y flores despertaua 

Y gracia hermosa daua 
A quanto alienta el aire y Febo dora, 
Y el nombre de Belisa repetido 
Del Eco alegre entonces, y oy gemido. 

Canción, abate el buelo, enfrena el llanto 
Al triste y tierno canto 
Porque en triunfo que el orbe y cielo aclama 
Trompa humilde será la propia Fama. 

Á la sentida muerte de D." Isabel se pu- 
blicaron además las siguientes obras: 

Lágrimas en la muerte de la Católica y 
Christianíssima Reyna Doña Isabel de Bor- 
bón nuestra señora. Al Rey N. Señor. El 
Dotor Don Gutierre Márquez de Carea- 
ga. — En Madrid, Por luán Sánchez. Año 
de 1644. 

Siete hojas en 4.** 

Epitafios. Oda centón anagrama: Para 
las exequias á la Sereníssima Reyna de las 
Españas Doña Isabel de Borbón. En la ciu- 
dad de Loxa, en 22 de Noviembre, Año de 
1644. Escritas por Don Martín de Ángulo i 
Pulgar. — Impresso en Madrid en la Impren- 
ta del Reyno, Año de 1644. 

11 págs. en 4." 

Elegía en la muerte de la Reyna Nuestra 
Señora Doña Isabel de Borbón, por Don An- 
tonio Sigler de Huerta. — Impreso s. 1. n. a. 

Cuatro hojas en 4.° 

Canción en la muerte de la Augustíssima 
Reyna de España Doña Isabel de Borbón. 
De D. Gerónimo Cáncer de Velasco.— En 
Madrid. Año de M.DC.XLV. 

Cuatro hojas en 4.* 



247. — EPITALAMIO A l.AS FELICISSIMAS BODAS 

DEL Rey nvestro Señor 

POR 

D. María Nieto de Aragón 

QFE DEDICA A 

Su amiga, y Señora doña Violante de Ribera y 
Pinto. (O 

Amiga y señora D. Violante de Ribera y Pinto. 

Estos versos, escritos en la mayor y más de- 
seada ocasión que ha logrado España, consagro á 
nuestra amistad; si como es soberano el objecto 
lo fuera el acierto de mis números, auían hallado 
puerto mis deseos, desempeñándome de lo mucho 
que deuo á las finesas de v. m.; mas con el des- 
empeño nacen nueuas obligaciones, pues con sólo 
su amparo los saco á la pla^a del mundo, que 
verá doy lo más que puedo; no es lo mismo reci- 
bir beneficios que poderlos remunerar. Quisiera 
dilatarme discurriendo por las muchas prendas 
naturales y adquiridas que se hallan en v. m., 
para que se vea que como deuda la ofrezco estas 
delicias de mi ingenio; mas la modestia de que la 
dotó el cielo no me lo permite. Guarde Dios á 
v. m. como deseo. 

D. Marta Nieto de Aragón. 

EPITALAMIO 

El Monarca mayor, con frente augusta, 
Que de sus mismos rayos se corona 
Y con sólo el semblante el orbe enfrena 
Se eterniza diuino si perdona 
Al humilde rendido, y con robusta 
Diestra tonante, de piedad agena 
Pone al soberuio en mísera cadena. 
Arbitro vniuersal de la campaña 
Á todos su dictamen paz concede; 

Iguala, si no excede 
(Inaccessible gloria para España) 
A Carlos siempre grande, vitorioso, 
Á Filipo prudente, y al piadoso. 

De tanto auspicio precursora bella 
El águila imperial, con feliz buelo. 
En acciones paloma, al mundo embía 
Serenidad que aprueba el justo cielo. 
Del náufrago farol luziente estrella 
De alegre Aurora que el horror desvía. 
Principio de la luz, alma del día; 
En medio del Inuierno ya parece 



(i) Impreso sin indicación de lugar ni año; lo hojas 
en 4° Bib. Nac. Sección de Papeles x>arios. C. 164. Núme- 
ro 39. 



-83- 



Que dulce primauera el prado viste; 

Aura suaue assiste. 
El Austro riguroso desvanece; 
Astrea soberana con su Apolo 
Hazen dichosos uno y otro polo. 

Esta, pues, Real aue, á cuya frente 
Tributa el sol brillantes resplandores 
Como líneas al centro niueladas 
De sus luzes, ya mas competidores, 
Veneración prestando al bello Oriente 
Del sublime candor, donde animadas 
Frescas rosas se ven, flores neuadas. 
Emblemas de hermosura y de pureza; 
Ésta, pues, el zafir claro destina 

Como prenda diuina 
Para estabilidad de su grandeza 
Al Imperio español, y en este empleo 
Halló la possessión más que el desseo. 

Con recíproco amor recibe vfano 
El olmo en brazos á la vid yocunda 
Que con verdes caricias lisongea 
Los espacidos ramos, y fecunda 
Dulce néctar ofrece, que lozano 
En pendientes racimos lo hermosea, 
Donde el pronto sentido se recrea 

Y el discurso subiendo á lo invissible 
En dichoso himineo, dilatado 

llalla el felice estado 
Émulo del eterno en lo possible, 

Y deidades vnidas, bien que humanas, 
El tiempo las respeta soberanas. 

Eterna duración siempre amorosa 
Á la presaga mente vaticina 
Vn aliento que en dos no es diuidido 
Aunque informa á los dos con peregrina 
Vnidad bella de clauel y rosa, 
Lo caduco de flores suspendido, 
Efeto soberano procedido 
De causa superior que la belleza 
Del ethereo pensil en él retrata; 

La ley común dilata; 
Al fragranté verdor ciñe firmeza; 
Los fugitiuos annos numerosos 
Lentos irán passando venturosos. 

Tú, que transformas vno en otro amante, 
Agradable deidad, niño animoso, 
Monarchías en almas dilatando, 
No con vendados ojos imperioso, 
No con puntas de plomo y de diamante, 
No con ligeras alas igualando 
A la veloz idea, mas con blando 
Suaue rendimiento le presenta 
Al triunfo mayor de la hermosura, 



Donde viue segura 
(Si permiten dos soles vista atenta) 
Amante la razón; y assí no ciego, 
Sin plumas y sin arco enciende el fuego. 

Llega de las tres Gracias assistido 
Con teas encendidas en la lumbre 
De Fe, de Caridad y de Esperanza, 
Antorchas que conducen á la cumbre 
De himeneo inmortal, que siempre vnido 
Á causa incircunscripta, con bonanza. 
Corre el mar alterado sin mudanza; 
Llega, venerarás al varón fuerte 
Superior á los astros y á la fama 

Que la fortuna aclama 
Essempto del imperio de la muerte, 
Á cuyo dilatado inuicio pecho 
Quanto rodea el sol le viene estrecho. 

Puríssima alma Venus, que gouiernas 
Á la perfeta vnión, constante nudo 
Del celeste terreno deriuado 
Que dos en vna carne formar pudo 
Con blandas ligaduras quanto eternas, 
Renaciendo diuino del costado 
De aquél que deue ser él salo amado, 
Grata al consorcio assisfa tu presencia 
Deste que en tu defensa reseruaste 

Pues siempre en él hallaste 
Invencible valor, pronta assisteneia, 
Siendo trueno su voz, rayo temido. 
Quien es como la esposa, al preuertido. 

De Cupidos hermosos coronada, 
Luzes del firmamento militante, 
Su mesa se verá, casta Lucina, 
Xueuos Atlantes deste fuerte Atlante 
Que con edad nestorea dilatada 
Al templo de la Fama se encamina 
Haziéndosse inmortal con la ruyna 
Del pálido agareno enoblecido; 
La Inuidia, sin inuidia de sus glorias 

Publica sus Vitorias, 
Triunfo sólo á tanto héroe concedido; 
Culto al bárbaro dando y justas leyes 
Aclamado será por Rey de Reyes. 

Con sacro anuncio aquel que errar no puede, 
Espíritu increado, en dulce llama 
Deifica baxando á este himeneo; 
De la fertilidad copia derrama 
La magna conjunción; temida cede 
Á mayor conjunción, que por trofeo 
Sus efetos sepulta en el Letheo; 
Las alas candidissimas despliega 
Y al tálamo felice en torno asoma 

La diuina paloma 



-84- 



Sus dones esparciendo, y quando llega 
Desaparecen las siniestras aues 
Huyendo tristes y gimiendo graues. 

¡O! como vitoriosas resplandecen 
Del Lábaro triunfante las banderas. 
Por mano de progenie successiua 
Desta Águila y León; ya las postreras 
Del mundo incultas tierras se extremecen 
Al bramido fatal, espada viua, 
Sujetando feroz tu frente altiua; 
Como á la decendencia soberana 
De la inmortalidad al arduo templo, 

Con el paterno ejemplo 
El camino impossible se le allana, 
Formándose inmortal en sus acciones, 
Fixándose en estrellas los blasones. 

Bellissima imperial aue, nacida 
A remontadas aues, para reyna. 
Culto honor del espacio transparente, 
Cuya bizarra pluma pule y peyna 
Augusto el luminar, que preferida 
Dexan sus rayos al metal luziente. 
Tú sola puedes ver atentamente 
La soberana luz que todo alumbra; 
Naturaleza próuida te assiste 
Que á las demás resiste 
Con perfección suprema que te encumbra; 
Ya el fénix, no problema ventilado. 
Que en águila se admira transformado. 

Ven, deseada, ven donde te espera 
Olorosa de incienso y rica de oro, 
España, como á norte de su gloria, 
Que en instrumento de la paz sonoro 
El parche desterrado te venera 
Dando nueua materia á nueua historia 
En edades presente tu memoria; 
Ven á fundar imperio en corazones 
Que el circulo visible es corto imperio; 

Deste y otro emisferio. 
Sublime monarchía, te compones; 
Ven, pues, que tu presencia conseguida, 
Siempre será con votos pretendida. 

En los cóncabos valles resonando 
Diligentes acentos amorosos 
El Echo animará, que repetido 
Formen el nombre destos dos esposos, 
Enamoradas cifras enlazando 
Las flores en sus hojas esculpido 
Suaues mostrarán el apellido, 
Y en blandos troncos como en bronce duro 
Firme, viuo papel de la floresta 

Donde se manifiesta 
Desnudo de lisonja el amor puro, 



Se inmortalizará por soberana 
La inscripción de Filipo y Mariana. 

Canción nacida en brazos de mi afeto. 
Humilde abate el buelo remontado 
Con que manifestaste tu conceto 

En soberano objeto. 
De pincel rudamente bosquejado; 
En ti la voluntad sólo campea; 
Víctima poca en sacrificio humea. 

248.— Al valiente Céspedes. Soneto: 
Empiezas á vivir cuando anochece... 

249.— Epitafio al valiente Céspedes. So- 
neto: 

Este que admiras pórfido elegante... 

25o. — Al valiente Céspedes cuando le ma- 
taron de un arcabuzazo, habiendo muerto 
más de cien moros. Décima: 

Cuando de laurel la frente... 

25i. — Soneto en elogio de Rodrigo Mén- 
dez Silva: 

Este breve volumen dilatado... 

Compendio de la mas señaladas hazañas 
que obró el Capitán Alonso de Céspedes, 
Alcides castellano. Su Ascendencia, y Des- 
cendencia, con varios Ramos Genealógicos 
que desta Casa han salido. Pvblicalo Ro- 
drigo Mende^ Silva, Coronista General des- 
tos Reynos de su Magestad. — En Madrid, 
por Diego Díaz. Año 1647. 

252. — Al Licenciado D. Fernando Vivas 
de Contreras. Décima: 

Con tan acordada lira... 

Grandesias divinas, vida, y mverte de 
Nvestro Salvador lesu Christo , qve dexó 
escritas en verso el Licenciado Francisco 
Duran Viuas, en varios papeles. Aora nue- 
vamente redvcidas al lenguaje, y estilo co- 
mún destos tiempos por el Licenciado Don 
Fernando Viuas de Contreras, su nieto, 
Abogado en los Reales Consejos. Conpfivi- 



— 85 



legio— En Madrid. Por Diego Díaz de la 
Carrera. Año M.DC.XLIII. 
253,_Á la muerte de Cortizos. Soneto: 

No de soberbia, no, fué de grandeza 
Estatua que animaba sacro aliento, 
Sublime exhalación del valimiento 
Que al mérito fió su fortaleza. 

Al austro de la invidia su firmeza 
Venció en generoso sufrimiento. 
De su sombra cruel, della instrumento, 
Dulce abrigo formando su destreza. 

Deste, pues, de fortuna no vencida, 
Con la piedra fatal de un accidente 
La máquina cayó desvanecida. 

Bien que aplauso nacido floreciente 
En gloriosas acciones de su vida 
El ocaso conduce á ser Oriente. 

Hállase en un manuscrito del siglo xvii que se conserva 
en la biblioteca de Mr. Archer M. Huntington. 

He aquí algunos datos relativos al infor- 
tunado varón que celebró D.* María Nieto. 

Manuel CortÍ90S es un portugués muy rico, 
que ha comprado en treinta mil ducados el oficio 
de receptor del Consejo de Hacienda, que se le ha 
dado con más preeminencias que á ninguno de 
sus predecesores, que son entrada y asiento en el 
Consejo; y ha gastado en esta ocasión más de mil 
quinientos ducados (i). 

Lunes, i6, [de 1637] en la ermita de San Bruno, 
<iue es una de las del Buen Retiro, vieron Sus 
Majestades y Altezas una muy lucida comedia 
con que les festejó el Sr. D. Manuel Cortizos, y 
con una merienda en el jardín de la misma ermi- 
ta, adonde desmintiendo la sazón del año, había 
árboles verdes cargados de varios géneros de fru- 
tas: naranjas, camuesas, peros de Aragón, bello- 
tas; éstos y otros de dulces; haciendo ventaja á 
todo una parra con hojas postizas, pero con ver- 
daderas uvas, como si fuera otoño y no á 16 de 
Febrero (2). 

D. Francisco de Rojas, en un Vejamen 
que leyó en la Academia celebrada en el 



(i) La Corte y Monarquía de España en los años 1636 
y 57. Public>.lo Antonio Rodríguez Villa. Madrid, 1886. 
Pág. 102. 

Dichos t.5oo ducados los gastó Cortizos obsequiando á 
ios Reyes en el Retiro á 16 de Febrero de 1637. 

(2) Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús 
entre los años de 1634 y 1648. (Memorial histórico espa- 
ñol, t. XIV, pág. 65.) 



Buen Retiro á 1 1 de Febrero de 1638, es- 
cribe: 

Llegamos cerca de una ermita, en cuya puerta 
vimos un yunque y un martillo de labrar herra- 
duras, y unas tenazas en el suelo, y una letra que 

decía: 

Todos son unos, señores: 
Herradores y Regidores. 
¿Qué ermitaño, dije yo, es el que pasa aquí la 
vida regidora? Ahora lo verás, dijo el diablo. Y 
vimos á Manuel Cortizos perseguido de Calabaci- 
llas y algunos mininos que se le querían comer á 
bocados como á ermitaño mole (i). 

Alfonso de Batres decía en otro Vejamen: 

No me dejó proseguir el cochite hervite de Ma- 
nuel Cortijos, que por lucirlo todo venía con un 
mago de belas, aunque luego quedó deshelado en 
ensebar un palo y en poner un confite arriva por 
premio á quien le trepasse (2). 

Este vividor de oficio murió chamuscado 
en el incendio del Colegio de Atocha. 

NIÑO (D." Magdalena). 

254. — Á la muerte del Príncipe Nuestro 
Señor. Soneto: 

Las altas esperanzas que fundaba 
España en vuestro orgullo soberano, 
Carlos, á cuyo espíritu lozano 
Todo el de Carlos Quinto trasladaba. 

Juzgando que de Hércules la clava 
Cual fértil caña fuera en vuestra mano, 
Que fuerais de grandezas océano 
Que al Orbe esparce el agua que le lava, 

Y el deseo de veros asistiendo 
A Filipo, á su lado peleando. 
Cual él triunfando, si cual él venciendo, 

Frustradas hoy contempla; ¿pero cuándo 
Mejor logradas, Príncipe, que viendo 
Que del mundo y la muerte vais triunfando? 

Relación de los funerales obsequias que 
hi^o el Santo y Apostólico Tribunal de la 



(i) Fl Diablo cojuelo, por Luis Véle^ de Guevara. Re- 
produ xión de la edición principe de Madrid, 1641, por 
A. Bonilla y San Martin.— Vigo. Est. tip. de E. Krapf. 1902. 
Pá3. 269. 

(2) L'Espagne au XVl' et au XYlf siécle; documenta 
historiques et tittéraires publiés et annotés par A. Morel- 
Fatio. Pág. 661. 



86 



Inquisición de los Reyes del Perú á... Don 
Baltasar Carlos de Austria. Por Don Pedro 
Ahare!{ de Faria.— En Lima, en la Im- 
prenta de Julián Santos de Saldaña. Año 
de 1648. 
Folio 42. 

NISA 

Celébrala Uztarroz en estos versos de su 

Aganipe: 

Nisa, que los cambiantes 
de aquella clara aurora 
en sus versos renueva ó los mejora, 
y de cuyos conceptos la agudeza 
se atreve á competir con su belleza; 
que no siempre lo hermoso 
distante se ha de hallar de lo ingenioso. 

NORONHA (D.* Juana Teresa de). 

255. — Escribió en elogio de Sor Magdale- 
na Gloria las siguientes poesías: 
Soneto: 

Única Fénix, cuyo entendimiento... 
Otro: 

Lusitana Minerva, el aplaudirte... 
Otro: 

Tú, que la dulce vida en tiernos años... 

Octava en portugués: 

Quando a solio mais alto remontada... 
Décima: 

Suspende Apollo su canto... 



Romance: 

Nueva Pallas, cuyo nombre... 

Erados do desengaño contra o profundo 
Sonó do Esquecimento. E}n tres historias 
exemp lares... Escritas por Leonarda Gil da 
Gama. — Lisboa: Na Officina de Domingos 
Rodrigues. Anno de M.DCCXXXIX. 

NUÑES DE ALMEIDA (D/ Manuela). 

Judía de origen portugués que vivió en 
Londres á principios del siglo xviii. Fué 
madre de Mordejay Nuñes Almeida. 

256. — Glosa al mote que empieza: 

A la de este espejo luna 
En ese globo estrellado... 

Espejo fiel de vidas que contiene los Psal- 
nios de David en verso. Obra Devota, Vtil, 
y Deleytable. Compuesta por Daniel Lope\ 
Laguna. Dedicada al muy Benigno y Ge- 
neroso Señor Mordejay Nunes Almeyda. — 
En Londres. Año 5480 (1720). 

NÚÑEZ (D." Felipa). 

Fué hija de Manuel Coelho Soto y Anto- 
nia de Aboim. Nació en Ébora y tuvo raro 
conocimiento del idioma latino. 

257. — Epítome de las Historias portu- 
guesas. (En castellano.) 

258. — Vida de los tres Santos Reyes. (En 
latín.) 

Frocs Pcrim. Theatro heroino, abcedat'io histórico, e ca- 
talogo das mulheres illustres (Lisboa, M.DCC.XXXVI), 
tomo I, pág. 3«8. 




o 



OBISPO Y MERINO 
(D/ María del Carmen). 

259. — María de Courtenay, ó el amor y la 
virtud: obra escrita en francés por M. S.; 
traducida al castellano por D.' María del 
Carmen Obispo y Merino, y dedicada al 
Rey Nuestro Señor. — Madrid. Librería de 
Rodríguez. 1829. — En 8." 

OCAMPO (Sor María Bautista de). 

Nació en Toledo. Fueron sus padres Die- 
go de Cepeda y Beatriz de la Cruz. 

De ella escribe Fr. Francisco de Santa 
María (i): 

«Tenía una sobrina la santa madre [Teresa de 
Jesús] llamada doña María de Ocampo, que des- 
pués fué monja descalía i se llamó María Bautis- 
ta, á quien la Santa amava mucho por su gran 
talento i crecida virtud; i á cuya cabecera quando 
se despedía para el cielo, siendo Priora de Valla- 
dolid, se hallaron los piadosos reyes Felipe III i 
doña Margarita. Estava esta señora (quando la 
Santa rebolvía en su ánimo pensamientos tan 
grandes), por seglar en el monasterio de la En- 
carnación de Avila, esperando lo que della deler- 
minava hazer el Señor... En esta ocasión dijo 
doña María que si las presentes eran para ser 



(O Reforma de los Descalzos de Nuestra Señora del 
Cartiien, lomo I, pág. laS. 



monjas á manera de las descalcas franciscas, que 
aún era posible hazer un monasterio. Traspasó 
esta palabra el corazón de la Santa, por locarle 
en lo vivo de sus deseos, i no queriendo perder la 
ocasión continuó la plática... Y después de algún 
rato ofreció doña María mil ducados de su legíti- 
ma para dar principio á la fundación» [de San 
José de Avila]. 

Profesó en el convento de San José de 
Ávila á 21 de Octubre de 1554. Murió en 
Valladolid en el año de 1601. 

260. — Relación de la vida, santidad y re- 
velaciones de Santa Teresa. 

Se aprovechó de ella el P. Francisco de 
Santa María para su Reforma de los Des- 
calzos de Nuestra Señora del Carmen. 

OCAÑA (Sor Estefanía de). 

Religiosa en Santa Isabel de los Beyes de 
Toledo. 

261. — Romance de la muerte de D.' Isa- 
bel de Borbón: 

Deten el golpe fatal, 
suspende la ejecución, 
que en una vida malogras 
todas las glorias de un sol... 

Exequias funerales que celebró la muy 
insigne, y Real Universidad de Va Hade- 



— 88 — 



lid, á la memoria de la Serenissima Reyna 
N. S. Doña Isabel de Bortón en veynte y seis 
y veynte y siete de Noviembre. Año i644- — 
En Valladolid: Por Antonio Vázquez de 
Velasco. Año de 1645. 
Folios 63 á 65. 

OLAVIDE (D.* Gracia). 

Hija de D. Pablo Olavide, el célebre co- 
lonizador de Sierra Morena y autor de El 
Evangelio en triunfo. Es superior á todo 
encomio el estudio que acerca de aquél pu- 
blicó el Sr. Menéndez y Pelayo en el tomo III 
de sus Heterodoxos españoles. 

Cuando Aranda creó en el año 1768 los 
teatros de los Reales sitios para arraigar en 
España la escuela dramática francesa, doña 
Gracia tradujo la Paulina de Mme. de Gra- 
figny y fué representada. 

Doña Gracia, muy querida generalmente 
por sus excelentes dotes, murió á poco tiem- 
po de casarse. Jovellanos, que la profesaba 
paternal cariño, se lamentó de haber perdido 

La que atraía con su dulce canto 
del aire vago á las canoras aves, 
y los feroces brutos extraía 
de sus cavernas (i). 

OMS (D.^ María de). 

262. — Romance: 

Bufa, Musa mía, bufa... 

Insta poética consagrada á las festivas 
glorias de Marta en su Immaculada Concep- 
ción. Mantenida en la Parroquial Iglesia de 
Santa María del Mar de la ciudad de Bar- 
celona... Por Don Francisco Modolell y 
Costa. — En Barcelona, por Narcis Casas, 
año i656. 



.^i) Biblioteca de Autores españoles, tomo I, pág. 22. 



ORDUÑA (Sor Brígida de). 

Monja en el convento de Santa Paula, de 
Sevilla. 

263. — A la fama postuma del Doctor Juan 
Pérez de Montalván. Canción: 

Dolor, deten el paso, 
que temo tus rigores, pues si es muerto... 

Lágrimas panegíricas á la tenprana muer- 
te del gran poeta, y teólogo insigne Doctor 
luán Pere^ de Montalván. 

Folio 54. 

OROZCO Y LUJAN (D.** María). 

No escasean los datos biográficos de esta 
mujer; jojalá hubiese tantos de Cervantes 
y de otros escritores, como los hay de mon- 
jas, ilusas muchas de ellasl 

Fué hija D.' María de D. Pedro de Oroz- 
co y Lujan y D.* Petronila de Acevedo, ve- 
cinos de Guadalajara, donde nació á 21 de 
Noviembre de 1635. Siendo de pocos años 
entró en el convento de Jerónimas de Me- 
dinaceli, del cual parece que la despidieron. 
Después tomó el hábito en el de Carmelitas 
Descalzas de Guadalajara, y á causa de vi- 
vir continuamente en un mundo sobrena- 
tural de visiones y éxtasis, no fué admitida 
á la profesión. Retiróse con harta pena á la 
ciudad de Alcalá y allí se hizo beata profesa 
del Carmen. Si esta mujer, que siempre 
vivió, según ella pretendía, en comunica- 
ción con los ángeles y con todos los santos, 
debe ser considerada como ilusa ó como 
embaucadora, es cosa difícil de resolver. 
Murió á 31 de Julio de 1709. 

Fr. Gabriel de San José, que debía de estar 
muy desocupado, escribió un grueso tomo 
de apuntes referentes á la vida de D.* María 
Orozco durante los años 1672 á 1690; día 
por día iba anotando las cosas más insigni- 



I 



^89- 



ficantes que hacía la biografiada, como oir 
misa, etc. (i) Los continuó Fr. Mateo de 
Jesús María eñ este otro libro: 

Apuntamientos primeros que Fr. Gabriel 
de San José hi^o de la vida de la Señora 
Doña María Oro\co y Luxán, y empe!{ados 
á proseguir por Fr. Matheo de Jesús María 
que le svcedió, desde el año de i6gó en que 
murió, en el govierno desta gran sierva de 
Dios hasta que le fué á go^ar el año de lyog. 

Letra del siglo xvii. 

Un volumen en 4." que contiene 77 ca- 
pítulos. 

Biblioteca Nacional.— Mss. Qq. Supl.° II-36. 

Puede verse también la 

Oración fúnebre en las honras del Doctor 
Don Francisco Bravo y Tamargo, Maestre- 
Escuela de la Santa Iglesia Magistral de la 
Universidad de Alcalá. Díxola el Padre 
Presentado Fray Estevan Rodríguei{, Prior 
de dicho Convento. — En Alcalá, por Joseph 
Espartosa, año de 1722. 

19 págs. en 4.** 

264. — Cartas espirituales á Fr. Mateo de 
Jesús María, Fr. Tomás de Santa Teresa, 
Fr. Francisco de Santa Ana, Fr. Miguel de 
la Visitación, las Madres Teresa de la Ma- 
dre de Dios y Catalina del Santísimo Sa- 
cramento, Fr. Juan de Santa Teresa y otras 
personas. (Años 1696 a 1698.) 

Letra del siglo xviii. 

Un volumen en 4." de 376 hojas. 

Biblioteca Nacional. — Mss. Núm. 7.691. 

265. — Cartas que la sierva de Dios D. "Ma- 
ría Orozco y Luxán, natural de Guadalajara 
y vecina de la Universidad de Alcalá, es- 
crivió al M.** P. Fr. Matheo de Jesús María 
por los años de 1698 y de 1699 siendo De- 
finidor general. 



(i) Biblioteca Nacional. Mss. S. 349. 



Comienzan el 10 de Enero de 1698 y aca- 
ban el 29 de Noviembre de 1699; tratan de 
asuntos espirituales. 

Autógrafas; 207 hoj. útiles en fol. 

Biblioteca Nacional.— Mss. G. 402. 

266. — Cartas espirituales á su confesor 
Fr. Mateo de Jesús María, durante los años 
1699 á 1707. 

Hállanse copiadas en los Apuntamientos 
originales de el R. P. Fr. Matheo de Jesús 
María, Diffinidor general de N. Sagrada 
Religión, desde el año i6go en que murió el 
P. Fr. Gabriel de San Joseph, como confe- 
sor que es de la Señora Doña María Oroi(co 
vecina de Alcalá. 

Manuscrito original, con firma autógrafa. 
Consta nada menos que de 1.710 páginas 
en 4.°, y una buena parte de ellas la ocu- 
pan las cartas de D." María. 

Biblioteca Nacional. — Mss. S. 45o. 

267. — Cartas al P. Gabriel de San José. 
Años 1681 á 1695. 

Manuscrito de principios del siglo xviii; 
352 hojas en 4.° 

Biblioteca Nacional.— Mss. Núm. 11.979. 

268. — Muchas de las cartas de D.' María 
fueron publicadas en la siguiente obra: 

Vida de la Venerable Señora Doña María 
Orozco y Luxán, vecina de Alcalá de Hena- 
res. Escrita por el Doctor Don Francisco 
Bravo Tamargo. — Madrid. S. i. 1719. 

Un vol. en fol. de 684 págs. 

OROZCO ZÚÑIGA Y VARGAS 
(D.* María). 

269. — Décima en elogio de Jerónimo de 
Alcalá. 

Susurra en el verde prado 
la abejuela, y de las flores... 



-90- 



Alonso, mo\o de muchos amos: dirigido á 
D. Luis Faxardo, Marqués de los Véle^. — 
Madrid, por B. de Guzmán, año 1624. 

Reimpresa en la Bibt. de Aitt. esp. de Rivad., t. XLII, 
pág. 544. 

ORTIZ (María). 

Vecina de Guadalajara y casada allí con 
Diego Hernández, platero. Descendía de 
judíos. Procesóla el Santo Oficio en los 
años 1564 y i565 por alumbrada, pero salió 
absuelta. 

270. — Tratados acerca de la oración y de 
la contemplación, 

En su proceso hácese mención de ellos. 

271. — Dos defensas que de su vida compu- 
so María Ortiz. 

Autógrafas.— 14 hojas en folio. 

Archivo Histórico Nacional.— Inquisición de Toledo. 
Legajo 104, núm. 17. 

ORTIZ DE ZARATE (D.--^ Felipa). 

272. — A la muerte de D. Manuel Corti- 
90S. Soneto: 

¿Qué admiras, peregrino? ¿E\ fin preciso 
Enaste pudo ser ynascesible? 
Si la vida es vn punto indibisible 
^Quién vive que no muere de improviso? 

No el distino, la muerte misma quiso 
No detenerse en golpe tan sensible, . 
Que con más pla9o fuera muy posible 
Redu9¡r el estrago á solo aviso. 

Apagóse de un soplo ardiente llama 
Que al mundo tanta luz dejó estendida, 
Voz inmortal que su valor aclama. 

¡Oh! quién viera en fortuna repetida 
En su vida los siglos de su fama 
Y en su fin los aplausos de su vida. 

Rimas varias. Ms. en 4.°, letra del siglo xvii, que perte- 
neció á Sancho Rayón, y hoy á Mr. Archer M. Hunting- 
ton. Hay otros sonetos al mismo asunto (la muerte de 
Cortizos en el incendio del Colegio de Atocha) de D. Luis 
de Vlloa, D. Juan de Solis Mesia, D. Juan Henríquez, don 
Rodrigo de Herrera, D. Manuel de la Peña, D. José Rci- 
naltc y otros. 



OSSORIO (D.'^ Ana). 

Natural de Burgos, hija, según parece, 
de D. Diego Ossorio, Regidor de aquella 
ciudad. Vivió en el siglo xvi. 

García Matamoros (De adserenda hispa- 
?iorum eruditionej, dice que fué D.' Ana 
dipina; Theologia: studio celebrem; pero no 
consta que escribiese obra alguna. 

OSSORIO (D.'"^ Constanza). 

Pocas noticias biográficas tenemos de esta 
religiosa eminente, reducidas á lasque con- 
signó D." Benita Levanto al principio del 
Hverto del celestial esposo. Nació en el afío 
1 565 y su patria fué Sevilla; ignoramos 
quiénes fueron sus padres. Sólo tenía ocho 
años cuando entró en el convento de Due- 
ñas de aquella ciudad. Á los i8 de su edad 
era consumada en canto y órgano, por lo 
cual la nombraron Maestra de capilla, car- 
go que desempeñó por espacio de más de 
cuarenta años. Aprendió el latín sin necesi- 
dad de maestro y en poco tiempo. Por man- 
dato de su confesor, Fernando de Mata, 
comentó tres capítulos de Isaías, mostrando 
la agudeza y penetración de su entendi- 
miento. Habiendo visto un día casualmente 
cierto opúsculo de San Bernardo, escribió el 
Huerto del celestial esposo, y más adelante 
una exposición de los Salmos por el orden 
que se hallan en el Breviario cisterciense. 
En el año 1626 fué elegida abadesa y go- 
bernó con suma prudencia. Falleció santa- 
mente á 3 de Octubre del año 1637. 

No hay que confundir á D." Constanea 
Osorio con otra de iguales nombre y ape- 
llido, de quien se conserva una carta origi- 
nal en la Real Academia de la Historia, fe- 
chada en Simancas á 7 de Enero de 1 594 (1). 

(i) Correspondencia dtl Conde de Gondumar D. Diego 
Sarmiento de Acuña, tomo LXX, folio 68. 



91 — 



273- — Huerto del celestial esposo, funda- 
do sobre el opvscvlo de N. P. S. Bernardo; 
que comienga: ¿Ad quid venisti? Compves- 
to por Doña Constanza Ossorio natural de 
Sevilla, Religiosa en el convento de Santa 
María de las Dueñas del Orden del Cister. 
Dedícalo después de la muerte de esta sier- 
ra de Dios el dicho convento de las Dueñas 
al Eminentíssimo y Reverendíssimo Señor 
Don Luis Portocarrero Cardenal de la San- 
ta Iglesia de Roma del título de Santa Sa- 
bina y Arzobispo de Toledo, del Consejo 
de Estado de Su Magestad &c. Con licen- 
cia. — En Sevilla. Por Thomás López de 
Haro. 1686. 

Un vol. en 4." de 224 págs. más 12 hojas 
al principio. 

Port. — V.''en bl. — Al Eminentíssimo Señor Don 
Luis Portocarrero, el convento de Santa María de 
las Dueñas. 12 de Noviembre de 168Ó. — Aproba- 
ción del Reverendíssimo P. Juan de Cárdenas, de 
la Compañía de Jesús. Sevilla 20 de Marzo de 
1684. Licencia del Ordinario D. Ambrosio Igna- 
cio Spinola. Sevilla 22 de .Marzo de 1684. — Cen- 
sura del P. Fr. Diego de Salazar y Cadena. 4 de 
Septiembre de 1684. — Privilegio Real. 4 de Sep- 
tiembre de 1684. — Fe de erratas, por Martín de 
Ascarza. Madrid 21 de Octubre de 1686. — Tasa, 
por .Manuel Negrete y .4ngulo. .Madrid 3o de Octu- 
bre de 1686. Vida de la .Autora.— Preámbulo ó 
exclamación á la Santíssima Trinidad sobre lodo 
lo escrito.— Índice de los capítulos. — Texto. 

Libro intitulado Huerto del celestial Es- 
poso. Fundado sobre un opiísculo de nues- 
tro Padre San Bernardo, que comienza: ¿Ad 
quid venisti? Escrito por la V.<= SJ^ Cons- 
tanzia Ossorio, Religiosa en el convento de 
las Dueñas de Sevilla, Orden del Cister de 
N.« P. S." Bernardo. Año de 1686. 

Mss. autógr. de D." Constanza desde el 
fol. 228 V. al 263 y último; lo demás letra 
de otra mano. 

Un vol. en 4." 

Biblioteca Nacional.— Mss. S. 461, 



^iste manuscrito parece ser el que sirvió 
para la edición de la obra. Perteneció á la 
librería del convento de San Norberto de 
Madrid. 

274- — ^ E.\posición de los Psalmos que 
hizo la sierva de Dios Doña Constanza Oso- 
rio, monja profesa del Cister en el convento 
de Sra. Sta. María de las Dueñas en la ciu- 
dad de Sevilla, en 21 de Noviembre de 1622. 

Manuscrito de 558 hojas en folio. 

Es una copia hecha de otra en 1773; por 
entonces se conservaban los originales, que 
hoy ya no existen. 

Contiene, después de unas Reflexiones 
acerca de las copias antiguas y de la pre- 
sente, firmadas por la Abadesa Doña Ger- 
trudis María de Castilla y fechadas á 17 de 
Abril de 1773, lo siguiente: 

Exordio á las charíssimas Madres y Hermanas 
deste Convento de Santa María de las Dueñas de 
la Orden Cisierciense, á quien se dedica esta expo- 
sición sobre los Psalmos de David. 

Vna preparación para antes de las Horas. 

Vn discurso sobre el Deus in adjiítorium, pi- 
diendo favor para esta Obra. 

Sobre el verso Domine labia mea aperies, etc. 

Psalmo 3. Domine ^'quid multiplicati sunt, etc. 

ün discurso sobre el Gloria Patri, etc. 

Otro discurso sobre el Invitatorio. 

Psalmo 94. Venite exultemus Domino. (Tra- 
ducción en verso castellano.) 

Psalmo 20. Sigue la exposición de los Salmos 
de David en prosa. 

Exposición en prosa y traducción en verso del 
Salmo 147. 

Protestación de fe fechada el 21 de Noviembre 
de 1622 y firmada por la autora. 

Psalmo 41. Traducción en verso. 

Psalmo 62. 

Discurso sobre el capítulo 19 de Isaías. 

Sigúese un discurso y algunas consideraciones 
sobre el capítulo 33 de Isaías. 

Por mediación de mi buen amigo D. José 
María de Valdenebro y Cisneros pude exami- 
nar este manuscrito en Sevilla en Abril del 
año 1 900, y copié los siguientes fragn>entos: 



92 — 



SALMO LXIV 

A tí, Dtos, en Sión den alabanzas, 
tus queridos devotos; 
los que en Jerusalén ¡oh! Rey, alcanzas 
también te rindan votos. 
Y entre unos y otros yo te pido 
dando al alma trasiegos, 
que inclines tu amoroso y fiel oído 
á mis humildes ruegos. 
Pues á tí sólo todos los mortales . 
van á pedir remedio 
de sus crueles y incurables males 
como á su único medio. 
Contra nosotros han prevalecido 
las palabras dañosas 
de nuestros enemigos, y han vencido 
sus lenguas venenosas. 
Si desto causa han sido los pecados 
que habemos cometido, 
de tu piedad seremos perdonados 
cual siempre lo hemos sido. 
Porque es dichoso y bienaventurado 
aquél que tú recibes, 
y por mil siglos vive coronado 
á donde tú resides. 
Que es tu sagrado templo donde hay bienes 
y premios de honra y gloria; 
allí tu mano coronó sus sienes 
con triunfos de victoria. 
Dando con igualdad á cada uno 
el premio que merece, 
quedando de honra y gloria siempre ayuno 
el que el mundo engrandece. 
A los que somos tuyos, salud nuestra, 
óyenos del altura 
y muestra en nuestra ayuda tu gran diestra, 
¡oh! mi esperanza pura. 
Que aunque al fin de la mar y de las tierras 
esté de tí apartado 
me aparejas los montes y las sierras 
que sirven de collado. 
Donde con tu poder y fortaleza 
mientras el mar se altera 
me ciñen de valor y de firmeza 
guardando mi fe entera. 
Viendo tu gran saber y tus señales 
las gentes te temieron 
y aunque eran enemigos capitales 
tu poder conocieron. 
Que alegras y entristeces cuando quieres, 
que ordenas noche y día, 
que sanas y das vida, matas, hieres, 
que eres del alma guia. 



Y para encaminarla á tu alto cielo 
visitaste la tierra 

dejando enriquecido nuestro suelo 
de el bien que en tí se encierra. 
El río caudaloso y de contento 
del tesoro del Padre 

para dar á las almas su sustento 
nación de Virgen Madre. 

Y los demás arroyos enriquecen 
de peces nadadores; 

las plantas y las flores reverdecen 

y respiran olores. 
Con tu rocío manso y amoroso 

se alegran los sembrados 
y crece el trigo grueso y espígoso 

en los verdes collados. 

Y viéndolo tan fértil y abundoso 
tu bendición le echaste 

benigno, afable y misericordioso, 

que en verlo te alegrante. 
Los campos ya desiertos y agostados 

primaveras parecen 
y en los cerros más altos y empinados 

la rosa y clavel crecen. 

Y las ovejas mansas parideras 
con los demás ganados 

pacen la fresca hierba en las riberas 
de gozo rodeados, 

Y todos con balidos, brincos, danzas, 
te dan mil alabanzas. 

Folios 228 á 230. 

SALMO LXXIV 

Alábente los cielos y la tierra 
¡oh! Hacedor del hombre, 
y todo cuanto dentro de sí encierra 
bendiga tu alto nombre. 
Cuente tus maravillas y hazañas 
todo el orbe universo, 
tus obras y proezas tan extrañas 
y tu saber inmenso. 
Si ciño el tiempo, dices, y recojo 
para hacer venganza 
del malo que me ofende y yo me enojo 
con súbita mudanza, 
Haciendo al cielo y suelo fiel testigo 
yo juzgaré las obras 
de aquél que ha sido justo y es mi amigo, 
sus faltas ó sus sobras. 
Más por ser todos flacos, ahora ofrezco 
mi diestra, que en sí encierra 
valor, pues con un dedo fortalezco 



— 93 — 



las columnas de tierra. 
Pero hablando del malo solamente 
dices, por merecello, 
pues eres siervo del pecado tente 
no levantes el cuello. 
Ni engrías la cerviz para encumbrarte 

con tan loca osadía 
contra el que sólo puede castigarte 

con penas noche y día. 
Pues si vas fugitivo hacia el Oriente 
do nace el sol dorado 
6 vuelves con su carro al Occidente 
donde ha su luz dejado, 
Ó á los desiertos montes enriscados 
do no hay yerba ni hoz 
jamás se vio cortar, pues no hay sembrados, 
oirás allí mi voz. 

Y como de juez te pondrá espanto, 
que esperas la sentencia 

de mí, que á unos humillo, á otros levanto 

con mi admirable ciencia. 
En tu mano, gran Rey de las alturas, 

está el cáliz divino 
con que brindas á veces tus criaturas 

del adobado vino. 

Y está de suerte lleno y mixturado 
para beberle todos 

que gustará la hez aheleado 

el malo por mil modos. 
Estos prodigios raros que he contado 

cantaré noche y día, 
y al gran Dios de Jacob que los ha obrado 

que es bien del alma mía. 
Oyéndolos humíllate, arrogante 

que levantas penacho, 
y tú, justo, que te has hecho ignorante, 

y cual tierno muchacho, 
en Dios tu padre has puesto amor y gloria; 

celebra tu victoria. 

275. — Exposición sobre el profeta Jonás. 

Muñiz. (Biblioteca cisterciense española). 

OSSORIO (D.* Francisca). 

276. — La Musaraña del Pindó, pronóstico 
burlesco para el año de 1758, por D.' Fran- 
cisca Osorio, natural de Madrid. Dedícala 
al Duque de Arcos. — Madrid. 1757. — En 8." 

277- — 38 Romance Real, en que Doña 
Francisca Ossorio, entendida en el público 



por la Musaraña del Pindó, canta la bien 
venida en nombre de la España, á nuestro 
amado Monarca Carlos 111. Y prognostica 
la felicidad de su Reynado. Con licencia. — 
En Madrid. Año de 1769. Se hallará en to- 
dos los Puestos de las Gradas de S. Phelipe 
el Real. 
4.** 16 págs. inclusa la portada. 

Yo, aquella que curiosa en otro tiempo, 
lo que el celeste globo nos anuncia 
predixe á todo el mundo, dedicada 
á inútiles jocosas congeturas... 

278. — gg Octavas Reales, que canta Doña 
Francisca Ossorio á la S. R. M. de nuestro 
amado Monarca Carlos 111 en su primer ve- 
nida á el Real Sitio de Aranjuez. Con licen- 
cia. — En Madrid. En la Imprenta de la Viu- 
da de Juan Muñoz. Año de 1760. 

4.' 16 págs. inclusa la portada. 

Son 40 octavas. 

Canto, segunda vez afortunada. 
Segunda vez ufana y atrevida, 
Sin que manchar pretenda la sagrada 
Autoridad de Rey esclarecida; 
A cuya Magestad siempre postrada. 
Venera mi humildad desvanecida; 
Pues no presumo ofendan como insultos. 
Los que ofrece el respeto como cultos... 

Bibl. del Sr. Duque de T'Serclaes. 

OSSORIO (D.* Victoria)? 

279. — Soneto: 
Las que habitáis el Pindó y sus moradas... 

Primera y segvnda parte de las guerras 
de Malta, y toma de Rodas. Por Don Die- 
go de Santisteuan Osorio. — En Madrid. En 
la imprenta del Lie. Várez de Castro. Año 
MDXCIX. 

OVANDO (D.* Leonor de). 

Religiosa profesa en el monasterio de Re- 
gina, de la isla Española. 



— 94 — 



28o. — Á Eugenio Salazar, su cierta ser- 
vidora Doña Leonor de Ovando, en res- 
puesta. 

Soneto: 

El Niño Dios, la Virgen y parida... 

281. — Soneto de dicha señora al mismo 
en la Pascua de Reyes: 

Buena Pascua de Reyes y buen día... 

282. — Soneto de dicha señora al mismo: 
El buen pastor Domingo pregonero... 

283. — Soneto de dicha señora al mismo: 
Pecho que tal concepto ha producido... 



284. — Soneto de dicha señora al mismo: 

No sigo el estandarte del Baptista... 
285.— Versos sueltos de la misma señora: 

Cual suelen las tinieblas desterrarse... 
Silva de Poesía, compuesta por Euge- 
7110 de Saladar, vecino y natural de Ma- 
drid. 
Ms. original de 533 hojas en fol. 

Bib. de la Acad. de la Historia. 

Folios 2o5 á 208. 

Los publicó el Sr. Menéndez y Pelayo en 
el tomo II, pág. lxvii á lxx de la Antología 
de poetas hispano-americanos. 



p 



PACHECO (Sor Juana). 

Religiosa de la Orden de Santa Clara, en 
Beja (Portugal) y sobrina de Fr. Rodrigo 
Álvarez Pacheco. 

286. — Décima en elogio de su tío: 

Tanto, Pacheco, me admiras, 
que das materia á la Fama 
á celebrarte, y mi llama 
vuele aquí en tan dulces miras; 
veloz todo el orbe giras 
con plumas que habrán de ser 
pinceles al rosicler 
del llagado Serafín 
á quien hace su carmín 
infinito el padecer. 

El Serafín humano, compuesto por el R. 
P. Fr. Rodrigo Alvares Pacheco, fray le 
menor de la Regular Observancia del orden 
de Nuestro Padre San Francisco, Custodio 
de la Prouincia de Canarias. A Don Manuel 
Alvares Pinto, señor de la villa de Chilue- 
ches, Albol loque, y Selada, Cavallero del 
orden de Santiago. Acauose este libro en 
Granada en 24 de Junio de 1640. 

Ms. original de 400 hojas en 4." 

Bibl. N'ac> Ms5. núm. 3.975. 



PADILLA (D.* Luisa de). 
Condesa de Aranda. 

Pocas figuras hay en nuestra historia li- 
teraria femenil que puedan compararse á 
esta eminente prosista, acaso la más nota- 
ble de cuantas florecieron en España du- 
rante el siglo XVII, pues juntóse en ella una 
rica erudición con la novedad de pensa- 
mientos y un fácil y castizo estilo. 

Fué hija de D. Martín de Padilla y Man- 
rique, natural de Calatañazor, quien em- 
pezó su carrera militar en Flandes, donde 
se hallaba en el año i568(i); asistió á la 
batalla de Lepanto y allí apresó cuatro ga- 
leras; tomó parte en la guerra contra los 
moriscos de Granada y estuvo en el asalto 
del formidable peñón de Frigiliana (2); ayu- 



(i) Según las informaciones hechas en el año 1584 para 
recibir el hábito de Santiago D. Martin de Padilla, éste 
era hijo de D. Antonio Manrique de Padilla, Adelantado 
mayor de Castilla, y de D." Luisa de Padilla; abuelos pa- 
ternos D. Antonio Manrique de Padilla, señor de Valdes- 
caray, y D.* Elvira Manuel; los maternos D. Antonio de 
Padilla, señor de Calatañazor, y D." Inés Enríquez, hija 
del Conde de Buendia. 

(2) Historia del rebelión y castigo de los moriscos del 
reino de Granada, por Luis del Mármol Carvajal, capí- 
tulos XVIII, XXII. XXIII y XXIV. 



-96 



dó en Lisboa á rechazar al corsario inglés 
Drake; escarmentó á los piratas berberiscos 
del Mediterráneo, logrando echar á pique 
algunas fustas y que el renegado genovés 
Muley Faxad se sometiera á España con dos 
galeras argelinas; acompañó con su escua- 
dra á la reina D.'Margarita deAustria cuan- 
do vino desde Genova, en Febrero de iSgS; 
dirigió una desdichadísima expedición con- 
tra los holandeses que se habían apode- 
rado, en Canarias, de Las Palmas, pues 
hubo de regresar con sus navios deshechos 
por las tempestades á fines de iSgp; en cam- 
bio apresó en Almería, dos años después, 
siete buques enemigos. Había obtenido, á 
24 de Julio de iSSy, el título de Conde de 
Santa Gadea y en i5g6 el de Capitán ge- 
neral de la Armada del mar Océano (i). 

Se conserva de D. Martín una carta es- 
crita á su hijo D. Juan de Padilla, quien 
luego fué Adelantado mayor de Castilla y 
se ahogó en el desastre de la Mahometa; en 
ella le daba provechosos consejos (2). 

La madre de D.* Luisa fué dama de sin- 
gulares virtudes en todos los estados; en su 
viudez se dedicó aún con más fervor á ejer- 



(i) Armada española desde la unión de los reinos de 
Castilla y de Aragón, por Cesáreo Fernández Duro. 
Tomo II, págs. io6, 114, 394, 491 y 499, y t. III, págs. 47, 48, 
5o, 51,78, 122, 129, 161, 166, 171, 204, 2o5, 212, 218, 238, 241 
y 281. 

(2) Carta que escribió D. Martin Manrique de Padilla, 
Adelantado mayor de Castilla, Conde de Santa Gadea, 
Capitán general de las galeras de España y de la Arma- 
da de Portugal por el Rei D. Felipe Segundo, á D. Juan 
de Padilla, habiendo comen^^ado á servir á su Magestad 
de soldado. 

Publicada en el Cajón de sastre literato, ó percha de 
maulero erudito, por D. Francisco Mariano Nipho, t. II, 
págs. 339 á 356. 

Acerca de la muerte de D.» Juan de Padilla en el puerto 
de la Mahometa, véanse la Vida del capitán Alonso de 
Contreras escrita por él mismo (Madrid, 1900), páginas 
76 á 82, y Vida del soldado español Miguel de Castro 
(¡593-1611) escrita por él mismo (Barcelona, 1900), pá- 
ginas 5i á 54. Ambas relaciones difieren en algunos deta- 
lles, como es la fecha, que fija la primer» en el año i6o5 y 
U icgunda «n «1 de 1606. 



ciclos de caridad; sabiendo que muchos 
pueblos en las montañas de Burgos carecían 
de toda instrucción, dio á los jesuítas 1.800 
ducados de renta para que leyesen gramá- 
tica y predicasen en aquel país. Luego que 
vio casadas sus hijas tomó el hábito del 
Carmen Descalzo, en Talavera, en el año 
1606, y adoptó el nombre de Luisa de la 
Cruz. Escogió aquel monasterio por residir 
allí su amiga Sor Mariana de los Ángeles. 
En el año 1608, á petición del Duque de 
Lerma, se trasladó al convento del Carmen 
que éste había fundado en la villa de su tí- 
tulo, y en 161 2 fué elegida Priora. Falleció 
á 9 de Enero de 1614 (i). 

Seis hermanos tuvo D." Luisa; cuatro 
varones y dos hembras; D. Juan, D. Marco 
Antonio, D. Martín, D. Eugenio, D.' Ma- 
riana y D.* Ana María, á quienes su madre 
por sí misma «crió en virtud, é instruyó por 
medio de ayos y maestros en armas, letras 
y exercicios convenientes á personas de su 
estado. Puso en el de matrimonio á D." Ma- 
riana y á D." Ana María, casando la primera 
con D. Cristóbal de Sandoual, que después 
fué Duque de Vceda y heredero de la Casa 
de Lerma, y la segunda con el Marqués de 
Cuellar, sucesor en la de Alburquerque» (2). 
Una hermana de D.' Luisa, D." María 
Ana Manrique de Padilla, casó en 1597 con 



(i) Reforma de los Descaaos de Nuestra Señora del 
Carmen de la primitiva observancia, hecha por Santa 
Teresa de lesvs. Por el Padre Fray loseph de Santa Te- 
resa su Historiador general. Tomo III, p igs. 832 á 842. 

(2) Fr. José de Santa Teresa. Tomo III, pág. 837. 

En las informaciones verificadas en el año 1603 para to- 
mar el hábito de Santiago D. Juan de Padilla, hermano de 
D.* Luisa, declaró Pedro Alcón, en Calatañazor á 10 de 
Enero de 1603, que según había oído, «yendo camino (de 
Granada] D.* Luisa de Padilla, su madre, preñada, parió 
en el lugar de Negredo, aldea de Jadraque, junto á Atien- 
za, al dicho D. Martín [de Padilla] y á otra niña juntar 
mente con él.» D. Juan de Padilla, que contaba unos vein- 
titrés años en el de 1602, había nacido en Granada estando 
allí sus padres ocupados en un pleito, y fué bautizado en 
la parroquia de la Encarnación, que era convento de re- 
ligiosas. 



— 97 



D. Cristóbal Gómez de Sandoval, Duque de 
l^ceda, primogénito del Duque de Lerma, y 
tuvo cuatro hijos: D. Francisco Gómez de 
Sandoval y Padilla, Duque de Lerma, de 
Uccda y de Cea y Conde de Santa Gadea; 
D. Bernardo, Marqués de Belmonte; D.* 
Luisa, que se desposó con el Almirante de 
Castilla en Noviembre de 1 6 1 2, y D." Isabel, 
mujer del cuarto Duque de Osuna (i). 

Ignórase la patria de D.* Luisa, que aca- 
so lo fué Burgos, donde, como consta por 
su testamento, pasó la niñez, educándose 
en el monasterio de la Concepción, de San 



(i) En las Relaciones de Cabrera de Córdoba se habla 
con frecuencia de la Duquesa de Cea y de otros parientes 
de D.^ Luisa: 

«Todavía dura la poca salud desta ciudad [Valladolid] 
y de cada día caen nuevos enfermos, y mueren muchos de 
la gente ordinaria. De la principal, ha muerto la hija de 
los Duques de Cea, por cuyo nascimiento se hicieron las 
fiestas de toros y cañas y torneos el año pasado.» 
Carta de i.° de Octubre de i6o5. 

«Háse vuelto á concenar el casamiento del Almirante 
con hija de los Duques de Cea, la qual tiene cinco años de 
edad, y se han otorgado ya las escripturas del casamiento, 
y el .\lmirante la dota en loo.ooo ducados y lo.ooo de arras 
y le señala 6000 para su Cámara cada año, y S. M. hace 
merced al Almirante de perpetuarle la merced de las 
12.000 salmas de tratas que tiene en Sicilia cada año, y 
que sean de la medida mayor, y con surrogación [de sacar 
en un año lo que se hubiere dexado de sacar en otro, lo 
qual se estima en más de 5oo.ooo ducados.» 
Carta de 29 de Octubre de i6o5. 

«La Duquesa de Cea tuvo muy recio parto al principio 
deste mes, y parió después de día y medio de peligro un 
hijo muerto, que dicen si naciera vivo, S. M. le había he- 
cho merced de la encomienda de Segura, que vale 16.000 
ducados de renta, que vacó por el Duque de Feria.» 
Carta de 7 de Octubre de 1607. 

«El Duque (de Lerma) se partió ayer de aquí á Lerma, 
y luego irá allá la Condesa de Santa Gadea, madre de la 
Duquesa de Cea, que es monja c irmelita descalza en Sa- 
lamanca, que la llevan á fundar un monasterio de aquella 
orden, y se entiende que SS. M.\t. pasarán luego que ven- 
gan de .\raDJuez, alia, para hallarse á la dicha fundación.» 
Carta de 10 de Mayo de 1608. 

«Ha venido de Andalucía la Duquesa de Osuna con su 
hijo, que está desposado con la hija menor de los Duques 
de Cea, y se ha de criar en su casa, que es de edad de doce 
años, y de tres la esposa.» 
Carta de 6 de Junio de 1609. 

El Duque de Cea se casó con D.* Felipa, hermana del 
Almirante, en Madrid, á 29 de Noviembre de 1612; él tenia 
14 años y ella 18; fueron padrinos los Reyes de España y 
la Reina de Francia. 
Carta de i5 de Diciembre de 1612. 



Luis. Su nacimiento puede fijarse hacia el 
año 1590(1). Huérfana de padre siendo aún 
muy joven, contrajo matrimonio en i6o5 
con el Conde de Aranda, mediando en este 
negocio Don Diego Sarmiento de Acuña, 
deudo y tutor de D." Luisa, hecho que re- 
fiere así Cabrera de Córdoba: 

A los 18 del pasado (Agosto de i6o5) se desposó 
el Conde de Nieva, D. Francisco Henríquez, por 
el Conde de Aranda, con D.* Luisa Manrrique de 
Padilla, hermana de la Duquesa de Cea, y se ha 
ofrecido al Conde que S. M. le hará merced de 
honrarle con título de Grande, mandándole cu- 
brir; lo qual se cree se hará yendo á tener Cortes 
á Aragón, donde tiene su Estado el dicho Con- 
de (2). 

Retirado el Conde de Aranda á su villa 
de Épila, acaso por las pasadas tragedias de 
su familia, dedicóse allí al cuidado de sus 
bienes (3) y aun al cultivo de las letras. 
D.' Luisa, cuyas aficiones al estudio se de- 
bieron de manifestar desde su juventud, 
consagróse á la lectura, dedicando no pocos 
ratos á las investigaciones históricas y ar- 
queológicas, según se deduce de sus cartas 
al cronista Andrés de Uztarroz. Al par que 
á los libros se dedicaba á la caridad, soco- 
rriendo con mano liberal cuantas necesida- 
des veía en los pobres (4). 



(i) El año 1592 es la fecha que da D. Diego Ignacio Pa- 
rada en sus Escritoras y eruditas españolas. 

(2) Relaciones de las cosas sucedidas, principalmenteen 
la Corte, desde el año de iSgg hasta el de i6 14, por Luis 
Cabrera de Córdoba. Carta de 3 de Septiembre de i6o5. 

(3) Don Antonio Ximénez de Urrea, Conde de Aranda, 
en el Palacio de su Villa de Épila ha tenido y tenía vn 
archivo, donde tenía recónditas y guardadas con toda cu- 
riosidad y concierto las escrituras, cabreos, libros y pa- 
peles tocantes á dicho su Estado y Condado de Aranda.» 

Letras narrativas, folio 20. 

(4) El Padre Maestro Fr. Domingo Mesón, agustino, de- 
cía que el gobernador de Pomer «dio allá algunas vezes di- 
neros de las rentas dominicales, de orden de mi señora la 
Condesa Doña Luisa de Padilla, cuyo dinero se entregaua 
y entregó de orden de dicha Señora Condesa á la persona 
que dispuso el depositante; y una ocasión particularmen- 
te dio cierta cantidad para ayuda de el rescate de una mu- 
ger muy moza, natural de la villa de Caldea, que estaua 
cautiva en Argel». 

Letras narrativas, folio 90. 



-98 
D. Antonio era hijo de D. Luis Ximénez 
de Urrea, Conde de Aranda, quien por su 
participación en los alborotos de Zaragoza 
cuando ocurrieron los sucesos de Antonio 
Pérez, fué encerrado en el castillo de Coca, 
donde murió al poco tiempo (i). 

Según consta en las informaciones he- 
chas para recibir el hábito de Santiago, 
D. Antonio, fué su madre D." Blanca Man- 
rique, Marquesa de Astorga, nacida en 
Aguilar de Campóo. Sus abuelos paternos 
Don Juan Ximénez de Urrea, Conde de 
Aranda, y D.° Isabel de Aragón, natural de 
Valencia, hija de los Duques de Segorbe y 
Cardona. Los maternos D. Luis Fernández 
Manrique, Marqués de Aguilar de Campóo, 
y D.° Ana de Aragón, hija de los Duques 
del Infantado (2). 

Cuando en el año 1641 el Obispo de Má- 
laga, Virrey y Capitán general de Aragón, 
reunió los cuatro Estados; hubo algunas 
cuestiones por haber entrado en el de la no- 
bleza «Don Miguel Marín de Villanueva, 
primogénito de Don Juan Marín de Villa- 
nueva, á quien (como escribí el año pasado) 
hizo S. M. Conde de San Clemente, siendo 
hijo de... Salióse así como le vio el Señor 
Conde de Aranda, seguido de muchos Títu- 
los y Nobles, quedándose muy pocos; el Don 
Miguel ha venido aquí á quejarse» (3). 

A 20 de Noviembre de 1646 escribía des- 
de Madrid el P. Sebastián González al Pa- 
dre Rafael Pereyra que S. M. hallándose en 
Zaragoza había concedido al Conde de 



(1) Historia de las alteraciones de Aragón en el reina- 
po de Felipe II, por el Marqués de Pidal. Madrid, 1862-63. 
Libros Vni áXlII. 

(2) Las informaciones para tomar el hábito de Santia- 
go D. Antonio Ximénez de Urrea dieron principio con 
una Real cédula de Felipe III, fechada á 12 de Abril de 1609. 

Según las declaraciones de algunos testigos, el Conde 
de Aranda tenia entonces unos diez y ocho años. 

(3) Avisos de ü. José Pelliccr. Semanario erudito, to- 
mo XXXII, pág. 83. 



Aranda «toisón y un virreinato, el que qui- 
siere en España» (i). 

No publicó D." Luisa de Padilla sus obras, 
y aun alguna, como es la intitulada Nobleza 
virtuosa, la imprimió Fr. Enrique Pastor 
sin hacer constar en ella el nombre de su 
autora; el mismo religioso editó las restan- 
tes, diciendo expresamente de quién eran. 
Por esto han supuesto algunos que se tra- 
taba de obras postumas, opinión que se 
desvanece considerando que D.* Luisa mu- 
rió en el año 1646 y el último de sus libros. 
Idea de Nobles, fué impreso en 1644. 

Por estos y otros servicios que Fr. Enri- 
que Pastor hizo á nuestras Letras lo ensalzó 
Andrés de Uztarroz en los siguientes versos 
de su Aganipe: 

Fray Enrique Pastor, dichosamente 
bebió de la Castalia en la corriente, 
y con sus versos sacros lisonjea 
las luces de la lámpara Febea. 
Éste que de Agustino 
el gremio aragonés rigió divino, 
cuya memoria grata 
Jalón celebra en ondas de escarlata, 
Éste que sacó á luz de la heroina 
de Aranda, elegantísima Corina, 
sus doctos y útilísimos desvelos 
que aplaude el áureo Dios que nació en Délos. 

D.* Luisa falleció en Épila á 2 de Julio 
de 1646, y fué sepultada allí en el convento 
de religiosas Descalzas de la Purísima Con- 
cepción. 

Fundándose en varios pasajes de las obras 
de D.* Luisa, han dicho algunos que tuvo 
hijos y que los últimos años de su vida los 
pasó exclusivamente dedicada á la cristiana 
educación de éstos(2); la siguiente carta que 



(i) Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús 
sobre los sucesos de la Monarquía entre los años de 1S34 
y 1648. Tomo VI, pág. 427. 

(Memorial histórico español.) 

(2) D. Diego Ignacio Parada (Escritoras y eruditas es- 
pañolas, pág. igS) escribe: «Privada por sus achaques de 
poder dirigir la educación de sus hijos, se ocupó en escri- 



— 99 — 



insertamos jde su marido prueba que no lo- 
gró sucesión, ó al menos que fallecieron sus 
hijos en edad temprana. El Conde se casó 
por vez segunda con una parienta suya, se- 
gún escribe al Marqués de Astorga, tan sólo 
para no morir sin descendencia. 

Hermano y señor mío: he recivido su carta de 
V. E. de 2 del corriente, olgándome de que V. E. 
me diga quán aliviado queda de la ysipula que le 
causa la asistencia de la enfermedad de nuestro 
primo, porque siempre son trabajosas essas ocu- 
paciones y más en tiempo de calor, que lo aumen- 
tan lutos y achas. 

Á novedad tendrá V. E. lo que le boy á decir: 
siete años ha que estoy viudo y siempre he tenido 
adversión á bolverme á casar, porque son menes- 
ter muchas circunstancias para tener contenta á 
una señora. Consideraba verme con años; con 
ellos se acarrean los achaques que obligan á estar 
más en la cama que levantado; todo este tiempo 
ha sido una batalla mi imaginación, considerando 
el desdichado estado que tenía mi casa, de verme 
sin sucesión; apretávame mucho este punto, y 
también el de mi edad. Ha sucedido que un deudo 
mío cstava en este lugar casado, y en lo mejor de 
su edad se lo ha llevado Dios; dejó á su muger de 
diez y nueve años, hija de un cavallero noble 
deste Reyno. Esta señora ha salido muy virtuosa, 
y tan grande su retiro, que en todo el año no se 
le ha visto la cara, ni ha sal'do de su casa; supe 
que la condición la tenía muy apacible y tiene 
muy buen discurso, y havía tenido hijos, circuns- 
tancias todas á mi propósito. He llevado este pen- 
samiento más de siete meses sin poderlo echar de 
la imaginación, de que me estaría bien casarme 
con ella; helo hecho encomendar á Dios y con 
grandes veras, á religiosos y religiosas de grande 
vida, sólo diciéndoles pidiesen á Nuestro Señor 
un negocio que llevaba en mi pensamiento; que si 
havía de ser para su servicio se executase; con 
estas oraciones siempre Nuestro Señcr me ha 
dado perseverancia en mi intento. Yo consideré 
que casarme en la Corte con hijas de Grandes se- 
ñores, havian de estar disgustadas á dos días que 



bir algunos libros qué sirvieran á éstos de norma y regla 
en su vida». 

En las Letras narrativas, folio 6i, declaró Juan Fran- 
cisco Mancebo que «oyó decir en algunas ocasiones al 
Señor Conde Don Antonio que era desgraciado; que en 
su casa no tenía sucesor legitimo, porque sólo lo había de 
el Señor Abad Don Juan su tío.» 



estubiesen en mi aldea, y los pesares que una se- 
ñora da á su marido siendo viejo, le mata con 
ellos, y con la mocedad y la bizarría se pueden 
llevar, y lo que más sienten las mugeres es que se 
les pase su mocedad y el tiempo florido en aldeas, 
porque hechan menos las visitas de sus iguales, 
los paseos, las meriendas y los regalos de unas 
amigas á otras; y como esta señorita se había 
criado en aldea no puede hechar menos lo que 
no ha visto, y siempre ha de estimar el venir de 
una casa de un caballero principal á una casa 
como la mía, y que siempre atenderá á que el 
conservarme la vida será conservar la suya, por- 
que la comodidad y las conveniencias adelantan 
el amor. Con lo qual, hermano y señor mío, me 
he casado con ella, de que estoy muy contento, y 
tengo esperanzas de que Dios me ha de hacer 
merced de darme sucessión. Las causas ocurren- 
tes para que esto se executasse con prontitud han 
sido grandes, y assí pido perdón á V. E. de no ha- 
verle dado noticia desto antes, y pidiéndole su 
parecer y licencia como tenía obligación. Guarde 
Dios á V. E. hermano y señor mío, los muchos 
años que desseo y he menester. Épila 20 de Julio 
de ifi53. 

El Conde de Araiida y Sastago. 
Sr. Marques de Astorga. 

Orig. con firma autógrafa; dos hojas en 
folio. , 

Biblioteca Nacional. Ms. CC.-94. 

El. Conde de Aranda fué poeta, aunque 
no de gran inspiración; hay publicados de el 
unos Tercetos en que se descriven los spcesos 
de la vida de San Ramón (i), v empiezan 
asi: 

Para que se eternice la memoria 
y que el ingrato tiempo no consuma 
con oluido las causas de vna gloria, 



(i) Certamen pcélico á las fiestas de la translación de 
la reliquia de San Ramón Nunat, Recopilado por el Pa- 
dre Fr. Pedro Martin, Religioso de la Orden de nuestra 
Sei':ora de la Merced Redención de cautiucs. Y su pida en 
Rimas por Francisco Gregorio de Fanlo. Á Doña I.uvsa 
de Padilla, Condessa de Áranda, Vizcondesa de Viota, 
Señora del Vis^condado de Rueda e:t el Reyno de Aragón 
ydela Tenenciade ^Icataten y Baronías de Mislata. Cor- 
tes y Deniloba en el Reyno de Valencia.— Año 1618. Im- 
presso en Zaragoza, Por lu.in de Lanaja y Quartanct. 

go hojas en 4." 

Folios 47 á 49. 



100 — 



Haziendo de la vida breue suma 
de San Ramón Nonat el mundo cante 
con dulce estilo y elegante pluma. 

Considerando el ánimo constante 
que mostró, sin temer las amenagas 
del mahometano bárbaro, arrogante, 

Quando en Argel con sus diuinas trabas 
la palabra euangélica sembrando 
andaua en los concursos de las plagas 

Tantas almas perdidas restaurando, 
que temiendo la bárbara malicia 
el bien que nuestro Santo yua grangeando. 

Llena de furia y singular codicia 
de quitalle la vida, resoluieron 
dalle crueles castigos sin justicia. 

En vn candado ardiendo le pusieron 
los labios y la lengua atrauessados, 
mas su dañado fin no consiguieron. 

Pues pensando tener assí cerrados 
los labios, puerta de tan gran thesoro, 
que con roballe estañan remediados. 

Para más confusión del ciego moro 
que en su tormento sólo conñaua, 
como era fuego acrisolóse el oro, 

Y todos los quilates que encerraua 
les descubrió tan milagrosamente, 
que mejor que primero pronunciaua... 

En los folios 49 y 5o hay otros tercetos 
de Fr. Enrique Pastor á San Ramón No- 
nato. 

Lorenzo Gracián dedicó á D. Antonio 
Ximénez de Urrea su Agudenia y Arte de 
ingenio, en que se explican todos los modos 
y diferencias de concetos con ejemplares es- 
cogidos de todo lo más bien dicho, así sacro 
como humano. — Impresa en Huesca por J. 
Nogués, año 1649. 

D. Alonso de Castillo Solórzano su Epí- 
tome de la vida y hechos del ínclito Rey 
D. Pedro de Aragón, Tercero de este nom- 
bre, cognominado el Grande, hijo del escla- 
recido Rey D. Jaime el Conquistador. — 
Zaragoza, por Diego Dormer, año 1639. 



DOCUMENTOS REFERENTES A DONA LUISA DE PADILLA, 
CONDESA DE ARANDA, Y Á SU MARIDO Y CASA 

1 

Poder que el Conde de Aranda dio á D. Diego 
Sarmiento de Acuña y al Conde de Nieva para 
otorgar sus capitulaciones matrimoniales con 
/)." Luisa de Padilla. (Año i6o5.) 
Sepan quantos esta carta de poder vieren como 
yo don Antonio Ximénez de Urrea, Conde de 
Aranda, hijo de Don Luis Ximénez de Urrea y 
Doña Blanca Manrrique de Aragón y Pimentel, 
su muger. Condes de Aranda, y al presente la di- 
cha Doña Blanca Manrrique es Marquesa de As- 
torga (i), mis señores padre y madre: Digo que 
por quanto está tratado y concertado que median- 
te la gracia y voluntad de Dios nuestro Señor, y 
para su seruicio, yo me aya de cassar con la se- 
ñora doña Luisa Manrrique, hija legítima de los 
señores Don Martín de Padilla y Acuña, Adelan- 
tado mayor de Castilla, de los Consejos de Estado 
y Guerra de Su Magestad y su Capitán general de 
las galeras de España y mar Océano (que sea en 
gloria), y Doña Luisa de Padilla y Acuña, su mu- 
ger. Condes de Santa Gadea, y para que el dicho 
matrimonio aya efecto se an de hacer y otorgar las 
capitulaciones matrimoniales conforme á lo que 
está de acuerdo entre mí y la dicha señora Con- 
desa de Santa Gadea, como madre y curadora de 
la dicha señora Doña Luisa Manrrique, á las qua- 
les no me puedo aliar presente por mi persona, 
por tanto doy y otorgo todo mi poder cumplido, 
libre, llenero, bastante, según que le tengo y de 
derecho se rrequiere y es necesario, con libre y ge- 
neral administración, á los señores Don Francisco 
Henrríquez de Almansa, Conde de Nieva, Comen- 
dador de Piedra Buena de la Horden de Alcántara 
y mayordomo de Su Magestad, y Don Diego Sar- 
miento de Acuña, señor de las villas y casa de 
Gondomar, Comendador de Guadalerqa, de la Or- 
den de Calatraua, del Consejo de Hacienda de Su 
Magestad y Contador de la su Contaduría mayor 
della, y cada uno dellos in solidum especialmente, 
para que por mí y en mí y como yo mismo pue- 
dan asentar y capitular el dicho casamiento de 



(i) a la casa de Astorga perteneció la célebre D.'' Ana 
de Osorio, á quien se debe el descubrimiento de la quina. 

Cnf. A memoir ofthe Lady Ana de Osorio Countess o/ 
Chinchón and Vice-Queen of Perú (A. D. 1629-39 with a 
Pleafor the Corred Spelling ofthe Chinchona Genus. By 
Clements R. Markham. C. B.. F. R. S.— London. Trübner 
& Co. 1874. 

99 págs. en 4.° mayor. 



— lOI 



entre mí y la dicha señora Doña Luisa Manrrique, 
con la dicha señora Condesa de Santa Gadea, su 
madre y curadora, ó con quien su poder ouiere, 
y prometer en mi nombre de efectuar el dicho ca- 
samiento y matrimonio con la dicha señora Doña 
Luisa Manrrique, al tiempo y so las penas que 
asentaren y concertaren, y aceptar y reciuir en 
mi fauor la promesa que hiciere la dicha señora 
Doña Luisa Manrrique, ó en su nombre la dicha 
señora Condesa de Santa Gadea, su madre, y con- 
certar y reciuir en mi fauor la promesa y obliga- 
ción que hiciere en quanto á la docte que se me 
ha de dar con la dicha señora Doña Luisa Man- 
rrique, que sea en la cantidad y en la forma é 
manera y especie que los dichos señores Conde de 
Nieva y Don Diego Sarmiento de Acuña ó qual- 
quier dellos in solidum quisieren y prometieren 
mi nombre en arras y donación propter nuncias 
(sic) á la dicha señora Doña Luisa Manrrique la 
cantidad ó cantidades que les pareciere, y obligar- 
me á asegurar la dicha docte y arras con los bín- 
culos y obligaciones devidas en la forma y según 
y como pareciere á los dichos señores y qualquier 
dellos, y poner y asentar ansí en razón de la dicha 
docte y arras y seguridad de las dichas cosas que 
trataren y concertaren y me quisieren obligar en 
favor de la dicha señora Doña Luisa ó de la dicha 
señora Condesa su madre, y de qualquiera dellas, 
todos los capítulos y obligaciones y cláusulas que 
les pareciere y quisieren poner y asentar, de qual- 
quier efecto y vigor que sean, porque el asentar y 
capitular todo lo que quisieren á que el dicho casa- 
miento y matrimonio aya efecto, lo dexo y defiero 
al libre poder y autoridad de los dichos señores 
Conde de Nieva y D. Diego Sarmiento de Acuña y 
de cada uno in solidum, sin que tengan limitación 
alguna, y quiero que valga todo lo que capitula- 
ren como si en este poder fuera expresado y de- 
clarado, y que sobre ello puedan hacer y otorgar 
todas é qualesquier escrituras de capitulación y 
obligación y las demás que sean necesarias, ansí 
conforme al uso, estilo y costumbre de Castilla 
como al del Reino de Aragón y sus fueros, ó 
como y en la forma é manera que á los dichos 
señores y á cada uno in solidum les pareciere, que 
siendo por ellos ó qualquiera dellos hecho y otor- 
gado, yo por la presente lo otorgo, ratifico y 
apruevo, y prometo y juro á Dios en forma de de- 
recho de lo guardar y cumplir y no ir contra ello, 
y á mayor abundamiento prometo y me obligo y 
juro de lo ratificar y aprovar de qualquier mane- 
ra que fuere hecho y otorgado por los dichos se- 
ñores ó qualquier dellos in solidum, y quan cum- 



plido é bastante poder para todo ello tengo se lo 
otorgo con sus incidencias y dependencias y con 
la dicha libre y general administración, y les relie- 
vo en forma de derecho y me obligo con mis bie- 
nes é rentas auidos y por auer, y por más promesa 
juro por Dios nuestro Señor y por Santa María 
su bendita madre y por una señal de cruz como 
tal, por ser menor de beinte y cinco años aunque 
mayor de catorce, y para todo lo que fuere nece- 
sario para la balidación del dicho contrato, que 
abré por firme este poder y lo que en virtud del 
se hiciere y que no lo revocaré ni hiré ni berné 
contra ello alegando que fui menor, ni que le 
otorgo por temor, miedo ni reverencia de la dicha 
mi señora madre ni de otra persona alguna, por- 
que antes confieso que lo ago y otorgo de mi 
propia y espontánea boluntad, ni diré ni alegaré 
que fui leso, engañado ni damnificado enorme ni 
enormísimamente, ni pediré beneficio de restitu- 
ción aunque me competa, ni otra excepción ni 
defensión aunque el derecho á ello me dé lugar y 
lo permita; y si hiciere lo contrario, además de que 
no me a de valer, sea perjuro é incurra por caso 
de menos valer y en las otras penas en que incu- 
rren los que quebrantan juramentos, del qual no 
pediré relaxación, y aunque me sea concedida no 
usaré della; en testimonio de lo qual lo otorgué 
ansí ante el presente escribano público y testigos 
suso escriptos (i). 

II 

Carta del Duque de Cea, referente al matrimonio 
de Z).* Luisa de Padilla. (Año i6o5.) 

Mi señora: cumpliendo con lo que escribía v. ex.' 
desde Lerma y visto que quien tenía á su cargo la 
plática comenzada del casamiento de mi hermana 
no me hablaba en ella, y que era demasía nuestra 
tratar en cosa que se faltaba tanto en no rogár- 
noslo mucho, me determiné á pensar en quán 
bien nos está el casamiento del de Aranda, junta- 
mente con tan gran comodidad como no reparar 
en cosa ninguna de interés de parte del Conde, y 
assí me parece que sea el negocio muy acertado; 
escribo al Conde de Niebla y á D. Diego Sarmien- 
to en respuesta del recado que me trajeron de 
parte de los Marqueses de Astorga acerca de esto; 
V. ex.* las vea y si le parecen bien las mande ce- 
rrar y dárselas; y el concluir luego con este ne- 
gocio es lo mejor y que se trate de que se despo- 
sen luego, advirtiendo de si han menester dispen- 



(i) Borrador en dos hojas en folio. Bib. Nac. P. V. Fwl, 
C.-47.— Núm. 19. 



— 102 



sación, porque no se pierda tiempo en enviar por 
ella; también es menester que v. ex.''' mire cómo 
82 ha de capitular lo de la viudedad, porque en- 
tiendo que es necesario señalarlo según la cos- 
tumbre de Aragón, y pongo en consideración de 
V. ex." que el dar las cartas al Conde y á Don 
Diego se debría hacer con certeza de lo que me 
ofrecieron de que no habría en que reparar en 
admitiendo este negocio; el del Infantado lo ha de 
saber luego que se trata, porque Doña Leonor 
Manrique se lo dirá en caso que esto sea assí. Su- 
plico á V. ex."" le dé parte del de la de Entrambas; 
á mi padre se la he dado y le ha parecido negocio 
muy acertado; quiera Dios que vea v. ex.'' el buen 
suceso del con todos los contentamientos posibles, 
y yo le deseo, que cierto son muy al igual de un 
hijo obediente y que con tofo amor y respeto la 
ama; la Duquesa besa á v. ex." la mano; no escri- 
be por haber venido cansada de fuera; queda muy 
buena, y assi Eugenio y Francisco; mucho cuida- 
do me da la flaqueza de Luisica; cierto que temo 
esta niña; suplico á v. ex." con toda particularidad 
nos avise de como estuviera, porque con esto se 
cree cuando se sabe de la mejoría y se está con 
menos pena, y que v. ex." mande se nos avise con 
todos los correos de entrambas niñas, que hoy ha 
venido correo sin cartas de v. ex.% á quien guarde 
Dios los años que los hijos de v. ex." hemos me- 
nester. De Burgos, lo de Agosto [de i6o5]. 

El Duque de Cea (i). 

111 
Testamento de iJ." Luisa de Padilla. 

«Épila ¡7 de Febrero de 1645. 

Jesús, María y Joseph. En el nombre de Dios 
nuestro Señor Todopoderoso y de la Puríssima 
Virgen Santa María, madre suya y de todos los 
sanctos y sanctas de la corte celestial, sea á todos 
manifiesto que yo, Doña Luisa Manrrique y Pa- 
dilla, hija legítima y natural de los Excnios. Se- 
ñores Don Martín de Padilla y Abiñón, Adelanta- 
do mayor de Castilla, de los dos Consejos del 
Estado y Guerra de Su Magestad y su Capitán 
general de las Galeras armadas de España, y Doña 
Luisa de Padilla y Acuña, Condessa de Santa Ga- 
dea, mis señores y padres que están en gloria, y 
de presente muger de Don Antonio Ximénez de 
Urrea, Conde de Aranda, mi señor y marido, es- 
tando por la misericordia de Dios en mi sano jui- 
cio, firme memoria y palabra manifiesta, desean- 



(i) Orig., tres hojas en folio. Bib. Nac. Pap, Varios. 
C.-47. Núm. 19. 



do preuenir el día de mi muerte, reuocando y 
anullando, según que por thenor del presente re- 
uoco y anullo y por reuocados y anullados doy 
y hacer quiero, todos y qualesquiera testamentos, 
codicillos y otras últimas voluntades... ordeno el 
presente, mi último testamento.» 

Manda que enterrasen su cuerpo, amorta- 
jado con el hábito del Carmen, en el con- 
vento de Descalzas de Épila, sin que lo em- 
balsamaran. 

Que se dijeran diez mil misas rezadas en 
Épila, Zaragoza, Calatorao, Burgos y otras 
poblaciones. 

Que se tomaran por su alma cien bulas 
de difuntos. 

Deja luego muchas mandas piadosas y 
legados, cuales son los siguientes: 

Que el día de su entierro se diese vestido 
á cincuenta mendigos y dotes de cincuenta 
escudos á veinte doncellas pobres. 

Deja doscientas libras jaquesas al hospital 
de Gracia de Zaragoza. 

Cien libras para redención de cautivos. 

.Otras ciento para el colegio de arrepenti- 
das de Zaragoza. 

«.Dexo de gracia espefial al Prior, monjes y 
conuento de Fresde^val, gerca de Burgos, de la 
Orden de San Gerónimo, adonde están enterrados 
el Adelantado, mi señor y mi padre, y mis abue- 
los, mil y trecientas -libras jaquesas (1). 

»Item, dexo de gracia especial al conuento de 
religiosas de la Concepción de San Luis, de la 
ciudad de Burgos, por el afectuoso amor que las 
tengo y reconocimiento del tiempo de mi niñez 
que passé allí, y por ser fundación de la cassa de 
mis p-.dres, la suma y cantidad de mil libras 
jaquesas, las quales han de emplear en hazer 
vn ornamento de tela de oro con las armas del 
•Conde mi señor y mías; y más les dexo otras 
Cient libras jaquesas para fundación de vn aniuer- 
sario. 



(1) Cnf. Monasterio de Fresdelval. Galerías del claus- 
tro procesional. Ventanas del templo, por ünnque Serra- 
no Fatigati. (Boletín de la Sociedad española de excur- 
siones, Noviembre de 1902. 

Págs. 217 á 222. 



— 103 



»Item, dexo de gracia á mi señora la Condessa de 
üuimaran, en señal de la amistad que siempre ha- 
uemos profesado, una imagen de la huida á Egip- 
to, pintada en bronce, ochauada, guarnecida de 
évano, plata y piedras, que la tengo en mi oratorio. 

»Item, dexo de grac^ia especial á mi señora la 
Condessa de Plasen^ia, mi prima, en señal de 
amor, vna imagen de illuminación, del nascimien- 
to de Christo nuestro Redemptor, guarnecida de 
évano, con viril, que está en el oratorio.» 

Deja por heredero á su marido D. Anto- 
nio Ximénez de Urrea. 

Nombra testamentarios á éste, al Arzo- 
bispo de Zaragoza, al Duque y la Duquesa 
de Osuna, al Prior del Pilar de Zaragoza, al 
Provincial de San Agustín en Aragón y al 
Prior del convento de San Sebastián de 
Épila (i). 

IV 
Partida de defunción de D." Luisa de Padilla. 

Año mil seyscientos quarenta y seys en dos de 
Julio murió la Excma. Sra. Condesa de Aranda 
Doña Luysa de Padilla, haviéndole sido adminis- 
trados los Santos Sacramentos de la Eucharistia y 
Extremaunción por mi, Mossén Diego Duarte, re- 
gente de cura de esta Parrochial de Épila. Dispusso 
por su testamento cerrado, cuya aperción testificó 
en dicho día, mes y arriba calendado año, Martín 
Duarte, nottario habitante en Épila. 

V 

Cartas del Conde y de la Condesa de Aranda al 
Dr. Juan Francisco Andrés de i\tarro'{. 
I 
Siempre tuve por hablilla popular el dez'ir que 
fuese colonia la población del Bayo de Biota, 
porque cossa tan grande no pudieran oluidarla 
las historias de España, Zurita y otros antiqua- 
rios; pero con todo esso hallará su curiosidad de 
V. m. allí algunas cossas á propósito para el traba- 
jo que tiene entre manos, de que yo me he olgado 
mucho, por lo que espero quedará illustrada esta 
villa, en la qual no sé si ha llegado á noticia de 
V. m. se hallan de aquellos casquillos que da por 
señal Ambrosio de Morales en el Discurso general 



(i) Tuvo la bondad de proporcionarme un traslado no- 
tarial de este documento el Sr. Duque de Hijar. 



de las antigüedades, de hauer sido hauitación de 
los romanos. 

Con esta buelbo á v. m. su papel, digo carta, á 
la villa de Mallén, que es muy curioso y me he 
olgado de leerle, y assegúrese que de todos los 
que me embiare no saldrá de mi poder la menor 
noticia del mundo para ninguna persona, porque 
sé muy bien lo que se siente ver que se honrren 
otros con lo que ha costado mucho trauajo, y los 
hijos del ingenio se aman mucho. Nuestro Señor 
guarde á v. m. Épila y Marzo lo de 1642. 

La Condessa de Aranda. 

II 

Con ésta remito á v. m. la carta de recomenda- 
ción para el Padre Maestro Foncalda, pidiendo le 
haga maestro de estudiantes á su hermano de v. m. 
y desearé se luzga la boluntad con que la e hecho 
deseando los aumentos deste religioso y el gusto 
que sus hermanos tendrán de verle medrado. 
V. M. esté cierto que en quanto se le offreciere 
tendrá segura mi voluntad, estimando la de v. m. 
y que nuestro Señor le guarde como puede. Épila 
y Ottubre 12 de 1644. 

La Condessa de Aranda. 
Sr. Dr. Juan Francisco Andrés. 

Sobrescrito: Al Doctor Juan Francisco Andrés 
que Dios guarde. En la placa de la Seo de Zara- 
goca. 

IIX 

Su carta de v. m. me ha hallado en Épila y assí 
no he tenido noticia del memorial que v. m. ha 
dado al Estamento de los nobles; hame pessado 
en estremo no hallarme en aquella ciudad, pues 
puede estar v. m. cierto de lo que le quiero y es- 
timo (que por sus muchas partes merece que 
todos lo hagamos) que le serviré en todo lo que 
pueda desde aquí con mis amigos, y si lleua dila- 
ción el negocio lo haré quando esté en Qaragoca, 
y olgaréme de que v. m. me escriua en lo que 
consiste el memorial ó me le enuíe un tanto del 
para estar enterado de la materia. 

La carta que v. m. me dice que ha hallado del 
Emperador Carlos quinto en los registros del Se- 
cretario D. Hugo de Urdes, para el Sr. Conde don 
Miguel, en que le ofrece hacerle Duque de Xerica, 
no la he hallado asta aora, ni he tenido tal noti- 
cia. Y aunque estos días ando ocupado en rebol- 
uer papeles antiguos de mi cassa y componerlos, 
hasta aora no ha salido; estaré con atención para 
los que me faltan de ver, pero háceme una gran- 
de fuerza, que si la hubiera, hauien.io deseado 



— 104 



tanto la grandeza el Sr. Conde D. Juan mi abuelo, 
hubiera fundado más firme su pretensión por essa 
parte, si la tubiera, pues en todos los memoriales 
que dio al Sr. Rey Felipe 2." no hecho por esse 
rumbo. Guarde Dios á v. m. muchos años. Épila 
y Henero 18 de 1646. 

El Conde de Aranda. 

Sr. Dr. Juan Francisco Andrés, 

IV 

Con su carta de v. m. de 4 del corriente e recl- 
uido el memorial que en la passada me dijo auía 
dado para que en el Estamento de los nobles se 
biesse la pretensión que en él se declara, y quan- 
do yo no deviera á v. m. la finesa de boluntad 
que le confiesso, sus méritos aseguraran mi boto, 
y más estando al Reyno tan bien el que personas 
como V. m. y de su cuydado y estudios tengan á 
su cargo el empleo de coronista, que pues a de 
ser la futura sucessión de Don Francisco de Urrea, 
á quien no se le deue hacer contraste, no dificul- 
taré la materia; en todas las que tocaren á sus 
aumentos de v. m. me tendrá seguro, como lo 
experimentará con el tiempo. Y guarde Dios á 
V. m. muchos años. Epila, Febrero 14 de 1646. 

El Conde de Aranda. 
Sr. Dr. Juan Francisco Andrés. 



Muy bien creo yo de la merced que v. m. me 
hace, el sentimiento con que me da el pésame de 
la muerte de la Condessa, que Dios aya, y es tal 
la pena con que me ha dejado este suceso, que no 
me es posible hallar aliuio en cosa desta vida, y 
sólo lo espero de su Diuina iVlagestad, embiándo- 
me paciencia y fuer9as para licuar trauajo tal. 
Suplico f V. m. me las solicite por su parte, que 
por la mía queda el hacer siempre todo aprecio 
destos fauores y el desear merecerlos con muchos 
empleos del seruicio de v. m. á quien guarde Dios 
otros tantos años. Épila y Julio á 7 de 1646. 
El Conde de Aranda. 
Sr. Dr. Juan Francisco Andrés (i). 



VI 

Documentos relativos á la casa de 
D.^ Luisa de Padilla. 
Por el Adelantado mayor de Castilla, Don Eu- 
genio de Padilla y Acuña. Con los Marqveses del 



Algaua, Don Francisco, y Don Luys deGuzmán, 
y Don Pedro Andrés su hijo, y nieto. Sobre la su- 
cessión en propiedad del mayorazgo de la villa de 
Dueñas, y otros bienes al dicho mayorazgo per- 
tenecientes.— En Granada, por Sebastián Muñoz, 
Impressor de libros. Año de 1610. 

33 hojas en folio. 

Por Doña Maria de Acuña, Condesa de Buen- 
día, y por sus nietos Don luán de Padilla, Ade- 
lantado mayor de Castilla, difunto, y Don Euge- 
nio de Padilla, y Acuña, Adelantado mayor que oy 
es de Castilla: Contra Don Francisco de Guzmán y 
Acuña, Marqués del Algaua, difunto, y Don Luys 
de Guzmán y Acuña, Marqués delAIgaua, y Har- 
dales, que se opuso coadjuuando el derecho de su 
padre. — En Granada. Por Sebastián Muñoz, im- 
pressor de libros. Año de 1610. 

Firmada por el Dr. Franco de Saravia, el doc- 
tor Cristóbal Velázquez y el Licdo. Diego de Ri- 
bera. 

26 hojas en folio. 

Memorial del pleyto qve tratan Don Francisco 
de Guzmán y Acuña, Marqués del Algaua, y don 
Luys de Guzmán y Acuña, su hijo, Marqués del 
Algaua, y de Hardales, y Don Pedro Andrés de 
Guzmán, y Acuña, hijo del dicho Marqués Don 
Luys que se han opuesto á él. Contra Doña Ma- 
ría de Acuña, viuda de Don Juan de Padilla, Ade- 
lantado mayor de Castilla, y contra el Adelantado 
Don Martín de Padilla, yerno de la Doña María, 
y Don luán de Padilla, y Don Eugenio Manri- 
que de Padilla y Acuña. Adelantado que oy es, 
sus hijos, sobre la propiedad del Condado de 
Buendía. Firmado por Don Gonzalo de Santa 
Eufemia. 

Imp. s. 1. n. a. 
49 hojas en folio. 



(i) Originales coa firmas autógrafas. Bib. Nac. V. 170, 
olios 455 á 458. 



Por los Marqveses del Algaua sobre el Estado 
de Buendía. Contra Doña Maria de Acvña, y el 
Adelantado de Castilla su nieto. — En Granada. 
Año 1611. 

Firmado por el Dr. Juan Bautista Suárez, el 
Dr. Bravo y el Licdo. Alarcón. 

49 hojas en folio. 

luris responsum Francisci Manticae L C. olim 
Auditoris Rotae Romanse, nunc autem Cardinalis 
merilissimi, super Comitatum de Buendía, pro 
D. Francisco de Guzmán & Acuña, Marchione 



— io5 



del Algaua, & D. Ludovico de Guzman & Acuña 
eius filio. 

Imp. s. 1. n. a. 
Siete hojas en folio. 

Bíb. Nac— Sección de Varios.— Alegaciones jurídicas. 
Leg. 954. 

Por Don Luis de Sandoval Fernández de Cór- 
dova y Aragón, Dvque de Segorve y de Cardona, 
Marqvés de Gomares, Adelantado mayor de Gas- 
tilla, de la insigne Orden del Tusón de Oro: Gomo 
marido de Doña Mariana de Sandoual, Padilla y 
Acuña, Gondesa de Santa Gadea, su muger. Gon 
el Dvque del Infantado, Gonde de Melgar, y el 
Comendador mayor de Galairava. Sobre la ténu- 
ta de los Estados y Mayorazgos de Lerma, Gu- 
miel de Mercado, Gea, Ampudia, Denia, y lo de- 
más á ellos agregado. Esciívelael Licenciado Don 
Diego Altamirano. — En Madrid: En la Imprenta 
Real. Año de MDGXXXXI. 

49 hojas en folio. 

Memorial ajustado de los echos de el processo 
de la Gasa y Estado de Aranda. Sacado de orden 
de los Señores de la Real Audiencia de el Reyno 
de Aragón. Por D. Francisco Montero, Relator 
más antiguo de dicha Real Audiencia, y Fiscal 
por su Magestad (que Dios guarde) de Rentas 
Reales.— En Zaragoza: En la Imprenta de Fran- 
cisco Revilla, en la calle de San Lorenco. S. a. 

660 págs. en folio. 

Letras narrativas, obtenidas en veinte de Ivnio 
de mil seiscientos y setenta y vno, por el Exce- 
lentissimo señor Don Pedro Pablo Ximénez de 
Vrrea Zapata Fernández de Heredia, de todo lo 
contenido en el processo intitulado: Processus 
Melchion's de Oxea. Contiene la instancia que 
hizo Melchor de Oxea ame la Real Audiencia de 
Aragón, en cuya virtud, y en su nombre, prece- 
diendo prouisión de aquella Real Audiencia, fue- 
ron aprehendidos los Castillos, Villas y Lugares 
de la Gasa, y Estado de Aranda, vinculados por 
Don M guel Ximénez de Vrrea, segundo Gonde 
de Aranda, en el Vincuio y Mayorazgo que fundó 
de ellos en 10 de lunio del año de 1545. 

Imp. s. 1. n. a. 
io5 hojas en folio. 



VII 

Dedicatoria á Doña Luisa de Padilla, de los «.Su- 
gesos de Castilla en tiempo de el Rey Don Hen- 
rique IV». (i) 

A la lUustre Señora, mi Señora Doña Luysa de 
Padilla, Gondesa de Aranda, su humilde Capellán 
fray Pedro de Ro^as, professo deste su monasterio 
de Nuestra Señora de Frex del Val. 

Auiendo entendido, lUustrísima Señora, quan 
aficionada es vuestra señoría á la lectión de His- 
torias morales y el trabajo que a puesto en juntar 
copiosos libros della y los grandes ratos que gasta 
en leerlas, cosa mamada en los pechos de sus pa- 
dres que tan aficionados an sido á la lectión y 
fueron sus pasados, y aunque destos pudiera traer 
muchos en esta mi carta á la memoria de Vuestra 
Señoría, por no cansarla y porque le consta bien 
desto á Vuestra Señoría, solo diré del lUustrísimo 
Señor Don García de Padilla, Comendador mayor 
de Calatraba, tan grande letrado como el mundo 
sabe, ansí en letras humanas como divinas, de que 
este convento es buen testigo, pues le adornó no 
sólo con la reedificación de todo este edificio ma- 
terial, sino de tanta copia de tapicería, doseles de 
oro y seda y de plata para el servicio del altar, tan 
rica y costosa, como tanbién de una curiosa libre- 
ría, de la qual, como Vuestra Señoría está aficio- 
nada, y este caballero fué bisnieto de los fundado- 
res deste Santo Gonuento, de donde Vuestra Seño- 
ría desciende; entre otros libros de estima que en 
ella dexó fué el presente que ofrezco á Vuestra Se- 
ñoría, en el qual se ben cosas notables, subcesos 
peregrinos y casos raros, bien dignos de que Vues- 
tra Señoría los sepa y tenga entre sus libros como 
joya preciada que tenga entre ellos, y auiendo yo 
sauido el gran deseo que Vuestra Señoría te- 
nía de que se le inbiase copiado, por su hermano 
nuestro Padre fray Martín de Padilla, Religioso 
desia casa, con cuya presencia está aumentada por 
entranbos fueros, me ofrecí á sacarle fielmente 
con el modo de hablar y romance que tiene y 
hícelo con muy gran afición por el gusto que 
Vuestra Señoría receuirá desto y por mi propio 
interés, que es seruir á Vuestra Señoría, á quien 
suplico perdone las faltas que en él abrá por parte 
del escriptor, y reciua la gran voluntad con que le 
e trabajado, poniéndome en el número de sus Ca- 
pellanes y estando Vuestra Señoría cierta lo seré 
toda mi bida en suplicar á Nuestro Señor guarde 
é aumente la salud y estado que todo este Gon- 



(i) Ms. del siglo xvii; 90 hojas en folio. Bib. Nac. -\íss.— < 
Núm. 1.619. 



io6 — 



vento desea, dando á Vuestra Señoría subcesión 
felicissima de esa cassa y para el bien de todo el 
Reyno, amén. 

VII 

Memoria de las bodas del Almirante de Castilla 
y del duque de Cea, nieto del de Lerma. 
Miércoles, veynte y ocho de nouiembre de este 
año de 1612, el dicho día por la mañana entre once 
y doce salió el duque de Lerma, de Palacio, con si- 
lla, y fué á casa del Almirante, y de allí uinieron 
á Palacio [conj muy grande acompañamiento de 
caualleros y señores de título y Grandes de Espa- 
ña, y detrás de todos el Almirante, y el duque de 
Lerma al lado derecho; el Almirante con muy ga- 
llardos cauallos, y sus personas muy bien adere- 
cadas; llegaron á palacio y se velaron en la capilla 
Real de Su Magestad, siendo él el padrino y la 
rreina de Francia la madrina; fué la comida dentro 
de palacio, en el quarto del duque de Lerma, y á 
las cuatro y media de la tarde salió el propio 
acomp.mamiento que por la mañana, y detrás de 
todos los Grandes salió Su Magestad á cauallo con 
un cauallo blanco, pero su persona de luto; lle- 
uaua á su lado izquierdo á la nouia con un ga- 
llardo cauallo con un muy rrico palafrén, y detrás 
de ellos yua la duquesa del Ynfantado en su pa- 
lafrén, yciendo ofi9Ío de madrina por la rreyna de 
Francia; lle[va]uanla en medio, de un lado el no- 
uio y del otro lado el duque de Lerma, y detrás 
destos yua la condesa de Saldaña, con su palafrén 
muy bien aderesado; llegaron en casa del nouio y 
apeóse Su Magestad y subió á la nouia á su pro- 
pio lado toda la escalera asta llegar á la sala, donde 
estaua muy bien aderesada, y tomó Su Magestad 
asiento y uvo sarao y rrecibió cola§ión, y estuuo 
espasio de dos oras y se boluió á palacio Su Ma- 
gestad en coche con doce pajes licuando hachas 
blancas. 

El día siguiente, jueues, á veynte y nueue del 
dicho mes, á las dose de medio día se uino nouio 
y nouia y duque de Lerma por el pasadi90 á pa- 
lacio y se helaron en la capilla Real, siendo padri- 
nos los rreyes que el día antes fueron, y fué la 
comida en palacio en el quarlo del Duque, y á las 
quatro de la tarde salió el propio acompañamiento 
que el día antes, pero con muy más auentajadas 
las galas, y detrás de todos los grandes yua el rrey 
nuestro señor á cauallo y lleuaua á la nouia á su 
lado ysquierdo, y detrás de Su Magestad yua la 
duquesa de Peñaranda yciendo ofifio de madrina 
por la rreyna de Francia, con un muy rrico pala- 
frén; lle[va]uanla en medio el duque de Cea, que 



es el nouio, y el Marqués de Velada; detrás de 
éstos yua la Duquesa de (^e^ar con muy gallardo 
palafrén; yuala escudereando el gran duque de 
Lerma; detrás de éstos yua la condesa de Saldaña, 
con su palafrén y una gallarda librea, uestidos 
ocho lacayos y doce pajes de terciopelo negro, 
todo guarne9Ído con pasamanos de plata; yuala 
escudereando su padre el duque del Ynfantado; 
detrás yua con muy gallardo palafrén la nouia del 
día antes y la lleuaua á su lado su propio marido 
el Almirante de Castilla; salieron de palacio y fue- 
ron por en casa del Almirante y por Santa María 
y por en casa del Presidente y por en casa la du- 
quesa de Peñaranda, y salieron á la pla9uela de 
Santiago y bajaron por Santa Clara; llegaron en 
casa del duque de V^eda, padre del nouio, y se 
apeó Su Magestad y se apeó la nouia y la Ueuó á 
su propio lado asta entrar en la sala, donde estaua 
muy bien preuenida para tal caso; tomó el rrey su 
a9Íento y la nouia; el duque de Lerma se quedó en 
el saguan para auer de apear todas las señoras 
arriba nombradas, y las apeó una á una y subió 
con ellas, y en llegando á la sala se sentaron todos 
en sus estrados y luego se enpesó el sarao, que le 
uvo muy galán; uvo muy buena comedia; rreci- 
vió Su Magestad colación; estuuo allí asta media 
noche y después se uino por el pasadizo (1). 

VIII 

Canción en alabanga de la illustrlssima señora 
Doña Liiysa de Padilla, Condessa de Aranda, 
Vi^condessa de Viotay Rueda, &. Hecha por im 
humilde capellán suyo, Religioso de nuestro P. 
S. Francisco. 

Para siempre oy la Fénix resucita 
sin pasar por las llamas abrasantes, 
pues que produxo España otra más bella 
cuya pintura Apeles, ni Thimantes 
ni del gran Zeusis el pincel la ¡mita, 
nacida con tal Norte y buena estrella 
que son el Sol y Luna menos que ella. 

Querer exagerar su feliz genio, 
su benévolo clima venturoso, 
su rostro cielo hermoso, 
su nobleza, prudencia, gracia, ingenio: 
es laberintho que Ennio 
perdiera, aunque famoso, el hilo y tino; 
espíritu divino 

ha menester quien alabarte pueda, 
ó que el cielo tu lengua le conceda. 

De la fuerte que hufano borda el alva 



(i) Ms, del siglo X vii; Bibl. Nac. Cc.-85. 



adornado con rayos su corona 
el que es mayor planeta sin segundo, 
áesta Diosa más bella que Latona 
las aves al crepúsculo hazen salva 
con canto alegre y con gorgeo jocundo, 
coronándola en Reyna todo el mundo. 

Es águila caudal que con su buelo 
tan alta se remonta y encarama 
que llega al sol su fama, 
en quien como en divino y claro cielo 
las aves sin rezelo 
se anidan con sonora melodía 
y en harpada armonía 
se dan alternativos parabienes 
por gozar en tal Reyna un Sur de bienes. 

Ya Progne la infeliz y Philomena 
se olvidan del agravio de Tereo 
y ser aves lo tienen por más suerte 
que no gozarse en bracos de Himineo; 
truecase en gusto su dolor y pena, 
en vida y gloria su afrentosa muerte, 
viéndose con tal Reyna sabia y fuerte. 

Y si fueren pronóstico tan claro 
siempre las aves de triunfal fortuna, 
agora con tal Luna, 
con tan divino y luminoso Pharo 
que tienen por su amparo, 
serán señal de prósperas victorias, 
dé honores y de glorias, 
que todo esto goza quien se ampara 
de luz tan illustríssima y tan clara. 

Celebró por insigne á Sapho, Grecia, 
y no con menor título á Phemena 
hija del sabio y regalado Apolo; 
Elephanta también, y Ochne Philena 
merecieron estatuas de eloquencia, 
publicando del Nilo hasta el Pactólo 
su nombre, y desde el uno al otro Polo. 

Fueron en ciencia Aspasia y Thelesilla, 
Antedonia, Damophila y Chorina 
y la hermosa Euphrosina 
del mundo pasmo y rara maravilla; 
mas qual la Real Padilla 
nadie hasta oy bolo con tales alas, 
porque es única Palas, 
un non plus ultra á donde el que más sabe 
confiesa que él es plomo y ella es ave. 

Por eso. Fénix, oy tantas te offrece, 
con tal disposión y estilo lindo, 
aqueste héroe famoso, y con tal arte 
en su libro, que ya en Parnaso y Pindó 
cada Musa por maestro lo engrandece 
dándole de divino el estandarte, 



107 — 

por ser sabio en la paz, en guerra Marte. 
Y si Emilo escriuió las propiedades 

De las aues, Anyte la eloquente 
y Empedocles prudente 
de animales certíssimas verdades, 
en todas las edades, 
nadie pintó su natural instinto 
con tan dulce y distincto 
lenguage, como agora trae Marcuello, 
digno de mitra y pectoral al cuello. 

Pero ¿qué mayor premio que el que alcanza 
en tener esta fábrica admitida 
debaxo el patrocinio desta diosa, 
adonde se ha de ver tan defendida 
de Zoylos, y llena de esperan9a 
de que ha de ser á todas deleytosa 
por ser tan grave, dulce, provechosa? 

Leuanta, pues, su remontado buelo, 
Que á esto seguro su fauor le incita, 
sin temer se derrita 
la cera de sus alas en su cielo; 
que aunque es sol deste suelo 
no abrassa á aquel que humilde le contempla, 
que en este el fuego templa; 
mas el que llega inchado y atreuido, 
cual Icaro tendrá su merecido. 

Vete á los pies. Canción, de esta Pandora, 
y humilde de tus faltas perdón pide 
dándole por descargo tus deseos, 
que en tan altos empleos 
son el nibel con que el valor se mide, 
y si aquí te preside 
assegurar podrás que la fortuna 
subió tu nombre al cuerno de la Luna (i). 

287. — Elogios de la verdad e invectiva 
contra la mentira. A la Magestad de Xto. 
S. N. Verdad i." Compuesto por la Exc.™» 
S." D. Luysa Maria de Padilla Manrique y 
Acuña, Condesa de Aranda. Dado á la es- 
tampa por el M.° F. Pedro Enrique Pastor, 



(i) Primera parte de la Historia natural, y moral de 
las aves. Compuesta por el Licenciado Francisco Marcue- 
llo, Canónigo de la santa Iglesia de Nuestra Señora de los 
Corporales, y Racionero de Santiago de Daroca. Á Doña 
Luysa de Padilla, Condessa de Aranda, Vi^condessa de 
Viota, Señora del Vi^condado de Rueda en el Reyno de 
Aragón, y de la Tenencia de Alcalaten, y Baronías de 
Mislata, Cortes y Beniloba en el Reyno de Valencia.— 
Impressa en Zarajio^a, por Juan de Lanaja y Quartanet. 
Año 1617, 

En esta obra hay también un Soneto de Juan Yagüe de 
Salas Á la Condessa de Aranda, Eudoxia de nuestros 
tiempos. 



io8 — 



de la Orden de S. Agustín. Año de 1640.— 
En ^arago^a: Por Pedro Lanaja. 

Un vol. en 8.° menor de 639 págs. más 
nueve hojas al princ. sin numeración. 

Port. con un grabado que representa á la Ver- 
dad con una cruz en la mano derecha y con la 
izquierda sujetando un monstruo encadenado; 
alrededor estas leyendas: Jn Solé posuit taberna- 
culum suum. — Vincit peritas. — Fol. v.° en bl. — 
Licencia del Ordinario de Zaragoza D. Pedro 
Apaolaza. (JaragOíja á 6 de Diziembre de 1640. — 
Aprobación de D. Adrián de Sada, del Consejo de 
Su Majestad. — Licencia para la impresión. Zara- 
g09a á VII de Deziembre de MDCXL.— El M. Fray 
Pedro Enrique Pastor, al lector. — Erratas. — Ta- 
bla de los capítulos. — Pág. i á óSg texto, pre- 
cedido de una «Dedicatoria de la Avtora, ó más 
verdaderamente, instrumento de esta obra, al 
mismo Autor de ella; de la nada, al todo.'» 

Cap. I. Etimología de la verdad. — Cap. II. De- 
nominación del nombre de mentira. — Cap. III. Di- 
visión de la verdad. — Cap. IV. División de la men- 
tira. — Cap. V. Definición de la verdad. — Cap. VI. 
Definición de la mentira.— Cap. VII. Genealogía 
de la verdad. — Cap. VIII. Genealogía de la menti- 
ra. — Cap. IX. Símbolos de la verdad entre las co- 
sas naturales.— Cap. X. Símbolos de la mentira 
entre las cosas naturales. — Cap. XI. Propiedades 
del Sol, símbolo principal de la verdad. — Cap. XII. 
Propriedades de las tinieblas, símbolo más propio 
de la mentira. — Cap. XIII. Otras figuras y epítetos 
de la verd d. — Cap. XIV. Otras figuras de la men- 
tira.— Cap. XV. Razones porque se deue dezir 
verdad, y lo mucho que con esto se grangea. — 
Cap. XVI. Razones que obligan á huir el trato de 
mentira.— Cap. XVII. Fuerzas de la verdad y de- 
fensa con que Dios la asiste.— Cap. XVIII. Casti- 
gos de la mentira y su poca consistencia y fuer- 
gas.— Cap. XIX. Lo que han sentido de la verdad 
los buenos y sabios en todos los siglos.— Cap. XX. 
Lo que han sentido de la mentira en todos tiem- 
pos los buenos, que son los que pueden graduar 
su malicia.— Cap. XXI. De los amigos de verdad 
que con su sangre dieron testimonio della. — 
Cap. XXII. De los aduladores, amigos de menti- 
ra.— Cap. XXIII. De los amigos y predicadores de 
verdad.— Cap. XXIV. De los amigos de mentira, 
que teniendo obligación á manifestar la verdad de- 
jan de hazerlo por humanos respectos.— Capítu- 
lo XXV. De los amigos de verdad que por ella re- 
nuncian ai mundo, y le truecan con la Religión.— 
Cap. XXVI. De los hipócritas y amigos de menti- 



ra.— Cap. XXVII. De los Profetas de Dios, amigos 
y pregoneros de la verdad. — Cap. XXVIII. De los 
magos, hechizeros, y supersticiosos, familiares 
amigos de la mentira. — Cap. XXIX. Descripción 
de la ciudad de verdad. — Cap. XXX. Ciudad de 
mentira. — Conclusión y remate, con un espejo de 
dos centurias, para conocer por la una la verdad, 
y por la otra la mentira. 

Capítulo V. 
Definición de la Verdad. 

También obseruan los escritores el precepto y 
estilo de Platón y Tulio, difiniendo aquello de 
que quieren tratar. Y según San Agustín, la Ver- 
dad es lo que tiene ser. Que bien concuerda esto, 
siendo el mayor elogio de esta virtud, con lo que 
dixo Dios á Moysén: yo soy el que soy; y Christo: 
50/ Verdad. San Gerónimo dize sobre este lugar: 
sólo Dios es verdadero, á cuya essencia compara- 
do nuestro ser, no es ser; más la Verdad es pro- 
pia del ser diuino, pues siendo ella adequación del 
entendimiento con el objeto entendido (como dixo 
el Filósofo) digníssimamente se llama Dios, ver- 
dadero, primera y perfecta Verdad, porque de su 
entendimiento á su diuina naturaleza ay cumplida 
y perfectíssima adequación. Verdad de sabiduría 
y doctrina. Verdad de justicia; y por la participa- 
ción de este diuino ser podemos dezir que es infi- 
nita la Verdad, y que le damos en Christo la ado- 
ración Latría, que sólo á Dios se deue, cuyos atri- 
butos también están fen la Verdad, pues en Dios 
todo es vna misma cosa, su sabiduría, bondad, 
hermosura, riqueza, misericordia, justicia, el ser 
inefable, incomprehensible é immutable; con que 
quanto desde aquí dixéremos será incomparable- 
mente menos que esto, pero fuerga es dilatar el 
discurso. Santo Thomás dize que la Verdad es 
vna virtud con la qual el hombre en obras y pa- 
labras manifiesta lo que es. Cicerón la difine di- 
ziendo: la Verdad es por la qual sin mudanga per- 
manecen las cosas que fueron, son y serán. Otros, 
que es vn hábito adquirido con actos, de mani- 
festar fielmente la lengua lo que está en el cora- 
zón. Dixeron algunos filósofos, era vna qualidad 
esencial de las cosas que divinamente son objectos 
del alma; ó una fuerga de ella, concedida por 
Dios al hombre, que por sí misma se manifiesta, 
para lo qual le q;:edan siempre más fuerzas. Y es 
vna luz superior con que Dios iluMra y enriqueze 
el entendimiento del hombre, que como vna joya 
preciosa para que guarde en él y se aproueche de 
ella, le encomienda; la cual luz tiene tal rectitud 
que jamás engaña, disimula, ni encubre, ajustan- 



— 109 — 



dose al ser de las cosas y representándolas como 
en sí son, sin ofrecer malas por buenas, feas por 
hermosas, peligrosas por seguras, limpias por in- 
mundas, ni amargas por dulzes; guardando siem- 
pre la perfección del medio, sin dar en los ex- 
tremos. 

Al fin, para que se conozca qué cosa es la Ver- 
dad, la grandeza y hermosura suya, será bien la 
retratemos aquí, no con los pinzeles de Prothó- 
genes ni con los de Apeles, que no es possible 
llegar ninguno humano á la vltima línea de sus 
perfecciones; solo pudo conseguirlo el diuino Es- 
poso que con celestiales y misteriosos colores sacó 
un viuo retrato de esta virtud, llamándola esposa, 
amiga sin mácula y toda hermosa; esto dos ve- 
zes, porque lo es la Verdad en lo intrínseco y en 
la manifestación de las obras; es pura y querida es- 
posa de Dios; el qual, auiéndola alabadopor ma- 
yor con dulcíssimos epítetos, llegando á tratar de 
sus partes, dize que su cabera es como el Car- 
melo, y los cabellos como las cabras que suben 
por el monte de Galaad, blancas, puras; assí son 
los pensamientos y afectos de la Verdad, y no 
menos excelsos y altos; sus ojos de paloma, 
porque la Verdad es senzilla, de recta intención 
y fidelidad; la nariz, dize, es como la torre de 
Líbano puesta en la frontera contra Damasco, 
que es ciudad de mentira, poblada de enemi- 
gos de la Verdad; y assí ella se defiende y los 
destruye en espíritu de discreción, entendido por 
la nariz; sus labios, colorados como vna cinta 
de grana; sus palabras dulces como la miel, por- 
que busca siempre la Verdad rectitud y caridad 
con el próximo y son todas dulcíssimas sus plá- 
ticas; los dientes, dize, parecen á las ouejas esqui- 
ladas que salieron de lañarse y con sus crías; que 
es dezir altíssimamente la limpieza de la Verdad y 
fecundidad con que procura aumentarse y comu- 
nicarse á todos; prosigue que son sus mexillas 
como pedamos de granada, declarando por el color 
roxo de sus granos la compostura y modestia de 
la Verdad; el cuello, como la torre de Dauid, pro- 
ueyda de armas de que pendían muchos escudos; 
y el mismo Dauid dize era la Verdad vno de estos 
con que armaría Dios al justo; los pechos de esta 
Esposa, dize el Esposo que son como los melli- 
zos cabritillos que se apacientan entre lirios el 
tiempo que dura el día y se inclinan las sombras; 
que es dezir están siempre frescos los pechos de 
la Verdad; que su doctrina ha de ser de luz; fra- 
gante y dulze como la leche que se recoge de pas- 
tos delicados, puros y saludables, los quales está 
siempre y estará comunicando la Verdad quanto 



dure el día de esta vida, hasta las sombras de la 
muerte; su estatura dixo que era como la palma, 
por la alteza de la Verdad, dulgura de su fruto, y 
caminar siempre al cielo con perpetuo verdor; 
propiedades todas de este árbol, que es el que más 
se levanta de la tierra. De cuya descripción, aun 
assí en bosquejo, devríamos todos quedar ama- 
dores y aficionados á virtud tan excelente. 

Capitulo XXVIII 

De los magros, hecliizeros y supersticiosos, 
familiares amig-os de Mentira. 

Pretende el demonio, conseruando la soberuia 
que le arrojó'del cielo al infierno, contrahazer con 
sus embustes y apariencia la grandeza y mageslad 
de Dios, y como mona suya imitar las ceremonias 
y culto de la Iglesia santa; y viendo que no le es 
posible vsurparle (como quisiera) la Deidad, se 
haze adorar de los infelizes y ciegos que se dexan 
de él engañar; dales título de profetas suyos, ense- 
ñándoles á hazer milagros en que solo creen ios 
ignorantes, pues son tan verdaderos como la pro- 
fecía y como él mismo; y assí son opuestos los 
profetas de Dios y ellos, como la verdad y menti- 
ra. Estos son los hechizeros y mágicos, entre los 
que siguen la vandera de mentira muy señalados 
soldados del demonio, y no menos enemigos de la 
naturaleza humana que de la Verdad. Pelea esta 
gente á dos manos, quitando á muchos la vida del 
alma y á infinitos la del cuerpo; tanto que siendo 
cierto que adonde ay menos de ellos, que es en Es- 
paña, por la resistencia que les haze el Santo Tri- 
bunal de la Inquisición y las muchas Religiones y 
zelo de la Fé, conseruado con más entereza que en 
otras prouincias del mundo, con todo esso mani- 
fiesta la experiencia que matan en ella casi tanta 
gente los maleficios y hechizerías, como las enfer- 
medades; y muchas de estas, pareciendo naturales 
no lo son, ni los médicos las conocen, auiendo 
muy gran parte de gente incrédula de ello, sin que 
baste á desengarñalos lo que se ve cada día y el so- 
lemníssimo acto de Logroño, donde se hizo justi- 
cia de muchas brujas, probándoles que auían 
hecho gran número de muertes,' y se halló que 
auía en Vizcaya y Guipúzqua seis mil brujas 
y brujos, que por no destruirla se procuró recon- 
ciliarlos con general perdón. Y en una villa de este 
Reyno, de poca vezindad, llamada Sariñena, con- 
fessó vna bruja que ahorcaron (como se halla en 
un processo antiguo) que ella sola auía muerto 
ochocientas personas. 

Y al mismo tiempo que esto se escriue no ay 
cosa más sabida y pública que auer en dos lugares 



no — 



de la montaña más de dozientas y cincuenta mu- 
gares (y cada dia se van descubriendo otras) obse- 
sas y espiritadas por maleficio de vn solo hombre, 
el qual castigó el Santo Oficio de la Inquisición de 
Qaragoga los días passados. Con que parece no es 
menos infeliz este tiempo en tales materias, que 
aquel de que cuenta Herodoto eran todos hechize- 
ros en los pueblos N^aros, y se conuertían en 
lobos á ellos, á sus vezinos y comarcanos; y en 
África, los Esilos; en Italia los Marsos, que descen- 
dían de aquella hechizera Circe de quien tantas 
fábulas se cuentan; mas la verdad es que hizo con 
sus diabólicas hechizerias grauíssimos daños en el 
mundo. ¿Qué será, pues, en los demás reynos, si 
passa lo dicho en España, donde venden los fami- 
liares como otras mercadurías, y se permite, la cla- 
uícula de Salomón y todo género de supersticio- 
nes? Diremos, pues, aquí, algo de esta gente, por- 
que -^e vea qué amigos tiene la mentira, y para que 
con tciéndoles se guarden todos, no solo de seguir 
sus embelecos, mas del graue daño que procuran 
hazer con ellos. 

Magia e; nombre pérsico que significa sabidu- 
ría, pero ya es entendida por falsa, demoniaca, y 
supersticiosa ciencia: fué su inuentor Zoroastres 
persa, y el primero que la escriuió se llamó Hos- 
tenes; estos fueron los que introduxeron en el 
mundo todos los hechizos y supersticiones, que se 
ciuiden en muchas especies; Barron las reduze 
á cinco: Piromancia, que es adiuinar por señales 
de fuego, llamado en griego pir; Aeromancia, por 
los buelos de las aues; Idromangia, por el agua, 
llamada /í/ro;Geomancia, por la tierra, quees g'eos, 
tanto como tierra, y manda, adiuiníxión: la vlti- 
ma es Chiromancia, por las rayas de las manos y 
fisonomía del rostro, que chiros es lo mismo qu3 
mano. Y en todas partes los que professan esta 
abominable secta deuían ser castigados, como lo 
vsauan los mismos persas, donde se inuentó, con 
aquellos sus magos, á los quales ponían las cabe- 
9as sobre una piedra quadrada y echando luego 
otra encima que encaxaua en ella las hazía torti- 
lla, porque como esta gente se experimenta que 
participe más de la dureza del demonio que otros 
pecadores, y assí jamás se enmienda, son indignos 
de piedad y perdón. Compra este nuestro adversa- 
rio la adoración de los hombres, y sus almas, 
ofreciéndoles por precio quanto ellos le piden; 
y aunque su poder es muy limitado, pues solo se 
estiende á lo que Dios quiere parn>it¡rle, suele 
su diuina Magestad por pecados nuestros darle li- 
cencia para que vse de las cosas naturales, en que 
conserua la mucha sabiduria de su naturaleza 



con que es gran filósofo y médico; pero el no pue- 
de hazer ningún verdadero milagro, como cree de 
sus embelecos la gente rústica, pues éstos están 
reseruados solo á Dios verdadero ó á quien él es 
seruido de conceder tal gracia; y assí añadiendo in- 
finitos embustes, que solo son aparentes, á lo que 
verdaderamente haze con cosas naturales, trae en- 
gañados é ¡Ilusos á estos desdichados mágicos, 
brujos y brujas, que son los llamados nigromán- 
ticos, los quales hazen con él qualquiera pacto y 
le entregan su voluntad libre y el alma que solo 
es de Dios, por cumplir sus desordenados apetitos, 
ú de codicia, ó vana honra, ú por torpezas, ó ven- 
ganzas, que éstas son las causas que de ordinario 
los despeñan, haziéndose apóstatas contra Dios y 
amigos del demonio, destruyendo el mundo con 
tan graves daños como muertes, enfermedades, 
terremotos que aniquilan los frutos de la tierra y 
assuelan edificios, separando casados, causando 
odios entre muchos, y abortos á las preñadas, 
quitando la leche á las que crían, aojando, matan- 
do ganados, y peruirtiendo (que es el daño más 
graue) á su peruersa secta, muchos hombres y 
mugares simples, y es lo que procuran con gran 
cuydado; en auiendo ganado, con perderlos, al- 
guno de éstos, le lleuan á presentar al demonio en 
las congregaciones que haze de tan abominable 
gente, de noche en los montes, mostrándoseles en 
figura de cabrón y otras horribles y nefandas; y 
el desdichado que es presentado haze allí voto 
sobre vn libro de hojas negras que tiene el demo- 
nio (y está sentado en vn gran folio) de ser su es- 
clauo, y reniega de la Fé Católica, del Santo Sa- 
cramento del Bautismo con los demás, de la Vir- 
gen Santíssima, de la Cruz y reliquias de los San- 
tos: y á esto responde el demonio ofreciéndole 
grandes felicidades en vida y muy mayores para 
después de la muerte; pero assi vemos que cumple 
lo de acá, como será lo de allá, pues gente más 
desventurada y pobre que la de esta professión no 
la ay en el mundo, de todo él abat'da quanto 
aborrecida de Dios. Rebautizan luego á éstos en el 
nombre del demonio, poniéndoles á ellos otro 
nueuo y haziéndole.s él vna señal negra en el 
cuerpo, con que assentándolos en su libro procu- 
ra borrarlos del de la vida. Aquí haze el demonio 
aquellos horrendos banquetes de los cuerpecillos 
de los niños que las brujas han muerto, y los 
bayles y abominaciones, que solo para aborrecer- 
las y saber guardarse de tan inhumana y vil gente 
se pueden escuchar; quien por menudo quisiere 
saberlas hallaralas en el Padre Martín del Río y 
los demás autores que adelante citaremos. Comu- 



— III — 



nica el demonio sus propiedades á esta gente ha- 
ziéndoios cruejíssimos, tanto que á sus mismos 
hijos matan muchas vezes por él, y hazen male- 
ficios contra sus padres y hermanos y contra 
todos generalmente por solo dañar. En el odio con 
las cosas de Dios, bien manifiestan ser discípulos 
del demonio, porque se confiessan y comulgan á 
fin de cometer sacrilegios, y con la Cruz, reliquias 
y cosas sagradas hazen mil indecencias y despre- 
cios siempre que pueden. Ha llegado el atreuimien- 
to destos pérfidos hechizeros á fingir algunos que 
son Christo, como sucedió á aquel Eumdelestrel, 
y en Alunster á otro que trahia sus doze dicipulos, 
como lo predicó el verdadero Christo por su 
Euangeüsta, Y después de auerlos el demonio á 
esta desventurada gente empeñado en tales embe- 
lecos é inhumanas crueldades, los dexa perecer y 
acabar en manos de justicia, como casi todos mue- 
ren, porque puede despeñarlos, mas ni puede ni 
quiere defenderlos; y no basta ver esto cada día 
para que ellos se desengañen, sino que creen lo 
que él les dize, de que aunque les parece ven mo- 
rir á los otros con fuego y garrotes, aquello no lo 
sienten, y que él los transporta al Paraíso sin 
lesión ninguna. 

Con grande cuydado deue viuir qualquiera 
Christiano que desea conseruarse en \'erdad, para 
no dexarse licuar de vanas curiosidades, las qua- 
les empegando por poco suelen traer á tal ceguera 
y aun á morir miserablemente, como los otros 
juezes que escriue el Padre Martín del Río que por 
vna vana curiosidad que tuuieron en su oficio se 
apoderó el demonio de ellos y les quitó á palos las 
vidas; y de otro mágico cuenta á este mismo fin 
Pico Mirandulano, el qual dize también en otra 
parte que vn Conde Matisconiense, de estos dici- 
pulos del demonio, estando hazicndo sus embustes 
y hechizos fué arrebatado para siempre del, y ha- 
ziéndole dar en el ayre tres bueltas alrededor de la 
ciudad á vista de sus vasallos gritaua el infeliz 
Conde que le fauoreciessen, mas ninguno lo pudo 
hazer, ni le vieron más. 

Y no solo es menester guardarse desta gente y la 
que trata las diabólicas artes Paulina, Caualista y 
Notoria de los Talmudistas y Alumbrados, que 
andan en cuevas debaxo de tierra con grandes se- 
cretos, enseñando tales embelecos, que es gran 
señal de su malicia encubrirle y buscar siempre 
obscuridad y tinieblas; pero también se han de 
guardar de dar crédito á agüeros, días aciagos, 
pronósticos, suertes, sueños, oraciones con que se 
mezclan ceremonias vanas, curas de enfermedades 
por medio de supersticiones, nóminas, cedulillas, 



sortijas con letras y caracteres, aunque tengan 
cruzes, porque en estas cosas ay de ordinario pac- 
to explícito ó tácito con el demonio, que este últi- 
mo es el que está encubierto en aquellas señales, y 
es hecho por otro, á diferencia del pacto explícito 
que haze vno por sí mismo con el demonio; y si 
bien es este el de mayor malicia, no ay ignorancia 
que escuse el otro, pues se da á conocer con la 
apariencia que trae de superstición. Y de los salu- 
dadores y ensalmos es también menester recatar- 
se, que en tales cosas ay ocultos grandes peigros 
y lazos del demonio, como se puede ver en los 
doctos libros que hemos citado del Padre Martín 
del Rio y otros autores granes que han es*. rito 
tratando largamente de estas materias: y quanto 
más disfrazadas vengan con palabras sanla*^, se ha 
de temer más la malicia en las cosas referidas; que 
aunque en los saludadores y ensalmos puede auer 
algo que sea gratia gratis data, están dificultoso 
de conocer que es bien temerlos á todos, y vsar 
de lo más seguro, como los exorcismos aprouídos 
y Euangelos de la Iglesia Santa, la medicina na- 
tural y permitida, missas y oraciones de que vsa 
la Iglesia; y para defenderse de estos ministros del 
demonio, son poderosas armas la Cruz, agua ben- 
dita, el nombre de Jesús, el Credo, y reliquias ver- 
daderas de Santos, que todo esto temen ellos mu- 
cho, y con ello no ay que temerlos. Aborrece Dios 
mucho esta maldita gente, y assí mandó en el Deu- 
teronomio, que nadie consultasse hech'zeros, adi- 
uinos ó pitones, nombre quedauan á los del tem- 
plo de Apolo: y assí fué vno de los más granes 
yerros que cometió Saúl el consultar la Pithonisa, 
nuncio de su muerte y sentencia de todas sus des- 
dichas, y también por contrauenir á esto fué el 
Rey Manasses tan aborrecido de Dios y castigado. 
Tratando de los supersticiosos amigos de men- 
tira no parece se puede escusar de tocar en los 
Judiciarios; porque si bien la Astrología que en- 
seña el movimiento de los cielos y planetas, di- 
ferencia de los tiempos y causa de los eclipses, es 
importante para la agricultura, marinage y medi- 
cina, porque en los cuerpos humanos y los de- 
más inferiores influyen los astros celestes, mas no 
en el ánimo y libre aluedrio del hombre; y assí la 
Astrología judiciaria no es permitida, porque aun 
la dicha se funda en causas tan inciertas como en 
la variación que ay entre los mismos astrólogos 
se conoce, por la mezcla de influencias y muchas 
otras cosas que las implican y se les contraponen. 
Por esso dixo Platón que si bien era necessaria 
aquella parte de astrología, pero de muy poco 
crédito y fundamentos mal seguros. Y Jamblico 



112 



dize que aunque aya algo de verdad en ella, es 
muy poco. Por hazer burla de tal ciencia inuen- 
taron los antiguos aquella fábula de Prometheo 
que eslaua alado al monte Cáucaso, y vna águila 
le comia los hígados. El sabio Bías, viendo vnos 
de estos muy diuertidos en mirar el mouimiento 
de las estrellas, dixo: ¡que gasten en tal vanidad 
su tiempo esta gente, creyendo perciben lo que 
está tan lejos, no viendo aun los pezes desde la 
ribera del río, ni el hoyo en que caen! Faborino 
filósofo, Sócrates, Tulio y Séneca, todos hazen 
donayre de los astrólogos, y dizen que como Hi- 
caro quieren bolar con alas de cera. Desterrában- 
los de sus escuelas los filósofos, y Aberroes y 
Auicena, con otros muchos, abominan de ellos y 
los tienen por embelecadores. Vn incrédulo de 
esta ciencia, diziéndole que se preuiniesse para 
cierto peligro que alcangauan por ella tendría, 
respondió muy bien: no conuiene á la honra de 
Dios que tantos necios sepan sus secretos; y assí 
no permite él que suceda cosa de lo que dizen, ni 
ellos la saben; sin duda son muy temporales los 
que apoyan sus esperanzas en constelaciones. La 
Astrología judiciaria, que es la que absolutamente 
se condena, es lago para peligrar en la fe de la 
prouidencia de Dios, y libre aluedrío; que el ne- 
gar esto fué la heregía de los manícheos, y por 
ella se perdió Prisciliano herege, y el Emperador 
Heraclio, y otros muchos Príncipes dieron en 
grandes inconvenientes por creer judiciarios; los 
quales han quitado algunas vidas de gente de 
cortos ánimos, á quien acaba la melancolía ó lo- 
cura causada de lo que les pronostican, y esto es 
venir sobre ellos (como dixo Dios por su Profeta) 
lo que temen, por castigo de su vana curiosidad. 
Y si pronostican felicidades también dañan in- 
quietando los ánimos con vanas esperanzas, mo- 
uiendo á intentar temeridades, poniéndose á gra- 
ues peligros y aun á condenarse, como sucedió al 
otro que auiéndole dicho un astrólogo haría vna 
jornada á la Tierra Santa, dándole la enfermedad 
de la muerte jamás le pudieron conuencer á que 
se confessase, diziendo que él sabía no auía de 
morir hasta ir á Jerusalém, y con esto murió sin 
sacramentos ni preuención, y parece fué su ro- 
mería más cierta al infierno. Quando estos judi- 
ciarios ven manifiestan los sucessos la vanidad de 
su ciencia, se defienden, confessándola, con dezir 
que la^prouidencia de Dios es sobre todo y que 
no se puede hazer fuerza al libre aluedrío del 
hombre; pero con esta salva introduzen sus fal- 
sas y peligrosas opiniones en los ánimos de los 
hombres, y si alguna vez aciertan es como quan- 



do por disposición y voluntad de Dios dize verdad 
el demonio, ó porque tienen pacto con él, ó por 
prudencia humana que conjeciura sobre lo futu- 
ro y tal vez acierta quando lo permite Dios, y 
otras aunque no aciertan se lo parece á los igno- 
rantes que los consultan y quieren creer sólo 
aquello que desean. Está por todas las leyes ve- 
dada la astrología judiciaria: en las imperiales 
desde Augusto Cesar, el qual desterró de Roma é 
Italia los astrólogos; y para ello dize Cornelio 
Tácito se juntó Senado pleno, como cosa tan im- 
portante á la República. San Gregorio Papa y 
otros Sumos Pontífices la han prohibido, y mu- 
chos Concilios, y vltimamente con su Motu pro- 
prio Sixto Quinto; condena la Escritura Santa to- 
das las supersticiosas adiuinaciones, y particular- 
mente la astrología, por Isaías, según los setenta 
Intérpretes. San Agustín da esta ciencia por falsa; 
San Basilio, la llama vanidad; San Ambrosio, in- 
útil é imposible; San Juan Chrisóstomo, vana, 
falsa y ridicula; San Gerónimo, reliquias de la 
idolatría de Egipto; San Cirilo, oficina de todas 
las mentiras; Eusebio h abomina y también Orí- 
genes. Y Salomón (parece que hablando de éstos) 
dize que si los hombres ignoran aún lo presente, 
¿cómo podrán alcangar á saber lo porvenir? 

Entre los supersticiosos y amigos de mentira 
no se les puede negar lugar á los gitanos, porque 
su professión derechamente es engañar y vsar 
para ello embelecos y hechizos; es fábula lo que 
el vulgo dize de que éstos traen su origen de Egip- 
to, y lo cierto que son esclauones, confines del 
Imperio del Turco y reyno de Vngría, y assí la len- 
gua propia que hablan entre ellos es esclauona, 
sino que fingen la otra que llaman gerigonga, 
como si dixessen lenguage de cíngaros, que assí 
llaman á los gitanos en Italia, de la tierra donde 
salieron, llamada Cígaro; y también les dieron 
este nombre por la semejanga que tienen en la 
inquietud y vida sin reposo, á vna auecilla que 
anda por la orilla del mar, cuyo nombre es cin- 
glo. Vinieron á estas partes de Europa por los 
años de mil quatrocientos y diez y siete. Gouiér- 
nanse por vno dellos que llaman el conde, á quien 
dan la obediencia, y júntanse á estos estraños 
otros vagamundos y facinorosos de las tierras 
por donde passan, quedando con nombre de gi- 
tanos; son ladrones manifiestos desde la niñez, y 
es gran blasón entre ellos auer sido por esto ago- 
tados; roban en campo y en poblado, transpor- 
tando los hurtos de vnas á otras partes, corres- 
pondiéndose todos los de España (como lo hazen 
en los demás reynos). Y de muchos se puede pre- 



' — I 

sumir ser espías; por tales los desterró de toda 
Alemania el Emperador Carlos Quinto año 1549. 
Tienen pena de galeras si no se auezinan y dexan 
la vida ociosa; pero aun siendo ésta tan limitada, 
según la atrocidad de sus delictos, ay harta omis- 
sión en executarla, y causa gran dolor ver que en 
las repúblicas christianas se toiere gente tan per- 
judicial. Las mugeres, particularmente, son gran- 
des embelecadoras y hechizeras; ellos incestuosos; 
quandü tienen zelos de las mugeres ó les cansan 
por ser viejas, mátanlas, enterrándolas en los 
campos, ó las dexan y toman otras, sin reparar 
más en el título de amigas que de propias muge- 
res. La ocupación que tienen es labrar hierros 
para conseguir sus hurtos. Nadie los ve comulgar 
ni cumplir con la Iglesia, cuyos preceptos se pue- 
de temer no guardan, pues en el monte no oyen 
missa y comen en qualquiera día carne; cásanse 
sin ceremonias eclesiásticas; ni traen á bautizar 
los niños ni á enterrar á ninguno dellos á las j)a- 
rroquias, con que su vida parece de ateístas; y de 
tales pimpollos como los que en este capítulo he- 
mos representado se puede colegir que el árbol de 
donde se producen, que es la mentira, es el de la 
muerte, opuesto en todo al árbol de la vida. 

288.^Excelencias de la castidad. Com- 
pvesto por la Excelentíssima Señora Doña 
Luisa María de Padilla Manrique y Acuña, 
Condesa de Aranda. Dedicado á sv Religio- 
síssimo Conuento de Religiosas de la Purís- 
sima Concepción Descaigas en su Villa de 
Epila. Con privilegio. — En Zaragoga: Por 
Pedro Lanaja, y Lamarca, Impressor del 
Reyno de Aragón, y de la Vniversidad, 
año 1642. 

Un vol. en 8.** menor de 777 págs., más 
siete hojas al principio y otras tantas á la 
conclusión, no foliadas. 

Port. — V. en bl. — Aprobación del P. Fr. luán 
Ginto, Lector Jubilado, Calificador del Santo Ofi- 
cio, y Guardián del Conuento de N. P. S. Fran- 
cisco de la Ciudad de Zarag09a. Zaragoza á 28 de 
Deziembre, año 1641. — Licencia del Ordinario 
[Don Pedro Apaolaza]. Zaragoza á 4 de Febrero 
de 1642. — Aprobación del Doctor Don Pedro Ca- 
uero, del Consejo de Su Magestad en el del Cri- 
men de Aragón. Zaragoza á 7 de Enero de 1642. — 
Licencia para la impresión. Zaragoza, 11 de Fe- 
brero de 1642. — Pág. I . Dedicatoria de la Autora 



13 — 

á la muy Religiosa Comunidad de Descaigas de la 
Puríssima Concepción de la Villa de Epila. — Pági- 
na 3i. Texto, dividido en cuatro partes; la prime- 
ra comprende XXV cap.; la segunda VI; la terce- 
ra XII, y la cuarta VIL — Tabla de los capítulos. — 
Erratas. 

Para escribir este libro tuvo presente 
D.' Luisa la Pri?nera parte de las excelen- 
cias de la virtud de la Castidad. Compuesto 
por Fray loseph de lesus María de la Orden 
de losDescalgos de la Virgen María del Mon- 
te Carmelo. Dedicado á la misma Virgen so- 
berana, y al gloriso San loseph su Esposo. 
Con privilegio. — En Alcalá, por la Biuda 
de luán Gracián. Año 1601. 

En folio, 902 págs (i). 

Pero D.* Luisa no plagió esta obra, limi- 
tándose á tomar de ella varias ideas y no- 
ticias. 

En la primera parte del libro de D.* Luisa 
se exponen las excelencias de la castidad; la 
segunda trata de la virginidad; la tercera de 
los medios para conservar aquella virtud; 
la cuarta versa acerca del matrimonio y de 
la castidad conyugal. 

Parte primera. — Cap. I. De la etimología y di- 
finición de la castidad, y de la división de los gra- 
dos de ella, y de esta obra.— Cap. II. De la primera 
excelencia de la castidad, que es ser amada y esti- 
mada de Dios. — Cap. III. De la segunda excelencia 
de la castidad, que es espiritualizar á sus profeso- 



(i) Fr. José de Jesús María, enemigo del Teatro y de 
los comediantes, consagra dos capítulos á impugnar las 
comedias, siendo de notar las bajezas y pecados que refie- 
re de los histriones: «las sabandijas que cria la comedia 
son hombres amancebados, glotones, ladrones, rufianes 
de sus mugeres; y que ansí ellos como ellas, con estas 
cosas son fauorecidos y amparados de tal manera que 
para ellos no ay ley ni prohibición.» En otro pasaje dice: 
«es cierto que si estas mugercillas no anduvieran en este 
oficio, no fueran buscadas y codiciadas... de manera que 
el cebo de que el demonio usó para ellos y ellas, fué el 
cantar, baylar, el danzar y el trage exquisito y diferencia 
de personas que cada día hazen, vistiéndose como reynas, 
como diosas, como pastoras, como hombres.» En el último 
capítulopublicaun memorial que dio á Felipe II contra las 
comedias, indignado de que una vil mujer hiciese el pipel 
de la Virgen en las obras a lo divino, y de otros mil escán- 
dalos que daban con sus amancebamientos las actrices. 



— 114 — 



res de manera que, no sólo los hace ángeles, como 
los llaman muchos Santos Doctores, sino seme- 
jantes á Dios cuanto es posible á puras criaturas. 
Cap. IV. De la excelencia tercera de la castidad, 
que es hacer templos del Espíritu Santo á los que 
la profesan.— Cap. V. De la excelencia cuarta de la 
castidad, y es debérsele la institución del Santísi- 
mo Sacramento del altar, de donde se sigue ser 
ella el mayor aparejo para recibirle; cómo su fre- 
cuencia el más cierto medio de conservar esta vir- 
tud.— Cap. VI. De la excelencia quinta de la casti- 
dad, y es prometerse á esta virtud la mayor de las 
.felicidades, que consiste en ver á Dios.— Cap. VII. 
De la excelencia sexta de la castidad, que es, no 
sólo ser forzosa para la vida perfecta y contem- 
plativa, sino que llega el alma con ella á amar á 
Dios cuanto en este mundo se puede. Cap. VIII. 
De la séptima excelencia de la castidad sobre todas 
las virtudes, que es no ser las demás nada sin ella, 
mas ella siempre mucho.— Cap. IX. Excelencia oc- 
tava de la castidad, que es ser honra de nuestra 
Fe.— Cap. X. Excelencia nona de la castidad, que 
es haber dado más mártires á la Iglesia que todas 
lasvirtudes.— Cap. XI. Excelencia décimade la-cas- 
tidad, que es ser amada y estimada de los bien- 
aventurados en el cielo, y de los buenos de la 
tierra; que en todos los siglos, repúblicas y na- 
ciones ha sido, aun de los gentiles y bárbaros 
procurada, y favorecidos y venerados sus profe- 
sores. — Cap. XII. De la excelencia undécima de la 
castidad, que es ser favorecida y aun venerada de 
las fieras más bravas y criaturas insensibles. — Ca- 
pítulo XIII. De la duodécima excelencia de la cas- 
tidad, que es ser el desenojo de Dios, y la virtud 
por cuyo amor suspende sus mayores castigos. — 
Cap. XIV. De la décima tercia excelencia de la 
castidad, que es asistir Dios al que la tiene con 
particulares consuelos. — Cap. XV. Excelencia dé- 
cima cuarta de la castidad, que es' rendir el poder 
infernal y ser asombro del demonio. — Cap. XVI. 
De la excelencia décima quinta de la castidad, que 
es estar vinculado á ella el don de la profecía. — 
Cap. XVII. De la décima sexta excelencia de la 
castidad, que es ser hermosa y fragantísima. — Ca- 
pítulo XVIII. De la décima séptima excelencia de 
la castidad, y es hallarse en ella el mayor de los 
deleites. — Cap. XIX. De la décima octava excelen- 
cia de la castidad, que es dar honra y ser digna de 
gobiernos, principados y coronas. — Cap. XX. Ex- 
celencia décima nona de la castidad, que es dar 
sabiduría á sus profesores. Cap. XXI. De la exce- 
lencia vigésima de la castidad, que es dar fortaleza 
á ios que la profesan.— Cap. XXII. De la vigésima 



prima-excelencia de la castidad, que es dar salud 
y aun preservar de corrupción al cuerpo que la 
conserva. — Cap. XXIII. Excelenciavigésimasccun- 
da de la castidad, que es dar fecundidad á sus pro- 
fesores. — Cap. XXIV. Excelencia vigésima tercia 
de castidad, que es hacer ricos á sus poseedores, no 
sólo de bienes esp¡riluales,sino también de lostem- 
porales. — Cap. XXV. Excelencia vigésima cuar- 
ta, que es librar al que la posee del yugo y cargas 
á que nos dejó sujetos el pecado de Adán. 

Parte segunda. — Cap. I. De la difinición y eti- 
mología de la virginidad y de lo mucho que se 
debe estimar, y premios de gloria que le corres- 
ponden. — Cap. II. Donde se presentan algunos de 
los símbolos de la virginidad que puso Dios en las 
cosas naturales para recuerdo de su estimación. 
Cap. III. De lo mucho que Dios ha manifestado 
estimar y querer sea venerada la virginidad, ha- 
ciendo grandes favores á los que la han respetado, 
y no menores castigos á los que atropellaron este 
respeto. — Cap. IV. Del recato con que las vírgenes 
deben portarse para conservar el tesoro de la vir- 
ginidad que Dios ha depositado en ellas. — Capí- 
tulo V. De la honestidad y vergüenza. — Capítu- 
lo VI. De las heroicas demostraciones con que 
muchos, así hombres como mujeres, católicos y 
gentiles, manifestaron lo que estimaban su virgi- 
nal pureza. 

Parte tercera. — Cap. I. De la difinición y deri- 
vación de este nombre, continencia, y del de viu- 
da, y de lo mucho que Dios estima las buenas. — 
Cap. II. Donde se anima al continente á la pelea: 
y por consuelo de los que cayeron se trata de cuan 
poderosa es la castidad para recuperar lo perdi- 
do. — Cap. III. De la confianza que debe tener en 
Dios el continente, para conservar esta virtud. — 
Cap. IV. Donde se trata de la primera arma defen- 
siva de la castidad, que es la oración. — Cap, V. De 
la segunda arma con que se defiende la castidad, 
que es la presencia de Dios. — Cap. VI. De la ter- 
cera arma de la castidad, que es la memoria del 
infierno. — Cap. VII. de la cuarta arma de la cas- 
tidad, que es la consideración de la dignidad del 
hombre, y del vil deleite á que se sujeta por la 
torpeza. — Cap. VIII. Quinta arma de la castidad, 
que es la lectura provechosa. — Cap. IX. De la ar- 
ma sexta de la castidad, que es el ayuno.— Cap. X. 
De la arma séptima de la castidad, que es la aspere- 
za con que debe tratar su cuerpo el que quiere 
sujetarle al espíritu. — Capítulo XI. Octava arma 
de la castidad, que es evitar ociosidad con la ho- 
nesta ocupación. — Cap. XII. De la arma nona de 
la castidad, que es huir las ocasiones. 



-ii3- 



Cuarta parte. — Cap. I. Donde se declara qué 
cosa es la castidad conyugal y matrimonio, y cuan 
excelente estado es este. — Cap. II. De lo que se debe 
respectar el matrimonio, y no tomar tal estado n¡ 
usar del con desórdenes y fines imperfectos.— Ca- 
pítulo III. Del amor y fe que reciprocamente se 
deben tener los casados. — Cap. IV. De algunos 
ejemplos de castidad en el estado del matrimonio. 
Cap. V, De la gravedad del adulterio y cuan abo- 
rrecido es de Dios y lo ha sido en todas las repú- 
blicas; con algunos ejemplos de lo que su Divina 
Majestad le ha castigado. — Cap. VI. De algunos ca- 
sos en que Dios ha manifestado lo que se agrada 
de los buenos y castos casados. — Cap. VII. Donde 
se recopila la materia de este libro, y él se remata 
persuadiendo admitan su remedio, á los que como 
deshauciados huyen del; y á los poderosos y ca- 
bezas lo procuren con castigos y propio ejemplo. 

Capitulo XII (Parte primera). 

De la excelencia ▼udécima de la Castidad, que es 
ser fauoxeoida, y aun venerada de las fieras más 
bxauas 7 oxiatuzas insensibles. 

Como es vno mismo el Autor de la gracia y de 
la naturaleza, pretendió en las cosas naturales, no 
sólo recrear los cuerpos, sino instruir los ánimos, 
dando tanta se:Tiejan9a con las espirituales é inui- 
sibles á las visibles y materiales que manifiesten la 
hermosura de las virtudes y fealdad de los vicios; 
y assi en el libro de todas las criaturas quiere este 
Señor que leamos las excelencias de la castidad, 
poniéndonos las cosas materiales delante como 
espejo (que assí las llamó el Apóstol) para que 
conociendo por ellas las espirituales, como en las 
obras de la naturaleza aquellas son más excelentes 
que son más resplandecientes y puras, assi procu- 
remos adornar nuestras almas con las obras de 
mayor pureza y resplandor; y para que tanto más 
enamore esta virtud los ojos del espíritu quanto 
con los corporales la vemos más ilustrada y como 
esculpida en la pintura de las criaturas, que en 
cada vna de ellas ay vn bosquejo u dibujo de la 
castidad, y por el camino que pueden nos enseñan 
la pureza y la califican; todas las cosas criadas 
procuran tener alguna semejanza y olor de ella, 
porque no ay ninguna que no se goze de su ente- 
reza y no huya de su corrupción; ninguna que no 
ame su limpieza y tema su desaseo, apeteciendo 
conseruarse en el estado en que Dios la crió y 
oborreciendo caer en el peor; tanta es la fuerza de 
la castidad, dize San Agustín, que toda la natura- 
leza humana procura alabarla, y ninguna cosa es 
tan viciosamente torpe que pierda del todo la ho- 



nestidad. Aristóteles dixo que el bien es aquél que 
es deseado de todas las cosas; y pues todos desean 
la castidad, sin duda es ella el bien verdadero. 
Tienen tanto más de valor y estima las cosas, 
quanto por pegárseles menos tierra están más 
limpias y purificadas; por esso el alabastro es más 
preciado que las piedras toscas, el cristal más que 
el alabastro, y el diamante más que el cristal. 

El oro, que es la cosa de más estima entre los 
mundanos, si tiene mezcla y no está purificado 
pierde mucho de su valor; las flores en los cenaga- 
les pierden su fragancia; la fruta de tierra seca es 
más sabrosa; el vino de la tierra pedregosa es más 
suaue y oloroso que el de la pingüe y viciosa; el 
agua que tiene menos peso es la mejor; el aire que 
passa por tierras montuosas y ásperas es más puro 
que el que passa por las húmedas y labradas, por- 
que se le pega menos de tierra. La mayor de las 
perfecciones del elemento del fuego es no sufrir en 
sí mezcla de cosa inmunda; los cielos se precian 
tanto de puros, que por alarde mayor de su lim- 
pieza, contra la obscuridad uibran centellas, ful- 
minan rayos; y assi quieren graues autores que el 
lasciuo defecto se llame pecado contra el cielo, 
porque como él es tan puro, detesta y abomina á 
los torpes y sensuales. Compárase la castidad al 
Sol, Luna y estrellas, aplicándolo á sus tres esta- 
dos; el Sol á la virginidad; á la continencia la 
Luna, y las est/ellas á la conyugal; más pues aquí 
vamos hablando de la castidad en común, lo apli- 
caremos á ella que encierra en sí á todos tres. El 
Sol por su hermosura, pureza y rayos de luz, y 
por ser Rey de los astros; como la castidad hermo- 
sa, pura y refulgente lo es de las virtudes, no poco 
califica esta. La Luna parece nos está combidan- 
do, por algunas de sus propiedades, á mirar en ella 
la castidad; llámala San Ambrosio hermosura de 
la noche, gouernadora de la mar, imitadora del 
Sol; y San Isidoro dize que quando creze mira 
á Oriente, y quando descrece á Occidente; la cas- 
tidad es la hermosura de la nQChe dcsta vida y 
resplandece en la naturaleza humana tan llena de 
tinieblas; es gouernadora del mar de nuestras pas- 
siones; imitadora del Sol de jusiicia, que es la 
fuente de toda pureza; crece esta virtud quando 
mira á Christo (verdadero Oriente) y sigue sus 
exemplos; más con lo contrario descrece. En las 
estrellas refulgentes vemos dibuxada la castidad; 
Odón es un astro compuesto de muchas estrellas; 
cuando se obscurece da cierta señal de tempestad, 
como su resplandor y claridad csperanfa segura 
de serenidad, y cofi las aguas que embía á la tierra 
causa la producción de las cosas; si la castidad 



está obscurecida en qualquiera persona, es la más 
cierta señal de tempestad para su alma; más si 
resplandece en ella, es conocido indicio de su pros- 
peridad y felizes succssos, y también fertiliza to- 
dos los bienes espirituales. La estrella llamada 
Luzero, despide de sí rayos de gran belleza; sigue 
siempre al Sol; quando viene delante de él nos co- 
munica el día, y entonces la llaman Luzifer, que 
es mensajero de la luz, y quando viene después 
del Sol preuiniéndonos para nuestra seguridad de 
que llega la noche, se llama Hesperes; desta estre- 
lla dize Tholomeo que sobrepuja el Zodiaco por 
dos partes y que influye afición á la música; la 
castidad anunció la venida de Christo, previnién- 
dole las entrañas puríssimas de la Virgen, y es 
mensajera desta luz y Sol diuino quando viene á 
las almas; otras vezes viene esta virtud anuncián- 
donos la noche del pecado, para que nos preuen- 
gamos buscando seguridad; leuanta al hombre 
sobre el Zodiaco de la facultad humana, de dos 
maneras; la vna, en que siendo de naturaleza te- 
rrena le haze imitador de los ángeles; la otra que 
teniendo natural inclinación á deleytes sensuales 
le causa aborrecimiento de ellos, eleuando sus de- 
seos á solo los celestiales deleites; y también influ- 
ye esta virtud inclinación á la sonora música de la 
oración. Las Hyades son estrellas pluuiales (dize 
San Isidoro) que nacen en tiempo de verano, y 
tienen oficio de embiar lluuias á la tierra, que mi- 
tigan los ardores del tiempo, fertilizan las plantas, 
hermosean las flores y renueuan la Primavera; la 
Castidad mitiga los ardores de la concupiscencia 
en la tierra de los cuerpos humanos, fertiliza las 
almas de afectos y deseos puros y hermosea las 
flores de las otras virtudes que ay en ella, y con la 
templanza de su castíssimo rocío renueva la Pri- 
mauera en quien tenía perdida la gracia por culpas 
de torpeza. Las Pléyades son siete estrellas que 
aparecen (según San Isidoro) á la entrada del Ve- 
rano, y se ponen y esconden á la del Invierno, con 
que quando ellas se descubren conocen los naue- 
gantes pueden nauegar sin temor de tormentas: 
los que por la Castidad guian la nauegación desta 
vida, son los que passan mar tan tempestuoso sin 
tormentas y Ueuan seguro viage. Harturus es 
constelación formada de siete estrellas hermosíssi- 
mas; no se desaparece como las otras, siempre se 
descubre, por estar (según San Gregorio y San 
Isidoro) junto al Norte, que la haze immobil: la 
Castidad está adornada de las virtudes Theologa- 
les y Cardinales; nunca se desaparece, que es im- 
mobil si se dedica y junta á Christo, norte firmís- 



116 — 

en la disposición y orden de los Signos y Planetas, 
se nos significa el señfjrío de la Castidad; porque 
como afirma Tholomeo, el planeta Venus tiene 
por casa los dos signos de Libra y Tauro, y reyna 
en el signo de Piscis y pierde su reyno en el signo 
de Virgen; Venus significa la sensualidad; Libra y 
Tauro, los poderosos y regalados; Piscis, los sen- 
suales; el signo de Virgen la pureza: y assi esto 
nos manifiesta que la sensualidad tiene su casa 
en los viciosos, su reyno en los lasciuos; mas éste 
pierde todo su poder é imperio en llegando á la 
Castidad, que templa su fuego ponfoñoso y tirá- 
nico. 

Los elementos son ministros de la Castidad, y 
assi como defensores suyos, verdugos de los tor- 
pes; el agua en el vniuersal diluuio, el fuego en 
Sodoma, y en muchas ocasiones, los han castiga- 
do: el aire infecto, apestando prouincias de vicio- 
sos, como por el adulterio de Dauid en Jerusalem, 
donde murieron en vn día setenta mil personas; y 
por otras ocasiones tales, la tierra con terremotos 
tragándose ciudades enteras, como se vio en Sa- 
xonia en tiempo del Emperador Ludouico Segun- 
do, que sepultó la tierra vna villa con todos sus 
moradores. A los castos defienden y veneran los 
elementos; vióse en Santa Rufina y Secunda, que 
mandándolas echar el tirano en el río Tiber, tra- 
yéndolas él vn rato sobre sus aguas, como re- 
creándolas, suauemente las echó á la orilla sin 
mojarlas ni aun los vestidos. A Santa Tecla no 
hizo daño el fuego en que fué arrojada por los ^ 
que la martirizauan. Estando en el martirio Santa 
Águeda, se leuantó vn aire en su defensa, y terre- 
moto tal, que assombrando toda la ciudad mató 
á los mayores amigos del tirano, el qual con gran- 
de miedo se retiró y dexó á la Santa. A Marciana 
virgen defendió vna pared (en Cesárea) que de re- 
pente se leuantó y puso en medio de ella y de 
los lasciuos que pretendían manchar su pureza. 
Y á Seraphia en la ciudad Vendinense libró vn 
temblor de tierra, de otros que querían hazerle la 
misma fuer9a. Entre los gentiles también quiso 
Dios manifestar que (aun siéndolo) era voluntad 
suya se viesse respetada la Castidad por las criatu- 
ras insensibles; como entre otros muchos casos se 
lee de aquellas vírgenes dedicadas á Diana Pérsica, 
que andando los pies desnudos sobre brasas en- 
cendidas no se quemauan, porque á los que van 
rubricados con la insignia de la Castidad todas las 
cosas criadas los veneran. Pues las criaturas que 
produzen los elementos no menos nos señalan 
con sus propiedades las excelencias desta virtud. 



i 



simo de nuestra vida. Y es muy de notar que aun | ¿Qué retrato más al viuo della que aquella tan sa- 



— 117 

biela y justamente celebrada propiedad del armiño, 
que se dexa matar por no manchar su piel blan- 
quissima y pura? Lactancio afirma que ay algu- 
nos animales que conciben del viento, y lo confir- 
ma San Agustín diziendo que en Capadocia las 
yeguas solo del aire conciben. De los pezes afir- 
man los naturales que lodos ó los más de ellos 
no tienen su propagación por víade ajuntamiento 
de macho y hembra, sino que son vírgenes; y sien- 
ten algunos autores ser essa la causa porque vsa- 
ron tanto de este manjar Christo y sus Apóstoles. 
De vna fuente cuenta Casiodoro (llamándola por 
su virtud, de agua virgen) que si auiéndose lauado 
vn hombre en ella llegaua alguna muger después, 
leuantaua llamas de fuego que la abrassauan, y el 
agua no se consumía. Prodigio que manifiesta- 
mente obraua Dios en honra de la Castidad; como 
en las aguas del río Diana en Sicilia, de las quales 
dize Solino que introduzen esta virtud y la con- 
seruan. San Isidoro trata de otra fuente que tam- 
bién con sus aguas quita los ardores de la concu- 
piscencia. Los buytres no tienen junta (como dize 
San Basilio) y assi las hembras sin ayuda de ellos 
conciben y sacan sus hijos. La cigüeña y cigüeño 
mayores de cada cría no se juntan con otros, 
guardando castidad hasta que sus padres viejos 
mueren, por no impedirse con los hijos de mirar 
por los padres y servirlos: donde no sólo nos en- 
seña Dios por esta aue la Castidad, sino ser ella 
instrumento y el más proporcionado medio para 
alcanjar otras virtudes. El plomo fauorece á la 
Castidad oponiéndose á los incentiuos sensuales, 
rte la piedra gagates dize Dioscorides (y lo siente 
assi San Isidoro) que acredita la verdadera virgini- 
dad y manifiesta la falsa. Otro autor haze men- 
ción de vn género de piedra himán, de contraria 
propiedad á las que ay en Europa, porque aquélla 
no atrae al hierro, sino él á ella; y dize que los 
poluos desta piedra echados en la frente de la 
muger casada estando dormida, si es casta, la 
hazen llegarse á su marido, y si adúltera, vé tan 
grandes fantasmas y monstruos espantables que 
dando gritos se arroja de la cama, y esto mismo 
tocó Bercorio. La esmeralda no solo se quiebra 
teniéndola consigo el que haze acto impuro, más 
aun en el del matrimonio, según dize Alberto 
Magno, para lo qual trae vn exemplo de su tiem- 
po, refiriendo que el Rey de Vngria se le hizo tres 
pedamos vna esmeralda finissima que tenía en vna 
sortija, vsandodel lícito ajuntamiento conjugal. 
El árbol que llaman de Paraíso, escriuen Plinio y 
otros que con su olor iniroduze la Castidad: Uá- 
manle ios latinos agnus castus, que es lo mismo 



que dos vezes casto, porque en hojas y flores tiene 
duplicada esta virtud, y por ella las matronas ro- 
manas vsauan licuar ramillos deste árbol en las 
manos á sus festines; y las mugeres athenienses 
echauan por sus aposentos las hojas y flores del, 
el qual justamente se llama de Paraíso, pues fauo- 
rece vna virtud más celestial que terrería. A ella 
también inclinan las hojas del sauze, según dize 
Dioscorides: y San Isidoro que la ruda haze lo 
mismo. 

Marcial dize que la Castidad no sólo manda á 
los elementos y á los brutos, sino que éstos la 
siruen y obedecen. Y Tertuliano, que esta virtud 
amansa las fieras: conócese bien ser assi en los 
dragones, que no se dexan domesticar sino de las 
vírgenes. En Etiopia quando cagan los elefantes 
(que son ferocíssimos) se valen de donzellas muy 
conocidas por castas, se pongan á cantar en el 
campo, á cuya voz llega luego el elefante, y ha- 
ziéndoles como vn género de submissión se les 
echa y duerme en la falda, donde lo degüellan. El 
rinoceronte quando está más brauo y furioso se 
amansa á vista de vna donzella. El delfín en 
oyendo la voz de alguna que lo sea, da tales sal- 
tos y haze señales de tanta alegría que es admi- 
ración de los que le ven. Dize Ruperto Abad, que 
qualquiera muger casta tiene en sí tal virtud que 
si pone el pie desnudo sobre la cabeza de vna ser- 
piente ó culebra, al punto sin más mouerse queda 
muerta, aunque las culebras quando las matan de 
otra manera y partiéndolas por medio duran mu- 
cho de acabar. Sin duda se colige de todo lo dicho, 
que quanto ay criado venera con más particulari- 
dad que á los demás justos, á los castos. 

Añadamos, pues, que Daniel fué respetado p^T 
su Castidad, de los leones, como dize San Juap 
Damasceno, que no reuerenciaron las fieras á él, 
sino á la puridad de su cuerpo; ella embotó sus 
agudos dientes para que no comiessen carne viua 
los que se mantenían con carnes muertas y cuer- 
pos corrompidos de torpeza; porque el de Daniel 
(concluye el Santo) estaua embalsamado con el 
bálsamo precioso de la virginidad. Lo mismo po- 
demos dezir de muchas santas vírgenes á quien 
defendieron los más ferozes animales; como Santa 
Columba, que auiéndola puesto en el lugar de 
ruines mugeres, vn oso la assisiió sin dexar llegar 
á ninguno de los que pretendían manchar su pu- 
reza. Y á Santa Daría defendió vn león en otro 
caso tal. Santa Prisca virgen, siendo echada á vn 
león, sin hazerle daño se puso (venerándola) á 
sus pies. A Santa Christina echaron los tiranos en 
yna cárcel llena de sauandijas poncoñojas y todas 



lia — 



ellas se pusieron, las caberas baxas, delante de la 
Sama Virgen, reconociéndole sugeción. Y aun al 
mesmo demonio, bestia la más fiera, haze Dios ser- 
uir á los castos contra toda su voluntad, como en 
el martirio de Santa Inés, que al hijo del Pretor, 
queriendo ofender la pureza desta virgen, le ahogó 
vn demonio. Y pues los animales y criaturas insen- 
sibles tan conocidamente respetan esta virtud, pro- 
curen los racionales no quedarles inferiores, sino 
que venerándola, professándola y persuadiéndola 
cumplan con lo que á ella es tan deuido y á ellos 
tan conueniente; que no hazerlo assi es sentir lo 
contrario de lo que dezia acertadamente el otro, 
que escogía antes tener alma racional en cuerpo 
de bestia, que alma de bestia en cuerpo de hom- 
bre, pues quiere bestializar su alma y su cuerpo, 
mereciendo con este desagradecimiento á Dios el 
hombre que los elementos y todas las criaturas le 
confundan y afrenten con mostrar más estimación 
que él de esta virtud. ¿Y no sería mayor mons- 
truosidad oír hombres tales esta Filosofía de los 
brutos, que lo que se escriue de aquel asnillo de 
Ammonio Alexandrino, el qual se iba á las escue- 
las por sí mismo cada día á las horas de lición y la 
estaua escuchando muy atento? 

289. — Nobleza virtuosa. Dada á la estam- 
pa por el M. R. P. M, F. Pedro Henrique 
Pastor, Prouincial de la Orden de S. Agustín 
de la Provincia de Aragón. Al 111." Señor 
Don Alonso Jirón, Marques de Peñafiel, 
Hijo primogénito y dign.»"» successor del 
Ex.'"» Duque de Ossuna. — Impresso en Za- 
rag09a, por luán de Lanaja y Quartanet 
Impressor. Año 1637. 

Un vol. 8." menor de 373 págs., más nue- 
ve hojas de prels. 

Port. grab. con dos figuras laterales que repre- 
sentan la Sabiduría y la Fortaleza; en la parte 
superior el escudo de D. Alonso Girón sostenido 
por dos niños desnudos. — V." en bl. — Licencia del 
Ordinario D. Pedro Apaolaza. Zaragoza 11 de 
Julio de MDCXXXVII.— Aprobación del Dotor 
Don Matheo Virto de Vera, Arcipreste de Zara- 
goza en la Santa Iglesia Metropolitana. Zaragoza, 
7 de Julio de 1637. — Aprobación del Doctor Don 
Miguel Marta, del Consejo de Su Magestad en el 
Civil del Reyno de Aragón. Zaragoza 6 de Julio 
de 1637. — Real licencia para la impresión. Zara- 
goza 8 de Julio de 1637. — Al Illustríssimo Señor 



Don Alonso Girón, Marqués de Peñafiel, hijo pri- 
mogénito y digníssimo successor del Excclentís- 
simo Duque de Osuna, porFr. Pedro Enrique 
Pastor.— Págs. lá 373, texto. 

Queriendo D.' Luisa y Fr. Pedro Enrique 
Pastor que no se supiese quién había escrito 
el libro, llenaron de ficciones los prelimina- 
res, cuales son éstas que hay en la Dedica- 
toria á D. Alonso Girón: 

Entre los papeles de un cauallero á quien en 
vida reconocí obligaciones, y en muerte he de- 
seado mostrarme agradecido, hallé estos quader- 
nos, con tanto aliño, que descubrían especial es- 
timación de su depósito. 

Y en otro lugar se dice que estos consejos 
los cídexó á su hijo é hija mayores, una gran 
señora destos reynos de España, que por 
justos respectos se ocultó su nombre». 

Ya hemos visto que el Conde sobrevivió 
á D.* Luisa, y que ésta, según parece, no 
tuvo descendencia, 

290. — Noble perfecto y segunda parte de lá 
Nobleza virtuosa. Al Illustríssimo Sr. Don 
Gaspar Girón, primogénito, y digníssimo 
successor del Ex.™» Duque de Ossuna. Dado 
á la estampa por el Maestro Fr. Pedro Hen- 
rique Pastor de la Orden de S. Agustín. — 
En ^arago^a, por luán de Lanaja y Quar- 
tanet Impressor. Año 1639. 

Un vol. 8.** menor de 431 págs., más nue- 
ve hojas de prels. 

Port. grab. á la izquierda la vida simbolizada 
por una madre con tres niños; á la derecha la 
muerte; debajo de cada una estas palabras: per- 
fectio; Jinis. En la parte superior el escudo de 
D. Gaspar Girón. — V.** en bl. — Licencia del Ordi- 
nario D. Pedro Apaolaza. Zaragoza 10 de Marzo 
de 1639. — Aprobación del Padre Maestro Fray 
Agustín Salvador, Calificador del Santo Oficio. 
Zaragoza 6 de Marzo de 1639. — Aprobación del 
Doctor Don lacinto Valonga, del Consejo de su 
Magestad en las causas ciuiles del Reyno de Ara- 
gón. Zaragoza, 9 de Marzo de 1639. — Real licencia 
para la impresión. Zaragoza lode Marzo de lóSg. — 
Aprobación del P, M. Fr. Gerónimo Marta, Cate- 



— I 

drático de Scriptura de la Vniversidad. — Licencia 
del Padre Provincial Fr. Jerónimo Mascaros. Va- 
lencia 22 de Diciembre de 1 638.— Al lUustríssimo 
Señor Don Gaspar Girón, Marqués de Peñafiel» 
hijo Primogénito y digníssimo successor del Ex- 
celenlíssimo Duque de Osuna, por Fr. Pedro En- 
rique Pastor. — Noble perfeto, y parte segunda de 
la Nobleza Virtuosa, que contiene tres partes. En 
la primera un diálogo de diuersas materias tocan- 
tes á nuestra Santa Fe Católica, entre Maestro y 
Dicípulo. En la segunda un exercicio para orde- 
nar la vida. Y en la tercera otro para la muerte. 
Pónense por exordio dos exortaciones á los Maes- 
tros y Dicípulos. — Erratas. — Pág. i á 43 1,_ texto. 
Tabla. 

291. — Lágrimas de la Nobleza, por Doña 
Luisa de Padilla. — ^aragoga. Por Pedro La- 
naja. MDCXXXIX. 

Colofón. — En ^arago^a, por Pedro Lanaja y 
Lamarca, Impressor del Reyno de Aragón, y de 
la Vniversidad, año 1Ó39 (i). 

Un vol en 8." menor de 601 págs. 

Prólogo de la Autora. 

Congregación y cosas de donde se han de deri- 
var las fuentes de lágrimas que se siguen. Y lló- 
rase en primer lugar faltos de toda virtud á los 
nS'obles con quien aquí se habla. 

Fuente primera. — Llora el no respetar los tem- 
plos, sacerdotes y cosas sagradas. 

Fuente segunda. — Llora la mala costumbre de 
algunos Nobles en jurar. 

Fuente tercera. — Llora su continua ociosidad 
y el no levantar los pensamientos á cosas grandes. 

Fuente c«aría.— Llora lo que faltan al cumpli- 
miento de las obligaciones debidas á sus padres, y 
que esto proceda de criar ellos mal los hijos. 

Fuente quinta. — Llora sus arrojamientos tirá- 
nicos y el amparar, para conseguirlos, hombres 
facinorosos y perdidos. 

Fuente s^xía.— Llora la perdición de muchos 
Nobles por su incontinencia y el escándalo uni- 
versal en que viven. 

Fuente séptima.— Que llora el jugar excesivas 
cantidades, y que por gastar las rentas en éste y 
otros malos usos fallan á sus mayores obligacio- 
nes los Nobles. 



(i) Al ejemplar que he visto en la Biblioteca Nacional, 
faltan la portada y los preliminares. 



19 — 

Fuente octai>a.— Llora, el no guardar algunos fe 
y palabra con la entereza de verdad y autoridad 
en el trato á que su calidad los obliga. 

Fuente nona. — Llora la poca estimación que 
hacen de sus mujeres propias y del vínculo del 
santo matrimonio que tanto les obliga á amarlas. 

Fuente décima. — Llora que su ambición sober- 
bia los tiene en estado que no reconociendo los 
bienes de Dios, parece se oponen á su soberanía y 
envidian toda grandeza ajena. 

Fuente undécima. — Llora el mal tratamiento 
que hacen algunos á sus vasallos, no guardándo- 
les justicia y usurpándoles sus haciendas para 
gastarlas en vicios. 

Fuente duodécima. — En que los llora ingratos 
á sus antiguos y fieles criados, no aceptando ni 
premiando sino los aduladores, que es la causa 
de no tener aquellos de lustre, como sus antece- 
sores. 

Remate que concluye con tres razones todo el 
libro, las cuales se encomiendan mucho á la me- 
moria del letor. 

292. — Idea de Nobles y svs desempeños, 
en aforismos: Parte quarta de nobleza vir- 
tvosa. Compvesto por la Excelentíssima 
Señora Condesa de Aranda, Doña Luisa 
María de Padilla Manrique y Acuña. Con 
licencia y privilegio. — En Zaragoza, en el 
Hospital Real y General de nuestra Señora 
de Gracia, Año de MDCXLIIIL 

Un vol. en 8.** de 792 págs., más 12 hojas 
de prels. y cuatro de Tabla. 

Port.— V." en bl.— Aprobación del P. M. Fray 
Gerónimo Marta, Calificador de la Suprema Inqui- 
sición, y Cathedráiico de Escritura en la Vniversi- 
dad de Zarag09a. Zaragoza, 10 de Abril de 1644. — 
Licencia del Ordinario Don Pedro Apaolaza. Za- 
ragoza, 10 de Abril de 1644. — Aprobación del 
Doctor Don Miguel María, del Consejo de Su Ma- 
gestad en el Ciuil de Aragón. Zaragoga, aS de 
Abril de 1644. — Licencia para la impresión. Za- 
ragoza 10 de Mayo de 1644. — Prólogo.— Erra- 
tas. — Pág. I á 792 texto. — Tabla. 

Contiene este libro cuatro parles: la primera 
consta de VII capítulos, la segunda de XI, la ter- 
cera de XII y la cuarta de VIII. — Precede á la pri- 
mera una «Recopilación sucinta de la cxemplar 
vida, virtudes hcroycas, y feliz tránsito de Don 
Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, 
digna idea de todo Príncipe, y Noble». 



— 120 — 



Parte primera. — En que se trata de las virtu- 
des religiosas del Noble. 

Cap. I. Donde se declara qué cosa es Idea, y que 
han de dar principio los Nobles á copiar la que 
aquí se les propone, fundando en virtud propia la 
Nobleza, y no en la heredada. — Cap. II. Del apre- 
cio é inclinación en toda virtud, y oposición á los 
vicios que el Noble ha de manifestar desde sus 
primeros años.— Cap. III. De lo mucho que con- 
viene al Noble ejercitarse desde sus primeros años 
en letras y armas para impedir la posesión que en 
tal edad suelen adquirir los vicios en los ociosos. — 
Cap. IV. De la fe y religión que debe observar el 
Noble. — Cap. V. De la esperanza y temor que en 
sólo Dios ha de tener.— Cap. VI. De lo mucho que 
debe amar á Dios el Noble.— Cap. VII. Cuánto le 
importa al Noble domar los bríos de la naturaleza 
con la mortificación y penitencia que se compa- 
dece con su estado, y ejercitar las demás obras 
satisfactorias y de virtudes religiosas que ejercitó 
el Marqués. 
Parte segunda. — De las virtudes morales. 
Cap. I. De la castidad que debe el Noble guar- 
dar.— Cap. II. De que ha de huir el Noble los dos 
extremos viciosos de la liberalidad, no siendo ava- 
ro ni pródigo. — Cap. III. De la liberalidad que ha 
de usar. — Cap. IV. Que ha de ser parco el Noble 
en comer y no liviano en vestir. — Cap. V. De los 
amigos y compañías que debe elegir. — Cap. VI. De 
la cortesía que debe usar, con que á todos ha de 
honrar, particularmente á los virtuosos y emi- 
nentes en ciencias. — Cap. VII. De la verdad que 
ha de observar, huyendo mucho de jurar. — Capí- 
tulo VIII. De cuáles han de ser las palabras del 
Noble y su modesto trato, en que jamás se ha de 
hallar murmuración. — Cap. IX. De la humildad, 
que no es incompatible á las grandezas. — Capítu- 
lo X. Del valor y paciencia con que se ha de por- 
tar el Noble en las ocasiones de trabajos, que ésta 
es verdadera fortaleza.— Cap. XI. De cómo han de 
ocupar el tiempo los Nobles, huyendo la ociosidad. 
Parte tercera. — De las virtudes políticas. 
Cap. I. De cómo ha de gobernar su casa el No- 
ble, adestrándose en ésta económica para la po- 
lítica y gobierno de la República. — Cap. II. De la 
rectitud y justicia que ha de guardar el Señor en 
el gobierno de los vasallos. — Cap. III. Que aun- 
que en los castigos se ha de inclinar á la miseri- 
cordia, no ha de ser quedando sin ellos los peca- 
dos escandalosos. — Cap. IV. Del celo grande de la 
religión y honra de Dios que se debe manifestar 
en el gobierno, no admitiendo la política y falsa 
razón de Estado.— Cap, V, De la templanza en el | 



poder. — Cap. VI. Del amor de padre con que ha 
de gobernar el señor á sus vasallos. — Cap. VII. De 
la prudencia para el gobierno político. — Capítu- 
lo VIII. De lo mucho que le importa al Grande 
ser amigo de consejo y saber elegir y favorecer 
los buenos consejeros y ministros.— Cap. IX. Que 
se ha de portar el Noble en la Corte comunicando 
á los otros sus virtudes, y no inficionándose con 
los vicios cortesanos, haciéndose sol della como 
el Marqués.— Cap. X. De cómo ha de usar el No- 
ble del valimiento y gracia de su Rey. — Cap. Xí. 
De la fidelidad con que debe portarse en aconsejar 
á su Rey, siendo ministro.— Cap. XII. De cómo 
se ha de haber el Noble en el gobierno que su 
Rey le encomienda. 
Parte cuarta. -De las virtudes militares. 
Cap. I. De cómo se ha de armar el Noble con 
el temor de Dios y virtudes, justificando las em- 
presas para conseguir victonas, si las alcanzare 
de sí pnmero.- Cap. II. De la fortaleza verdadera 
que ha de tener el Noble capitán, cuyo valor y 
osadía no ha de ser con temerídad.— Cap. III. De 
la prudencia militar que ha de tener el capitán y 
cómo ésta jamás le ha de hacer cobarde.— Capí- 
tulo IV. De cómo ha de usar de la victona para 
no ser vencido della.— Cap. V. Cómo se ha de ha- 
ber el buen capitán siendo vencido.— Cap. VI. Del 
agrado y liberalidad que ha de usar con los sol- 
dados, procurando sean bien pagados, y sabiendo 
escoger los buenos para excusar motines y con- 
seguir victonas.— Cap. VII. De cuan gran cordura 
es prevenirse toda la vida para la muerte y reti- 
rarse á esperarla antes que ella acometa y dé asal- 
to, y cómo lo deben hacer los nobles á imitación 
del Marqués.— Cap. VIII. De cuan segura tiene la 
virtud perpetuidad en sus glorías, alabanza y pos- 
teridad, y cuan cierto es ser de todos llorado y 
honrado en muerte el que á todos supo consolar 
y honrar en vida. 

293' — Cartilla para instruyr niños no- 
bles. 

Quedó sin publicar este libro, acerca del 
cual se lee en la dedicatoria á D. Alonso 
Girón, de la Noblei(a virtuosa. 

Si á V. s. este le diere gusto, para su pnmer in- 
fante podré seruirle con una Cartilla para ins- 
truyr niños nobles, que hallé al lado-destos pa- 
peles. 



— 121 



PAEZ DE COLINDRES 
(D.* Francisca). 

294. — Sátira en obillejo en tiempo de Phe- 
lipe IV y el Conde Duque, siendo Presiden- 
te de Castilla, Castejón, en ocasión de que- 
rer quitar el uso de los guardaynfantes, año 
de i65i. 

A el casi Presidente 
que en su boca hermitaño trae un diente; 
á el buen hijo del siglo 
que siempre tubo cara de un bestiglo, 
ministro vigilante 

que destierra otra vez el guardaynfante, 
salud, si puede dársela un doliente, 
dama que mucho siente 
berse tan descurrida 
que parece visión de la otra vida, 
si bien muger honrrada 
que andubo de jubón abigarrada 
sin publicar ni descubrir el pecho 
que á todo vicio sirbe de coecho; 
por cierto, amigo mío, 
que a sido este orden nuebo desbarío, 
que las bien puestas faldas 
no son escandalosas como espaldas 
luzientes, blancas, tersas y bruñidas, 
tiranas de las bolsas y las bidas; 
ni pechos despechados, 
salssa que pone el diablo á los pecados, 
á quien con gran donaire un caballero 
llamaba el pecadero. 

En Galizia los traxes 
yncultos, toscos, pobres y salvajes, 
muy bien los visteis quando 
fuysteys en Lugo obispo venerando, 
antídoto no son de la luxuria, 
pues en aquel pays tiene más furia; 
de que se sigue que en aquesta tierra 
no es causa el guardaynfante desta guerra. 
Mala gente son hombres y mugeres, 
propia pensión á ylícitos plazeres; 
aquí las burl is dexo 
y me transformo en uno del Consexo; 
á lo que atiende un grabe Presidente, 
si es sabio y es prudente, 
es á tener contento 

con sobra el pueblo de mantenimiento, 
y á prezios moderados 
porque biban los pobres descansados... 



Ms. del siglo xvii; tres hojas en 4.* 

Biblioteca Nacional. — Mss. de Gayangos; núm. 271; fo- 
lios if)5 á 257. 

PAEZ DE PANTOJA (D.-^ JMaría). 

295. — Soneto á Felipe III: 

¡Oh! insuficiencia humana, que si aspira 
á ostentar vuestro espíritu valiente, 
la lengua, cuando más finez_.s siente, 
más turbada, ¡oh! Filipo, se retira... 

296. — Glosa al mismo asunto: 

Honrando el nombre español 
(al fin águila Real)... 

Luis Diez de Aux. Compendio de las fies- 
tas que ha celebrado la Imperial ciudad de 
Qaragog.a... en honor de Fray Luys Alia- 
ga. — Zaragoza: Por Juan de Lanaja. Año 
de 1619. 

Págs. 1 58 y 189.- 

En la misma obra (folio 288), se leen es- 
tos versos acerca de D.' María Páez: 

De Madrid llegó un papel 
tan lleno de perfecciones 
como se averigua en él, 
de quien por muchas razones 
merece palma y laurel. 
Firmóle Doña María 
de Páez y de Pantoja, 
y en el soneto que envía 
descubre que el labio moja 
donde Apolo ninfas cría. 

PALACIOS Y ARRAZOLA 
(D.* Ana María). 

297. — Novena á los gloriosos mártires San 
Bonoso y San Maximiliano, Patronos de 
esta villa de Arjona. La da á luz en obse- 
quio de los Santos, y para bien de las Almas, 
Ana María Palacios y Arrazola. — En Jaéri: 
En la Imprenta de D. Pedro Josef de Doblas. 
Año de 1795. 

Al principio una dedicatoria á los Santos 
por D.* Ana María Palacios. 



122 



PALAFOX (Sor Josefa Manuela de). 

Nació en Zaragoza el año 1649. Fué hija 
de D. Juan de Palafox, Marqués de Ariza, y 
de D.* María Felipa de Cardona y Ligni. 
Profesó en el convento de Capuchinas de 
aquella ciudad, donde fué Maestra de novi- 
cias, Vicaria y Abadesa por dos trienios. 
Fundó el convento de Santa Rosalía, en 
Sevilla, á costa de su tío el arzobispo Don 
Jaime de Palafox, y murió allí á 5 de Abril 
de 1724. 

298. — Testamento de la Venerable Madre 
Sor Josepha de Palafox y Cardona, Abadesa 
y primera fundadora del convento de Capu- 
chinas de esta ciudad de Sevilla. Año 1702. 

(Al fin:) Impresso en Sevilla, con las apro- 
baciones y licencias necesarias, año de 1 724. 

27 págs. en 4." 

PALAFOX Y PORTOCARRERO 
(D.* María Tomasa). 

Estuvo casada con D. Francisco de Borja, 
Marqués de Villafranca. 

299. — Memoria instructiva de los nego- 
cios de la Real Junta de Señoras de Honor 
y Mérito, presentada por su Presidenta la 
Exc.ma Sra. Marquesa de Villafranca, Du- 
quesa de Medinasidonia. — Madrid: Impren- 
ta de Sancha. 1819. 

Portada y 16 págs. en 8." 

300. — Memoria expositiva de la situación 
de la Inclusa y Colegio de las Niñas de la 
Paz, en fin de Diciembre de mil ochocien- 
tos veinte, presentada á la Real Junta de 
Señoras por su Presidenta la Excelentísima 
Señora Marquesa viuda de Villafranca.— 
Madrid: Imprenta del Censor, Carrera de 
San Francisco. 1821. 

16 págs. en 8." y un cuadro sinóptico. 



PANIAGUA MANUEL DE VILLENA 

(D.* Mayor). 

Condesa de Ví-a-Manuel. 

301. — Hay versos suyos en la Descriptión 
de la proclama que se executó en la muy no- 
ble y leal ciudad de Badajo^, y de las fiestas 
con que esta celebró la elevación al trono de 
su muy poderoso y amado Rey y Señor Don 
Fernando VI. Por D. Leandro Gallardo de 
Bonilla.— Madrid. Año MDCCXLVII. 

PARDO DE MONZÓN (D.*^ Manuela). 

302. — Romance á la Virgen: 

A las generosas fiestas 
que hace el Sandoval monarca... 

Descripción de la Capilla del Sagrario 
de Toledo y relación de la antigüedad de 
la imagen de Nuestra Señora, por Pedro 
de Herrera. — Madrid, por Luis Sánchez. 
MDCXVII. 

Folios 84 y 85. 

303. — Canción á San Ignacio de Loyola: 

La fuente de la luz que en copia bella 
se comunica á cuerpos inferiores, 
del trópico de Cancro ya impedida 
lleva al Austro sus raudos esplendores 



Relación de las fiestas que ha hecho el co- 
legio Imperial de la Compañía de Jesús de 
Madrid en la canonización de San Ignacio 
de Loyola. Por D. Fernando de Monforte y 
Herrera. — Madrid, por Luis Sánchez, 1622. 

Folio 24. 

PARRA Y CARVAJAL 
(D.^ Ángela Teodora). 

Descendía de D. Mateo Parra, hidalgo 
de la tierra de Valladolid, y pariente del 
Conde de Bureta, quien se estableció en Au- 
ñón (Guadalajara) á mediados del siglo xvi. 
Hijo de éste fué D. Juan Parra y Francia, 
capitán en el reinado de Felipe III, y nieto 



— I 



D. Manuel Parra y Carvajal, padre de Doña 
Ángela Teodora Parra, nacida en Auñón 
de D." Juana de Espinosa y Barrera, en No- 
viembre del año 1674, pues la bautizaron el 
23 de dicho mes. Siendo de 12 años oyó 
predicar en el convento de franciscanos de 
Auñón á Fr. Juan de Almodóvar, y tanto 
le impresionaron las palabras de éste, que 
comenzó á ejercitarse en ásperas peniten- 
cias. No profesó en orden monástica algu- 
na; pasó gran parte de su vida encerrada en 
una cueva que hizo en el huerto de su casa, 
y á causa de ser muy húmeda se mudó á 
otra labrada en un peñasco. Residió varias 
temporadas en Alcalá y Madrid; en esta 
villa murió á 5 de Enero de 1745 y fué se- 
pultado su cuerpo en el convento de Míni- 
mos de la Victoria, don4e se le hicieron 
honras fúnebres. 

304. — Por mandato del P. Guerrero escri- 
bió su vida interior; dice éste que llenó D.' 
Ángela más de 400 pliegos con tal relación, 
y que se guardaba en el citado monasterio. 

Cnf. Sermón á las honras de la Parra 
mystica Sierva de Dios Doña Angela Theo- 
dora Parra y Car ba jal, Tercera Professa 
del Sagrado Orden de los Mínimos de N. 
P. S. Francisco de Paula, natural de la vi- 
lla de Auñón, en este Arzobispado de Tole- 
do. Las predicó el día ocho de Mayo de este 
año en el convento de la Victoria de Madrid, 
su Confesor el R. P. Fr. Joseph Martín 
Guerrero. — En Madrid: En la Imprenta de 
Joseph Martínez Abad. Año de 1746. 

48 págs. en 4." más 16 hojas de prelimi- 
nares. 

Práctica mystica, y moral. Vida de la 
parra mystica Doña Angela Theodora Pa- 
rra y Carvajal, natural de la villa de Auñón 
de este Ari^obispado de Toledo, Tercera 
Professa de la Mínima Viña Orden Tercera 



23 — 
de San Francisco de Paula. Su autor el 
R. P. Fr. Joseph Martín Guerrero, Lector 
Jubilado, Regente que fué de los estudios en 
el colegio de la Señora Santa Ana de Alca- 
lá, y en él seis años Corrector. — Año 1749. 
En Madrid, por Carlos Rey. 

305.— En 4.', 338 págs. 

Cartas espirituales de D." Ángela Parra 
Caravajal, escritas allllmo. Obispo de As- 
torga. 

Las cuatro primeras sin fecha; la quinta, 
en Madrid, á 23 de Mayo de 1 721; la sexta, 
en Madrid, Agosto de 1717; la séptima, 
en la misma ciudad, como las restantes, 
á 2 de Febrero de 1740; la octava, á 7 de Di- 
ciembre de 1723; la novena, á 18 de Abril de 
1724; la décima, á i5 de Diciembre de 1723. 

Copia del siglo xviii. — Seis hojas en folio. 

Biblioteca Nacional. — Mss. T. 46. 

PAZ (D.* Antonia de la). 

306. — Octava en elogio de Agustín de 
Rojas. 

Ninfas, que en vuestro coro retumbando... 

El viage entretenido de Agustín de Rojas, 
natural de la villa de Madrid. Con una ex- 
posición de los nombres Históricos y Poéti- 
cos, que no van declarados. A Don Martín 
Valero de Franque^ia, Cauallero del hábito 
de Santiago. — En Madrid, En la Emprenta 
Real. M.DC.IIII. 

PAZ (D.* Catalina de). 

Natural de Badajoz, ó, lo que es más pro- 
bable, de Alcalá de Henares. Murió en Gua- 
dalajara á los 27 años. Floreció á mediados 
del siglo XVI. 

Acerca de Doña Catalina escribe García 
Matamoros; 

Unius mulieris latini versus publicis certamlni- 
bus prlmam Hispali et Compluti lauream judi- 



— Í24 



cum sententia meruerunt. Quam velim significare 
nemo non Complutensis intelligil. iNam haec fuil 
illa Catherina Pacensis quae nondum expleto eta- 
tis anno vicésimo séptimo in ipso vitae flore Cara- 
cae, quae nunc Guadalaxara, acerba et immatura 
morte e vivis próxima aestate erepta insanabilem 
attulit Musís dolorem. Proferat Lucanus suam 
Polam Argentariam; numquam tibi, Catherina 
Pacensis, tam erit Complutum ingrata ut non 
cum illis te comparare audeat. 

^Quos Poesis fontes súbito fortuna prostravit? 
¿Quae litterae politiores cum illa mortuae et sepul- 
tae fuerunt? 

(De Academiis litteratisque viris Hispanice. Edición de 
Madrid, año 1769, pag. 77.) 

307. — Dos poesías latinas en elogio de don 
Juan Hurtado de Mendoza. 

No es cierto que tradujese al latín el li- 
bro de éste, como dice Nicolás Antonio, 
quien duda si Pacensis se refiere al apellido 
Paz ó indica procedencia de Badajoz (Pax 
Augusta). 

Cnf. Buen plai(er trabado en trece discan- 
tes de quarta rima castellana según imita- 
ción de trotas Francesas, compuesto por don 
duan Hurtado de Mendoza. — Alcalá, en casa 
de loan de Brocar, MDL. 

PAZ (D.* Elena de). 

Religiosa de Santa Clara, en Salamanca. 
308. — Soneto á D. Francisco de Borja y 
Aragón: 

Rizo el pelo, la vista procelosa... 

Aplavso gratulatorio de la insigne escue- 
la de Salamanca, al Ilustrissimo Señor Don 
Francisco de Borja, y Aragón, por la res- 
tauración de los votos de los estudiantes. — 
En Barcelona, por Sebastián de Corme- 
llas, s. a. 

Cubié, (Las mujeres vindicadas) dice que 
escribió muchas obras en latín y castellano 
que llenarían un abultado volumen. 



PAZ (María de la). 



309. — Testimonio que dio en lo referente 
á las visiones de Francisca de Ávila, proce- 
sada por el Santo Oficio en los años ¡574 
á 1578. 

Autógrafo; tres hojas en folio. 

Archivo histórico. — Inquisición de Toledo. Legajo 113, 
núm. 5. 

PAZ (D.* Mariana de la). 

310. — Soneto: 

En cuantas esta verde selva ostenta 
pobres coronas de menuda grama... 

Aplauso gratulatorio de la insigne escue- 
la de Salamanca, al Excelentissimo Señor 
Don Gaspar de Guarnan, Conde de Olivares, 
Duque de San Lucar la Mayor. Por la res- 
tauración de los votos de los Estudiantes. 
Recogido por Manuel de Ai^evedo. — En Bar- 
celona, por Sebastián de Cornvellas. S. a. 

PAZ Y DE PASTRANA 
(D.* Bernarda de). 

311. — Soneto: 

España y Persia hoy quieren á porfía... 

Relaciones de Don Ivdn de Persia. Diri- 
gidas á la Magestad Cathólica de Don Phi- 
lippe III. Rey de las Españas, y señor nues- 
tro. — Año 1604. En Valladolid por luán de 
Bostillo. 

PEDRO Y VIDAL (Sor Delfina de). 

Natural de Villarluengo, en Aragón. Fué 
religiosa de San Francisco y contribuyó á 
la fundación del convento de Cuevas de 
Cañarte. Murió en el año 1714. 

312. — Exercicios espirituales. 

313. — Exercicios de Adviento. 

314. — Exercicios para el ayuno de Cristo, 

Latassa. Biblioteca nueva. 



— 125 — 



PEÑA GUIÓN (La Condesa de). 

31 5. — Carta que la Condesa de Peña 
Guión escribió al Camarero mayor, su ma- 
rido, sintiendo que D. Luis de Haro fuese 
al ejército. 

Lisboa 2 de Octubre de i658. 

Ms. del siglo xviii; dos hojas en fol. 

Bibl. Nac— Mss. H. 28, fols. 201 y 202. 

PEÑAILLO (Sor Dolores). 

Religiosa chilena en el convento de la 
Rosa de aquel país. Vivió, según parece, á 
mediados del siglo xviii. 

316. — Escribió muchas cartas espirituales 
al P. Manuel José Alvarez, de la Compañía 
de Jesús, con las cuales dice Medina que se 
podía hacer un buen tomo. 

Cnf. Historia de la literatura colonial de 
Chile, por José Toribio Medina. — Santiago 
de Chile. Imp. de la librería del Mercu- 
rio. 1878. 

Tomo II, pág. 296. 

PEÑALBA (D.* Sebastiana). 

317. — Carta á honor de los pajes. 
Diario de Madrid, año 1789, tomo XI, 
págs. 273 y 274. 

PEÑARANDA (La Condesa de). 

318. — Existen unos versos suyos en un 
ms. del Museo Británico. 
Letra del siglo xviii; folio. 

Add. 28.489. 

PERALTA (D.* Inés de). 
319. — Décimas: 

¿Qué ingenio alabar pretende... 

Prosas, y versos del Pastor de Clenarda. 
Por Migvel Bote I lo, natural de la ciudad 
de Viseo. — En Madrid, por la Viuda de Fer- 
nando Correa Montenegro. Año MDCXXII. 



PERALTA (D.* María de). 



Nacida en Corella. Vivió en la primera 
mitad del siglo xvii. 
320. — Glosa: 

No siendo madre de Dios... 

Paulo Quinto le mandó 
á toda la Rola, viera 
la información que se dio, 
de Teresa, y respondió 
la Rota de esta manera... 

Retrato de las fiestas que á la Beatificación 
de la Bienaventurada Virgen y Madre San- 
ta Teresa de Jesús, hi\o la Imperial ciudad 
de Zaragoga. Por Luis Díe\ de Aux. — Za- 
ragoza, por luán de la Naja y Quarta- 
net. i6i5. 

Pág. 100 

En la pág. 120 se lee: 

Doña María de Peralta, 
clara y sutilanie estrella 
que con sus rayos esmalta 
la hermosura de Corella, 
como reside tan alta, 
desde allí quiso mirar 
á Paulo beatificar 
á nuestra madre Teresa, 
y de aquello cuenta expresa 
pretendió en su Glosa dar; 
pero su escribiente ha errado 
en la palabra que dice 
que Su Santidad ha dado. 

PERAPERTUSA Y VILADEMANY 
(D." María de). 

321. — Glosa en décimas: 

La que de gracia abundó... 

lusta poética consagrada á las Jestivas 
glorias de María en su Immaculada Con- 
cepción. Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Santa María del Mar de la ciudad de 
Barcelona. Relación de las svmiuosas fiestas 
que esta ilustre Parroquia hi^o en honrosas 
metnorias de tan Soberano Mysterio. Por 



■ — 120 — 



Don Francisco Modolell y Costa.— En Bar- 
celona, por Narcis Casas, año i656. 
Págs. 71 y 72. 

PEREGRINA (La Señora). 

322.— Al insigne fray Lope Félix de Vega 
Carpió, más dichoso en muerte que en vida. 

Epigrama: 

Ya el Fénix español canoro espira... 

Fama posthuma á la vida y muerte del 
Doctor f rey Lope Félix de Vega Carpió. 

Folio 1 5o. 

- PEREIRA CAMBIAXI 
(D.* María Margarita.) 

Portuguesa y vecina de Lisboa, donde re- 
sidió á principios del siglo xix. 

223.— Poesías de D. María Margarida Pe- 
rcira Cambiaxi, offerccidas ao'Ill.™^ Sr. des- 
embargador Joao Rodrigues de Brito. — Lis- 
boa, imp. Regia, 1816. 

Un vol en 8.° de vii-40 págs. 

PÉREZ (D.'^ Gregoria). 

• Hija del célebre secretario de Pelipe II. 
Alábala su padre como elegante escritora 
en el génjcro epistolar, y dícese que le ayu- 
daba en sus trabajos de bufete. 

Gonzalo Pérez tenía de ella tan elevado 
concepto, que la escribía en una carta: 

Hija, no penséis que habláis con Cicerón, ó con 
alguno de aquellos griegos elocuentes. Humildad 
el estilo; que mi pluma vuela bajo y no sabe sino 
deste lenguaje natural, rústico. Ni se espante na- 
die que un padre de ingenio rústico haya engen- 
drado tal ingenio; que los pastores Papas suelen 
engendrar, y del acebuche salir un enjerto dulce 
olivo (i). 

Falleció muy joven, y su padre, que la 
consideraba mártir de las {Persecuciones que 

(i) Carta GLXII. A Gregoria van dirigidas las cartas 
CXXXVII, CXL, CXLI, CLin, CLVllI, GLXII, CLXIII, 
CLXVIIIyCLXX. 



sufría su familia, lloró tan dolorosa pérdida 
en una carta á Mr. Zamet, donde escribe 
que había sido aquélla madre de sus herma- 
nos y varón para su madre. 
No consta que escribiese obra alguna. 

PÉREZ DE BORDALBA (D.'' Lorenza). 

324. — Romance á la Virgen: 

Dista una milla no más... 

Certamen poético de nuestra Señora de 
Cogullada... Publícalo el Licenciado luán 
de Iribarren i Pla^a.— En Zaragoza, en el 
Hospital Real y General de nuestra Señora 
de Gracia. Año MDCXLIV. 

Pág. 174. 

PÉREZ DE LA FUENTE 
(D.* Catalina). 

325. — Romance á San Pascual Bailón: 

Agua faltó en la cabana 
á Pascual y á otros pastores... 

Demonst raciones festivas con que la noble, 
antigua y siempre leal villa de Almansa 
celebró la canonización de S. Pascual Bay- 
lón Escrivela Pedro Luis Cortés. — Madrid. 
Imprenta Real. 1693. 

Pág. 136. 

PÉREZ NAVARRO 
(Sor Clara Gertrudis). 

Nació en la segunda mitad del siglo xvii, 
en Zaragoza y allí fué religiosa capuchina. 
Acompañó á Sor Josefa Manuela de Palafox 
cuando fundó en Sevilla un convento de su 
Orden, del cual fué Maestra de novicias y 
luego vicaria. Vivía aún en el año 1730. 

326.— Copia de la carta en que la R. Ma- 
dre Sor Clara Gertrudis Pérez, Abadesa del 
Convento de Santa Rosalía, Capuchinas de 
Sevilla, da qventa á los demás conventos del 



— 127 — 



feliz tránsito, y heroycas virtudes de la ve- 
nerable Madce Sor Josepha Manuela de Pa- 
lafox y Cardona, primera Abadesa, y Fun- 
dadora de dicho su convento, el día cinco 
de Abril de mil setecientos y veinte y qua- 
tro. — Impressa en Sevilla: con las aproba- 
ciones y licencias necesarias. 
65 págs. en 4.* 

PÉREZ DE OLIVAN (D.'' Teresa). 

327. — Canción: 

Dejando el campo Palas lusitano... 
al campo catalán feroz venía 
cual rayo que fulmina nube parda; 
el fuego del corage que encendía 
su corazón heroico soberano, 
por el peto que fiel su pecho guarda, 
por el grabado yelmo que acobarda 
enemigos ejércitos, centellas 
vengativas tiraba; en el escudo 
el rostro de Medusa más sañudo... 

Certamen poético que la Universidad de 
Zaragoza consagró á la munificencia y libe- 
ralidad del Señor Ar ¡{obispo Don Pedro de 
Apaola^a. Y dedica el Doctor Juan Fran- 
cisco Andrés. 

Ms. del siglo xvii; en 4."* 

Bibl. de Mr. Archer M. Huntington. 

PERILLÁN Y QUIRÓS (D.* Isabel de). 

Natural de Criptana. 

328. — Romance á San Antonio de Padua. 

De mi alma, sacro Antonio, 
nada os haze resistencia, 
porque como un bienvenido 
os da todas sus potencias... 

Certamen poético en alabanza del glorioso 
San Antonio de Padua, para la fiesta que la 
villa del campo de Criptana le hi\o el año 
de mil y seiscientos y quarenta y quatro. 

Ms. del siglo xvii; en 4." 

Bibl. Nac— Mss. M. C02. 



PERNÍA (D.^ María de). 



Religiosa en el convento de Santa Clara 
de Vélez Málaga. 

329. — Soneto á la Virgen: 

Inclinado el celeste crucifijo... 

Elogios á María SaJitissima. Consagrólos 
en suntuosas celebridades devotamente, Gra- 
nada á la limpieza pura de su Concepción. 
Dedícalos á la Magestad Católica de Phili- 
po III. Rey i S. N. Gregorio de la Peñuela 
Méfide^ Ju7'ado de la misma Ciudad. DispV' 
solos D. Luis de Paracuellos Cabega de 
Vaca. — Impreso en Granada, por Francisco 
Sánchez y Baltasar de Bolívar. Aiio de 1 65 1 . 

Folio 290. 

PIANETA (D.'' Magdalena). 

330. — Á la muerte del Doctor Juan Pérez 
de Montalbán. Soneto: 

Canoro cisne, que la Fama escriba... 

Lágrimas panegíricas á la tenprana muer- 
te del gran poeta, y teólogo insigne Doctor 
luán Pere^ de Montalván. 

Folio 127. 

PIEDRA (D.* María Josefa de la). 

Natural de Sanlucar de Barrameda y dis- 
cípula, en Botánica, de Rojas Clemente. 

331. — Memoria sobre el cultivo del taba- 
co. Escrita en francés por Mr. de Sarrazin y 
traducida al castellano por D.' María Josefa 
de la Piedra. Dedicada al Señor Don Ma- 
riano Lagasca, Presidente del Museo de 
Ciencias naturales. 

Ms. en 4." de 118 págs. existente en la 
Biblioteca del Jardín Botánico de Madrid. 
Divídese en i5 capítulos. Fué hecha la tra- 
ducción hacia el año 1821. 



— I 

PIGNATELLI DE ARAGÓN 

(D.* María Manuela). 

Duquesa de Villahermosa. 

Nació en Fuentes del Ebro á 25 de Di- 
ciembre de 1753. Fueron sus padres D. Joa- 
quín Pignatelli, Conde de Fuentes, y Doña 
María Luisa Gonzaga. De muy pocos meses 
la dejaron encargada á su tío D. Vicente 
Pignatelli, Educóse en el colegio de las Sa- 
lesas Reales de Madrid y de allí salió cuan- 
do tenía quince años para casarse con el Du- 
que de Villahermosa, quien no pudiendo 
ausentarse de París, dio poder al Conde de 
Aranda. Residió en París algún tiempo, y 
en medio de aquella corte corrompida se dis- 
tinguió por su acrisolada virtud; después 
vivió en Turín, con motivo de haber sido su 
marido nombrado Embajador de España. A 
la muerte de éste, ocurrida en el año lyyo, 
se dedicó exclusivamente á la educación de 
sus hijos y al ejercicio de su caridad sin lími- 
tes. Falleció á 6 de Noviembre de 1816. 

332. — En el archivo de la Sra. Duquesa de 
Villahermosa se conserva una colección de 
cartas de D.* María Manuela Pignatelli, es- 
critas á su esposo; son interesantes, no sola- 
mente por las noticias que contienen sobre 
cosas de la época, sino porque en ellas se ve 
retratada el alma de aquella ilustre mujer. 
Han sido publicadas, unas íntegras y otras 
en extracto, por el autor de Pequeneces en 
el siguiente libro: 

Retratos de antaño, por el R. P. Luis Co- 
loma, de la Co)7ipañia de Jesús. Publícalos 
la Duquesa de Villahermosa, Condesa viuda 
de Guaqui. — Madrid. Est. tip. de la Viuda 
é Hijos de Tello. 1895. 

Un vol. en S,** mayor de 597 páginas, con 
algunas fototipias y numerosos facsímiles 
de documentos. 



28 — 

Doña Mana Manuela Pignatelli de Ara- 
gón y Gon\aga, Duquesa de Villahermosa^ 
por D. Vicente Orti y Brull. 

Tomo II. La Duquesa de Villahermosa. — 
Madrid. Est. tip. Viuda é Hijos de M. Te- 
llo. 1896. 

8.** mayor; 411 págs.; con fotograbados y 
facsímiles de documentos. 

PIMENTEL MALDONADO 
(D.* Mariana Antonia). 

Hermana del escritor portugués D. Juan 
Vicente Pimentel Maldonado. Nació en los 
años 1772 á 1774, y murió en el de 1 855. 

333, — Ode ao triste anniversario da trá- 
gica morte de Gomes Freiré de Andrade. — 
Lisboa, typ. Rollandiana, 1821. 

Cuatro págs. en 4.* 

334. — Poesías líricas. 

Son, una Cangonet a patriótica y tres so- 
netos publicados en el Portugués constitu- 
cional {1S20-1S21); otros cuatro sonetos en 
e\ Jornal poético (1812) y una oda en las 
Poesías de J. M. da Costa é Silva (tomo III, 
página 16). 

PIMENTEL Y TÉLLEZ-GIRÓN 

(D.* María Josefa Alfonsa). 
Condesa-Duquesa de Benavente. 

Acaso ninguna aristócrata del siglo pasa- 
do goce de tal nombradía como la Condesa 
de Benavente. Su amor á la música y la 
poesía; su entusiasmo por el arte dramáti- 
co, y la protección que dispensó á célebres 
literatos, cual fué D. Tomás de Iriarte, ha- 
cen de ella una figura en extremo simpáti- 
ca. Por su matrimonio con D. Pedro de Al- 
cántara Téllez-Girón, fué Duquesa de Osu- 
na; heredó las casas de Béjar en el año 1777 
por fallecimiento de su tío D. Joaquín Die- 
go López de Zúñiga, y la de Arcos por 



129 — 



muerte de D. Antonio Ponce en 1780. He- 
redó otros muchos títulos, entre ellos dos 
de Princesa. Dotada de generosos senti- 
mientos, quiso arrostrar con su marido los 
peligros de la guerra, y así lo acompañó en 
la conquista de Menorca, lograda en 1781. 
Por su no común instrucción fué nombrada 
Presidenta de la sección femenina de la So- 
ciedad Económica Matritense; tuvo lugar 
su recepción el día 22 de Julio de 1786, y 
con tal ocasión leyó un discurso; pronunció 
otro en 9 de Octubre de 1787. 

D. Tomás Iriarte la ensalzó en una bella 
epístola y escribió para ella su comedia El 
don de gentes (i). 

D. Ramón de la Cruz tuvo que agrade- 
cerle muchos beneficios, y cuando éste mu- 
rió pobremente á 5 de Marzo de 1794, su 
viuda é hija obtuvieron una pensión de la 
Condesa (2). 

335. — Discurso que la Excma. Sra. Con- 
desa, Duquesa de Benavente, Marquesa de 
Peñafiel, etc., hizo á la Real Sociedad Eco- 
nómica de Madrid el día de su recepción, 
22 de Julio de 1786. Impreso de acuerdo de 
la misma Sociedad. — En Madrid, por Don 
Antonio de Sancha. 

Ocho págs. en 4.° 

PINAR (Florencia). 

En el Cancionero general de jnuchos y 
diversos autores, copilado por Hernando del 
Castillo, hay varias poesías atribuidas á 
Florencia Pinar, á Pinar, y al dicho Pinar; 
como es natural, ocurre preguntar á quién 



(i) Emilio Cotarelo y Mori, Iriarte y su época. Obra 
premiada en público certamen por la Real Academia Es- 
pañola.— íAddcid. Est. tip. Suc. de Rivadcneyra. 1887. 

Págs. 233 á 237, 243, 375, 380, 384 á 386, 478 y 480. 

(2) D. Ramón de la Cru^ y sus obras. Ensayo biográ- 
fico y bibLográjico, por Emilio Colarelo y A/o/'i.— Ma- 
drid. Imp. de José Perales y Mariínez. 1899. 

Pags. 228 á 231. 



pertenecen las segundas, si á la poetisa ó al 
poeta. Los Bibliófilos españoles, al reimpri- 
mir dicho Cancionero, en el índice adjudi- 
caron todas á Florencia. Á nuestro juicio, 
y conformes con la opinión de D. José Ama- 
dor de los Ríos, solamente pertenecen á Flo- 
rencia del Pinar las composiciones que ex- 
presamente se le atribuyen, bien flojas é 
insustanciales por cierto. Son las siguientes: 
336. — Canción de una Dama que se dize 
Florencia Pinar: 

¡Ay! que ay quien más no biue... 
337. — Otra canción de la misma Señora, 
á unas perdices que la embiaron biuas: 

Destas aues su nación 
es cantar con alegría, 
y de vellas en prisión 
siento yo graue passión 
sin sentir nadie la mía... 

338.— Otro mote: 

Mi dicha lo desconcierta. 

Glosa de Florencia Pinar: 

Será perderos pediros 
esperanza qu'es incierta... 

339. — Canción de Florencia Pinar: 

El amor ha tales mañas 
que quien no se guarda dellas 
si se l'entra en las entrañas 
no puede salir sin ellas. 



Es de diversas colores, 
criasse de mil antojos; 
da fatiga, da dolores, 
rige grandes y menores, 
ciega muchos claros ojos; 
y aquellos desque cegados, 
no quieren verse en clarura; 
hállanse tamo quebrados 
que dizen los desdichados 
es un cáncer de natura 
á quien somos sojuzgados. 
Éntranos por las aslillas 
quándo quedo, quándo apriessa, 
con sospechas, con rencillas; 
y al contar destas manzillas 



tal se burla que s' confiesa, 
y aun las más defendidas 
señoras del ser humano, 
quando desle son heridas, 
si saben y son garridas 
y á ellas come lo sano 
y á nosotros nuestras vidas. 

340. — Canción de Florencia Pinar: 
Hago de lo flaco fuerte... 

Hállase en un Cancionero del siglo xv 
que se conserva en el Museo Británico. 
Add. 10.431. 

Hemos visto una copia entre los manus- 
critos que fueron de D. Pascual de Gayan- 
gos y hoy paran en la Biblioteca Nacional. 

PINEDO Y VELASCO 
(D.^ María de la Concepción de). 

Casó en el año 1772 con D. Miguel Fer- 
nández Duran de Pinedo, y desde el año 
1791 iué Marquesa de Tolosa, título que en 
dicho año heredó aquél. 

941. — Tratado de educación para la No- 
bleza, escrito por un Eclesiástico de París: 
y traducido del francés al castellano por 
la Marquesa de Tolosa, Señora de Honor 
de S. M. (que Dios guarde).— En Madrid: 
En la Imprenta de Manuel Álvarez, Año 
de M.DCC.XC.VI. Se hallará en las Libre- 
rías de Alonso, calle de la Concepción Gc- 
rónima, y de la Almudcna, junto á los Con- 
sejos. 

xii-448 págs. en §.", más cuatro hojas de 
preliminares. 

Anteport.— Porti— Al Excmo. Señor Don Ma- 
huel de Godoy, Príncipe de la Paz. — Adverten- 
cia. — Tabla de los Párrafos. — Texto. 

En el Archivo Histórico Nacional hay los 
siguientes documentos acerca de esta obra: 

La Marquesa de Tolosa, Señora de honor de 
S. .M. (que Dios guarde) hace presente á V. E. que 
habiendo traducido del francés al castellano un 



30- 

libro intitulado Tratado de educación para la No- 
ble!{a, compuesto por un individuo de la Real 
Academia de París, el año de 1728, y habiendo 
presentado al Excmo. Sr. Príncipe de la Paz el 
prospecto de lá obra y solicitado dedicársela, 
S. E. lo ha admitido, por lo qual suplica á V. E. se 
s'rva enviarla á censura, para así que esté dada 
la licencia imprimirla y podérsela presentar á 
dicho Sr. Príncipe, como tiene con S. E. acor- 
dado. 

Madrid, y Febrero de 1796. 

limo, y Excmo. Sr. 

La Marquesa de Tolosa. 

El Consejo de Castilla acordó á 18 de Fe- 
brero que informase el Vicario eclesiástico 
D. José Pérez García, y habiéndolo hecho 
éste favorablemente á 29 de Marzo, la Mar- 
quesa, que lo ignoraba, y tenía prisa por en- 
tregar el libro al Príncipe de la Paz, recurrió 
el mismo día con la siguiente solicitud. 

lUmo. y Excmo. Sr.: 

La Marquesa de Tolosa, Señora de Honor de 
S. M. (que Dios guarde) hace presente á V. E. que 
habiéndola avisado el Sr. Vicario de Madrid, va á 
entregar á V. E. y demás señores la obra que ella 
hatraducido, intitulada Inalado de educación para 
la Noble-;{a, dedicado al Exmo. Sr. Príncipe de la 
Paz, y habiendo tratado con dicho Señor el que 
lo ha de imprimir y se lo ha de presentar el día 12 
de Mayo por ser día de sus años, por necesitarse 
para hacerlo más de un mes, 

Suplica á V. E. se sirva tomar la aprobación 
del mismo censor de quien la ha tomado el vica- 
rio, para abreviar este asunto; gracia que espera 
recevir de V. E. 

Madrid, 29 de Marzo de 1796. 

lllmo. y Excmo. Sr. 

La Marquesa de Tolosa. 

Señor Obispo Gobernador del Consejo. 

El Consejo concedió la licencia pocos días 
después, el 5 de Abril. 

Archivo Histórico Nacional. — Consejo de Castilla. Ma- 
trícula de impresiones. Leg ijo 36. 

342. — Muerte de los justos ó colación de 
las últimas acciones y palabras de algunas 
personas ilustres en santidad, de la antigua 
y nueva Ley; obra escrita en francés por el 



3' 



P. Lalement, y traducida por la Marquesa 
de Tolosa. — Madrid, 1793. 

El Consejo de Castilla dispuso, á 28 de 
Abril de 1793, que pasara la traducción á la 
censura. Aun no había entregado Ja Mar- 
quesa el manuscrito, pues á i.° de Mayo 
manifestaba al Consejo que lo copiaría en 
limpio y lo remitiría. A 1 2 de Mayo fué en- 
viada la traducción al Arzobispo Don Ma- 
nuel Quintano y Bonifaz para que la exa- 
minase. 

Acerca de este libro he hallado los si- 
guientes documentos: 

I 

Excmo. Señor.: 

Muy señor mío y de todo mi respeto: nos po- 
nemos á la obediencia de V. E. con el mismo, mi 
marido, mi hijo y yo, y le deseamos que cumpla 
muchos años con mucha salud y las mayores fe- 
licidades. 

Remito á V. E. el libro de mi traducción para 
que lo mande examinar por quien fuesse de su 
adrado, y se servirá mandarme avisar adonde tengo 
de acudir á recogerle; le embío también á V. E. la 
Dedicatoria para que vea si está á su gusto, pues 
yo nada quiero hacer que no lo sea; no va inser- 
tada con el mismo libro, porque hasta que me 
despache el permiso me ha parecido no lo devía 
hacer. 

Con este motivo reitero á V. E. mis deseos de 
servirle y pido á Dios nuestro Señor guarde á 
V. E. muchos años como deseo y necesito. 

Madrid y Mayo 11 de lygS. 

Excmo. Señor. 

B. L. M. de V. E. su menor y más ap.^a servi- 
dora. 

La Marquesa de Tolosa. 

Excmo. Sr. Duque de la Alcudia, 

Archivo Histórico Nacional.— Estado. Legajo 3.248. 

II 

Excmo. Señor: 
Con fecha de 12 del corriente me remitió V. E. 
de Orden del Rey fa obra intitulada La muerte de 
los justos, compuesta en lengua francesa por el 
P. Lalemant, Prior de Santa Genoveva y Canee- 
ario de la Universidad de París, y traducida al 



español por la Marquesa de Tolosa, para que re- 
conociéndola por mí ó encargando su examen á 
sugeto de mi confianza, diga lo que me parezca 
de su mérito y si es digna de dedicarse á la Reyna 
Nuestra Señora. 

La sólida piedad del autor, que lo es también 
de otras obras ascéticas, ha hecho que esta corra 
con estimación entre los que saben apreciar seme- 
jantes escritos; y ciñéndome á la censura de la 
traducción, debo confesar que el lenguage es puro, 
sin mezcla de voces extrañas que suelen afear 
comunmente las traducciones, y que el modo de 
expresar las ideas de el original nada tiene de ser- 
vil; es bastante enérgico i propio del carácter de 
nuestra lengua. Todas estas circunstancias, la de 
ser tan secundable en personas del sexo y clase de 
la Marquesa de Tolosa una instrucción tan útil, y 
sobre todo la del fino discernimiento de la Reyna 
Nuestra Señora, que sabrá graduar el mérito del 
trabajo, me persuaden será propio de su genero- 
sidad, sin que desdiga de su grandeza, el aceptar la 
dedicatoria. 

Excmo. Señor. 

Manuel, Arzobispo Inquisidor General. 

Excmo. Señor Duque de la Alcudia. 

III 
Aranjuez, 3o de Mayo de 1798. 
A la Marquesa de Tolosa: 

La Reyna nuestra Señora se ha dignado conce- 
der á V. S. permiso para que pueda imprimir y 
publicar la Muerte de los justos ó colación de las 
últimas acciones y palabras de algunas personas 
ilustres en santidad, de la antigua y nueva Ley, 
obra escrita en francés por el P. Lalement, Prior 
de Santa Genoveva y Cancelario de la Universidad 
de París, y traducida por V. S. á nuestro idioma. 

Igualmente se ha dignado S. M. admitir á 
V. S. la dedicatoria adjunta, dispensándola el ho- 
nor, en premio de su trabajo y distinguida aplica- 
ción, que lleve la referida traducción su augusto 
nombre al frente. Para el cumplimiento de esta 
Real orden en la parte que le toca, la comunico 
con esta fecha al Señor Conde de la Cañada, y de 
la misma lo participo á V. S. para su inteligencia y 
satisfacción, devolviéndola el libro referido. 

Dios gUarde á V. S. muchos años. 

A 31 de Mayo dio la Marquesa las gracias 
por la merced que le habían hecho. 

Archivo Histórico Nacional.— Estados Legajo 3.2481 



— I 



PINELO (D.* Valentina). 



Sobrina del Cardenal Dominico Pinelo. 
Sus padres eran genoveses. Nació, según 
se cree, en Sevilla, y á la edad de cuatro 
años entró de educanda en el convento de 
religiosas agustinas de San Leandro, donde 
más adelante profesó. Se dedicó al estudio 
de las Sagradas Escrituras y de las letras 
latinas, distinguiéndose además por su pie- 
dad. 

Lope dice de ella en el introito al Hijo 
pródigo en el Peregrino en su patria: 

Y doña Valentina de Pinelo 
La cuarta Gracia, ó verso ó prosa escriba... 

Cnf. Historia y juicio critico de la Escuela 
poética sevillana en los siglos XVI y XV H, 
por D. Ángel Lasso de la Vega y Arguelles. 
Madrid, 1871. 

Pág. 305. 

343. — Libro de las alabanzas y excelencias 
de la Gloriosa Santa Anna. Compvesto por 
Doña Valentina Pinelo, Monja professa en 
el Monasterio de San Leandro de Seuilla, 
de la Orden de San Augustín. Dirigido al 
Ilvstríssimo y Reverendíssimo Señor Domi- 
nico Pinelo, Cardenal de la S. Iglesia de 
Roma TT. de S. Loren90 en Paneperna, 
Archipreste de S. María la Mayor. (Escudo 
de este Prelado, sostenido por dos ángeles.) 
Con previlegio. — Impresso en Seuilla, en 
casa de Clemente Hidalgo. Año 1601. 

(Al fin:) Impresso en Seuilla, en San Lean- 
dro, conuento de Monjas de nuestro Padre 
San Augustín, Por Clemente Hidalgo. Año 
de 1601. 

8.* marquilla; 422 págs., más 12 hojas de 
preliminares y 19 al final. 

Port.— V." en bl.— .Real cédula para la impre- 
sión. Villacastin 2 de Septiembre de 1600.— Li- 
cencia del Prelado. Sevilla 28 de Febrero de 1600. 
Aprobación de Fr. Rafael Sarmiento. Madrid 3o de 



3^ — 

Julio de 1600. — A Doña Valentina Pinelo, Lope 
de Vega. Soneto. — Soneto del mismo. — Octavas. — 
Al Ilustríssimo y Reverendísimo Monseñor el Se- 
ñor Dominico Pinelo. — Prólogo al lector. — Texto 
dividido en cuatro libros.— Tabla de los capítu- 
los. — Index Sacrae Scripturae loca ex utroque Tes- 
tamento. — E rratas. 

PINHEIRA (Catalina). 

Religiosa dominica en el convento de Je- 
sús, de Aveiro. 

344. — A vida da Santa Princesa de Portu- 
gal Doña Joanna, hirmáa do Rey Don Joáo 
o segundo. 

Este libro fué utilizado para la biografía 
de D." Juana que hay en la Tercera parte 
de la Historia general de Sancto Domingo, 
y de sv Orden de Predicadores. Por Don 
Fray loan Lópeí, Obispo de Monopoli. — En 
Valladolid: Por Francisco Fernández de 
Córdoba. Año 16 13. 

Págs. 320 á 341. 

PINOS (D.« María Gracia de). 

345. — Soneto de pie forzado: 

Para ver si el candor enturbiarías... 

lusta poética consagrada á las festivas 
glorias de María en su Immaculada Con- 
cepción. Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Santa María del Mar de la ciudad de 
Barcelona. — En Barcelona, por Narcis Ca- 
sas, año de i656. 

Pág. 126. 

PINTO PEREIRA DE SOUZA 
(D.* Ana Bernardina). 

346. — Cangáo fúnebre as sentidísimas 
mortes do Serenissimo Sr. D. Gabriel Anto- 
nio de Hespanha e da Senhora D.'Marianna 
Victoria sua esposa e Infanta de Portugal. — 
Lisboa. 1788. 



— 133 — 



PINA (D.* Clementa). 



Hija de Juan Izquierdo de Pina, natural 
de Buendía (Cuenca), quien ejerció en Ma- 
drid los cargos de Escribano de provincia y 
Notario del Santo Oficio, y publicó unas 
Novelas exemplares é historias prodigiosas 
(Madrid 1624), donde hay una comedia in- 
titulada Primera parte de varias fortunas. 
También fué autor de la Primera y segun- 
da parte de casos prodigiosos; Epitome de 
la explicación de las fábulas (Madrid 1635). 

Lope de Vega le dedicó El dómine Lucas 
y á D." Ana de Pina El hidalgo Abence- 
rraje. 

Cuando á 26 de Agosto de 16 17 fué bau- 
tizada en la iglesia de San Sebastián, Anto- 
nia jClara, hija de Lope de Vega y de su 
amiga D." Marta de Nevares Santoyo, ele- 
menta Cecilia Pina hizo el oficio de ma- 
drina. 

La Barrera opina que Clementa Pina es la 
misma poetisa llamada Laura Clemente (i). 

Lope de Vega, en su testamento, otorga- 
do á 4 de Febrero de 1627, dispuso: 

A Joan de Pina, mi grande y antiguo amigo, 
por saver cuanto se ocupa en la lectión de libros 
curiosos el tiempo que le sobra de su exercicio, 
quiero que se le den cincuenta libros de mi estu- 
dio, y le ruego que crea de mí que quisiera que 
fueran otras tantas joyas de diamantes; pero pie- 
dras preciosas son los libros. 

347. — Declaración en romancea un enig- 
ma que empieza: 

Es con ra\ón mi deseo 
que no aciertes, lector... 
Bien se pensaba Belardo 
que de la enigma propuesta... 

Compendio de las solenes fiestas que en 
toda España se hicieron en la Beatificación 



(i) Nueva biografía de Lope de Vega, por D. Cayetano 
Alberto de la Barrera. 
Págs. 278 y 279. 



de N. M. S. Teresa de Jesús. Por Fray- 
Diego de San Joseph. — En Madrid, por la 
Viuda de Alonso Martín. Año i6i5. 
Folios 80 y 81. 

PITARQUE (D." Eugenia). 

Descendiente de una familia flamenca. 
Vivió á últimos del siglo xvi y en el primer 
tercio del xvii. Residió en Madrid bastante 
tiempo, donde fué su confesor Fr. Federico 
García, monje premonstratense. Falleció 
antes del año 1632. 

Fr. Juan Pacheco elogia las virtudes de 
esta señora, mas consigna pocos datos bio- 
gráficos; afirma que tuvo «éxtasis y arro- 
bos, si bien no campanudos». 

348. — Relación de su vida, y otros escri- 
tos piadosos. 

«Yo tengo papeles suyos, que sus confessores la 
mandauan escriuir, y ella de suyo los escriuía 
oirás vezes para pedir consejo en cosas grandes 
que Dios la daua á entender. Y por falta grande 
que tenía de memoria, lo escriuía luego que de 
oración se leuantaua. Y tienen tanto fondo sus 
escritos y tanto que pensar en ellos, si bien ver- 
dades apuradas, que los más teólogos tendrían 
bien que hazer en buenos días para comprehender 
en poco lo mucho que en breue allí se vee.» 

Fr. Juan Pacheco transcribe una consulta 
de D." Eugenia acerca de un pasaje de las 
obras de Santa Teresa. 

Cnf. Tratado de la vida y mverte de la 
venerable Matrona doña Eugenia Pitarque. 
Sermón que predicó en svs Honras el Padre 
Fray luán Pacheco, Predicador General de 
su Orden Premonstratense, y del conuento de 
San Norberto de la villa de Madrid. Al Re- 
verendissimo Padre Maestro D. Fray García 
Aluare\ Ossorio, General Reformador del 
dicho Orden en estos Reynos de España, y 
Abad de Retuerta. Con licencia. — En Ma- 
drid. PorluanGon^alez. Año M.DC.XXXIL 

58^hojas en_4.'* 



•34 



PLAZA (D.'' Francisca Javiera). 



Vecina de Valladolid. 

349.— Romance á imitación de otro que 
publicó D. Pedro Calderón de la Barca, con 
el título de Lágrimas que vierte una alma 
arrepentida. 

Pues, triste, lamento ahora 
de este mi humano edificio - 
la ruina, desde su fin 
deduzca yo mi principio... 

Autógrafo.— Letra del siglo xviii; 10 ho- 
jas en 4.° 

Biblioteca Nacional.— Mss. 

POiNCE (D.'^ Nicolasa). 

35o. — Anécdota romana de dos esclavos 
fieles á sus amos en tiempo de Nerón. 
Z)mr/o ¿/eA/¿T¿/r/¿/, 5 de Diciembre dci 788. 
Págs. 1.257 y 1.258. 

PONCE DE LEÓN (D.'"^ Ana). 
Condesa de Feria, 

Hija primogénita de D, Rodrigo Ponce 
de León y de D.* María Girón. Nació en 
Marchena á 3 de Mayo del año 1 527. Casó 
con D. Pedro, hijo de D." Catalina Fernán- 
dez de Córdoba, Marquesa de Priego y Se- 
ñora de Aguilar. En el año ¡546 trasladó su 
residencia á la villa de Zafra, y allí trató 
mucho con el Maestro Fray Juan de Avila, 
apóstol de Andalucía. En 1548, hallándose 
en Constantina, tuvo un hijo llamado Lo- 
renzo; asistió al bautismo Fr. Luis de Gra- 
nada. 

Fué mui dada al estudio de las divinas letras, 
ayudándole para ello [su claro entendimiento i 
noticia de la lengua latina, con la enseñanza de 
tan gran Maestro como el Padre luán de Avila, 
de quien ella y la Marquesa su suegra oyeron pú- 
blicamente la declaración de la Epístola canónica 



de San luán, en la iglesia del Monasterio de Santa 
Catalina, de ^afra (i). 

Cuando perdió su hijo primogénito y su 
marido mostró una resignación admirable. 
Ya viuda consagróse á la vida espiritual, y 
en el año i553, hallándose en el convento 
de Santa Clara de Montilla, estimulada por 
una visión de Cristo se decidió á profesar 
allí. Sus penitencias y maceraciones fueron 
tan rigorosas como edificantes. Falleció á 
26 de Abril de 1601. Su biógrafo el P. Roa 
la retrata en estas palabras: 

Era esta Santa de lindo talle, grandemente 
ermosa i bien proporcionada; de cuerpo alto, 
delgado; el rostro más redondo que largo, la tez 
blanca, colorada i como bruñida, la frente ancha, 
serena i lisa, sin ruga alguna en la última edad de 
setenta i quatro años. Los ojos de color de cielo 
oscuro, que tiravan á negro, medianos i agracia- 
dos. Roxas las cejas, blandamente arqueadas: na- 
riz mediana, derecha, boca pequeña i labios colo- 
rados; voz clara i suave, manos largas, delgadas i 
blancas. Todo el semblante agradable sobre ma- 
nera i modesto; el mirar apazible i grave (2). 

351. — Relación de su vida. 

Cnf. Flos sanctorpm. Fiestas i santos na- 
turales de la Ciudad de Córdova. Algvnos 
de Sevilla, Toledo, Granada, Xere^, Écija, 
Guadix, i otras ciudades, i lugares de Anda- 
lu!{ía, Castilla, i Portugal. Con la vida de 
Doña Sancha Carrillo, i la de Doña Ana 
Ponce de León, Condesa de Feria: revista, i 
acrecentada, por el Padre Martin de Roa de 
la Compañía de lesvs.—En Sevilla, por Alon- 
so Rodrígvez Gamarra. AñoM.DC.XV. 

La biografía de D." Ana Ponce de León 
ocupa los folios 55 á 124 de la parte segun- 
da. Los fragmentos de su vida están en los 
folios 63, 64, 71, 87,88, 107, 108, 1 14 y II 5. 



(O 
(2) 



Martin de Roa; folio 67. 
Folio 121. 



3^ — 



PONCE DE LEÓN (D/ Axa). 

352. — Á la -pintura que Fray luán Baptis- 
ta pintó para el Retiro, de la expulsión de 
los Olandeses del Brasil. Soneto: 

Esta admirable unión, está pintura... 

Elogios al Palacio Real del Bven Reí iva. 
Escritos por algvnos ingenios de España. 
Recogidos por Don Diego de Covarrubias i 
Ley va, Guarda Mayor del Sitio Real del 
Buen Retiro. — En Madrid; En la Imprenta 
del Reyno. Año 1635. 

POQUET (Sor Bárbara). 

Nació en Palma hacia el año i55o. Fue- 
ron sus padres Juan Bartolomé Poquet y 
Catalina Lull, descendiente de Raimundo 
Lull. iMurió á 17 de Enero de 1630. 

353. — Apuntes para la vida de Sor Cata- 
lina Tomás. . 

Conf. Yida, muerte, y milagros de la ben- 
dita virgen Sor Catharina Thomasa natural 
de Mallorca , Monja Canónica reglar de 
S. Agustín, en el Monasterio de Sa?ita Ma- 
ría Madalena de la Ciudad de Mallorca. 
Recopilada dejos originales, que el ¡Ilus- 
tre, y muy Reverendo Señor luán Abrines, 
Dotor Theólogo, Canónigo, é Inquisidor 
Apostólico del Reyno de Mallorca, Conf es- 
sor de la dicha virgen, dexó escritos. Por 
Don Bartholomé Va//?erg-a. — En Mallorca, 
En casa de Manuel Rodríguez, y luán Piza. 
AñodeM.DC.XVII. 

En el Prólogo al piadoso lector, se dice: 

De los escritos destos graves y píos varones he 
sacado puntualmente con toda verdad lo que es- 
cíivo en los seys libros siguientes, y también de lo 
que he hallado notado en los papeles de las muy 
religiosas siervas de Dios del Monasterio de Sania 
María .Madalena. 



PORRES (D.'"^ Sabina dk). 



354. — Soneto á D. Baltasar Mateo Vcláz- 
quez: 

Dulce hablar para venir de aldea... 

El filósofo de aldea y sus conversaciones 
familiares, y exemplares, por casos, y su- 
cessos casuales, y prodigiosos. Su autor el 
abféreí Don Baltasar Mateo Veláiique^. De 
dicado d Don Pedro Gutiérrez de Miranda. 
En Zaragoza, por Diego de Ormer. S. a. 

\]n vol. en 8.° de 106 hojas. 

PORRÚA (D.*"* María de los Dolores). 

355. — Discurso que pronunció en ^a Tri- 
buna patriótica de Sevilla María de los Do- 
lores Porrúa, joven de quince años, hija de 
Manuel, Profesor de primeras letras de la 
misma ciudad. — Sevilla: Imprenta de Ara- 
gón y Compañía. Año de 1821. 

Dos hojas en 4.° 

Es una defensa de la Constitución del 
año 1 81 2. 

Bibl. del Sr. Duque de T Serclacs. 

PORTOCARRERO 

(D.''^ íMaría Francisca de Sales). 

Condesa de Montijo. 

Nació en Madrid á 10 de Junio de 1754. 
Quedó huérfana siendo muy niña. Por 
muerte de su tío el Arzobispo de Toledo 
D. Luis Fernández de Córdoba, heredó la 
casa de Teba y Árdales; tuvo además ctros 
muchos títulos nobilarios. Casó á la edad de 
catorce años con D. Felipe Antonio de Pala- 
fox, Marqués de Ariza. Habiendo traducido 
del francés la obra de Nicolás de Torneaux, 
Instrucciones cristia72as sobre el sacramcjito 
del Matrimonio, libro marcadamente janse- 
nista, se vio procesada por el Santo Oíicio. 



— I 

El principal foco de lo que se \\&maha jansenis- 
mo estaba en la tertulia de la Condesa de Montijo, 
Doña María Francisca Portocarrero, traductora 
de las Instrucciones cristianas sobre el Sacramen- 
to del matrimonio, que Climent exornó con un 
prólogo. A su casa concurrían habitualmente el 
Obispo de Cuenca, D. Antonio Palafox (cuñado 
de la condesa), el de Salamanca, Tavira; D. José 
Yeregui, preceptor de los infantes; D. Juan Anto- 
nio Rodrigálvarez, Arcediano de Cuenca, y don 
Joaquín Ibarra y D. Antonio de Posada, Canóni- 
gos de la Colegiata de San Isidro (i). 



Tuvo dos hijos y cuatro hijas; el primo- 
génito D. Eugenio Eulalio de Guzmán, in- 
gresó en el Cuerpo de Artillería y casó con 
su prima la hija mayor de los Duques de 
Granada de Ega, D.» María Ignacia Idia- 
quez'y Carvajal. Grave fué el disgusto que 
éste ocasionó á su madre cuando en Mayo 
de 1794 la llamó Godoy para que fuese á 
conferenciar con él en Aran juez: el célebre 
Ministro había recibido una carta anónima 
y con ella un manuscrito titulado: Discurso 
sobre la autoridad de los ricoshombres sobre 
el Rey, y como la Jueron perdiendo hasta 
llegar al punto de opresión en que se hallan 
hoy. Este discurso, que debía ser leído por 
el Conde de Teba en una sesión pública de 
la Real Academia de la Historia, se atribuía 
á la Condesa de Montijo, aunque sin fun- 
damento, .lustificó la Condesa su conduc- 
ta, pero no pudo evitar el destierro de su 
hijo. 

Falleció en Logroño á i5 de Abril de 
1808(2). 

De la Condesa de Montijo y de sus cuatro 
hijas hay un hermoso cuadro con sus retra- 
tos, atribuido nada menos que al incompa- 
rable pincel de Coya: 



36- 

, 356.— Instrucciones cristianas sobre el 
I Sacramento del matrimonio.— Barcelona, 
1789? 

Va precedido de una larga carta del 
Obispo Climent, lleno de espíritu janse- 
nista y de recriminaciones á los jesuítas, 
especialmente al P. Tomás Sánchez, autor 
de la obra De matrimonio. 

357.— Carta al Conde de Floridablanca,en 
la que como Presidenta de la Junta de Se- 
ñoras, da su parecer acerca del proyecto de 
traje Nacional.— Madrid, 5 de Julio de 1788. 
Ms. del siglo xvín; seis hojas en 4.° 

Museo Británico; Eg. 571. 

358.— Elogio de la Señora D." Petra de 
Torres Feloaga, Marquesa de Valdeolmos, 
y de la Torrecilla, que en la Junta de Seño- 
ras de Honor y mérito, unida á la Real So- 
ciedad Económica de Madrid, leyó en el día 
27 de Junio la Ex."^^ Señora Condesa del 
Montijo, su Secretaria, publicado por acuer- 
do de la misma Real Sociedad. — En Ma- 
drid. En la Imprenta de Sancha. Año de 
MDCCXCVll. 

18 págs. en 4." con un retrato de D.^ Pe- 
tra de Torres Feloaga, dibujado por José 
Maeá y grabado por Blas Ametller. 



(i) Historia de los Heterodoxos españoles, por D. Mar- 
celino Menéndez Pelayo, tomo Ul, pág. 182. 

(2t Álvarez Baena, Hijos ilustres de Madrid; tomo IV, 
pág. 66. Luis Coloma, Retratos de antaño; cap. XVI, pá- 
ginas 384 á 389. 



POUSOLLO DA COSTA 
(Francisca de Paula). 

Nació en Lisboa á 4 de Octubre de 1783 
y murió en su quinta de Cartaxo á 19 de 
Julio de 1838. Su cadáver fué trasladado al 
cementerio de Placeres, donde lo colocaron 
en un lujoso sepulcro con un epitafio de 
Antonio Feliciano de Castillo. 

25g._Francilia, pastora do Tejo; poesías 
de P. P. C— Lisboa, 1816. 

360.— Hcnriqueta de Orlcans ou o heroís- 
mo. Novela portugueza.— Lisboa, 1819. 

Dos vols. en 8.** 



3 



— 137 — 



361. — Sonetos recitados no Real Theatro 
de San Carlos, por ocasiáo do juramento da 
Carta constitucional. — Lisboa, 1816. 

362. — Epístola á la Marquesa de Alorna. 
Publicada en el tomo II de las obras de ésta. 

Antonio Feliciano de Castillo dice que 
dejó manuscritas dos comedias: 

363. — Ricardo ou a forga do destino. 

364. — O Duque de Chaves. 

POVEDA (D.* María Ana). 

365. — Manual de las señoritas, ó Arte para 
aprender cuantas habilidades constituyen el 
verdadero mérito de las mujeres, como son: 
toda clase de costuras, corte y hechura de 
vestidos, ó arte de modista; bordados en hilo, 
algodón, lana, sedas, oro, lantejuelas, al zur- 
cido, al trapo, al pasado, en felpilla, caña- 
mazo, seda floja y demás labores á punto de 
aguja, etc.; el arte de encagera, ó modo de 
hacer blondas y calados; toda clase de obra 
de cañamazo, bolsas, rediculos, obras de aba- 
lorio, felpilla, pelo, cordones, presillas, mu- 
letillas, etc.; con el arte de componer los di- 
chos objetos. Traducido del francés por doña 
María Ana Poveda. Tercera edición: añadi- 
da con el arte de la labandera, y las reglas 
de educación y decoro para las señoritas. 
Con sus láminas correspondientes. — Madrid: 
1 835. Imprenta de los Hijos de Doña Catali- 
na Piñuela, calle del Amor de Dios. Se ha- 
llará en la librería de Cuesta, frente á las 
gradas de San Felipe el Real. 

8.°, XIV- 344-72 págs. 

Hay dos ediciones posteriores, hechas en 
París, años iSSg y 1874. 

POZO (D.* María Casilda). 

Natural de Temestla, en la jurisdicción 
de San Juan de los Llanos, obispado de la 
Puebla (México), donde vino al mundo á 



primeros de Abril del año -1682. Fueron sus 
padres D. José Pozo Calderón, de la ciudad 
de México, y D." Teresa Tolosa y Ortega, 
de San Juan de los Llanos. 

366. — Por mandato de su confesor, el P. 
Domingo Quiroga, de la Compañía, escribió 
su vida en 16 cuadernos. El manuscrito 
autógrafo se conservaba en la biblioteca del 
colegio de San Gregorio de México. 

Fué enterrada en el convento de Santa 
Teresa de dicha ciudad. 

Beristain y Souza, Biblioteca hispano-americana. 

PRESENTACIÓN (Sor Isabel de la). 

367. — Carta á un religioso Carmelita, en 
la que dice le pensaba enviar una «Relación 
de cosas particulares de la Madre Ana de 
San Bartolomé». — Sevilla, 19 de Enero 
de 1627. Original. — Una hoja en folio. 

Bibl. Nac— Mss. I. 318; fol. 284. 

PRESENTACIÓN (Sor María de la). 

368. — Carta á un Prelado de su Orden, en 
la que habla de las virtudes y escritos de Sor 
Mariana de San José, religiosa del convento 
de San Amonio de Trujillo. — Trújillo, 23de 
Enero de 1701. 

Autógrafa. — Una hoja útil en folio. 

Bibl. Nac— Mss. R. 89. 

PRESENTACIÓN 
(Sor María Josefa de la). 

Era abadesa del monasterio de religiosas 
Cistercienses de San Joaquín y Santa Ana, 
en Valladolid, en el año 1755. 

369. — Escribió una dedicatoria del si- 
guiente libro: 

Ave María. Oración fúnebre que en las 
luctuosas demonslraciones, y Solemnes Exe- 
quias, que el día 23 de Abril de ijBS cele- 
bró el Observantíssimo Monasterio de S. Joa- 



38 



chin, y Sla. Ana de Valladolid, Recolección 
del Dulci'ssimo Padre S. Bernardo, por la 
Exc.^<^ Señora Sóror María T/ieresa de Je- 
sús, Religiosa Projessa en dicho Monaste- 
rio, Marquesa, que Jué de Canales, Señora 
de Yuncimos, &c. Dixo el M. R. P. Mro. 
Fr. Juan Manuel de Ribera, Doctor Theó- 
logo, y Cathedrático de Efecto de la Uni- 
versidad de Valladolid... y dos veces Mi- 
nistro del Real Convento de la 5.'«« Trini- 
dad, Redempción de Cautivos de Calcados 
de dicha Ciudad. Dala á la lu¡{ la Comuni- 
dad y la dedica á María Santissima en el 
Mysterio de su Concepción Immaculada.— 
En Valladolid, en la imprenta de Alonso 
del Riego. S. a. 

172 págs. en 4.°, más 16 hojas de prelimi- 
nares. 

Port.— Dedicatoria. — Censura del P. Pablo Ber- 
nardo de Laporta: Valladolid, 26 de Mayo de 1 ySS. 
Licencia de Fr. Fabián Rodríguez: Valladolid, 18 de 
Junio de 1755. — Censura de Fr. Francisco de la 
Lanza: Valladolid á 5 de Septiembre de 1755. — 
Licencia del ordinario D. Isidro de Cosío Busta- 
ménte: Valladolid, 6 de Septiembre de 1755. 

La dedicatoria de Sor María Josefa de la 
Presentación, Abadesa del Convento, ocupa 
las once primeras hojas. En ella hace una 
defensa de la Inmacula Concepción, la his- 
toria de cuyo dogma traza con notable eru- 
dición. 

Bibl. Nac— Sección de 7a)-!üS.—FcrnandoVII, Paquetes 
en 4.°, núm. 37. 

PRESEPIO (Sor María do). 

Franciscana portuguesa, del convento de 
Santaclara, de Santarem, y abadesa luego 
en el de Santa Marta, de Lisboa. Falleció á 
27 de Noviembre de 1587. 

370. — Constitui^oes e regras ordenadas 
pela madre Maria do Presepio, fundadora e 
primeira abbadessa do mosteiro de Sancta 



Martha de Jesús, no anno de i583. — Lis- 
boa, 1 591. —En 4.° 

PREXANA (Sor Teresa). 

Monja en el convento de los Angeles, de 
Barcelona. 

37 1 . — Dalmau la cita como escritora, más 
no sabemos que obras compuso, pues no las 
menciona éste. 

PUELLES Y SALMERÓN 
(D.** Josefa de). 

372. — Octavas á la muerte de D." Isabel 
de Borbón: 

Pudo la muerte obedeciendo al Hado 
volver en sombras luces y colores 
de Isabel de Borbón, sol eclipsado, 
para cobrar más vivos resplandores... 

Relación de la memoria funeral, que en 
22 y 28 de Noviembre de 1644 la muy no- 
ble y muy leal ciudad de Logroño hi^o á la 
muerte de la Católica D. Ysabel de Borbón. 
Escrita por D. loseph Esteuan Ximénei de 
Enciso y Porres. — Logroño, por íuan Diez 
de Valderrama y Bastida. Año 1645. 

Pags. i5i á 154. 

PUEYO Y L ATORRE 

(D.* Teresa Bruna de). 

Marquesa de San Martín. 

Fué mujer de D. Alejandro de la Cerda 
y luego de D. José Alberto Tudela de La- 
nuza (i). 

373. ^Receptas hechas por mi Doña Tere- 
sa Bruna de Pueyo y Latorre, Marquesa de 
San Martín, arrendadora y administradora 



(i) Conf. Parabién de Antonio Blanco, y Fscamilla, 
al noble y feli^ Desposorio del Señor D. Alexandro de la 
Cerda con mi Señora Doña Theresa Bruna Pueyo y la 
Torre, Marquesa de San Martin, y de Merlosa. Roréian- 
ce — Impr. s. 1. n. a. 

Dos hojas en 4." 

BihI. Nac— Sección de Varios. 



139 — 



de las generalidades del reino de Aragón, 
por muerte'del Illustre D. Josof Alberto Tu- 
dela de Lanuza, Marquésde San Martín (que 
esté en gloria) mi marido, arrendador y ad- 
ministrador que fué de las generalidades 
del dicho Reino, desde 20 de Enero del 
año 1697 hasta 19 del mismo, del año 1698. 
Ms. original; 176 págs. Un vol. en folio. 

Biblioteca Real.— S. 2^ Est. L. P. I. 



PURIFICACIÓN (Sor María de la)., 

374. — Noticias de la vida de Sor María 
de la Trinidad, en el siglo Doña María de 
Gante. 

Ms. autógrafo. — Letra de principios del 

siglo XVII. 
Bibl. Nac— Mss. L. 239 fol. 223. 



Q 



QUIR03 (D.'-^ Luisa de). 
375. — Soneto: 

Hoy á lu pluma con templado acero... 
Arte de escreyir cotí cierta indvstria de in- 
vención para ha^er bvena Jorma de letra, y 



aprenderlo con facilidad. Compuesto por el 
Maesto Ignacio Péreí, vecino de la Villa de 
Madrid, residente en ella.— En Madrid. En 
la Imprenta Real. Año de M.D.XCIX. 



R 



RADA (D.'' María de). 

Vecina de Andújar. 
376. — Décimas: 

En este lienzo, lector,.— 

Discvsos de las effigies, y verdaderos re- 
tratos non manvfactos, del santo rostro, y 
cverpo de Christo nvestro Señor, desde el 
principio del fnvndo. Por el Doctor Ivan de 
Acvña del Adarue, Prior de Villanueua de 
Andújar. — Impresso en Villanueva de An- 
dújar, en las casas del Autor: Por luán Fur- 
golla de la Cuesta, Año de M.DC.XXXVII. 

RAMÍREZ (Sor María). 

Priora en Santo Domingo el Real, de 
Madrid. 

377. — Representación al Nuncio Camilo 
de* Massimi con motivo de que ccdos niñas, 
hijas de D. Juan Ossorio, queriendo ser reli- 
giosas en aquella casa, se entraron repenti- 
namente en ella sin voluntad de un ayo 
suyo, en cuya educación estaban. Que pues- 
to pleito ante el Nuncio se la mandó volver 
dichas niñas, y que por haberse resistido se 



hallaba descomulgada ella y toda la comu- 
nidad. — Madrid, 29 de Agosto de i656. 
Ms. del siglo XVII. — Una hoja en folio. 

Museo Británico. Add. 25.85o. 

RAMÍREZ ATEZA (Sor Ana). 

278.— De Sóror Ana Ramírez Atcga, Re- 
ligiosa de Santa Clara de la ciudad de Cala- 
tayud, tan gran Poeta de cosas divinas, que 
en pocas ocasiones se dexan de premiar sus 
versos, donde quiera que los envía. 

Canción á N. S. M. Teresa de Jesús: 

Sale el Sol por las puertas del Oriente 
y el rozío sacuden de la noche, 
danle la bienvenida con su canto, 
apressuran el passo á su corriente 
quando descubren el dorado coche, 
las flores, aues y aguas, y entre tanto 

su matizado manto 
Helytropio descoge, y se recrea 
mirando el concertado y veloz curso, 

y en lodo su discurso 
(cuya luz lo compone y hermosea) 
hasta que llega y entra en el Ocaso 
le sigue y acompaña passo á passo. 

Baxa del seno del eterno Padre 
y qual fuerte gigante se apercibe 
á correr el camino desta vida, 
en el Oriente de la Virgen Madre, 



— 141 — 



de la justicia el Sol, de quien recibe 
nuestra carne mortal que al Verbo unida 

fué carroza escogida 
en la qual por trabajos, cruz y muerte, 
llegó al Poniente del sepulcro santo; 

y tú, Teresa, en tanto, 
el curso deste Sol sigues de suerte 
que á tus trabajos, muerte, cruz y penas, 
la sangre ofreces de tus propias venas. 
Resistiendo al martillo que lo aprieta 
y del ayunque fuerte la dureza 
el reluziente arauigo diamante 
de un animal la sangre le sugeta, 
ablanda su inuencible fortaleza, 
y á ella rinde su valor constante. 

£n todo semejante, 
Teresa, yo tu ánimo contemplo, 
al qual, golpe ó trabajo no derriba, 

y tu fe pura y viva 
es de paciencia verdadero templo, 
y enternecer tu corazón de azero 
sólo la sangre pudo del Cordero. 

Su pureza (según que Plinio dize), 
en el fue¿;o descubre el amyanlho, 
la salamandra en él viue contenta; 
bien es que tus grandezas solemnize, 
pues quisiste prouar de tu amor santo 
Ja pureza en la muerte y en la afrenta, 

y de tu gusto esseñta 
buscas el fuego del trabajo y pena, 
celestial salamandra, virgen santa, 

y tu virtud es tanta, 
que entre las llamas gozas paz serena, 
y assi, porque tu ánimo se note 
morir, ó padecer, tomas por mote. 
Sigues, Teresa, heliotropio santo, 
de Chrisio sol el curso trabajoso 
y abracada á su cruz viues comenta, 
y qual fino diamante sufres tanto 
que el golpe de la injuria te es gustoso 
y da descanso y paz la misma afrenta, 

y vives descontenta 
hasta que prueua de la embidia el fuego 
tu pureza y virtud, amyanto sacro, 

diuino simulacro, 
qual salamandra gozas de sosiego 
en las llamas, y assi con Dios unida 
consagras á su amor el alma y vida. 

Canción,-si te preguntan 
cómo tu dueño tuvo atreuimiento 
para aspirar á tan sublime empresa 

de alabar á Teresa, 
no le descuydes de dezir su intento. 



y advierte que caminas para el cielo, 
donde todas las faltas suple el zelo. 

Compendio de las so I enes fiestas que en 
toda España se hicieron en la Beatificación 
de N. M. S. Teresa de Jesús. Por Fray- 
Diego de San Joseph. — En Madrid, por la 
Viuda de Alonso Martín, año i6i5. 

Folios 142 y 143. 

RAMÍREZ DE xMONTALVO 

(Sor Leonor). 

Fundadora del convento de la Encarna- 
ción y de la Trinidad, en Florencia. 

Floreció en el siglo xvii. 

379. — Escribió en octavas varias vidas de 
Santos y otras composiciones poéticas. 

Ensayo histórico-apologético de la litera- 
tura española, contra las opiniones preocu- 
padas de algmios escritores modernos italia- 
nos. Disertaciones del Abate D. Xavier Lam- 
pillas. Traducido del italiano por D.'^ Jo- 
sefa Amar y Bortón.— Madrid. Imp. de 
D. Pedro Marín. Año de MDCCLXXXIX. 

Tomo IV, pág. 406. 

REAL (Sor Ana). 

Religiosa de Altabas. 

380.— Soneto á San Ramón Nonato: 

¿Este enfermo quién es?— El gran Ramón 
gloria de la Merced y santidad... 

Certamen poético á las fiestas de la trans- 
lación de la reliquia de San Ramón Nonat. 
Zaragoza.— Por Juan de Lana ja. 16 18. 

Fol. 42. 

REAL DE FONTCLARA (D.*^ Inés). 

381.— Versos en honor de San Luis Gon- 
zaga: 

En compañía de hombres miro un ángeb 
que aunque es hombre también, pero tan noble. 



— 142 — 



Certamen poético que con motivo de la ca- 
nonización de San Ignacio de Loyola y 

de la beatificación de San Luis Gon^aga se 
celebró en la ciudad de Gerona en 1622; lo 
publica D. Emilio Graliit y Papell.— Gero- 
na. Imp. del Hospicio.— ¿1877? 

REGUERA Y MONDRAGÓN 
(D/ María). 

382. — Discursos leídos en la Real Socie- 
dad Económica de Lugo, por Doña María 
Reguera y Mondragón. 

Son dos y están publicados en el Memo- 
rial literario; tomo XV, páginas 99 y 226 
á 233. 

Tratan principalmente de la educación 
popular, 

REMÍREZ (D.^ Bernarda). 

383. — Soneto á la Virgen: 

La Reina de los orbes celestiales... 

384. — Glosa: 

Cuando la Virgen del cielo... 
¡Oh!, qué dichoso es el prado... 

Certatnen poético de Nuestra Señora de 
Cogullada... Publícalo el Licenciado luán 
de Iribarren i Planea. — En Zaragoza, en el 
Hospital Real y General de Nuestra Señora 
de Gracia. Año MDCXLIV. 
Págs. 137 y 149. 

REMÍREZ DE FONSECA (D.^ Ana). 

385. — Décima en alabanza de su hermano 
Albanio Remírez. 

Si en hombros como otro Atlante... 

La Cruz: por Albanio Remire^ de la Tra- 
pera. Año 1612. En Madrid, por Juan de la 
Cuesta. 



REQUENA Y FRAGA 
(D.'*^ María de las Mercedes). 

Era vecina de Madrid en el año 1830. 

386. — A 14 de Diciembre de 1830 solicitó 
imprimir su traducción de La quinta de Ju- 
vizy, obra de Mad. de Flamaville. Demo- 
rándose la censura, suplicó, á 4 de Marzo 
de 1831, que se llevara á cabo ésta. En 
1 5 de Abril presentó los tomos II y III de 
la obra. 

El Consejo le concedió licencia para im- 
primir el tomo I, á 28 de Abril, y censura- 
dos favorablemente los otros dos en 16 de 
Junio por D. Francisco Romero, se le otor- 
gó igual permiso el día 20 del mismo mes. 

Archivo Histórico.— Consejo de Castilla. Matrícula de 
impresiones. Legajo 45. 

REQUESENS (D.* Estefanía de). 

Madre del insigne militar D. Luis de Zú- 
ñiga y Requesens, quien tanto se distinguió 
en la guerra contra los moriscos de las Al- 
{Tujarras, en Lepanto y en Flandes, donde 
sucedió al Duque de Alba. Estuvo casada con 
D. Juan de Zúñiga, heredero de la Duquesa 
de Calabria. 

Además de D. Luis tuvo una hija, D.'^ Hi- 
pólita de Zúñiga, mujer del Conde de Oliva. 

Murió en el año 1548, según dice Sando- 
val, quien escribe que hallándose con la 
Corte, en Bruselas, D. Luis de Requesens, 
regresó á España «porque era fallecida doña 
Estefanía de Requesens, su madre, consu- 
mida de una continua tristeza y dolor tan 
grande que recibió de la muerte de D. loan 
Zúñiga, Comendador mayor de Castilla». 
Añade que fué modelo «assí en el amor 
conjugal, como en otras virtudes» (i). 



(i) Historia de la vida y hechos del Emperador Car- 
los V, libro XXX, § IX. 



— 143 



387. — Instrucción de la Señora D." Este- 
fanía de Rcquesens, muger que fué de Don 
Juan de ^úñiga y Auellancda, Comendador 
mayor de Castilla, para Don Luys de Reque- 
sens, su hijo, yendo á Flandes á servir á Su 
Magostad, que entonces era Principe. 

Ms. del siglo XVII. — Tres hoj;is en folio. 

Bib. Nac— Mss. núm. 2.o58, fols. 9 á 11. 

Primeramente, hijo mío, avéis de tener delante 
siempre los ojos el buen exemplo que vuestro 
padre, que gloria aya, os dio, y las postreras pa- 
labras que os dijo el día de su fallescimiento, que 
acordándoos desto no podréys errar en nada... 
Vuestros pasatiempos sean todos cosas de virtud, 
pues que estáys exercitado en cosas de christiano 
y de caualleros, en esgremir por soltaros, en ar- 
maros algunas vezes para abezaros á correr lan- 
gas y á justar, y esto sea con moderación por no 
quebrantaros en tan tierna edad que os haze daño 
demasiado ejercicio. 

Otros pasatiempos podéis tomar que sean bue- 
nos, honestos y honrados, y siendo todos desta 
manera holgaros héis el tiempo que pasáredes en 
ellos, y después de pensar que habéis bien em- 
pleado el tiempo. Siempre os acompaña con bue- 
nas compañías, y os apartad de las no tales, se- 
ñaladamente de las que yo os tengo dicho, de 
manera que todos conozcan que no tenéis estre- 
cha conversación sino con personas virtuosas, y 
aunque habéis de trabajar de ser amigo de todos, 
de muy pocos lo seáis tan estrechamente que os 
pueda caber parte de sus defectos, y mira mucho 
á quién encomendáis vuestros secretos. Sed amigo 
de lomar consejo de personas que son para darle, 
porque en intereses propios fácilmente se ciegan 
las personas, aunque sean viejas y experimenta- 
das; cuanto más peligro tenéis vos, desto, siendo 
tan mozo, que hallaréis hartos que os den consejo 
sin pedírselo, á su propósito; destos os guardad, 
hijo mío, y no seáis tan amigo de complacer á to- 
dos que sigáis á nadie, ni tan amigo de seguir vues- 
tra voluntad que os determinéis, por cumplir ésta, 
á ni.iguna cosa que no la tengáis bien pensada. 

RESURRECCIÓN (Sor Luisa de la). 

Natural de Sevilla, donde fué mercenaria 
descalza. Juntamente con Sor Clemencia 

(1) Ph IV y Felipe II. Primerus diej^ meses de la Em- 
bajada de Don Luis de Requesens en Roma. 1563-64. — 
Madrid, ¡mp. de R. Marco, 1891. 



de la Santísima Trinidad fundó un conven- 
to de su Orden en Lora. 

388. — Billetes á las almas para que amen 
á Dios. 

Matute y Gaviria, Hijos de Sevilla, tomo II, pág. 149. 

REY FELIG (Sor Rafaela). 

389. — Religiosa que fué en el convento de 
Montesión, de Barcelona. 
Soneto de pie forzado: 

Eres acaso el que enturbiarías... 

Insta poética consagrada á las festivas 
glorias de María en su Immaculada Con- 
cepción. Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Santa María del Mar de la ciudad de 
Barcelona. Por D. Francisco Modolell, y 
Costa. — En Barcelona, por Narcis Casas, 
año i656. 

Pág. 128. 

REYES (D.'"^ María Micaela de los). 

Nació en Cádiz á 19 de Mayo de 1686. 
Siendo de catorce años hizo voto de casti- 
dad y lo guardó toda su vida. Murió á 28 de 
Mayo de 1723. 

390. — Relación de sus revelaciones y favo- 
res divinos. 

Cnf. La mejor flor que dio Mayo al cielo 
en su florida estación; vida y virtudes de 
D." María Micaela de los Reyes, por el 
M. R. P. Fr. Ambrosio de Flanes, capuchi- 
no. — En Cádiz, por Gerónimo Peralta. S. a. 

RIBEIRO DA SILVA 
(D.'* Juana Margarita). 

391." — Publicó varias poesías y tradujo al 
portugués un folleto sobre la campaña del 
ejército francés en Rusia. — Lisboa. 181 8. 



— 144 — 



RIBERA (D.* Angela de). 

3g2.— Décima á la muerte del Príncipe 
Don Baltasar Carlos de Austria: 
En esta pira que erige... 

Relación de las funerales obsequias que 
hi^o el Santo y Apostólico Tribunal de la 
Itiquisición de los Reyes del Perú á... Don 
Baltasar Carlos de Austria. Por D. Pedro 
Alvareí de Paria.— En Lima, en la Impren- 
ta de Julián Santos de Saldaña. Año de 1648. 

Fol. 41. 

RIBERA (D/ Leonor Ana de). 

Monja que fué en el convento de la En- 
carnación, 

393. — Redondillas á Francisco López Pá- 
rraga: 

Vuestra voz al más perfeto... 

Epitome á la vida i glorioso Tránsito del 
Seráfico Patriarca S. Francisco. Por Fran- 
cisco Lopeí Párraga, Bachiller en Teolo- 
gía. A la devoción de Luis de Mercado 
Arias. Con licencia.— Por Francisco de Ly- 
ra, 1622. 

RIBERA (D.^ Susana). 

Religiosa que fué en el convento de Santa 
Isabel, de Barcelona. 

394. — Glosa en décimas á la Inmaculada: 
Ya en aquel primer instante... 

395. — Otra: 

Oiga, Seor Cartulario... 

lusta poética consagrada á las festivas 
glorias de Marta en su /inmaculada Concep- 
ción. Mantenida en la Parroquial Iglesia 
de Sania María del Mar de la ciudad de 
Barcelona. Por D. Francisco Modolell, y 
Costa. — En Barcelona, por Narcis Casas, 
año i656. 

Págs. 79, 80, 117 y 118. 



RICCI DE RUMIER (D.* xMagdalena). 

Poetisa de últimos del siglo xviii. 
El impresor D. León María Félix de Ama- 
rita la elogió en estos versos: 

Si las horas que consumen 
Las damas de nuestros tiempos 
En hinchadas vanidades 
Y en fútiles devaneos, 



Y si en vez de tantas modas 
Que en el día van saliendo, 
Imitando á la Señora 
Ricci, saliese de nuevo 
La moda de hacer letrillas 
Tañendo en sonoro plectro 
Loores discretas á Dios, 
Ó á algún otro digno objeto; 

Pero si por más que diga 
Predicar será en desierto, 
A daros la enhorabuena 
Señora Ricci me vuelvo. 
Mis pueriles alabanzas 
No pueden engrandeceros, 
Pero ya que me animastes 
A salir con este empeño. 
Ya que tus obras me enseñan 
El prototipo más beilo. 
Me he de animar á estudiar 
Para poder, con el tiempo. 
Con más luces y más arte, 
Pregonar al venidero 
Tu gloria, tu grande fama, 
Tus escritos y tu ingenio. 

Diario de Madrid; 24 de Junio de 1790. 

Págs. 699 y 700. 

2y6. — Letrilla de D.* Magdalena Ricci, 
desentendiéndose de escribir al Diario por 
los diez reales. 

Señor Diarista, 
Con el favor suyo 
Escribo al Diario 
Por mi medio duro. 
De García Suelto 
Imito el dibujo 
Porque me parece 
Poeta de gusto. 
Le daré las gracias 
De enseñarme astuto 




4 



— 143 



A escribir al Diario 
Por mi medio duro. 



Diario de Madrid; 23 de Abril de 1790. 

Págs. 451 y 452. 

Respuesta á la letrilla de D." Magdalena 

Ricci, inserta en el Diario de 23 de Abril. 

Fírmala D. Lucas Alemán, y empieza: 

Puesto que Madama 
El premio ganó, 
Denla el medio duro 
Que lo mando yo... 

Diario de Madrid; 1 3 de Mayo de 1790. 

Págs. 531 y 532. 

^gy. —Respuesta de D." Magdalena Ricci 

á D. Lucas de Alemán. 

398. — Romance: 

Puesto que el Señor Don Lucas 
Con su claro entendimiento 
Ni porque son femeninos 
Ha perdonado mis versos... 

Diario de Madrid; 4 de Junio de 1790. 

Págs. 619 y 620. 

Respuesta de D. Lucas Alemán á la de 

D." Magdalena Ricci. 

Nuevo y curioso romance 
En que da cuenta y declara 
La satisfacción atenta 
De Don Lucas á una Dama... 

Diario de Madrid; i5 de Junio de 1790. 
Págs. 663 y 664. 

RIME (Sor Mariana de). 

Religiosa en el convento de San Pablo, de 

Zamora. 

2gg. — Glosa á la muerte de Felipe IV: 

Su lu^ al cuarto planeta... 
El rey de los elementos... 

Pira Real que erigió... la Universidad de 
Salamanca á las inmortales cenizas de su 
Rey y Señor D. Pheliphe IV. Refiérela el 
M. F. Francisco iíojs.— Salamanca, por 
Melchor Esteve. MDCLXVI. 

Pág. 406. 



RÍO (D.* Catalina de). 

400. — Soneto á su tía D." Ana de Castro y 
Egas: 

Bien que soberbios; tanto, bien que iguales 
del gran Filipo á la inmortal memoria... 

Eternidad del Rey Don Filipe tercero 
Nuestro Señor, el Piadoso. Discurso de su 
pida y saíitas costumbres. Al Serenissimo 
Señor el Cardenal Infante su hijo, D.' Ana 
de Castro y Egas. — En Madrid. Por la Viu- 
da de Alonso Martín. Año MDCXXIX. 

RÍO Y ARNEDO 
(D.*^ María Antonia de). 

401. — Sara Th... Novela inglesa traduci- 
da del francés por D." María Antonia de Río 
y Arnedo. — Madrid, 1795. En 8.* 

«Esta obrita, apreciable por su sencillez, 
presenta un modelo del desempeño en las 
obligaciones de una madre de familia, un 
ejemplo de la felicidad que produce el cum- 
plimiento de ellas y una pintura agradable 
de las delicias de la vida del campo; para 
Tormar una justa idea del mérito de esta 
novela, basta decir que es una de las que 
se contienen en el excelente y celebrado 
poema de Las Estaciones.» 

Diario de Madrid; 26 de Septiembre 
de 1795. 

402. — Cartas de madama Montier á su 
hija, escritas en francés por madama le Prin- 
ce de Beaumont, y traducidas por doña Ma- 
ría del Río y Arnedo. — Madrid, 1801. 
Tres vols. en 8.° 

En elogio de la traductora de la novela 
inglesa Sara Th... publicada en el Diario 
de Madrid de 26 de Septiembre de este año. 
Anacreóntica: 

Ai paso que te ciñen 
De rosas y claveles... 

10 



— 146 



Soneto: 

Amable sencillez, pura alegría... 
Diario de Madrid; 20 de Octubre de ijg5. 

RÍOS (Sor Antonia de los). 

Monja en el convento de Santa Cruz, de 
Córdoba. 
'403.— Décimas: 

Francisco, le dijo Dios... 

Elogios á María Santissima. Consagrólos 
en suntuosas celebridades devotamente Gra- 
nada á la linipiega pura de su concepción. 
Dedícalos á la Magesiad Católica de Phili- 
po II n. Rey i S. N. Gregorio de la Peñue- 
la Méndez, Jurado de la misma ciudad. 
Dispúsolos D. Luis de Paracuellos Cabera 
de Vaca.— En Granada, por Francisco Sán- 
chez y Baltasar de Bolívar, ano de i65i. 

Folios 271 á 273. 

RÍOS (D.''' Catalina de los). 

Sevillana, hija de D. Juan Alfonso de los 
Ríos, Comendador mayor de Santiago. In- 
gresó allí en el convento de Dueñas y llegó- 
á ser su abadesa por espacio de cuarenta y 
dos años. Mitigó la regla del monasterio, 
pues alcanzó el permiso de comer carne al- 
gunos días de la semana. Ninguna otra cosa 
notable se refiere que llevase á cabo. Flore- 
ció por los años 1480 y siguientes, si no está 
equivocado Matute y Gaviria, de quien to- 
mamos estas noticias. 

404. — Relación de algunos sucesos veri- 
ficados en su tiempo. 

Manuscrito en el archivo del convento 
mencionado. 

RÍOS (D.* Francisca de los). 

Hija de Hernando García, procurador de 
número de Madrid, y de D." Francisca de 



los Ríos. Nada más que doce años tenía 
cuando tradujo la vida de Santa Ángela 
Fulgino, como consta de las aprobaciones 
de Gutierre de Cetina y Fr. Baltasar de 
Ajofrín; también del Privilegio (i). 

Elogióla Montalbán en su Para todos, 
pág. 520. 

405. — Vida de la Bienaventurada Santa 
Angela de Fulgino. En la qual se nos mues- 
tra el verdadero camino por donde podamos 
seguir los pasos de Nuestro Redentor. Es- 
crita por la mesma Santa (dictándosela el 
Espíritu Santo) para verdadera consolación 
de las almas deuotas, y para prouecho de 
todos. Aora de nuevo traduzida de Latín en 
lengua Castellana, por Doña Francisca de 
los Ríos. — En Madrid, por Juan de la Cues- 
ta. Año 1618. 

Un vol. en 8.** de 335 págs., más 24 hojas 
de preliminares. 

Port.— V." en bl.— Fe de erratas por el Lie. Mur- 
cia de la Llana. Madrid 26 de Agosto de 1618. — 
Tasa, por Hernando de Vallejo. Madrid 7 de Sep- 
tiembre de 1618.— Real cédula para la impresión. 
Madrid 27 de Marzo de 161 8. — Advertencia. — 
Aprobación del Dr. Gutierre de Cetina. Madrid 
II de Noviembre de 161 7 — Aprobación deFr. Bal- 
tasar de Ajofrín. Colegio de Doña María de Ara- 
gón, 27 de Febrero de 161 8.— A la Sereníssima 
Princesa de España D.' Isabel de Borbón, Doña 
Francisca de los Ríos.— Prólogo al crístiano lector, 
por la traductora.— Argumento del libro.— Tabla 
de los argumentos.— Texto. 

RÍOS (D.*^ María Lorenza de los). 
Marquesa de Fuerte-Hijar. 

Mujer que fué de D. Germán de Salcedo 
y Somodevilla, á quien el Rey hizo Mar- 
io El Rey. Por quanto por parte de vos, Doña Fran- 
cisca de los Ríos, hija de Hernando García, procurador 
del número, de nuestra Corte, y de D.* Francisca de los 
Ríos, su mujer, nos fué fecha relación que mediante tener 
buenos desseos de ser monja, con el fauor de nuestro Se- 
ñor, y dedicándoos á su seruicio, los dichos vuestros 
padres os auian hecho enseñar la Gramática, mediante la 
qual auiades traduzído de latin en romance un libro inti- 
tulado: Vida y milagros de Angela de Fulgino... 



— 147 — 



qués de Fuerte-Hijar á 13 de Junio de 1788. 
D. Germán se mostró adicto á Fernan- 
do VII, y por tal motivo lo apresaron los 
franceses y lo llevaron á Orthez, donde mu- 
rió en el año 18 10. Dejó á D.' María here- 
dera de todos sus bienes. 

«La Señora Marquesa de Fuerte-Hijar ha pro- 
puesto y promovido en Valladolid una Junta de 
Damas agregada á la Sociedad Económica de 
aquel pueblo. No lo dudemos: la Señora Marque- 
sa de Fuerte Hijar, procurando que se establezca 
en Valladolid una a-ociación de Damas, ha hechd 
un beneficio á la Nación, no sólo por el bien que 
proporciona á las jóvenes de aquella tierra, sino es 
t mbién en ofrecer á las señoras de aquel país unas 
ocupaciones en que además de llenar todos los 
deberes que les prescriben Dios y la Humanidad, 
se ejerciten de un modo tan agradable á nuestros 
Monarcas.» 

Diario de Madrid de 16 de Noviembre 
de 1793. 

Págs. 1.307 y 1.308. 

En el Archivo Histórico Nacional, Con- 
sejo de Castilla, sección de Teatros, hemos 
visto muchos informes del Marqués de 
Fuente-Hijar en asuntos referentes á varios 
asuntos de comediantes; son de los años 1 8o5 
y iJ^o6. 

406. — Elogio de la Reyna N. S. formado 
por la Señora Marquesa de Fuerte-Hijar, leí- 
do en Junta pública general de distribución 
de Premios que celebró la Real Sociedad 
Económica de Madrid en i5 de Septiembre 
de 1798.— En Madrid. En la imprenta de 
Sancha. S. a. 

18 págs en 4.* menor. 

Elogio del Rey nuestro Señor, formado 
por el Señor Marqués de Fuerte-Hijar, leído 
en la Junta pública general de distribución 
de premios de 25 de Enero de 1794. 

Publicado en las págs. 33 á 39 de la Junta 
general de la Sociedad Económica de Ma- 
drid, celebrada en las casas de Ayunta- 



miento el sábado 25 de Enero de 1794. — . 
En Madrid. En la imprenta de Sancha. Año 
de MDCCXCIV. 
58 págs. en 4.° 

RIQUELME (D.^ Baltasara). 

407. — Romance: 

En aquel vaso de piedra 
cuyo limitado bulto 
del mayor Apeles muestra 
los primorosos di6ujos, 
En líquido néctar bueltos 
corales mira difusos 
que en abundante^ razimos 
el mejor árbol produxo. 

Relación de la Solemnidad con que cele- 
bró la ociaba del Santísimo Sacramento en 
la Iglesia Mayor de Santa Cru^ de Ecija 
su Patrono D. Diego de Mendoza, Regidor 
de la dicha ciudad. — Impresa en Ecija, en 
la oficina de Luis Estupiñán, año 1633. 

RIVADENEYRA (D." Isabel de). 

Religiosa de la Orden de San Francisco. 
Lope la ensalza en estos versos de su Lau- 
rel (Silva 1). 

Sí de Rivadeneyra 
doña Jsabel, escribe, 
¿cómo la fama vive 
de cuantas laureó Roma ni Atenas? 
Porque sus rimas, de conceptos llenas, 
exceden las de Laura Terraquina, 
cuanto fué la Toscana 
divinamente humana, 
y está siempre divina. 
¡Oh! Musas, esparcid candidas flores, 
que canta al Dios de amor versos de amores, 
y si el cordero por canceles mira, 
Dios habla, el cielo escucha, amor suspira. 

408. — Glosa en cuatro décimas al Santísi- 
mo Sacramento: 

Ver á Dios eá imposible, 
ni tratar con su grandeza 
por ser tan inaccesible, 
león por su fortaleza 



— 148 



fuego abrasador terrible; 
mas ya en este blanco velo, 
león, fuego. Dios escondido 
come el hombre sin recelo; 
luego el mejor modo ha sido... 

Ivst a poética que hi^o al Santissimo Sa- 
cramento en la pilla de Cifventes, el Doctor 
Ivan Gutierre^. Recopilada por Diego Ma- 
nuel. — Madrid, Imprenta Real, 1621. 

409. — Soneto á San José: 

No tanta famalel sacro Tajo tiene... 

Vida, excelencias y mverte del Glorioso 
Patriarca, y Esposo de N. Señora S. Joseph. 
Por el Maestro Joseph de Valdivielso. — En 
Toledo. Por Diego Rodríguez. Año 1604. 

Reproducido en otras ediciones, cual es 
la de Alcalá de Henares, por Luis Martínez 
Grande, año MDCXII. 

410. — Soneto en elogio de Lope de Vega: 

Si el español ó el fíorentín famoso... 

Rimas de Lope de Vega Carpió. A Don 
Fernando Coutinho.— En Lisboa, impreso 
por Pedro Crasbeeck, Afío i6o5. 

Reproducido en la edición de Milán, 1 6 1 1 . 

RIVADENEYRA (D.» María Josefa de). 

411.— Por Doña María Josefa de Ribade- 
neira, riatural de la ciudad de Arequipa, en 
el Perú, que habiendo salido á luz [sus tra- 
ducciones] á nombre de otras personas con 
usurpación del trabajo de la traductora, 
se queja ésta en las siguientes endechas 
reales: 

Respire de mi pecho 
En quejidos acordes 
Equívoca una injuria 
Que no sé si la cante ó si la llore. 
Fatigas de la mente, 
literarios sudores, 
bastó que fuesen míos 
para hacerles sentir mis propios golpes. 



jPosible que hasta el alma 
la envidia me despoje! 
¡Posible que me usurpe 
débiles femeniles traducciones! 
Villana pasión ciega 
que en odio de mi nombre, 
como vives de infamias, 
compras con un delito tus honores. 
En disfraz de remiendos 
al público se exponen; 
¡infeliz artificio!, 
que grita ser ajeno lo que esconde. 
Ese incongruo aparato 
de retazos discordes, 
el engaño desmiente 
y la pasión descubre en su desorden. 
No niego que aun manchadas 
conmigo se conformen; 
si la borrasca sufro, 
¿qué tengo que extrañar los nubarrones? 

Así, desfiguradas, 
no han quedado tan pobres 
que á su fingido dueño 
no le hayan producido resplandores. 
En este triunfo he sido 
yo la selva ó el bosque, 
que laureles y palmas 
he dado para que otros se coronen. 
Sic POS, non vobis nidijicatis, aves. 
Así el ave su nido 
construye y lo dispone 
para que otros se alberguen 
y en su seno descansen y reposen. 

Sic vos, non vobis vellera fertis, oves. 
Así la misma oveja 

sus mórbidos vellones 

alienta y vivifica 
para que otros se vistan y se adornen. 

Sic vos, non vobis melijicatis, apes. 
Así la abeja extrae 

dulzura de las flores, 

y á pesar de su industria, 
otros gustan la miel que ella recoge. 

Sic vos, non vobis fertis aratra, boves. 

Así sujeto al yugo 

el buey la tierra rompe, 

mas su fértil arado 

es para enriquecer ajenas trojes. 

Ejemplos consolantes 

que informarán ai orbe 



que en mi fortuna adversa 
me alivian más las bestias que los hombres. 

Correo Literario de Murcia, tomo VI 
(14 de Enero de 1794), págs. 30 á 32. 

Parece que tradujo, según ella misma 
dice: 

412. — Cartas de una peruana. 

413. — Vida del Pontífice Benedicto XIV, 
con notas traducidas igualmentedel francés. 

RIZO (D.* Catalina). 

Dama de la Infanta D.' María Teresa de 
Austria, á quien acompañó cuando en el 
año 1660 se casó con el rey de Francia (i). 

414. — Anathema sotericon pro vita Patris 
serrata. 

Cítase este manuscrito en el Catálogo de 
la Biblioteca Nacional, pero hace tiempo 
que desapareció de ésta, por lo cual no he 
podido estudiarlo. 

ROALES OMAÑA Y NÚÑEZ 
(D.* Isabel de). 

41 5. — Décima á su hermano Francisco de 
Roales: 

Hermano, tu lira fuera... 

Descripción de las fiestas qve en la Leal 
civdad de Salamanca se hicieron, en memo- 
ria de la victoria q.ue el Rey N. S. (que 
Dios guarde) alcanzó por sus Cathólicas 
Armas, en el Í7imortali¡{ado sitio de Barce- 
lona, por Francisco de Roales Omaña, y 
Núñe^. Dirigido al mayor Theatro del 
Mundo, á la más aplaudida Athenas del 
Orbe, y ala mejor Minerva en calidad, y le- 



(1) Viaje del Rey nuestro Señor Don Felipe Quarto el 
Grande, d la frontera de Francia. Funciones Reales, del 
desposorio, y entregas de la Serenissima Señora Infante 
de España Doña María Teresa de Austria. Por... D. Leo- 
nardo del Castillo. — En Madrid, en la imp. Real. Año 
de M.DC.LXVIL 

Pág. 61. 



149 — 

tras. La Vniversidad de Salamanca. — En Sa- 
lamanca, en la Officina del mesmo Author. 
S. a. (La aprobación de D. Diego de Victo- 
ria, fechada á 29 de Noviembre de i652.) 
Ocho hojas en 4." 

ROBLES (D.* Ana de). 

Monja que fué en el convento de Santa 
Isabel, de Baza. 
416. — Soneto: 

Con tanta claridad ha defendido... 

Elogios á María Santissima. Consagrólos 
en suntuosas celebridades devotamente Gra- 
nada á la limpiega pura de su Concepción. 
Dedícalos á la Magestad Católica de Phili- 
po un. Rey i S. N. Gregorio de la Peñuela 
Méndez Jurado de la misma Ciudad. Dispv- 
solos D. Luis de Paracuellos Cabega de 
Vaca. — Impreso en Granada por Francisco 
Sánchez y Baltasar de Bolívar. Año de i65i. 

Folio 291. 

ROBLES Y BELLUGA (D.* María de). 

Vivió á mediados del siglo xvii. 

417. — Sus escritos espirituales, impregna- 
dos de quietismo, farragosos y de lectura 
imposible, ocupan nada menos que once 
gruesos tomos en folio. Fueron recogidos 
por el Santo Oficio. 

Archivo de Simancas. — Inquisición. Leg. 1.583 y 1.584. 

«Estando en la oración el día del Dulcísimo 
Nombre de María era tanta la oscuridad en que 
estaba, que no la puedo explicar, porque es tan 
grande que no hay noche que se iguale á la os- 
curidad en que estoy, pues la noche más oscura 
es clara si se quiere comparar con esta oscuridad; 
no podía recoger el pensamiento para meditar; es- 
taba la imaginación muy distraída y en mi propio 
conocimiento estaba como anegada en miserias; 
más no por eso el interior se turbó, que gozaba 
conociendo que si Dios no me da las virtudes no 
puedo tenerlas, y estaba la voluntad rendida á la 



— 1 5o — 



de Dios, de forma que si no fuese voluntad de 
Dios el darme virtudes, no las quiero tener» (i). 

ROCABERTI (Sor Hipólita de Jesús). 

Si diésemos fe á las afirmaciones de los 
genealogistas (2), la Madre Rocaberti esta- 
ba enlazada por vínculos de sangre con la 
mitad de los Obispos, Reyes, Reinas y Vír- 
genes, célebres por su santidad ó notables 
hechos, cuales son San Feriol, San Gocri- 
co, San Medoaldo, San Hubandelino, el 
emperador Teodosio, D." Sancha de Aragón, 
Santa Ita, Santa Afra y mil que no cito. 
Dejando á un lado tamañas necedades, nos 
concretaremos á los datos puramente histó- 
ricos. D.' Hipólita Rocaberti fué hija de 
D. Francisco Dalmau, vizconde de Roca- 
berti, primer Conde de Módica y Osona, 
Conde de Peralada y Marqués de Angleso- 
la. Nació en Barcelona á22de Enero de 1549. 
A los once años tomó el hábito en el con- 
vento de Nuestra Señora de los Angeles, 
perteneciente á la religión de Santo Domin- 
go, y en la cual era Priora su tía Sor Estefa- 
nía de Rocaberti; allí profesó en el año 1 565, 
y muy luego la nombraron Maestra de no- 
vicias. Acerca de las ansias que tenía por 
recibir el martirio, cuenta el P. Lorea lo si- 
guiente: 

Entraron en una ocasión en Barcelona unos 
moriscos, antes que Don Felipe III los desterrase, y 
alborotada la ciudad se receló algún mal de ellos. 
En quien obró esta aprensión con más eficacia 
fué en las monjas, que cerraron las puertas con 
el sobresalto. Estava la venerable Madre con una 
quietud notable y el rostro tan alegre como si es- 
perara una cosa de mucho contento. Reparó en 
ello una religiosa y la dixo: Madre Hipólita, ¿pues 
no se duele de sí y de nosotras en este lance en 
que estamos? Sonrióse la sierva de Dios y la res- 



(i) Tomo IX, pág. 55. 

(2) Fr. José Dromendari en un libro que sacó á luz en 
el año 1676, intitulado: Árbol genealógico de la casa de 
Rocaberti, 



pondió: Pues hija, ¿por qué he de estar triste, si en 
esto que tú temes puede estar mi dicha.'' (i) 

Su vida en el convento fué una serie de es- 
tupendos milagros y de raras visiones; Cristo 
le convirtió en pescado la carne de un plato; 
en otras ocasiones le puso su corona de espi- 
nas y le ayudó á tocar las campanas; San 
Vicente y el coro de los mártires la recibie- 
ron por hermana; vio subir al cielo las almas 
del Purgatorio en forma de palomas; Santo 
Tomás de Aquino le explicó los misterios de 
la Eucaristía; San Jerónimo y San Agustín 
rezaron con í.4la Horas canónicas. 

Por su esclarecida virtud fué designada 
para reformar el convento de monjas agus- 
tinas de Barcelona, llamado de la Magda- 
lena. 

Falleció á 6 de Agosto de 1624. 

Cnf. Epitojne de los veinte y quatro to- 
rnos que escripia la V. M. Hypóliía de Jesús 
y Rocaberti, Religiosa de la Orden de Pre- 
dicadores. De las autoridades de la Sagra- 
da Escritura, y Santos Padres con que les 
ilustra. Algunas cartas de instancia por su 
Beatificación y Canonización, y Censuras 
de su doctrina &.. — Impreso en Valencia, en 
la imprenta de Jayme Bordazar. Año i6b8. 

Un vol. en fol. de 49 págs. 

La Venerable Madre Hipólita de lesvs, y 
Rocaberti, religiosa de la Orden de N. P. 
S. Domingo, en el monasterio de Nvestra 
Señora de los Angeles de la civdad de Bar- 
celona. Epitome de sv prodigiosa vida, vir- 
tudes, y admirables escritos. Sacado de los 
processos de sv Beatificación, y Canotii^a- 
ción, y otros instrvmentos avténticos. Com- 
pvesto por el Maestro Fray Antonio de Lo- 
rea, de la mesma Orden, y sv coronista. De- 
dicado á lesv Christo, Dios, v hombre ver- 



il) Vida déla Madre Hipólita de Jesús Rocaberti, pi- 
I gina 32. 



- )5i — 



dadero. — En Valencia: por Vicente Cabre- 
ra. Año MDCLXXIX. 

4.* d., 212 págs. 

Pocos libros se han publicado, no ya en 
España, mas en toda Europa, tan indigestos 
y farragosos como los de la Madre Hipólita. 
En ellos no hay algo que se parezca á estilo 
literario, ni novedad alguna en los pensa- 
mientos. Son montones de hojorasca, en 
mala hora editados por el celo indiscreto del 
Arzobispo Rocaberti, quien se imaginaba 
tener en su familia una nueva Santa Teresa. 
El mismo título es absurdo en algunos de 
estos libros, cual sucede en el rotulado Z)e 
lo% huesos de Crislo, que no contiene, ni 
mucho menos, una Osteología á lo divino. 
Verdad es que de tamaños desafueros contra 
el sentido común tuvieron mucha parte los 
editores, quienes lejos de hacer una prudente 
selección, publicaron cuantos libros halla- 
ron de Sor Hipólita. Varias de estas obras 
fueron puestas en el índice por el Santo Ofi- 
cio. Pocas veces se podía recordar con tanta 
oportunidad aquel sabio mandato del Após- 
tol de las gentes: mulleres in Ecclesia ta- 
ceant. 

No más afortunada se mostró Sor Hipólita 
en sus versos, que corregidos y todo, por sus 
editores, apenas llegan á la medianía. 

El mismo P. Lorea, quien tomó gran par- 
te en la ordenación de esta inmensa enciclo- 
pedia mística, reconoce el desaliño que había 
en los escritos de la Madre Hipólita: 

Aliándome en Madrid en la impresión de algu- 
nos libros míos, me mandó este Prelado (D. Juan 
Tomás de Rocaberti) viniese á Valencia á servirle 
en la asistencia á la impresión de éstos. Viéndolos, 
reconocí en ellos lo mesmo que el Cardenal Hugo 
de Santo Caro, reconoció en la Biblia Sacra: que 
siendo cada uno de ios Libros que contiene, una 
pieza, era necesario dividirle en capítulos, y cada 
capítulo en números, para que al tiempo de leer- 
los tuviese la vista donde descansar, fuesen más 



fáciles á la inteligencia con aquella división, y más 
fáciles para citarlos, y hallar lo que en ellos se 
buscase. 

Cotejados estos escritos con la pureza con que 
hoy se habla la lengua española, se podrá notar 
que están no con aquellas voces crespas y frases 
pulidas que hoy se usan, y muchos afectan en lo 
que hablan y escriven. El estilo es humilde, pero 
todo espíritu, y lleno de el fuego de el Espíritu 
Santo que la inflamava; que los conceptos de Dios, 
como no se sugetan á la pronunciación de los 
mundanos, no deben estar sugetos á sus imperti- 
nencias (i). 

418.— Tomo primero de las Obras de la 
Venerable Madre Hipólita de lesvs, y Roca- 
berti, que por mandado de svs prelados y 
confessores, dexó escritas de sv mano. Tra- 
ta principalmente de los Sagrados Misterios 
de la Infancia y Niñez de Christo; y también 
de los demás de su Santa Vida, Muerte, y 
gloriosa Resurrección. Sale á Ivz de orden 
del llvstríssimo y Excelentíssimo Señor D. 
F. Ivan Thomás de Rocaberti, sv sobrino, 
por la gracia de Dios, y de la Santa Sede 
Apostólica Arzobispo de Valencia, del Con- 
sejo de su Magestad, Prelado Doméstico de 
N. M. S. P. Inocencio Papa XI. Virrey y 
Capitán general, segunda vez, del Reyno de 
Valencia.— Impresso en Valencia: En la Im- 
prenta de Jayme de Bordazar. Año 1683. 

Un vol. en 4.° d., de 444 págs., más dos 

hojas de prels. 

Port.— Censura et approbatio admodum R. P. 
M.Tudovici Garzonii, Procuratoris Generalis Or- 
dinisServorum Beatae Mariae. In Coenobio Sancti 
Marcelli, 2 Maji 1677.— Censura y aprobación del 
Rev. P. M. F. Luis Garzón (versión de la ante- 
rior).— Texto. (XC cap.)— Tabla de los capítulos. 
Tabla de los lugares de la Sagrada Escritura. 

En las págs. 409 á 411 hay la siguiente 
canción á Cristo: 

¡Ohl llave piadosa, 
consuela esta alma que rendida pide. 



(i) Vida de la Madre Hipólita de Jesús Rocaberti; Pró- 



logo. 



k 



— I 52 — 



y muéstrale el tesoro 

que nadie puede ver sino el humilde. 

El humilde Cordero 
que por nosotros fué crucificado 
abrió los siete sellos 
que sólo decifrar puede su mano. 

¡Oh! deseada llave 
de los profetas, á que abriste el cielo, 
y porque en tí esperaron, 
ni avergonzados ni confusos fueron. 

¡Oh! llave de oro fino, 
abre mi corazón á tu ley santa; 
el espíritu ardiente ^ 

del sea el escritor, y yo la tabla^ 

Con su dedo divino 
su amor tan firm'e grabe 
que borrarle no puedan 
ni penas, ni dolor, ni enfermedades, 

¡Oh! saber sempiterno, 
á esta hormiguita admite 
en esa abierta llaga 
de tu costado, donde el alma vive. 

A este vil gusanillo 
tu calor sea fomento, 
que de frío se muere 
si no le das aliento con tu fuego. 

¡Oh! llave de mi alma, 
á aqueste entendimiento obscurecido 
enviad esos rayos 
que vuestro pecho oculta en su retiro. 

¡Oh! llave gloriosa 
de mi dulce Jesús, que eternidades 
liberal facilita 
para vivir con él y con su Padre. 

¡Oh! llave, que escondida 
del seno superior al mundo bajas 
porque elevado el hombre 
pueda ascender al cielo de tu gracia. 

Jesús, amable dueño, 
selle mi corazón tu dulce mano; 
la culpa no le empañe; 
tú seas el señor, y no el pecado. 

Si eres celestial puerta, 
y llave te llamó el santo Isaías, 
no á mis deseos niegues 
esta gloria feliz porque suspiran. 

En la coluna miro 
abierta por mi bien tu sacra espalda; 
esa coluna sea 
norte de mi desierto hasta la patria. 

¡Oh! que llave divina 
que abre á todos los predestinados 
sin que nadie lo embargue 



sino solo el pecado no llorado. 

Pues si el cielo franqueas 
á los atribulados y afligidos, 
admite del que llora 
tus ofensas, el grato sacrificio. 

419. — La Venerable Madre Hipólita de le- 
svs, y Rocaberti. Libro de su admirable vida, 
y dotrina, qve escrivió de sv mano. Por man- 
dado de svs Prelados, y Confessores. Sale á 
luz de orden del Mustríssimo y Excelentíssi- 
mo Señor Don Fray luán Tomás de Roca- 
berti... Dedicado á lesu Christo Nuestro 
Señor, en brazos de su Santíssima Madre, y 
al Glorioso Patriarca de Predicadores Santo 
Domingo de Guzmán, postrado á los pies 
de ambas Magestades Supremas. — En Va- 
lencia, por Francisco Mestre. Año 1679. — 
Por Vicente Cabrera. Años 1683 y i685. — 
Por Francisco Mestre. Año 1683. 

Cuatro vols. 4.° d. El primero de 35 1 pá- 
ginas, más seis hojas de prel. y 10 al final; el 
segundo de 279 páginas y tres hojas de prel.; 
el tercero de 220-128 págs. y cinco hojas al 
principio; el cuarto de 690 págs., más seis 
hojas al princ. y 35 al final. 

Tomo I. Port. — Dedicatoria á Christo Nuestro 
Señor. — Censura et approbaiio R. P. Fr. Ilde- 
phonsi de Mier. Romae die 20 Augusti 1671. — 
Versión castellana de esta censura. — Licencia del 
Ordinario. Valencia 3 de Mayo de 1679. — Texto 
dividido en LXXVIII cap. — Tabla de los capítulos. 
Tabla de los lugares de la Sagrada Escritura. 

Tomo II. Port. — Carta dedicatoria dirigida al 
Glorioso apóstol San Pedro. — Texto, en LXXVIII 
cap. — Hymnos de la Venerable Madre Sor Hipó- 
lita de lesus, y Rocaberti, en alabanzas de los San- 
tos Apóstoles y Mártires; reducidas á forma de 
rimas de primeros consonantes unísonos. 

A los Santos Apóstoles San Pedro y San 
Pablo: 

¡Oh! almas abrasadas 
de amor de Dios llagadas 
que no tratáis de amores tibiamente 
ni de servir á Dios á llamaradas 
sino de amar determinadamente... 



— i53 — 



A San Pedro Apóstol: 

Apóstol, secretario 
de Cristo, y de su erario 
tesorero celeste, cuyas llaves 
dejaste en vuestra Iglesia á su Vicario... 

Al glorioso San Pablo: 

Apóstol coronado 
al cielo arrebatado 
donde viste secretos divinales... 

Al glorioso San Andrés: 

Buena cruz, oh árbol deseado 
cuando me veré en tí crucificado... 

AI glorioso Santo Tomás (Quintilla): 

Tomás, por qué dudaste... 
Responde Tomás: 

Yo digo lo que siento... 

A los gloriosos y fuertes Mártires: 

Como el oro entre ardores 
de llamas y crisoles... 

Himno en alabanza de la Santa Iglesia 
Católica (Romance): 

Ya que la Iglesia me ofrece 
de madre su pecho amado... 

Himno en desprecio del mundo (Redon- 
dillas): 

Pues á cuanto el mundo alaba 
pone fin la sepultura, 
no quiero bien que no dura, 
ni temo mal que se acaba, 

Llore yo el tiempo pasado 
y menosprecie el presente, 
meditando atentamente 
el tiempo que no ha llegado. 

Pues el tiempo está pasando 
y se me acerca la muerte, 
quiero vivir de tal suerte 
que en el bien me halle velando. 

La cruz quiero por cayado, 
séanme clavos y lanza 
asilos de mi esperanza 
en mi corazón fijados. 

Aunque vivo en este mundo, 
tratóle como traidor, 



aborrezco su favor, 
vistome de su descuido. 

A mi alma, cual carbón, 
muerta, negra, fría y fea, 
con la sangre la hermosea 
que por mí dio en tu Pasión. 

La muerte venir afecta; 
yo deseo que no tarde 
cuando mi corazón arde 
en la caridad perfecta. 

Si el mundo llama al perdido, 
llama Jesús sus electos; 
quiero ser de los perfectos 
y á Jesús prestar oído. 

Este es cordero y pastor 
y yo su pequeña oveja, 
y así mi amor se apareja 
á oir la voz del Señor. 

¡Oh! si en esta tierra ajena 
viviera yo de tal suerte 
que cuando llegue la muerte 
venga muy en hora buena. 

Romance [de un P. de la Compañía]: 

En el monte de Sión 
donde la Virgen vivía... 

La canción siguiente hizo el Maestro Ber- 
nardino, varón docto y Lector de Teología, 
á honra y gloria de la admirable Ascensión 
de Jesu Cristo á los c¡ek)s: 

[Se] enternezcan las entrañas 
de las siervas del Señor; 
manifiéstese el amor 
que le tienen. 
Otras cosas hoy no suenen 
en el cielo de su alma 
sino las que causan calma 
de reposo. 
La subida de su Esposo 
cause mucho gozo en ellas; 
mueran las viejas querellas 
sin tardanza. 
Vístanse de confianza, 
porque vence al adversario, 
y olvídese todo agravio 
quietamente 

Serventesios místicos: 

Echándome tus rayos, noche y día 
oh soberano sol y amado Esposo... 



1 54 



Cántico del Doctor Diego Pérez, andaluz, 
muy gran siervo de Dios, á la feliz Nativi- 
dad de el Hijo de Dios, en carne: 

Mírame en este pesebre, 
alma querida de mí... 

Liras de Juan de Calatrava, en alabanza 
de las penas: 

Quien no sabe de penas 
en este valle lleno de dolores, 
no sabe cosa buena, 
ni ha gustado de amores.... 

Liras en alabanza del Santísimo Sacra- 
mento, hechas por un religioso del Seráfico 
Padre San Francisco: 

¡Oh! quién de serafines 
tuviese el fuego ardiente, que pudiese 
cantar con mil clarines 
de un Dios el amor, y fuese 
tan digno que el Señor favor le diese.... 

Tabla de los capítulos. — Tabla de los lugares de 
la Sagrada Escritura. 

Tomo III. Port.— Censura y aprobación del 
R. P. M. Fr. Alonso de Mier. Roma 20 de Agos- 
to de 1671. — Aprobación del M. R. P. Fr. Luis 
Alejandre de Hiponi. — Licenc'a del Ordinario. Va- 
lencia 6 de Abril de i685. — Texto de la primera par- 
te del libro 3." en LX cap. — Pág. igS, Canción (es 
una glosa). 

El cordero anda volando... 

Protestación.— Tabla de los capítulos (LXXXIX). 
Tabla de los lugares de la Sagrada Escritura. 

Segunda parte del libro tercero de la vida de la 
venerable Madre Sor Hipólita de Jesús y Rocaber- 
ti. Refiérense las mercedes que Dios le hizo en el 
año de 1607. (Contiene LX cap.)— Protestación. — 
Tabla de los capítulos.— Tabla de los lugares de 
la Sagrada Escritura. 

Tomo IV. Port.— Al divino S. Dionisio Areopa- 
gita.— Censura et approbatio R. P. Fr. Ildephonsi 
de Mier. Romae die 20 Augusti 1671.— Versión 
castellana de esta censura.— Aprobación del Doc- 
tor Joseph Bonet. Valencia 29 de Junio de i683.— 
Licencia del Ordinario.— Texto dividido en dos 
partes; la i.'con CXVIl cap.; la 2.* con CCV.— 
Tabla de los capítulos.— índice de los lugares de 
la Sagrada Escritura. 



420. — La celestial lervsalcn, con la expo- 
sición del Psalmo svper flumina Babilonis, 
y de otros muchos lugares de la Escritura. 
Qve compvso por mandado de sus Prelados, 
y Confessores, la venerable Madre Hipólita 
de lesvs y Rocaberti. Sale á Ivz de orden del 
Ilvstrissimo y Excelentíss'imo Sr. D. F. Ivan 
Thomas de Rocaberti,... Dedicado por la 
Venerable Madre á la Reyna de los Ánge- 
les María Santíssima. — En Valencia: En 
la Imprenta de la Viuda de Benito Macé. 
Año 1683. 

Un vol. en 4.° d. de 556 págs, y ocho ho- 
jas al princ. 

Port. — Ofrécese esta obra á la Santíssima Madre 
de Dios. — Censura et approbatio R. P. Martini de 
Esparsa, Soc, Jesu. Coliegio Romano, die 3 Ju- 
nii 1676.— La mis-na censura, vertida en caste- 
llano. — Lo que siente deste libro y de su Autora 
el Padre Vicente Navarro, de la Compañía de Je- 
sús. — Licencia del Ordinario. Valencia 8 de Di- 
ciembre de 1682.— A quien leyere. — Primera parte 
del viage de la celestial lervsalén. (LXXXV cap.) — 
Segunda parte. (LXXXVI cap.)— Tabla de capítu- 
los. — índice de los textos de la Escritura Sagrada. 

42 1 . — Las cinco piedras de David. Delinea- 
das en cinco portentosas vidas: del venerable 
P. F. Joseph de Rocaberti, Religioso Capu- 
chino: de la Venerable Madre Sor Estefanía 
de Rocaberti, Carmelita Descalza hermana 
suya: de la V. M. Gerónima de Rocaberti: 
de la V. M. Sor Emerenciana de Rocaberti: 
y de la V. M. Sor Hipólita de lesus y Ro- 
caberti: estas tres Religiosas Dominicas del 
convento de los Angeles de la ciudad de 
Barcelona. Y veinte y tres exemplares vidas 
que dexó escritas de su mano la V. M. Hi- 
pólita, Hijas de dicho Monasterio. 

Escrivió las cinco piedras y amplificó y 
exornó las veinte y tres el Dotor Jacinto 
Busquets Matoses, Presbytero... el qual le 
dedica al muy Ilustre Señor Don Guillem 
de Rocafull y Rocaberti, y Boíl, Conde de 



I 



— i55 



Paralada y Albatera, Bisconde de Rocabcr- 
ti. — En Valencia. En la imprenta de layme 
de Bordazar. Año 1684. 

Vn vol. en 4.° de 204 págs., más 10 hojas 
de prels. 

422. — Comentario, y Mística exposición 
del sagrado libro de los divinos Cantares de 
Salomón. Dividido en dos libros, que com- 
puso por mandado de sus Prelados, y Confe- 
sores, la venerable Madre Hipólita de lesús, 
y Rocaberti. Sale á luz de orden del llus- 
tríssimo D. F. luán Thomásde Rocaberti... 
Dedicado por la V. Madre á la Gloriosa 
Virgen S. Teresa de lesús. — En Valencia, 
por Manuel Gómez González de Lastra. 
Año 1683. 

Un vol. 4.* d. de 399 págs., más seis hojas 
al princ. y 24 al final. 

Port. — Censura y aprobación del R. Padre Mar- 
tín de Esparsa, de la Compañía de Jesús. — Cole- 
gio Romano, 3 de Junio de i6j5. — Censura del R. 
Padre Fray Serafín Tomás Miguel. Valencia i de 
Abril de 1083. — Licencia del Ordinario D. Juan To- 
más de Rocaberii. Valencia 2 de Abril de ib83. — 
Prólogo de la Venerable Madre Sor Hipólita de Je- 
sús y Rocaberti. — Dedicatonade ésta á Santa Tere- 
sa. — Comentario sobre el libro de los Cantares de 
Salomón. — (El primer libro LV capit.; el segun- 
do LXj. — Tabla de los capítulos. — Tabla de los 
lugares de Escritura. 

Sigue una breve noticia de la vida y escritos de 
la venerable Madre Sor Hipólita de lesús y Roca- 
berti. 

30 págs. en folio. 

423. — Exposición de la regla de S. Agvs- 
tín, y otros cinco tratados espirituales. El 
Primero: De la Perfección Christiana. El Se- 
gundo, y Tercero: Celestiales Documentos 
para la perfección Religiosa. El Quarto y 
Quinto: Alabanzas de la santa Soledad, y 
Silencio: y admirables efectos del Agua Ben- 
dita. Qve compvso por mandado de sus Pre- 
lados, yConfessoresla Venerable Madre Hi- 
pólita de lesvs, y Rocaberti. Sale á luz de 



orden del llvstríssimo y Excelentíssimo Se- 
ñor D. F. Ivan Thomas de Rocaberti, sv so- 
brino... Arzobispo de Valencia, del Consejo 
de Su Magestad. Segunda impressión. Dedi- 
cado al Gran Padre y Dotor de la Iglesia S. 
Agustín. — En Valencia: En la Imprenta de 
la Viuda de Benito Macé. Año 1863. 

Un vol. en 4." d. de 148-68 págs., más 
12 hojas al princ. y cuatro al fin. 

Port. — Dedicatoria que hizo al Reverendíssímo 
Padre M. Fr. Juan Bautista Marinis, General de 
Predicadores, el llustríssimo Señor D. Fr. Juan 
Thomás de Rocaberti. — Censura y aprobación 
que el año 1660 dio en la primera impresión de este 
libro el M. R. P. Fr. Acacio March de Velasco, de 
la Orden de Predicadores. — Aprobación que dio el 
año 1660 el M. R. P. M. Fr. Marcelo Marona, Ca- 
thedrático de Theología en la Universidad de Va- 
lencia. Valencia 3 de Noviembre de iGSg. — Censu- 
ra et approbatio admodum R. P. M. Fr. Julií 
Mariae de Blanchis. — Al gran Padre y Dotor de la 
Iglesia San Agustín. — Protestación de la Venerable 
Madre. — Breve exposición de algunos principales 
puntos de la regla de San Agustín... por el Beato 
Umberto de Romanis, cuarto General de la Reli- 
gión de Santo Domingo; la tradujo la Venerable 
Madre Hipólita. — Explicación de la regla de nues- 
tro gran Padre y Patriarca San Agustín. (XXI ca- 
pítulos).— Tratados espirituales. — Documentos 
espirituales, escritos para ciertas señoras que que- 
rían tomar el hábito y profesar el estado de reli- 
giosas. (XXIll documentos). — Convento espiritual 
que compuso la V. M. Hipólita de Jesús y Roca- 
berti, á petición de tres devotas señoras deseosas 
de ser religiosas Descalzas. — Alabanzas de la So- 
ledad, (XV cap.)— Tratado de la virtud y alaban- 
zas del santo silencio. — Tabla de capítulos. — Ta- 
bla de lugares de Escritura. 

424. — Exposición de la Salve Regina que 
por mandado de sus Prelados, y Confessores, 
dexó escrita de su Mano la Venerable Madre 
Hipólita de lesús, y Rocaberti. Sale á luz 
de orden de su sobrino... Don Fray Juan 
Thomas de Rocaberti... Conságrale la mis- 
ma V. M. á la Madre de Dios, la Virgen Ma- 
ría. — En Valencia, por Manuel Gómez, año 
, de 1684. Por Francisco Mestre, año de i685. 



56 — 



Tres vol. 4.° d; el i." de 369 págs., más 
ocho hojas de prels.; el 2° de 547 págs., más 
cuatro hojas al princ. y 41 al final; el 3.° de 
483 págs., más 1 5 hojas de preliminares. 

Tomo I. Port.— Censura R. P. Fr. Francisci 
María de Cremona. Ex Romano Araceli conven- 
tu, 4 octobr. 1677.— Traducción de esta censu- 
ra.— Licencia del Ordinario.— Al que leyere.— Pró- 
logo de la V. M. Sor Hipólita de Jesús y Rocaberti. 
Exclamación y dedicatoria á la Madre de Dios,— 
Libro primero; (dividido en CXX cap.)— Pág. 335. 
Tabla de los capítulos.- Pág. 348. índice de los 
textos principales de la Sagrada Escritura. 

Tomo n. Port.— Censura del R,. P. Fr. Gerardo 
de Veo. Valencia 1 de Junio de i685.— Licencia del 
Ordinario. Valencia i de Junio de i685.— Libro 
segundo (CLVII cap.)— Tabla de los capítulos.— 
Tabla de los lugares de la Sagrada Escritura. 

En las págs. Sog á 5i i hay dos Canciones 
á la Virgen. 

I.* ¡Oh! Virgen soberana, entre las glorias 
que de vos con gran gozo considero, 
es que de madre y virgen siempre intacta 
gozáis los singulares privilegios. 

Los ángeles se admiran, y alabanzas 
á su Criador tributan en inciensos, 
de que sois hija y madre juntamente, 
uniendo sola vos tales extremos. 

Vuestra hermosura alados serafines 
celebran, viendo que esos ojos bellos 
fueron imán de los divinos ojos 
donde se cifra de la gloria el premio. 

En pureza vencéis todos los santos, 
en humildad y amor sois mar inmenso 
donde navegó aquél que mucho os ama 
para que el pecador hallase puerto. 

Mi corazón. Señora, se os dedica; 
ennoblezcan la ofrenda los deseos, 
que para hacer más digno el sacrificio 
quisiera yo poder lo que no puedo. 

Después de vuestro Hijo, ¡oh! reina mía, 
no halla mi alma contento ni consuelo 
en que descansar pueda la esperanza, 
sino es en vos que sois puerta del cielo. 

En el mar de esta vida trabajosa, 
puesto en la navecilla de este cuerpo 
miro, y suspiro á vos, mi dulce estrella, 
norte seguro al navegante incierto. 

Vuestros pechos son vino regalado, 
dulce alivio al que os ama, y fiel recreo, 



porque le defendéis del enemigo 
y de su astuto y engañoso enredo. 

Bueno es á mí llegarme á tal morada, 
donde no temeré su cruel ceño; 
teniendo yo á María de mi parte, 
aliste sus banderas el Infierno. 

¡Oh! pechos amorosos, ¡cuan humildes 
cultos debe ofreceros el respeto, 
pues vuestra dignidad fué tan extraña 
que al mismo Criador fuiste alimento! 

2.* Niño Jesús, ¿quién sois Bondad Eterna? 

Tomo IlL Port. — Censura del R. P. Fr. Serafín 
Tomás Miguel. Valencia 23 de Agosto de 1684. — 
Licencia del Ordinario. Valencia 28 de Agosto 
de 1684. — Discurso introducción al lector. — A la 
Virgen Santísima de Requesens.— Texto del libro 
3.° dividido en LXIII cap. — Tratado de la Passión 
y muerte del Hijo de Dios, fruto bendito de las 
entrañas de la virgen María (XXXVI cap.) — Tabla 
de los capítulos. — Tabla de los lugares de la Sa- 
grada Escritura. — índice de los más señalados 
favores que en esta obra refiere haber recibido de 
Jesu Christo y su Madre, la V. Sor Hipólita de 
Jesús y Rocaberti. 

425. — Exposiciones literales, y místicas, 
dividido en dos tratados, el Primero de los 
Psalmos, liciones, y responsos, que comun- 
mente se rezan en la Iglesia por las Almas 
de los Difuntos. El Segundo de los Psalmos 
de las Horas Canónicas. Que compuso por 
mandado de sus Prelados, y Confessores la 
venerable Madre Hipólita de lesús, y Roca- 
berti. Sale á luz de orden del llustríssimo y 
Excelentíssimo Señor D. F. Juan Thomás 
de Rocaberti, su sobrino. — Impresso en 
Valencia, por Francisco Mestre. Año 1683. 

Un vol. 4.° d, de 468 págs., más cuatro 
hojas de prel. y 24 al final. 

Port. — Carta dedicatoria á ías Santas Vírgenes, 
la Seráfica Santa Catalina de Sena, Santa Clara, 
Santa Inés de Monte Policiano y en particular á 
Santa Gertrudis. — Censura et approbatio admo- 
dum R. P. Fr. Julii Marías de Blanquis. — Texto ^1 
dividido en LXXXVIII cap. — Tabla de capítulos. 
Tabla de lugares de la Sagrada Escritura. — Tabla 
de las cosas más notables. 



-i57- 



426. — Libro del reconocimiento de los 
amigos del Cielo. Que compuso por manda- 
do de sus Prelados y Confessores, la venera- 
ble Madre Hipólita de lesús, y Rocabcrti. 
Salea luz de orden del llustríssimo y Exce- 
lenlissimo Señor, D. F. Thomás de Roca- 
berti, su sobrino... Dedicado por la venga- 
ble Madre al Glorioso Mártir San Ignacio, 
discípulo de San luán. — En Valencia, en 
la Imprenta de la Viuda de Benito Macé. 
Año i685. 

Un vol. en 4.* d. de 330 págs., más cua- 
tro hojas al princ. y 14 al final. 

Pon. — Carta del autor en que dirige y ofrece 
este libro ai glorioso Mártir San Ignacio. — Apro- 
bación del Doctor Juan Bautista Ribes. Valencia 
1 5 de Febrero de i685.— Licencia del Ordinario. — 
Texto dividido en XCIV cap. A la conclusión hay 
tres cánticos: 

I." Dulce Jesús mío, apiádate de mi 
2." Cuando estoy pensando tu inmensa grandeza 
3.° ¡Ay, ay, ay de mi!, ¿qué ha sido esto? 
Tabla de los capítulos. — L.dice de los textos de la 
Sagrada Escritura. 

427. — Perfeto Christiano, siguro camino 
de la perfección, celestiales documentos y 
evangélicos consejos con admiración ense- 
ñados: para el mayor adelantamiento de las 
almas en la virtud. Recogidos de diferentes 
lugares del primer tomo de la Vida que por 
mandado de sus confessores escrivió la ve- 
nerable Madre Hipólita de lesijs y Rocaber- 
ti, impressa ya en Valencia. Sale á luz de 
orden de su sobrino el llustríssimo y Exce- 
lentíssimo Señor D. F. Juan Thomás de Ro- 
caberti. Arzobispo de Valencia y Capitán 
general, segunda vez, del Reyno de Valen- 
cia. — Valencia. Por Juan Lorenzo Cabre- 
ra. 1683. 

Un vol. en 4.** d. de 226 págs., más cinco 
hojas al principio. 

Port. —Dedicatoria á las ilustres, portentosas 
vírgenes Santa Catalina de Sena, Santa Rosa de 



América, etc. — Censura del Ür. Jacinto Busquets 
Matoses; 18 de Mayo de i683.— Texto.— Tabla de 
los capítulos. — Tabla d¿ los lugares de la Escritu- 
ra Sagrada. 

428.— De los sagrados hvessos de Christo 
Señor nuestro, que compvso, por mandado 
de svs Prelados, y Confessores, la venerable 
Madre Hipólita de Icsvs y Rocaberti. Sale 
á Ivz de orden del llustríssimo, y Excclentís- 
simo Señor D. F. Ivan Thomás de Rocaber- 
ti,... Arzobispo de Valencia,... Virrey, y Ca- 
pitán general del Reyno de Valencia. — En 
Valencia, en la imprenta de la Viuda de 
Benito Macé. Año 1679. 

Dos vols. 4.° doble; el primero de 312 pá- 
ginas, más 10 hojas al princ; el segundo de 
460 págs. y seis hojas al princ. 

Tomo I. Port. — Dedicatoria á Christo Señor 
Nuestro Crucificado. — Censura et approbatio R. 
P. Joannis Baplistae de Arata. Die 20 Januarii 1677. 
Censura y aprobación del R. P. Juan Bautista de 
Arata. (Traducción de la anterior). — Aprobación 
de Juan Bautista Cas y Ribera. Valencia 1 de Mar- 
zo de 1679. — Licencia del Ordinario. Valencia 8 de 
Marzo de 1679. — Texto. — Tabla de capítulos. — 
Tabla de lugares de la Sagrada Escritura conte- 
nidos en este libro. 

Tomo IL Port. — [Dedicatoria al] Soberano 
Señor crucificado. — Censura et approbatio R. 
P. Joannes Baptistae de Árala. Die 20 Januarii 1677. 
(Traducción de esta censura). — Aprobación del 
Doctor Don Antonio Ferrer y Milán. Valencia 
20 de Mayo de i68i. — Licencia del Ordinario. 
Valencia 8 de Marzo de 1681. — Texto. — Tabla 
de capítulos. — Tabla de lugares de la Sagrada 
Escritura. 

429. — Memorial de la Passión de N. S. lesv 
Christo. Dividido en tres libros, que con- 
tienen: el Diario de los favores que recibió 
de la Divina mano el año 1606. Y las Medi- 
taciones y ponderaciones sobre los Lugares 
que más propiamente explican los Myste- 
rios, é Instrumentos de la Sagrada Passión, 
que dexó escrito de su mano la V. Madre 
Hipólita de lesvs y Rocaberti. Sale á luz de 
orden del Ilvstríssimo y Excelentíssimo Se- 



i58 — 



ñor D. F, Ivan Thomás de Rocaberti, su 
sobrino, Arzobispo de Valencia. Tercera 
parte de las alabanzas de los divinos hvesos 
de lesvchristo, dividida en siete libros, fun- 
dados en la Doctrina de la Sagrada Escritu- 
ra y Santos Padres. — Valencia, por Fran- 
cisco Mestre, Impressor del Santo Oficio. 
Año 1683. 

Un vol. de 214-104 págs., más seis hojas 
al princ. y 17 en medio. 

Port.— Censura et approbatio admodum R. P. 
Fr. Ildephonsi de Mier, Procuratoris Generalis Or- 
dinis S. Benedicii. Romae die 20 Augusti 167 1. — 
Censura y aprobación de Fr. Alonso de Mier (Tra- 
ducción de la anterior). — Aprobación del Dr. lo- 
seph Bonet. — Censura et approbatio R. P. M. 
Fr. Julii Mariae deBlanchis. — Licencia del Ordina- 
rio. Valencia 3 de Mayo de i683. — Carta dirigida al 
glorioso San Gerónimo. — Texto, que ocupa 111 
páginas.— Libro segundo. Alabanzas de la coluna 
en que N. S. lesu Christo fué azotado y de los 
otros instrumentos de su Passión. — Tabla de los 
capítulos. — Tabla de los lugares de la Sagrada Es- 
critura. — Tercera parte del libro de los huessos de 
Christo N. S. 

430. — Templo del Espíritv Santo dividido 
en quatro libros, qve contienen El propio co- 
nocimiento: La preparación del Alma antes 
de la Oración: El consuelo de afligidos, y la 
Gloria de los Santos. Qve compvso por man- 
dado de sus Prelados, y Confessores, la ve- 
nerable Madre Hipólita de lesvs y Rocaber- 
ti. Sale á Ivz de orden del Ilustríssimo y 
Excelentíssimo Señor D. F. Ivan Thomás 
de Rocaberti, sv sobrino, Argobispo de Va- 
lencia... Capitán general, que fué, del Rey- 
no de Valencia.— En Valencia: Por Vicente 
Cabrera. Año 1680. 

Un vol. en 4." d. de 548 págs., más seis 
hojas al principio. 

Port.— Censura et approbatio Frat. Ludovici 
Garzonis. Conventu S. Marcelli de Urbe, 2 Maji 
1677.— Censura del M. R. P. M. Fr. Pedro de la 
Cruz, Prior del Convento de San Felipe de Car- 
rnelitas Descalzos de la ciudad de Valencia. Va- 



lencia 5 de Abril de 1680.— Censura del M. R. P. 
M. Fr. Domingo Alegre de la Orden de Predicado- 
res. Valencia 4 de Abril de 1680.— Al lector. — Li- 
bro primero. En que trata de como el christiano es 
verdadero templo del Espíritu Santo (XXXIV capí- 
tulos).— Libro segundo (XXXIII capítulos).— Libro 
tercero (XIV capítulos).— Libro quarlo (LXIII ca- 
pítulos. — Tabla de los capítulos.— Tabla de los 
lugares de la Sagrada Escritura. 

431. — Tratado dividido en qvatro libros. 
El Primero contiene: La E.xposición Lite- 
ral, y Mística de los Psalmos Penitencia- 
les. El Segundo: La preparación para la 
muerte. El Tercero: Coloquios del Alma 
Christiana con Dios. El Quarto: Fundamen- 
to sólido de la Oración, por ser todo fundado 
en el santo Evangelio. Qve compuso por 
mandado de sus Prelados, y Confessores, la 
venerable Madre Hipólita de lesvs y Roca- 
berti. Sale á Ivz de orden del... Señor D. F. 
Ivan Thomás de Rocaberti, sv sobrino... 
, Argobispo de Valencia. — En Valencia: en la 
Imprenía de Jayme de Bordazar. Año 1683. 
Un vol en 4.* d. de 575 págs., más cuatro 
hojas al princ. y 21 á la conclusión. 

Port. — Dedicatoria en que se ofrecen estos qua- 
tro libros á la Virgen Santíssíma. — Censura et ap- 
probatio admodum R. P. M. Fr. Julii Mariae. de 
Blanchis.— Licencia del Ordinario. Valencia 3 de 
Mayo de i683. — De la exposición de los siete Psal- 
mos Penitenciales. (XLI cap.)— Preparación para la 
muerte. (XXXVI capítulos).— CoUoquios del alma 
christiana con su Dios. (XL cap.)— Libro intitula- 
do fundamento sólido de la oración, porque todo 
va fundado en el Santo Evangelio de Nuestro Sal- 
vador Jesu Christo. (XXVI cap.) 

En las págs. 517 á 525 hay tres poesías es- 
pirituales. 

I.** Alégrense feliz la tierra y cielo 

montes, collados, muestren su consuelo; 

regocíjense mares, ríos, fuentes, 

de que al mundo vendrá el Rey de las gentes. 

Y pues verán los fines de la tierra 
al que en sí la salud y vida encierra, 
expliquen los mortales su contento, 
pues para todos es su advenimiento. 



— I 5q — 



Vierta el cielo su puro y fiel rocío, 
lluevan las nubes al que justo y pío 
es de la tierra el bien, y el deseado 
en quien ha de exultar todo collado. 

Disiilen, pues, los cíelos sus dulzuras, 
gócenlas los profundos, las alturas; 
sean, pues, los sobervios derribados 
y los humildes valles ensalzados... 

Oh profeta Isaías admirable 
que alegres nuevas dais de mi querido 

Pues estoy en el destierro 
apartado de mi dicha, 
quiero escribir á mi amado 
y á su piedad compasiva. 

Abrasadme con el fuego 
de vuestra llama infinita, 
y que ardiendo en vuestro pecho, 
en él descanse, en él viva. 

Y pues aquesto es verdad, 
¡oh! caridad sin medida, 
sacad mi alma del cuerpo 
porque os vea noche y día. 

Que estoy de vos apartado, 
¡mirad qué pena tan viva! 
y de tanta libertad, 
vuestra adopción me hace digna. 

¡Oh! cuándo, mi Dios, ¡oh! cuándo, 
las cadenas ya rompidas 
de este cuerpo, gozaré 
vuestra dulce y clara vista. 

Como ciervo fatigado 
que la ardiente sed le incita 
á desear la fuente clara, 
alivio de sus fatigas. 

Mi alma así está sedienta 
de ti, fuente de agua viva; 
¡ay! cuándo apareceré 
ante tu cara divina. 

Fueron mis lágrimas pan 
en la noche y en el día, 
mientras me están preguntando: 
¿dónde tu Dios se retira? 

El amoroso deseo 
veloz á tí se encamina, 
la senda de tu ley busca 
y en ella el cuidado fija. 

En nada encuentro consuelo; 
en mi destierro afligida, 
sólo tu dulce memoria 
mi recreo facilita. 

A mi esposo referid 
que muero de amor herida, 



y puesta en él mi esperanza, 
su incendio me vivifica. 

Con suspiros entrañables 
ya el morir pido rendida, 
porque libre de la cárcel 
pueda lograr vuestra vista. 

Pienso que estáis esperando 
como á la oveja perdida 
el pastor, que con sus silbos 
porque no tarde Ix anima. 

Ella con balidos sigue 
las pisadas que la guían; 
así yo en vuestra palabra 
pongo el norte de mis dichas. 

Cual paloma que gimiendo 
bosques y selvas registra, 
sin que en el diluvio humano 
encuentre donde el pie imprima. 

Así mi alma, muriendo, 
al celeste puerto aspira, 
y hasta que tal suerte logre 
el destierro la fatiga... 

Las dos últimas en romance; la primera 
en cuartetos. 

Protesta del Autor. — Tabla de los capítulos. — 
índice copioso en que se señalan los lugares de 
la Escritura Sagrada que se contienen en este 
libro. 

432. — Tratado de los estados, dividido en 
cinco libros. El Primero: De los Reyes, y 
Prelados Eclesiásticos. El Segundo: De lu- 
dith. Trata de las viudas. El Tercero: Diálo- 
go entre las Potencias del alma, y la Imagi- 
nación. El Quarto: Diálogo entre el Amigo 
y el Amado. El Quinto: Contiene treinta y 
siete Epístolas del mismo assumpto. Qve 
compvso por mandado de sus Prelados, y 
Confessores, la Venerable Madre Hipólita 
de lesvs y Rocaberti. Sale á luz de orden del 
Ilustríssimo y Excelentíssimo Señor D. F. 
Ivan Thomásde Rocaberti sv sobrino... Ar- 
zobispo de Valencia... Virrey, y Capitán Ge- 
neral, que fué, del Reyno de Valencia.— En 
Valencia, por Vicente Cabrera. Año 1682. 

Un vol. en 4." d. de 570 págs., más tres 
hojas al principio. 



Port.— Censura et approbalio admodum R. P. 
Fr. Ildephonsi de Mier, Procuratoris Generalis Or- 
dinis S. Bened'cii; Romae 20 Augusii 1671.— Li- 
bro primero. (XLVII cap.)— Libro segundo. (XXX 
capítulos).— Libro tercero. (XXXIII capít.)— Libro 
cuarto. (XXIII cap.)— Libro quinto.— Tabla de 
los capítulos.— Tabla de los lugares de la Sagrada 
Escritura. 

433. — Tratado de la penitencia, temor de 
Dios, y meditaciones celestiales que compv- 
so por mandado de sus Prelados, y Confesso- 
res, la Venerable Madre Hipólita de lesvs y 
Rocaberti. Sale segvnda vez á luz de orden 
del llustríssimo Sciior D. F. Ivan Thomás de 
Rocaberti, sv sobrino. Arzobispo de Valen- 
cia, Capitán General que fué, del Reyno de 
Valencia. — En Valencia, por Francisco 
Mestre, Impressor del Santo Tribunal de la 
Inquisición. Año 1680. 

Un vol. en 4.° doble de xxxvi-364 páginas, 
más cinco bofas de prels. 

Port. — V." en bl. — Censura del Dotor losef Bo- 
net. Valencia 3 de Abril de 1680. — Prólogo al lec- 
tor. Censura y aprobación del M. R. P. Fr. Pe- 
dro Mártir Moxes, Barcelona 20 de Diciembre 
de 1643.— Aprobación del M. R. P. Fr. Miguel 
Torbavi, de la Compañía de Jesús. Colegio de Be- 
lén, 3o de Abril de 1643. — Oración que se tuvo en 
las honras de la Venerable Madre Sor Hipólita de 
Jesús y Rocaberti. — Dedicatoria de la V. Madre 
Hipólita de Jesús á la Santísima, é individua Tri- 
nidad. — Prólogo de la Venerable Madre Hipólitade 
Jesús. — Texto dividido en tres libros. — índice de 
los capítulos. — Tabla de los lugares de la Sagrada 
Escritura. 

434. — Tratado del rendimiento del tiem- 
po perdido. Dividido en quatro libros. El 
primero trata: de la Vía Purgativa. El se- 
gundo: de la Vía Iluminativa. El tercero: de 
la Vía Unitiva. El quarto: de la Oración, y 
contemplación, según que corresponde á la 
Práctica de la Vía Unitiva. Que compvso 
por mandado de sus Prelados, y Confesso- 
res, la venerable Madre Hipólita de Jesvs y 
Rocaberti. Sale á Ivz de orden del Ilustrísi- 



60 — 

mo Señor D. F. Ivan Thomás de Rocaberti, 
su sobrino. — Valencia, por Francisco Mes- 
tre, Impressor del Santo Oficio. Año 1680. 
Un vol. en 4.° doble de 402 págs., más 
cinco hojas de prels. 

Port. — Censura et approbatio Fr. Ludovici Gar- 
zonis. Romae 28 Septembris 1676. — Censura y 
aprobación del M. R. P. M. Fr. Joseph Pastor. — 
Introducción de la Venerable Madre. — Prólogo. — 
Texto. — Tabla de los capítulos. — Tabla de los 
lugares de la Sagrada Escritura. 

435. — Tratado de los santos angeles en 
qve se explican, y ponderan las Calidades, 
Excelencias, y Ministerios, que para con los 
Hombres exercitan aquellos Celestiales Es- 
píritus. Que compuso por mandado de sus 
Prelados y Confessores la venerable Madre 
Hipólita de Jesús, y Rocaberti. Sale á luz 
de orden del llustríssimo y Excelentíssimo 
Señor D. F. luán Thomás de Rocaberti, su 
sobrino... Dedicado á los mismos Celestia- 
les Príncipes de la lerusalén Triunfante. — 
En Valencia, por Manuel Gómez. Año 1683. 

Un vol. 4.* d. de 270 págs., más seis hojas 
de prels. y 18 al final. 

Port. — Censura del R. P. Fr. Serafín Tomás 
Miguel. Valencia 22 de Agosto de i683. — Licencia 
del Ordinario. Valencia 23 de Agosto de i683. — 
Prólogo al lector. — Texto dividido en aCIII capí- 
tulos. — Tabla de los capítulos. — Tabla de los 
lugares de la Sagrada Escritura. 

436. — Tratado de las Virtudes, dividido 
en quatro libros. El primero del santo 
silencio. El segundo, de la virtud de la es- 
peranza. El tercero, de la caridad. Y el 
quarto, de las divinas alabanzas. Que com,- 
puso por mandado de sus Prelados y Con- 
fessores, la venerable Madre Hipólita de 
lesús, y Rocaberti. Sale á luz de orden 
del llustríssimo y Excelentíssimo Señor 
Don luán Thomás de Rocaberti, su so- 
brino... Dedicado por la V. M. á los muy 
venerables Padres del Yermo San Pablo, 



-^ i6 

primer Ermitaño, al Grande S. Antonio, y 
al S. Abad Hilarión y dichoso S. Onofre. — 
En Valencia, en la Imprenta de la Viuda de 
Benito Macé. Año 1684. 

Un vol. en 4.° d. de 337-90 págs., más 
siete hojas de prels., 19 en medio y 7 al 
final. 

Port. — Carta dedicatoria enderezada á los muy 
venerables Padres del yermo San Pablo, San An- 
tonio, San Hilarión y San Onofre.— Censura del 
P. Fr. Gerónimo Valle. Barcelona ig de Febrero 
de 1676.— Censura R. P. Mariini de Esparsa; 3 de 
Junio de 1676. — Traducción de la misma. — Licen- 
cia del Ordinario. Valencia 8 de Diciembre de 1682. 
Texto dividido en tres lloros; el primero contie- 
ne XII capítulos; el segundo LVII; el tercero LV. — 
Tabla de los capítulos. — índice de los textos 
contenidos en este libro. — Libro quarto. De 
las divinas a'abangas. — Tabla de los capítulos 
(son XXXIII).— índice de los textos de la Sagrada 
Escritura. 

RODA (D.* Antonia de). 

Monja cisterciense en el convento de Tu- 
lebras (Navarra). 

437. — Soneto en elogio de Felipe V: 
Tú solo eres, Filipo, el que á porfías... 

En el aliento fervoroso con que la Univer. 
sidad de Zaragoza significó su devoción y 
complacencia por el Decreto con que Inocen- 
cio XIII concedió á dicha escuela nuevas 
lecciones á Javor de la tradición de la veni- 
da deNJra s,ra ¿/g/ pUar en carne mortal. 
Obra publicada por el Maestro Fr. Tomás 
Madalena, del Orden de Predicadores. — 
Zaragoza. Año 1724. 

RODRÍGUEZ (D.* Adelaida). 

438. — Carta en respuesta al Discurso ó 
Fábula que se insertó en el Diario de 17 de 
Mayo. Madrid 17 de Mayo de 1795. 

Alude á una fábula sobre los peines de 
concha que llevaban las damas, y eran lla- 
mados por el vulgo, del gran cuerno. 



I — 



Diario de Madrid, 19 de Mayo de 1795. 
Págs. 569 y 570. 

RODRÍGUEZ (Sor Beatríz). 

Nació en Utrera, en el año 1567. A los 
27 de su edad entró en la .orden de Tercia- 
rias Carmelitas. Murió á 29 de Septiembre 
de 1623 en el convento de Utrera. 

439. — Relación de su vida espiritual. 

440. — Varios tratados místicos. 

441. — Exercicios de devoción y contem- 
plación. 

Cítalos el P. Serafín Potenza. 

RODRÍGUEZ (Sor Isabel). 

Monja en Allaríz. 

442. — Glosa á unos versos que empiezan: 

No es mucho se llame fuente... 

Fonseca, fuente fecunda 
en buena razón implica... 

Fiestas Minervales y aclamación perpetua 
de las Musas á la 7nemoria de D. Alonso 
de Fonseca, Ari{obispo de Toledo. Las con- 
sagra al Conde de Monterrey, Joseph Vá- 
rela y Vasadre. — Santiago, por Antonio 
Frays, 1697. 

RODRÍGUEZ (Sor Juana). 

Natural, según parece, de Burgos, donde 
fué casada y luego religiosa francisca en el 
monasterio de Santa Clara. 

Fué procesada por el Santo Oficio á causa 
de repartir unas cuentas que ahuyentaban 
los demonios, y jactarse de estigmatizada y 
de sacar almas del purgatorio. Su causa 
tuvo lugar en el año 1629. 

443. — Hemos visto 19 cartas suyas dirigi- 
das á D." Luisa Virgínea; todas originales 
y escritas durante los años 1629 á i^33; d 

11 



— 1 



62 



ellas habla de los favores divinos y dones 
sobrenaturales que pretendía gozar. 

Archivo de Simancas.— Papeles de la Inquisición. 

Entre otras cosas dice: 

Que la vajaban del cielo ramos de oliva el Do- 
mingo de Ramos y«que el Sr. Arzobispo de Bur- 
gos trajo a gunos destos á Palacio. 

Que el día de nuestra Señora de la Candelaria 
vajaban también velas del cielo, que las tenía dicho 
Sr. Ar9 )bispo guardadas en su escriptorio. 

Que los ángeles vajaban del cielo á encender 
las luces de su oratorio; que decían la misa vocal- 
mente, unas veces los ángeles, otras algunos sáne- 
los que reasumiendo sus cuerpos vajaban á de- 
cirla. 

Que no comió en muchos años; y en este punto 
dice el Prior de Salamanca que su marido decía 
que comía poco. 

Carta de D. Juan Adán de la Parra acer- 
ca del proceso de Sor Juana. 

M. P. Señor: 
Después de haber ajustado el memorial incluso 
en la causa de Juana Rodríguez, monja de Burgos, 
á sobrevenido la deposición de Frai Pedro de la 
Madre de Dios, tío. del Duque de Medina de las 
Torres, que duda mucho de su espíritu y da algu- 
nas rabones de hombre prudente; que juntando di- 
cha declaración con el proceso que aquí he.actua- 
do juzgo por precisso sea examinada en los puntos 
que contiene el Memorial incluso, y las demás 
personas que ay en Burgos, del mismo modo, y 
habiéndolo comunicado con su lima, le pareció á 
propósito para esta diligencia el Lie. Don Alonso 
de Liaño, Inquisidor de Valladolid, y porque esta 
de partida para la Coruña convendría se le- man- 
dase se detuviese en Burgos por seis ó ocho días. 
Y en caso que no le diese lugar la priessa de su 
visita, podría venir el Inquisidor Don Lesmes Cal- 
derón, de la Inquisición de Logroño, por no dis- 
tar más que veinte leguas Burgos de Logroño. 
V. A. mandará lo que más conuenga á su serui- 
cio. Dios guarde á V. A. Madrid, 5 de Septiembre 
de i63g. 

Lie. Juan Adán de la Parra. 

ROJAS (D.'^ Antonia de). 

Oriunda de CastilLi, si bien nacida en 
Portugal. Fué muy docta y versada en poe- 



sía. Escribió en portugués las siguientes 
obras que quedaron inéditas: 

444. — Intervalo para tristes. Historias fa- 
bulosas en prosa y verso, 

445. — Principio de las tristes tragedias de 
la Autora (verso). 

446. — Tragedia lastimosa de D." Antonia 
de Rojas en la muerte de su i!inico hijo (pro- 
sa y verso). 

447. — Origen auténtico de Nuestra Seño- 
ra de Montserrat, trasladada de prosa en 
verso. 

Damián Froes Perim. Theatro de mu-jeres illustres. 

ROJAS Y CONTRERAS 
(D.* Juana IMaría de los Dolores). 

Religiosa bernarda en el convento de 
San Quirce, de Valladolid. Nació en Tudcla 
de Duero á i5 de Julio de 1696. Fué hija de 
Pedro de Rojas y Contreras y de Juana Ba- 
rricntos. Falleció en el año lySy. 

448. — Poesías religiosas. 

Consta que las escribió, en la pág. 33 del 
Sermón abajo citado: «desahogábase tam- 
bién su enamorado espíritu, sin haber salu- 
dado el arte poético jamás, en dulces, sen- 
cillos versos á su soberano esposo.» 

Sermón histórico-panegirico en las fune- 
rales Honras, que celebró el Gravísimo Real 
Convento de S. Quirce, del Orden del G. P. 
S. Bernardo de la ciudad de Valladolid, á 
la feli¡{ memoria de la Vener. Señora Doña 
Juana María de los Dolores Roxas y Con- 
treras, Religiosa de dicho Real Convento. 
Díxole el R. P. Fr. Francisco de la Con- 
cepción. — Año de 1757. S. 1. 

46 págs en 4.°, más 21 hojas de prels. 

ROJAS Y ROCHA (D." Josefa Elvira). 

Natural de la ciudad de México y herma- 
na de D. Francisco Rojas y Rocha, quien 



compuso un poema sobre la conquista de la 
Florida por el Conde de GiUvcz y un elogio 
de Carlos IV en octavas. Ambos eran hijos 
del Dr. Rojas y Abrcu, Oidor en la Audien- 
cia de México. Dotada de excelente ingenio 
y de no común instrucción, se dedicó á la 
poesía, encubriéndose con el seudónimo de 
Jaroscharo. 

449. — Versión parafrástica de la Sequen- 
cia de la Misa de los Dolores de la Virgen 
María, ó pea el himno Stabat Mater. — Mé- 
xico. Imp. de Ontiveros. 1^03. — 4.° 

De otros versos que hizo se publicaron 
algunos en varios diarios de México. 

Bcristain de Souza, Biblioteca hispano-americana. 

ROMERO (Sol^ Bernarda). 

Monja de la Zaidia en \'alenc¡a. 

45o. — Romance á San Luis Beltrán: 
Tenéis una fe tan viva... 

Fiesta que la imigne ciudad de Valencia 
ha hecho por la Beatificación del Santo 
Fray le Luis Bertrán. — En Valencia, en 
casa de Pedro Patricio Mey. 1608. 

Págs. 313 á 316. 

Octavas: 

Benito, vuestra vida nos espanta... 

45 1. — Romance al premio [de unas Justas 
poéticas]: 

Milagro será que acierte... 

Ivstas poéticas hechas á devoción de Ber- 
nardo Catalán de Valeriola. Al Iluslríssi- 
mo y Excel entíssimo Señor Don Francisco 
de Rojas Sandoual. — Valencia: en casa de 
luán Chrysóstomo Garriz. Año 1602. 

Págs. 109 á 1 12 y I 58 á 161. 

ROMERO Y CANCELADA 
(D.'"* AL\RÍA DEL Rosario). 

452. — Carta al Editor del Correo literario 
de Murcia, en que se defiende de haber 



63^ 

I usurpado algunas traducciones del francés 
á D." María Josefa de Ribadeneyra. 
Valladolid, 4 de Abril de 1794. 
Correo literario de Murcia, tomo VI, 
págs. 249 á 255. 

RORETAS Ó ROSERES (Isabel). 

Natural de Barcelona, en cuya Catedral 
se dice que predicó. Durante el Pontificado 
de Paulo IIÍ fué á Roma, donde disputó con 
los judíos y convirtió algunos de ellos. 

Comentó las obras de Juan Duns (Scoto) 
delante de varios .Cardenales. 

Cnf. Elogio de las mujeres beneméritas 
por un amante desinteresado. — Madrid, año 
i8o5. 

ROS DE JESÚS (Sor Rufina). 

Nació en Orihuela á 5 de Febrero de i658. 
Ingresó en la Tercera Orden de San Fran- 
cisco á 25 de Marzo de i6»i y murió en el 
año 1697. 

463. — Relación de su vida. 

454. — Poesías para la noche de Navidad. 

D. Vicente Orti publicó una biografía de 



esta religiosa. 

ROSA (Sor María). 

Religiosa capuchina en el convento de 
Madrid. 

Habiendo fundado el convento de Lima 
D. Juan González de Santiago, Fiscal de 
aquella Audiencia y luego Obispo del Cuzco, 
dotólo con rentas y solicitó que fuesen varias 
religiosas de Madrid. Sor María Rosa obtu- 
vo el cargo de Priora del nuevo monasterio. 
Salieron de la Corte las fundadoras á 3 de 
Enero de 1 710 y se embarcaron en Cádiz; el 
navio en que iban fué apresado por los ho- 
landeses á 26 de Marzo, quienes las dejaron 
en Lisboa. De nuevo se hicieron á la vela en 



el puerto de Santa Mari'a, y arribadas feliz- 
mente á Buenos Aires, emprendieron el viaje 
á Mendoza. 

Después atravesaron los Andes, y desde 
Valparaiso navegaron al Callao. 

Luego que en Lima se supo nuestra llegada, 
no hay ponderación ni palabias que puedan ex- 
plicar el regocijo lan general que todos tuvieron, 
que como ainaban tanto á esta santa casa, por la 
gran virtud que en ella se había practicado siem- 
pre, cada uno se miraba participante en este gus- 
to. Fueron muchos de lodos estados al navio, á 
darnos la bienvenida, y para sacarnos de él, el 
Sr. General D. Jorje de Villalonga, Conde de la 
Cueva, y hoy Virrey de Santa Fe. Esie caballero, 
por orden del Sr. Virrey, nos tenía prevenido 
Jiospicio en el palacio que tiene S. E. en el Callao. 
Fueron algunas señoras, las primeras de esta ciu- 
dad, con las que entramos en la barca; hicieron 
gran salva y pusieron todos los navios con ga- 
llardetes. 

Tuvo lugar la inauguración del convento 
el 14 de Mayo de 1713. 

Sor María Rosa falleció pocos años des- 
pués, antes del 1722. 

455. — Relación del viage de las Religiosas 
capuchinas que salieron del combento de Ma- 
drid á fundar el de Jesiís, María y Joseph en 
esta ciudad de Lima con los demás sucesos 
de la fundación de dicho Monasterio; cuyos 
apuntes dejó la Madre Sor María Rosa, una 
de las cinco fundadoras que vino de Prelada 
y ordenó y dispuso, añadiendo algunas cosas 
posteriormente acontecidas, la M.^ Sor Jose- 
pha Victoria, confundadora. Año de 1722. 

Ms. del siglo xviii; 208 hojas en 4.° encua- 
dernado en pergamino. 

Bibl. Nac— Mss. Ce. 2by. 

Cap. L — De algunas cosas que precedieron antes 
de conseguir la licencia para la fundación y cómo 
se consiguió y fueron nombradas las Religiosas. 

Cap. 11.— Del nombramiento de las Religiosas y 
viaje de el Señor Obispo para ello. 

Cap. III. — De cómo salimos de la clausura y la 
forma como nos entregó el Señor Obispo á nues- 
tro Padre D. Joseph Fausto Gallegos. 



164 — 

Cap. IV. — La salida de Toledo, despedida de su 
Ilustrísima y otras cosas que sucedieron hasta 
llegar á Andújar. 

Cap. V. — Cómo llegamos á la ciudad de Andú- 
jar y fuimos hospedadas en el convento de Ma- 
dres Capuchinas. 

Cap. VI. — De lo que sucedió hasta que llegamos 
á Cádiz. 

Cap. VII. — De todas las cosas que sucedieron 
hasta que fuimos prisioneras y nos llevaron á 
Portugal. 

Cap. VIII. — De las dificultades que hubo para 
desembarcarnos y en la forma que se executó. 

Cap. IX.— Cómo el Rey nos envió á visitar y 
de otras cosas que sucedieron hasta salir de 
Lisboa. 

Cap. X. — De la salida de Lisboa y lo que para 
ella se ofreció hasta llegar á Yelves. 

Cap. XI — La salida de Yelves y entrada en Ba- 
dajoz. 

Cap. XII. — De lo que sucedió hasta que volvi- 
mos al Puerto de Santa María y nos embarcamos 
segunda vez. 

Cap. XIII. — De la llegada á Buenos Ayres y de 
otras cosas que sucedieron en aquella ciudad. 

Cap. XIV. — La salida de la chácara y todo lo 
que pasó hasta llegar á Mendoza y en la cordillera. 

Cap. XV. — De la entrada en Santiago de Chile 
y lo que nos favoreció el Señor Obispo D. Luis 
Francisco Romero, y toda la ciudad, y la llegada 
al Callao. 

Cap. XVI. — La salida del Callao y entrada en la 
ciudad de Lima. 

Cap. XVII. — De lo que sucedió hasta efectuarse 
la fundación. 

Capitulo XIV. 

lia salida de la chácara, y todo lo que pasó hasta 

llegrar á Mendoza, y en la cordillera. 

En las trescientas leguas que hay desde Buenos 
Aires á Mendoza, para caminarlas coa alguna 
comodidad se hicieron muchas prevenciones, de 
la misma forma que si fuera embarcación, pues 
está toda aquella tierra tan desamparada de ha- 
bitadores, que ni agua se encuentra para beber, 
y en algunas partes con tanto extremo que los 
bueyes y caballos mueren muchos de sed, y por 
esta causa llevan gran número de estos animales, 
porque toda esta tierra es tan abundante de ellos, 
que sin dueño ninguno andan por los campos 
muchas tropas. 

Salimos de la dicha hacienda día 3o de Octubre, 
acompañadas del Señor Obispo que dejo mencio- 



i65 — 



nado, y su hermano, que era actual Guardian, y 
ahora Provincial, y el otro hermano dueño de la 
hacienda, con su esposa D.^María Castellanos, que 
todos á porfía nos asistieron y rej^alaron con lar- 
gueza. También nos acompañaron los capitanes 
y capellanes de nuestros navios, y estos últimos 
caminaron i6 leguas, con tan poca gana de 
deja; nos que no acertaban á volverse, pues había 
ya casi un año que nos habíamos comunicado; y 
esto y lo mucho que les debíamos nos obligaba á 
extimarlos como merecían sus prendas, de lo cual 
estaban tan agradecidos, que así en la embarca- 
ción, como después en la ciudad, nos visitaban 
contínvam^'nie y nos decían misa todos los días, 
y por no faltar de nuestro oratorio, como tenían 
obligación de ir á decirla los días de fiesta á los 
navios, enviaban religiosos que lo hiciesen. 

Cuando lle^ó la hora de despedirnos, fué gran- 
de el sentimiento de una p:írie y de otra; pero 
decían, por su grande devoción, que se alegraban 
de pasar este dolor, por el consuelo que habían 
tenido en habernos tratado. ¡Dios, por su miseri- 
cordia, los colme de bienes espirituales en re- 
compensa de lo mucho que hicieron por sus po- 
bres esposas! Llamábanse el uno D. Domingo de 
Ornasabal; éste, vizcaíno; y el otro, D. Juan de 
Vidaurre, navarro; ambos sacerdotes. Los capita- 
nes, el primero era D. Joseph de Ibarra, que era 
el comandante; y el otro D. Joaquín de Trivíño. 
Estos y D. Miguel de Subiegui, que era Maestre, 
nos preveyeron, luego que llegamos á Buenos 
Aires, de lodo lo necesario para una casa, y cuan- 
do llegó la partida hicie on lo mismo para el viaje, 
dándonos mucha ropa de mesa, vajilla de peltre* 
especias, y en fin, cuanto les fué posible. ¡El Se- 
ñor se lo premie haciéndolos muy santos y nos 
dé el consuelo de que le gocemos juntos por una 
eternidad! 

El carruaje que llevábamos para esta jornada 
e"a muy numeroso, porque nuestro Padre, como 
ya sabía los parajes tan solos que son, traía de Es- 
paña once personas, que con la esperanza de que 
en las Indias luego enriquecen, se vinieron con su 
merced y les costeó embarcación y todo lo demás. 
Estos nos consolaban mucho, porque todos eran 
gente muy honrada y que si se ofreciera algún 
trabaj > de salir indios gentiles, nos defendieran. 
Venían doce carretas: una de bizcocho; otra con 
pan y gallinas; otras con leña; otras con muchos 
cajones; esto era todo de solo nuestro Padre; que 
del General del mar del Sur y el Vizconde de Mi- 
raflores venía otro tanio; fuera de esto era grande 
la cantidad de bueyes para ir remudando, y vacas 



para comer; muchas yeguas y caballos, y para 
cuidar de esto tanta gente que cuando nos juntá- 
bamos parecía una ciudad. 

Entramos en nuestra carreta, que el andar en 
ella es sumamente molesto por el espacio con que 
caminan los bueyes, que por su mucho aguante 
son los animales que escogen para este efecto. 
Cuarenta y un días que duró casi dormimos sen- 
tadas, porque las cuatro, aunque cabíamos bierí, 
no para extendernos, y allí no hay más cama ni 
posada que las carretas. 

Guardábamos esta orden; por la mañana nos 
decía misa nuestro Padre y daba la comunión 
como siempre; esto se hacía debajo de la tienda de 
campaña, y todas las noches la dejaban puesta. A 
medio día hacían parada y nos bajábamos de la 
carreta, y para guardarnos del sol nos poníamos 
debajo de ella; ahí rezábamos, porque con los 
golpes del carretón nos era muy molesto. En el 
interior hacían la comida, con tanta prisa que 
ordinariamente costaba gran trabajo comerla, 
porque en dos ó tres horas mataban las vacas y 
gallinas y lo guisaban; que otras conveniencias no 
se pueden conseguir en tales funciones. A la no- 
che sucedía poco menos, pero todo se pasaba con 
gran gusto por amor de Dios. 

En todo este camino no hay árboles, ni lugares, 
y sólo se encuentra cada treinta ó cuarenta leguas 
alguna estancia, y los moradores de ellas salían 
en sabiendo que pasábamos por allí, y se me 
figuraban los pastores del Nacimiento; cada uno 
con su ofrenda, y venían con gran anhelo á oir 
misa, que algunos había años no lograban tal 
fortuna. Es gran lástima ver esta pobre gente, 
que siendo cristianos viven y mueren como que 
no lo fueran, pues en vida ni confiesan, ni comul- 
gan en muchos años, y cuando mueren es sin 
asistencia alguna espiritual, y los entierran en 
aquellos campos, que por esto están con muchas 
cruces en varias partes, y lo peor es que los hijos 
se crían sin saber la doctrina cristiana, con suma 
ignorancia de toda virtud. 

En este camino hay muchas víboras; pero Dios 
nos libró, como también de tigres, que nos decían 
andaban por aquel campo. Y un día sucedió una 
cosa que me causó gran ternura, y fué avisarnos 
que en tana de aquellas estancias estaba un pobre 
hombre á la muerte, de una mordedura de estos 
animales y no había quien le curase alma ni 
cuerpo. Recibimos gran pena con esta noticia y 
procuró nuestro Padre saliésemos muy temprano 
para, si era posible, dar algún socorro á aquel 
pobre. Llegamos y nos dijeron que ya tenía un 



i66-- 



religioso de mi padre San Francisco, que habían 
traído de veinte leguas de allí, quien le confesó, y 
después nos dijeron misa y le llevaron la sagrada 
Comunión, con tal acompañamiento que fué una 
admiración, pues parecía poblado, con tantas 
luces y caballeros como iban. El enfermo quedó 
tan consolado con esta visita, y tan socorrido en 
lo temporal, que en breves días nos avisaron 
había salido del riesgo. Luego nos trajeron una 
mano del tigre, (que tuvieron forma de matarle,) 
que es cosa espantosa; la hechura como de galo; 
cada uña parece una navaja. ¡Gracias al Señor 
que nos libró de tanto riesgo! 

•También hay muchos avestruces, que son 
grandísimos, y los muchachos nos traían los hue- 
vos para que viésemos su grandeza, que me pare- 
ce pesa cada uno libra y media ó dos. Lo mismo 
hacían con los huevos de las perdices, que hay 
muchas en todo eso de Buenos Aires, y de tal 
magnitud, que son como pollas de leche; no por 
eso deja de haber pequeñas como las de España. 

Los Padres de la Compañía en todas partes nos 
favorecieron, y así, en esta nos sucedió una cosa 
que la tuvimos á singular providencia del Señor. 
Pues un día, estando ya muy adelante de nuestro 
viaje, vinieron dos carretas de una eitancia de di- 
chos Padres, que el procurador de ella venía con 
provisión de vino, carneros y leña; esta fué la que 
más se estimó, por haberse acabado la que iraia- 
mos, y dijo el santo religioso que hallándose falto 
de leña y sabiendo que habíamos de pasar por allí, 
discurrió que tendríamos la misma care.-»tía, y ha- 
bía hecho desbaratar un corral y cargar la carreta 
con él; ¡Dios se lo pague! Era muy santo, y así se 
lo inspiró nuestro Señor que siempre nos ha cui- 
dado sin merecerlo, como sucedía con el agua, 
que cuantos tenían noticia de que nunca nos faltó, 
alababan á Su Majestad y decían que jamás ha- 
bían experimentado tal abundancia. 

Cada día encontrábamos con muchos indios 
bárbaros que iban en sus caballos (que allí es 
muy fácil tener cuantos quieren); ellos eran tan 
feos que á no venir tan bien guardadas nos cau- 
saran gran horror. Los más estaban desnudos, 
que parecían unos enemigos; nuestro Padre hacía 
les diesen de comer y con especialidad los proveía 
de pan ó bizcocho, que es el mayor regalo que 
allí pueden lograr, pues ni aun lob españoles que 
viven en las estancias comen sino carne á todas 
horas, sin ver el pan de sus ojos. 

Llegamos á un paraje que en sus tiempos fué 
ciudad, llamada la Punta; pero ya, aunque se ha 
quedado con el nombre más parece arrabal, que 



sólo tiene cuatro ó seis casas tan ridiculas, que 
nos quedamos en el carretón por no haber donde 
hospedarnos. El cura era muy siervo de Dios y 
sintió mucho no tener forma de festejarnos como 
deseaba; nos llevó á la iglesia, adonde descubrió 
el Santísimo; cantó la misa, y la música fué una 
guitarra, á la cual cantaron sus ciertas coplas, que 
fué menester considerar en lo que estábamos, para 
no reír mucho; el santo sacerdote nos regaló con 
lo que pudo. ¡Dios le perdone, que ya he sabido 
murió de repente! 

Proseguimos á Mendoza, adonde nos esperaba 
el señor vicario D. Antonio Scpúlveda y Leyva, 
persona de grand s prendas de virtud, letras y no- 
bleza, y así se portó como quien es, y con su li- 
beralidad no nos dio lugar á experimentar las es- 
caseces que los Padres de la Misión nos hab.an 
dicho padecían, que ni pan suficiente podían con- 
seguir. Pero este santo caballero, con su gran dis- 
posición hizo no nos faltase el pan, y principal- 
mente lodo el tiempo que allí estuvimos, y el pri- 
mer día nos dio una comida muy espléndida, y el 
segundo hizo lo 'mismo la señora Gobernadora 
D.'"' Luisa Pedraza. Estos dos sujetos nos asistie- 
ron mucho, y bien fué menester su gran devo- 
ción, porque es tierra muy pobre; y así las casas 
son trabajosas. En la que estuvimos, como estaba 
sin enladrillar, ni blanquear, entre los adobes de 
las paredes se criaban unos animales como chin- 
ches, pero tan distintos en el tamaño, oue cada 
uno es como cuatro ó seis de los de España. Es- 
tos, de día no se ve ninguno; pero por la mañana 
amanecíamos llenas de ro; chas, y como ignorá- 
bamos el motivo, nos parecía ser abundancia de 
sanare, hasta que con la experiencia de la tierra 
aprehendimos á nuestra costa á buscarlos. Tam- 
bién h y gran cosecha de ratones que, sin ponde- 
ración, son como conejos, y mslian tanta bulla 
en los techos, que no. dieron muy malos ratos. 

El tiempo en que estuvimos aquí ya era de mu- 
cho calor, y como nos iban á ver tantas personas 
y no era como en los convento^,, que en echando 
una cortina en el locutorio nos quitábamos del 
trabajo del velo, aquí no sucedía así; ant-'s era 
menester estí-r con ellos lodo el dia con gran fa- 
tiga. Quiso Dios no fuese sino diez y siete ó diez 
y ocho días, en los quales envió nuestro Padre á 
Chile por sillones y muías para que pasásemos la 
cordillera, que son más de setenta leguas las que 
hay desde esta ciudad á la de Santiago. Este ca- 
mino fué el más pc:-.osj para nosotras, y especial- 
mente para mí, que no sóio no había montado en 
caballería ninguna, pero ni jamás había visto mu- 



— i 6; 



jeres en ellas; luve bien que ofrecer á Dios sacrifi- 
cando mi vida. 

Llegó ia hoTa de salir, y para que nos pusiesen 
en las muías y no fuese necesario cargarnos los 
hombres, hizo nuestro Padre una como andita, 
que tomándola por los palos nos levantaban, y 
no'Soiras nos acomodábamos con gran facilidad; 
esto mismo hacían para bajarnos. 

Fuimos caminando acompañadas del Vizconde 
de iMiraflores, quien siempre desde España fué 
nuestro compañero. Era un caballero muy mo- 
desio y santo, y venía por corregider de Guaman- 
ga, dunde estuvo algunos años, y habrá como 
dos, que, habiéndose casado, á pocos días murió 
en la ciudad del Cuzco; espero en el Señor es sa.- 
vo, porque siempre le observé gran virtud. Tam- 
bién nos acompañaran en este viaje dos Padres de 
la Compañía, quienes con nuestro PaJre nos de- 
cían mis .; que en todas partes, aunque fuera con 
poca comodidad, procurábamos oiría y comulgar. 
Como no estábamos hechas á andar en muía, ni 
á que nos diese el sol, fué grande la penalidad que 
padecimos con uno y otro; que el primer día nos 
ocasionó tanta novedad que llegamos malísimas 
á una ermita ó casa que estaba antes de entrar en 
lo áspero de los cerros, que en todas las cuatro 
leguas que dejo dichas no se ve otra cosa. 

Aquí nos detuvimos un día porque dos de mis 
compañeras, á una le dio un recio crecimiento, v 
á ,a otra se le hinchó la cara notablemente; todo 
el día se fué en curarlas con defensivos y otras 
cosas, y proseguimos en nombre de Dios como 
quien iba en el Purgatorio, porque aunque son 
parajes tan fríos que por la mucha nieve no se 
pueden pasar sino en tiempo de gran calor, por- 
que totalmente se cierra el camino, con ser esto 
asi, son tantas las quebradas y tan empinados los 
cerros que está como encajonado, y pega el sol 
con tal fuerza que es corta toda ponderación. 
Sólo por amor de Dios se puede pasar, porque en 
un instante nos hallábamos en lo alto de un ce- 
rro, con un ai;e que nos mataba de frío, y de re- 
pente entrábamos en unos callejones á tomar su- 
dores. Esta contradicción de temples nos motivó 
á despellejársenos las caras y manos, que pare- 
cíamos quemadas. Los sustos de pasar repetidos 
ríos, no hay como decirlo, pues sólo quien lo sabe 
puede dar crédito. Los despeñaderos son tan con- 
tinuos que todo el día es menester ir recomendan- 
do el alma, porque solo milagrosamente salimos 
con bien, y á visra nu:3tra nos su:ed:cron h:.rt'.s 
desgracias; porque en des.izándos:: un pii d? laj 
caballerías, no l:cr,e c3:neá¡o, que llegan despeña- 



das y caen en un río que parece guarnición de 
todo este camino, según !e rodea todo. 

De mis madres compañeras, las que más dába- 
mos que hacer, era la Madre Bernarda y yo, por 
malas jinetas, y á mí se me agregaba el ser tan 
gruesa que las muías luego se cansaban y con su 
instinto conocían mi poca habilidad, y en varias 
ocasiones ¡me sucedieron grandes sustos y me vi 
en graves peligros de la vida: pues una vez, junto 
á un despeñadero se echó la muía, y se iba á re- 
volcar sobre mí, que sino permite Dios que nues- 
tro Padre hubiese venido tan inmediato, me hace 
pedazos. En otro di tan grande caída que me las- 
timé lodo el cuerpo, principalmente los pies y las 
rodillas, que di sobre unas pi:dras muy grandes. 
Fuera no acabar si hubiera de decir lo que aquí 
padecí; ¡el Señor lo reciba por su misericordia! 

En todo el'camino encontramos multitud de 
cruces, de los muchos que han quedado allí 
muertos con el rigor de! frío, y poco antes de pa- 
sar nosotras había sucedido con tres hombres que 
se helaron, y aun vimos algunos vestigios de los 
vestidos que llevaban. Con este temor y sabiendo 
nuestra desnudez, intentaron y nos aconsejaron 
personas doctas y santas, nos pusiésemos medias 
y alguna forma de más abrigo, porque aún con 
todas las prevenciones que llevan los seglares se 
han visto mil desgracias, sin saber cómo se les va 
introduciendo el hielo en los huesos, y riendo, al 
parecer, se quedan pasmados. Nosotras, con la 
confianza en el Señor y por no hacer novedad en 
nuestro traje, nada quisimos admitir y pasamos 
por entre muchísima nieve, que casi nos daba á 
los pies, por un lado y otro de la muía, y no nos 
hizo ningún daño. 

El día más riguroso, que es la subida del últi- 
mo cerro, con legua y media de cuesta, que los 
animales se rinden, rodaron desde lo más alto, 
perdiéndose, mucho de libros y otras cosas; que 
ese consuelo nos dio nuestro Señor, que ninguna 
persona se maltratase, habiendo sido muchas las 
cargas que cayeron. Esta subida es penosísima; 
toda ella fuimos clamando á nuestro Señor, sin 
atrevernos á mover la cabeza por no desvanecer- 
nos; está todo como en ondas, y las muías tan 
enseñadas, que no hay que llegar á ellas, pues 
como si fueran racionales van descansando • en 
cada e. quina, y luego por sí vuelven á caminar. 
Este día, viéndonos ya en la eminencia del ce- 
rro que es el mayor de todos los que hay en las 
s.tenta leguas, dije á los arrieros que podíamos 
alií descansar un poco. Ellos, haciendo fiesta, di- 
jeron: no r.?.be, Madre, donde está; quede repente 



— I 



68 



se levantan unas tempestades de nieve y viento, 
que cae tanta que se cierra el camino; y así no 
quisieron esperar nada más, y á los que venían de- 
trás les sucedió lo que el arriero me dijo. 

Encontramos unos cajones en este sitio, adonde 
la Generala del mar del Sur deJQ escrito, para 
cuando nosotras pasásemos, lo que á ella le había 
sucedido. Esta señora fué tan animosa por una 
parte, y tan cobarde por otra, que de miedo de 
los ratones y otras sabandijas de Mendoza no 
quiso esperar su parto en aquella ciudad, y la 
cogió en medio de la cordillera, debajo de la tien- 
da de campaña, donde estuvo algunos días hasta 
que pudo proseguir en breve tiempo á Santiago 
de Chile. Volviendo á lo de los cajones, me admiré 
mucho los dejasen allí sin dueño, y me dijeron 
que había excomunión para que nadie tomase 
cosa alguna de lo que allí se encuentra, porque 
los pasajeros cuando les coge algún temporal y 
no tienen tiempo de salvar los bienes, se contentan 
con librar sus personas y dejan para otro las 
cargas, porque en cerrándose de nieve los cami- 
nos, como ya he dicho, no hay remedio hasta 
otro año. 

Muchos de los pasos mas peligrosos los pasá- 
bamos á pie, con el Credo en la boca, que nos 
espantábamos hubiese personas que se pongan en 
tales peligros por ningún motivo humano, sino 
sólo por la gloria de Dios; pues así en los muchos 
ríos, como laderas, cada día hay más de veinte ó 
treinta riesgos de perder la vida. ¡Bendita sea la 
bondad del Señor que nos sacó con tanta felicidad 
que se espantaban los arrieros y decían que jamás 
habían pasado con tiempo tan benigno aquellos 
pasos tan rigorosos! 

Víspera de la Natividad del Señor tuvimos la 
Noche Buena á modo del desamparo de Belén, 
porque nos cogió la tarde en una ladera que lla- 
man el Salto del Soldado, que es tan sumamente 
peligrosa que aunque nos decían que mirásemos 
al río, no nos atrevíamos ni á mover los ojos, 
temiendo que de sólo volverlos nos habíamos de 
despeñar. Este nombre le dimana de un suceso 
que aconteció con un soldado, el cual habiéndose 
huido venía en su seguimiento su jefe; y viéndole 
ya muy inmediato, temiendo más su ira que perder 
la vida, dio un salto de un cerro á otro, dejando en 
medio el río, que es muy caudaloso y tan profun- 
do que daba horror el oirle. Es un asombro que un 
hombre pudiese, sin especial milagro, hacer cosa 
tan inaudita, de la cual hay perpetua memoria. 

Salimos de este mal paso, que nos duró el día 
tanto como él, y llegamos á un campito que lla- 



man de los Durarnos. Aquí se puso la tienda, -y 
como en nuestra Religión acostumbramos ce'e- 
brar mucho el misterio del Nacimiento, dimos 
gracias al Señor nos diese esta ocasión para cele- 
brarle más al vivo, y pusimos un altar con Jesús, 
María y Joseph, y las luces que pudimos. Encen- 
dieron hogueras y los caballeros que nos aco'm- 
pañaban sacaron su guitarra y dieron música al 
Niño Dios; y asi se pasó la noche con gran rego- 
cijo. Por la mañana nos dijo nuestro Padre las 
tres misas, como si estuviéramos en nuestro con- 
vento, y comulgaron muchos, que esa fué la 
mayor celebración. 



ROZAS (D.* Ana Teresa de). 



456.- 
Aliaga: 



-Romance en elogio del Padre Luis 



El alférez de la Iglesia 
y de la Fe protector 
tercer Filipo en Castilla 
y secundo en Aragón... 

457. — Glosa: 

Fernando cela y propaga... 
Con su sacrificio Elias 
que de Dios la causa trata... 

Luis D{e¡{ deAux. Compendio de las fiestas 
que ha celebrado la imperial ciudad de Qa- 
ragoga... en honor de fray Luys de Aliaga. 
Zaragoza: por Juan de Lanaja. Año 1619. 

Págs. \bj y i58. 

RUBIO (D.^ Serafina). 

453. — Tres producciones plebeyas, en que 
los editores de la Crónica Científica y Lite- 
raria verán sacadas á plaza su crítica des- 
treza y su buena fe, sin que por eso se co- 
rran. — Cádiz. En la Imprenta Gaditana de 
Don Esteban Ricardo. Año de 181 8. 

Cuatro hojas en 4.° 

Doña Serafina defiende en dos cartas el 
juicio que había formado de la tragedia Elie- 
i{er y Neftalí, arreglada por una dama ga- 
ditana, en cuya casa se representó; el len- 
guaje es acre en extremo. 




— i6q 



RUIZ (Sor Beatriz Ana). 

Profesa dé la Tercera Orden de San 
Agustín. 

Nació en la villa de Guardamar, diócesis 
de Orihuela, á 29 de Enero de i6b6. 

Fué hija de Pedro Ruiz y de Juana Ana 
Guill. Á los catorce años de su edad contrajo 
matrimonio con Pedro Celdrán, y fallecido 
éste se casó por vez segunda con un marido 
celoso: 

La comida que le díva eran palos, y la bevida 
lágrimas y suspiros. Vestíala de unos rotos andra- 
jos, por cuya desnudez perdía la misa los días 
festivos. La hazía exercitar en guardar puercos 
con su hijito; iva por los montes á pie descalco, 
que llegó á hazer callos en sus pies, que las pie- 
dras y punidas no sentía, ni la dañavan (i). 

A los 33 años quedó viuda con tres hijas y 
y un hijo, viéndose despreciada de amigos y 
parientes y aborrecida hasta por los sacer- 
dotes. Miguel Pujalte, Secretario del Ayun- 
tamiento de Guardamar, quien movido de 
compasión la socorría, fué acusado falsamen- 
te de mantener con ella ilícitas relaciones 
y perseguido por esta causa. Uno de los ma- 
yores prodigios que hizo fué asistir en espí- 
ritu á la batalla de Almansa, donde contri- 
buyó poderosamente á la victoria de Feli- 
pe V. Murió á 26 de Julio de i-35. ToJa la 
villa de Guardamar, desengañada del error 
en que haba estaJo, la aclamó por santa y 
la consagró magníficos funerales. 

El sermón de sus exequias fué pronunciado 
por Fr. Matías Boix.— Impreso en Orihuela, 
por Francisco Cayuelas, año 1735. — En 4.° 

Mosén Pujalte escribió un Resumen de la 
vida y virtudes de la Ven. Beatriz Ana Rui¡{, 
que luego fué publicado por Fr. Tomás Pé- 
rez. Como Sor Beatriz no sabía escribir, dic- 
tó á Miguel Pujalte las siguientes obras: 



(i) Fr. Tomás Pérez, pág. 9. 



I 459.— Doctrinas ó revelaciones doctrinales 
para provecho de las almas, enmienda de 
los vicios y aumento de las virtudes. Pu- 
blicadas con largos y fastidiosos comenta- 
rios en la 

Vida de la Venerable Madre Sor Beatriz 
Ana Rui^, Mantelata Profeasa de la Orden 
de A\ G. P. S. Agustín y Doctrinas, ó Mis- 
tica Simbó'ico-Práctica que le reveló el Se- 
ñor, como farol preciso en estos tiempos, para 
entrar, y correr los caminos de la christiana 
obligación y devoción, sin tropezar en la ilu- 
soria quietud de Motinistas, y Jal sos Alum- 
brados; con el bien regulado uso de servidos, 
y potencias, humanado con ameníssitna sen- 
sibilización, que le hace perceptible, y útil, 
y dulcemente practicable. Reflexionadas por 
el R. P. M. Fr. Thomds Pére^. — Valencia, 
por Pascual Garc'a, año 1744. 

Un vol. en 4." d. de 686 págs., más 17 ho- 
jas de prcls., con un retrato de Sor Bea- 
triz Ana. 

Port.— Al Illmo. y Rmo. Sr. D. Andrés Mayo- 
r,il y Carranza, Arzobispo de Valencia, Fr. Tomás 
Pérez. — Aprobación de Fr. Nicolás Calot y Fr. Ni- 
colás Lorca. Valencia, 7 de .Marzo de 1744. — Li- 
cencia del Provincial Fr. Diego Beyra. Barcelona, 
20 de Febrero de 1744.— Censura de Fr. Francisco 
Vidal y Mico. VaL'ncia, 12 á¿ Ma'zo de 1744. — 
Censura de D. Salvador Sanz de Valles. Valen- 
cia, 20 de Octubre de 1743. — Aprobación de los 
RR. PP. Prior y Lectores de Teología del Colegio 
de San Felpe, de Carmelitas descalzos de Valen- 
cia, Valencia, 22 de Febrero de 1744. — Fe de erra- 
tas.— Prólogo. — índice de los capítulos. — Retrato 
de Sor Beatriz. — Texto. — índice de las cosas no- 
tables. 

Redúcese este libro á una serie de visio- 
nes, alegóricas las más de ellas, interpreta- 
das moral ó m'sticamente. El estilo es fácil, 
claro y aun en ocasiones elegante; abundan 
los pensamientos ingeniosos. En él demos- 
tró Sor Beatriz que no era una mujer vul- 
gar y sí de inteligencia nada común; mere- 



ciendo más alabanzas sus obras por tratarse 
de quien ninguna instrucción había recibi- 
do. Muchos fragmentos de sus visiones po- 
drían figurar dignamente en una Antología 
piadosa. 

Consideramos probable que Alosen Pu- 
jaltc, á quien Fr. Tomás Pérez llama otro 
Baruch, hizo algo más que copiar lo que le 
dictaba Sor Beatriz Ana. 

460.— Para la Madre Priora del convenio 
de Religiosas de San Sebastián, Orden de 
nuestro Padre San Agustín de Orihuela. De 
una humilde esclava del Señor. 

Contiene una visión del purgatorio, donde 
vio muchos religiosos y religiosas atormen- 
tados por los<iefectos que explica en nueve 
décimas. 



Publicólo el P. Tomás Pérez, págs. 109 
á 1 1 1. 
461. — Poema de la Pasión del Señor. 

Jesucrisío en el huerto 

reparu'ó flores 
derramando su sangre 

por pecadores... 

Publicado por Fr. Tomás Pérez. Obra ci- 
tada, lib. I. cap. XXXI, págs. 11 1 á 114. 

462. — Versos compuestos en sus raptos. 

Hay algunos de ellos en el libro del Padre 
Pérez. 

Los manuscritos originales se conservaban 
en el convento de agustinas de Orihuela, con 
el Resumen de Mosén Pu;alte, y una copia 
auténtica de todo en el archivo de la villa de 
Guardaniar. 



s 



SABUCO DE NANTES (D/"^ Oliva). 

Pocos ejemplos corno este se ven en la 
Historia literaria, de una gloria ficiicia que 
se evapora ante la luz derramada por los 
documentos. La sabia cuyo nombre pasó 
nuestras fronteras, cual precursora de noví- 
simas ¡deas, ha quedado reducida á una 
mujer vulgar y aun pequeña moraimente, 
pues consta con certeza que no escribió la 
Nueva Filosofía ni la Vera Medicina, según 

10 ha probado el estudioso registrador de la 
propiedad de Alcaraz, D. José Marco Hi- 
dalgo (i). 

En una escritura de poder otorgada en 

1 1 de Septiembre de 1 587, á favor de Alonso 
de Sabuco, por Miguel Sabuco, este se llama 
autor del libro inlilulado Sueva Filosojia, 
padre que soy de Doña Oliva, mi hija, á 
quien puse por autor sólo para darle la lion- 
era y no el provecho ni interés. Y en su tes- 
tamento, hccito en Alcaraz á 20 de Febrero 
de i588, se halla una clausula aun más ter-, 
minante: 



(i) Doña Ollv.i de r.xt::ci no fué escriU r.t. Esliutirs 
para /.i. Ilisti ría <ic l.i ciud.i.i de AlCJraí^. (r.cvist.! di 
Arcliivos, liibliutícas y Mussos, año iO-;3, tomo II, f-'c.'" 
ñas I á 13.) 



ítem, aclaro que yo compuse un libro yniitu- 
lado Nueva Filosofía, ó norma, y 01:0 libro, que 
se ymprimieron, en ios qualcs todos puse ó pongo 
por autora á la diciía Luisa de Oliva, my hija, 
solo por darle el nombre é la onrra, y reservo el 
fruto y probecho que resultare de los dichos li- 
bros, para my, y mando á la dicha mi hij;i Luisa 
de Oliva no se entremeta en el dicho privilegio, so 
pena de mi maldición, atento lo dicho; demás 
que tengo fecha ynformación de como yo soy el 
autor y no elia. La qual ynform&ción está en una 
scriptura que pasó ante Villarrea!, scribano. 

Con los documentos hallados por el señor 
Marco se explica esta ficción literaria. El 
cariño irreflexivo de Miguel Sabuco le llevó 
á poner el nombre de su hija al frente del 
libro, queriéndola hacer famosa y admirada 
por su talento. Casado más adelante en se- 
gundas nupcias con Ana García, de la cual 
tuvo un hijo, vinieron las discordias con 
D." Oliva, y ésta quiso apropiarse del todo 
la Nueva filosofía, no contenta con la hon- 
ra y fama que su padre le había dado, moti- 
vando las informaciones á que alude Miguel 
Sabuco, y las palabras citadas de su testa- 
mento. 

El Sr. Marco se inclina á pensar que el 
tratado de Vera Medicina es obra del doc- 
tor Alonso de Heredia y no de Miguel £a- 



172 — 



buco; opinión que juzgamos poco probable 
y nada conforme con las palabras del últi- 
mo, quien recaba para sí la Nueva Filosojía 
y otro libro impreso, libro que debe ser la 
Vera Medicina. 

Con ser tan decisivos los documentos ex- 
tractados, hay en ellos una dificultad cuya 
solución ignoramos, y es el decir Miguel 
Sabuco que el privilegio para imprimir la , 
Nueva Filosofía estaba dado á su nombre, 
siendo así que ya en la primera edición se 
halla á favor de D.^ Oliva. El Sr. Marco re- 
suelve la cuestión diciendo que Miguel Sa- 
buco hizo uso del privilegio como represen- 
tante legal de su hija, menor.de edad en 
aquella fecha; más esta explicación no es 
convincente. Acaso estuviese realmente ex- 
pedido á favor de Miguel Sabuco y se cam- 
bió el nombre en la edición, sabiendo que 
el oficio de corrector era casi siempre una 
fórmula, pues raras veces hacía el c<.tejo 
con los manuscritos. 

De todos modos, es seguro que esta con- 
tradición no quita su valor al testimonio de 
Miguel Sabuco,. quien pagó bien cara la nin- 
guna seriedad con que procedió atribu\endo 
á su hija la Nueva Filosofía. 

La biografía de D.^ Oliva Sabuco ha esta- 
do largos años envuelta en sombras, que aun 
duran en lo tocante á sus últimos días. Nico- 
lás Antonio la reputó descendiente de fran- 
ceses, fundándose en el apellido dé Nantes. 
Posteriores investigaciones han demostrado 
que semejante especie es falsa á todas luces. 
Las fuentes que pueden aprovecharse para el 
estudio de su vida son las sigu'entes: Fr. Es- 
teban Pareja, quien en la Historia de Alea- 
ra^ da curiosas noticias sobre D.* Oliva; los 
Sres. D. José María Muñoz, D Ildefonso 
Martínez y D. León Sánchez Quintanar, que 
publicaron la fe de bautismo y otros docu- 



mentes en la Gaceta Médica de i853, y don 
Octavio Cuartero en su edición de la Nueva 
Filosofía; también D. Fé'.ix Janer (Gaceta 
Médica, 1834, núm. 26), D. José Gutiérrez 
de la Vega (La Giralda de Ser illa), Antón 
Ramírez (Bibliografía Agronómica); la co- 
nocida monografía de Sánchez Ruano; Mo- 
rejón y Chinchilla en sus bibliograí'as res- 
pectivas, y últimamente el libro de D. José 
Marco (i). 

Nació D.'* Oliva en Alcaraz, año i562, y 
fué bautizada á 2 de Diciembre, siendo pa- 
drinos y testigos el Dr. Alonso Heredia y 
Cebrián de Vizcaya, Catalina Cano, mujer 
dL'l Lie. Juan Velázquez, Bárbara Barrera, 
y Bernardina de Nantes, mujer de Juan Ro- 
dríguez. Hase dicho qué fué hija de Antonio 
Barrera, médico de Felipe II, pero es ine- 
xacto; fueron sUs padres el Bachiller Sán- 
chez Sabuco y Francisca Cózar; su padre 
era' regidor en Alcázar, y acaso perpetuo, 
pues consta que desempeñaba este cargo en 
los años i58i y i5c,6. Como se ve no heredó 
los apellidos Nantes y Barrera, que tomó 
por gratitud ó en recuerdo del parentesco 
espiritual contraído al ser bautizada. Estuvo 
casada con Atacio de Buedo, perteneciente 
á una familia de las que poblaron la villa 
de Alcaraz; Contrajo matrimonio antes del 
año i585, pues ya en esta fecha otorgó una 
escritura con el consentimiento de su mari- 
do; se trataba de aprobar la adjudicación de 
su herencia materna y firmó juntamente con 
su padre; con tal motivo sabemos que tuvo 
seis hermanos llamados Alonso, Juana, Cata- 
lina, Juan, Mateo y Lorenzo. Según un docu- 
mento que cita el P. Pareja, D;** 01i\a cedió 
parte de su casa, que debió de ser Luena, 



(O Biografía de Doña Oliva de Sabuco, por D. José 
Marco é Hidalgo, Regisir^dor de la propiedad de A/ca- 
ra;.— Madrid. Imp. de Felipe Marqués. 1900. 

91 págs. en 8.0 



^^^Bi 



i 



— 173 — 



al Ayuntamiento, para que en ella viviesen 
los corregidoces y celebraran juntas; donó 
la restante al convento de dominicas, por lo 
cual han afirmado algunos que profesó allí, 
y aun añadan que á principios del siglo pa- 
sado se conservaba su retrato de monja. No 
está probado, ni mucho menos, esto, como 
tampoco que fuese morisca y se viera preci- 
sada. á salir de España. Hasta ahora ignora- 
mos el año en que murió. Se dice que en el 
de 1622. 

Lope de Vega, en su drama sacramental 
titulado Representación moral del pía je del 
alma, dice: 

Doña Isabel Esforcia fue ilustrísima 
en letras y virtud, y en Milán feaix; 
Doña Oliva de Nantes, Musa décima, 
y Doña Valentina de Pinelo 
la cuarta Gracia, ó verso ó prosa escribí. 

En los registros de matrículas de la Uni- 
versidad de Alcalá de Henares he hallado las 
de un Miguel de Sabuco, acaso emparentado 
con D.^ Oliva: 

I 
Joannes de Busto: 

Die 29 Octobris 1643 Joannes de Busto, oppidi 
de Alca az, toletanae dioecesis, probavii se fecisse 
unum cursum in jure canónico audiendo et ut 
mos est in hac Universitate, scilicet a die Sa.icti 
Lucae anni 154.2 usque ad diein Sancti Lucae i 543, 
per majorcin partem unius anni et ut mos est;' 
testibus adjuratis Bartolomeo Saquero ei Michae.e 
Sabuco, ejus condiscipulis. 

Bartoloiiie Saquero. Miguel Sabuco. 



II 



Michael Sabuco. 



Eadem die qua supra, Michael Sabuco supra- 
dictus, probavit et simili modo se fecisse unum 
cursum in jure canónico audiendo, ut mos est in 
hac Universitate, scilicet adié Sancti Lucae anni 
praeteriti 15,42 ad dem Sancti Lucae anni praeseniis, 
per majorem pariem unius anni, ut mos est; t^-s- 
libus adjuratis supradictis Joanne de Busto et Bar- 
tholomeo Saquero ejus cond;sc¡pulis. 

Bartolomé Saquero. Juan de Busto. 



III 



Michael Saúco. 



Die 18 Junii 1644 Michael Sauce, oppidi de Al- 
ca-az hujus dioecesis toleíanaí, probavit se cursavi- 
sein jure canónico audiendo et ut mos est in hac 
Universitate, scilicet a die octava Septembris anni 
1 542 ad diem Sancti Lucae ejusde.n anni per trigin- 
ta et octo dies, a die 29 Octobris i543 usque ad 
deciman quintam diem Decembris ejusdem anni 
1 543, per quadraginia et ocio dies, et a die 1 1 Mar- 
tii hujus presentís anni usque ad presenten! diem, 
ad complementum unius cursus, ut mos est; testi- 
bus adjuratis Barthulumeo Saquero ejusdem oppi- 
di de Alcaraz.et Alphonsusde Vizca>a,eiiam ejus- 
dem opp di de Alcaraz, ejus cond scipulis. 

Bartolomé Saquero. Alonso de Vizcaya. 

En los mismos registros figura el Bachiller 
Franc'sco de Sa.xo, natural de Utiel, que 
tomó el grado de Licenciado en Filosofía á 
16 de Octubre de 1548. 

463. — Nveva Filosofía de la Natvraleza del 
hombre, no conocida ni alcanzada de los 
grandes filósofos antiguos: la qual mejora la 
vida y salud humana. Compuerta por doña 
Oliua Sabuco. (Escudo reaL) Con privilegio. 
En Madrid, por P. Madrigal. MDLXXXVIL 

Un vol. 8.° menor de 307 folios, más ocho 

hojas sin numeración al principio. 

, Port.— V *• en bl. con el apellido Sabuco estam- 
pillado.— Lo que conl ene esta nueva Filosotía. — 
Tasa por Cristóbal de León. Madrid 12 de Febrero 
de 1587. — Real privilegio de impresión. San Lo- 
renzo, 23 de Julio de i586.— Al lector.— Sonetos 
en alaban9a del Autor y de la obra, compuestos 
por el Licenciado luán de Sotomayor, vezino de la 
ciudad de Alcaraz. — Erratas, por Juan Vázquez 
del Marmol. Madrid 19 de Enero de 1587.— Carta 
Dedicatoria al Rey nuestro Señor.— Coloquio del 
conocimiento de si m smo, en el qual hablan tres 
pastores Filósofos en vida solitaria, nombrados 
Antonio, Veronio, Rodonio.— Coloquio en que 
se trata la compostura del Mundo como está. — 
Coloquio de las cosas que mejoran este mundo y 
sus Repúblicas. — Coloquio de auxilios ó remedios 
de la Vera Medicina: con lus quales el hombre 
podrá entender, regir y conservar su salud— Vera 
Medicina, y Vera Filosofía oculta á lus antiguos» 
en dos diálogos. Carta en que Doña Oliva pide 



— 174 



fauor y amparo contra los émulos deste libro.— 
Dicla brevia circa naturam hominis, Medicinaí 
fundamentum.— Vera Philosophia de natura mis- 
torum, hominis & mundi antiquis oculta. 

El ejemplar que hemos visto en la Biblio- 
teca Nacional tiene tachadas varias palabras 
y aun períodos enteros. 

464.— Nveva Filosofía de la natvraleza del 
hombre, no conocida ni alcangada de los 
grandes filósofos antiguos: la qual mejora la 
vida y salud humana. Compuesta por Doña 
Oliua Sabuco. Esta segunda impressión va 
enmendada, y añadidas algunas cosas curio- 
sas, y vna Tabla. (Escudo real.)— En Ma- 
drid, por F. Madrigal. Año de i588. 

(Colofón) En Madrid, por Pedro Madrigal. 
MDLXXXVIII. 

Un vol. 8." menor de 368 folios, más ocho 
hojas al principio y siete al fin. 

Fort. — Lo que contiene esta nueva Filosofía. — 
Tasa, por Cristóbal de León. Madrid 12 de Febre- 
ro de 1587.— Privilegio de impresión. San Loren- 
zo, 23 de Julio de 1 586.— Al lector,— Sonetos en 
alabanza del Autor y de la Obra, compuestos por 
el Licenciado luán de Sotomayor, vezino d; la 
ciudad de Alcaraz.— Erratas, por Juan Vázquez 
del Mármol.— Carta dedic loria al Rey nuestro 
Señor. — Coloquio del conocimiento de si mismo, 
en el qual hablan tres pastores Filósofos en vida 
solitaria, nombrados Antonio, Veronio, Rodonio. 
Coloquio en que se trata la compostura del mun- 
do como está.— Coloquio de las cosas que mejo- 
ran este mundo, y sus Repúblicas. — Coloquio 
de auxilios, ó remedios de la Vera Medicina; con 
los quales podrá el hombre entender, regir y con- 
servar su salud. — Vera Medicina y Vera Filoso- 
fía.— Dicta brevia circa naturam hominis, Medi- 
cinae fundamentum.— Vera Philosophia de natura 
mistorum, hominis &] mundi, antiquis oculta. — 
Tabla de lo que contiene este libro. 

465. — Nveva FilosohVde la Natvraleza del 
hombre, [no conocida, ^ni alcanzada de los 
grandes filósofos antiguos: la qual mejora la 
vida, y salud humana: con las addiciones de 
la segunda impressió, y (en esta tercera) ex- 
purgada. Coarposta por Doña Oliua Sabuco. 



Dirigida ao I. S. D. loáo Lobo Baráo D'Albi- 
to, &c. (Eíc jdo de éste, que consiste en cinco 
lobos con siete aspas de San Andrés alrede- 
dor.)— Impresso " Braga, có as lic'^gas neces- 
sarias por Fructuoso Lour'50 de Basto. Año 
de MDCXXlí. 

Un vol. en 8.° menor de 847 folios, más 
seis hojas al principio y otras tantas al fin. 

Port.— Lo que contiene este nueva Filosofía.— 
Licencias para la impresión. Lisboa, Octubre 
de 1616 y Marzo de 161 7.— Tasa, 5 de Octubre 
de 1622.— A Dom loam Lobo Baram D'Albito, 
por Fructuoso Louren^o de Basto. — Al lector. — 
Sonetos en alabanga del Autor y de la Obra, 
compuestos por el Licenciado luán de Sotoma- 
yor, vezino de la ciudad de Alcaraz.— Carta dedi- 
catoria al Rey nuestro Señor.— Coloquio del co- 
nocimiento de sí mismo en el qual hablan tres 
pastores Filósofos en vida solitaria, nobrados An- 
tonio, Veronio, Rodonio.— Coloquio en que se 
trata la compostura del mundo como está.— Co- 
loquio de las cosas que' mejoran este mundo y 
sus Repúblicas.— Coloquio de auxilios, ó reme- 
dios de la Vera Medicina: con los quales el hom- 
bre podrá entender, regr y conservar su salud.— 
Vera Medicina y Vera Filosofía.— Dicta brevia 
circa naturam hominis, Medicinae fundamen- 
tum.— Vera Philosophia de natura mistorum, ho- 
minis, & mundi, antiquis oculta.— Tabla de lo 
que contiene este libro. 

466. — Nueva Filosofía de la naturaleza del 
hombre no conocida ni alcanzada de los gran- 
des filósofos antiguos, la qual mejora la vida, 
y salud humana, con las adicciones de la 
segunda impressión. Escrita, y sacada á luz 
por Doña Oliva Sabuco de Nantes Barrera, 
natural de la ciudad de Alcaraz, con la de- 
dicatoria al Rey Don Phelipe Segundo de 
este nombre, y la Carta al lllustríssimo Se- 
ñor Don Francisco Zapata, Conde de Bara- 
jas, y Presidente de Castilla, &c. Esta nueva 
impressión va expurgada según el expurga- 
torio publicado por el Santo Oficio de la 
Santa y General Inquisición, el año de mil 
setecientos y siete. Quarta impressión reco- 
nocida y enmendada de muchas erratas que 



173 — 



ten'an las antecedentes, con un Elogio del 
Doctor Don Marti'n Martín^.-z á esta obra. 
Con licencia.— En Madrid: En la Imprenta 
de Dominico Fernández. A costa de Francis- 
co López Fernández. Año de 1728. (Escudo 
del editor que representa la Fe con una ban- 
dera y en ésta las iniciales F. L. F.; alrede- 
dor estas palabras: coeciiate perfictlur.) 

Un vol. en 8." m. de 412 págs., más ocho 
hojas al principio y cuatro al fin. 

Port. — Y.°en bl.— Carla dedicato' ia al Rey nues- 
tro Señor. — Carta en que Doña Oliva pide favor y 
amparo contra los émulos desie libro. Al Illustrís- 
simo Señor Don Francisco Zapata, Conde de Ba- 
rajas, Presidente de Castilla, y del Consejo de Es- 
tado de Su Majestad. — Parecer del Reverendíssi- 
mo P. M. Fr. Francisco Montiel de Fuentenor.ilia, 
del Orden de Nuestra Señora del Carmen de la 
Observancia, ex-Provincial de la Provincia de Cas- 
lilla. Madrid 24 de Mayo de 1728.— Sonetos (dos) 
en alabanza de la Autora y de la obra, compues- 
tos por el Licenciado Don Juan de Sotomayor, 
vecino de la ciudad de Alcaráz. — Suma de la li- 
cencia. Madrid 11 de Marzo de 1728. Esiá dada 
por D. Baltasar de San Pedro. — Fe de erratas, 
por el Licenciado D. Benito del Río Cao de Cor- 
dido. Madrid 3 de Junio de 1728. — Suma de la 
tasa. Madrid 7 de Junio de dicho año.— Elogio á 
la obra de nuestra insigne Doctriz Doña Oliva Sa- 
buco. Del Doctor D. Martin Martínez, Médico de 
Familia del Rey nuestra Señor, Examinador del 
Protomedicaio. — Lo que coniiene esia nueva Fi- 
losofía. — Prólogo al lector. — Coloquio del cono- 
cimiento de sí mismo. — Coloquio en que se trata 
de la compostura del mundo como está. — Colo- 
quio de las cosas que mejoran este mundo, y sus 
Repiiblicas.— Coloquio de auxilios ó remedios de 
la Vera Medicina. — Dicta brevia circa naturam 
hominis medicínse fundamentum. — Vera Philoso- 
phia de natura mistorum, hominis & mundi an- 
tiquis oculta. — Tabla de lo que contiene este 
libro. 

467. — Coloquio del conocimiento de sí mis- 
mo, en el cual hablan tres pastores filósofos 
en vida solitaria, nombrados Antonio, Velo- 
nio y Rodonio. 

Coloquio de las cosas que mejoran este 
mundo y sus repúblicas. 



Publicados por D. Adolfo de Castro en la 
Biblioteca de autores españoles de Rivade- 
neyra, tomo LXV, págs. 325 á 376. 

Existen otras dos ediciones parciales, he- 
chas: la primera en Madrid, año 1847, por 
D. Ildefonso Martínez, y la segunda en Pa- 
rís, año 1886. 

468. — Obras de Doña Oliva Sabuco de 
Nantcs (escritora del siglo xvi). Con un pró- 
logo de Octavio Cuartcro.— Madrid, est. tip. 
de Ricardo Fe, 1888. 

8.° mayor; XLvni-437 págs. 

Buena edición en que se reproduce con 
bastante exactitud la primera. 

En el Prólogo hay una biografía de doña 
Oliva, con no pocos datos nuevos. 

SACRAMENTO (Sor Ana del). 

Religiosa carmelita en el convento de Me- 
dina del Campo. 

469. — Noticias para la vida de la Madre 
Catalina de Cristo. 

Hácese mención de ellas en el prólogo de 
La V. M. Catalina de Christo Carmelita 
Descalca, compañera de la Santa Madre 
Teresa de Jesús. Descn'vela Don Miguel 
Balista de Lanuda. — Zaragoza. Por Joseph 
Lanaja. 1657. 

470. — Declaracionesde Anadel Sacramen- 
to en los informes sobre la vida de Santa Te- 
resa de Jesús. 

Publicadas por D. Vicente de La Fuente 
en la Biblioteca de autores españoles de Ri- 
vadeneyra, tomo LV, págs. 391 y 394. 

SACRAMENTO (Sor Beatriz del). 

47 1 . — Declaración de la Madre Beatriz del 
Sacramento, Priora de Salamanca, en las in- 
formaciones de aquella ciudad [sobre la vida 
de Santa Teresa]. 

Dibl. de aut. esp. de Rivadeneyra, tomo LV, pág. 416. 



— 176 — 



SACRAMENTO (Sor Francisca del). 

472.— Traslado de un capítulo de una car- 
ta que escribió la Madre Francisca del Sa- 
cramento, sub-priora del convento de la En- 
carn.ición de Recoletas agustinas de la ciudad 
de Valladolid, á María del Espíritu-Santo, 
religiosa de la misma Orden, que está en el 
convento de Carmona. 

Publicado en las Cartas de algunos PP. de 
la Compañía de Jesús sobre los sucesos de la 
Monarquía entre los años de 16 34 y 1648. 

Tomo 1, págs. 177 y 178. 

(Memorial histórico español.) 

SACRAMENTO (Sor Guiomar del). 

473. — Declaración de la Madre Guiomar 
del Sacramento, en las informaciones de Sa- 
lamanca sobre la vida de Santa Teresa. 

Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra, t. L^', 
pá¿. 421. 

SACRAMENTO (Sor María del). 

474.— Carta á Fr. Alonso de Jesús María, 
Provincial del Carmen descalzo, acerca de 
la vida de San Juan de la Cruz. — Caravaca. 
7 de Noviembre de 1614. 

Autógrafa. — Dos hojas en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, pags. i. 201 á 1.204. 

Por aber sido el primero que se pasó de la or- 
den, mitigada á la primiliba, c.biéndolo á las manos 
los padres calcados le hicieron muy malos irala- 
mienlos, metiéndolo en una mala carcelilla aJon- 
de no alcanzaba luz para re^ar el oficio dibino 
sino estando en pie subido en una piedra; de allí 
lo llebaban á refetorio para dalle diciplinas; des- 
pués que no lo pudieron reducir á su propósito 
con n.ngunos medios, dexando la puerta de la 
cárcel abiertí- procuró bolbcrse á los descal^^os 
con harto pe,igro de su bida, pasando por porti- 
llos y paredes; díxonos que en aquella carcelilla 
abía conpuesio lo que escribió sobré el libro de 
los Cantares y de la santísima Trinidad y el salmo 
Super Jluminu Babilonis. 



SAENZ DE TEJADA Y LA BURIA 
(D.* María Ignacia). 

475. — Endechas á la muerte de su médico, 
el profesor D. Severo López: 

Si allá en el alto cielo... 

Manuscrito de principios del siglo xix. — 
Dos hojas en 4.° 

Bibl. N.X.— Mss. P. V. 4.0 C. 24. Nüm. 5i. 

SAJONIA (D."" María Josefa Amalia de). 

La escasa ó ninguna influencia que esta 
reina tuvo en los destinos de nuestra patria, 
pues ni dejó sucesión, ni siquiera logró do- 
minar el carácter de Fernando VII, ha con- 
tribuido á que sea menos conocida de lo 
que debiera serlo por sus virtudes privadas 
y por su no común entendimiento. 

Fué D." María Josefa Amalia hija del 
Príncipe Maximiliano, Elector de Sajonia, 
y de Carolina María Teresa. Nació en Dres- 
de á 7 de Diciembre de 1803. En su más 
tierna edad quedó huérfana de madre, des- 
gracia que recuerda melancólicamente en 
sus poesías. 

Apenas acabadas las honras fúnebres por 
Doña María Isabel de Braganza, Fernan- 
do Vil, á quien preocúpala el tener suce- 
sión, pensó en enjugar su llanto con las 
emociones de terceras nupcias, y puso los 
ojos en D." Amalia, á cuyo tío, el Empera- 
dor de Austria, escribió muy luego: 

Vuestra Majestad se halla bien penet ado de 
que nada es tan propio de los soberanos como 
promover la felicidad de los pueblos que la divina 
Providencia tiene confiados á su cargo. Penetrado 
yo igualmente de esta importante verdad, y de 
que las sucesiones legítimas de los Reyes es uno 
de los medios más propios y eficaces de afianzar 
esta fe.icidad, he resuelto, consultando el bienes- 
lar de mis pueblos, con el mayor servicio de Dios, 
y á fin de estrechar más y más los vínculos de 
amistad y parentesco que dichosamente nos unen, 
y la armonía, buena correspondencia y recíproco 




DORa MARÍA JOSEFA AMALIA DE SAJONIA, 
MUJER DE FERNANDO VII 



interés de nuestros sucesores, reinos, Estados y 
subditos Fcspeciivüs, unirme en matrimonio con 
ia muy alta v muy puderosa Princesa Doña María 
Josefa, sobrina de V. M. é hija del muy poderoso 
y excelso Príncipe Maximiliano, por las noticias 
que tengo de las singulares prendas con que el 
cielo la ha adornado, (i) 

Fara concertar el regio matrimonio fué 
nombrado Embajador extraordinario don 
Fernando de Aguilera y Contreras, Mar- 
qués de Ccrralbo, por una Real orden dada 
en Mayo de 1819. 

Obtenido el consentimiento del Empera- 
dor, hizo nuestro recién viudo su declara- 
ción amorosa á la joven Princesa: 

El deber que me impone el mor á mis pue- 
blos, mi muy amada y muy querida prima, exi- 
giendo que al darles una reina les diese también 
una madre, me condujo á Dresde, donde sabía 
que existia una Princesa tan llena de virtudes 
como V. A. Vuestros augustos padre y tío se han 
dignado generosa y afectuosamente segundar mis 
deseos, dándome la posesión inapreciable de vues- 
tra mano, que recibo en el concepto de la sumi- 
sión de vuestra voluntad á la suya, con un placer 
tanto más puro, cuanto le miro como precursor 
de la felicidad de mis vasallos, cuya garantía ha- 
llo en vos misma. Sepa yo hacerme digno del 
corazón de V. A. para gozar en vuestra amable 
compañía, como todo me lo anuncia, de esta li- 
sonjera seguridad que deduzco de los seniimien- 
tas que ha grabado en él vuestro padre, y enton- 
ces seré dos veces feliz. Dignaos, amable prima, 
de asegurarle, así como á los reyes vuestros tíos, 
de mi muy alta y distinguida consideración hacia 
sus augustas personas; y entre tanto que llega el 
momento de probaros persona, mente mi sincera 
y justificada inc ¡nación, persuadios, prima mía, 
de que ella sola me ha guiado á partir con vos el 
trono de las Españas, y de que con el afecto más 
acendrado soy y siempre seré de vuestra Alteza 
Real su más apasionado y afectuoso primo 

Fernando. (2) 

Una vez firmadas las capitulaciones ma- 
trimoniales, se dirigió á España D.' María 
Joseía y llegó á la frontera á 2 de Agosto. 

(t) Archivo Histórico Nacional.— Estado. Lcg. 2.56o. 
(a) Archivo Histérico Nacional.— tstado. L«g. 2.5ÍO. 



177^ 

Acto oficial en España sin disputas de 
precedencia, de tratamientos ó de cualquier 
privilegio honorílico, no se concebía en los 
siglos pasados; entre la villa de Irún y la 
ciudad de Fuenterrabía promovióse la cues- 
tión del derecho á proporcionar la barca en 
que D.* María Josefa debía pasar el Vida- 
soa. Fuenterrabía justificó sus pretensiones 
recordando en un memorial los hechos que 
probaban el ejercicio de tal prerrogativa: 

Laciudad de Fuenterrabía, en i3de Abril del año 
pasado de 1818, expuso á V. M. sus méritos, sus 
servicios y los derechos de propiedad y señorío en 
que se hallaba del río Vidasoa, Concha, Canal, 
Figuera y puerto de su jurisdicción, desde el 1241 
que el Señor Rey D. Alonso de Castilla la hizo 
de ellos donación; en cuya virtud ha ejercido 
desde entonces, por medio de sus alcaldes, todas 
las regalías anejas á sus privilegios y jurisdicción, 
en las dos márgenes del río, desde donde sale 
aquél del reino de Navarra; no habiendo mirado 
con menor celo y predilección, como inherente á 
la propiedad del río, la prerrogativa de disponer el 
paso, y acompañar con vara levantada sus alcal- 
des, á cuantas personas Reales han ido ó venido 
de Francia, como sucedió en ibSg con el Empe- 
rador Carlos V; en el de 1 565 con la Señora Reina 
D." Isabel de la Paz, y en el de 1744 con la Infan- 
ta D.* María Teresa, y en 1801 con los Señores 
Reyes de Etruria; ocurrió que la Universidad de 
Irún quiso disputar este privilegio al momento 
del pase de SS. MM., á pretexto de haber vicio- 
samente obtenido en 1766 una Real cédula del 
Consejo, que eximió esta aldea de la jurisdicción 
de Fuenterrabía. (i) 

Fernando Vil hizo Justicia á la ciudad de 
Fuenterrabía y acordó que ésta preparase 
la barca regia, que lo fué una balandra cons- 
truida á modo de buque de guerra, que 
llevaba 22 cañones figurados con troncos. 

En el Vidasoa fué D.' María Josefa reci- 
bida con sumo regocijo, y el día siguiente 
se celebró en Irián la ceremonia de entregar 
su Real persona. En Tolosa, Vergara y Ar- 
laban, por donde pasó luego, se la hicieron 



(1) Archivo Hisió. ico N'aeional.— Estado. Leg. 3.4fl. 

12 



manifestaciones análogas, con iluminacio- 
nes, comparsas de baile y músicas popula- 
res. Continuó su viaje por Castilla, pasan- 
do por Burgos. El Infante D. Carlos salió 
hasta Buitrago á recibirla y llegó poco des- 
pués á Madrid, cuyo pueblo improvisó en 
honor de su nueva reina los arcos, fuegos 
artificiales, iluminaciones y corridas de to- 
ros con que la Corte secundó siempre las 
alegrías oficiales. 

En los arcos triunfales había versos, no 
muy inspirados, compuestos por D. Juan 
Bautista Arriaza, el poeta oficial de aquel 
reinado. 

Los días de amargura son pasados; 
Los soles de alCjiría son venidos; 
Volvéis á esperar gracia ¡oh! desgraciados; 
Volvéis á lener madre ¡oh desvalidos! 

Bella, bondosa y en edad florida, 
Llena de gracia y de piadoso anhelo; 
Si, la virtud que se lloró perdida 
En nueva imagen nos devuelve el cielo. 

Los poetas, y aun las poetisas de la Corte; 
llenaron con sus composiciones el Diario de 
Madrid profetizando á la nación dichas sin 
cuento. Las mcás de estas poesías son de es- 
caso valor; por excepció i se encuentra algu- 
na mediana, como es el siguiente soneto: 

Vi á la modestia huyendo ruborosa 
Ojos que la buscaban á millares, 
Así como la perla de los mares 
Suele. salir, ó del botón la rosa. 

Víla, sin altivez, majestuosa 
Recibir los aplausos populares 
Cual si fuera tributo á otros altares 
El que se d iba á su presencia hermosa. 

Víla al palacio con airosa huella 
Subir, dando miradas de dulzura 
Al pueblo, que por verla se airopella. 

Y en fin, rayando en la sublime altura. 
Vi sentarse en el trono al par con eila 
La majestad, la gracia y la ternura, (i) 



Pocas alegrías esperaban á la hermosa 
Princesa alemana; triunfante el partido 
constitucional en Julio de 1820 y enardeci- 
das cada vez más las pasiones políticas con 
la mala fe del rey y con los recuerdos de 
sus anteriores violencias, vio D." María Jo- 
sefa con profundo dolor cómo los liberales 
se complacían en insultar á Fernando Vil 
cual se azuza á un leopardo enjaulado. Y 
aun tuvo que apurar las heces de tan amar- 
go cáliz cuando el rey fué, contra su vo- 
luntad, llevado por el Gobierno constitu- 
cional á Sevilla y luego á Cádiz, en Febrero 
de 1823, sufriendo vejaciones sin cuento, 
aunque bien merecidas. En compañía de 
su marido hizo D." María Josefa tan des- 
agradable expedición, de la cual, y del re- 
greso á Madrid luego que se restableció el 
absolutismo con auxilio de las armas fran- 
cesas, hay bastantes recuerdos en sus poe- 
sías (i), cual es la llegada á l.ebrija: 

Anda el coche en silencio en noche oscura, 
Marcha á su lado la perve sa grey; 
Hasta su luz consoladora y pura 
Niega la luna al prisionero rey. 

El sueño en nuestros párpados cansados 
Nos llama al dulce olvido del pesar; 
Pero sus sombras, para los malvados 
Sun funesta señal de unirse á obrar. 

Otras veces recu.jrda su alegre salida de 

Cádiz: 

Un gran prodigio del Excelso vimos, 
Ostentó sus piedades el Señor, 
Y libres de enemigos ya salimos 
Del último ba.uarie del error. 



(i) Diario de Madrid, 6 de Noviembre de 1819. El autor 
de este soneto, publicado entonces como anónimo, lo fué 
Arriaza. iláli.<se con sus obras en la Bibl. de aut. esp,, 
tomo LXVII, pág. 58. 



La triste noche se hizo alegre día, 
Mudó en sosiego ei susto y el terror, 
Y en vivas y cantares de alegría 
Los insultos de la época anterior. 

Era D." María Josefa dechado de cristia- 
nas virtudes y de nobilísimos sentimientos; 




(i) El m.smo Fernando Vil redactó un diario de este 
viaje; lo publicó el Sr. Conde de Casa Valencia en sus 
Estudios históricos iM.-drid, i8^5;, pá^s. 149 á 249. 



— 179 



sencilla en sus costumbres, muy dada á la 
devoción y generosa hasta la prodigalidad 
con los pobres, entre quienes repartía los 
seiscientos mil reales que tenía de consigna- 
ción al mes como gastos de alfileres. 

Sus contemporáneos la consideraban más 
á propósito para un convento que para vi- 
vir en medio de las intrigas cortesanas, é 
incapaz por su temperamento de hacer feliz 
á un hombre de tan violentas pasiones como 
Fernando Vil. Y sin embargo parece que 
éste la llegó á querer en cuanto su corazón 
era capaz de un amor puro, y ella, modelo 
de fieles y constantes esposas, le correspon- 
dió con creces. Testimonio son sus poesías 
del cariño que sentía por aquel rey que tan- 
tos días de luto costó á España. 

Cuando Bussons y otros fanáticos realis- 
tas puros se sublevaron en Cataluña ale- 
gando que el rey no era libre y aun que se 
había contagiado del liberalismo, D." Ama- 
lia fué á Valencia, donde se reunió con 
Fernando VII, y juntos visitaron las ciuda- 
des de Tarragona y Barcelona á fines del 
año 1828, y prosiguiendo luego su viaje por 
Aragón, las provincias Vascongadas y Casti- 
lla, regresaron á Madrid en Agosto de 1829. 
La salud de D.* María Josefa, ya minada 
por una fiebre catarral, fué poco á poco de- 
cayendo. Entrada la primavera del año 1829 
se retiró al palacio de Aranjuez creyendo 
que allí mejoraría; pero unida su dolencia 
á las calenturas palúdicas propias de aquel 
sitio, se agravó por momentos; á 2 de Mayo 
se le administró el Viático y el día 18, á las 
dos de la mañana, voló á la morada eterna 
de los justos aquella alma pura que no había 
sido hecha para el estrépito y las intrigas 
de la Corte, sino para la soledad del claustro. 
Para entregarse del cadáver y conducirle 
desde el Real sitio de Aranjuez al panteón 



del Escorial, fu¿ noinbrado el Marqués d 
Valverde, Conde de Torrejón, Mayordomo 
mayor de la difunta reina, y para secretario 
de la entrega D. Francisco Ibáñezde Leiva, 
Consejero de Estado. 

Ceñidas las sienes de una guirnalda de flores y 
espigas de oro, y vestido de un rico traje de seda 
blanco, floreado y guarnecido de oro igualmente, 
permaneció expuesto el Real caiáver entre doce 
blandones con hachas de cera blanca hasta las 
ocho de aquella noche (i). 

Al día siguiente era llevado al panteón 
más triste y prosaico del mundo y el de 
menos ambiente religioso, cuando los des- 
pojos mortales de aquella reina, tipo del 
alma germánica, idealista y llena de vagas 
fantasías y de dulces sentimientos, recla- 
maban un sepulcro medioeval, bajo las bó- 
vedas de una catedral gótica, con su bulto 
de piedra que, de rodillas y con el libro de 
Horas en las manos, pareciese juntar aún 
sus oraciones con las de los fieles y respirar 
los místicos perfumes del incienso. 

Todos los llantos que las Musas oficiales 
dedicaron á la muerte de D.'^ María Josefa 
en la Gaceta de Madrid, se redujeron á un 
pésimo soneto, digno de Rabadán: 

Llorábamos un mal y eran agüeros 
De mal mayor el subterráneo ruido 

Y aquel temblar del suelo combatido 

Y en ruinas perecer pueblos enteros. 
La Parca holló los límites iberos 

Alzando el pie del lago del olvido, 

Y amago fué de golpe más crecido 

Tal cúmulo de horror y estragos fieros. 

Era, sí, la Virtud puesta en el trono, 
La modestia adorada y la hermosura, 
Amalia, en fin, el blanco de su encono. 

Y harto probó que á su braveza dura 
La virtud en el mundo no halla abono 

Y el cielo sólo es su mansión segura. (2) 



(1) Honores fúnebres hechos al cadáver de nuestra au- 
gusta Soberana, la Señora Dora Marta Amalia de Sa o- 
ma. Rema Católica de España. (Gaceta de Madrid, su- 
plemento a la de 4 de Junio de iHag.) 

(2) 6aceU de 33 de .M*y« de 18:^ 



— I «ó 



No carecía D.* María Josefa de condiciones 
literarias; en muchas de sus poesías hay un 
profundo sentimiento, ya de la religión, ya 
de la naturaleza; pero escritas en un idioma 
para ella extraño, son incorrectas como pe- 
cas, y si algunas hay limadas, puede afir- 
marse sin vacilación que las enmendó cual- 
quier literato áulico, quien, según muchos 
creen, lo fué D. Juan Bautista Arriaza. 

En muchas de ellas se ve el odio profundo 
que los reyes y sus palaciegos tenían al ré- 
gimen constitucional; ya celebra á los rea- 
listas expatriados, ya lanza invectivas contra 
los liberales y desea que las armas extran- 
jeras devuelvan á Fernando el poder abso- 
luto. 

En otras poesías, más agradables por el 
asunto, y aun más felices de inspiración, 
evoca recuerdos de los sitios donde había 
morado, como Saccdón y Solán de Cabras, 
cuyas aguas ferruginosas tomó para curar 
su anemia. 

El poema de San Fernando es de lo más 
prosaico y desaliñado que puede concebirse; 
mil veces peor que las crónicas rimadas es- 
critas en el siglo xvii acerca de la conquista 
de América. 

Relación del paso del Vidasoa por doña 
María Josefa Amalia, y de las cuestiones 
que en esta ocasión hubo entre Irún y Fuen- 
terrabia (i8¡g). 

(Archivo Hinórico Nacional.— Estado. Leg. 2.i'¡b.) 

Exorno. Señor primer Ministro de Esta^'o y del 
Despacho Universal. =Excmo. Señor.==La aurho- 
ridad encargada para el recibí míen lo d¿ la Rey na 
nuestra señora, habrá comunicado su magestuuso 
tránsito por el cc,ebre Vidasoa, á las tres y media 
horas de la larde del día dos de esie mes, hon- 
rando con su Real persona, la balandra, la augus- 
ta María Josefa Amalia, cuia bendición por el 
Illmo. Señor Obispo de Pamplona noticié á V. E. 
en 27 de Septiembre úliimo. 

La armoniosa tranquilidad de ambas riberas, á 
pesar d« estar cubierta?, de \in inmenso gentío; la , 



• concurrencia de la góndola de mi Ayuntamiento 
y Cabildo Ecclesiástico, la de otra para el trán- 
sito de la Real comitiva, la de diez lanchas pinta- 
das de este puerto, que formaban calle en el río 
para el Real buque, acompañadas de quantas bar- 
cas hay en el Vidasoa, tanto para pescar, como, 
para otros usos, cargadas de gente, y la amable 
presencia de nuestra soberana, hacía mella tan 
tierna en los corazones de los espectadores, que 
pocos podían contener las lágrimas de ternura, 
especialinenie al romper las voces de ¡viva el Rey!, 
al tiempo de marinar hacia España la Real balan- 
dra, conduciendo á la Soberana de los dos mun- 
dos, y á los que tenían la dxha de ac )mpañarla; 
la que mil gó lodos los sinsabores que padecieron 
lodos mis habiíanies por ocurrencias que la emu- 
lación de la Diputación de esta Provincia y del 
Comandante de Marina de San Sebast'án habían 
preparado para privarme de la honra que acababa 
de renovarme el Rey nuestro Señor. 

En el parle de la bendición de la Real balandra 
hablé á V. E. de la solicitud de la Diputación de 
esta Provincia para excluirme de ella, en contra- 
vene ón del convenio hecho en la Junta General 
de 1818, que para ella debe ser una ley, y ahora 
suplico á V. E. eleve á noticia del Rey nuestro iíe- 
ñor mi eterna gratitud por la soberana resulución 
cel día 23 del íiiiimo mes, que la misma Diputa- 
ción me comunicó, y hubo efecto en todas sus 
parles. Mas como ningún pueblo guipuzcoano 
debe tolerar que la Diputación contravenga á ¡os 
pactos de las Juntas generales, y en las próximas 
de Villaíranca, debe sufrir, con arreglo á los Fue- 
ros, la másexirecha residencia, suplico á V. E. se 
digne hacer que se me remita una copia de la r.'-» 
preseniación que motivó la dicha Real orden del 
23 de Sepiiembre, para que sea fundamento de los 
cargos á los que abusan de la confianza que hace 
la Hermandad para gobernar de Junta á Junta. 

Vencida, pues, la solicitud de la Diputación, 
creí poderme entregar á meditar en la honra que 
esperaba disfrutar de conducir á la Soberana, 
quando la Diputación encargada por la General 
de la Provircia para el recibimiento de Su Mages- 
lad, me pasó ei d a 29. al medio día el oficio de la 
víspera, cuia copia acompaño. 

Yo, aunque inclinada al cumplimiento de la 
Real voluntad quisiese ceder al Comandante de 
Marina de San Sebastián la Real balandra y < o n- 
boy, que ya estaba prompto con lodas las bande- 
ras necesar as, como venía pugnando con la Real 
jurisdicción que siempre han exercido mis Alcal- 
de$ en ei rio Vidasoa, y con las Reales órdenes úd 



#?l.- 



irí-.y 53 de Septiembre, expedidas con .cqnoci- 
mienio de aniccedenies, y soore todo, como co- 
operaba á disminuir la confianza que en todas 
ocasiones han hecho en mí los soberanos para 
quanlos asuntos arduos se les han ofrecido en el 
Vidasoa, incluso la de conducir los mismos sobe- 
ranos sin concurrencia de otra authoridad, se de- 
teminaron mis Alcaldes á no prestar su consen- 
timiento á tamaña novedad, como no fuese en 
términos conciliatorios del honor del Comandante 
de Marina y mío. Para tratar, pues, de la materia, 
se trasladaron dichos Jueces á la posada de los 
Diputados de la Provincia, en Irún, quienes uni- 
formando su diclamen resolvieron que ya que te- 
nía yo que conferir la Cap'tanía de la Real ba- 
landra á un Director particular práctico en el Vi- 
dasoa. ia confiriese al señor Brigadier Gomendio, 
como á hijo de la Provincia condecorado por el 
Soberano, per^» sin que se entendiese se le reco- 
nocía jurisdicción de Marina en el río. La Dipu- 
tación, que quedó encargada de comunicarle la 
p opuesta, me anunció el día primero haber ad- 
mitido el mando; y con tanto, todo quedó conci- 
llado. 

A la una del día dos salió la Real balandra 
acompañada de las dos góndolas de la escuadrilla 
de lanchas para el paso, authorizada con las ban- 
deras Rea, es á popa y pnia; en el pico de la Can- 
greja la saxona, y dispuesta laquadrada española 
que debía izarse, al tupe mayor, en lugar del es- 
tandarte Real; recibió en el camino al Sr. Briga- 
dier Gomendio, que estaba acompañado de dos 
oficiales de Marina y treinta músicos de la juven- 
tud de San Sebastián; llegó al parage del paso, re- 
cibió á los quatro Diputados de la Provincia y se 
situó á ia orilla de Francia. Inmediatamente fue- 
ron buscados mis Alcaldes por el Comisario de 
policía f anees, se avocó con él uno de aquellos, 
y le of ec ó el servicio de la guardia nacional, y 
de los guardas que estaban formados miliiarm.n- 
ley el gabarrón del .tránsito, para que Fuentc- 
rrabía hic era el de su Soberana con agradable 
tranquilidad: el Alcalde le dio las gracias y se em- 
barcó. A breve rato le vino á buscar el de Hendaya 
de parte del Subprefecto de Bayona que acababa 
de llegar preguntándole si estaban ya á disposición 
de Fuenterrabía lodos los medios de la ribera 
francesa, para el fin de la agradable tranquilidad, 
y sin embargo de habérsele contentado que sí, 
pasó personalmente á la balandra á asegurarse: 
tal era, Excmo. Señor, la finura de los franceses 
para la solemnidad del acto, y creo son dignos de 
que se iCs manifieste la gratitud. 



Mis Alcaldes llevaban en vitela una afectuosa 
exposición que les er, tregüé para su Magestad, 
que dice así: «Señora: la ciudad de Fuenterrabía, 
que por la constante fidelidad y esfuerzo de sus 
moradores acumuló los ínclitos renombres de 
muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siem- 
pre fiel, está disfrutando desda tiempo inmemo- 
rial la honra y especial privilegio de pasar á sus 
Reye-; por este río á la entrada y salida de España. 
El júbilo que resplandece en nuestros rostros 
acercándonos con esta humilde balandra á recibir 
la Real persona de V. M. es tan puro y extremado, 
como natural, porque echando el pie en ella para 
el tránsito del Vidasoa, prin.-ipia V. M. á distin- 
guirnos con la más señalada confianza. Si todos 
los pasos que V. M. diere por los vastos Estados 
de su augusto esposo hacen (como es de esperar) 
la honda huella que el primero dejó estampada en 
nuestro corazón, va á ser V. M. la más dichosa 
Reyna del universo: estas son nuestras súplicas 
al Todopoderoso, y que conceda á V. M. un 
pronto y feliz viaje». Pero habiendo dicho los Di- 
putados de la Provincia que tampoco entregarían 
su credenci 1, porque hasta la entrega de la Sobe- 
rana no se le hacían más que los honores milita- 
res, suspendieron la entrega, rindiendo, sin perjui- 
cio de aquella ceremonia, el homenage deb'do á 
una persona que por oculto que tragese su ca- 
rácter, era nuestra Soberana. 

Al día siguiente, al tiempo del besamano que 
dispensó S M., se la entregaron, diciendo que la 
víspera no se quiso molestar con ella su Real 
atención. 

Exmo. Señor: no puedo explicar el aparato ma- 
gestuoso, gozo y alegría que hubo en el recibi- 
miento de una Reyna que presagia por su bon- 
dad la dicha del Rey nuestro señor y de sus ama- 
djs vasallos, cuya descripción harán personas que 
la acompañarán á la corte. 

Ahora resta, para colmo de mi satisfacción, que 
mi conducta merezca la Real aprobación, j que 
declare S. M. no deber intervenir en el recibimien- 
to de las personas Reales en el Vidasoa, el Co- 
mandante de Marina de San Sebastián, ni otra 
authoridad que no sean mis representantes, acom- 
pañados, con arreg'o al convenio hecho con esta 
Provincia en la Junta General de 1818, de sus Di- 
putados, concediendo á éstos el cumplimiento pri- 
mero, como es regular y se ha practicado en esta 
ocasión, para que ninguna oira intervención dis- 
minuía la confianza que creo merecen mis repre- 
sentantes. Por tanto, suplico á V. E. incline el 
Real ánimo á que me conceda dicha satisfación, 



— 1^-4 -^ 



ínterin ruego á Dios le guarde muchos años. De 
mí Consistorio de Fuenierrabía, 8 de Octubre de 
i8i9.=Exmo. Sr. =Romá}i de ¡riarte y Yar!{a.= 
Miguel Blas de Uria.=^Por la M. xN. M. L. M. V. 
y M. S. F. ciudad de Fuenterrabía. =B/as Antonio 
Sasiera. 

Recibimiento que se hi\o á D." María Jo- 
sefa Amalia en Irún. (iSig.j 

Archivo Histórico Nacional. — Estado. Leg. 2.475. 

Excmo. señor: El día 2 del corriente, á las 
cuatro y media de la tarde, fué la legada de 
S. M. la Reyna al palacio que estaba destinado 
en esta villa para su hospedage, y fué recibida por 
la Real comitiva, Diputaciones y otras personas 
distinguidas, en meJio de aclamaciones, músicas, 
salvas, saludos de estos habitantes y del inmenso 
gentío que había concurrido de todos los pue- 
blos de la comarca á ver tan augusto espectáculo. 

El paso de Behobía, aquel día presentaba una 
perspectiva sumamente vistosa; el Vidasoa atra- 
vesado de parte á parle de lanchas ca:"gadas de 
gente hasta los topes; las orillas y collados veci- 
nos en la propia forma, y el parage del desembirco 
coronado de Grandeza, Diputaciones de las más 
ilustres corpor, clones, y personas de las más altas 
gerarquías, tropas, músicas, y gente del país uni- 
formada y armada para hacer el obsequio, eran 
objetos que llamaban la atención universal. Mas 
esta perspectiva no era comparable con la emoción 
de los ánimos cuando avistaron á la Reyna nues- 
tra Señora, acompañada de U comitiva saxona y 
diferentes autoridades, tanto civiles como mili- 
tares, porque entonces este inmenso gentío, dando 
un libre vuelo á la espansión de sus corazones, 
prorrumpió en tales vivas, algazaras y saludos, 
que no se hartaban ni paraban de saludarla. La 
Diputación de la Provincia de Guipúzcoa pasó á 
la orilla de Francia á recibir á S. M. en la barca 
que estaba construida de nuevo y de intento para 
este destino, y la cumplimentó la primera, según 
se acostumbra en semejarles ocasiones, y después 
que pasó á esta orilla al son de las músicas y en 
medio de tanto aplauso, la felicitaron el Ayunta- 
miento de la villa, la Diputación de estos Reynos, 
el Capitán General, á una con la Real comitiva 
española y otras autoidades. Desde el saio de 
desembarque al coche fué conducida por la villa 
de Irún en una silla de manos. En la carrera había 
dos arcos erigidos, el uno por la Provincia y el 
otro por esta vi. la; las calles por donde había de 
pasar alfombradas, y las ventanas y balcones de 
las casas adornadas con tapices, labores de manos 



y colgaduras, acompañando en todas partes un 
inmenso gentío que no cesaba de proclamarla, y 
en esta forma fué conducida hasta el Palacio. 

La entrega de su Real persona se hizo ayer á 
las nueve y media de la mañana, y hubo Corte y 
besamanos á que asistieron los Señores Condes 
de Torrejón, Marqués de Villafranca, Duque de 
Granada y demás Señores y Señoras de la Real 
comitiva, y además las Diputaciones de la Provin- 
cia, la de los Reynos, Capitán General, el Señor 
Obispo de Pamplona y el Ayuntamiento de la 
villa, Cabildo y otras diferentes personas de las 
más altas gerarquías de ambos sexos, y varias 
autoridades. 

S. M. quiso ir á la iglesia parroquial á dar gra- 
cias al Todopoderoso, é hizo á los vecinos de esta 
villa el honor de permitir la condugeran en una 
silla de mano; cuyo acto se hizo con una pompa 
y obstentación que al mismo tiempo que imponía 
enterneció á todo el vecindario. Abrían la marcha 
los tamboriles, á cuyo son executaban varios 
jóvenes una danza propia del país; seguía una 
compañía de muchachos y muchachas de Pasages, 
ninguno de los cuales llegaba á los años de la pu- 
bertad, llevando á su frente la música de su 
pueblo, vestidos vistosamente á lo morisco y for- 
mando con las diferentes combinaciones de sus 
arcos una hermosa carrera, tras los cuales iba la 
música de aficionados de San Sebastián, también 
vestidos uniformemente, v luego los guardias, Real 
comitiva, acompañamiento, con la Reyna nuestra 
Señora, que se hacía interesar de todo el mundo, 
y cerrando esta carrera la tropa con una mú- 
sica marcial. Llegado que se fué á la ig:esia se 
cantó un solemne Te Deum, oficiando el Señor 
Obispo de Pamplona. Al regreso, habiendo solici- 
tado los e.xpresados jóvenes de Pasages se dignase 
presenciar el obsequio que trataban de hacerle co:i 
diferentes bayles, se dignó acceder, honrando con 
su augusta presencia la casa Consistorial de esta 
villa, desde donde los vio; en cuya ocasión se redo- 
blaron los vivos aplausos. Hubo últimamente, 
durante el tiempo de su permanencia, bayles, ilu- 
minaciones, fuegos, festejos, y hoy ha salido á las 
nueve de la mañana para Tolosa en medio de un 
repetidoaplauso, ysinhaberocurridoen tanta mul- 
titud, ni una riña, ni materia alguna de disgusto. 

Remito á V. E. las dos únicas arengas que he 
podido conseguir.==Dios guarde á V. E. muchos 
años. Irún, 4 de Octubre de i8i9.=Excmo. Señor, 
por indisposición del Señor Adminisirador.=^./í/aM 
Ramiro ¡riarte.^^^Excmo. Señor, primer Secreta- 
rio de Estado y del Despacho Universal. 



-~ 1 

PUBLICACIONES REFERENTES 
Á DO^A MARÍA JOSEFA AMALIA DE SAJONIA 

María Josefa Amalia Herzof;in zu Sach- 
sen Kónigin von Spanien. Yon Konrad 
Haebler.— Dresden. Wilhelm Baensch Hof- 
verlagsbuchhandlung. 1892. 

247 págs. en 8.", con un retrato de doña 
María Josefa. 

En las págs. 116, 128 a 135, 207 y 2 1 5 se 
publica el texto original y una versión ale- 
mana de varias poesías de aquélla, que em- 
piezan: 

Triste recurso en días tempestuosos... 
¿Con que te he de dejar?, ¡oh!, sitio amado..., 

Aunque la dura suerte... 

De un grande amor gage vil y pequeño..., 

Tú, que en lo alto de la cruz rogaste... 

¿Para qué á los liberales... 

Bello sitio, ¿i qué llamarme... 

Real cédula de S. M. y Señores del Con- 
sejo, por la cual se manda guardar y cum- 
plir, y que se publique para que llegue á no- 
ticia de todos, el Peal decreto inserto, en 
que S. M. participa al Consejo su tratado 
casamiento en la forma que se expresa. Año 
de 1 8 19. — Madrid, en la Imprenta Real. 

Cuatro hojas en folio. 

Diario de las ocurrencias del tránsito Real 
de S. M. la Reyna N. S. desde el río Vida- 
soa hasta el punto de Arlaban, límite entre 
la Provincia de Guipúzcoa y la de Álava. — 
Imp. s. 1. n. a. 

1 5 págs. en folio. 

Égloga en celebridad de la plausible lle- 
gada á España de la P-eyna Nuestra Señora 
Doña María Josefa Amalia. Dedicada á los 
Reales pies de S. M., por el Coronel D. Luis 
de Sosa. — En la imprenta de D. Ramón de 
Villanueva. Burgos 12 de Octubre de 1819. 

19 págs, en 4,* 



83- 

Himno en celebridad de la venida de S. M. 
la Reyna N.""» Sj^ Doña María Josefa Ama- 
lia. — En la imprenta de D. Ramón de Villa- 
nueva. Burgos 12 de Octubre de 1819. 

Cuatro hojas en 4." 

Cantata que á nombre del Real Semina- 
rio de Nobles de Vergara ofrece á los Reales 
Pies de la Reyna N. S. en celebridad de su 
feliz llegada á España D. Félix Enciso Cas- 
trillón. Catedrático de Humanidades del 
mismo Real Establecimiento.— En Bilbao, 
en la oficina de D. Pedro Antonio de Apraiz, 
Año de 1819. 

Cinco hojas en 4.* 

Ceremonias y etiquetas que deben obser- 
varse en la entrada en Madrid de S. M. la 
Reina nuestra Señora Doña María Josefa 
Amalia de Saxonia, en los desposorios de 
SS. MM. , velaciones, visita á nuestra Señora 
de Atocha, besamanos generales de los Con- 
sejos, etc. — Madrid, en la imp. Real, 1819. 

20 págs. en 4.° 

Descripción de los adornos que eT Exce- 
lentísimo Ayuntamiento de Madrid, á nom- 
bre de su heroico pueblo, ha dispuesto para 
recibir á la Reina Nuestra Señora Doña Ma- 
ría Josefa Amalia, con motivo del feliz en- 
lace de nuestro amado Monarca el Señor 
Don Fernando el Vil. — Imp. s. 1. n. a. 

Cuatro hojas en folio. 

Oración congratulatoria dirigida por la 
Real Academia Española á S. M. el Rey 
D. Fernando Vil, con motivo de su regio 
enlace con la augusta Señora Doña María 
Josefa Amalia de Sajonia. — Madrid, 1819. 

8 págs. en 4.° 

[Relación de los festejos con que Madrid 
recibió á D." María Josefa Amalia de Sa- 
jonia.] 

Gaceta de Madrid, 24 de Octubre de 1819; 
p4g5. 1.071 á 1.076, 



184 



Con motivo del dulce enlace del Rey 
nuestro Señor, una dama de esta corte, que 
nació en el Mediodía de España, transpor- 
tada con todo el entusiasmo de su amor y 
su clima, cantó las siguientes Liras: 

Bien puedes, feliz musa, en este día, 
En vuelo poco usado, 
Festiva remoniarie con agrado... 

Firmadas con las iniciales S. de O. y C. 

Diario de Madrid, 20 de Octubre de 1819. 

Oda al augusto enlace del Rey Nuestro 
Señor con la señora Princesa Doña María 
Josefa Amalia de Sajonia.— Madrid, imp. de 
Repullés, 1819. 

16 págs. en 4.° 

Al Rey nuestro Señor, con motivo de su 
augusto enlace [con D." María Josefa Ama- 
lia de Sajonia]. Oda, por Garnier. 

Diario de Madrid. 24 de Agosto de 18 19. 

Otras poesías en elogio de D.' María Jose- 
fa Amalia de Sajonia. 

Diario de Madrid, 18 á 26 de Octubre 
de 1819. 

Retrato de las cualidades de nuestro ama- 
do Soberano, por una de sus más fieles y 
humildes vasallas, dedicado á nuestra desea- 
da Reina D/ María Josefa Amalia. Soneto: 

Ven, ya, Reina feliz, á ser querida 
De un sabio, de un valiente, de un piadoso... 

Firmado con las iniciales D. A. B. S. P. 

Diario de Madrid, 7 de Septiembre de 
1819. 

A la Reina nuestra Señora Doña María 
Josefa Amalia. 

Soneto doblado: 

En buen hora á esta Corte, Reina hermosa. 
Feliz y venturosa 
Llegues á ser amada y no temida... 

Firmado por una poetisa con las iniciales 
A. B. S. de P. 
Diario de Madrid, 20 fie Octubre de 1819, 



Versos á D.* María Josefa Amalia de Sa- 
jonia: 

Si la Parca cruel, ¡oh!, patria mía, 
Arrancó de tu seno á Isabel bella, 
El cielo compasivo á tu querella 
En Amalia su imagen hoy te envía... 

Firmados por una poetisa con las inicia- 
les F. R. de S. 

Diario de Madrid, 28 de Diciembre de 
1819. 

Relación de la entrada piíblica que los 
Reyes Nuestros Señores Don Fernando VII 
y Doña María Josefa de Sajonia, los Serení- 
simos Infantes y Real familia, hicieron en 
Sevilla, el día 8 de Octubre del presente año, 
restituido el Rey al trono de sus mayores en 
la plenitud de su soberanía, y descripción da 
los ornatos públicos que con este motivo les 
ofreció la ciudad. — Sevilla, imp. á cargo de 
García, 1823. 
44 págs. en 4." 

Obsequios que la ciudad de Córdoba hizo 
á sus augustos Soberanos en su glorioso 
tránsito y permanencia en ella, en los días 
25, 26, 27 y 28 di Octubre del presente año 
de 1823.— Córdoba, en la imp. Real [i823]. 
54 págs. en 4.° 

Canción heroica á la dichosa libertad del 
Monarca soberano de España é Indias Don 
Fernando VII, el Magno, Señor nuestro; de 
su augusta esposa Amalia, nuestra amabilí- 
sima y virtuosa Reina; de sus dignos herma- 
nos y demás familia Real, á su regreso y 
triunfante entrada en esta M. H. Villa y 
Corte de Madrid, verificada la tarde del 
Jueves 1 3 de Noviembre; y en loor del Ejér- 
cito Realista, y particularmente del Auxilia- 
dor y d2 su muy heroico Jefe el Serenísimo 
Señor Duque de Angulema, el Libertador. 
Por un amante de SS. MM. y AA.— Madrid, 
por D. Francisco Martínez Dávila, 1823. 
18 págs. en 4.** 



m 



■^185 



Manifiesto de la gloriosa entrada de nues- 
tro amado Soberano el Señor D. Fernan- 
do Vil, su auc;usta esposa la Señora Doña 
Mari'a Josefa Amalia y los Señores Infantes, 
en esta M. N. V. de Madrid, el día i3 de 
Noviembre de i823. Por D. Manuel Rodrí- 
guez Carreño. — Madrid, imp. de D. Antonio 
Martínez, 1823. 

Cuatro hojas en 4.* 

Relación de la entrada de los Reyes Nues- 
tros Señores en la ciudad de Barcelona, la ma. 
ñaña del 4 de Diciembre de 1827, y dt los de- 
más festejos públicos que tributó á SS. AIM. la 
Junta de Reales Obsequios, en nombre y re- 
presentación de dicha Ciudad. — [Barcelona], 
imp. de la Viuda de D. Agustín Roca, 1828. 

25 págs. en 4.° 

Relación de lo ocurrido en la villa de 
Tarrasa, en los días g. 10 y 11 de 'Abril 
de 1828, con motivo del tránsito de Sas 
Magestades por la misma. — Madrid, imp. de 
Sancha, M.DCCC.XXVIII. 

22 págs. en 8.° 

Manifiesto que la M. N. L. y H. Ciudad 
de Zaragoza ofrece al público, de los princi- 
pales regocijos con que explicó su alborozo 
durante la permanencia en la misma de sus 
amados Soberanos al regreso del Principado 
de Cataluña para la Corte. — Zaragoza, 
imp. de Mariano Miedes, 1828. 

241 págs. en 4.° 

Poesías compuestas y publicadas por los 
PP. de las Escuelas P'as con motivo de la 
venida y permanencia de Sus Magestades en 
Barcelona y Zaragoza. — Zaragoza, imp. de 
Francisco Magallón, 1828. 

48 págs. en 4.° 

Octavas para el catafalco de la iglesia de 
los Padres Escolapios de Valencia, en las 
honras que celebró á la muerte de la Reina 
Doña María Josefa Amalia, la JReal Maes- 



tranza de Caballería de dicha ciudad, por 
D. Juan Nicasio Gallego. 

Biblioteca de autores españoles; tomo LXVII, pág 425. 

— A la descripción hecha por la Reina 
nuestra Señora del sitio de los Baños de So- 
lán de Cabras. Décimas formadas sobre los 
vocablos finales de verso que se leen en las 
de S. M. — Imp. s. 1. n. a. 

Dos hojas en 4.° 

Descripción del cenotafio erigido para las 
Reales exequias de la Reina nuestra Señora 
D." María Josefa Amalia de Sajonia, cele- 
bradas en el día 28 de Julio en la Iglesia 
del Real Convento de San Francisco el 
Grande de esta Corte; inventado y dirigido 
por D. Isidro Velázquez. — Madrid. En la 
imprenta de D. León Amarita. 1829. 

1 5 págs. en 4.° 

Elogio fúnebre que en las solemnísimas 
exequias, celebradas con el soberano per- 
miso de S. M. el día 12 de Julio de ii!29, 
en la Iglesia Real dé San Gil por la Real é 
ilustre Congregación de Nuestra Señora de 
Guadalupe, á la digna memoria de la Señora 
Doña María Josefa Amalia d-2 Sajonia dijo 
Don Pedro Rico y Amat. — Madrid. Impren- 
ta de D. E. Aguado. 1829. 

37 págs. en 4." 

Exequias á la Reyna de las Españas Doña 
María Josefa Amalia de Sajonia, celebradas 
por el Claustro de Catedráticos de la Uni- 
versidad de Valencia en la Capilla de Nues- 
tra Señora de la Sabiduría el día 17 de Ju- 
nio de 1829 y elogio fúnebre pronunciado 
por el P. M. Fr. Jorge Comín. — En' la Irti- 
prenta d3 D. Benito "Mohfort. 

38 págs. en 4.° ■ . 
Sucinta relación de las honras fúnebres 



que 



á su Augusta Soberana Doña María 
Amalia de Sajonia. Reina de España, tribu- 
tó el M. I. Ayuntamiento* de- la villa dat Al- 



^i^^ 



Cira en el día i8 de Julio de 1829.— Valen- 
cia: Oficina de José Ferrcr de Orga. 1829. 

Siete págs. en 4." 

Oración que en las solemnísimas Exequias 
celebradas el día 3 de Agosto de 1829 en la 
Real Iglesia de San Isidro, por el Excelentí- 
simo Ayuntamiento de Madrid, á la digna 
memoria de la Reina Doña María Josefa 
Amalia de Sajonia pronunció el Doctor don 
Francisco Antonio González. — Madrid. En 
la Imp. Real. Año de 1829. 

30 págs. en 4." 

Oración fúnebre que en las Reales Exe- 
quias celebradas en la Santa Iglesia Cate- 
dral de Cuenca el día 16 de Junio del pre- 
sente año de 1829 en sufragio del alma pia- 
dosa de la muí Augusta Señora Doña María 
Josefa Amalia de Sajonia dijo el Doctor Don 
Cristóbal Amat y Socoli. — Cuenca. 1829. 
Por los Hijos de La Madrid. 

32 págs. en 4.° 

Oración fúnebre que en las solemnes y 
Reales Honras celebradas de orden de S. M. 
el Señor D. Fernando Vil Rey de España 
y de las Indias por el alma de su Augusta 
Esposa la Señora Doña María Josefa Ama- 
lia de Sajonia dijo el P. Eduardo José Ro- 
dríguez de Carassa, de la Compañía de Je- 
sús, en la iglesia de San Francisco el Grande 
de Madrid el día 28 de Julio de 1829. — Ma- 
drid: Imprenta de D. Eusebio Aguado. S. a. 

36 págs. en 4.° 

Oración fúnebre que en las solemnes exe- 
quias de la Católica Reyna de las Españas 
Doña María Josefa Amalia de Sajonia cele- 
bradas por la Real Maestranza de Valen- 
cia en la iglesia de las Escuelas Pías de la 
misma el día i." de Julio del año 1829 dijo 
el P. Joaquín Esteve de San Miguel. — Im- 
prenta de Don Benito Monfort. S. 1. n. a. 

33 págs. en 4." mayor. 



Oración fúnebre que en las Rea'es y so« 
lemnes exequias que hicieron la M. N. y 
M. L. ciudad de Ávila y su tierra en la San- 
ta Catedral á la dulce memoria de su difunta 
Reina la Señora D.'' María Josefa Amalia, día 
i6 de Junio de 1829, dijo el Dr. D. Juan dé la 
Torre Santos. — Ávila: Por F. Aguado. 1829. 

22 págs. en folio. 

Relación de las demostraciones de profun- 
do dolor que en la muerte de su amada so- 
berana la Señora Doña María Josefa Ama- 
lia de Sajonia hizo la siempre fidelísima 
ciudad de la Habana. — Habana. Imprenta 
del Gobierno por S. M. 1829. 

Cinco hojas en folio, con un grabado. 

Llanto de los seminaristas del Real Cole- 
gio de Escuelas Pías de San Antonio Abad 
en la sensible pérdida de su malograda Rei- 
na la Señora Doña María Josefa Amalia de 
Sajonia. — Madrid. En la Imprenta Real. 
Año de 1829. 

14 págs. en 4.** 

Es una Elegía de D. Fermín de la Puente 
y Apezechea. 

Poesías lúgubres á la sensible muerte de 
la Reina de España la Señora Doña María 
Josefa Amalia de Sajonia, por D. Cayetano 
Puch y Portóles.— Madrid. Imprenta Ra- 
mos y Compañía. 1829. 

Cuatro hojas en 4.° 

SáficQs adónicos á la muerte de la Reina 
nuestra Señora Doña María Josefa Amalia 
de Sajonia, por Don Gregorio Isaac Díaz de 
Goveo. — Madrid: Imp. de los Hijos de Doña 
Catalina Piñuela. 1829. 

Seis págs. en 4.° 

Elegía con motivo de la dolorosa muerte 
de la Reina nuestra Señora Doña María Jo- 
sefa Amalia de Sajonia. Por D. Juan Miguel 
de Arrambide. — Sevilla: Imp. Mayor. 1829. 

OchQ págs. en folio. 



— 1 
En la temprana muerte áz la Reina N. S. 
D.' María Josefa Amalia de Sajonia. Elegía 
por Don Manuel Ruiz Crespo. — Sevilla: Im- 
prenta de H. Davila, Llera y Compañía. 
1829. ^ 

12 págs en folio. 

OBRAS DE DOVA MARÍA JOSEFA AMALIA 
DE SAJONIA 

47Ó. — Vida de San Fernando, Rey de Cas- 
tilla y de León. 

Poema en XVÍI cantos. 

Hay una copia en la Biblioteca de Palacio; 
consta de 288 págs, en 4.**; letra del primer 
tercio áú siglo xix; otra en la Biblioteca 
Nacional con los manuscritos que fueron de 
Gayangos, y otra en la del Sr. Duque de 
T'Serclacs. 

Canten otros las fábulas ó historias 
En que el laurel la fuerza arrebató; 
De la ambición celebren las victorias 
Que la sangre inocente amancilió; 
Mi canto elevo á más sólidas glorias 
Que Dios mismo en el cielo coronó, 
Canto un monarca sabio si y guerrero, 
Mas sobre todo un Santo Rey venero. 

Fernando, luz brillante desde el trono, 
Sol del Ibero reino y su blasón. 
Fué hijo del Rey Don Alonso el nono 
Que ceñía la diadema de León, 
Su madre, de cuya procedencia abono 
Es de su hijo la santa educación 
Cuyo fruto en su ilustre vida brilla. 
Fué Doña Ber'enguela de Castilla, 

Esta Princesa que á su trono augusto 
Un vastago tan floreciente dio 
Con tierno esmero é inexplicable gusto 
El corazón al Príncipe formó; 
Dios le dio un cuerpo hermoso y muy robusto, 
Perü de alma mas bella le dotó 
Que cultivada del materno celo 
Fué un terreno fecundo para el cielo. 

La fe de Cristo fué el Norte sagrado 
Que desde luego e empezó á guiar; 
Desde entonces por ella iluminado 
Supo temer á Dios, le supo amar; 
por el ejemplo d«l Verbo Encarnado 



A padre y madre aprendió á honrar, 
y lleno de virtudes y prudencia 
De niño sólo tuvo la inocencia,.. 

477, — Poesías líricas. 

D. Juan Pérez de Guzmán publicó en su 
Cancionero de los Príncipes de la poesía es- 
pañola las siguientes: 

Versos compuestos al Sacratísimo Cora- 
zón de Nuestro Señor Jesucristo: 

Prestadme vuestros ardores. 
Abrasados serafines... 

Alabanza de Dios: 

Todas las criaturas 
Alaben al Eterno... 

Sobre la conversión de mi bisabuelo Au- 
gusto líl de Sajonia. Romance: 

Escúchenme los pueblos 
Para que á todos diga... 

El labrador feliz. Letrilla: 

En mi sencilla 
Campestre estancia.. 

La adulación. Décima: 

Teme la lisonja necia, 
Que de elogios nunca avara... 

La comedia de la vida. Décima: 

Es comedia y burla infiel 
Toda vanidad mundana... 

La ola. Fábula: 

El mar llega á la playa 
y retrocede... 

Revista contemporánea, tomo LXXXIII, pAgs. 19* á aoi 
y 320 á 323. 

478.— A los voluntarios realistas de Ma- 
drid en el acto de entregarles la bandera y 
estandarte; versos compuestos por nuestra 
augusta y católica reina doña María Josefa 
Atnalia. Publícalos el M. de G. R. á quien 
S. M. ha dispensado el distinguido y singular 
honor de mandarle franquear una copia.-— 
Madrid, imprenta de Don Miguel de Burgos. 

Nueve págs. en 8.** 



=^-i«8 ^ 



Parte dsesta poesía fia Sido reproducida 
por D. Manuel Chayes qú su obra. Don Ma- 
riano José de Larra (Fígaro). Su tiempo. — 
Su vida.— Sus obras. — Sevilla. Imp. de La 
Andalucía. 1899. 

Págs. 147 á\49. 

479. — Despedida que hace la Reina nues- 
tra señora de su augusto esposo el Señor 
Don Fernando VII con motivo de su viaje á 
Cataluña el día 22 de Setiembre de 1827. 

Adiós, Fernando, adiós, nos ha llegado... 

Publicada en la Historia de la inda y rei- 
nado de Fernando VII de España, con do- 
cumentos justificativos , órdenes reservadas 
y numerosas cartas del mismo tnonarca, 
Pío VII, Carlos IV, María Luisa, Napoleón, 
Luis XVIII, el Infante Don Carlos y otros 
personages (i). — Madrid, imprenta de Repu- 
llos. 1842. 

Tomo III, pág. 454. 

480. — Despedida que hace la Reyna nues- 
tra Señora de su Augusto Esposo el Señor 
Don Fernando VII con motivo de su viaje á 
Cataluña el día 22 de Satiembre de 1827. Con 
permiso de S. M. — Madrid, imprenta de Co- 
llado. S. a. . 

Cuatro hojas en 4.? 

481. — Colección de poecsías conjpuestas 
por S. M. la Reina. 

Dos volúmenes en 4. ''Parecen estar co- 
piados por el mismo Fernando Vil. Consta 
el primero de 264 y el segundo de 280 pági- 
nas en 4.° 

Archivo del Peal Palacio. 

Hay una copia moderna, incompleta, en 
la Biblioteca Nacional, entre los manuscri- 
tos que fueron de Gayangos. 

Contienen las siguientes composiciones. 



ÍM Con bastante fundamento se atribuye esta obra i 
D. Estanislao Bayo. •; 



Tomi3;I. .. - 

I.? Oraciones para antes y después de co- 
mulgar. -' . 
Para antes de comulgar. Octavas: 

, Me asegura que estás aquí presente 
tu divina palabra ¡oh mi señor!... 

Para después de comulgar: 

Ante tu faz divina aniquilado. 
Dentro de mí le adoro, ¡oh mi Señor!... 

'2.* Oración por las actuales circunstan- 
cias de la Iglesia y del Estado. Octavas: 

Eterno Dios, que desde el alto cielo 
El triste estado ves de la Nación... 

3." Oración por nuestros actuales enemi- 
gos. Octavas: 

Tú, que en alto de la cruz rogaste 
Por tus verdugos, tú, mi Salvador... 

4." Oración á San Joaquín. Octavas: 

¡Oh! tú, Patriarca Santo é incomparable 
Que con tanta ternura Dios miró... 

5." Oración á San Juan Bautista y Santa 
María Magdalena, compuesta para una per- 
sona que los había escogido por abogados 
aquel año: 

jOh! tú, que por patrón yo he escogido 
Para Cite año que voy á comenzar... 



6.* Canción al 
Sextinas: 



Santísimo Sacramento, 



Alegría de mi semblante, 
De mi corazón Señor... 

7." Canción al dukí:u*mo nombre de Jesús: 

¡Oh! "dulce nombre amable 
Óleo saludable... 

8." Canción mística sacada de otra tradu- 
cida del francés: 

Mi vid^acá me es apreciable 
Solo, por tí... 

9.' Dos canciones místicas, sacadas de djs 
patrióticas, e^f .bvi^stniido. 



Primera. Para animarse contra el mundo 
y las pasiones. 



A las armas, soldados de Cristo, 
Sus pendones Reales tremolad... 

Segunda. Para entregarse al servicio de 
Dios: 

De profundo respeto en tributo 
Oírezcaiíios nuestra alma al Señor... 

10. Afectos del alma hacia Dios, sobre la 
música de la Despedida de Arriaza, y algu- 
nas coplas sacadas de ella: 

De tu amor el dulce fuego 
Siempie encienda el alma mía... 

11. Al Sacratísimo Corazón de N. S. Je- 
sucristo: 

Prestadme vuestros ardores, 
Abrasados serafines... 

12. Al Sagrado Corazón de María Santí- 
sima, Madre y Señora nuestra: 

Ayudadme, ángeles santos, 
A cantar con alearía... 

13. Breves actos de Fe, Esperanza y Ca- 
ridad; 

Os creo, ¡oh suma verdad! 
En vuestras promesas fío... 

14. Acto d2 resignación en la voluntad 

d^ Dios: 

Yo soy tu criatura 
Sujeta á iiv.poder... 

i5. Acto de contrición: 

Yo te he ofendido ¡oh Dios! por mi pecado 
Me he rebelado coiura mi Señor... 

16. Dos actos de amor de Dios: 

¡Oh! mi dulce Salva or 
Mi consuelo y mi alegría... 

ij. Actos de diferentes virtudes: 

El hombre es incapaz de comprender 
De nuestra fé las verdades sagradas... 

18. Glosa de la cuarteta siguiente: 

Dios es la su, na bondad, 
El sabe lo quf^ conMian^: .. 



Puesto que él asi nos tiene 
Hágase su volunlad. 

En el tiempo trabajoso 
Tengamos resignación... 

19. Glosa de la quarteta siguiente: 
Aplaca, Señor, tu ira 

Tu justicia y iu rigor 
¡Dulce Jesiis de mi vida 
Misericordia, Señor! 

Ante tu faz inmortal 
Humildemente postrados... 

20. Soneto al Santísimo Cristo arrastrado 
en los Capuchinos: 

¡Oh tú! que nos libraste del pecado 
Y sobre tí tomaste nuestros males... 

21. Soneto: 

Aunque yo tuviese los ardores 
De toda la milicia celestial... 

22. Sonetos traducidos del italiano, en 
cuya lengua los compuse, en ocasión de que 
viéndome cubierta de joyas me acordé de la 
corona de espinas de N. S. Jesucristo: 

¡Qué vista! yo mi cabello adornado 
Yo culpada cubierta de esplendor... 

Cuando tan llena de esplendor me vi, 
Mi cabillo de joya^ adoinado... 

23. Actos de Fe al Santísimo Sacramento: 
Aunque es cosa admirable y nunca oída 

Te creo aquí presente ¡oh Dios del Cieio!... 

24. Acto de resignación sacado de uno que 

compuse en italiano: 

Tu voluntad se haga y no la mía; 
Lo que conviene saues tú mejor... 

25. Soneto sobre la celebridad de la Sema- 
na Santa y Pascua: 

Tiempo nunca bastante celebrado. 
Días de una abundante redención... 

26. Bienaventuranza del justo. Soneto: 

Busca el mortal felicidad y paz 
Y en oro, ho.iras, placeres, piensa hallarla... 

27. Décima para pedir á Dios la paciencia: 

Postrado ante la faz de tu clemencia 
Tus auxilios iqjpjoro ¿©hReden^órr:.., 



— 19^ -- 



28. Deseo de las virtudes Fe, Esperanza, 

Caridad y contrición: 

Quisiera ¡oh! mi Salvador 
Tener la fe la más pura... 

29. Villancicos: 

Alégrese la tierra 
Y olvide su dolor... 

30. Gozos del Santísimo Sacramento: 

De la pasión del Señor 
¡Oh! dulcísima memoria... 

31. Gozos de las cinco sacratísimas llagas 

de Nuestro Señor Jesucristo: 

Dulces llagas, que el Señor 
Recibió por nuestros males... 

32. Gozos al Santo Coro de los Serafines: 

Á implorar vuestro favor, 
Serafines, nos unimos... 

33. Gozos á San Josef: 

Á tu santa protección 
• Pues devoto me remito... 

34. Décima para excitar á una alma á la 
conformidad con la voluntad de Dios: 

¿Por qué del querer divino 
Tu alma en la aflicción murmura.,. 

35. Décima hecha la víspera de la Nati- 
vidad de María Santísima: 

¡Oh qué día tan precioso 
Mañana celebraremos... 

36. Salutación á María Santísima. Dé- 
cima: 

Dios te salve, madre amada, 
Dios te salve, Virgen pura... 

37. A San Jerónimo, en cuyo día los re- 
volucionarios nos permitieron salir de Cádiz 
cuando nos pareciera: y 

Jerónimo glorioso, 
Á tí nos dirigimos... 

38. Canción á la Pasión de Nuestro Sí^ñor 
Jesucristo: 

Siempre, inmenso» Padre amante. 
Es tu amor y di^nacióti 



39. — Á la cueva donde murió en Toledo 
Santa Leocadia: 

Cueva mil veces dichosa 
Donde con preciosa muerte... 

40. Soneto á Nuestro Señor Jesucristo en 
el monte Olívete: 

¡Oh! Rey de gloria, universal Señor, 
Que sobre el querubín estás sentado... 

41. Reconvención de una alma á sí mis- 
ma. Soneto: 

Á unos cuantos vasallos sediciosos 
Tenía un Rey á su disposición... 

42. Para la sagrada Comunión. Soneto: 

Si á un miserable esclavo preso y herido 
De las resultas de una rebelión... 

43. Temor y confianza. Décimas: 

Lleno de afán y temor 
El hombre vive en la tierra... 

44. La Sagrada familia: 

Centro de la perfección. 
De las virtudes modelo... 

45. Décima sobre la fe: 

Hombre flaco y limitado 
¿Cómo vacila tu fe... 

46. Décima sobre un pobre con un cáncer 

en el rostro: 

En su estado miserable 
Aquel hombre gue padece... 

47. Décima sobre dar á Dios el corazón á 
medias: 

Cuando dijo el monarca Salomón 
Que el niño en las dos madres se partiera... 

48. Décima sobre el Santísimo Sacra- 
mento: 

No admiro en el misterio del altar 
Tu poder soberano y eminente... 

49. Décima sobre lo poco que sirven las 
virtudes morales sin las teologales: 

Más que fueras el hombre más honrado, 
De más irreprensibles procederes... 



5o. Soneto á Nuestro Señor Jesucristo en 
su Pasión: 

¡Oh! mi Jesús, Rey de gloria inmortal, 
^Con qué ins gnias te veo yo adornado... 

5i. Oración á la Santísima Trinidad, por 
la intercesión del Beato Miguel de los San- 
tos, para pedir la sucesión de los reyes: 

Te pido con sumisión 
¡Oh Trinidad adorada!... 

52. Sobre la confianza en los méritos de 

Nuestro Señor Jesucristo: 

Alma abatida y tímida, respira 
Entre tantos motivos de temor... 

53. Cuarteta: 

Mas que en este mundo salga... 

54. Oración de una casada para pedir 
suces'ón: 

Ante tí con sumisión 
Postrada y con reverencia... 

55. Oración á San Juan Nepomuceno: 

Juan, noble mártir, mi oración, 
Lleva de Diosa la presencia... 

56. Oración para pedir la sucesión del Rey: 

Ante tu trono postrado 
Te pido con sumisión... 

bj. Décima sobre los libros prohibidos: 

Para leer los libros prohibidos 
No basta la firmeza ni el saber... 

58. Décima sobre domar las pasiones: 

Nadie en el cielo puede entrar 
Si no se vence firmemente... 

59. Décima sobre abandonarse al dolor: 

El que se encuentra en el dolor 
Si se abandona al sentimiento... 

60. Sentimientos de un masón mori- 
bundo: 

¡Pobre de mí! que alucinado 
Dejé U grey del buen Pastor... 

61. Acto de desagravios al Santísimo Sa- 
cramento. Décimas: 

Ante el trono de tu amor 
Humildemente postrado... 



62. Actos de Fe, Esperanza y Caridad: 

Creo lo que Dios dijo 
Que uno en esencia es, en personas trino... 

63. Décimas á un militar: 

No hay ninguna condición. 
No hay oficio, no hay estado... 

64. Coplas para ofrecer la incomodidad 
del locador: 

Si con mi grande aversión... 

65. Décima para ofrecer el ayuno de la 
Cuaresma: 

Autor de mi salvación... 

66. Ovillejos: 

No hay en el mundo dulzura 
Pura... 

6"/. Retrato de un verdadero cristiano: 

Saber de Dios bien la ley, 
Meditar sus perfecciones... 

68. Tres sonetos con motivo de la con- 
versión de un judío: 

^Por qué tan sólo y tan desamparado... 

¿Por qué, ¡oh Isaac! al ver al compañero... 

Gracias mi Dios, pues quieres con dulzura... 

69. Soneto sobre la conversión de un sol- 
dado suizo, preso por un ro:o ligero: 

Alégrate en aquél que te eligió... 

70. Soneto á los apóstatas de la China: 
¿Qué hacéis abandonando la verdad?... 

71. Décima sobre lo justo que es estar 
pronto á dar su sangre por Dios: 

La sangre en todas mis venas... 

72. Ovillejos: 

Gozo de Gloria sin fin, 
Joaquín... 

73. Soneto en honor de San Marcelino: 
Llora la Iglesia y gime, ¡ah! que cayó... 

74. Soneto en honor de San Vicente Fe- 
rrer: 

Con la virtud se puede componer... 



-::>»» 



75. Soneto en honor de San Pascual 
Bailón: 

De Dios siervo fiel y amado..; 

76. Soneto á Santa Teresa de Jesús: 
Lo que es ia fuerza del amor divino... 

77. Soneto en honor de Santa Casilda: 
Cual de las peñas entre la fragura... 

78. Soneto en honor de San Timoteo y 
Santa Maura: 

De un falso amor Maura descaminada... 

79. Soneto en honor de Santas Perpetua 
y Felicitas: 

Marchan con alegría y sin temor... 

80. Soneto en honor de Santa Mónica: 
Si una mujer fuerte queréis hallar... 

81. Soneto en honor de San Esteban: 
Dichoso Esteban, tú que entre baldones... 

82. Soneto en honor de San Lorenzo: 
Minisiros débiles de un vil furor... 

83. Soneto en honor de San Francisco de 
Sales: 

Si te dejas vencer de tus pasiones... 

84. Soneto en honor de San Ginés. 
Ginés nuestro bautismo á remedar... 

85. Soneto en honor de San Quirico: 
De estos dos Santos en la inmolación... 

86. Décima en honor de San Juan Nepo- 
muceno: 

Dichoso el héroe que se resistió... 

87. Décima en honor de San Mauricio y 
sus compañeros: 

Mira esta tropa bienaventurada... 

88. Décima sobre la caridad: 

iQué premio tan elevado... 

89. Décima sobre la resignación: 

Por un áspero camino... 



90. Diálogos de la historia de San Nicé- 
foro con Sapricio, con coros para canto: 

Manir de Cristo, perdóname... 

91. Soneto á Santa Juana Francisca Fre- 
miot de Chantal: 

Dichosa Juana, tú que del Señor... 

92. A la Asunción de María Santísima: 

¿Quién es la que es elevada... 

93. Soneto en honor de Santa Anastasia y 
San Cirilo: 



Anastasia su lengua ve arrancar... 

94. Décima: 

Por amarnos demasiado... 

95. Soneto, sobre que en el mundo todos 
son desengaños: 

Por su brillo deslumhrado... 

96. Soneto sobre que no tengo disculpa si 
no soy buena cristiana: 

El señor me hizo nacer... 

97. Décima al patrocinio de María: 

A tu sombra, madre amada... 

98. Soneto á los Santos Inocentes: 

¡Dichosos márti.es del Salvador... 

99. Villancico: 

¿Cuándo será aquél día... 

100. Décima á una alma afligida: 

Valor, alma atribulada... 

loi. Pensamientos devotos en una noche 
que se halle uno desvelado: 

Si me niega su consuelo... 

102. Soneto él día de la Encarnación de 
nuestro Señor Jesucristo: 

Día feliz, que del amor más tierno... 

103. Soneto sobre la prisión de Nuestro 
Señor: 

¿A quién buscáis, pregunta el Rey del cíelo... 






— «93 — 



104- Traducción libre del epitafio del 
Santísimo Cristo del Pardo: 

Detente peregrino, aquí, y postrado... 
io5. Reflexiones á la vista del Redentor 
crucificado, sacados del Tratado de la per- 
fección del amor de Dios, de Fr. Luis de 
Granada: 

¿Quién es el que está tendido... 
io6. Décima á nuestra Señora de la Pre- 
sentación, en cuyo día se convirtió á la fe 
Católica mi bisabuelo Augusto III de Sa- 
jonia: 

Pues en tu día ¡oh madre dulce y tierna!... 

107. Afectos á la vista de un Crucifijo, 
traducidos del alemán: 

Mírale en esa cruz tendido... 

108. Oración de una alma afligida: 

Yo soy tu criatura... 

109. Gozos á la Encarnación de Nuestro 
Señor Jesucristo: 

Pues por nuestra salvación... 

no. Al día de la Presentación de María 
Santísima: 

Bello día en que se han ostentado... 

111. Dos sonetos sobre la agonía del Señor 
en el Huerto: 

¡Oh! Dios de gloria y de poder cercado... 
Hombre, conoce en esto de mi amor... 

112. Soneto sobre la honra que hizo el 
Verbo divino á la naturaleza humana por la 
estrechez con que la unió á sí: 

Un Rey de toda una familia, gana... 

1 1 3. Soneto sobre el agradecimiento que 
debemos á Nuestro Señor por su Encarna- 
ción y Pasión: 

Si tal bondad los corazones gana... 
414. Sobre la gloria del cielo. Octavas: 
-•- ^ulce mansión deuna perpetua gloria... 



ií5. Exhortación del Señor al alma para 
que siga el camino del cielo aunque le sea 
penoso: 

Hijo amado, con valor... 

116. Décimas sobre el descendimiento al 
Limbo, de Nuestro Señor Jesucristo: 

De un benigno monarca, si el perdón... 

117. Retrato de un alma tibia: 

De una alma tibia el estado... 

118. Retrato de una alma fervorosa: 

¡Cuan dichoso es el estado... 

119. Décima sobre la felicidad de los 
justos: 

¡Qué vida tan feliz es la de aquéllos... 

120. Gozos á la Presentación de María 
Santísima: 

Pues vuestra presentación... 

121. Gozos de San Vicente de Paúl: 

San Vicente, protector... 

122. Encuentro de San Sixto, Papa y 
mártir, con su diácono San Lorenzo. So- 
neto: 

Caminando al suplicio con valor... 

123. Felicidad de los justos. Soneto: 
¡Dichosos los que se hallan entregados... 

124. Gozos al Santísimo Cristo del Pardo: 

Tributando aquel honor... 

125. Afectos de amor y confianza hacia 
Dios: 

Cómo anhela la fuente cristalina... 

126. Despedida á la Virgen del Patrocinio 
al salir del Escorial para Valencia: 

Yo te saludo ¡oh dulce madre mía!... 

127. Soneto en honra de los mártires de 
Zaragoza: 

Lo que puede lagracia en un crisiiano... 

1% 



*-i54 — 



128. Soneto á San Fernando y á San Luís: 

El infeliz envidia la quietud... 

129. Soneto á la Inmaculada Concepción: 
Cuando la hermosa Ester se presentó... 

130. Décima á la Virgen: 

Á tus plantas, madre mía... 
i3i. Décima á la vista del mar: 
¿Qué es lo que al mar consigue detener... 

1 32. Oración para pedir auxilio á Dios: 

Dios, á cuya ley suprema... 

1 33. Amor de Cristo á todos: 

El patriarca Jacpb, su tierno amor... 
¡34. Oración para las enfermas incurables 
en el día de la Comunión: 

Protector del desgraciado... 
135. Oración para las niñas de la escuela 
de las Incurables: 

Pues la dicha sin igual... 

i36. Oración para un niño, traducida del 

alemán: 

Padre de todos los seres... 

137. Cuarteta sobre el justo: 

La fé es la luz del justo en esta estancia... 

138. Soneto á San Jerónimo: 
Santo Doctor de vasta erudición... 

139. Décima para confusión de los tibios: 

Con veloz revolución... 

140. Reflexiones para confundir nuestro 

orgullo: 

Su interior á examinar... 

141. Décima á San Cayetano: 

ínclito sacerdote del Señor... 

142. El Ave maris stella traducido: 

Salve, clara estrella... 

143. Afectos de un alma á vista de un pa- 
jarito que vuela al cielo: 

Vuela hacia «1 alte cíalo... 



144. Oda para antes de comulgar: 
Ven á mi pobre seno... 

145. Oda para después de comulgar: 
Al fin yo le he encontrado... 

146. Oración para por la mañana: 
Dios, Dios mío, por tí suspiro y velo... 

147. Oda para las hermanas de la Caridad: 
¿Dónde hay para un cristiano... 

148. A un alma poco resignada: 
Alma afligida, ¿á qué te dejas... 

149. Oda de alabanza á Dios: 

Todas las criaturas... 

i5o. Décimas sobre las riquezas: 

Riqueza vana, débil y engañosa... 

i5i. El temor único de un cristiano. So- 
neto: 

No temo, no, de la fortuna la ira... 

i52. Oda sobre la conversión de mi bis- 
abuelo: 

Escúchenme los pueblos... 

¡53. Coloquio de un alma con Nuestro 
Señor Jesucristo en la Columna: 

¿Quién á esa columna dura... 

154. Décima: 

Hiéranme tus saetas celestiales... 

í55. No hay más verdadero mal que el 
pecado: 

Lo que del ciego mundo la demencia... 

1 56. A los que desprecian los pecados ve- 
niales: 

Tú desprecias la culpa que es venial... 

157. Décima sobre los dolores de María 
Santísima: 

¿Por qué la Madre ha de sufrir contigo... 

1 58. Oda con motivo de hallarnos mi es- 
poso y yo solos la víspera de la Inmaculada 



— I^ — 



Concepción, él rezando el Oficio del día y yo 
el Parvo de la Virgen: 

La víspera del día... 

iSg. Décima sobre la eternidad y el tiempo: 

La muestra con paso igual... 

El tomo II contiene: 

Romances. 

I.* La vocación triunfante: 

Enrique. — ¿Cuándo en fin, ¡oh! Clara amable... 

2.' Los efectos de la violencia: 

Adelaida.— Padre mío, ten piedad... 
3." El engaño feliz: 

Selím mío, hijo amado... 

4.* La mejor prueba de la verdad de la 
religión: 

Con el poder de un Bajá... 
5.' El enemigo generoso: 

De amigos un noble par... 

6.' Fruto temprano de la buena educación: 

¿Dónde encontrará reposo... 

7.* La mejor recompensa de las virtudes 
morales: 

Ser eterno é inefable... 

8.* El verdadero valor no se prueba con 
delitos: 

En Sevilla distinguida... 

9.' Aun el amor humano más justo, debe 
tener limites: 

De Pekín en la ciudad... 

10. La virtud es la mejor herencia [Rela- 
ción dialogada del martirio de un cristiano 
de la China, llamado Esteban]: 

A la sombra de una verde palma... 

n. Poesías sobre diferentes asuntos. Re- 
cuerdos del 2 de Mayo de 1808, aplicados al 
5 de Febrero de 1 82 i: 

Día terrible, día sin gloria... 



12. Coplas de Arriaza sobre el 2 de Mayo, 
aplicadas al 7 de Julio: 

Día terrible, día sin gloria... 

1 3. Recuerdos del 2 de Mayo de 1808, he- 
chos en el año de 1821: 

Día terrible sí, pero de gloria... 

14. En la muerte del Capellán de Honor 
D. Matías Vinuesa: 

Víctima pura de una injusta muerte... 

1 5. A la baranda de portería: 

Triste recurso en tiempos tempestuosos... 

16. A losjvarios desterrados por desafectos 
á la Constitución: 

Tropa feliz aunque'desterrada... 

17. A los que llevan un martillo para re- 
cordar y gloriarse de la muerte de D. Matías 
Vinuesa: 

<jDe qué adorno te veo señalado... 

18. Octava: 

España, bien triste ha de ser tu estado.., 

19. Dios y Rey para los serviles; ni Dios 
ni Rey para los liberales: 

Ni Dios ni Rey hay para los serviles... 

20. A los guardias: 

Cuerpo insigne tan fiel como valienre... 

21. Llegada á Sacedón, compuesta antes 
de conocer la falta que hacían los Guardias 
de Corps: 

En fin té veo, pueblo deseado... 

22. Despedida de Sacedón: 

Pueblo amado, ¿con que he de dejarte?... 

23. Reconvenciones de España á la Cons- 
titución: 

Pérfida, ¿con que asi me has engañado... 

24. Despedida de la Granja: 

4€on que te he de dejaf, ¡oh!, sitio amado... 



-^ 196 

25* Al 19 dé Febrero de i823: 

Día terrible de un peligro horrendo... 

26. Á la muerte del señor Infante D. Fran- 
cisco de Asís: 

Alma feliz, alma pura é inocente... 

27. Conversación de un liberal y un rea- 
lista. Canción: 

Ya del despotismo cayeron los grillos... 
28 -Respuesta de un realista á un liberal 
que le preguntó por qué no quería la Cons- 

titu?ión: 

Tú preguntas el motivo... 
29. Dos palabras de un liberal y un rea. 

lista liberal: 

Conoce las ventajas de la Constitución.... 

, 3o. Palabras de desengaño aun liberal: 
¿Tu imaginas que estas leyes... 
3i. Alfabeto de ün realista: 
jAh!, fatal Constitución... 

32. Soneto hecho antes de la Constitu- 
ción, destinado para el 24 ¿e M^rzo: 

Feliz, claro y glorioso es este día... 

33. .Soneto sobre el buea corazón: 

El que tiene un corazón... 

34. Décima para cuando se acábela Cons- 
titución, hecha en el día de la abertura de 
las Cortes: 

Ya llegó el feliz momento... 

35. Décima para una sociedad ó reunión 
de buenos: 

Cantemos con alegría... 
36*. Décimas hecha el mismo día de la de- 
posición de los siete Ministros: 

¿Dónde hay esa Constitución... 
37. Décima hecha creyendo que el zascan- 
dil del Zurriago era el mismo Rey: 

^Q ^dá cosa el nombr* t§tá trocado..* _ 



38. Retrato de un biien español: 

Respeto á la religión... 

39. Retrato de un mal español: 

Declarada irreligión... 

40. Décima con motivo de la boda de mi 
hermana María con el Gran Duque de Tos- 
cana: 

¡Oh! tú que como yo al yugo sagrado... 

41. Décima con motivo de la equivoca- 
ción sucedida la víspera de San Calixto del 
año de 1822, por haber venido á mi cuarto 
el comerciante que el Rey había mandado 
ir al suyo, á fin de comprarle un adorno 
para la Casita de abajo del Escorial; con 
cuya ocasión lo tomé yo y se lo regalé al día 
siguiente por su cumpleaños: 

Celebro una equivocación... 

42. Décima sobre las noches largas: 

Amigas, no lo extrañéis... 

43. Décima: 

Liberal astuto, en vano... 

44. Décimas: 

El Rey es el soberano... 

45. Otras sobre el pie; El café hubo de 
perdernos: 

El café hubo de perdernos... 

46. Otras sobre el mismo asunto: 

La acción buena se alabe... 

47. En un libro de memorias que regalé 
al Rey el día de San Calixto del año 1821: 

De un grande amor, gaje vil y pequeño... 

48. Décima: 

Anhela el pecho oprimido... 

49. Otra: 

Armaos, vasallos leales... 

50. Otra: 

I^a: república me espanta..... 



--t97 



5i. Otra: 

¿Cuándo libres estaremos... 

52. Décima: 

Quien me ve, si i reunión... 

53. Versos sobre diferentes pies: 

Recela del traidor... 

54. Otros: 

Si lograremos el fin... 

55. Varios brindis: 

Que triunfen los leales... 

56. Ovillejos: 

¿Qué hace falta á nación... 

57. Bolero: 

. Tengo un loro y no cesa... 

58. Boleras: 

Un miliciano á otro... 

59. Cuarteta: 

A qué estado habrán llegado... 

60. Epitafio al Capellán de Honor D. Ma- 
tías Vinuesa: 

Buen sacerdote, vasallo leal... 

61. Recuerdo de la amistad: 

De los bienes de fortuna terrena... 

62. Al casco de nácar que llevaba Loren- 
za, con lo cual la embromábamos diciendo 
era de un miliciano de caballería: 

¿Qué hombre de juicio sano... 

63. A rni esposo Fernando á los diez y 
siete meses de la revolución: 

. Aunque la dura suerte... 

64. Canción hecha durante la revolución 
del Piamonte: 

Extranjeros, venid á España 
Y librad á la pobre Nación 
De esta picara Constitución... 

65. Primera canción hecha cuando se qui- 
tó la Constitución en el Piamonte: 



La esperanza lisonjera... 



66. Cancioncita: 

Españoles imprudentes... 

67. Canción: 

Españoles, corred á las armas... 

68. Canción: 

Cuando yo era jovencito... 

69. Canción: 

Al ver perseguida... 

70. La vuelta de un español á su patria ert 
estas circunstancias: 

Después de mis largos viajes... 

71. Al revés te lo digo para que lo en- 
tiendas: 

El sistema establecido... 

72. Estado actual del Escorial: 

Entro en este sitio amado... 

73. Proclama: 

Animaos ¡oh realistas!... 

74. El realista por principios, ó sentimien- 
tos de un pobre sargento de Guardias. Com- 
puesto antes de la dispersión de éstos; 

Yo soy un pobre sargento... 

75. Triste vuelta de un hombre á su 
casa: 

Triste prado donde un día.*. 

76. La biondina cat&lana: 

La esperanza lisonjera... 

77. Sobre la amistad: 

De una amistad constante... 

78. Canción hecha en Aranjuez el año 
de 1822, para cantarla en el coche, eí día 
de San Fernando, Jacinta Espejo, Joaquina 
Alesón, Ignacia Urbiztondo y yo: 

Con alegría cantamos... 

79. La canción de la libertad: 
Avanzad, avanzad compañeros... 



k 



8o. La libsrtad verdadera: ' 

Avanzad, avanzad realistas... 

8i. La libertad burlesca: 

Avanzad, avanzad liberales..* 

82. Coplas contra las que acaban: 

^Con que es de Palacio? 
¡Bendito sea Dios!... 
^Dices de Palacio... 

83. Sacado de un himno que nos canta- 
ban á poco tiempo de la Constitución: 

En breve veamos... 

84. El sueño; compuesto durante el en- 
cierro, después de la jarana de los Guar- 
dias: 

Soñé al fin, desterrada... 

85. El sueño; á un liberal: 

¡Ay!, liberal amado... 

86. Sueño de Almanzor: 

Soñé á mi patria amada... 

87. Coplas de la canción El tontillo pom- 
poso. 

Vale más nuestra crónica antigua... 

88. El chitón: 
Podéis sin miedo criticar la audacia... 

89. Canción del sólo por eso: 

Por este nuevo sistema... 

90. Canción sobre la música de los Con- 
gos: 

Cuando no tengamos... 

91. Alelí: 

¡Ay!, María, si junto á tu casa... 

92. Otro: 
jAy!, Fernando, Monarca querido... 

93. Serení: 

Si ves un hombre extenuado. 
Pálido, triste y temblón, 
Piensa que aquél es adicto 
A nuestra Constitución... 



193 — 

94. La Marica: 
Claman los liberales... 

95. La canción A^o quiero casarme, apli- 
cada á las^circunstancias del día: 

Si esto es ser libre... 

96. La Mimosa: 
En el cuarto bajo... 

97. Otra: 
Dijo un niño á otro en aquel balcón... 

98. El campeón de la niña bonita, el Trí- 
pili Trápala: 

Niña de insigne hermosura... 

99. El Trípili, Trápala: 
¡Cuándo será aquel momento... 

100. Las avecillas: 
Avanzad, avanzad realistas... 

101. Otras avecillas: 
Á las armas corred, españoles... 

102. Otras avecillas: 
Avanzad, avanzad realistas... 

103. El Mambruc: 
Vosotros que sois fieles... 

104. Matraca Real: 
Extranjeros, daos prisa... 

io5. Canción del Tirol: 

Ya vemos los fusiles... 

106. Cachucha Real: 
Yo tengo una cachuchita... 

107. Marcha Real: 
Á las armas, valientes guerreros... 

108. La jota aragonesa: 
Toditos los liberales... 

109. Cuatro charadas y un logogrifo. 

1 10. Soneto, con motivo de haber regala- 
do á mi esposo una lámpara de cristal la 
víspera de San Calixto del año de 1823. 

Vueltos á la libertad... 



— í 99 — 



I r I. A los voluntarios realistas, en el acto 
de entregarles una bandera: 

Cuerpo noble, del Rey fieles amantes... 

112. Los Congos: 
Cuando no tengamos... 

1 1 3. Glosa de una cuarteta disparatada 
que expresa los sentimientos de la facción: 

No penséis, alucinados... 

1 14. Canción realista: 
Ya del sistema de opresión... 

1 1 5. Copla del sd/ojpor eso; 
Mal os conviene este verde... 

116. Décima, acerca de la rifa de un 
faisán: 

^Cómo se rifa el faisán... 

1 17. Décimas á los que gritan ¡mueran 
los negros!: 

Para que á los liberales... 

118. Canción sobre la música Estoy cojo 
de un pie: 

Ya la Constitución... 

1 19. Soneto á los francmasones: 
¿Cuál es, alucinados francmasones... 

120. Soneto hecho en Cádiz en el estado 
de mayor incertidumbre: 

Todos están calculando... 

121. Soneto sobre el viaje de Sevilla á 
Cádiz: 

Mas que sea buscando su ventura... 

122. Ovillejos: 
¿Quién mandaba á la Nación... 

123. Décima disparatada, con su glosa: 
Un oso en una laguna... 

124. Sobre la noche que llegamos á Le- 
brija, en nuestro desgraciado viaje de Sevi- 
lla á Cádiz: 

I Anda el coche en silencio en noche obseura... 



125. Sobre la salida de Cádiz: 

Un gran prodigio del Excelso vimos... 

1 26. Soneto á los gigantones que hicieron 
bailar en Toledo, para obsequiarnos el sá- 
bado Santo, después de tocada la Aleluya, y 
los días de Pascua: 

¡Pobrecitos gigantones... 

127. La lámpara á Fernando. Soneto: 

Cuando á tí tan sin primor... 

128. Décima sobre los regalos de los pas- 
tores de Cuenca: 

¡Cuan tierna cosa es mirar.. 

129. Décima sobre los toreros: 
M.ts que le guste á quien quiera... 

i3o. Descripción de Sacedón: 
Aspecto desengañado... 

131. Décimas á una enferma que tiene 
aprensión: 

Nada sirve la aprensión... 

132. Décima que se supone dicha en la 
casa del Labrador: 

Preciosos alderredores.^ 

133. Soneto: 

Bello sol y cielo raso... 

134. Charada: 

Es mi primero... 
i35. Boleras: 

Llamaban á los muertos... 

136. Décima: 

Al volver del sitio amado... 

137. Glosa de una décima incendiaria: 

Ya no hay contemplación... 
Libres, por fin, respiramos... 

138. Pasos de la revolución de España: 

En el principio de Enero... 

139. Felicitación de un chino. Soneto he- 
cho con motivo de un velador que regalé á 



— 2O0 — 



mi esposo en el día de su cumpleaños el año 
de 1834: 

En poco tiempo he llegado... 

140. Conclusión de las cosas sueltas que 
había yo de escribir: 

Lo que quise he concluido... 

141. Soneto á los voluntarios realistas de 
Madrid: 

¿Cómo venís, ¡oh!, nobles voluntarios... 

142. Décima que hice á mi llegada á Aran- 
juez el 13 de Abril de i825: 

Bello sitio ¿i qué llamarme... 

143. Soneto al regalar una araña á mi es- 
poso, para sus días del 30 de Mayo de 182 5: 

En tan bello día, en don... 

144. Décima puesta en una lámpara: 

Di, ¿por qué de la soledad... 

145. Ovillejo sobre el jardín de Robledo: 
¿Qué es lo que aquí se disfruta?... 

146. Conversación de un calesero con las 
muías: 

¿A dónde va la Pulida... 

147. Dédma: 

Como en el campo el arriero... 

148. Décima: 

Como á la blanca paloma... 

149. El negrito á Fernando, felicitándole 
sus años en el de 1826: 

En tan dichosa ocasión... 
i5o. El avaro. Carta de Rosa á Elvira: 

Amiga del corazón... 
i5i. Al regalar á mi esposo un cuadro 
con música y figuras de movimiento que re- 
presentan una caravana. Soneto: 
¿Dónde va esta caravana... 
1 52. Al regalar á mi esposo una mesa de 
despacho. Décima: 

Recibe el sencillo don... 



í53. Descripción de Solán de Cabras: 
Dos hogares reducidos... 

154. Al regalar á mi esposo un reloj en 
forma de un negro, el año de 1826: 

Vengo en este día á tí... 

1 55. Décima sobre la cama: 

La cama es un mueble tal... 

1 56. Al regalar á mi esposo, para el día 
de San Fernando del año de 1827, un reloj 
de cuadros, que da las horas: 

En este dichoso día... 

157. Despedida de mi esposo Fernando 
para su viaje á Cataluña: 

Adiós, Fernando, adiós, nos ha llegado... 

1 58. Al enviar un reloj y su cadena á mi 
esposo. Soneto: 

Toma este don, pequeño en su valor... 

159. Versos dirigidos á mi esposo Fer- 
nando en nuestro encuentro junto á Va- 
lencia: 

Gracias al cielo al fin nos ha llegado... 

160. Brindis para la cena del día de mi 
llegada á Valencia: 

¿Quién es del cielo hermoso don... 

161. Cuatro ovillejos sobre la rebelión: 
¿Qué es deber de la Nación... 

162. Dos palabras á las jóvenes vanas: 

Doncellas, si imagináis... 

163. Acertijo: 

En Siberia vi una palma 

164. Soneto sobre la flor perpetua: 
El tulipán ostenta su hermosura... 

i65. El mar en la playa: 

Soberbio mar, tus olas y potencia... 

166. Al regalar á mi esposo una cadena 
hecha por mí. Décima: 

167. Ovillejo á los niños: 

De los padres es el freno... 



90\ — 



1 68. Ovillejo á los jóvenes: 
¿Qué es preciso en toda edad... 

169. Bolera: 

El mar llega á la playa... 

170. La lechuguina. Carta de Ramón á 
Alonso: 

Alonso, amigo querido... 

171. Himno sobre la pacificación de Ca- 
taluña el año de 1827: 

Catalanes, alzad hacía el cielo... 

172. Sobre la murmuración. Décima: 
¡Ay! de aquél que se complace... 

173. Acertijos: 

Arma muy pequeña soy... 

174. Charada: 

Por mas que en genios disten y en esferas... 

175. Décima: 

El que juzga estar en pie... 

176. Décima: 

En la vida puede ser... 

177. Décima: 

En su dorado lecho á descansar... 

178. El favorito y el labrador. Décima: 
A un favorito dijo un labrador... 

179. Soneto á mi peluca: 

Te saludo, prenda amada... 

180. Despedida de mi peluca: 

181. Décima sobre la adulación: 

Teme la lisonja necia... 

182. Edmundo, al volver á su casa: 

Dulce casa en que miré... 

183. El roble y la violeta. Fábula: 
Lleno de orgullo el encumbrado roble... 

184. A una hermosa presumida: 

¿Por qué, bella presumida... 
i85. A un erudito presumido: 
jOh! tú^ue de tu saber... 



186. Décima á la ciudad de Zaragoza: 

¡Oh! ciudad afortunada... 

187. Despedida de Cataluña: 

Adiós, Cataluña hermosa... 

188. El mundo es una comedia: 

Es comedia y burla infiel... 
i8q. Á un jugador: 

Desgraciado jugador... 

190. A un borracho: 

Tú del vino á la pasión... 

191. Décima al hacer un regalo á mi es- 
poso el día de San Fernando de 1828: 

Toma aquí estas fruslerías... 

192. Himno ejecutado por mi la Loarte y 
Lidón: 

Salve, Fernando, en este día... 

193. Consejos de un padre á su hijo: 
Hijo, si piensas en tomar esposa... 

194. Décima sobre la gordura. 
¡Que mal hace la delgada... 

195. Oda á Moríeo: 

Ábreme la puerta... 

196. La cautiva: 

Escuchad mis lamentos... 

197. Décima sobre retratarse: . 

Un linaje de tormento... 

198. Décima á lo mismo: 

Por un rato de paciencia... 

199. Décima á un hombre petimetre: 
Mono insulso ¿qué pretendes... 

200. Eduardo á Laura, al recibir su re- 
trato: 

No templaj Laura, mi amargura... 

201. Matilde arreperitida: 

Quien quiera ver "elf ruto... 

202. El labrador feliz. Letrilla: 

En un« $encjtla4.. 



aoa -^ 



203. La burlona: 

Estella en una sociedad... 

204. Lección para los Nobles, á vista de 
una fuente: 

Corre, cristalina fuente... 

205. Sátira sobre el teatro: 

Corre, público ilustrado... 

206. El regañón. Décima satírica: 
Quiere Magín que todos sus criados... 

207. El glotón: 

El ver á Don Melecio en una mesa... 

208. El hombre reservado: 
Anoche se acercó Martín á mi... 

I 
Szhortaolóu del Seflor al alma. 

Hijo amado, con valor 
Del cielo anda la carrera; 
Es mi carga muy ligera 
Si se lleva con amor; 
Es dulzura su rigor, 
Su llanto es de gozo lleno. 
Si con valeroso seno 
Tomas la resolución 
De entregarme el corazón 
Despreciando lo terreno. 

En mi camino, es verdad. 
También se encuentran abrojos. 
Mas punzan sólo á los flojos 

Y al fuerte con suavidad; 
Mi suprema potestad 
Sostiene á mis siervos fieles; 
Los terrenos oropeles 
Cuestan más de su valor; 
Aquí poco es el dolor 

Y sin precio los laureles. 
Mira cuantos escogidos 

Pueblan el empíreo cielo; 
Mientras del terreno velo 
Andaban allí vestidos 
En combates repetidos 
Ganaron el galardón; 
Ellos en esa mansión 
Han sido lo mismo que eres; 
¿Por qué, pues, hacer no quieres 
Para ser lo que ellos son? 

Con su sangre derramada 
El márúr lo consiguió, 



Y aun después le pareció 
Se lo daba yo por nada, 

Y la tropa inmaculada 
De las vírgenes gloriosas, 
Con las matronas virtuosas 

Y los santos confesores. 
Lucharon entre dolores 
Por sus palmas luminosas. 

Aun mi madre que es tan pura 
Que eclipsa del sol la luz, 
Estuvo junto á mi cruz 
Sumergida en amargura; 
Si esta Reina de dulzura 
Sufrió pena tan fatal, 
¿Cómo, siervo desleal, 
Pretendes más dulce suerte 
Que esta virgen sabia y fuerte. 
Que esta Madre sin igual? 

Y si este ejemplo no alcanza 
A enmendar tu desvarío, 
¡Ah! siquiera con el mío 
Cobra espíritu y confianza; 
Tu salud y tu esperanza 
Toda pende de mi mano; 
Si soberbio á un mero humano 
No te quieres conformar, 
No desdeñes imitar 
A tu dueño soberano. 

Yo, que el Padre tanto amó. 
Yo, que soy su Hijo querido. 
En la tierra he padecido 
Cual ningún mortal sufrió; 
C'ii idera quién soy yo, 

Y al gozarte en mi victoria 
No pierdas de la memoria 
Que sufriendo por el hombre, 
De mi cuerpo y de mi nombre 
Merecí la excelsa gloria. 

Pues con mi poder divino 
Tal bien para conseguir 
¿No pudiera yo elegir 
Menos arduo mi camino? 
Pero porque le convino 
Que en la cruz te precediese 
Para que mi ejemplo fuese 
Tu consuelo en todo mal. 
Quiso el Padre celestial 
Que su Cristo padeciese. 

Así, pudiendo salvar 
Al mundo con un suspiro. 
Entre tormentos espiro 
Imposibles de .explicar; 
Así, pudiendo gozar 



-r-í03~ 



De la gloria la dulzura, 
Entre penas y amargura 
Conquisté mi pobre herencia, 
Sufriendo por obediencia 
De la cruz la muerte dura. 

La senda te mostré yo; 
Sigue, pues, á tal modelo; 
Conmigo reina en el cielo 
Quien conmigo padeció, 
Para esto te destinó 
De mi Padre el amor tierno, 
Para este fin del infierno 
Te libré con mi dolor, 
Que allá vivas en mi amor 

Y logres el bien eterno. 

II 

oda eon motivo de hallamos mi esposo y yo solos 
la TÍspexa de la Inmaculada Concepoión, él ze- 
lando el Oficio del día y yo el VazTo de la Tizg^en. 

La víspera del día. 
De excelsa gloria lleno. 
Que apareció sin mancha 
La Madre del Eterno, 
En el dulce recinto 
De nuestros aposentos 
Me hallaba con mi esposo 
Solos los dos y quietos, 

Y entrambos de la Iglesia 
Con los himnos selectos 
Cantábamos las glorias 

De aquél que es solo Excelso. 

Él, del solemne día 
Seguía el bello rezo; 
Yo, de la Virgen madre 
El oficio pequeño; 
De esta manera unidos 
En tan celeste empleo. 
Entrambos corazones 
Hacia el Empíreo'vueltos, 
Me pareció se hacía 
En tan feliz momento 
De nuestros corazones 
El lazo más estrecho. 

Del matrimonio el lazo 
Formado por el cielo 
Solo, siendo divino, 
Es fuerte y verdadero. 
El amor que se funda 
En motivos terrenos. 
No tiene rpás cadenas 
Sino de esmalte tierno. 
¡Ah! solo puede darle 



Un alto y noble precio 

La unión que en Dios se funda 

En dos leales pechos. 

Siempre de esta manera 
Consérvese en los nuestros. 
No por el fuego fatuo 
De un natural afecto, 
N¡ por el cebo vano 
Del atractivo externo, 
Ó de ternura humana 
Por los ardores ciegos. 
Sino eramor divino 
De entrambos en el pecho 
Sea el imán hermoso 
De nuestro amor sincero. 

Únanse nuestras voces 
En sacros himnos bellos 
Para cantar los loores 
De nuestro Dios inmenso: 
De entrambos corazones 
Del sobrehumano fuego 
Suban las puras llamas 
Unidas hacia el cielo. 
Únanos por su gloria 
Siempre el leal desvelo, 
Un fuerte honor al vicio 

Y amor á lo perfecto, 

Al fin de que si escucha 
El cielo nuestros ruegos 

Y nuestra unión bendice 
Con tierno fruto ameno, 
Reciban con la sangre 
Piedad, justicia y celo, 

Y mamen con la leche 
Modestia y rendimiento, 

Y para ciudadanos 
Del cielo los formemos 

Aun más que con palabras 
Con el constante ejemplo, 

Y nuestra unión dichosa 
Ya sea en este suelo 
Imagen fiel de aquélla 
Que en el Empíreo espero. 
En donde lo del mundo 
De todo ya depuesto, 

De Dios y de su gloria 
Unidos gozaremos. 

III 

Despedida k la Vlrg-en del Patrocinio al salir 
del Escorial para Valencia. 

Yo te saludo; ¡oh dulce madre míal 
Al alejarme de este hermoso altar. 



804--- 



Como á mi amparo fiel, como á mi guía 

Y estrella en este tempestuoso mar. 
Consuelo de las almas afligidas 

Que ante tus plantas lloran su dolor, 
No desdeñes las gracias más rendidas 
Que te dá de tus hijas la menor. 

Siempre mi amante madre te mostraste 
Por la terrena que no conocí, 

Y ahora de nuevp me manifestaste 
Lo que es tu patrocinio para mí. 

En aquel día lleno de amargura 
Cuando mi esposo, aniante de su grey, 
De la guerra á cortar la desventura 
Voló con corazón de padre y Rey, 

Cuarído él al apartarse de mi lado 
Con el postrero adiós me saludó. 
Que él iba de dolor despedazado 

Y en Uaaio sumergida me dejó. 
Cuando al mirar que de la rebeldía 

A exponerse volaba al fuego cruel, 
Gemir me hacía el riesgo que corría 

Y el no poderlo dividir con él. 

Entonces fui á postrarme ante tus plantas, 

Y colocando mi confianza en tí. 

En tu regado, entre tus manos santas, 
Su destino y el mío remití. 

Diariamente para hallar consuelo 
Derramaba ante tí mi corazón 
Mientras el rey desde el lejano suelo 
Me encargaba implorar tu protección. 

Nunca se niega á tal intercesora 
El que siendo mortal la obedeció; 
Por tí, pues, de la paz la bella aufora 
En el ibero cielo apareció. 

Los rebeldes acuden á entregarse 
El perdón implorando de su Rey, 
Y en casi sólo un mes logró apagarse 
El fuego de la guerra en nuestra grey. 
Mi esposo ya me llama; llega el día 
Que de tu amor mi corazón pidió, 
y al vernos borrará nuestra alegría 
El llanto que la ausencia nos costó. 

Esto lograste tú de tü Hijo amado; 
jAh! si alguien te imploró con humildad 
jOh dulce madre! y fué desamparado, 
Que ya no se hable más de tu piedad. 

Mas ya que tan propicia te mostraste 
A este pueblo, tu herencia y tu porción. 
También acaba la obra que empezaste 
Por medio de tu dulce intercesión. 

De tu Hijo alcancemos ía clemencia. 
Que tcrmint del todo nuestra m«I, 



Que abandone su vana resistencia 
Los restos del partido desleal. 

Y el fuego de discordias extinguido, 
Sujetos todos á una misma ley, 
No haya ya en nuestra España más partido 
Que el de la Patria, Religión y Rey. 

IV 
Caución al dulcísimo nombre de Jestls. 

¡Oh! dulce nombre amable. 
Óleo saludable 

Que en nuestro pecho enciende 
Llamas de santo amor. 
Oleo de incomparable 
Dulzura sin medida : 

Que sana toda herida 
Del monstruo destructor; 
Oleo que las almas 
Sostiene y alimentaj 
Calma en la tormenta, 
Gozo del corazón. 
El que fiel y rendido 
Te invoca con confianza. 
No quedará vencido 
Nunca en la tentación. 
Lleno de maravillas 
Este bendito nombre, 
A él todas las rodillas 
Siempre se doblarán; 
Él será las delicias 
De los que en él se inflaman, 

Y los que no le aman 
Temblando le estarán. 

Y ¿hay quien pueda no amarle? 
¿Quien ose ultrajarle? , 
¿Hay quien contra él la plünaa 
Se atreva á emplear? 

Lo lloro, y deseo 

Que este mi amor y llanto 

A mi Jesús un tanto 

Pueda desagraviar. 

En penas y alegría 

Yo siempre he de adorarle; 

Siempre he de dedicarle 

Mi más ardiente amor. 

Cuando haya de morirme, . 

Que sea pronunciado 

El dulce nombre amado 

De nuestro Salvador. 

V 
Oración de una casada pai» pedir sucesión. 
Ante U con sumisión 
Postrada, y con ríverenciá^ 




203 — 



Imploro de tu clemencia 
Un fruto de bendición 
Qu^ constante en la obediencia 
A tu santa religión, 
Conforme á tu corazón. 
Ande siempre en tu presencia; 
Mas si lo contrario fuera 
Niégame lo que pedí. 
Pues entonces para mí 
Era mejor no naciera, 
O á lo menos se muriera 
Antes de dejarte á tí. 

VI 
Décimas á un militaz. 

No hay ninguna condición, 
No hay oficio, no hay estado, 
Que si Dios nos ha llamado 
No guíe á la salvación. 
En ninguno habrá razón 
Para un criminal descuido; 
Dios el mundo ha constituido, 
Dios las clases arregló 
Y á lodos auxilios dio 
Con que quiere ser servido. 

Del estado militar 
Los riesgos son innegables. 
Mas no son inevitables 
Si se quieren evitar. 
No te puedo aconsejar 
Dejes un temor prudente. 
Mas que al punto no se aumente 
De oprimirte elcoiazón; 
Que te inspire precaución, 
Pero no te desaliente. 

Si temes en el tumulto 
No encontrar á tu señor, 

De tu pecho en lo interior 
Forma un oratorio oculto. 
Fuerte allí contra el insulto 

Del mundo y su vanidad. 

Te hallarás la soledad 

De que al exterior careces. 

Si en éste solo obedeces 

A su santa voluntad. 
De un perverso compañero 

No tomes el mal ejemplo; 

Busca á Jesús en el templo 

Que es modelo verdaiero. 

Ama con amor sincero 

Los de tu corporación, 

Ten á todos atención, 

Que esto es del divino agrado, 



Pero de amigo el dictado 
Solo des con elección. 

Con íu subordinación 
Por motivos de conciencia. 
Imitarás la obediencia, 
Del que vive en religión. 
No te faltará ocasión 
De una austera penitencia, 
Si marchando á la inclemencia. 
Con hambre, sed y dolor. 
Lo recibes del Señor 

Y lo llevas con paciencia. 
Con soportar con valor 

Las burlas de los mundanos. 
Si sigues principios sanos 
Despreciando un falso honor. 
Te harás fiel imitador 
De los Juanes y Simeones, 

Y conforme á los baldones 
Que sufrieres tú por él. 
Dios en sus promesas fiel 
Te colmará de sus dones. 

A los santos superiores 
De jefe podrás seguir 
Si haces estudio de unir 
La piedad á ios rigores. 
Si á díscolos inferiores 
Traías con severidad, 
A ignorantes con bondad, 
A los flacos con dulzura, 
A los buenos con ternura 

Y á todos con dignidad. 
Aun la corona florida 

De un mártir podrás lograr, 
Pues por Dios es espirar 
El dar por tu Rey la vida. 
Tu mtencion no corrompida 
De otra menos celestial. 
Cuando el acero fatal 
Venga á atravesar tu seno. 
El laurel de honor terreno 
Volverá palma inmortal. 
Vive pues, ¡oh! militar. 
Con paz y con esperanza; 
Coloca en Dios tu confianza, 
Que no te ha de abandonar; 
El bien te sabrá salvar 
En tu estado peligroso 
Si tu vives cauteloso 

Y le amas de corazón, 

Y si obras tu salvación 
Diligente y temeroso. 



— 206 — 



VII 
Oración de nna alma afligida. 

Yo soy tu criatura 
Sujeta á tu poder, 

Y lo que tú dispones 
Solo eso he de querer. 

En medio de mis penas 
Dice mi corazón, 
Tu voluntad se haga 
En gusto y aflicción. 

Mi suerte está en tus manos, 
Tú bien la cuidarás 
Porque nadie es más sabio 
Ni nadie me ama más. 

Tú eres un Rey amante, 
Un tierno padre, quien 
Anhela de sus hijos 
El verdadero bien. 

Si una mujer olvida 
Al niño que parió 

Y en su materno seno 
Por meses abrigó, 

Tú nunca has de olvidarte 
De aquellos que en la cruz 
Con hartos más dolores 
Diste á la eterna luz. 

Tú eres un fiel amigo, 
Consuelo en el dolor, 

Y Esposo de las almas 
Lleno de tierno amor. 

Tú eres mi fortaleza. 
Mi apoyo, mi virtud, 

Y el norte que me guía 
Al puerto de salud. 

Tú eres mi consejero 
En dudas y aflicción, 
Tesoro incorruptible, 
Gozo del corazón. 

Sí; cuando el mundo entero 
Faltase para mí. 
Con tal que á ti me atenga 
Todo lo encuentro en ti. 

Yo llevo por tu gloria 
Con gusto mi pesar. 
Pues todo lo mereces 

Y sabes compensar. 
Uno estos mis trabajos 

A los de mi Señor, 

Que más que yo en la tierra 

Sufrió por nuestro amor. 

Él á jueces inicuos 
Se quiso entregar. 



Su imaginaria causa 
Les permitió juzgar. 

No debo, pues, quejarme 
Cuando una humillación 
Encubre y obscurece 
Mi fama y mi blasón. 

Él recibió azotes 
Del pueblo que salvó, 
Una corona horrenda 
Sus sienes traspasó. 

¿Pues cómo me lamento 
De algún ligero mal 
Por su bondad mandado 
Y nunca al suyo igual? 

Él triste hasta la muerte 
Estuvo por mi amor. 
Vertiendo en agonía 
Su sangre por sudor. 

Si él el amargo cáliz 
Por mí quiso apurar, 
Las heces que me ofrece 
¿No tengo de aceptar.'' 

Si á los que me son caros 
Los miro padecer. 
De amigos, de parientes 
Las lágrimas correr, 

¿No viste tú igualmente. 
Mi Dios y eterna luz, 
A tu inocente Madre 
Llorar junto á tu cruz? 
Y si por tus decretos 
Que siempre he de adorar. 
Mis más queridas prendas 
Tengo de abandonar, 

¿No diste, ¡oh Padre Eternol 
Por mi felicidad 
Al Hijo que engendraste 
Desde la eternidad? 

El que este don me ha hecho 
Me envía este dolor; 
Pues es la misma mano. 
Él mismo es el amor. 
Unido al sacrificio 
Que hizo Jesús por mí, 
Estoy si lo exigieras 
Pronto á morir por ti. 

En fin, como la gloria 
Siguió á su Pasión, 
Se sigue un gozo eterno 
A un rato de aflicción. 

Allí se acaba el llanto. 
Allí todo es gozar, 



¡ 



— 207 



Se vuelven en delicias 
Las horas del pesar. 
Allí, que descubierto 

Y en clara luz veré 
Lo que confieso ahora 

Y adoro por la fe. 
Veré la providencia 

Que Dios conmigo usó, 

Y como fué ternura 
Lo que ira pareció. 

Allí tendré descanso 
De cuanto padecí, 
Cuando en su gloria vea 
Al que murió por mí. 

¿Qué males, pues, del mundo 
Me pueden afligir, 
Cuando en el cielo espero 
Un tan feliz vivir? 

Por mucho que padezca 
Breve será mi mal, 

Y para siempre dura 
La gloria celestial. 

Mas mientras llegue mi hora 
Es de mi obligación 
Tener en mi destierro 
Paz y resignación. 

Debo tener confianza, 
Que tú terminarás 
Los males que padezco 

Y me consolarás. 

Mas mientras estos duren, 
¡Oh Padre de bondad! 
Adoro humildemente 
Tu santa voluntad. 

Yo, sólo te suplico 
Que obre tu gracia en mí 

Y me mantega unida 
Con tierno amor á ti. 

Pues como esté contigo, 
Divino Redentor, 
Encuentro en el Calvario 
El gozo del Tabor. 

VIII 
Dos palabras á las jóveneB vanaa. 

Doncellas, si imagináis 
Agradar á los mortales 
Con galas insustanciales, 
Vanas gracias que ostentáis, 
¡Oh, cuánto os equivocáis! 
Que sys ojos son más claros. 
Vendrán muchos á obsequiaros 
^Más sabéis con qué inteación? 



Ganar vuestro corazón 

Y pagar con despreciaros. 
Joven vana, es fuerza entiendas 

Que aun el hombre más voluble, 
Para un lazo indisoluble 
Busca más reales prendas. 

Y por más que tú pretendas 
Gloriarte en tu vil laurel. 
Por fin una suerte cruel 
Te hará ver entre dolores 
Que un millón de adoradores 
No vale un esposo fiel. 

No consiste en su exterior 
De una mujer la excelencia; 
Ésta estriba en su prudencia. 
Su piedad, modestia, honor; 
Esto atrae un justo amor, 
Sólo esto es su gala bella. 
Pues más brilla la doncella 
Que sin. ansia por brillar 
Calla, y sí procura obrar 
Que hable su virtud por ella. 

IX 
Matilde arrepentida. 

Quien quiera ver el fruto 
De una pasión sin tino, 
Que sepa mi destino 

Y mire mi dolor; 
Mire el amargo llanto 
Con que gimiendo expío 
El loco desvarío 

De un imprudente amor. 

Dichosa yo vivía 
Tranquila y sin cuidado 
De un padre tierno, amado, 
Bajo la autoridad. 
Servirle y complacerle 
Formaba mis delicias 

Y hallaba en sus caricias 
El premio á mi piedad. 

Hasta que un joven bello 
Vino á mi pueblo ameno, 

Y se encendió en mi seno 
Una fatal pasión. 
Ocultaba Teodoro 

Bajo una cara hermosa 
Un alma maliciosa 

Y un negro corazón. 
Mis gracias celebraba 

Con mil elogios bellos; 
Todo se hallaba en ellos 
Menos sinceridad; 



2o8 — ■ 



Pues mientras á mis plantas 
Vivir por mí juraba 
Los medios meditaba 
De mi infelicidad. 

Mi padre, penetrando 
Su proceder perverso 
Se le mostraba adverso, 
Y el verme \e privó. 
En vano yo llorando 
Rogaba por mi amante; 
Inmóvil y constante 
Su voluntad quedó. 

Entonces, maldiciendo 
Aquel mandato justo, 
Traté de hacer mi gusto 
Dejando mi deber. 
Teodoro me decía: 
«No sirven tus lamentos; 
A medios más violentos 
Te debes resolver. 

En mi ciudad paterna 
Hallamos cierto abrigo; 
Unida allí conmigo 
Bien presto te verás. ,; 
Allí, burlando la ira 
De un padre alucinado 
Me harás afortunado 

Y tú feliz serás.» 

A aquella sierpe astuta 
Abrí mi pecho luego, 

Y con delirio ciego 
Seguí su voluntad. 
Llegada á mi destino 
Ante el altar sagrado 

Al hombre más malvado 
Juré fidelidad. 

De nuestro matrimonio 
En los primeros días, 
De amor y de alegrías 
Sólo señales vi; 
Mas él tan tierno afecto 
A poco fué olvidando. 
En lágrimas trocando 
El gozo que sentí; 

Pronto, no me miraba 
Ya con los mismos ojos. 
Probaba sus enojos 
Con la ocasión menor; 

Y mientras en el juego 
Mis bienes disipaba. 
Sumida me dejaba 

En llanto y en dolor. 



Supe por este tiempo 
Que mi fatal partida. 
Con el dolor, la vida. 
Del padre terminó. 
Me traspasaba el pecho 
Más que mi amarga suerte 
El ver que di la muerte, 
A quien el ser me dio. 

Mi esposo se burlaba 
En vez de consolarme; 
Reía al contemplarme 
Tan llena de aflicción; 
Hasta que de su casa. 
Con aire de alegría 
Salió de prisa un día 
Antes de anochecer. 

En vano yo contaba 
Las horas con anhelo; 
Le vi salir ¡oh cielol 
Mas no le vi volver. 
Hasta los pocos bienes 
Que antes no se perdieron. 
Me desaparecieron 
Con aquel desleal. 

Di á luz á poco un niño. 
Con el dolor de verle 
Sin medios de envolverle 
Siquiera en un pañal. 
Triste y desconsolada 
Miraba á mi hijo tierno. 
Que un dulce amor paterno 
Jamás acarició, 

Que en pago de mis yerros 
Sin sombra y sin abrigo 
A padecer conmigo 
Naciendo comenzó 



Ya mi único consuelo 
Era ¡f al templo santo 
A deshacerme en llanto 
Postrada ante el altar, 
Y luego en mi guardilla. 
Dejándome mis males, 
A trabajos manuales 
Me tuve que aplicar. 

¡Cuántas amargas noches 
Pasé sin acostarme 
Con tal de procurarme 
Mi triste refacciónl 
Mil veces de la boca 
Yo me quité el sustento 
Para dar alimento 
A mi infeliz ,Ramón« 



I 



209 — 



Con todo, mi- desgracia 
Al colmo no llegaba; 
Un golpe me esperaba 
A todos superior; 
Un golpe que si vivo 
Después de aquel instante, 
Es porque un Dios amante 
Sostuvo mi valor. 

Cubierta con un velo 
Yo caminaba un día 
Al templo de María 
La Madre de piedad, 
Cuando de unas campanas 
El lúgubre sonido 
Tronó del puesto erguido 
Con triste majestad. 

De un gran tropel cercado 
Yo vi venir un reo; 
Huir era mi deseo 
De aspecto tan fatal. 
Cuando mis tristes ojos 
Alcé por entre el velo 
Reconociendo ¡oh cielo! 
Mi esposo desleal. 

¡Teodoro, mi Teodoro! 
Clamé con llanto amargo, 
Aun te amo, sin embargo, 
De lo que padecí. 
¿Porqué delito nuevo 
Llegaste á tal extremo? 
¡Ah!, tenga el Ser Supremo, 
Piedad de tí y de mi. 

Teodoro me miraba 
Cual furia del abismo: 
¿Hasta el cadalso mismo: 
Tú me has de perseguir? 
Con tal de no ver nunca 
A tí, á quien aborrezco, 
La muerte que merezco 
Con gusto he de sufrir. 

Tus bienes y los míos 
Yo disipé en el juego, 
Y por robarle luego 
A un Grande asesiné. 
Bien sé que á mi suplicio 
Llego antes de un momento, 
Pero ni m.' arrepiento 
Ni me arrepentiré. 

Así marchó Teodoro 
A terminar su vida, 
Dejando extremecida 
A toda la ciudad. 
Yo me quedé privad» 



Y á casa fui llevada 
Por hombres de piedad. 

En lágrimas y en penas 
Paso mis tristes días 
¡Por breves alegrías 
Cuan largo es mi pesar! 
De mi desgracia horrenda 
Entre la noche oscura. 
De gozo aurora pura 
No vuelve á despuntar. 

Lloro de un tierno padre 
La muerte anticipada. 
Pues sólo fué causada 
Por mi fatal error. 

Y de mi t iste esposo 
Si la desgracia siento. 
Aun su endurecimiento 
Me causa más dolor. 

Por fin, mis muchas penas 
Con más quietud sufriera 
Si culpa no tuviera 
De mi infelicidad. 
Mas ¡ay! que mi conciencia 
Dice con grito fuerte: 
Fruto es tu triste suerte 
De tu debilidad. 

Mas tú, mi Dios clemente, 
Asilo de los reos. 
Tú sabes mis deseos 
De reparar mi mal. 
Sabes que más me aflige 
Que todo lo sufrido. 
El haberte ofendido 
Con pecho desleal. 

De tantos infortunios 
Te das por satisfecho; 
Perdonas lo que he hecho 
Contra tu santa ley. 

Y aun cuando en tierra sea 
Mi v.da trabajosa. 

Allá me harás dichosa 
¡Oh, mi Señor y Rey! 



Mas aprended en tanto 
De mi ejemplo ¡oh doncellas! 
Que aun jóvenes y bellas 
Corréis peligro igual. 
Ya veis de las pasiones 
Cuál es el triste fruto, 
Que muda en llanto y lulo 
Un gozo insustancial. 

»4 



— 210 — 



De su fatal estrago 
Mirad en mí las muestras, 
Y refrenad las vuestras 
Con la virtud y honor, 
Siquiera al ver el llanto 
Con que gimiendo espío 
El loco desvarío 
De mi imprudente amor. 

X 

Primera Cancióu hecHa cuando se quitó 

la Constitución en el Piamonte. 

La esperanza lisonjera 
Renaciendo va en el alma 
De que vuelva en fin la calma 
Este reino á reparar; 
De que cese nuestro llanto 

Y que en paz y armonía 
Podamos con alegría 
De la vida en fin gozar, 

Piamonte dio el ejemplo, 
A España toca seguirlo 

Y reedificar el templo 
De su gloria que cayó; 
Sea al menos la segunda 
En volver de su delito, 
Ya que el inicuo conflicto 
La primera comenzó. 

Recuerde de nuestros padres 
La conducta irreprensible 

Y aquel valor invencible 
Que mostraron en la lid; 
Recuerde aquella constancia 
De los hijos de Sagunto, 

El tesón de una Numancia 

Y las victorias del Cid. 

No menos que los romanos 
Que os tenían subyugados. 
Oprime vuestros Estados 
La nueva Constitución, 

Y mucho más que los moros 
La secta de francmasones 
Con falsas ilustraciones 
Persigue la religión. 

Deje, pues, sus descaminos 
Esta nación engañada. 
Muéstrese al fin ilustrada 
De una verdadera luz. 
Eche á lo pasado un velo 

Y sea en el justo conflicto 
Su guía el favor del cielo 

Y su estaoidarte la cruz. 



XI 



A mi esposo Pernando, á los diez y siete meses 
de la revolución. 

Aunque la dura suerte 
Nos colme de dolor 
Mientras á tí me deje 
No temo su rigor; 
Aunque solo trabajos 
Contigo dividí. 
Siempre bendigo el día 
Que unió mi suerte á ti. 

Aunque de veinte meses 
Que trato esta nación 
No son los diez y siete 
Sino revolución, 

Y aunque las dulzuras 
De la quietud no vi. 
Siempre bendigo el día 
Que unió mi suerte á ti. 

Aunque de tus derechos 
Tu pueblo te privó 

Y en tu lugar la tropa 
De un vil café mandó, 
Aunque bajo su yugo 
Contigo yo gemí. 
Siempre bendigo el día 
Que unió mi suerte á ti. 

Aunque ultrajar te vea 
De una tan vil facción 
Que ella del mismo abismo 
Parece producción, 

Y aunque en cada instante 
Su crueldad temí. 
Siempre bendigo el día 
Que unió mi suerte á ti. 

En fin, si la Corona 
Pensaran en quitar 

Y entre la ínfima plebe 
Nos viéramos echar, 
Fernando, no su trono, 
Es quien me tiene aquí; 
Siempre bendigo el día 
que unió mi suerte á ti. 

Hasta si en nuestra sangre 
Buscaran libertad, 
Victima moriría 
De eterna lealtad; 
Ni aun en aquel momento 
Has de dudar de mí; 
Siempre bendigo el día 
Que unió mi suerte á ti (i). 



(1) Aunque publicada por Haebler (pigs. 13a á 134), re- 
producimos esta poesía, una de las mas sentidas que com- 
puso D.» María Josefa Amalia, 



21 I 



XH 

Zia Tuelta do un espafiol á su patria 

en estas circunstancias. 

Después de mis largos viajes, 
En fin llegó para mí 
El momento afortunado 
En que á mi patria volví; 
Pero turba mi alegría 
Su presente situación. 
Extranjero soy en mi patria. 
No conozco mi nación. 

¿Dónde está aquel entusiasmo 
Por la fe del Salvador? 
¿Dónde el profundo respeto 
Al misterio de su amor? 
Desde que les es delito 
El amar la religión, 
Extranjero soy en mi patria, 
No cono%j:o mi nación, 

¿Dónde está, á su soberano, 
Su constante lealtad, 
Que dábala su trono siempre 
Tan dulce seguridad? 
¡Ah! desde que sacudieron 
La debida sujeción. 
Extranjero soy en mi patria, 
No conozco mi nación. 

¿Dónde está el amor paterno 
Que á todos los unió, 

Y de paz y de alegría 

A nuestra España llenó? 
lAh! desde que la anarquía 
Rompió el lazo de su unión, 
Extranjero soy en mi patria. 
No conozco mi nación. 

¿Dónde está aquella censura 
Por la cual, sin inquietud, 
Se instruía por los libros 
A la incauta juventud? 
¡Ah! desde que son aquéllos 
Escuela de irreligión, 
Extranjero soy. en mi patria, 
No conozco mi nación. 

¿Dónde está aquella prudencia 

Y justa solicitud 
En castigar el delito 

Y en premiar á la virtud? 
Desde que para los buenos 
Es la muerte y la prisión. 
Extranjero soy en mi patria, 
No conoideo mi nación. 

■ En fin, todo se ha mudado 
Por esta perversa ley 



Que es obra de fracmasones 
Contra religión y rey; 
Y digo que mientras dure 
La fatal Constitución, 
Extranjero soy en mi patria. 
No conozco mi nación. 

XIII 
Despedida de Sacedón. 

Pueblo amado, ¿con que he de dejarte? 
¿Con que he de volverme á Madrid? 
Sombra de paz, ¿con que he de renunciarte 
Para vivir en medio de la lid? 

Aun este corto alivio de dolores 
Bastante ya se nos acibaró; 
Hasta aquí nos siguieron [los] traidores 
Y nuestra llaga nunca se cerró. 

Pero, en fin, del campo la hermosura. 
Su aire que mi pecho respiró, 
Esas peñas, en cuya inmensa altura 
Mi vista se perdió y descansó; 

La luna con sus luces halagüeñas, 
El sol con su benéfico ardor. 
Cubrían con imágenes risueñas 
Las pasadas escenas de horror. 

Allí pensando en cuando me quejaba 
De que aquí me seguía la aflicción. 
Diré: ¡Ah! dulce paz que despreciaba, 
¡Ay! ¿dónde estás? amado Sacedón. 

Entonces me parecerá risueño 
El día que de ti me despedí; 
Aun pisaba [yo] el suelo alcarreño; 
Iba á salir, mas aun estaba aquí. 

Y en aquel momento que forzada 
Por mi suerte, te tengo de dejar, 
Te echo siquiera esta última mirada; 
A ésta cree, que no te ha de engañar. 

Ella te dice, aunque el labio calle. 
Que mientras dure la Constitución 
Aunque mi cuerpo en Madrid se halle 
Mi afecto esta[rá] siempre en Sacedón. 

XIV 
Oda á Morfeo. 

Ábreme la puerta. 
Amable Morfeo, 
De tu ancho palacio 
Pacífico y quieto; 
A tristes cuidados 
Allí sólo encuentro 
Cerrada la puerta 
Con llaves de hierro; 
El rico y el pobre. 



212 — 



El noble y plebeyo, 
Aquí tiene entrada 

Y encuentra consuelo; 
También con confianza 
Yo aquí me presento; 
Ábreme la puerta 

De tu alcázar regio; 
Señálame un quieto 

Y obscuro aposento, 
No importa que sea 
Sencillo y pequeño; 
Las olas del Lele ' 
Con ruido ligero 
Dulcemente arrullen 
Mis cansados miembros, 

Y muéstrame en tanto 
En alegres sueños 

Las dichas que al hombre 
No presta este suelo. 

- XV 
Xecolón para los Kobles, á vista de una fuente. 

Corre, cristalina fuente 
Del hermoso manantial; 
Del viador la sed ardiente 
Apague con su corriente 
Tu purísimo cristal. 

De alto monte derríbada 
Ostentas su clarídad 
En la gruta resguardada 
Que la peña entrelazada 
Forma con su variedad. 

De tu orígen tú sostienes 
La pureza, elevación; 
De este modo reconvienes 
A hombres que de iguales bienes 
Deslucen la estimación. 

Si salieras menos pura 
Ó enturbiado tu candor, 
El saber que de la altura 
Tú procedes, ¿por ventura 
Te daría algún valor?- 

Así el noble cuya vida 
Desmiente su calidad 
Es un vil, sin que lo impida 
De su estirpe esclafecida 
Nobleza y antigüedad. 

Su cuna ha de respetarse, 
Su derecho es justo y real. 
Mas él no debe olvidarse 
Que si esto puede heredarse 
El mérito es personal. 



XVI 
Triste vuelta de un liombre á su casa. 

Dulce prado, donde un día 
Sin cuidados yo jugaba. 
Casa que mía llamaba, 
Ya por fin os vuelvo á ver; 
De mi vuelta me parece 
Que cada ave alaba al cielo 

Y dirige el suave vuelo 

A mis hombros con placer. 

Pero, ¡ay!, ¡en qué triste estado 
Hallo el patrio techo mío! 
Este cuarto abandonado 
Donde mi padre habitó, 

Y en el medio de este prado. 
Tan risueño, tan amado. 
Veo la tumba de mi madre 
Que un hermano edificó. 

¡Oh, mi hermano!, ¡ah, si le viese! 
¡Abrazarle si pudiese! 
Mao también á pocos días 
A la madre fué á seguir. 
¡Ah, de los que tanto he amado, 
A ninguno ya he encontrado 

Y es más triste esta mi vuelta 
Que lo ha sido mi partir. 

A lo menos, dulces sombras, 
A menudo á mi consuelo 
¡Ah!, bajad del alto cielo. 
Que sin vos no sé vivir. 
Cuando en su piedad la muerte 
Mis dolores feneciera, 
A mi patria verdadera 
Me vendréis á conducir. 

XVII 
El avaro. Carta de Bosa á Elvira. 

Amiga del corazón, 
Aprovecho estos momentos 
Para que oigas mis lamentos 

Y me tengas compasión. 
Cegada de la ambición 
Tomé para mi marido 
A un avaro corcomido 

De mal genio y mal humor; 
Mas de mi vida el tenor 
Te dirá cuá i necia he sido. 

Cuando el alba apenas brilla 
Djrando una pobre cama, 
A su lado ya me llama 
Una seca tosecilla 

Y una ronca voz que chilla: 
¡Arriba!, que yo ya estoy 



— 213 



Y á mi dinero me voy 

A saber si me han robado; 
Ayer nada me ha faltado; 
A ver si lo mismo es hoy. 

Tú vete á mirar la ropa 

Y la rota á remendar; 
Nueva ya se ha di comprar 
Si el viento nos sopla en popa. 
Después llévame la copa; 

Tú también puedes beber, 
Más tres partes han de ser 
De agua, pues el vino cuesta, 

Y el pan, si de ayer nos resta. 
Debe en un dedal caber. 

Todo esto es tarea mía. 
Pues antes tuvo criadas. 
Más todas por mal pagadas 
Se fueron al cuarto día. 
En una guardilla fría, 
Sin vidrios en la ventana 
(La lumbre porque es malsana 
Dice que la ha desterrado), 
Con mi estómago lavado 
Gimo toda la mañana. 

Por fin la hora deseada 
Trae un más feliz destino, 

Y en una mesa de pino. 
Con ningún mantel tapada. 
La cazuela es colocada, 
Más el caldo ¡ay de mi! 

Al principio yo creí 
Que estaba puesta, primero, 
Para cocer el puchero 
El agua caliente allí. 

Por fin busqué tanto y tanto 
Que una cosa dura hallé 
Que por poco la tiré 
Supo:iiendo*que era un canto; 
Saco y veo con espanto 
Que trozos de carne son 
Comprada... esta adquisición 
No alcancé yo cuándo ha sido. 
Mas lo sé de mi marido 
Por la propia confesión. 

La ración de pan, escasa. 
No aumenta razón ni ruego; 
Por no pagar al gallego 
El agua se da con tasa. 
Tristemente así se pasa 
Pronto la hora de comer, 

Y luego al anochecer, 

Sin sol, sin luz y sin moscas. 



En unas esteras toscas 
Nos sentamos á beber. 

Bien te puedes figurar 
Que es agua, y en solo un vaso. 
Pues ayer por un acaso 
El otro se fué á quebrar. 
Hartos ya de bostezar. 
Sin siquiera un candilón. 
Dormimos nuestra aflicción 
En el suelo, al fin, sin nada 
Más que una manta delgada 

Y un durísimo jergón. 

Nuestras alhajas sencillas 
Ahora, pues, vas á saber; 
En la pieza de comer 
Hay una mesa y dos sillas; 
En la otra de las guardillas 
Que sirve para dormir. 
Trabajar y recibir 
A algún sujeto de fuera. 
No hay más cama que la estera 
Que te acabo de decir. 

Dos tristes guardillas; esta 
Es toda nuestra morada, 

Y en otra pieza cerrada 
Está la gabeta puesta; 
Allí por mañana y siesta 
Él se halla cual guarda fiel. 
Pues esta pieza para él 

Es el único recreo. 
Baile, tertulia y paseo 

Y el más florido vergel. 

De esta misma habitación, 
Tan estrecha, pobre y fría. 
Temo que el casero un día 
Nos eche sin compasión; 
Pues con precipitación 
Ya nuestro alquiler exige; 
Más como mi esposo rige 
Él solo todo el caudal, 
Le oye, más por bien ni mal 
En este punto transige. 

Todo mi elegante ajuar. 
Sin atender á mi queja, 
A la ropería vieja. 
Acabado de casar, 
Fué mi esposo á despachar. 
Regalándome un vestido 
De un lienzo tan bien tejido, 
Que lo opuesto á no saber 
Yo lo había de tener 
Por un cortinón raído. 



2t4- 



Y pues esia tela fina 
No tengo con qué mudar, 
En cama tengo que estar 
Cuando se pone cochina. 
Entonces luego una tina 
Á su. lado es colocada, 

Y yo sola, desgraciada, 
Me tengo que atarear 
En lavar, secar, planchar 
Mi ropa desengañada. 

Todos sus coloquios luego 
Son de cuentas solamente; 
Tener otro diferente 
Es igual á hablarle en griego. 
Aun gracias al mismo fuego 
De su furiosa pasión 
Que al templo de su Piutón 
Su continuada asistencia 
Me ahorra la impertinencia 
De darle (jonversación. 

Si en mi triste casa hubiera 
Un mueble roto ó perdido. 
Una mancha en el vestido 
Ú otro destrozo cualquiera. 
Horroroso lance fuera. 
Con el vaso sucedió, 

Y apenas él lo notó, 

Te aseguro que han quedado 
Mis huesos en peor estado 
Que el vaso que se quebró. . 

¿Qué me sirve estar casada 
Con un medio millonario 
Si de lo más necesario 
De la vida estoy privada? 
Á mendigar obligada 
Menos trabajos tendría, 
A lo menos contaría 
Para mi manutención 
Con lo que la compasión 
Me hubiese dado aquel día. 

Aun me quiere libertar 
De una enfermedad mi estrella, 
Pues no dudo yo que en ella 
Me tendría que quedar, 
No habiendo que imaginar 
Llamar un facultativo. 
Anoche de positivo 
Kl mismo me dijo asi: 
No entra esta polilla aquí 
Mientras me mantenga vivo. 

Tampoco quiere tener 
Por sí ni el menor cuidado; 



Anciano, pues, y estenuado 
Por fuerza ha de parecer; 
Poco me diera el perder 
Este cicatero rico, 
Más si yo no tengo un chico 

Y él se muere sin testar, 
Al hermano va á parar 
Ivl medio millón del pico. 

El que hiciera testamento 
Por mi influjo le insinuaron, 
Más sin fruto se cansaron 
Para lograr este intento, 
Porque su aborrecimiento 
A gastar dinero es tal, 
Que acto alguno judicial 
Juzga útil ó necesario, 
Pues dar un cuarto al notario 
Mejor quisiera un puñal. 

De aquí puedes inferir 
Elvira, mi suerte fiera, 

Y la que después me espera 
Si él se llegase á morir; 
Sólo tengo que elegir 
Entre pobreza y pobreza; 
Si vive, por su vileza 
Pobre con oro seré, 

Y si muere perderé 

Sólo el nombre de riqueza. 

Si mis letras gruesas son 
Me tienes que perdonar, 
Porque tengo que emplear 
Para este efecto un carbón; 
Este mismo del fogón 
Del vecino lo he pedido, 
Pues si jamás mi marido 
Viese el suyo disminuir. 
Ya podía consentir 
Que hasta hoy había vivido. 

Este papel, que es de estraza, 
Lo he logrado en el momento 
Que nuestro pobre alimento 
A comprar yo fui á la plaza; 
Un viejo de buena traza 
Me lo ha dado por merced, 
Pues del oro por la sed 
Mi esposo este gasto evita 
Poniendo en su piececita 
Las cuentas en la pared. 

Á tu m:írido, el Marqués, 
Muchas cosas, y á tu niño; 
Tú cuenta con mi cariño. 
Madrid treinta de este mes, 



— 2l5 



Año ochocientos y ircs, 
Mi año veinte de nacida, 
De mi desgracia cumplida 
El primero, más sin duda, 
Si mi suerte no se muda. 
El último de mi vida. 

Lo firma tu desgraciada, 
Extenuada y afligida. 
Fastidiada y aburrida, 
De mil trabajos cercada, 
Casi de vivir cansada, 
Siempre abatida y llorosa. 
De mal humor y rabiosa. 
De un marido vil y ruin 
Víctima infeliz, en fin. 
Tu desesperada 

Rosa. 

XVIII 
Descripción de Salan de Cabras. 

Dos hogares reducidos 
Entre peñas sepultados. 
Dos senderos escarpados, 
Sus paseos más floridos, 
Su vergel, bojes tupidos; 
Chicharras sus ruiseñores; 
Aun el sol sus resplandores 
Sólo escasos deja ver, 

Y cabras debieran ser 
Sus únicos moradores. 

Continuación seria de la descripción joccs.i 
de Solán de Cabras. 

Aunque es áspero y fragoso. 
Más en esta tierra inculta 
La bondad divina oculta 
ün tesoro prodigioso. 
Corre el pobre, el achacoso 
De esta fuente á la virtud, 
Busca con solicitud 
Su remedio entre estas breñas; 
Sus fraguras son risueñas 
Al amor de la salud. 

¿Quién duda que el miserable 
Que aquí encuentra su remedio. 
Deja de mirar con tedio 
Su aspereza interminable.'' 
Dios es igualmente amable 
Entre peñas que entre rosas, 

Y con manos amorosas 

Abre al hombre claras fuentes. 
Ya de gustos inocentes. 
Ya de curas prov«chosat. 



Para el hombre fué criado 
Cuanto Dios hizo en la tierra; 
Cuanto en su ámbito se encierra 
Á servirle es destinado; 
Todo sigue este mandado 
Para su felicidad; 
Mas su ciega voluntad. 
Sola, libre en su camino, 
Contra el Bienhechor divino 
Abusa su libertad. 

No el buscar una salud 
Que Dios nunca me ha negado; 
Otros fines me han guiado 
De esta fuente á la virtud; 
Busco en mi solicitud 
La pública conveniencia; 
Sigo á una probada ciencia 
Y cumplo con mi deber; 
Por mí no quedó que hacer; 
Obre Dios con su clemencia. 

482. — Julia y Francisca en Turquía. No- 
vela moral, compuesta por la Reyna Doña 
.María Josefa Amalia en el mes de Marzo 
de 1828. 

Manuscrito de aquella época; 146 hojas 
en 8.* sin foliación; encuadernado en pasta; 
lleva al principio una lámina en colores. 

Bibl. Nac. — Depart. de Mss. 

Hay otro manuscrito en el Archivo de 
Palacio. Consta de i25 págs. en 4.* 

Julia y Francisca son dos hermanas ge- 
melas, cuyos padres, el Conde de Manns- 
bach, hiángaro que se había distinguido en 
las guerras contra los turcos, y D.^ Catalina 
Roseudosf, les dieron una educación pia- 
dosa. 

Desde niñas se vio una diferencia notable en sus 
genios, talento y modales, y hasta en su exterior. 
Julia, blanca, de pelo rubio, de unos ojos de un 
azul apagado; era dulce, á la verdad, y dócil, pero 
de poca vivacidad y gracia, aunque no absoluta- 
mente destituida de talento y luces; era difícil y 
tarda para comprehender, y de una memoria cor- 
la, de modo que á pesar de su mucha aplicación, 
hacía pocos progresos en las letras, y sí se la no- 
taba que aquello que una vez se la imprimía en 
«1 entendimiento y «n «1 corazón, nada era capaz 



— ai6 



de borrárselo. Francisca era morena, de pelo y 
ojos negros, llena de gracia, tálenlo y despejo; 
nada le era difícil de aprender; tan prontos para 
las ciencias su entendimiento y memoria, como 
hábiles sus manos para la labor y demás ejerci- 
cios propios de su sexo; dejaba admirados y em- 
belesados á sus padres y maestros y á cuantos 
visitaban la casa del Conde de Mannsbach. 

A los pocos años murió éste en una bata- 
lla contra los turcos, quienes, entrando en 
la casa de Julia y Francisca, se las llevaron 
cautivas y las vendieron en Alepo á una 
viuda llamada Zoraida. 

En tan desgraciada situación, Julia con- 
serva la fe no obstante las amenazas de su 
ama; pero Francisca reniega de sus creen- 
cias y se hace musulmana. La conciencia le 
remuerde al principio, más los ricos vesti- 
dos que le regala Zoraida hacen que la va- 
nidad femenil sofoque el arrepentimiento. 
Julia sufre por su constancia en la fe tra- 
bajos y desprecios sin cuento. 

Hecho Bajá de Belgrado, Seli'm, hijo de 
Zoraida, va á casa de su madre, quien de- 
seaba casarlo con Francisca, muy ufana por 
tal boda; pero Selím se enamora de Julia, 
cuya dulzura y mansedumbre le encantan, 
y viene la lucha entre ambas hermanas; 
Francisca se libra de su competidora ha- 
ciendo que Julia sea devuelta á su madre. 
Encendida nuevamente la guerra, dase una 
batalla á la que asistió Selím, cayendo he- 
rido gravemente; acude Julia á socorrerlo; 
éste, que la conoce al momento, recuerda 
sus amores, se hace cristiano y, una vez cu- 
rado, se desposa con Julia. 

Despechada Francisca persigue cruelmen- 
te á sus hermanos, quienes son apresados 
por los turcos, y después de mil vicisitudes, 
acaban sus días vertiendo su sangre en el 
cadalso antes que renunciar á Cristo. 



SALABERT Y TORRES 
(D.'' María de los Dolores). 

Hija de D. Félix Salabert O'Connor, Mar- 
qués de Valdeolmos y de la Torrecilla. He- 
redó el mayorazgo fundado por D. Bernardo 
de OConnor. Casó con su primo político 
D. Narciso de Heredia; le fué concedido el 
Real permiso á lo de Diciembre de 1822. 

483.— Memoria expositiva de la situación 
de la Inclusa y Colegio de niñas de la Paz, 
en seis da Mayo de mil ochocientos veinte y 
cinco. Presentada á la Real Junta de Seño- 
ras por su Presidenta la Excma. Señora Con- 
desa de Ofalia. — Madrid. Imprenta que fué 
de García. 1825. 

1 5 págs. en 4." con un Estado que mani- 
fiesta los ingresos de caudal y pago que se 
han verificado en los Reales establecimien- 
tos de la Inclusa y Colegio de la Paz... en 
todo el año de 1824. Va firmado por la Secre- 
taria Margarita Elisa Norigat Hurtado de 
Mendoza, á 31 ds Diciembre de 1824. 

SALAZAR 
(D.* Gregoria Francisca de). 

Natural de Granada. 
484. — Canción á la Virgen de Gracia: 
Ya que oriental ocaso luminoso... 

Coronada historia, descripción laureada, 
del mysterioso Génesis, y principio Augus- 
to de el eximio portento de la Gracia, y ad- 
miración de el Arte, la milagrosa Imagen 
de María Santiss.*^^ de Gracia... desta No- 
bilissima Ciudad de Granada. Por el R. Pa- 
dre Fray Juan de la Natividad. — En Gra- 
nada, en la Imprenta Real, por Francisco 
de Ochoa. Año de 1697. 

Págs. 218 y 219. 

Según consta en la pág. 218, escribió otras 
tres canciones al mismo asunto. 



I 



— ai 

La publicada es un detestable modelo de 
culteranismo. 

SALAZAR Y MARDONES AGUIRRE 
(D.' María de). 

Sobrina del Obispo D. Cristóbal de Sala- 
zar Mardones, quien fué, según dice Montal- 
ban en su Para todos (pág. 5i5): 

Oficial mayor en la Secretaría del Reyno de 
Sicilia, gran Legista, perpetuo estudiante y muy 
versado en la lengua Latina, y conocimiento de 
todoi los Poetas; tiene escrito sobre el primero y 
segundo libro de la Instituía; comentó á D. Luis 
de Góngora sobre la Fábula de P'iramo y Tisbe, 
á modo que el Comendador Griego sobre las Tres- 
cientas de Don Juan de Mena, y hizo unas notas 
á las Soledades del mismo Autor, sin otros mu- 
chos papeles de diversos estudios. 

Cnf. Por D." Isadel de Valdiuieso y Mardo- 
nes, patrona de la memoria y obra p'a, que 
fundó Don Fray Diego de Mardones, Obispo 
de Córdoua. Con el Colegio de las Niñas 
huérfanas de nuestra Señora de la Piedad de 
la dicha Ciudad. — Impresso en Granada por 
Francisco Heylan. Año de 1629. 

Firmada por el Lie. Pedro de Zamora 
Hurtado. 

1 39 hojas en folio. 

485.— Al sepulcro del célebre poeta Juan 
Pérez de Montalván. Epitafio (soneto): 

Este con letras de oro monumento... 

Lágrimas panegíricas á la temprana 
muerte del gran poeta, y teólogo insigne, 
Doctor luán Péreí de Montalbán. 

Folio 53. 

SALICIA (D.» Julia). 

486.— Soneto en elogio de Miguel Cid: 

Si atenta admiración, si aplauso mudo... 

Justa sagradas del insigne y memorable 
poeta Miguel Cid. — Sevilla, por S. Faxar- 
do, 1647. 



7 — 



SALINAS (D." Juana). 



Natural de Criptana. Fué seglar en el 
convento de San Juan de la Penitencia, de 
Alcalá. 

487. — Soneto á San Antonio de Padua: 

Goza el virgen Antonio blanco lirio 
iriumphante ya del cielo en la camp-ña... 

Certamen poético en alabanza del glorioso 
San Antonio de Padua, para la fiesta que 
la villa del Campo de Criptana le hi^o el 
año de mil seiscientos y quarenta y qiiatro, 
en que como á su protector le erigió una ima- 
gen de bulto. Dirigido al Ex.»'^ Sr. Duque 
de fxar. 

Ms. del siglo XVII. 

Bibl. Nac— Mss. M. 102. 

SALINAS (Sor María). 

Nació á 14 de Septiembre de 1602 en Ta- 
marite; tomó el hábito en el convento de 
Santa Clara de Borja á 25 de Septiembre 
de 1622. 

Murió en el año 1657 á i." de Junio. 

488. — Escribió su autobiografía, de la cual 
se publicó gran parte en la siguiente obra: 

Vida prodigiosa, y felicissima muerte de 
la Madre Sor María Salinas de la Orden 
de Santa Clara en la provincia de Aragón. 
Primero hija del convento de Santa Clara 
de Borja; y después fundadora del convento 
de la Purissima Concepción y Santa Espina 
de la villa de Xelsa. Sácala á lu^ el M. R. 
P. Fr. Juan Cinto, Letor lubilado, Califi.- 
cador de la Suprema y General Inquisi- 
ción. — Zaragoza. Imprenta de Miguel de Lu- 
na. 1660. 

Un vol. en 4.° de 383 págs., más 12 hojas 
al principio y cuatro al rin. 



— 2i: 



SALLE NT (Sor Mariana). 



Nació en Borja en el año i665. Fueron sus 
padres D. Francisco Sallent, médico de aque- 
lla población, y D." Catalina Trasobares, 
En 1675 tomó el hábito de Santa Clara en el 
convento de religiosas de Borja y profesó 
acabado el noviciado. Fue elegida abadesa 
más adelante y tuvo fama de virtuosa. Una 
hermana suya, llamada Teresa, vivió en el 
mismo convento. Falleció en el año lyoB. 

489. — Vida de nvestra Seráfica Madre 
Santa Clara. Que escrivía Sor Mariana Sa- 
llent, Monja professa en el Religiosíssimo 
convento de Santa Clara de la Ciudad de 
Borja. Dedicada al Santo Christo del Coro 
del mismo Convento. — En Zaragoza, por 
DomiYigo Gascón. Año 1700. 

8." 160 págs., más i3 hojas de prels. 

Port.— Al Santo Christo del Coro.— De la Se- 
ñora Teresa Sallent, hermana de la Autora y Re- 
ligiosa en el mismo convento de Santa Clara. 
Endechas endecasílabas.— Del R. P. Fr. Tomás 
González del Campo. Programa. — Del mismo. So- 
neto: 

Minerva eres y olorosa acanto... 

De Fr. José Antonio de Hebrera. Romance.— Dé- 
cima y soneto de D. Joseph Lupercio Panzano.— 
Soneto. — De D. Jerónimo Torrijos y Virto. Octa- 
vas.— Soneto de D. Francisco Bolello de Moraes. 
Del Dr. Francisco Antonio Sallent. Romance he- 
roico.— Retrato de Santa Clara.— Texto. 

Empieza asi este poema, que no es des- 
preciable ni mucho menos; la versificación 
es fácil y el estilo correcto: 

Extática madre mía, 
Sagrado hermoso embeleso 
Del afán de mis amores, 
Del imán de mis deseos. 

Tranquilo, profundo, alegre 
Piélago, donde el afecto 
Funda en los mismos peligros 
La inmunidad de los riesgos. 

Embarcación peregrina 
Que al son de plácidos vi«ntos 



Duerme en las candidas velas 
La fatiga de los remos. 

Enigma dichoso, á cuyo 
Tierno corazón vinieron, 
Ancho el mar de la bonan9a, 
Y el de la tormenta estrecho. 

Primavera, en cuyo verde 
Confín, el Fabonio lento 
Pimpollos peina que nunca 
Desgreña enojado el cierzo. 

Bella azuzena del valle. 
Que entre rosados bostezos 
Fragante saluda al sol 
El ámbar de tus alientos. 

Rubia coronada espiga 
Que al montón dorado terso 
De tus troxes, viene á ser 
El orbe angosto granero. 

Oliva especiosa, á cuyo 
Luciente licor devieron 
Prudentes lámparas, claros 
Inextinguibles incendios. 

Frondosa vid, que de opimos 
Fértiles sacros sarmientos, 
Vino de vírgenes puras 
Rinde en lagares eternos. 

Rico vaso, á cuyo limpio 
Cristal, confiessan sin zeño, 
Ya sus embidias el Ganges, 
Ya sus olvidos el Hermo. 

Pájaro noble, que al dulce 
Pico le ofreces por cevo 
Jazmín, cuya planta inundan 
Perlas de amoroso riego. 

Risco firme en cuyo largo, 
Grande, heroico sufrimiento, 
Jamás le bolvió al suspiro 
Tristes alivios el eco. 

Filomena que enamoras 
El jardín en qualquier tiempo; 
Si cantas, con tu dulzura; 
Si callas, con tu silencio. 

Parque donde cada flor 
Da al Esposo en dosel fresco, 
Alfombras, para el coturno; 
Coronas, para el cabello. 

Ínclita, feliz Atlante 
A cuya mano el Supremo 
Augusto Señor le fía 
La esfera de sus imperios. 

Águila, cuyos castizos, 
Claros, sublime» polluelos. 



— 2 1 ( ) — 



Con lince pestaña cuentan 
Lo5 rayos al mejor Febo. 

Seráfica luz, en cuya 
Flamante hoguera pretendo 
Que ardan de mi amor los cortos. 
Tibios, humildes inciensos... 

En las págs. 39 á 43 pondera los místicos 
afectos de Santa Clara: 

Suavissimamcnte herida 
Del alto garlón flechero, 
Sacrificava en deliquios 
Lo que gozava en silencios. 

Y postrada á la razón 
De tan dulces sentimientos, 
Exam:navan sus ansias 
La duda de sus afectos. 

¿Qué afecto es este, dezia, 
Que lo entiendo y no lo entiendo.'' 
Peno, y parece que gozo; 
Gozo, y parece que peno. 

¿Qué ardor abrasa del frío 
Corazón la esfera, siendo 
Del mismo ardor el ardor 
La llama y el refrigerio? 

¿Qué es esto que en mí produce 
Tristes y alegres extremos? 
Tormentos en lo que logro, 
Glorias en lo que padezco. 

¿Qué achaque es este, que dexa 
Tan desayrado el remedio. 
Que con la dolencia, sano; 
con la medicina, muero? 

¿Qué fuego es este que arde 
Al contrario de otros fuegos. 
Pues con suspiros lo apago 

Y con lágrimas lo enciendo? 
¿Qué mal es este, que tiene 

De bien tantos privilegios. 
Que con él endulzo todo 
Lo que sin él adolezco? 

¿Qué suave bolean es este 
En cuy:; piedad encuentro 
Templado búcaro al labio 
La llama con que me quemo? 

Yo fabrico mi dolor 
Del mismo bien que poseo, 
Pues tengo aquello que lloro, 

Y lloro aquello que tengo. 
Yo del arpón las heridas 

Tanto temo y reverencio. 
Que de las flechas me animo, 

Y de las flechas me altero. 



Yo elijo quexarme, y callo, 
Pareciéndome que ofendo 
Con el rumor de la quexa 
Los altares del respeto. 

Yo quiero callar, y en dulces 
Quexas prorrumpo, entendiendo 
Que lisonjea á la aljava 
El dolor con que me quexo... 

490. — Vida de la Seráfica Madre Santa 
Clara, que escrivía Sor Mariana Sallent, 
monja protessa en el Religiosíssimo conven- 
to de Santa Clara de la ciudad de Borja. De- 
dicada al Santo Christo del Coro del mismo 
convento y en esta segunda impresión al 
Ilustríssimo y Reverendíssimo Señor Don 
Fr. Antonio Folch de Cardona, Arzobis- 
po de Valencia y del Consejo de Su Mages- 
tad, &c. — Valencia, en la Imprenta de Fran- 
cisco Mestre. 1703. 

Ün vol. en 8.° menor de 160 págs., más 
24 hojas de prels. 

Port. — V.° en bl. — Al Santo Christo del Coro.— 
Al Illustríssimo S. D. Fr. Antonio Folch de Car- 
dona, A'-íobispo de Valencia. Dedicatoria de Don 
José Periz de Perey, á 6 de Junio de 1703. — De la 
Señora Sor Teresa Sallent, hermana de ia Autora 
y Religiosa en el mismo convento de Santa Clara- 
Endechas endecasílabas: 

Ya, Mariana mía, 
que llega á percibir... 

Del Rev. P. M. Fr. Thomás González del Campo 
monje Cisterciense en el monasterio de Veruela, 
Soneto acróstico á la Autora: 

Minerva eres y olosa acanto, 
astro de erudición en lo brillante... 

A Sor Mariana Sallent, del P. Joseph Antonio de 
Hebrera, General del Orden de San Francisco. 
Romance; 

Tú, del Pindó más sacro 
discreto espíritu noble... 

Don Joseph Lupercio Panzano... hizo á la poetisa 
la decima siguiente. 

Anagrama de Sallent 
es de llenas la palabra... 
Soneto: 

Como la luz del Sol que si dispara... 



— 220 



Don Jerónimo Torrijos y Virto. Octavas: 
Mandas que mi silencio fíe al labio... 
Don Francisco Bolello de Moraes. Soneto: 
Llevada al Impíreo, Clara Santa... 

El Doctor D. Francisco Antonio Sallent. Roman- 
ce heroico: 

Mal, Euterpe canora del Ibero... 

A la gloriosa virgen Santa Clara, D. Joseph Orti. 
Romance heroico: 

Pendan, divina Clara, en tus altares... 

Del Dr. Jacinto Matoses. Décima: 

Tu lira cede armoniosa... 

Don Joseph Periz de Perey. Laberinto: 

Cuando á Mariana escuchas... 

Romance del mismo: 

Grande, ilustre poetisa... 

A Sor Mariana Sallent, D. Joseph Monflorit y 
Panlagua. Soneto: 

¿A. qué alta cumbre tu elegante vuelo... 
Del mismo. Décima: 

De ias nueve eres el cero... 

SALLENT (D.^ Teresa). 

Hermana de D.* Mariana Sallent y religio- 
sa en el convento de Santa Clara, de Borja. 

49 1. — Endechas endecasílabas en elogio de 
la Vida de Santa Clara: 

Ya, Mariana mía, 
que llega á percibir 
plácidamente el orbe 
acento grave en cítara sutil... 

Vida de nuestra Seráfica Madre Sania 
Clara. Que escripia Sor Mariana Sallent. — 
Zaragoza, por Domingo Gascón. Año 1700. 

SAN AGUSTÍN (Sor Ana de). 

Hónrase Valladolid con haber sido la pa- 
tria de esta insigne mujer, que nació allí en 
el año 1547. Sus padres, Juan de Pedraza 
Rebolledo y D.* Magdalena Pérez Arguello, 
se distinguían tanto por sus virtudes, como 
por su hidalguía. Desde muy temprana edad 



comenzó Ana á descollar por su fervor re- 
ligioso, y aun á tener visiones y otros fa- 
vores celestiales que refiere menudamente 
Fr. Alonso de San Jerónimo; uno de ellos 
fué decirle misa San Agustín; y aquí entra 
el biógrafo citado á exponer la teoría de mi- 
lagro tan asombroso; esto es, si verdadera- 
mente resucitó el autor de La Ciudad de 
Dios, ó si fué todo visión imaginaria. Quien 
tal comenzaba no podía menos de acabar 
sus días en un convento, y así sucedió, pues 
en el año i 577 recibió el hábito del Carmen 
Descalzo en el de Malagón; al año siguiente 
profesó en manos de Santa Teresa. Acom- 
pañando á ésta salió en i58o para fundar el 
convento de Villanueva de la Jara, del cual 
llegó á ser Priora, gobernándolo con loable 
prudencia. Casi toda su vida fué una serie 
de milagros inauditos y de continuas apari- 
ciones celestiales. En 1600 echó los cimien- 
tos del convento de Valera, regresando lue- 
go al de Villanueva. En éste falleció santa- 
mente á II de Diciembre de 1624. Su cuer- 
po se conservó incorrupto muchos años. 

Cnf. Vida, virtudes y milagros de la pro- 
digiosa Virgen y Madre Ana de San Agvs- 
tin, carmelita Descama, Fundadora del con- 
vento de Valera, y compañera de nvestra 
Madre Santa Teresa de lesvs, en l-a fvnda- 
ción de Villanueva de la Tara. Dedicada al 
Eminentissimo Señor D. Lvis Gvillén de 
Moneada Aragón Luna y Cardoíia, Carde- 
nal de la Santa Iglesia de Roma. Por El 
M. R. P. Fr. Alonso de San Gerónimo, Car- 
melita Descaigo, Lector de Teología en su 
Colegio de la Universidad de Alcalá. Con 
privilegio. En Madrid. For Francisco Nie- 
to. Año de 1668. 

En 8.°; 270 hojas foliadas, más 16 de prels. 
con un retrato del Cardenal Moneada y otro 
de Ana de San Agustín. 



— 221 



En el siglo xviii se incoó un proceso de 
beatificación de Sor Ana de San Agustín; 
parte de él se publicó con el siguiente título: 

Sacra Rituum Congregatione Emo. & 
Rmo. Dno. Cardinali Guadagni Conchen. 
Beatificationis & Canonizationis Ven. Servae 
Dei Sororis Annae a S. Augustino Monialis 
Professae Ord. Carmelitarum Excalceatarum 
Hispaniae & Socia S. Theresiae. Positio su- 
per dubio an sit signanda Commissio Intro- 
ductionis in Causa in casu &. — Romae. Ex 
Typ. Camerae Apostolicae. M.DCC.L. 

En 4.° d.; 182 págs. 

Cnf. Vida de la Venerable Madre Ana de 
San Agustín, Carmelita Descalca y compa- 
ñera de la Satita Madre Teresa de Jesús en 
la fundación de su convento de Santa Ana 
de la pilla de Villanueva de la Jara; por 
Fr. Francisco de la Natividad. 

Ms. del siglo xvii; un vol. en 4,° 

Bibl. del Real Palacio.— S. 2.» Est. J. P. 5. 

Brebe relación y suma de la vida y virtu- 
des de la Venerable M/ Anna de S. Agus- 
tín Carmelita descaiga y compañera de la 
Virgen S. Theresa de fesús en la Fundación 
del Conuento de Villanueua de la Jara, y 
después Fundadora del Conuento de Valera 
de Abajo, que se trasladó á la villa de San 
Clemente (todo Diócesis de Cuenca) donde 
fué muchos años Priora y donde murió año 
de 1624 y está su venerable cuerpo inco- 
rrupto, y por su intercessión obra Nuestro 
Señor muchas marauillas tenidas por mila- 
grosas, como se verán en esta brebe Relación. 

Ms. del siglo xvii; 376 hojas en 4.°; lleva 
un grabado que representa á la Madre Ana 
apareciéndosele Jesucristo. 

Bibl. Nac— Mss. núm. 2.191. 

492. — Relación de su vida y favores celes- 
tiales. — Valera, i8 de Abril de 1606. 



Escrita de puño y letra de la Madre Anto- 
nia de Jesús, con firma autógrafa de la vene- 
rable Ana de San Agustín. 

Consta de 92 hojas en 4.* 

Bibl. Nac. — Mss. S. 367, fol. i á 92. 

493. — Segunda relación que hizo de su vi- 
da, escrita por mandato del General de su 
Orden Fr. Alonso de Jesús María. — Valera, 
12 de Agosto de 1609. 

Manuscrito de puño y letra de Sor Anto- 
nia de Jesús, con firma autógrafa de la Ma- 
dre Ana de San Agustín. 

1 3 hojas en 4.° 

Bibl. Nac— Mss. S. 357, fol. 93 á io5. 

En el mismo manuscrito se hallan varias 
informaciones hechas acerca de la vida de 
Sor Ana de San Agustín en el año 1629; en 
ellas consta que ésta dictó su vida á la Madre 
Antonia de Jesús, por mandato del Provincial 
Fr. José de Jesús María y del General Fray 
Alonso de Jesús María. 

De estas Relaciones hay en la Biblioteca 
Nacional otros dos manuscritos del siglo xvii; 
constan de 56 y 19 hojas en 4.° 

La primera burla que me hizo el demonio fué 
que estando ya para profesar, iraydo el dote, y 
lodo á punto, y las monjas para votarme, una 
noche tomó el demonio mi forma y fué á la per- 
lada, que era Ana de la Madre de Dios, hija de la 
casa de Toledo, que después la llevaron á Cuerva, 
y la dijo que no quería profesar, y que en esto 
estaba resuelta y ansí tenía escrita una carta á mi 
padre en que le decía viniese por mí (i). 

Viniendo nuestra Santa Madre Teresa de Jesús 
con sus hijas, á esta fundación (de Villanueva de 
la Jara], llegamos al Socorro, que entonces había 
allí casa de religiosos nuestros, adonde estuvimos 
tres días; y entre otras cosas que dieron á nuestra 
santa Madre, para su fundación, de ornamentos 
para la iglesia, le dieron un niño Jesús, medianito, 
el cual llevamos guardado con los ornamentos. 
En Villanueva nos apeamos en la iglesia mayor, 
desde la cual, para llevarnos á donde se habia de 



(I) Folio II. 



22 2 — 



hacer el convento, se hizo una procesión muy 
solene, porque iba en ella el Santísimo Sacramen- 
to, y cuando para sacar á Su Majestad tomaron 
las andas, vi un niño Jesús, que me pareció el que 
nos habían dado en el Socorro, el cual andaba 
desde el Santísimo Sacramento á nuestra santa 
Madre (i). 

Es tan terrible la vista de los demonios, que no 
podré significar lo que se padece en ver, no solo 
muchos, mas á uno que sea solo, y así si nuestro 
Señor no fortaleciese á las personas que le ven, 
creo reventarían. Tiene muchos cuernos, muchas 
colas y terribles llamas y una lengua ferocísima 
y espantosa; y en su comparación, todo cuanto 
en el mundo hay feroz y espantable } que dé 
horror, es como pintado, y trae tan terrible hedor 
que encalabria, sino es cuando él pretende enga- 
ñar fingiéndose hombre galán (2). 

De recien profesa, una noche se me apareció el 
demonio en forma de un hombre muy galán, y 
fuese á meter en la cam 1 adonde yo estaba; yo 
me levmté y me fui con la perlada, diciéndola 
que tenía miedo, mas no lo que había pasado, y 
á otra siguiente vinieron muchos demonios y azo- 
táronme cruelmente, y quitándome la ropa me 
dejaron descubierta y muy maltratada (3). 

En Falencia y en Burgos, y estando en medio 
de estas dos religiosas [Elvira de San Ángel y 
Mariana del Espíritu Santo] me sacaban los demo- 
nios por los pies arrastrando; de estas cosas me dio 
tanto flujo de sangre que estuve muy mala. 

En los folios 43 á 5i refiere una visión que 
tuvo del Infierno y del ciclo (4): 

Vi que ponzoñosas sabandijas entraban y salían 
por los sentidos de aquellas almas dañadas, como 
en unos hormigueros, tan espesas como humo, 
que me turbaban la vista... Las fieras daban bra- 
midos; los demonios aullaban, y silvos de drago- 
nes y serpientes ayudaban á entonar esta desdi- 
chada y triste música. Vi allí grandes tempestades, 
grandes vientos, grandes torbellinos y borrascas; 
muchos truenos y relámpagos que arrojaban es- 
pantosos rayos, los cuales caían en los condena- 
dos y parecía que los desmigajaban. 

Vi de todas religiones y de todas las altas dig- 
nidades, que se están abrasando en aquellas 
llamas. 



(1) Folio 14. 

(2) Folio 33. 

(3) Folio 12. 

(4) Publicada per el P. Alonso de San Jerónimo; fo- 
lios 59 á 69. 



Los Pontífices y obispos están puestos en tronos 
y sillas de fuego, y allí están abatidas y despre- 
ciadas sus dignidades y privanzas, y en lugar de 
sus mitras tienen puestas corozas, y muy á me- 
nudo los metían y sacaban en calderas muv 
hirviendo y en lagos de sucias aguas; también los 
revolcaban en cieno y los entregaban á fieras 
ponzoñosas; y estos tales están en lo más pro- 
fundo. 

De las revelaciones de Sor Ana se publi- 
caron bastantes fragmentos en la Vida, vir- 
tudes y milagros de la prodigiosa Virgen y 
Madre Ana de San Agustín, Carmelita Des- 
calca y compañera de nuestra Madre Santa 
Teresa de Jesús en la fundación de Villa- 
nueva de la Jara, por el M. R. P. jy. Alon- 
so de San Jerónimo. 

494. — Noticias de las penas que padecen 
los condenados en el infierno y de la gloria 
que gozan los bienaventurados en el cielo, 
por la Madre Ana de San Agustín.— Méxi- 
co. lySi. — 16. ° 

Citadas en un Catálogo de libros raros 
que se conserva manuscrito en la Biblioteca 
Nacional. UU.-41. 

495.— Revelación de la Madre Ana de San 
Agustín, compañera de Santa Teresa de 
Jesús. 

Ms. de principios del siglo xviii; ocho ho- 
jas en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Oo. 70, fol. 17 á 24. 

496. — Relación de un milagro que obró 
San Juan de la Cruz. 

Autógrafa. — Letra del siglo xvn; dos hojas 
en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, fol. 588 y 689. 

497. — Carta á una señora. — Villanueva de 
la Jara, 14 de Julio. S. a. 

Copia hecha por Fr. Manuel de Santa Ma- 
ría en el año 1761.' 

Bibl. Nac— Mss. V. 4^1, M. lar. 



22'\ 



Carla á un religioso de su Orden. Fecha- 
da á 29 de Septiembre de 1622. 

Ms. del siglo xvii; una hoja en folio. 

Bibl. Nac— Mss. L. 239, fol. 4ig. 

498. — Noticias para la vida de Sor Josefa 
de San Felipe, religiosa carmelita del con- 
vento de Malagón. 

Copiadas en la vida que de Sor Josefa es- 
cribió Fr. Antonio de San Joaquín. 

Bibl. Nac— Mss. Qq. Sup. II, 40. 

SAN AGUSTÍN (Sor Inés de). 

499. — Noticias sobre la vida de San Juan 
de la Cruz. — Ciudad Real, 27 de Octubre 
de 1614. 

Original con firma autógrafa. — Una hoja 
en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, fol. 799. 

SAN ALBERTO (Sor Ana de). 

5oo. — Carta á Fr. Alonso de Jesús María, 
acerca de la vida de San Juan de la Cruz y 
de algunos milagros obrados por las reliquias 
de éste. — 4 de Noviembre de 16 14. 

Autógrafa. — Cuatro hojas en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, pág. 997 y sig. 

SAN ALBERTO (Sor Catalina de). 

5o I. — Noticias para la vida de San Juan 
de la Cruz. 
Ms. de principios del siglo xvii. 
Original con firma autógrafa. — 4.° 

Bib. Nac. — Mss. I. 322, fol. 271 á 279. 

SAN ALBERTO (Sor María de). 

Carmelita descalza, Priora del convento 
de Valladolid, donde murió á 9 de Junio 
de 1640. 

5o2. — Visiones de la Madre Catalina Evan- 
gelista, monja en Valladolid. 



503. — Diario de sus visiones y favores di- 
vinos. 

Villiers, Bibliotheca Carmelitana. 

504. — Carta á un religioso, acerca de San 
Juan de la Cruz. — Rioseco, 4 de Abril 
de 1614. 

Original. — Una hoja en folio. 

Bib. Nac— Mss. Pp. 79, pág. 935. 

5o5. — Testimonio acerca de la vida y vir- 
tudes de San Juan de la Cruz. — Valladolid, 
14 de Febrero de i6i5. 

Autógrafo. — Dos hojas en folio. 

Bibl. Nac — Mss. Pp. 79, págs. 1.041 á 1.044. 

SAN ANGELO (Sor Casilda de). 

Llamóse en el siglo Casilda Mucharáz de 
Tolosa. 

Fué natural de Burgos é hija de Catalina 
de Tolosa, quien luego entró en un conven- 
to de Falencia. Vivió en la segunda mitad 
del siglo XVI y profesó en el Carmen Des- 
calzo. 

5o6. — Gracias y favores que recibió del 
Señor. 

Villiers, Bibliotheca Carmelitana, 

507, — Relación de cómo se le apareció des- 
pués de muerta Sor Catalina del Espíritu 
Santo. 

Reforma de los Descal¡{os de Nuestra Se- 
ñora del Carmen, de la primitiva observan- 
cia, hecha por Santa Teresa. Por el P. Fray 
hseph de Santa Teresa. 

Tomo III, págs. 654 y 655. 

SAN ANGELO (Sor Catalina dé). 

5o8. — Declaración de la Madre Catalina 
de San Angelo en las informaciones de Alba 
sobre la vida de Santa Teresa. 

Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra, t. LV, 
pág. 418. 



SAN ANGELO (Sor Elvira de). 

5og. — Declaración de Elvira de San Ange- 
lo en Medina, en los informes de aquella ciu- 
dad sobre la vida de Santa Teresa de Jesús. 

Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra, t. LV, 
Pig- 393- 

SAN ANGELO (Sor Marina de). 

5 1 o. — Testimonio acerca de la vida de San 
Juan de la Cruz. 

Ms. de principios del siglo xvii. — Original 
con firma autógrafa. — 4.° 

Bibl. Nac— Mss. I. 322, fols. 458 á 461. 

SAN ANTONIO (Sor Catalina de). 

Carmelita descalza en el convento dé Ca- 
ravaca. 

5ii. — Relación de un milagro que obró 
con ella San Juan de la Cruz. 

Ms. del siglo XVII. 

Autógrafo. — Una hoja en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, pág. 801. 

SAN ANTONIO (Sor Catalina de). 

Religiosa en el convento de la Concep- 
ción, de Toledo. 

Vivió á mediados del siglo xvii. 

5 1 2. — La Margarita escondida. Vida ad- 
mirable y milagrosa de la lima, y nobilísima 
señora D." Beatriz de Silva, fundadora de la 
insigne Religión de la Inmaculada Concep- 
ción de Nuestra Señora. Compúsola en el 
año 166 1 Sor Catalina de San Antonio, 
monja profesa del Real convento de Toledo, 
primero y cabeza de la Orden, publicada 
por segunda vez por las RR. MM. Concep- 
cionistas de la casa matriz de Toledo. Con 
licencia eclesiástica. — Madrid. Imp. de la 
Viuda é Hija de Gómez Fuentenebro, 1903. 

En 4."; 103 págs. 



Í24 — 

Port. — Advertencia por las RR. MM. de la Casa 
Matriz de Toledo. — Protestación de la Autora. — 
Dedicatoria á Doña Beat.íz de S Iva.— Introduc- 
ción al lector. — Texto. — índice de los capítulos. 

A juzgar por la portada de este libro, se 
trata de una segunda edición, lo cual no 
parece exacto, pues se lee en la Advertencia: 

Publicamos este opúsculo en la forma que ve- 
rán los piadosus lectores, porque atentas á lo que 
dice la Sierva de Dios Sor Andrea de Rojas (Re- 
ligiosa de este convento de ToLdo, primero de la 
Orden) de Sor Catalina de San Antonio, Autora 
del precioso manuscrito que damos á conocer, le 
hemos querido dar el valor que merece, y lo dic- 
tamos sin variar nada. 

Doña Beatriz de Silva, dama de la reina 
D.* Isabel, mujer de Juan II de Castilla, na- 
ció en Campo Mayor, obispado de Elvas, 
en Portugal. Fué hermana de D. Diego de 
Silva, Conde de Portalegre. Era de tal her- 
mosura, que D.* Isabel llegó á tener tan ra- 
biosos como infundados celos, y la mandó 
encerrar en un cofre para que allí muriese, 
pero la Virgen socorrió á D.* Beatriz con un 
milagro. 

Desengañada del trato cortesano y aun 
del mundo en general, se retiró al convento 
de Santo Domingo el Real, de Toledo, 
donde vivió más de treinta años. Después 
fundó el primer convento de Concepcionis- 
tas, cuya Orden fué más adalante aproba- 
da por Julio II. Falleció santamente en el 
año 1490, á los 66 de su edad. 

Tirso de Molina la hizo protagonista de 
su comedia Favorecer á todos y amar á 
ninguno (Parte IV, 1635). 

SAN ANTONIO (Sor Juana de). 

Habiendo fundado en Manila, á princi- 
pios del siglo XVII, un convento de la Orden 
de Santa Clara, D. Pedro de Chaves y doña 
Ana de Vera, Fr. José de Santa Mana reci- 
bió el encargo de llevar religiosas españolas. 



225 



Una de estas fué Sor Juana de San Amonio, 
quien acabó su noviciado en el viaje, hecho 
por la ruta de México. Llegadas á Manila, 
se instalaron en una casa del barrio de Sam- 
páloc, extramuros de la ciudad, y allí profe- 
só Sor Juana, distinguiéndose luego por sus 
muchas virtudes y favores celestiales (i). 

513. — Sus revelaciones, desde 5 de Enero 
á i5 de Mayo de 1629. 

Manuscrito del siglo xvii; comienza en el 
folio 5i3 y acaba en el i.o58; escrito en pa- 
pel de arroz; folio; encuadernado en perga- 
mino. 

Perteneció á D. Pascual de Gayangos y 
hoy se halla en la Biblioteca-Museo que fué 
del Ministerio de Ultramar. 

En el folio i.023 se lee: 

Esta relación enbio del convento de Manila á 
V. Rma., verdaderos traslados de las noticias de 
la Madre Juana de San Antonio, y así lo firmo de 
mi nombre. 

Sor Jerónima de la Asunción. 

No tiene este libro división de capítulos, y 
en él se van refiriendo día por día las reve- 
laciones que tuvo su autora durante el 
año 1629. 

Sor Juana defiende con frecuencia el dog- 
ma de la Inmaculada Concepción, antici- 
pándose en esto á la Madre Agreda. Se pre- 
ocupa mucho de la propagación de la fe en 
los reinos de China y el Japón; así dice al 
folio 566: 

Hoy viernes, estando oyendo missa, con habla 
muy benigna y dulce me dijo el Señor: hoy zele- 
bro en tu alma el atribulo de ser yo Rey clemen- 
te de Japón y poderoso emperador del imperio de 
la Inmaculada Concepción; y ansina vengo á ha- 
zerte castillo donde me aposente con toda la cle- 
mencia de ser Rey clementíssimo de Japón. 



. (i) Entrada de la Seráphica Relifrión de nuestro P. S. 
Francisco en las islas Philipinas. Publicada en el Archivo 
del bibliófilo filipino, por W. E. Re tana. 
Tomo I. 



No hay mandarín chino que lleve tantos 
colores en el traje como Cristo, tal como lo 
veía en espíritu Sor Juana: 

Paséase mi Señor por el castillo, gallardísimo, 
vestido de tela blanca, encarnada, verde y azul, 
toda bordada de piedras preziosas. 

En cuanto á los vestidos femeniles que pu- 
diéramos llamar celestiales, están descritos 
así (folio 63o): 

No se usan ropillas, todo es sayas grandes; ro'> 
pas de glorias; tiene la gran Emperatriz soberana 
aquel vestido entero; saya grande de blanco y en- 
carnado, todo de piedras preciosas, como tengo 
dicho; y las santas vírgines con ella, todas de la * 
mesma librea, la cosa más hermosa que ojos hu- 
manos an visto; una gentileza de cuerpos, una 
bizarría de talles; ¡qué cabezas tan aderezadas,' 
qué tocados y rosas enlazadas de perlas y piedras 
preciosas y aquella belleza de coronas imperiales 
en ellas! ¡qué ojos, frentes y bocas! ¡qué manos 
tan blancas, y qué manillas y sortijas! 

Con todo, no es este libro de los más dis- 
paratados en su género, y capítulos hay en 
él que pudieran pasar como de la Madre 
Agreda. 

SAN ANTONIO 
(Sor María Francisca de). 

Natural de Alcañiz é hija de D. Francisco . 
de Pedro y Carnicer y de D.* Dorotea de 
Cascajares y del Castillo. Vino al mundo á 
7 de Abril de 1714. Cuando sólo tenía quince 
años tomó el hábito en el convento de la 
Concepción de Cuevas de Cañarte, donde 
profesó á 1 1 de Junio de lySo. Murió el 12 de 
Abril de 1734. 

514. — Varias poesías devotas y pías de Sor 
María Francisca de San Antonio (i). 

Son las siguientes: 

I.* Hoy la Iglesia militante... 

2." Puesta la luz y el mismo día... 

(i) Fr. Roque Alberto Fací, págs. 241 á 249. 

i5 



— 226 — 



8.* ¿Qué queréis, Señor, que haga... 
4." Si la virtud no consiste... 

5." ^Cuándo, Señor mió, cuándo... 
6.* Los ojos luego se cierran... 

7,'* Si el pensamiento me impide... 
8.* Venid, daros prisa... 

g." Mis ojos, por dedicados... 

10. Para darme la salud.. i 

Como preliminar de estos versos escribe 
el P. Faci: 

Una de las mayores plagas que padeció Egypto 
fué la de las ranas, y es tan infeliz el mundo que 
oy dura esa misma plaga, dize Ruperto, sin aversc 
purgado de ella; porque á ellas sucedieron los 
poetas obscenos y los que leen sus obras, locados 
sin duda del mismo vino de la lascivia, y quando 
menos mal hablan salyrizan las obras de los bue- 
nos, como serpientes infernales. 

Cnf. Hermosa a^u^ena, y estrella planta- 
da, y fixa en el suelo, cielo del Convento del 
Orden de la Purissima Concepción de la 
Villa de las Cuevas de Cañarte en el Reyno 
de Aragón, la vida de la V. Sor María 
francisca de San Antonio (en el siglo de 
Pedro y Cascaxares) Religiosa de dicho 
convento. Con una breve memoria de la fun-^ 
dación, y fundadoras del mismo convento, 
y de otras Religiosas que en él florecieron 
en virtud. Escritas por el R. P. M. Roque 
Alberto Faci, del Orden de N. S. del Car- 
men. — Zaragoza, en la Oficina de Joseph 
Fort. Año 1737. 

Un vol. en 4.° de 386 págs., con un retra- 
to de Sor María Francisca. 

SAN ANTONIO (Sor AUría Isabel de). 

Nació en Sevilla á i.° de Julio de 1679 en 
la parroquia de San Vicente. Fueron sus 
padres D. Gaspar de Lerín y Bracamente y 
D.'' Isidora Ricarte. Estuvo casada con don 
Joaquín de Florencia y Lerín, y muerto éste 
profesó en el convento de Santa María de 



Gracia, de la Orden de Santo Domingo. Mu- 
rió á 17 de Marzo de 1743. 

5] 5. — Poema historial de la prodigiosa 
vida del gran Patriarca Santo Domingo de 
Guzmán. Obra póstiiuma que dexó escrita, 
y entonó en vida, ajustando las cadencias 
del Diapente harmonioso, á el sagrado fuego 
de la devoción y la obediencia, para morir 
Cisne, y renacer Phenix, la Rever. Madre 
Sor María Isabel de San Antonio, Monja 
professa en el Religiosíssimo convento de 
Santa María de Gracia de la ciudad de Sevi- 
lla. Sácalo á luz un devoto del glorioso San- 
to, y lo dedica á María Santíssima con el tí- 
tulo de Gracia. — Granada. Imprenta Real. 
[1756.] 

'Un vol. en 4.° de 232 págs. más 12 hojas 
de prels. 

Port. — V.° en bl. — Un hermano de la poetisa 
que en otro tiempo saludó tal vez las Musas. Oc- 
tavas: 

La que en mis venas late sangre tuya... 

De D. Juan Pedro Maruján y Cerón en aplauso 
de la poetisa. Romance endecasílabo: 

Quien asalta la cumbre bipartida... 

Aprobación del Sr. D. Domingo Antonio de Ri- 
bero y Ángulo, Rector que fué del Mayor de 
Santa María de Jesús, Universidad de Sevilla. 
Granada, i5 de Febrero de 1756.— Licencia del 
Juez Real. Granada, 7 de Julio de 1756. — Texto. 

Es un poema en romance endecasílabo 
muy prosaico. 

SAN BARTOLOMÉ (Sor Ana de). 

El Almendral, pequeña aldea de la pro- 
vincia de Ávila, fué la patria de esta reli- 
giosa, una de las más virtuosas discipulas 
de Santa Teresa y acaso la que mejor se 
asimiló el espíritu de la Doctora mística. 
Nació en Octubre del año 1649. Sus padres, 
Fernán García y Catalina Manzanas, la in- 
culcaron desde muy niña la piedad, y como 



227 — 



las semillas de las virtudes caían en tierra 
fértil, dieron fruto abundantísimo. Huérfa- 
na á los pocos aflos y sin bienes con que 
vivir ni medianamente, se vio precisada á 
guardar ovejas, y en este humilde oficio 
«tendía los ojos por los campos y represen- 
tábansele en la variedad y hermosura de 
sus flores, varios y eficaces motivos de ala- 
ban9as divinas. Suspendíase y deleitábase 
con su vista, sin que hubiesse hoja de árbol, 
piedra ó yerve<;uela que no pareciesen len- 
guas y veces que á voces estavan engrande- 
ciendo las maravillas del Señor, y manifes- 
tando su bondad y providencia» (i). 

El P. Enríquez atribuye á Sor Ana, por 
entonces, una resolución que juzgamos in- 
verosímil: la de irse disfrazada de ermitaño 
á un desierto y hacer allí penitencias rigu- 
rosas; no necesitaba la soledad quien siem- 
pre vivía en la de los campos y donde, aun 
sin quererlo, debía sufrir las molestias inhe- 
rentes á su profesión, no leves, á despecho 
de todas las églogas y novelas pastoriles. Su 
caridad era tan grande que más de una vez 
dio sus ropas á las pobres, y decidida á mo- 
rir virgen rechazó más adelante las bodas 
que sus hermanos la proponían. Resuelta á 
dejar el mundo, tuvo que luchar con la opo- 
sición de su familia y viose de nuevo en ca- 
lamidades semejantes á las anteriores: obli- 
gábanla á trabajar en los campos, y ella 
misma refiere: «me cargaban de cosas que 
había menester fuerzas de hombres; y de- 
bían los criados de casa que ellos no pudie- 
ran hacer dos juntos lo que yo hacía. Yo 
me reía, porque como si fuera una paja, me 
era el peso». 

Por entonces se le apareció un espíritu 
maligno de los que Pedro Crinito, gran 

(i) Fr. Crisüstomo Enríquez, Historia de ¡a pida de la 
V*ntrabU Miári Ana de S*tn Ü:ir¡olo::té. Pág. i2. 



clasificador ce demonios, llamó lucífugos, 
porque huyen de la luz, segú:: escribe Pru^ 
dencio: 

Dicen de los demonios, que vagando, 
La obscuridad de las tinieblas buscan; 
Que cuando canta ei gallo, temerosos 
Se esparcen, cobran miedo y se retiran. 
Porque la vecindad aborrecible 
De la luz salutífera y gustosa 
Abre de las tinieblas lo escondido 
Y ahuyenta los ministros de la noche. 

Victoriosa en la contienda con sus her- 
manos, logró Ana entrar en el convento de 
San José, de Ávila, y habiéndola conocido 
Santa Teresa cuando regresó de su funda- 
ción en Salamanca, elogió el espíritu de la, 
novicia. Ésta profesó á 1 5 de Agosto de 1 572, 
siendo Priora Sor María de San Jerónimo. 
Almas gemelas la de Santa Teresa y la de 
Ana, era muy natural que entre ellas hubiese 
amistad y cariño estrechísimos, y tan ciega 
era la obediencia de aquélla á la reformadora 
del Carmelo, que no sabiendo escribir, como 
ésta le dijese en cierta ocasión: íoina laplu- 
ma y escribe, sin más que ver una carta 
empezó á formar letras; acto de sugestión 
que sus contemporáneos lo tradujeron por 
milagro. 

En 1 58o salió con la Santa á fundar en 
Villanueva de la Jara, y ambas hicieron 
luego las de Palencia y Burgos. 

Cuando en Octubre de i582 voló al cielo 
el alma de la mística Doctora, Ana tuvo á 
ésta en sus brazos al espirar, inundada en 
lágrimas. Junto al sepulcro de la Santa pre- 
tendió vivir luego el resto de sus días, y 
sólo por obediencia marchó á su convento 
de Ávila. Allí tuvo revelaciones del fraude 
que se encubría en la Monja de Portugal y 
del infeliz suceso que debía tener la Arma- 
da invencible; pero, desgraciadamente, ni 
Fr. Luis de Granada, ni Felipe II se ente- 



228 



raron de ellas. De Ávila vino á Madrid, 
donde residió algún tiempo, y acordada la 
fundación de conventos en Francia y los 
Países Bajos, Sor Ana recibió tan difícil y 
honrosa comisión. Á i5 de Octubre de 1603 
llegó con otras religiosas á París, y con la 
protección de los jesuítas fundó allí un mo- 
nasterio y otros en Pontoise (Enero de i6o5) 
en Dijon y Tours. Secundada en Flandes 
por los Archiduques Alberto é Isabel, echó 
los cimientos del de Amberes y allí murió 
santamente á 7 de Enero de 1626, respetada 
y querida de cuantos admiraban su raro en- 
tendimiento y las mil virtudes que en ella 
resplandecían. 

Cnf. Historia de la vida, virtudes y tnila- 
gros de la Venerable Madre Ana de San Bar- 
tholomé, compañera inseparable de la sancta 
Madre Teresa de lesús. Propagadora insig- 
ne de la Reformación de las Carmelitas des- 
caigas, y Priora del Monasterio de Anberes. 
Dedicada á la Serenissima Señora Doña 
Isabel Clara Eugenia, Infanta de España. 
Por el Maestro F. Chrysóstomo Enrique^, 
Choronista General de la orden de S. Ber- 
nardo. — En Bruselas, en casa de la Viuda 
de Huberto Antonio, llamado Velpius, en el 
Águila de oro, cerca de Palacio. i632. 

Un vol. en 4.* de 760 págs., con un retra- 
to de la Madre Ana de San Bartolomé. 

5 16. — Hay en este libro muchos fragmentos 
de escritos espirituales de la V. Madre Ana, 
algunas de sus revelaciones y varias cartas 
en que refiere los muchos trabajos que sufrió 
cuando fundó monasterios en los Países Ba- 
jos. Son interesantes las que hay en los capí- 
tulos VIII y XIII. También son notables las 
noticias que da acerca de Santa Teresa y de 
su muerte, á la cual estuvo presente Sor Ana. 
Se citan en él algunas poesías espirituales de 
ésta que principian: 



I.* Si te busco no eres cruz, 

que eres dulce á quien te quiere... 

2.* El amor busca la cruz 

para emplear sus deseos... 

3," Cosa cierta es que el amor 

no tiene cosa pesada... 

Si ves mi pastor 
habíale, Llórente, 
d'ile mi dolor, 
mira si lo siente. 

Díle con cuidado, 
y bien dicho, pastor, 
que por qué ha cerrado 
ansí mi corazón, 
y siendo el Señor 
ansí se me ausente. 
Díte mi dolor, 
mira si lo siente. 

Vuélveme la luz, 
caro y buen amigo, 
y venga la cruz 
como seáis servido, 
que ese es el camino 
que pide el amor. 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

La noche es escura 
y da mil temores 
y los robadores 
que no se conduran; 
¿y entonces te escondes 
mi buen fiador? 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

No os mostréis tan duro, 
buena está la prueba 
y basta la hecha, 
pues veis no es seguro 
en tan flaca tierra 
y tan sin vigor. 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

^Cómo me has metido 
en tan fuerte breña, 
y te has escondido 
dejándome en ella 
y en estrecha senda 
sin saber do voy? 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

Si me has entendido, 
^cómo no respondes 



229 — 



"á un triste suspiro 
que es cierto que le oyes? 
Y eso más me pone 
triste y con temor. 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

Dile cual estoy 
y todas mis penas, 
y con gran dolor 
de ver sus ausencias, 
y en tierras ajenas 
que es más el temor. 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

Dile que no tarde 
porque yo me muero 
y no hallo nadie 
que me dé consuelo 
si yo no le veo 
en mi corazón. 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente. 

Dile que á qué hora 
quiere que le aguarde, 
que él mismo la escoja 
y que me lo mande, 
y que yo le halle 
como á mi pastor. 
Dile mi dolor, 
mira si lo siente (i). 

5 1 7. — Versos de la venerable Ana de San 
Bartolomé. 

Si ves mi pastor... 

Publicados por D. Vicente de la Fuente en 
la Biblioteca de autores españoles de Riva- 
deneyra, apéndice al tomo II de las Obras de 
Santa Teresa. 

Pág. 449. 

5 1 8. — Del estado religioso [ó sea, instruc- 
ción de religiosas], de sus votos, y otras vir- 
tudes monásticas, conpuesto por la muy ve- 
nerable y Santa Madre Ana de San Bartolo- 
mé, conpañera de nuestra Seráfica Madre 
Santa Teresa, y fundadora en Francia y 
Flandes. 



(O Historia de la pida de la Venerable Madre Ana [de 
San Bartolomé, por Fr. Crisóstomo Enríquez. 
Págs. 602 y 603. , 



Ms. del siglo XVII.— 17 hojas en 4.* 

Bibl. Nac— Mss. S. 422, págs. 82 á 117, 

La Instrucción de Prioras fué traducida al 
francés por el P. Dionisio de la Madre de 
Dios, Carmelita Descalzo, y publicada en 
París en el año 1617, imprenta de Rolin 
Thierry; un vol. en i6.° 

La Instrucción de novicias, los Exercicios 
para la semana, la Pasión de Cristo nuestro 
Señor y la Natividad de Cristo, con los ver- 
sos espirituales, fueron traducidos al francés 
por el P. Cipriano de la Natividad y publi- 
cados en París, imp. de Sebastián Huré, 
año 1646. — 12.° 

Hay otra edición de Bruselas, imp. de Juan 
Smedt, año 1708. — 8.° 

519. — Tres consideraciones piísimas. 

Ms. del siglo xvn. — Siete hojas en 4.* 

Bibl. Nac— Mss. S. 422, págs. 117 á 128. 

520. — Opúsculo apologético de la V. M. 
Ana de San Bartholomé contra la libertad 
que pretendían las monjas en punto de confe- 
sores. Trahe buenas cosas en íavor de N. S. 
M. de la Religión y de N. P. Doria. 

Copia de un manuscrito de las religiosas: 
carmelitas de San José, de Salamanca, y au- 
torizada por Fr. Manuel de Santa María, en 
Segovia, á 21 de Julio de 1764. 

Siete hojas en folio. 

Bibl. Nac— Mss. V. 429. 

Jesús y María y nuestro padre San Joseph y 
nuestra santa madre Theressa de Jesús, por quien 
voy á decir aquello que sé de ella, acerca de las 
bruUerías que pasan cada día contra su religión y 
buen zelo que tubo en esta reformación, y porque 
al presente pasan cosas de harta pesadumbre, por- 
que las que vinieren sepan la verdad, que aora 
quieren escurecer con invenciones y falsos dichos; 
los que no lo saben ponen uno por otro, y esto se 
va estendiendo, que las pobres religiosas no saben 
que ceer, que es harta pena, y cada día es menes. 
ter escrivir cartas sobre este particular, para de- 
sengañar los que andan metiendo cizaña, como 



ha sido siempre en la Iglesia dv' Dios, que el espíri- 
tu de maldad se mete en todo, haziendo turbación 
en la verdad; y esto ha hecho en esta Reforma- 
zión de nuestra santa Religión, que como Dios 
lebantase á nuestra Santa para caudillo de frayles 
y monjas, la dio desde luego contrarios que la 
persiguiesen, porque se viese más su virtud, y las 
maiores contradiciones fueron de su misma Or- 
den, como se sabe, y por sus libros se vee algo, 
más muy poco para lo que fué; la Santa no dize 
todo, porque los de su misma Orden, como esta- 
ban tan relajados, que quando ella encomenzó 
todas las Ordenes en España estaban muy caldas 
de sus principios, y la nuestra más, y espantaba 
el zelo y rigor que iba sacando á luz la Santa, y 
temiendo, como es costumbre de la carne, el rigor, 
no viniese sobre ellos, lo que podían hacer por 
desacreditar la virtud, lo hazían. Y esto con todas 
las fuerzas y medios que hallaban, faboresiéndose 
de los de las demás Religiones, que como tan da- 
dos ya á la libertad y olvidados de sus principios, se 
hazían espaldas los unos á los otros; y la mayor 
contradizión fué después que fundó religiosos, 
que de las religiosas no hazían tanto casso, que les 
parecía que las mujeres presto las sugetarían; más 
como Dios enseñaba á nuestra santa Madre lo que 
quería de su servicio, la dio espíritu para todo, y 
para fundar varones santos que desde luego sacasen 
á luz el mesmo rigor y penitencias que se guar- 
daba en el tiempo de aquellos santos Padres del 
yermo, Antonio y otros de aquellos tiempos; y 
diola Dios para este principio frayles á la medida 
de su deseo, como la Santa lo dize en sus libros; y 
dezía que esto le daba más consuelo que aver 
fundado las monjas, porque esperaba dellos el 
fruto de lo que deseaba, que fuese adelante esta 
santa Reformación; y dezía muchas ve¡;es á noso- 
tras: ayúdenme á pidir á Dios que vea yo hecha 
provincia de mis frayles descalzos antes que me 
muera, que es la cosa que más deseo en este mun- 
do, y lo que pido siempre á Su Magestad. Y por 
esto trabajó con Dios y con todos los fabores que 
pudo hallar de los Grandes y del rey Don Phelipe, 
padre de el rey nuestro señor que aora gobierna, 
y sin su favor, que le mostró grande á la Santa, 
no pudiera salir con ello, por las grandes contra- 
diciones que se lebantaron contra los religiosos, 
como el mal espíritu veía ó temía la guerra que 
le avían de hazer, y las almas que le avían de 
sacar de sus manos, hazla muchas guerras; más 
como Dios, que es sobretodo, lo quería, de entre 
los espinos sacó estas flores que aora dan luz en 
el mundo, aunque siempre perseguidos de este 



23o — 

espíritu de maldad, como lo están al presente por 
lo que voy á decir esto que escrivo, bolviendo 
al consuelo que nuestra Santa tubo quando vio 
su provincia apartada, que salía de sí d^ndo ala- 
banzas á Dios que se lo había dejado ver, y dezía 
que bien pagada estaba de sus penas que avía to- 
mado por ver sus monxas ya sugetas y debaxo de 
el govierno de los Descalzos, y dezía muchas ve- 
9es: yo veo que no avia hecho nada en fundar las 
monxas, porque en quedando á los mitigados pres- 
to se perdieran; y dezía: aora Señor, bien me podis 
llevar, que no deseaba otra cosa. Y en el primer 
capítulo salió Provincial el P. Grazian, que era bien 
mo90 y enfermo; más [como] tenía su padre Secre- 
tario de el rey, parecía ser fabor, por tenerle para 
las cosas que se ofresiesen en la Orden. Este Pa- 
dre empezó bien, con el exemplo que nuestra 
Santa le daba, y sus oraziones; mas la poca salud 
no le ayudaba, y antes que la Santa muriese, que 
murió siendo perlado este Padre, ya tenía pena, 
que le parecía que en muchas cosas no iva como' 
ella deseaba. Y andando con estos cuidados y pi- 
diendo á Dios que diese religiosos que llevasen 
adelante el rigor que avía encomenzado, un día 
vino á ella un caballero genovés, que se llamaba 
D. Nicolás de Oria, y la llamó estando en la casa 
que avía fundado en Toledo, y la dixo: Señora, 
las nuebas que tengo de vos m.e ha hecho que os 
llame para pediros que me encomendéis á Dios. 
Ella, inspirada de Dios, le dixo: ha de ser con una 
condizión; que v. señoría se encargue de hazer 
por mis monxas; yo me encargaré de su alma. 
Él se lo prometió que haría por ellas todo lo que 
le fuese posible. Y con esto se fué este señor á 
Sevilla á sus negocios, que era hombre que traya 
gran hazienda por la mar; y de á pocos días Dios 
le tocó y se metió religioso nuestro en los Descal- 
zos de Sevilla, de que la Santa fué muy consola- 
da, y en estos días que ya estaba, professó cori- 
tentissimo de su buena dicha, y la Santa la tenía 
por tal que Dios se le uviese dado. Vínole el con- 
tento que deseaba, que era aver dado Su Santidad 
lizencia para que se hiziesse provincia aparte de 
los Descalgos. Hízose este primer capítulo, como 
se sabe, en Alcalá de Henares, y vino este santo 
con los demás al capítulo, y salió por Provincial 
el P. Graifián de la Madre de Dios, y el P. Fr. Ni- 
colás, por su socio. Y ve ya adonde ya tenía Re- 
veca sus dos hijos juntos para que les diese su 
padre la bendizión; mas la buena madre tubo 
traza que Dios se la diese más cumplida al se- 
gundo, que era el Padre Fr. Nicolás el más que- 
rido de la santa Madre. Y aunque eran buenos 



231 — 



y hijos todos, pidió á Dios fuese de su tribu es- 
cojido, y Dios le doló para el deseo de la San- 
la; más como eran diferentes los dos hermanos, 
no fueron mucho tiempo junios, que el Pro- 
vincial no le tuvo consigo, porque con su poca 
salud el espíritu no llegaba al de el otro; hizo por 
quitarle de su lado y envióle á Genova á fundar 
un monesterio, de que la Santa tubo alguna pena 
que se fuese, porque andaba ya desgustada de al- 
gunas cosas que veía iva haziendo el Provincial; 
que todo lo que le avía querido á los principios, 
ya estaba muy diferente, y antes que se fuese el 
P. Fr. Nicolás á Genova le llevó consigo por com- 
pañero la Santa á la fundazión de Soria, y por 
los caminos y en U fundazión trataba con él 
todo lo que tenía en su corazón, y le daba de 
todo quenta, y hazla los negocios por su aviso. 
En este camino le mostró la voluntad que tenia 
de que las cosas fuesen con más religión; que 
como era mujer y sola, no podía, hasta tener los 
Padres, poner las cosas en su punto, y veía que 
no lo hazia el Provincial, por su falta de salud y 
porque su condizión no lo llebaba; iva mostrando 
sus deseos á este siervo de Dios, que le daba Su 
Majestad á sentir su valor y zelo; y dezia muchas 
ve9es la Santa: este Padre ha de dar vida á las 
cosas que yo deseo de más perfección. Avían he- 
cho en este Capitulo de Alcalá las Constituciones, 
diciendo lo que la Santa avía puesto; mas el 
P. Gracián puso mucho de su cabeza, que al pri- 
mero otro Capítulo se quitó, que era menos reli- 
gioso; y todo lo que se quitó era conforme á lo 
que la Santa avía dado á entender al P. Fr. Nico- 
lás. Él se fué á Genova, y estando allá llevó Dios 
á nuestra Santa, que lo sintió harto verle ausente, 
porque le crecía cada día más la pena con el Pro- 
vincial; mas Dios, que la quería bien, aunque era 
muerta, hizo lo que ella quería en vida, que de 
allí á poco cumplió su oficio el P. Gracián, y 
aunque estaba este Padre ausente le elijieron los 
frayles con gran contento y conformidad de to- 
dos, y entrando en el oficio empezó luego á mos- 
trar su valor y santa religión, y con agrado de 
lodos; la Santa desde el cielo le ayudaba, y nues- 
tro santo padre San Elias, que le quería mucho 
por el zelo que llevava en su Religión. El primer 
Capítulo que hizieron le zelebraron en Vallado- 
lid, y estando todos aquellos santos ayuntados el 
día que se hazía, lodos los demás monesierios es- 
taban en orazión, y en uno de las monjas acon- 
teció que aviendo comulgado todo el convento, 
vio una en visión cómo estaban todos los religio- 
sos tan en gracia y amor d« Dios, y que estaba 



sobre el convento donde estaban una nube res- 
plandeciente como el sol, y en medio de ella nues- 
tro Padre San Elias, tendida su capa y los bracos 
sobre ellos. Y acabado el Capítulo fué el Padre 
Provincial por los conventos, y llegando á este 
donde avían visto esta visión, díjole la Priora que 
cómo se havía hecho el Capítulo, y díxole: de 
verdad, no se cómo me lo diga, porque á todos 
nos ha parecido cosa do el cielo; que entrando, 
ninguno tubo parecer en cosa, más de lo que yo 
decía; yo también tenía simplicidad, que no hallé 
cosa nueba, que todo <;staba llano en los cora- 
9ones; sólo el P. Gracián pidió lizencia para irse 
á las Indias á predicar; siS lo rehusamos con amor, 
mostrándole nos pesaba se nos fuese; mas repli- 
có y le hemos dexado á su voluntad; mas como 
él vía que las cosas iva n con más religión, cada 
día más, y él no podía tanto; en fin, no sé que 
se fué que se quedó la y da de las Indias. Y en este 
tiempo estaba el Archiduq ue en Portugal y quería 
bien al P. Gracián, y él que lo deseaba, y llamóle 
que se fuese á predicar allá , y después de algunos 
días que estaba allá, le man dó el P. Provincial bol- 
ver; ya estaba un poco lurb ada en él la obediencia, 
porque de aquella ida resultaron hartas inquie- 
tudes que duran hasta aor a; que parece el mal 
espíritu ha procurado turbar la Religión; que se 
me representa lo que dize .'a Sagrada Escritura, 
de Jacob y su hermano Isaú, y que los hijos y hi- 
jas de nuestra santa Madre soi nos los del tribu de 
Jacob, y los otros son hechos paracontradizión y 
cada día salir con falsos enred«.ís y nos turbar la 
paz, y obligan á decir la verdad, que lo es que 
nuestra Santa y Jesu Christo < juieren seamos [obe- 
dientes] á la Orden, como nos dexó la Santa. Esto 
se ve naturalmente por razc 'nes manifiestas del 
cielo y de la tierra, que no e s menester decirlas, 
que á los que no buscan sino la verdad. Dios se la 
muestra y la Santa los ayuda, que viva y muerta 
es y fué muy firme en sus pr< opósitos; nunca los 
mudó, que, conoció era de Dios lo que hazía; El se 
lo mandaba no una vez, sino muchas, y á cada 
ocasión en que tenía dificultad . la hablaba; y sabía 
era su voluntad que las religiosí is fuesen debajo de 
la obediencia de los religiosos, y en su vida no con- 
sintió que un sólo convento qu edase fuera de la 
Orden, y de su mesmaboca lo oí r. nuchas veces, que 
no quería otra cosa, y que le pesi iba de la libertad 
que ivan tomando quand.o el P. C íracián governa- 
ba, y muchas veces la vi afligida d e su govierno... 

521. — Traslado legívímament 2 sacado del 
tratado que de su mano escrivié la Venera- 



23^ — 



ble Madre Ana de San Bartolomé, que en 
-latín se ha impresso en Flandes, y también 
'se cita en la historia de nuestros Padres de 
la Congregación de Italia. 

Copia autorizada en Beas á 2 de Febrero 
de 1760 por Fr, Vicente del Espíritu Santo 
y Fr. Pedro de Santa Teresa. 

Seis hojas en tolio. 

Bibl. Na'c— P. V. Fol. C. 47. Núm. 17. 

522. — Varias cartas: 

Carta declarando una revelación de Santa 
Teresa.— Amberés, 2 de Marzo, sin año. 

Declaración acerca de la muerte de Santa 
Teresa. 

Carta á Doña Luisa Guillamas. Desde Am- 
berés, fecha incierta. 

Carta para la madre Beatriz de la Concep- 
ción, priora de Bruselas, Desde Amberes, 
fecha incierta. 

Carta sobre una monja que pretendía con- 
fesor distinto del de la Comunidad y de otra 
Orden. Desde Amberes. 

Fragmentos de cartas sobre la llamada li- 
bertad de confesores. 

Fragmento de carta al doctor Manzano, 
su sobiino. Amberes, 7 de Abril de 1621. 

Publicados por D. Vicente de la Fuente en 
la Biblioteca de autores españoles de Riva- 
deneyrá, tomos Lili y LV; pág. 556 del pri- 
mero y 449 á 452 del segundo. 

523. — Copias de siete cartas originales de 
la Venerable y iextática Virgen Ana de San 
Bartolomé, compañera y secretaria de N. Se- 
ráphica Madre Santa Teresa de Jesús, que 
como precioso tesoro conservan nuestras 
Religiosas MadVes Carmelitas Descalzas de 
la Villa de Peñaranda de Bracamonte y un 
Religioso de esta provincia residente en aquel 
Hospicio y nuestra venerable y Religiosíssi- 
ma comunidad de el primitivo convento de 
Duruelo. 



Al fin de estas copias se pone también la 
de ciertos sentimientos de la misma venera- 
ble Religiosa acerca de la obediencia á la 
Orden de los conventos de Francia y sobre 
los confessores de las Religiosas, de que tam- 
bién habla en algunas de estas cartas, espe- 
cialmente en la primera y la última. La auto- 
ridad de dicho último escrito estriba sobre la 
certificación del R. P. Fr. Jerónimo de San 
Joseph, el de Aragón, Historiador general 
que fué algún tiempo de nuestra sagrada Re- 
forma. 

Copia autógrafa de Fr. Manuel de Santa 
María, hecha en el año 1761. 

Nueve hojas en folio. 

Bibl. Nac. — Mss. V. 429, fols. IC7 á n5. 

1.*, Amberes, I. ° de Diciembre, s. a. 

2.^, Bruselas, s. a. 

3.", Convento de nuestra Santa Madre y 
San Josef, 28 de Octubre, s. a. 

4.*, Amberes, 8 de Febrero, s. a. 

5.", Amberes, 22 de Julio, s. a. 

6.*, Convento de nuestra Santa Madre Te- 
resa de Jesús, 5 de Diciembre, s. a. 

7", Amberes, 3o de Diciembre, s. a. 

La primera va dirigida á una monja cuyo 
nombre no consta; la segunda á la Madre 
Beatriz de la Concepción; la tercera á un 
religioso; la cuarta á Fr. Fulano de la Madre 
de Dios; la quinta á D.** Luisa Guillamas; la 
sexta y la séptima á un hermano suyo. 

I 

Jesús sea en el alma de v. r. carísima madre, y 
la dé su santo espíritu como se lo deseo. Estos 
días e estado bien pobre, mas ya estoy algo me- 
jor; que me encomeníó un poco de acídente y se 
quitó presto; creo que las ermanas no le dejaron 
yr adelante; y si Dios lo quisiera no me y9Íera 
daño; el líempo es á propósito para ejercicio á mi 
edad; ¡sea Dios bendito!; amen. 

V. r. escrivió la diga cómo es esto que abiamos 
con lodos y no se puede ablar con los religiosos; 
no intiendo por qué lo dice v. r. si es por los 



— 333 — 



nuestros ó por los demás; si es por los nuestros 
esos no tienen que ver con nuestra santa; esa or- 
denación no es suya, sino de los perlados que an 
echo esa costitución para ellos; porque miran 
más en que sean recogidos, que no que los vea 
como los demás relajados andar por las calles; y 
presto se yrían á las tavefnas como los demás. 

Quando los emos menester, esos ya nos los 
dan. Si es por los demás religiosos, no nos quitan 
los Perlados que ablemos á los que vinieren á 
nuestros tornos ú locutorios; como no sea para 
couiesar, sino los que están señalados; los demás 
con una tercera ablan cuando vienen algunas 
ermanas; en esto no tengo cosa nueva; si la ay, 
no lo sé; v. r. me diga por lo que lo dice, que no 
lo entiendo; y reciva encomiendas de la Madre 
superior» y de las demás, y délas á la Madre su- 
periora y sus yjas de mi parte, y no me olvide 
v. r., mi cara madre, que yo no la olvido, y 
quédese á Dios, que la aga santa. De Anveres, 
primero de Diciembre. Sierva de v. r. yndina, 
Ana de San Bartolomé. 

La Madre superiora suplica á v. r. que la aga 
caridad de enbiarnos cuatro ó seys procesionarios, 
que no se alian acá. 

II 

Jhs. sea en el alma de v. r. carísima madre y la 
dé muy buenas entradas de cuaresma; aora escri- 
vo estos pocos de rrir.glones para pedir á y. r. 
apriete con Su Alte9a, que dé de mano á esas yn- 
glesas, que las quite de su tierra si no se dan á la 
orden y que no salgan con su cabera, que cierto 
que esta Asunción me da tanta pena y disgusto 
que deseo verla yda á su tierra; mal paga á Su Al- 
teja el bien que a echo á ella y á su padre y er- 
manas; terrible es que tenga tal atrevimiento á los 
ojos de Su Alte9a a(,-er estas libertades contra su 
gusto y sin su licencia. V. r. apriete en esto con 
el confesor y con el Nuncio y lodos esos señores 
que lo pueaen, que las echen de la tierra, que no 
sosegará; cierto me espanto que las a dejado la 
orden fuera como penitenciadas, que no se avían 
de menear, y que diga que ella es la que guarda 
el espíritu de nuestra santa y engaña á todos con 
esto. Avíame dicho que si las costituciones se bol- 
vían como estavan, que ella se tornaría también á 
la orcen; sabe que se a echo, que se lo e dicho, 
ace de la dessemulada, y bur arse de la orden; 
que aciendo que lo quiere sale con estas ynven- 

ciones. Dios nos dé su gracia; de la madre su prio- c.-ai.v.*..- v. * i. , ^ ».. . 

r-..,Ar.,^Ac j ,; , fiío'íoíeca ¿« autores espa«o/« de Rivadeneyra, lLV, 

ra y de todas reciva v. r. encomiendas y délas á pág 42a. j •» • 



sus yjas de mi parte. Adiós» mi cara madre; de 
Anveres y febrero veinticuatro; en las oraciones 
de v. r. me encomiendo mucho, que lo e menes- 
ter. Sierva de v. r. yndina. 

Ana de San Bartolomé. 

A my Madre Beatriz de la Concepción guarde 
nuestro Señor, Priora de las Carmelitas descal- 
fas de Bruselas. 

III 

Jhs. sea en el alma de v. m. ermano mío carí- 
simo. E recibido la suya aora que es veintisiete 
de otubre, y eme consolado del favor que le ace 
el señor Cardenal. Dios le guarde muchos años. 
Yo le escrivo, y madama tanbién, dándole las gra- 
cias y obligándole á que persevere en aeerlo á 
v.. m. y el señor don Iñigo lo mesmo, que ios 
devo mucho, que me son padres y madre. Mada- 
ma se olgó mucho con la carta de v. m.; ya le e 
escrito en otra deso. Enbíe esos perdones, si ei 
posible para la Conceción de la Virgen. Soy muy 
consolada de que me dice serán perpetuos y que 
serán para la Conceción y Trasfiguración; Dios 
se lo pague, carísimo ermano; ágales este bien, 
ya que no podemos otros, que algunos se salva- 
rán por ese camino; y otra cosa a de acer por mí, 
y es que escriva allá á algún amigo que miren en 
el libro del bautismo, mis años, y alvierta que mi 
ermano Ernán García tenía una yja que se llama- 
va Ana, que no tomen el uno por el otro; que 
miren el de mi padre, que por mis ermanos lo co- 
nocerán; ágame esta caridad, ermano carísimo; ya 
le e escrito cómo la madre Leonor fué á su fun- 
dación bien contenta; encomiéndela á Dios, que 
deso lo aga muy bien; no se le olvide de decirme 
lo que e de dar á Castro, y cuándo lo daré: por 
caridad me lo mande luego, y de su salud, que se 
la deseo en el alma; yo la tengo más que los días 
pasados, y todas, y se encomiendan mucho á v. m. 
y le desean por acá. Dios lo aga para su servicio 
y me le guarde; amén. De Anveres y deste con- 
vento de nuestra santa madre y san Josefe, vein- 
tiocho de otubre. Sierva de v. m. y pobre car- 
melita. 

Ana de San Bartolomé. 

524. — Declaración de la Venerable Ana de 
San Bartolomé, compañera de Santa Teresa, 
acerca de los trabajos de ésta en los últimos 
días de su vida. 



— 234 "" 



SAN BERNARDO DE LA ASUNCIÓN 
(Sor María de). 

Religiosa dominica en el convento de 
Santa Catalina, de Zafra. 
SaS. — Glosa á San Francisco de Borja: 

Un cadáver que en cristal... 
Muere el sol, que en luces bellas... 

526. — Soneto al mismo santo: 

Bizarro corre y presuroso vuela... 

Días sagrados, y geniales, celebrados en 
la canonización de S. Francisco de Borja 
por el colegio Imperial de la Compañía de 
Madrid, y la academia de los más célebres 
ingenios de España. Dedicados á... Don Pas- 
qual de Aragón, Arzobispo de Toledo, por 
Don Ambrosio de Fomperosa y Quintana. — 
En Madrid. Por Francisco Nieto. Año 
de 1672. 

Folios 166 y 193. 

SAN FELIPE (La Madre Isabel de). 

527. — Glosa celebrando el nacimiento del 
Principe D. Baltasar, hijo de Felipe IV: 

^Qué reino, clima ó país... 
Para enquellotrar mi glosa... 

Fiestas de la Vnipersidad de Salamanca 
al nacimiento del Príncipe D. Baltasar Car- 
los Domingo Felipe V N. S. siendo Retor 
D. Lope de Moscoso, hijo de los Marqueses 
de Tapara. Refiérelas el M. F. Christoval 
de La^arraga. — Salamanca, por lacinto Ta- 
bernier. Año de 1630. 

Pág. 140. 

SAN FELIPE (Sor Josefa de). 

Llamóse en el siglo D.' Josefa Ruiz Gao- 
na. Fué hija de los Condes de Valparaíso, y 
Carmelita descalza en Malagón. 

528.— Escribió algunos opúsculos místi- 
cos, que copió en pane Fr. Antonio de San 



Joaquín en la vida que compuso de esta re- 
ligiosa. 

Bibl. Nac— Mss. Qq. Sup. II, 40. 

529. — Noticia de varias apariciones y mi- 
lagros de Santa Teresa. Fechada á 19 de 
Agosto de 1738. 

Manuscrito autógrafo en parte. — Siete 
hojas en 4.' 

Archivo Histórico Nacional. — Papeles de Carmelitas 
descalzas. 

SAN FÉLIX (Sor Marcela de). 

En uno de los períodos más borrascosos 
de su vida, conoció Lope de Vega á una 
hermosa cómica, á quien La Barrera hace 
natural de un pueblo de Sierra Morena, y 
muy luego trabó con ella relaciones amoro- 
sas. Sucedía esto por los años 1596 á 1597. 
Llamábase la amante del Fénix D.' Micae- 
la Lujan, si bien la solía dar aquél, especial- 
mente en sus versos, el nombre de Camila 
Lucinda, y celebróla con entusiasmo en va- 
rias composiciones, cual es en una epístola 
que se halla con El Peregrino en su patria, 
donde así lamenta la ausencia pasajera de 
su amiga: 

No suele el ruiseñor en verde selva 
Llorar el nido de uno en otro ramo 
De florido arrayán y madreselva, 

Con más doliente voz que yo te llamo, 
Ausente de mis dulces pajarillos 
Por quien en llanto el corazón derramo. 

Fruto de aquellos amores fueron Marcela, 
nacida en Toledo á principios del año i6o5, 
y el malogrado Lope Félix, que nació un 
año después. 

Lope, que en medio de sus extravíos, hi- 
jos más bien de un alma afectuosa que de 
groseras pasiones, nunca dejó de mostrarse 
noble y bondadoso, profesó á Marcela ter- 
nísimo cariño. Por ella no se desdeñaba de 



135- 



acudir al Duque de Scsa, íu leal amigo, pi- 
diéndole regalos con que mimarla. 

Á Candil he buscado para que lleve este papel 
á V. Ex.*, viendo que no vienen por él, y por el 
deseo que tengo de saber el suceso del pleito, que 
debe de ser la causa de este olvido. Si ha sido 
como yo deseo, Marcela pide en albricias á V. Ex.* 
doce varas de tafetán de gurbioncillo para ropa y 
sayas, con ochenta y seis varas de molinillos de 
seda, el cual dice que antes de aora V. Ex.' le 
havía prometido. Si el suceso del pleito no ha 
sido el que es razón, esto queda por no dicho, y 
la niña á merced del verano, cuya calor excusa 
lindamente el vestido á los que no saben donde 
ay onrra. (i) 

Otras veces comunicaba al Duque los 
sustos que le proporcionaba un enamorado 
de su hija, cuya honestidad guardaba tanto 
como él descuidaba la suya propia: 

Señor, yo he tenido grandes disgustos, porque 
una noche de éstas, á las doce, me quisieron ma- 
tar; baiióme mi advenimiento y el mostrar ánimo. 
He sabido la causa, que procede de aquel picaro 
que quería por fuerza ynquietar mi casa por esta 
niña; de todo deseo hablar á V. Ex.*, que ya sabe 
que yo no le puedo encubrir lo más adentro del 
alma y de los pensamientos; pienso que esta tarde 
iré á bessar esos pies, y á lo que digo; con que no 
passo adelante en éste, porque son cosas tan pe- 
sadas, que no las sufre el papel. (2) 

Nada más que diez y seis años contaba 
Marcela cuando resolvió dejar el mundo, 
pensamiento que debió hallar favorable aco- 
gida en Lope, quien veía los riesgos á que 
se hallaba expuesta una hija ilegítima, muy 
obsequiada de amadores y con los no muy 
edificantes ejemplos que la daba su padre. 
Elegido para ello el convento de Trinitarias 
descalzas de Madrid, acudió Lope, como 
siempre, al Duque de Scssa, quien se obligó 
á 23 de Enero del año 1622, ante el escriba- 
no Juan de Pina, á dar mil ducados para el 



(i) Nueva biografía dt Lope de Vega, por D. Cayetano 
Alberto de La Barrera. Tomo I de las Obras de Lope de 
Vega, publicadas por la Real Academia Española. Pig. 328. 

(2) Obra citada, pig. 328. 



dote de Marcela y á pagar las propinas acos- 
tumbradas en las profesiones de monjas (i). 

Tomó el hábito D.' Marcela á 13 de Fe- 
brero de dicho año, habiéndose obligado 
Lope á pagar al convento durante el novi- 
ciado cincuenta ducados y un caíz de trigo. 
Una vez que hizo la profesión, Lope, en vez 
de entregar los i.ooo ducados que había 
prometido, constituyó un censo de 555 rea- 
les impuesto sobre todos sus bienes á favor 
de las Trinitarias; salieron como fiadores 
de esta obligación Cristóbal de Guardo, be- 
neficiado en San Ginés, de Madrid, y Alon- 
so Pérez, padre del célebre Montalbán ^2). 

Lope, que asistió á la profesión de Mar- 
cela, experimentó una de las más intensas 
emociones de su vida, y luego describió tan 
conmovedora escena en una epístola á don 
Francisco de Herrera, bellísima y llena de 
suave melancolía: 

Sale Marcela, y perdonad, os ruego, 
Si el amor se adelanta, que quien ama 
Juzga de las colores como ciego. 

No vi en mi vida tan hermosa dama, 
Tal cara, tal cabello y gallardía; 
Mayor pareció á todos que su fama. 

Ayuda á la hermosura la alegría, 
Al talle el brío, al cuerpo, que estrenaba 
Los primeros chapines aquel día. 

Madrina de la mano la llevaba 
La Señora Marquesa de la Tela, 
Que pues no la deshizo, hermosa estaba. 

No pudo encareceros á Marcela 
Hipérbole mayor que su hermosura. 
Si á la envidia deslumhra, al sol desvela. 

Aunque iba nuestra novia tan segura. 
El Marqués de Povar fué con la guarda 
Honrando su modestia y compostura. 



(i) Escritura hecha por Lope de Vega y el Duque de 
Sessa sobre el dote de Sor Marcela de San Félix cuando 
entró en religión. Obra citada, págs. óSg y 660. 

(2) Había juntado de mi pensión y estudios hasta mil 
ducados para pagar el dote de Marcela y alibiarme del 
censo de cinquenta ducados cada año, y cogióme la pre-* 
mática por onbre de bien, con ellos, pudicndo ocho días 
antes ht verlos dado á Us monjas» Obra citada, pig,. 6S4. 



Marcela, las mejillas encendidas 
Y bañada la boca en risa honesta. 
Miróme á mi para apartar dos vidas; 

Y el alma á tanta vocación dispuesta, - 
Gon una reverencia dio la espalda 

iV cuanto el mundo llama aplauso y fiesta; 

Y ofreciéndole al Niño la guirnalda 
- De casta virgen, abrazó su Esposo, 

Besándole los ojos de esmeralda.. 
Cerró la puerta el cielo á mi piadoso 

Pecho, y llevóme el alma que tenia... 

De que no fueron mil estoy quejoso. 
Bañóme un tierno llanto de alegría. 

Que mis pocas palabras y turbadas 

Con sentimiento natural ro npia. 
Marcela vivió dichosa en tan plácido re- 
tiro, donde la visitaba con frecuencia su 
padre, cuya misa oía muchas veces. En 
aquella soledad, que con tal sentimiento 
describió en uno de sus romances más ins- 
pirados, debió considerar los beneficios que 
Dios la había hecho y los tristes dejos de 
las pasiones humanas que tanto amargaron 
la existencia de su padre. Y cuando éste 
fallecía en Agosto de 1635, Marcela presen- 
ció desde las celosías del convento el inmen- 
so gentío que acompañaba el cadáver del 
gran poeta nacional que condensó en sus 
obras dramáticas todos los recuerdos y todos 
los ideales patrios. 

Consagrada á la oración y á la poesía 
vivió el resto de su larga vida. Fué dos ve- 
ces Ministra; la segunda en 1668 cuando se 
acordó construir la actual iglesia, cuyas 
obras no empezaron hasta Junio de 1673 (2). 
Falleció en el año 1688, dejando notables 
frutos de su ingenio y hermosos ejemplos 
de virtudes que imitar. 



(i) Epístola a D". Fí'anciscb dé liérrera Mal'donacfo. Pu- 
blicado en La Circe, año 1624. 

(2) La sepultura de Miguel de Cervantes. Memoria es- 
frita por encargo de la Real Academia Española y leída 
á la misma por su Director el Marqués de Uolins.—M.3i- 
drid, intip. de M. Rivadeneyra, 1870. 

Se ha public do un facsímil de la fírma de Marcela de 
Sao Félix ea el Proceso de Lope de Vega por libelos con- 
tra unos cómicos, anotado por D. A. Tomillo y D. C. Pe- 
re^ Pastor. — Madrid, 1901. 



236 ^ 

530. — Poesías de la R. Madre Sor Marcela 
de San Félix. 

Ms. del siglo XVI i; 56o págs. en 4.* 

Se conserva en el monasterio de Trinita- 
rias descalzas de Madrid. Hay una copia 
moderna en la biblioteca de la Real Acade- 
mia Española. 

Contiene: ^ 

Coloquio espiritual intitulado Muerte del 
apetito. 

Coloquio espiritual de la estimación de 
la Religión. 

Coloquio espiritual del Nacimiento. 

Coloquio espiritual entre el Alma, la Ora- 
ción, la Tibieza y el Amor divino. 

Coloquio espiritual del Santísimo Sacra- 
mento. 

Romancéis esdrújulos. 

A un velo de una religiosa: 

A desposorio más célebre... 

Otro á la Santísima Cruz: 

Al árbol santo y virífico... 

Otro al Santísimo Sacramento: 
Al convite más espléndido... 

Otro á la Madre Ministra: 

Madre entre todas magnífica... 
Otro á la muerte de la Provisora: 
Mirando está con gran lástima... 
Loas á diferentes coloquios: 

Después de dar á mis madres... 

Otra loa: 

Como sé que la piedad... , 

Otra loa á una profesión: 

Digo, pues, que ya les dije... 
Loa á una profesión: 

A darte mil parabienes.. « . ., 



-^ »37- 



Al Nacimiento de N. S. Jesucristo. Ro- 
mance: 

Divino Verbo inmenso... 

Á la Ascensión del Señor. Romance: 

¡Oh! Jesús de mi vida... 
Á una soledad. Romance: 

En tí, soledad amada... 
Á San José. Romance: 

Salve, José divino.;. 
Á una ausencia de Dios. 

Ausente de mis ojos... 

Romance de un pecador arrepentido y 
deseoso de servir á Dios: 

Si arrepentido y confuso... 

Á un afecto amoroso: 

Hermoso dueño mío.;. 
AI Santísimo Sacramento. Romance: 

A la mayor fineza... 
Otro al mismo: 

Dios mío, así de tí goce... 

Al velo de Sor Francisca del Santísimo 
Sacramento. Romance: 

Unos ardientes deseos... 
El jardín del convento. Romance: 

En estasr verdes hrojas... 
Á un afecto amoroso. Romance: 
Esposo de mis ojos... 

Romance de un alma que temía distraerse 
al salir de un retiro; 

Dulce querido mío... 

Seguidillas á un afecto amoroso: , 

Díganle á mi amado... 

Liras al desacato que se hizo al Santísimo 
Sacramento: 

¿Quién dar^i mi cabez^.^. 



Al Nacimiento. Romance: 

lOla, ola, pastores, ólü:.. 

Ofrecimiento que hacen las Religiosas al 
Niño Jesús recién nacido. Romance: 

Recibid, Niño piadoso... 

Endechas á una traza amorosa para per- 
feccionarse un alma: 

Pastor de mi alma... 

Jaculatorias disfrazadas en hábito de se- 
guidillas: 

Préstame tus ojos... 

Á la profesión de la Hermana Isabel del 
Santísimo Sacramento. Romance: 

Al esposo de más nombre.!. 

Villancico á la profesión de la Hermana 
Isabel del Santísimo Sacramento: 

No pudo amor 
Hacer tu dicha mayor... 
Hoy que al más dichoso lazo... 

Loa en la profesión de la Hermana Isabel 
del Santísimo Sacramento: - 

Discretísimo senado... 

Coloquio espiritual entre el Alma y la Paz;. 

Alma.— Yó te respeto y te amo... 

(Al final se lee:) k gloria de Dios y de 
su bendita Madre, hoy li de Septiembre 
de lóSg. 

Al buen empleo del tiempo. Romance: 

¡Oh! Cuánto pierde quieq pierde.... 
- Otro al Niño Jesús: 

Las doce son de la noche-... 
Á la Pasión. Romance: 

|0h! dulcíslnio Je;sús.^ 



^238 



COLOQUIO ESPIRITUAL INTITULADO 
MITERTE DEL APETITO 



HABLAN EN ¿L 



El- ALMA. 
EL APETITO 



LA MORTIFICACIO: 
LA DESNUDEZ 



Saltn el Alma / la Mortificación, 

Alma. Es mucho lo que padezco 
con tantas reprehensiones. 

Mortif. Mortifica tus pasiones 

y no tendrás más enojos, 
que si á los vanos antojos 
quieres, Alma, complacer 
no podrás jamás tener 
ni consuelo ni quietud. 

Alma. Bien deseo la virtud; 

su dificultad me ahoga. 

Mortif. Si el vicio te desahoga 
¡oh! infelicisima Alma, 
nunca llevarás la palma 
ni triunfarás de ti misma; 
que esta es la mayor Vitoria. 
Sirve el destierro de gloria 
á quien se aflige y se vence, 
y si esto no te convence 
tu precipicio está cierto 
y mi pena y aflicción... 

Alma. ¡Jesús, Mortificación, 

cuánto me aprietas y cansas! 

Mortif. ^Quieres que con alabanzas ■ 
califique imperfecciones, 
gradúe tus sinrazones 
y abone lo que no es justo? 

Alma. No te puedo yo dar gusto, 
que de nada te contentas; 
me afliges y me atormentas 
por cualquiera niñería; 
tu rígida condición 
hace gran ponderación 
aun de una pequeña acción 
menos ajustada ó recta; 
bien se que no soy perfecta, 
pero ni tan mala soy 
que no puedas tolerarme, 
y sino, puedes dejarme, 
que yo buscaré otra amiga 
de condición más amable 
que con caricia me hable 
y trate con caridad; 
mi vecina vanidad 
siempre me ofrece su casa, 
su lad», su m«sa y más. 



Mortif. 



Alma. 



Mortif. 

Alma. 

Mortif. 
Alma. 

Mortif. 

Alma. 



Apetito. 



Alma. 
Apetito. 



Pues con eso bien podrás 
tratar do tu salvación, 
de servir á Dios y amarle. 
Mi pretención es gozarle 
mas no por tanta estrechura, 
que ni yo vivo en clausura 
ni trato de perfección 
con tanta continuación 
que me haya de condenar 
á vida tan retirada; 
ya me tiene muy cansada, 
amiga, tu condición. 
Tú eres. Mortificación, 
vete á un convento descalzo, 
que allí serás admitida, 
muy regalada y servida 
de quien tiene obligación 
de sufrir tu condición 
y conformar toda acción 
con todo lo que gustares; 
en dejarme no repares, 
que no vivo por tu cuentíi. 
Saliera de aquí contenta 
á no ver tu perdición. 
Deja, Mortificación, 
de darme tantos pesares. 
Pues sin mí, si tú te hallares? 
Muy bien me hallaré sin ti; 
véteme presto de aquí, 
no te vean más mis ojos. 
¡Qué de penas y de enojos, 
Alma, que has de padecer 
hasta que te vuelva á ver. 
¡Qué perjudicial mujer)!... 

(Vast la Mortificación.) 
¡Qué porfiada y qué necia! 
aun no creo que se ha ido. 
^Si habrá Apetito venido? 
Quiera Dios que no se tarde, 
no es el mozuelo cobarde. 
Es valiente como un Cid 
y temo alguna desgracia. 

(Sale el Apetito.) 
¿Ay tal donaire, ay tal gracia? 
^Yo había de madrugar? 
y más que me fui acostar 
casi á las dos de la noche 
cansado de mil fatigas... 
¿Dónde, Apetito, caminas? 
Nunca me faltan mohínas 
pendencias y diversiones; 
yo busco la3 ocasiones; 
¿qué he de hacer? Soy hombre de hecho, 
auttea quedo satisfecho; 



— 239 — 



mis deseos me consumen, 

que estoy contento presumen 

cuando todo lo deseo. 

Por cuanto veo me muero, 

nunca se sacia mi ser; 

en esto, ¿qué puedo hacer 

si es esta mi condición? 

jVaya! dame colación; 

Alma, ¿por qué estás suspensa? 

Abre presto la despensa, 

que es ora de merendar. 
Alma. ¿Y sino puedes cenar? 
Apetito. Por eso haré media noche. 

¡Ay, quien se fuera en un coche 

á pasear por el Prado! 

Notable gana me ha dado 

de comer dos quesadillas. 

¿Cuando harás alinondeguillas? 
Alma. Sosiégate, que estás loco. 
Apetito. Ahora te he pedido poco, 

que mucho más pediré. 
Alma. Pues yo no te lo daré, 

que me vas importunando. 
Apetito. ¿Tú quieres que esté ayunando 

y estoy casi desmayado? 
Alma. ¿Ya no te has desayunado 

con un poco de conserva? 
Apetito. Para cuando estés enferma 

guarda esas reglas, y ahora 

sácame de aquel pernil, 

pues te lo mandó mi madre 

la Gula. 
Alma. ¿Ay donaire 

cómo tiene en el decir? 

espera que por él voy 

y también por otras cosas. 
Apetito. Pues mira, que sean gustosas, 

que estoy m.uy necesitado. 

(Sale la Mortificación.) 

Moriif. jOh villano, mal mirado! 
Á mis manos morirás. 
¿Tan lejos me presumías? 

Apetito. Estas son costumbres mías; 
déjame, que á tu pesar 
con el Alma he de vivir. 

Mortif. No lo tengo de sufrir. 
Apetito, no porfíes. 

Apetito. ¿De oir aquesto no ríes? 
Mira que es cosa graciosa 
ver á una vieja enfadosa 
reñirme porque te admito, 
porque te sirvo y regalo 
V cuido de tu salud. 



Mortif. 
Apetito. 

Mortif. 

Alma. 
Mortif. 



Apetito. 



Mortif. 
Apetito. 
Mortif. 
Apetito. 



Mortif. 
Apetito. 

Alma. 

Apetito. 
Mortif. 
Alma. 

Apetito. 



Madre, vuelva á su quietud 
y déjenos, por su vida, 
por sí mire, y no hará poco. 
Eres, en fin, necio y loco 
y no te hacen resistencia. 

Y vos no tenéis paciencia 
con tantas obligaciones 
como muestran tantos años. 
De todos aquestos daños. 
Alma, tu tienes la culpa, 

y no admitiré disculpa 

si al Apetito no matas. 

Pues ¿tú de aquesto me tratas 

siendo tan justa y tan santa? 

¿Yo matar? Qué es lo que dices? 

Quedo, no te escandalices; 
escúchame, y te diré, 
que matar al apetito 
es la acción más levantada, 
más feliz, más deseada 
de los justos y los santos. 
De unos duelos y quebrantos 
comiera yo una tortilla; 
si fuera de Algarrobilla 
el tocino me agradara. 
Ten vergüenza en esa casa. 
Quiere ya dejarme, abuela. 
No quiero sino que mueras. 
Esas todas son quimeras; 
Alma, juguemos un rato, 
que tengo de dar barato 
á esta vieja temeraria, 
y con eso hará basquina 
al uso, con guarda infante.. 
¿No conoces, ignorante, 
que es mi gala andar desnuda 
y que el frío me regala? 
Así lo muestra esa cara 
que tenéis tan macilenta; 
esta mujer me atormenta, 
¿quieres. Alma, despedilla? 

No me atrevo, que es honrrada 
y la estiman, aunque pocos. 

Y esos deben ser locos. 
Los que te escuchan lo son. 
Dime, Mortificación, 

lo que habías empezado 
de matar al apetito... 
Quiero dormir un poquito; 
yo me voy presto á la cama; 
Alma, ¿también tú te duermes? 
ahora esto te importa. 



Mortif. De palabras soy muy corta, 

Todo mi ser es obrar. 
Apetito. Yo me quiero desnudar, 
que el calor me da fatiga. 
¿Si habrán traído la nieve.!* 
si en verano, no se bebe, 
no se pueden tolerar 
las congojas y fatigas. 

(Siéntase el Apetito, como que duerme.) 
Alma. Por tu vida, que me digas 

esa historia que me admira 

y pienso me importará. 
Mortif. En justicia original - 

crió Dios alprimer hombre, ■ 

tan exento de trabajos 

cuanto alegre, rico y noblC;- 

dióle por habitación 

un amenísimo bosque, 

un jardín tan delicioso 

que es á la gloria conforme; 

para que cultive y guarde 

el Paraíso, le pone, 

y como dueño absoluto 

continuamente le goze 

y sobre todo animal 

tenga dominio conforme. 

Gozaba de suma paz, 
sin rebelión las pasiones, 
tranquilamente pasaba 
la vida con su consorte. 
Dióles Dios amplia licencia - 
para que á su gusto corten 
de las frutas; y las coman 
sin límites ni excepciones; 
sólo les puso un precepto, 
que de una fruta no tomen, 
ó al menos que no la coman, 
so pena de muerte ¡norme, 
para que estando obedientes 
al Supremo dueño adoren, 
y felicidad y dichas 
con seguridad se logren; 
en prosperidades tantas 
los dos amantes conformes, 
pacíficos en sí mismos 
rendían sus corazones 
á su formador Divino 
con afectos y loores. 
Cuando en medio de esta paz 
la serpiente se interpone 
y astutamente pregunía: 
¿Por qué del árbol no comen? 
Eva dice: «Porque ha puesto 



240 — 

mandato que no se corte 
ni se coma de esta fruta, 
y tememos no se enoje 
el Señor que nos crió 
y como á ingratos nos borre 
de su amistad y castigue 
como aleves y traidores. 
En fin, el demonio, usando 
de mentiras é invenciones, 
persuadióles que comiendo 
serían como unos dioses. 
Ambición y golosina 
pudo hacer que así se arrojen 
á quebrantar un precepto 
que un Dios tan grande les pone. 
Comen la fruta atrevidos,; 
y al instante las pasiones, 
apetitos y sentidos 
guerra publican á voces, 
y todos, desordenados 
sólo en la maldad conformes, 
sin vergüenza y sin piedad 
acometieron al hombre. 
Contarte yo sus trabajos, 
decirte las aflicciones 
que desde entonces padece, 
será intentar que se agote 
el Océano y se cifre 
en corta distancia el orbe. 
Quedó su posteridad 
sin haber en ella un noble, 
pues como tristes villanos 
pecho pagan hoy los pobres, 
sino fué la siempre Pura, 
cuyo candor no conoce 
en tiempo ninguno mancha, 
claro día en quien río hay noche. 
Desde aquel día fatal, 
aherrojados en prisiones 
tienen á los miserables 
sus mal vencidas pasiones, 
y entre todas este aleve, 
este cruel, que se opone 
con atrevimiento á mí, 
es quien más los descompone, 
y el afligirle y matarle 
es tan lícito y conforme 
á toda vida perfecta, 
que no habrá quien no lo abone 
de los que quieran oir 
mis justísimas razones. 
Alma. Admirada y suspendida 
tu relación me ha dejado. 



241 — 



Apetito. Yo pienso que rrre he dormido. 
^•Qué historias habéis contado, 
buena mujer? ¿Habéis dado 
en referirnos novelas? 
Aun Adán no está seguro 
metido en su Paraíso 
de vosotras. 

Mortif. ¡Que no calles!... 

¡Atrevido y sin respeto! 
¿Alma, por qué le consientes? 

Apetito. Mas que te saco los dientes 
si algunos tiene tu boca. 

Mortif. Tú tienes vergüenza poca, 
mejor dijera ninguna. 

Apetito. No me acabe y me consuma; 
vayase á roer sus santos, 
que al alma he de regalar. 
¿Quieres darme de almorzar? 

Alma. Ten respeto á esta señora 
y habíala con cortesía, 
que es muy espiritual 
y, en fin, es mujer de prendas. 

Apetito. Invenciones no me vendas, 
sino dame de comer, 
pues sabes mi condición 
y que Mortificación 
te hace llorar muchas veces. 

Mortif. Mis cuidados no mereces 
Alma, pues tanto te tardas 
en despedir á ese loco. 

Apetito. Todo lo tengo en muy poco, 
seria Mortificación, 
pues el Alma de mí gusta 
y á ti teme solamente. 

Alma. Yo quiero ser obediente. 
Mortificación amiga, 
pero éste mucho me obliga, 
no me puedo desasir 
de su trato, aunque quisiera. 

Apetito. Si te salieras afuera 

de mi trato y amistad, 
sin duda que te murieras. 

Mortif. Antes cree que vivieras 

con más gusto y libertad. 

Alma. Notable perplejidad 

me cerca, ahoga y consume. 

Mortif. Que eres infiel presume 
si al Apetito no matas. 

Apetito. Si á Mortificación tratas 
yo te doy por miserable. 

Alma. ¡Oh! qué duda tan notable. 
¿Con quién tomaré consejo 
de lo que me está mejor? 



Apetito. 
Mortif. 
Alma. 



Mortif. 
Apetito. 
Alma. 



Mortif. 



Alma. 



Mortif. 

Alma. 

Mortif. 

Alma. 

Mortif. 

Alma. 

Mortif. 

Alma. 

Mortif. 

Alma. 
Mortif. 



Alma, con el propio amor. 
Alma, con la muerte y juicio. 
Todo me hace igual perjuicio. 
Si al Apetito me entrego 
enojaré á las virtudes 
que me producen quietudes. 
Si á la Mortificación 
doy en casa posesión, 
pasaré una vida triste. 

Sólo el malo me resiste. 
Sólo el bueno me aborrece. 

Y en tan penosa aflicción 
el tomar resolución 

será solo mi remedio. 
Yo me pongo de por medio 
si me oyes y ejecutas 
lo que te aconsejaré. 
Como yo pueda, sí haré, 
porque estoy tan afligida 
con estos remordimientos, 
que el infierno y sus tormentos 
presumo que estoy pasando. 

Y yo estoy considerando 
que el Apetito lo causa. 
Si mi mal no tiene pausa 
mi vida se acabará. 

Sin duda que así será. 

Alma, sino te resuelves 

á vencer el Apetito 

y darle de mano aprisa. 

Lo que me importa me avisa, 

que yo veo es lo más justo. 

Darás á Dios mucho gusto 

y \ ivirás más contenta. 

El dejarle me atormenta, 

y tenerle me destruye. 

De lo que es nocivo huye. 

Alma, para la quietud. 

Sino abrazo la virtud 

me condeno á eterno llanto. 

¡Oh! cuánto me gozo, cuánto, 

de verte desengañada, 

quiero decir, mejorada, 

que aun te faltan más virtudes. 

De todas mis inquietudes 

conozco que soy la causa 

porque sigo mis quereres. 

Si tu á ti misma no mueres, 

morirás veces sin cuento; 

es de haber muerto argumento 

el no sentir las pasiones. 

Si puesta en las ocasiones 



i6 



Valientemente peleas, 

que es, Alma, lo que te toca. 

Alma. Si el Apetito provoca, 

^•qué he de hacer para no oirle? 

Mortif. Con viveza resistirle 

al principio, que él se irá. 

Alma. ¿Y si vuelve porfiado? 

Mo.tif. Lo mismo que te he enseñado, 
que en esta vida mr^rtal 
nunca deja de hacer guerra, 
y en esios vasos de tierra 
estás mal aposentada 
como presa y desterrada 
de tu patria celestial. 

Apetito. Yo imagino algún gran mal 
que me quiere suceder: 
el Alma se va rindiendo, 
que ya Mortificación 
está gustosa y contenta. 
El ver esto me atormenta; 
^qué haré para conservarme 
si conciertan acabarme?; 
mas pienso que no podrán, 
que aunque me den mil heridas 
tengo yo infinitas vidas 
y tantas resurrecciones. 
En grande aprieto me pones; 
pero Dios me ha de ayudar 
y tu afable condición. 
Muestra disimulación. 
Eres en todo discreta. 
Hasta verte yo perfecta 
tus caricias no recibo. 
Si con ellas no te obligo. 
Mortificación amiga, 
¿de qué tu gusto se obliga? 
De tenerle en toda acción. 
Procurarelo s n falta. 
¿Buscas perfección muy alta? 
Pues no me divides jamas; 
todo bien alcanzarás. 
Alma, por este camino. 
Es lo acendrado y lo fino, 
en eso no cabe duda; 
pero aquesto de estar muda, 
dime, ¿cómo podrá ser, 
si soy moza y soy mujer, 
que me parece imposible? 

Mortif. El amor lo hará posible 
y el deseo de salvarte. 

Alma. No quisiera replicarte, 
sino obedecerle en todo, 
Pues veo lo que me importa. 



Alma. 



Mortif. 

Alma. 

Mortif. 

Alma. 



Mortif. 

Alma. 

Mortif. 



Alma. 



42 — 
Mortif. 



Alma. 

Mortif. 

Alma. 

Mortif. 



Alma'. 

Mortif. 
Alma. 



Mortif. 



Alma. 



Mortif. 



Cuando el Alma se remonta 
á las cosas celestiales, 
tanto olvida las carnales 
que antes solía estimar. 
Yo me tengo de fundar 
en rendirme á tus consejos 
y en estimar lu doctrina. 
Con eso mejor se inclina 
el ánimo á padecer. 
Cierto; quisiera emprender 
una vida singular. 
La común puedes buscar 
y en ella perfeccionarte; 
esta ciencia y este arte 
no consiste en cosas nuevas, 
ni en peregrinos caminos: 
los comunes son divinos, 
tienen gran seguridad 
y están libres de tropiezos, 
ds miedos y salteadores. 
Estos sentidos traidores 
con el apetito aleve 
me hacen gran contradicción. 
Trátala con oración, 
pues que te irritan ya. 
Deseo tengo de decilla: 
Jesús, ¡qué hermosa doncella, 
¡qué urbana, qué conversable! 
Todo su trato es amable. 
Mostróme grande caricia 
y dijo, que por qué á ti 
no te apartaba de mí; 
pero que era necesario 
tratar con Perseverancia, 
y que huyera de mudanza 
que tiene muy poco ser 
y es mujer de prendas pocas. 
Sus palabras fueron corlas, 
mas llenas de amor divino; 
facilitóme el camino 
que inaccesibles pintaban 
mis quereres mal domados. 
Echa á tu boca candados 
y no lo digas á nadie 
los fatores de oración, 
ni lo que te enseña y dice, 
porque no se escandalice 
quien no tuviere experiencia. 
Yo quiero con tu licencia 
preguntarte algunas dudas, 
que há días que lo deseo. 
Como con ansias te veo 
de anhelar á lo mejor, 



— 243 



I 



escucharé ccn amcr 
y responderé con él 
á lo que me preguntares. 
Alma. En mi estilo no repares, 

que es grosero y sin primor. 
M)r:if, Acompaña e de amor, 
de verdad y sen. ¡Hez: 
discreción es lo que importa, 
que esotros son accidentes 
de poquísima importancia; 
di, Alma, lo que quisieres, 
con sencillo corazón. 
Alma, Como saben que oración 
es liberal y muy rica, 
y ven que con ella trato 
y callo el bien que me hace, 
por ingrato me tendrán, 
pues oculto sus mercedes. 
Mortif. Bien manifestarlas puedes, 

mas no ha de ser con palabras, 
sino con la vida y obras, 
y todos entenderán 
que eres muy agradecido 
y que sabes estimar 
el favor que se te hace. 
Mucho más se satisface 
con obras que con hablar, 
y bien puedes preguntar 
otra duda, si te ofrece. 
Almi. Enseñada me parece 

que quedo con tus palabras. 
Morlif. Cuan'o con la Oración hablas, 
haz cuenta que es confesión; 
tanto secreto en viene, 
y no te parezca extremo. 
A¡0'.iío. La proposición condeno, 

pues es pi d )S0 y aun justo 
alentar á los hermanos 
con pláticas semejantes. 
Mori'f. Eso, Apetito, á ignorantes 
lo dices, y n ) á las dos, 
y advierte, necio, que Dios 
es amante, pero gusta 
que se oculten sus caricias; 
mas tu eres todo codicias 
y asi pretendes se diga 
sin que sea menester. 
Alma. Ya que estoy desengañada, 

¿por qué no me dejarás? 
Apetito. Despedirme no podrás 
aunque trates de virtud; 
yo entro en la mayor quietud, 
«n los santos ejercicios. 



en los divinos oficio?, 
en el coro y refectorio, 
capitulo y dormitorio 
y donde el diablo no puede; 
allí busco algún relieve 
para pasar mi carrera; 
¿pues qué, queréis que me muera 
de hambre, vieja maldita? 
Buenos bocados me quita, 
doña Mortificación, 
mas yo la hago lindos saltos 
en toda cosa ó acción; 
también busco en la oración 
mi gusto y comodidad; 
de todo lleno mi alforja; 
de la seglar, de la monja, 
mas ésta me da más j:usto; 
mas estimo yo que un justo 
me dé un poquito de entrada 
y me tenga voluntad, 
que toda la cantidad 
de pecadores corsarios 
que se dan á sus contentos; 
mas quiero de los conventos 
sacar una niñería, 
un bocadillo sin orden, 
un mirar no necesario, 
una pregunta escusada 
ó vana curiosidad, 
un hablar sin reparar, 
una acción menos compuesta, 
mas me suele regalar 
y recibe mayor gusto 
mi insaciable paladar. 
Notable pena me ha dado, 
Mortificación amiga, 
el discurso de este loco. 
Mortif. Ten sus discursos en poco 
sino te apartas de mí 
y me obedeces en todo. 
Astutísimo es su modo, 
apenas se escapará 
el más diestro de sus trazas 
y halagüeñas falsedades. 
Cuantas digo, son verdades. 
Dios te consuma y acabe. 
Alma, conmigo no vale 
retirarse ni esconderse; 
seguireie hasta la cruz. 
Espero de Dios la luz 
para librarme de ti; 
¿pero cómo á la cruz vas, 
si la aborreces y afrentas? 



Alma. 



Alma. 



Apetito. 
Mortif. 
Apetito. 



Alma. 



244 



Apetito. No me pidas tantas cuentas, 
aunque yo te lo diré; 
apetezco en los trabajos 
la honra y honor que dan 
y después lo que se sigue, 
que es el descanso y quietud, 
y con esto la virtud, 
queda de menos quilates 
y mi estómago contento. 

Alma. Oirte me da tormento; 
Dios me defienda de ti. 

Apetito. Piensa que tarde será. 

Alma. Mortificación lo hará. 

Mortif. Sin duda, si me conservas 
en tu casa y á tu lado. 

Alma. Gran confianza me ha dado 
que he de conseguir victoria. 

Mortif. Darás á Dios grande gloria, 
si triunfas del apetito. 

Apetito. Déjame hablar un poquito, 
que me muero por decirte 
un cuentecillo extremado 
que me contaron ayer. 

Alma. Eso ya no puede ser, 

que no gusto de mentiras; 
donde quisieres lo digas, 
que en mi afecto y voluntad 
sólo vive la verdad, 
pues lo demás es locura. 
Así tenga yo ventura 
como entraré de otra suerte. 
Por eso te daré muerte. 
Que soy inmortal advierte 
y no podrás acabarme. 
Por eso sabré librarme 
con la JUortificación 
y con mi amiga Oración, 
pues ahí podré encajarme. 
Ya te he dicho que en lo bueno 
y en lo santo tengo entrada, 
que no habrá puerta cerrada, 
al Apetito ingenioso. 
¡Oh! villano malicioso, 
aunque eres astuto y fuerte 
el alma te dará muerte 
con mi ayuda y otras dos 
mis amigas y de Dios, 
con cuyo favor se hará: 
morirás á nuestras manos. 

Apetito. Aquesos son cuentos vanos; 
haré resistencia á todos, 
nadie se ponga delante, 
que á nadie tendré respeto. 



Apetito. 

Alma. 
Apetito. 

Alma. 



Apetito. 



Mortif. 



Alma. 

Apetito. 

Alma. 

Mortif. 

Alma. 

Mortif. 



Alma. 



Mortif. 



Alma. 

Mortif. 

Apetito. 



Alma. 
Apetito. 

Alma. 



Eres como vil inquieto, 
importuno y muy pesado. 
En buena tema habéis dado, 
pero yo me vengaré. 
Mortificación, ¿que haré 
para que no me dé enojos.'' 
Nunca le vuelvas los ojos 
y sufre todas sus voces. 
Ya mijnconstancia conoces; 
yo lo veo y eso temo, 
que es en el fingir sutil 
y primoroso en engaños. 
Advertidos esos daños, 
no puede salir con nada, 
y para mayor defensa 
yo te traeré con quien puedas 
librarte de sus quimeras, 
como te dije otra vez. 
¿Es tu hermana Desnudez? 
Mucho há que la deseo, 
y cierto que ya me admira 
ver que de mí se retira, 
deseándola servir 
y viviendo tú en mi casa 
que eres su hermana mayor. 
Aguarda que seas mejor 
para así poder hablarte, 
que no podrá aprovecharte 
su modo tan levantado 
sino has mucho aprovechado 
en la santa perfección. 

¿No comunico á Oración 
que es tan pura y fervorosa? 
Desnudez es otra cosa 
y consíguenla muy pocos. 
¿Piensas que á todos se fía? 
¡Bueno está por vida míal 
no venga la Desnudez, 
que la temo más que al fuego, 
á la muerte me prevengo 
si ella entrare por aquí. 
Que no se tarde la di 
porque riña al Apetito. 
Yo te pediré poquito; 
Alma, no envíes por ella 
que sólo en pensarlo tiemblo, 
porque nadie me destruye 
mi ser, como Desnudez. 
¿Luego vendrás otra vez, 
y otras mil á importunarme? 
No hay remedio que á vengarme 
de tu grande tiranía 



24S 



vendrá, por más que te aflijas 
y llores desventurado. 

Apetito. Muy buen galardón me has dado 
por los placeres y gustos 
que siempre te he procurado. 

Alma. Por los tormentos dirás 

que siempre me ocasionaste; 
dime. Mortificación: 
¿cuándo será la ocasión 
para que venga tu hermana? 

Mortif. Presurr.o será mañana, 

¿que tienes de prevención.-* 

Alma. Un ansioso corazón 

de darla entrada en mi pecho; 
con eso dalo por hecho, 
que la buena voluntad 
es posada muy gustosa. 
Mira que es muy melindrosa 
y no la podrás sufrir. 
El acertarla á servir 
es lo que me dá cuidado. 
Muy grande prisa me he dado 
por venir á visitarte, 
llamáronme en otra parte 
de muchas obligaciones 
y las dejo por oirte. 
¿Cómo podré yo servirte? 
las grandes en que me pones 
y las que tengo á tu hermana? 
En la bondad Soberana 
confía que sí podrás, 
y con eso nos tendrás 
á las dos muy de tu parte, 
para ayudar tus intentos 
y librarte de este necio. 

En tratarme con desprecio 
funda todo su saber. 
Ningún mal te podrá hacer 
como yo te asista y guarde; 
delantí de mi es cobarde, 
todas sus fuerzas se acaban 
y su poder se enflaquece. 
Que le destruyas merece. 
Alma, ten buen corazón, 
comunica á la Oración 
y no me pierdas de vista, 
y el mundo todo te envista 
que de todo triunfarás, 
y del Apetito más. 
Alma. Mi miedo alentando vas, 

porque me habían co.^tado 
^ue eres severa, intratable. 



Apetito. 

Alma. 

Desnud. 

Alma. 
Desnud. 



Apetito. 
Desnud. 



Alma. 
Desnud. 



Desnud. Mi condición es afable 

para los que me conocen 
y aborrecen «ste mundo 
con todas sus pretensiones 
pareceres y opiniones, 
y á Dios buscan solamente 
sin apego ni interés. 

Alma. Muy difícil creo que es. 
Sí, pero todo se puede 
en aquel que nos conforta. 
Desnudez, ¿por qué andas corta 
en decir. á lo que vienes? 
Paréceme que previenes 
mucha doctrina y estrecha. 

Desnud. Siempre yo la traigo hecha, 
no tengo que prevenir, 
pero quiero antes decir 
otras cosas de importancia 
que sirvan de introducción 
á mi plática y discurso. 

Apetito. No tienes aquí concurso 
para hacer ese sermón, 
que somos aquí muy pocos 
y estamos mal avenidos 
después que tú entraste acá. 

Desnud. Luego se conocerá 

con más claridad que ahora 
lo que te aflijo y consumo. 

Alma. Que está llorando presumo, 
no sé si de rabia ó miedo. 
Desnudez, ¿qué te parece? 

Desnud. Que de verme aquí, perece; 
presto morirá del todo, 
que es necesario buen modo 
para matarle y vencerle. 

Alma. Dejemos al Apetito 

que ya tiene poca fuerza, 
y á referirme comienza 
pues que me lo prometiste. 
Desnudez, á qué veniste, 
y algo de tu descendencia, 
que de todo sacaré 
aprovechamiento igual. 

Apetito. No puede ser mayor mal; 

ya comienza Desnudez; (apartt) 
yo me pongo cual la pez 
de congojas y aflicciones. 

Alma. De tus discretas razones 
sacaré provecho y gusto. 

Desnud. Lo que me pides es justo, 
pues que lo quieres saber 
para abrazar las virtudes 
con mayor viveza en todo, 



-246- 



Alma. 
Desnud. 
Alma. 
Desnud. 



Alma. 
Desnud. 



Alma, 
Desnud. 



y asi escucha y te diré 
mi origen y mi linage 
con lisura y brevedad 
porque asi mejor te cuadre. 
¿Cómo se llama tu padre? 
Desprecio de lo criado. 
¿Y tu madre? 

La Pureza 
honestísima y hermosa, 
en todo justa y piadosa. 
¿Y naciste tú primero? 
Antes Mortificación, 
la segunda fué Oración, 
y yo nací la tercera; 
más todas tan parecidas, 
tan concordes, tan unidas, 
que una sola parecemos 
y nunca nos apartamos, 
que si algunos presumieren 
que tratan con Oración 
y de las dos np hacen caso, 
digo que engañados viven 
y poco fruto consiguen, 
que tengo sustancia y ser, 
porque, ¿cómo puede ser 
que traten con Oración 
sin que Mortificación 
y yo, les asista y rija? 
¿Quién habrá que los corrija, 
que los encamine bien? 
que mi hermana la Oración 
sin nosotras no se halla, 
y muy pronto se despide 
por ir á ver donde estamos; 
siempre andamos de las manos 
sin podernos dividir 
aunque muchos lo pretenden, 
y cierto que no se entienden, 
porque nunca acabarán 
de conseguir sus deseos. 
¿Deseos?... ¡oh que mal dije! 
que veleidades se llaman, 
que es querer y no querer. 
¿Y cómo puede ser eso? 
De esta manera será: 
cuando las virtudes ven 
tan apacibles y hermosas, 
quieren tomar de sus cosas 
lo gustoso y apacible; 
mas cuando ven lo terrible, 
dificultoso y amargo, 
enfríanse los deseos 



Alma. 
Desnud. 



Alma. 



Desnud. 



Mortif. 
Ahna. 

Desnud. 



que tanto los entretienen, 
y asi quieren y no quieren. 
Yo voy adquiriendo luz. 
Para que abraces la cruz 
te voy, Alma, disponiendo, 
que es mi principal intento, 
y que el trabajo y tormento 
sea tu dulce manjar. 
Eso entenderás de gustos 
ilícitos y dañosos 
deste miserable Mundo, 
y de lícitos también, 
como tu hermana me enseña; 
Mas no de los celestiales 
tan puros y venerables 
con que tu hermana Oración 
alegra mi corazón 
y me quita los pesares. 
En deleites no repares 
por más que sean divinos; 
esto pretendo quitarte; 
esta es la ciencia y el arte 
que enseña la Desnudez; 
no te lo diga otra \ez; 
tan desasida has de estar, 
tan sin jugo y sin ánimo, 
que si fuera tu camino 
todo sembrado de abrojos, 
de espinas y de malezas, 
camines como por flores 
y como antes caminabas 
cuando regalada estabas. 
Esto es, Alma, lo seguro, 
lo más puro y acendrado. 
Parece te has congojado 
y que te has entristecido. 
Algún tanto me he afligido, 
porque presumía yo 
que podía consolarme 
con los regalos de Dios. 
Consolarte muy bien puedes, 
pero di.'sea;los no, 
ni tampoco detenerte 
en su dulzura y sabor, 
que fuera dejar al dueño 
por estar mirando el don, 
para crecer y medrar 
en el camino interior; 
afectar poco los gustos 
y buscar desnudo amor, 
y sin criado interés. 
Sólo por el mismo Dios 
abrazar todo trabajo, 



Alma. 
Mortif. 
Desnud. 
Alma. 



Apetito. 

Alma. 

Apetito. 

Desnud. 



Apetito. 



Desnud. 



todo to'meno y d)lor. 

Quiere Dios amantes finos 

que con brío y con va'or 

le sirven muy á su costa 

sin salario y sin ración; 

más á nadie se la niega 

este liberal Señor. 

Las almas interesadas 

que por gustos y sabor 

buscan á Dios y le sirven 

asidas desta afición, 

en lo mismo que pretenden 

reciben su galardón. 

No saldrán jamás de niñas, 

que el esforzado varón 

sólo sirve por servir, 

y á quien sabe este camino 

de Desnudez y Aflicción, 

más le estima y más le ama 

que otros de consolación. 

Esta vida es un instante, 

y camina tan veloz 

que aunque se viva muriendo 

penas brevísimas son. 

Siempre te aconsejaré 

que anheles á lo mejor, 

que aspirar á empresas grandes 

es de un grande corazón. 

Alentado tengo el mío, 

Desnudez, para el trabajo. 

Es echar por el atajo 

sufrir mucho y más amar. 

Sin duda que ha de costar 

lo que mucho importa tanto. 

Si con esto me adelanto 

en el servicio de Dios, 

yo lo deberé á las dos. 

¿Y á mí nada me debéis.'' 

Mérito, si te resisto. 

Y cuando como y me visto 

¿no soy de provecho en esto? 

El tomar por Dios lo honesto 

y necesario á la vida 

en el vestido y comida, 

es muy bueno y conveniente, 

mas no por el Apetito. 

<iDe gusto no habrá un tantito, 

algún condumio, una salsa 

para alentarse á comer? 

Todo eso se puede hacer, 

necio, por dar gusto á Dios, 

mas no por necesidad. 



247 — 
Apetito. 

Mortif. 

Desnud. 

Apetito. 



Alma. 



Apetito. 



Desnud. 

Alma. 
Desnud. 
Apetito. 
Desnud. 



Por amor de mí ha de ser; 
el alma pueJe c )mer, 
hablar, reir y mirar. 
Ya empiezas á delirar; 
más no tienes tú la culpa, 
sino quien aquí te tiene. 
Despedirle no conviene; 
matarle será mejor, 
porque volverá mil veces. 
Antes que á matarme empieces 
escúchame dos razones, 
pues tienes obligaciones 
tan grandes á mis parientes 
los afectos y sentidos, 
que todos te están rendidos; 
y tan sujetos te están 
que yo no te pido cosa, 
ni jamás la pediré, 
que á ti te sea dañosa. 
Para ir á la perfección 
sólo quiero que Oración 
te dé algunos regalillos, 
algunas lágrimas tiernas 
para que apresures más 
el paso y llegues más presto 
al fin, que es la perfección. 
Muy bien fundas tu razón; 
pregúntale á Desnudez 
qué le parece de aquesto 
que en tu fabor has propuesto, 
porque ella me ha de guiar. 
Ella me ha de desollar; 
yo llego con gran temor; 
Desnudez, ya estoy mejor; 
trato ya de reformar 
mis costumbres y mi vida, 
asi la tengas cumplida 
que hagamos las amistades;^ 
también lo desea el Alma. 
Muy mal llevará la palma 
si no te diere la muerte. 
Que está convertido advierte. 
¿Convertido? En sus maldades. 
Cierto que digo verdades. 
Cierto que yo no las creo, 
que penetro tus intentos. 
Sólo pido yo contentos 
y gustos en lo divino, 
pues esotro es mal camino 
y no quiero que le ande 
el Alma, que está desnuda; 
que el Apetito se muda, 
pero en fin, es Apetito* 



— 248 



Apetito. ¿Ni desear un tantito 

de consolación me dejas? 
¡Notable riguridad! 

Desnud. Aquesta severidad 

y extremada desnudez 
hace que el alma otra vez 
se vista de la Inocencia. 

Apetito. Dame siquiera licencia 
para poder desear 
los dones más soberanos. 

Desnud. No tienes limpias las manos, 
todo lo ensucias y manchas 
y todo lo descompones. 

Apetito. ¡Que no valgan mis razones 
siendo de cosas perfectas! 

Dennud. Tú las haces imperfectas 
con tu intención, Apetito. 

Mortif. Si de esta vez no le quito 
la vida, muy mal haré. 

Apetito. Pues díme, tú, ¿en qué pequé? 

Mortif. En querernos engañar 
con máscara de virtud 
y mostrártenos devoto. 

Apetito. De fingir estoy remoto, 

que soy sencilFo y muy llano. 

Desnud. No mientas tanto, villano, 
pues ves que te conocemos. 

Apetito. A fe que nos pone buenos 
el buscar el buen camino, 
y aun no me siento mohino, 
cierto que estoy adelante; 
pero nada les contenta, 
quiero darles otra cuenta 
de mis deseos y afectos, 
conocerán cuan perfectos 
son mis intentos en todo; 
podrá ser que de este modo 
les pueda caer en gr?cia, 

Desnud. Como es tanta tu desgracia, 
téngolo por imposible. 

Apetito. No estés conmigo terrible, 
señora doña Desnuda, 
que soy hombre bien nacido. 

Mortif. En todo cuanto has mentido 

nunca fué como es ahora. 
Apetito. Cierto, cierto, mi señora, 
su gracia poco me adula. 

Mortif. Si eres hijo de la Gula, 

que es tu madre, y te ha criado, 
y tu padre fué el pecado, 
¿por qué alabas tu linaje? 
Apetito. No es justo que así me ultraje, 
(jue mi madre es poderosa, 



Desnud. 



Apetito. 



Desnud. 

Alma. 

Apetito. 

Alma. 

Apetito. 

Desnud. 

Apetito. 

Desnud. 

■Mortif. 

Alma. 

Apetito. 

Desnud. 

Alma. 

Mortif. 
Desnud. 

Apetito. 

Desnud. 



gruesa, rica y hermosa: 
¿quiere saber otra cosa? 
Pues es mujer de gran fama; 
todo el mundo la conoce. 
Y viene su descendencia 
de aquella desobediencia 
de la primera mujer. 
Muchos procuran tener 
en sus casas á mi madre; 
¿pues qué diré de mi padre, 
mi señora Desnudez? 
En toda la redondez 
de la tierra tiene nombre, 
y desto nadie se asombre; 
todos tributo le han dado. 
Bien dices, porque al pecado 
todos le fueron sujetos, 
si no fué Cristo y su Madre. 
Tú tienes honrrado padre, 
bien tienes de qué gloriarte. . 
Si no en esta, en otra parte 
Recibo dones por él. 
¿Y agradante aquestos dones 
ahora que estás tan devoto? 
Cuando me veo muy roto 
no dejo de repararme. 
Ya comienzo yo á cansarme 
de oir tantos desvarios 
y locuras sin cesar. 
Mejor fuera comenzar 
por darme algún ejercicio 
devoto para este tiempo 
de la santa Cuarentena. 
¡La cabeza tienes buena! 
Calla, loco, que me enfado. 
¡Que en tal frenesí haya dado! 
Mejor será que te rías. 
Estas son desdichas mías, 
que la virtud no aprovecha, 
¿Hay desgracia como esta? 
Tu maldad es manifiesta. 
No nos canses ni te canses; 
vete, ó la boca cierra. 
¡Cuándo cesará esta guerra, 
porque cierto es muy pesada! 
Vete, Apetito bestial. 
Antes se pinta devoto 
y virtuoso se hace, 
¡Que nada te satisface! 
Oye sólo düs palabras. 
Qué, ¿aún todavía me hablas? 
Tú mi paciencia provocas. 



— H9-- 



Todas son vanas y locas, 

y así no las quiero oir. 
Apetito. ¿Quiéresme dejar morir? 

Que si callo será cierto. 
Alma. Ya le habrías de haber muerto. 

¿Hay tan fuerte pelear 

como el de aqueste destierro, 

con pasiones y apetitos? 

Dios me saque de esta vida. 
Apetito. Détela el cielo cumplida, 

Alma, para que yo viva, 

que eres todo mi consorte. 
Desnud. Nadie habrá que me reporte. 

Yo le tengo de matar; 

ya esto no puede pasar; 

la maldad llegó á su punto. 
Alma. Ya Apetito está difunto. 
Desnud. No creo yo que lo está; 

le daré otra vez la vuelta. 
Apetito. (Ay... ay!, ¡que me mata Desnudez! 

¡Que me acaba! Yo soy muerto. 
Alma. Enterrémosle en el huerto 

porque no viva otra vez. 
Mortif. Sospecho que vivo está 

y que se hace mortecino. 
Desnud. Su miserable destino 

le ha traído á nuestras manos. 
Alma. Quiera Dios que nos veamos 

libres de su tiranía. 
Desnud. Tan pronto no lo aseguro, 

que puede resucitar 

aun después de muchos años 

que le tenían por muerto; 

por eso. Alma, te advierto 

que vivas con más cuidado. 

No te coja divertida 

y te dé mayor herida 

por vengarse y por querer 

introducirse mejor. 
Alma. No podría ser mayor 

mi trabajo si él viniese. 

Dios permita no suceda. 

¡Qué contenta estoy sin él! 

¡Con qué quietud y sosiego! 

sólo me atormenta el miedo 

que vuelva á resucitar. 
Desnud. Volverémosle á malar. 
Alma. ¿No hay más que andar en pendencias? 

Por tu vida no la digas. 
Desnud. ¿Que estás en vida, no miras 

milicia sobre la tierra? 

En lo más bajo te cierra 



á lo mis alto te sube. 
Mientras en la carne estás 
estas peleas tendrás; 
por eso, anímate. Alma, 
que no llevarás la palma, 
si no peleares siempre 
sin que ceses un instante; 
no estés en esto ignorante, 
sino armada de Paciencia,, 
de valor y de Esperanza: 
briosa empuña la lanza; 
airosa embraza el broquel; 
ponte la espada en la cinta, 
y en un gran campo te pinta 
de fortísimos guerreros, 
peones y mosqueteros, 
gente de á pie y de á caballo. 
Todos te provocarán, 
y la bala tirarán, 
ya el mosquetazo y la flecha, 
ya el tiro de artillería, 
y todo con gallardía 
te embestirá sin cesar; 
y tú, con sólo callar 
y orar en tu corazón, 
alcanzarás la victoria: 
será para Dios la gloria; 
los despojos, para t¡; 
quiero decir la ganancia. 
Si á esto no se avalanza 
tu tímido corazón, 
jamás saldrás de cobarde. 

Alma. El cielo, amiga, te guarde, 
que ya con tu exhortación 
estoy con mejor aliento. 
Son tus palabras fomento 
que animan en los desmayos; 
son de fuego y así encienden, 
y aunque soy débil, me prenden 
y hacen notables efectos. 

Mortif. Esto pasan los perfectos 
para haber de conseguir 
un fin tan alto y dichoso. 

Alma. Aquel día venturoso 

En que conocí á las dos, 
¿qué servicios hice á Dios 
para que me amaneciese? 

Desnud. Querer el Señor que fuese 
sólo por ser Él quien es. 
No busques otra razón, 
y esta ten en tu memoria: , 
sólo su Misericordia 
es causa de tu remedio. 



— 230 — 



Alma. Sin duda es suave medio 
este de considerar 
lo que ha hecho este Señor, . 
para darle nuestro amor 
y encendernos en el suyo. 
Sólo por amante pudo 
hacer fínezas iguales. 

Desnud. jQué poco sabes y vales! 
Es bueno considerar 
para mejor conservar 
la humildad, que tanto importa 
cómo la rica Pobreza; 
siempre á estimarlas empieza, 
que consiste en apreciarlas, 
Alma, tomar sus consejos 
é imitarla sus acciones. 

Alma. En todo reglas me pones 
de la mayor importancia. 
Quiera Dios que yo las guarde. 

Desnud, No me pesa que cobarde 
te juzgues en estas cosas, 
que es indicio de Humildad, 
en que deseo te fundes. 

Alma. Paréceme que me infundes 
tu espíritu. Desnudez. 

Desnud. Ya te lo digo otra vez, 
y otras muchas lo diré; 
si pretendes levantar 
muy en alto el edificio 
de virtud y santidad, 
ahóndate en la Humildad; 
pon en tu nada tu asiento 
y nada te dé contento 
que no te lleve á esta nada; 
esta nada sea tu todo; 
todo te ponga en tu nada, 
y continuo retirada 
sea la nada tu centro 
de todas las criaturas; 
sólo toma lo forzoso 
y aquello te sea sabroso 
que tiene menos sabor; 
con un general amor 
amarás las criaturas, 
y tanto más las querrás 
cuanto tanto de ellas huyas; 
harasles todo aquel bien 
que tus fuerzas alcanzaren; 
aquesto conseguirás 
cuando más te retirares; 
no procures agradarlas 
á costi de imperfección, 



que es muy costosa caricia 

y se ofende al Criador. 
Alma. No sé cómo pueda darte 

gracias por tantos favores. 
Desnud. Las gracias serán mejores 

que me puedes ofrecer, 

procurando obedecer. 
Alma. En Dios, amiga, confío, 

que su gracia me ha de dar. 
Mortif. ¡Quién pudiera tal persar! 

Mirad, que ha resucitado 

el Apetito otra vez. 
Alma. ¡Ay, amiga Desnudez! 

^•Qué esto?, ¿qué ha sucedido? 

Sin alientos me he quedado. 
Desnud. Presumías que acabado 

estaba ya tu combate. 
Alma. Mucho el corazón me late; 

de susto no puedo hablar. 
Mortif. Pues qué, ¿querías pasar 

sin contradicción la vida? 

Aqueso es para la otra, 

que en ésta hay muchos contrarios 

extraordinarios y varios, 

ya de dentro, ya de afuera, 

ya domésticos, ya extraños, 

y tú misma para ti 

te eres contraria y no poco. 
Alma. Que esté vivo aqueste loco, 

cierto siempre lo temí. 

¡Con qué consuelo he oído 

y en dulce paz he pasado 

el tiempo que estuvo muertol 
Apetito. Todo lo tengo por cierto, 

pero ya he resucitado; (^vue/veei Apetito.) 

y como enterrado he estado, 

y estaba la tierra helada, 

me ha hecho notable daño. 

Estoy muy acatarrado 

y he menester muchas cosas 

sazonadas y sabrosas 

para templar esta tos 

que me da notable pena: 

una gallina muy buena 

traigan, que estoy en ayunas; 

unas buenas aceitunas 

cordobesas y sin hueso. 

Acaben; ¿no van por eso? 
¿No las mueve Caridad 
con este resucitado? 
Mortif. Cierto que te has levantado 

del sepulcro con aliento* 



— 251 -yw 



Apetito. Tráiganme presto alimento, 

que ya no puedo esperar. 
Alma. Basta, que quiere sacar 

por pleito le den regalos. 

El mirarle es maravilla. 
Apetito. Quisiera que una morcilla 

me hicieran y un rellenico; 

no le hagan pequeñito, 

que es sin límite mi hambre; 

alguna cosa fiambre 

quisiera, y una ensalada 

de tomates y pepinos; 

cuantas especies de vinos 

han entrado en la despensa. 
Alma. ¿Que ninguna cosa venza 

al Apetito insaciable? 
Apetito. ¿Qué, ninguna se adelanta 

para mi necesidad? 

Cierto que me admira mucho. 
Alma. Con grande enojo le escucho. 

Consuélome con no darle 

nada de lo que pidiere, 

así se haga todo bocas. 
Apetito. Ó están necias, ó están locas. 

¡Ah! buena gente. ¿A quién digo? 

Tráiganme siquiera un higo, 

una almendra ó una pasa; 

llamen á las provisoras; 

peor que peor será, 

porque son de la miseria 

quinta esencia, y punto más. 
Alma, No se habrá visto jamás 

disolución semejante. 
Apetito. ¿No me traen la colación? 

Y sea muy blanca y fina, 

porque no la gustaré 

si no fuese la mejor. 
Alma. ¿Hay tan notable hablador? 
Desnud, No le respondas ni mires. 

Dios tiene en esto sus fines: 

á su tiempo morirá 

sin otra resurrección. 
Apetito. Engáñala la afición 

que me tiene su merced. 

Ya yo resucitaré; 

tengo más vidas que un gato: 

prueben á matarme, pues. 
Alma. Que hace burla, ¿no lo ves? 

Desnudez, ¿qué te detiene? 
Desnud. Por ahora no conviene; 

no le oigas, que no importa. 
Apetito. De preámbulos acorta 

y dame de comer, Alma. 



Mortif. Es tu corona y tu palma 

que le sufras y padezcas, 

porque así gozar merezcas 

del triunfo del vencimiento. 
Alr^a. Yo tengo grande tormento; 

Dios me dé perseverancia. 
Desnud. Ten, Alma, grande esperanz*, 

que presto se acabará 

est^t guerra, y gozarás 

de suma paz y sosiego. 
ApetitQ. Ya sufrir la sed no puedo; 

tráiganme un poco de aloja 

que esté de nieve sin falta. 
Desnud. Esta es la cosa más alta: 

callar, sufrir, padecer. 
Alma. Sola no lo puedo hacer 

sin la ayuda de las dos. 
Mortif. Tienes la gracia de Dios 

y nuestro auxilio tendrás, 

y por eso vencerás 

desconfiando de ti. 
Apetito. ¿No hay un libro por aquí 

de novelas ó de historias? 

De algún entretenimiento 

por ver ahora reviento, 

Una comedia y un baile. 

¿Por ventura soy yo fraile? 

¿Que he de guardar la modestia? 

¿Se ha visto cosa como esta? 

¡Que ninguna me responda 

Ni hagan caso de mí! 

cuando en camandulo di, 

más favor todas me h-^cian. 

Muy lindos platos me daban. 

¡Oh, cómo me regalaban!, 

ya en las cosas exteriores, 

ó ya con las interiores. 

Tenía mis saborcillos 

que me sabía buscar; 

¡alto! ¿pues he de pasar 

esta vida miserable? 

Luego quiero entrarme frayle: 

ni me faltará mi coro, 

refectorio y dormitorio, 

y en todos estos lugares 

tendré yo ciertas ganancias 

con que pasaré la vida. 
Alt^^. Ya busca modos y trazas 

para fundar sus trapazas; 

ya quiere dar en devoto. 

Otros fingimientos fragua. 
Dfsnud. Con sus locuras te labra; 

consuélale, que ya quiere 



— - 252 



el Señor dirte victoria. 
Alma. Para Él sea la gloria; 

la confusión para mi. 
Desnud. Ya que te venciste á ti, 

no tenemos que aguardar. 

(Sellegñ al Apetito.) 

Acaba, Apetito vil, 

y nunca más volverás 

á dar pesadumbre al Alma: 

ella ha triunfado de ti. 
Alma. Dios te destruye y acaba, 

que en esto no tengo parte. 

Desnud. Alma, llega por aquí 

y átale muy bien los pies. 

Alma. ¡Y qué cobarde que está! 

Desnud. Porque le has vencido ya. 
Apriétale bien las manos: 
llega, Mortificación, 
y atraviésale la espada. 

Mortif. Muy bien la traigo afilada 
porque no vuelva á vivir. 

Desnud. Yo salgo por fiadora. 

¿Ven como ya no respira? 

Mortif. Con todo, traeré un espejo, 
no para él, para ti, 
donde contemples tu alma, 
y sea Cristo Jesús 
atormentado y en cruz, 
y alli mira si tu aliento 
respira sin Apetito, 
y sólo por la razón 
se guia tu corazón, 
y en eso conocerás 
que estás libre de sus daños 
y que él ha muerto sin duda. 

Alma. Tiéneme el contento muda 
y no puede en mis palabras 
caber lo que ahora siento. 

Desnud. Pues tienes entendimiento, 
conoce que aquestas dichas 
te han venido por las dos. 

Alma. Por vosotras quiso Dios 
darme la paz deseada. 

Desnud. Presumo que muy cansada 
la pelea te dejó, 
y es razón que ya sosiegues. 

Alma. Mándame lo que quisieres, 
que de obedecerte gusto. 

Mortif. jüh, qué bien le sab« al justo 
después de penar, gozarl 

Alma. ¿Que esto siempre ha de durar? 
pichosos estos tr«b«jo$ 



y alégrisimas fatigas; 

¡Oh, qué breves me parecen! 
Desnud. Lo que por ellas te ofrecen 

no cabe en sentido humano. 
Mortif. Ven, te daremos la mano, 

porque camines segura. 
Alma. Tan grande dicha y ventura 

nunca yo la merecí. 
Desnud. Mira que esperamos, Alma; 

despídete, que es ya tarde. 
Alma. El cielo, madres, os guarde, 

y os dé á todas Desnudez 

y os libre del Apetito. 

Recibid nuestros deseos. 
Desnud. Son muy dichosos empleos 

los de daros algún gusto. 
Mortif. Esto habemos pretendido. 
Alma. Las fallas que hemos tenido 

perdonad, santo senado. 
Desnud. En lo que habremos errado 

no habrá sido muy poquito, 

que aquí da fin el coloquio 

del triunfo de las Virtudes 

y muerte del Apetito. 

COLOQUIO ESPIRITUAL ENTRE 

EL ALMA LA ORACIÓN 

LA TIBIEZA EL AMOR DIVINO 

Entran el Alma y la Tibieza. 

Alma. Siempre me estás persiguiendo; 
Vete, Tibieza, de aquí, 
que si viene la Oración 
nos. reñirá como suele. 

Tibiei{a. Pues por eso te conviene 
no tratar tan de continuo 
con tan mala condición. 

Alma. Tú tienes poca razón 
y no sabes estimar 
las partes de la Oración, 
su condición, su valor, 
su gracia y afable trato. 

Tibiera. No te sale muy barato, 
pues ni comes ni sosiegas 
después que con ella vives; 
desde entonces me persigues, 
ni me regalas, ni acudes; 
con tanta descortesía 
me tratas desde aquel día. 
Alma, que no te conozco. 
Solías ser más tratable, 
más cortés, más agradable; 
con todos comunicabas, 
era grande gusto hablarte' 



I 



253 — 



De todos huyes', ¿qué es esto? 

Y de mi en particular; 
casi no te puedo hablar; 
tan extraña, tan austera, 
¿quién habrá que no se muera 
de congoja y aflicción? 

Alma. Cesa y oye la razón 

de la mudanza que dices, 
que siempre me contradices 
y no me dejas lugar, 
y harás mejor en callar 
que serme tan importuna. 

Tibiera. ¡Oh desdichada fortuna! 
¡cual la tiene la Oración! 
ya no escucha mi razón 
y sólo las suyas oye 
y de mi no se hace caso. 

AlnxA. Paso, paso, que estás ya 
muy descortés y atrevida. 

Tibiera. No te enojes, por tu vida, 
que por quererte yo tanto 
te doy amorosas quejas. 

Alma. Nunca, Tibieza, me dejas, 

siempre me aprietas y afliges, 
nunca dest© te corriges 
ni admites mi corrección. 
Sientes mal de la Oración, 
á quien estimo y venere, 
y por ella no te quiero, 
que es tu mortal enemiga. 

Y si hay quien la contradiga 
en mi casa y á mi lado, 

. iráse, y como la amo, 
siento mucho darla enojos. 

Tibiexfi. Pues por vida de tus ojos 
que es una vieja engañosa, 
y aunque halagüeña, enfadosa, 
toda melindres y extremos. 
Si nos vemos, no nos vemos 
nunca contenta con nada, 
y torciéndonos la cara 
á cualquier ocasioncita, 
ni nos pone ni nos quita 
para tanta barabúnda. 

Alma. Yo no atino en qué se funda 
tu locura y desconcierto; 
pues mira, y tenlo por cierto, 
que la Oración ha de ser 
mi guia, mi regla y norte. 

Tibiera. ¿Quién habrá que me reporte 
viéndome tan despreciada 
del Alma, y tan ultrajada 
por mi enemiga Oración? 



Mas la disimulación 

me conviene en tal aprieto. 

Alma. Ya te lo digo, en efeto, 
siempre la quiero buscar 
y con ella sosegar 
mi inquietud y mis congojas. 
Ya yo no quiero tus lisonjas 
ni halagos vanos y feos, 
y te digo sin rodeos 
que te vayas á otra parte 
donde seas admitida. 

Tibiera. Acaba ya, por tu vida, 

de despreciar quien te quiere 
y por tu bien sólo quiere 
padecer y sufrir tanto. 

Alma. ¡Oh!, cuánto me pesa, ¡oh!, cuánto 
el verte tan relajada! 

Tibiera. Mejor dijeras burlada, 

pues me tratas de tal suerte: 
no está muy lejos mi muerte 
por correspondencia tal. 

Alma. ¡Si tu me tratas tan mal 
á mi querida y amiga! 
¿Qué quieres tú que te diga 
si me das dos mil pesares? 
¿Si tú con ella no cabes? 
¿si ella te : borrece á ti? 

Tibiexja. No quiero yo para mi 

el bien que á tí te deseo. 

Como con ella te veo 

las horas y los momentos, 

presumo que te trae cuentos 

dañosos para tu vida; 

que te gasta sin medida 

el tiempo, y que no le tienes. 

Veo que no te entretienes 

siquiera un rato con nadie; 

que no dices un donaire 

ni le oyes de buena gana, 

que por tarde y por mañana 

te escondes y te retiras; " '• 

que por tu salud no miras 

ni haces caso de la vida; 

que sin tasa y sin medida 

te pones en los trabajos, 

y los altos y los bajos 

tienes en poco y desprecias, 

que gustas de las más necias 

si tratan con Oración. 

Alma. ¡Oh! qué larga relación 

vas haciendo de mi modo, 

y considerado todo 

parece que estoy nafi tierna, 



qac si Oración me gobierna 
con tanta severidad, 
creo que me ha de acabar 
las pocas fuerzas que tengo. 
También sus penas me da. 
Tibiera. Pues y como se dará, 
adelante lo verás 
si no la dejas y huyes 
como merece y deseo. 
Ya lo veo, y no lo creo, (Aparte.) 
que Alma rindiéndo(te] voy. 
Los parabienes te doy, 
Alma amiga, de tu dicha. 
Alma. Es muy notable desdicha 

tal padecer, tal penar. 
Tibiera. Y aquello de siempre andar 
cabizbajos y estrujados 
afligidos, encerrados 
en desvanes y rincones. 
Si tú no lo descompones 
linda vida has de tener. 
Alma. Quiero comer y beber 

sin ahogo ni estrechura. 
Tibief^a. Deja ya tanta clausura 
de potencias y sentidos, 
que parece que oprimidos 
los tienes en una prensa, 
y la Oración no te venza, 
que es astuta y lo procura. 
Alma. Mejor me dé Dios ventura 

que yo me deje en sus manos. 
Tibiera. Más quiero que con extraños 

comuniques, que con ella. 
Alma. Nó volveré más á ella, 
digo con continuación. 
Tibiera. Su hermana la Devoción 

yo aseguro que te obligue. 
Alma. Pues como yo me retire, 

con eso poco podrán. 
Tibie\a. Notable prisa me dan 

porque desean hablarte, 
dos personas de buen arte 
y que tratan de virtud. 
Alma. Ahora tendré más quietud 
y habrá tiempo para todo. 
Tibiera. Pues bien será de ese modo: 

decid que pueden entrar. 
Alma. Aun espero más lugar 

y podrá ser que mañana, 
y con eso nos veamos. 
Tibiera. ¡Ea! dame aquesas manos. 
Alma. Y los braxos <por qué. no? 



— 254 — 

Oración. Porque lo impediré yo, (Saliendo.) 
que aun estoy viva en el mundo. 
Tibíenla. .¡Hay descuido más profundo? 
¿Por dónde pudiste entrar? 
Mas sin duda que al cerrar 
las puertas de la razón 
pudiste entrar, Oración, 
Para venirme á matar, 
¿hay tal pena, tal trabajo, 
como me da la Oración? 
Oración. Quitarte la posesión 

del alma, pretendo, loca. 
Tibiera. Tu porfía me provoca 

á que diga desatinos. 
Oración. ¿Por qué notables caminos 

vuelve Dios el alma á si? 
Tibie!{a. Malos años para ti... 
Oración. De tu rabia estoy gozosa. 
Tibiei^a. Miren ya la melindrosa, 

desabrida y retirada. 
Oración. Jamás serás bien hablada, 

ni en tus yerros habrá enmienda. 
• Tibiera. Porque ella me reprehenda, 
¿he de quedar enmendada, 
hipócrita y mal mirada? 
Estoy que pierdo mi seso. 
Oración. No te pasarás con eso 
que te arrojaré de casa, 
y aun te digo de la Corte. 
Tibiera. De la Corte, bueno es eso, 

después que la traigo en peso 
y soy su guía y su norte. 
Alma. Por mi amor que se reporte, 
señora Oración, no más, 
que Tibieza es muy honrada. 
Orac/ón.' ¿Cómo tú la diste entrada, 
(á) esta ciega y atrevida? 
Díme, ¿qué fué la ocasión? 
Alma. Vuestra seria condición, 
y hallaros algunas vezes 
tan seca y tan desabrida 
que ya no os puedo sufrir, 
que ó me he de dejar morir 
ó buscar mi desahogo. 
Basta que lo deje todo 
sin tan estraña apretura; 
¿no dio Dios á criatura, 
los ojos, lengua y oídos? 
Vos queréis que estén dormidos, 
ó muertos diré mejor; 
esto es ya mucho rigor; 
yo tengo mi voluntad, 
i «on vos, no más que amistad* 



-255 — 



No me apretéis de tal suerte 

que [me] ocasionéis la muerte 

y una vida miserable. 
Oracijn. En fin, te veo mujer, 

y como mujer mudable; 

(/i;)ar/f.) quiero usar de mi blandura, 

que si la muestro rigor, 

ese poquito de amor 

que me tiene, olvidará. 

Ahora, démosla un recuerdo. 

(Vuélpese al Alma.) 

Y tu esposo que es tan tierno, 

^ha venido por acá? 
Alma. Antes anda por allá 

y no puedo darle alcance. 
Tibíenla. Parece que pierdo el lance; 

quiero atreverme y llegar; 

mira que estás en ayunas 

y el estómago se ahila. 
Alma. ¿Está á punto la comida? 
Tibie^ia. Por extremo sazonada. 
Alma. Yo me siento muy cansada 

y con gana de dormir. 
Tibiera. Ya te lo quise decir; 

acaba con Oración 

y no escuches sus razones. 
Alma. En gran confusión me pones 

y no sé como dejarla. 
Tibiera. Pues yo no puedo aguardarla, 

que el hambre me da fatiga. 
Alma. No sé como se lo diga. 

¡Ea! quiérome atrever, 

un poco tengo que hacer. 

Con tu licencia, quería... 

y también tu bendición. 
Oración. Si fueran de perfección 

las acciones á que vas, 

contigo fuera, y pues vas 

por sólo relajación 

y por quererlo Tibieza... 
Tibiera. Si le duele la cabeza, 

¿será pecado acostarse, 

y con eso repararse 

para volver á penar? 
Oración. En fin, ello ha de pasar. (Aparte.) 

está muy determinada, 

mas no me tiene dejada 

tan del todo, que no pueda 

quedarme alguna esperanza 

y mucha perseverancia. 

Mi amiga, me ha de ayudad- 
Alma, ¿quiéresme llevar 

contigo á la cabecera? 



Tibiei^a. Eso allá cuando se muera, 
que por ahora yo sobro. 

Oración. ¡Oh, quien te pusiera en cobro, 
Tibieza, en una galera 
y allí te hiciera remar! 

Tibiera. Bien te puedes acostar, 
que todo está prevenido. 

Alma. En vida no he tenido 

tal cansancio y pesadumbre. 

Oración. Aquesta negra costumbre 
de conversar esta dama 
hasta ponerte en la cama, 
pienso que no ha de parar. 

Alma. No me puedo desviar 

tan del todo como piensas. 

Oración. Éstas todas son ofensas 
que se hacen en mi casa. 

Alma. En que nos mira repara 

y no te me llegues mucho. 

Oración. Con la caridad escucho 
del Alma las liviandades, 
y para entrar con verdades, 
espero tiempo y sazón. 

Tibiaba. ¡Que no nos deje Oración! 
¿hay tan cansada mujer? 

Oración. ¿Cuando te tengo de ver. 
Alma, sin Tibieza al lado? 

Alma. Como ella al fin me ha criado 
y me tiene tanto amor, 
no puedo hallar ocasión 
tan grande que la despida. 
Ella procura mi vida, 
mi contento y mí salud, 
también trata de virtud, 
aunque es mujer de buen gusto. 

Oración. Para atormentar al justo 
tiene gracia singular. 

Alma. Yo no la puedo dejar, 

que me entretiene y regala 
y me quiere con exceso. 

Oración. Muy bien pasarás con eso 
y á tu esposo agradarás; 
no llegarás tú jamás 
á espíritu verdadero 
si no sacudes primero 
la Tibieza á quien alabas, 
¿y cuando más me tratabas, 
nunca tuviste regalo, 
nunca estuviste contenta? 

Alma. Pides tan estrecha cuenta 
de acciones y pensamientos 
que das notable tor nento 
á potencias y sentidos. 



Alma. 



Tibiaba. 
Alma. 



siempre que están divertidos 
te parece; y yo me aflijo, 
y no sé quien te lo dijo, 
que luego lo sabes todo. 
Tienes tan terrible modo, 
que te digo en conclusión , 
que no me siento con fuerzas 
para tanta perfección. _ 
Tibiera. Dios te dé su bendición., . , ,- 
|Con qué donaire lo dice! 
^Cómo no la contradice 
mi señora la Oración? 
iQué triste y fría ha quedado! 
No se cómo no la ha dado 
algún mal de corazón. , , 
¿Hase asustado mi Reina? 
¿Quiere un poquito de agua? 
¡Gran discurso piensa y fragua, 
tanta disimulación! 
¿Se ha extrañado la Oración? 
Antes creo que se ha muerto, 
Vida tiene, yo la siento 
que aun la tengo algún amor. 
Oración. ¿Hay tan extraño rigor? 

¿Hay tal ceguedad y engaño? 
El remedio desie daño 
sólo puede ser amor; 
llamar quiero á mi Señor 
y darle cuenta de todo. 
Alma. Muy bien podré deste modo. 

Tibieza, ya descansar. 
Tibiera. Bien te puedes acostar, 

que hay calentura y no poca. 
Oración. jQue se deje de una loca (Aparte.) 
gobernar el alrria así! 
no hay más que aguardar aquí. 
Quiéreme ya declarar; 
Alma, por Dios no te escondas 
y mira que le respondas 
con más agrado que á mí. 
Como yo le vea aquí 
ten por cierto que soy suya. 
Oración. Procuro que seas suya, 

que yo soy medio, no más. 
Él es el fin donde vas, 
no te pares en los medios 
y acertarás el camino! 
Alma. ¿Cómo contigo no vino 
el Amor, pues le deseo? 
Oración. Para disponer primero, 
es fuerza, toda la casa 
esté adornada y compuesta, 
limpia, 4«$^inbarazada, 



^256 — 



Alma. 



Alma. 



Oración. 



Alma. 
Oración. 

Alma. 
Amor. 

Alma. 

Amor. 
Tibiera. 



Amor. 

Oración 

Amor. 

Oración 



Amor. 
Alma. 



como conviene á posada 

de tan gran Rey y Señor. 

¡Ay, mi querida Oración! 

quien le viera ya en su pecho, 

que de contrición desecho, 

lágrimas destila y vierte. 

Viéndote ya de tal suerte 

lo daré todo por hecho. 

Es tan piadoso señor 

el amor dulce y suave, 

que no hay cosa que no acabe 

con él un solo suspiro. 

¡Ay, mi amor! ¡Ay, mi querido! 

¡qué ingrata he sido! ¡qué fiera! 

¿Cómo es posible que quiera 

dejarte de perdonar, 

viéndote por el llorar 

y afligir de tal manera? 

Él permita que me muera 

si le tornare á ofender. 

Vivirás, Alma, y tendré 

la gloria de ser tú mía 

y de que ganes victoria. 

A tí se debe la gloria, 

dulce dueño de mi vida; 

muy engañada vivía; 

la tibieza lo causó. 

Pues por eso vine yo 

á desterrar la Tibieza. 

Vete, necia porfiada. 

No dejo de ir bien medrada. 

¡Ay, desdichada de mí...! 

Quiérome ir presto de aquí, 

que es poderoso Señor 

aqueste divino Amor 

y tiemblo donde él está, 

que con sólo que me mire 

presumo me matará. (Se va.) 

¿Fuese astuta la Tibieza? 
. Sí, señor, y va corrida. 

Si no se pone en huida 

le hago cortar la cabeza. 
. En tu presencia. Señor, ' 

no pueden estar los vicios, 

y así son ciertos indicios 

de que vives en el Alma, 

cuando ella lleva la palma 

y triunfa de su enemigo. 

Si me tiene por amigo, 

no habrá bien que no posea. 

¿Cómo habrá. Señor, quien pueda 

ofender tanta bondad? 



1 



— 257 ~" 



Mas púdolo mi maldad 
que se opone á tu grandeza. 

Amor. Por eso yo con destreza, 
Sé vencer tus desvarios. 

Alma. Muy grande fueron los míos, 
yo lo confieso. Señor, 
pero por eso de Amor 
son tus obras y tu nombre, 
^ y por eso á nadie asombre 

ver que me perdonas tanto. 

Oración. Cierto, que yo no me espanto, 
antes bien, yo me admirara, 
si el Amor no perdonara 
al Alma, que mal guiada 
hubiera errado otro tanto. 
¿Queréis, Amor sacrosanto, 
que le diga'al Alma yo 
las riquezas y los dones 
que con grande prevención 
tenéis dispuestas en casa 
para su gusto y honor.^ 

Amor. Bien puedes manifestarle, 

que atenta escucha Oración, 
lo que á tanta costa mía, 
quiero darla en posesión. 

Oración. Tiene tu esposo querido. 
Alma dichosa, un palacio 
digno de su Majestad, 
con soberano aparato. 
Las puertas son de cristal, 
margaritas y topacios 
las guarnecen y hermosean 
con artificios muy raros. 
De néctar corren mil fuentes 
en los jardines y prados, 
cuyas olorosas flores 
en sus matices tan varios, 
á los ojos que las miran 
parece están convidando; 
pues las sazonadas frutas 
jamás su beldad dejando, 
inmortales no padecen 
corrupción, que reservando 
su belleza y su sabor 
alegres se están mostrando. 
No hay en esta casa luz, 
que el Cordero soberano 
es la antorcha aue la dá 
en este Imperial palacio; 
los moradores que tiene 
no hay decir cuan encumbrados 
están y qué satisfechos 
de gustos tan soberanos; 



Alma. 



á Dios ven, con Dios están 
unidos y transformados. 
Con esto ponte á creer 
cuántos gustos han pasado, 
cuántos deleites habido, 
cuántos bienes deseado 
todos los hombres que hay, 
los por venir y pasados, 
y haz cuenta que todo es nada; 
es una coma, ni un rasgo 
de lo que gozan felices 
. estos bienaventurados. 
Del solio excelso de Dios 
donde asiste sacrosanto, 
no puede hablar aunque sea 
de los Querubines altos. 
Los que le asisten y sirven 
serafines abrasados, 
que de las tres jerarquías 
los espíritus alados. 
Los angeles, los arcángeles, 
los 'tronos tan realzados, 
las dominaciones fuertes, 
todos asisten, doblando 
sus frentes al Ser Supremo, 
reverentes y humillados. 
Cantan y alaban á un tiempo 
entonando ¡Santo, Santo! 
que tres veces repetido 
lo trino manifestando 
dan. Alma, un alto aprecio 
deste misterio sagrado. 
No digas más. Oración, 
que me tienes admirada 
y casi ya transportada 
tan gustosa relación; 
pero de mi condición 
quiero que adviertas ahora 
que todo cuanto atesora 
mi esposo en su gran palacio, 
aunque lo estimo y venero, 
por ser suyo, que es razón, 
no me dá más afición 
ni mueve mis pensamientos, 
que otros mas altos intentos 
viven en mi corazón. 
El amor desnudo y fuerte 
anhelo con tanto afecto, 
y conseguirlo en efecto 
confio en mi amado esposo; 
no busco el dulce sabroso 
sino el desinteresado, 
porque tal fin he mirado 



17 



para fundarle mejor; 
que afectar el dulce amor 
por lo suave y gustoso 
tiene más de sospechoso 
que de fineza y verdad. 

Amor, ¡Oh! con cuanta voluntad, 
Alma, escucho tus favores; 
manifiestan tus ardores 
lo aprovechada que estás; 
ahora conocerás 
cuantos daños te causaba 
la engañadora Tibieza. 

Alma, Yo le debo á tu grandeza 
que se apartara de mí, 
y si vuelve más aquí. 
Contigo me libraré. 

Amor. Si ella lo intentara haré 
castigar su libertad. 

Alma. Deseo andar en verdad 

en tu presencia y de todos. 

Oración. Muchos caminos y modos 
tiene Dios para llevar 
al eminente lugar 
de la suma perfección; 
mas entre todos escoja, 
Alma, el de la desnudez; 
esto una y otra vez 
yo te aconsejo y persuado 
por ser el cierto y seguro; 
ya de discursos acorta 
y entrará Contemplación 
vecina de la Oración 
y muy querida de mí, 
y advierte que desde aquí 
has de ser muy conversable 
con las virtudes más bellas, 
que son las graves doncellas 
cuya comunicación 
y su amiga la Oración 
te hará perfecta y dichosa, 
noble, rica, poderosa 
y á mis ojos agradable; 
no quiero ya que te hable 
gente de otra suerte ó porte, 
y lo que aquesto te importa. 
Alma, presto lo sabrás 
y luego conocerás 
mi amor y tu obligación. 
Auxilio, amiga Oración 
he menester para dar 
deste favor singular 
gracias al Amor divino. 



258 — 
Oración. 



Alma. 



Oración. 

Alma. 
Amor. 



Alma. 



Oración. 

Alma. 
Oración. 
Alma. 
Oración. 

Amor. 



Él es tan tierno y tan fino 
que se da por satisfecho 
de que guardes en tu pecho 
con afecto agradecido 
cuanto hubieres recibido 
de su mano liberal. 
Yo no tengo otro caudal 
para pagar beneficios, 
sino unos cortos indicios 
con que deseo acertar 
para buscar en mis obras 
su agradable voluntad. 
Con eso yo te aseguro 
que á servirle acertarás, 
porque la recta intención 
da la perfección á todo. 
Deseo saber el modo 
como poder agradarte. 
La mayor ciencia y el arte 
más breve y de gran primor 
es practicar el Amor 
en palabras y en acciones, 
el sufrir persecuciones, 
el abrazar las virtudes 
todas, y en particular 
las que son de más estima; 
esta es la cumbre, la cima 
del monte de perfección; 
subirás con la Oración 
compañera inseparable, 
y llevarás por tu guía 
á la Emperatriz ¡Vlaría 
que es de las virtudes reina, 
que si te rige y gobierha 
llegarás á conseguir 
el fin de tus esperanzas 
fundadas en tal aurora. 
Esta celestial señora 
desea que te dispongas 
para hacerte mil favores. 
Todos mis vanos temores 
disipa su protección. 
Pues logra bien la ocasión 
y pídela que te ayude. 
Como madre siempre acude 
á quien la llama de veras. 
Para que obligarla puedas 
imítala en sus virtudes 
y muy en particular 
pondrás en la Caridad, 
reina de todos, tu mira. 
Y verás como te anima 
á procurar las demás 



— 259 — 



para no desfallecer, 
por que es grande su poder 
y no hay cosa que no venza; 
será tu amparo y defensa 
mi enamorada humildad, 
dama bien pobre en la tierra 
que grandes bienes encierra 
y atesora para el cielo; 
que no estimas bien, recelo, 
á su hermana la Pobreza, 
señora de la grandeza, 
que pregonan sus estados 
patrimonios y dictados, 
que fundó la confianza 
firme en Dios que tanto alcanza 
más que los reyes del mundo 
conquistando sus grandezas, 
que las humanas riquezas; 
^cómo pudieran llegar 
á lo que sabe Dios dar 
á quien ama la Pobreza? 
La macilenta abstinencia 
doncella del gran valor 
bella hija de Oración, 
te acompañara con ella 
y con su hermana menor, 
Modestia, discreta dama, 
de gran renombre y gran fama; 
siempre buscará tu honor, 
y de su hermana mayor 
á quien llaman el Silencio 
sus virtudes no comienzo 
porque no podré acabar, 
y es menester dar lugar 
á otras señoras y damas 
que gusto las comuniques 
y que á las demás les quites 
toda comunicación; 
y todas, en conclusión, 
son á Oración muy cercanas, 
como son primas y hermanas, 
tías ó sobrinas todas; 
si á tratarlas te acomodas, 
darasme gusto notable. 
Alma. Y dime Señor amable, 

^cuándo las tengo de ver? 
Amor. Cuando sepas merecer 
y yo te las comunique. 
Oración. Disponte y no habrá tardanza. 
Amor. La noble perseverancia 
con su grave ancianidad 
dará lustre á tus acciones, 
y si á tu lado la pones 



lodo lo conseguirás 
y resignación harás 
que te asista y no se aparte 
de tu presencia un instante, 
que al punto en mil confusiones 
te pondrán las ocasiones 
y luego serás perdida; 
regálala por tu vida, 
que has menester gran cuidado 
no se te quite del lado, 
vuelvo á encargarte mil veces, 
y mira que no tropieces 
con Resignación en nada, 
que es mujer muy delicada 
y te importa su amistad; 
tenia siempre con verdad, 
que es dama de gran porte, 
cuando agradarla te importe, 
muchas veces lo has oído; 
basta que por enemigo, 
me doy de quien no la tiene; 
tanto observarla conviene, 
tanto me ofende su ofensa 
que me ofrezco á su defensa; 
con mi poder soberano 
traerás siempre de la mano 
al buen viejo no dar quejas, 
porque si de li le alejas 
enojaras á Silencio, 
á Modestia y las demás, 
y luego por fin tendrás, 
mil molestias y fatigas; 
más, lo que pases no digas, 
A'lma, sino á Dios no más, 
y tantos bienes verás 
en ti que te maravilles, 
ya te lo dije otra vez. 
Á la hermana Desnudez, 
quiero que estimes y honres 
porque mi esposa te nombres, 
que no lo serás si 'á ella 
no la quieres de manera 
que las prefieras á todas, 
que si te darán licencia: 
no me olvido de Obediencia, 
señora tan principal 
que todo cuanto caudal 
tuvieras Alma, adquirido, 
si con ella no has vivido, 
haz cuenta que todo es nada; 
ella tus faltas repara 
y á tus bienes da valor. 
Oración. Parece ya, gran señor, 

que os esperan con la fiesta. 



26o 



Alma, Ta tengo yo manifiesta 

de vuestra inmensa bondad 
tanta merced; ¡que caudal 
quisiera, para poder 
sabéroslo agradecer 
cual pide tal beneficio! 

Oración. No temas, Alma, es oficio 
que me toca y yo le haré. 

Amor. Ven Alma mía y haré, 

que descanses en mis brazos. 

Alma. Felices y dulces paces 

que en tu servicio he de dar. 

Amor. Ea, ven á descansar; 

llévala pronto. Oración, 
pues que con agrado acudes. 

Oración. Aquí mis madres se acaba 
el coloquio de virtudes. 

Alma. Recibid la voluntad. 

Amor. Y perdonad nuestras faltas, 

que si Amor nos hizo hacerlas 
también sabrá perdonarlas. 



COLOQUIO ESPIRITUAL ENTRE 
EL ALMA Y LA FAZ 



EL ALMA 
LA PAZ 



LA SINCERmAD 
EL CELO SANTO 



El Alma y la Paz. 

eAlma. Yo te respeto y te amo 

como á mi madre y señora, 
y si he replicado agora 
á tus órdenes y gusto, 
no ha sido porque disgusto 
de obedecer puntual. 

Pan^. Quisiera que con amor 

igual me correspondieras. 

íAlma. Quejarte de mí pudieras 
á no haber exprimentado 
mi puntual obediencia, 
y diré con tu licencia, 
que en servirte y estimarte 
no daré ventaja á nadie, 
aunque en lo demás á todos. 

Pai^. ¡Cuántos caminos y modos 
halla siempre la disculpa! 

oAlma. Si amarte tanto no es culpa, 
no la conozco en mí, Paz. 

Pa;^. Quisiérate más capaz 

para enseñarle el camino 
más esencial, más divino. 



y en fin, que guie á la vida; 
que el que llevas, aunque bueno 
no es tan seguro y tan llano. 

oAlma. Llevándome de la mano 
tu cuidado, iré sin miedo, 
sin recelo y sin zozobra. 

Pa;^. Es muy de primor la obra 

que Dios quiere hacer en ti 
y ponésle algún estorbo. 

(íAlma. Como miserable obro, 
pero advertida de ti 
la enmienda ejecutaré. 

Pa!{. Presumo que no podré 
advertirte ni enseñarte 
como conviene y deseo, 
que muy prendada te veo 
de una amistad que es nociva; 
y no sé cómo te diga 
cuanto atrasa tu aumentos, 
cuanto retarda tus dichas, 
ocasiona tus desdichas, 
y nunca podrás medrar 
si no tratas de dejar 
tan necia conversación. 

oAlma. Tiene tan buena opinión, 
amiga Paz, este santo, 
que comunicarle tanto 
se origina de su fama, 
y también porque he sabido 
que admitido han sus consejos, 
los mas doctos y mas viejos 
que más tratan de virtud. 

Pa^. Por lo menos la quietud 

no la podrán alcanzar 
si le comunican mucho. 

(¡Alma. Con gran aflicción escucho, 
no te lo puedo negar, 
que le despreciéis así 
siendo un hombre tan compuesto, 
tan venerable y modesto 
que edifica solo verle; 
y sé yo que por tenerle 
en su casa y á su lado, 
un millón hubiera dado 
una persona muy santa. 

Pax,. ¡Oh! qué poco se adelanta 

tu entendimiento esta vez, 
lo que te impide no ver 
el camino de la Paz 
y tranquilidad divina, 
á que el espíritu inclina 
cuando está muy bien fundado 
en la verdad que le alumbra, 



— 26l 



que esotro modo deslumhra 
y escurece á cada paso. 

(íAlma. Decidme lo que hace al caso; 
es lo que siempre entendí 
del afecto deste homhre. 

Pa;^. Aun siquiera por el nomhre, 

Alma, si advertida fueras, 
conocer quién es pudieras 
y recatarle en efeto, 
porque si es Celo indiscreto, 
nombre y apellido es tal 
que como de un grande mal 
guardarte fuera cordura. 

oAlma. Así tenga yo ventura 
como siempre me pagó 
su santidad, su buen trato. 

Pa^. No te ha salido barato, 
pues te cuesta la quietud 
el escuchar sus razones, 
pues hecha fiscal de acciones 
de tus hermanos, te trae 
en átomos detenida; 
tan triste é inútil vida, 
bien se puede comparar 
con la que suelen pasar 
los soberbios envidiosos, 
que á todos se hacen odiosos 
y á todos cansan y ofenden 
y los aborrecen todos. 

(¡Alma. ¡Qué de suertes, qué de modos 
puede tener el engaño! 
mas por ti en el desengaño 
Paz mía, caminaré, 
y con esto bien podré 
conseguir el ser perfecta. 

Pa^. El ser muy justa y muy recta 
Alma, consiste en la Paz; 
solo conmigo podrás 
llegar al fin que pretendes; 
cuanto has menester entiendes 
si solamente de ti 
vieres defectos y faltas, 
y en los otros solamente 
advirtieres las virtudes, 
no mirando sus defectos. 
Estos todos son efectos 
de espíritu verdadero, 
esencial sólido y puro, 
donde ya la caridad 
vive de asiento contenta, 
que el Celo necio atormenta 
y no te deja gozar 
de lo que Dios suele dar 



oAlma. 



Pa\. 



Sincerid 



(¡Alma, 

Celo. 

Pa!{. 
Sincerid. 



Celo. 

Sincerid. 
Celo. 



al que dejando cuidados 

que no le tocan, atiende 

á conocer de su ser 

la vileza y proceder, 

sin investigar de nadie 

que no le toque, las cosas 

desabridas ó sabrosas, 

quiero decir las perfectas 

ó que lo dejen de ser. 

¡Que tanto mal pueda hacer, 

pesarme que mis hermanos 

no sean en todo buenos 

y advertírselo tal vez! 

nunca presumí tal cosa. 

Acción es dificultosa 

darle el medio que conviene; 

y la medida y sazón 

en tal caso y ocasión 

es lo cierto el excusarlo 

como hace el cuerdo y discreto. 

(Sale la Sinceridad.) 

El señor Celo indiscreto, 

señora Paz, solicita 

con toda su gravedad 

hacer al Alma visita. 

Pienso que ha llegado ya, 

porque anda con grande prisa, 

que el galán que amores pisa 

no tarda mucho en llegar. 

Es el viejo muy brioso. 

Y á mí parece enfadoso 

por lo que la Paz me enseña; 
él entra, quiero callar. 
(Entra el Celo indiscreto.) 
Al Alma quisiera hablar 
en negocios que la importan 
no menos que ser muy santa. 
Lo que fabrica me espanta, 
lo que traza es sin compás. 
Es su ingenio muy capaz 
y dicen que entiende mucho 
de espíritus y virtudes, 
con grande luz y destreza, 
y que si á reñir empieza 
que lo sabe proseguir. 
Yo te quisiera infundir 
un aliento muy fogoso, 
para saber enseñar, 
corregir y amonestar 
sin cesar á lo mejor. 

Y la prudencia, señor, 

¿no será bien que lo temple.^ 
¿Y quien habrá que contemple 
del mundo los desvarios, 



262 



pecados é imperfecciones, 
tanto tropel y ocasiones 
de males despeñaderos 
que á cada paso topamos? 
¿quién tendrá quedas las manos? 
¿Quién callar podrá, si tiene 
del señor conocimiento? 
¿Puede haber mayor tormento 
que tanto imperfecto ver? 
En cierta casa entré ayer 
creyendo hallar gran virtud, 
porque debían tenella, 
y otra cosa no vi en ella 
sino mil imperfecciones. 
Sincerid. ¿Y riñólas su merced? 
Celo. ¿Pues cómo podía ser 
dejarlas de reprender 
tantos defectos y culpas 
teniendo de ellos noticia? 
Sincerid. ¿Pues es el padre Justicia? 

¿Quién le dio cargo de todo? 
¿no hecha de ver que ese modo 
le trae inquieto y sin paz? 
Celo. Como eres poco capaz, 

Sinceridad, no me admiro 
que ignores así el camino 
que ha de andar el siervo fiel. 
Sincerid. Ande su merced por él, 
que á cada paso sin duda 
tropezará en mil errores; 
los mios fueran mayores 
si siguiera su doctrina. 
Celo. Es muy rara y peregrina 

para que el necio la entienda. 
Sincerid. Yo pretendo que la enmienda 
entre primero en mi casa, 
y lo que en las otras pasa, 
no lo quisiera saber, 
que ni me va ni me toca. 
Celo. Tienes tú virtud muy poca 
para que puedas sentir 
de los prójimos el daño, 
y cuanto abraza y consume 
á quien tiene celo ardiente, 
ver perdida tanta gente 
por no atender á su bien 
y andarse tras lo finito 
buscando siempre el encanto. 
Sincerid. Si su merced es tan santo, 
procure con oraciones 
mas que con finas razones; 
en su celda meiidito, 
hablando siempre poquito 



y obrando con humildad, 
alcanzará grandes cosas, 
porque son vanas y ociosas 
otras diligencias. Celo, 
y encarecerte no puedo 
lo que me ofende tu modo; 
tú quieres saberlo todo, 
reñir, juzgar, reprender, 
ajenos delitos ver 
y nunca mirar los tuyos, 
^ más que si inculpable fueras. 
Celo. Si tú mi afecto tuvieras, 
miraras por el decoro 
y honra de aquel gran Señor, 
á quien el vil pecador 
ofende tan sin recelo. 
Pa^. Calla ya, indiscreto Celo 

y conócete á ti mismo. 
Celo, Tengo en mi pecho un abismo 
de congojas y aflicciones, 
porque pecan mis hermanos. 
Q/ilma. JUírate, Celo, á las manos, 

qué son tus obras, y advierte, 
y teme como á la muerte 
mirar las ajenas culpas. 
Pa^. El buscarles las disculpas 

de sus yerros trae la Paz. 
Quilma, El no está deso capaz, 
antes cree que merece 
en entremeterse en todo; 
yo estaba del mismo modo 
descomponiéndolo todo, 
y mucho mas mi interior, 
hasta que tú con amor, 
Paz querida, me advertiste, 
y con tu enseñanza hiciste 
que el Celo indiscreto huyera. 
Sincerid. Cierto es que de otra manera 
sin remedio te perdieras 
y triste vida vivieras 
enfadando á todo el mundo. 
Celo. ¿Hay engaño mas profundo? 
¿que califiquen por malo 
el que tenga sentimiento 
de que mi Dios no sea amado 
como merece y deseo? 
¿Puede haber más triste caso? 
¿Puede hacerse en esta vida 
más terrible desacato 
á tan amable Señor, 
á un dueño tan soberano? 
¡Aquí de Dios, que me obligan 
á que salga de mí pasol 



— 263 



Aquí pierdo en un instante 
cuanto tuviera ganado 
en tantas obras heroicas 
como estoy ejercitando. 
¡Señores, que pierdo el juicio! 

-tyílma. Pues ¿cuándo estuvo ganado? 

Pa\. Templad el tono y la voz. 

Sincerid. ¿Queréis iros más despacio 
en esas exclamaciones? 
Mirad que juntáis el barrio; 
pero esto en nuestra vida 
lo vemos á cada paso. 
Más ruidos habéis movido, 
, comunidades turbado, 
más familias descompuesto 
y discusiones causado, 
que tiená arenas el mar 
y esta tierra tiene partos. 

Celo. ¿A Elias por semejanza 
decís tales desacatos? 

<íAlma. Ese lo es y herejía; 

¿qué decís. Celo, villano? 
El celo que tuvo Elias 
fue muy discreto y muy santo, 
y á los idólatras viles 
persiguió muy alentado. 
Pero vos, con imprudencias, 
de vuestros santos hermanos 
brujuleáis los defectos, 
las virtudes acechando, 
para descubrir en ellas 
si hay algo que no esté sano, 
y luego de unos en otros 
lo vais diciendo y contando. 
Inquietando á vos y á ellos 
sin que de todo este caso 
se saque mayor provecho, 
antes conocidos daños; 
que yo, como exprimentado, 
digo lo que me ha pasado 
cuando necia os escuché, 
que lo tengo bien llorado. 
Y así quisiera que en mí 
escarmienten los mas sabios 
y no se dejen llevar 
de lo aparente y pintado, 
que así engaña y lisonjea 
de vuestro modo afectado, 
de la santidad mentida 
con que encubrís los engaños 
con que paliáis á veces 
inconvenientes y daños. 



Sincerid. Como soy Sinceridad 
ya me lastimo de ver 
al Celo indiscreto triste. 

Celo. Porque el Alma me resiste 
estoy de aflicciones lleno. 

Pa\. Es un nocivo veneno 

andar siempre en inquietudes; 
no se adquieren las virtudes 
á voces y con porfías. 

Celo. Estas son desdichas mías, 

que mis intentos son santos, 
y esto probaré con tantos 
testigos cuantas personas 
ha habido celosas siempre, 
en tan divinas historias 
en el Viejo Testamento 
y el Nuevo con mil glorias. 
Aquel celebrado Celo 
de Finés, ¿quién no le abona, 
con el cual dio muerte á dos 
con su espada vengadora? 

Sincerid. Por vuestra vida, don Celo, 
que no refiráis agora 
sin propósito ni causa 
las tragedias lastimosas, 
de ahora cincuenta mil años. 
Comadnos de las piadosas, 
pacíficas y quietas, 
humildes y fervorosas, 
que mirándose á sí mismas 
nunca miran á las otras. 
Y siempre fue más seguro 
en esta cuestión dudosa 
juzgar que la otra es santa 
y que yo soy pecadora. 
Porque en celos necios siempre 
nos ha dicho la experiencia, 
que en lugar de edificarla 
se destruye una conciencia. 
Pcí^. Y con buenas intenciones 

sin la prudencia miradas, 
y ejecutadas sin modo, 
se han hecho más desatinos 
que puede decir un loco. 
Celo. Todo lo tengo en muy poco 
y estoy de mí tan pagado, 
que mi camino sin duda 
le tengo por acertado, 
y amando á Dios, que es tan bueno, 
¿quién deja de procurar 
que no tenga nadie faltas? 
Sincerid. Vaya su paternidad 

y súbase luego al cielo, 



que en esta vida mortal, 
si bien es grande trabajo, 
culpas no pueden faltar, 
y querría yo saber 
si con toda su bondad 
juzga de sí no las tiene, 
que no querría yo más 
para decir con mil ganas 
que es mentira y falsedad. 

Celo. No digo yo que soy bueno, 
pero acreditando están 
mi persona, mis intentos, 
que sin torcimientos van 
á buscar de Dios la honra. 

sAlma. La vuestra buscando vais, 
porque Dios se glorifica 
que en solo callar y amar, 
obedecer y sufrir 
el fundamento pongáis. 

Celo. Hablar con quien no lo entiende 
es lo mismo que no hablar; 
las cosas altas y raras 
de vuelo se pasarán 
á los talentos muy cortos; 
los presentes lo serán. 
Por la parte que me toca, 
muy agradecido está 
el favor; mil años viva 
talento que es tan cabal. 
Calla, no hables en eso, 
que se ofenderá la Paz, 
y aun á ti misma te agravias 
siendo la Sinceridad. 
Es que hablaba yo de gracia. 
Cuando es la materia tal 
ni aun por gracia se hable en ello, 
que siempre parece mal. 
Cuanto dicen son delirios; 
yo espero á ver si podrá 
el Alma, que está engañada, 
reducirse á mi verdad. 
Quiero probar con halagos, 
aunque me parece mal, 
que lo rígido y lo serio 
es lo que conviene más, 

Sincerid. Alma, que á halagarte llega. 

eAlma. Con algún bastón será; 

yo con la Paz me defiendo, 
no se me aparte jamás; 
no quiero más inquietudes 
por las ajenas virtudes; 
no tengo más de un negocio; 
dense al trabajo y al ocio 



Sincerid. 



«Alma. 



Sincerid. 



Celo. 



264 — 

cuantos en el mundo viven, 
pues que no están á mi cargo, 
y sólo de mi descargo 
me toca agora cuidar. 
De lo demás descuidar 
como si sólo en el mundo 
viviéramos Dios y yo. 
¿Quién á mi cuidado dio 
las almas de mis hermanos? 
Estén enfermos ó sanos, 
yo cuide de mi salud 
y mi bien espiritual, 
porque si yo fuere tal 
cual debo y deseo ser, 
la oración alcanzará 
para todos muchos bienes. 

Celo. Dime ¿por qué te detienes 
y no sigues mis consejos 
y los desprecias y olvidas 
sin atender á tu bien? 
¿Por qué tratas con desdén 
á quien siempre ha procurado 
que seas perfecta y santa? 
Qué poco que se adelanta 
tu fervor, pues ya te olvidas 
tus prójimos y me obligas 
á que llore el que te pierdas 
si á oirme no te resuelves, 
y á ayudar á tus hermanos 
con muchas exhortaciones 
y severas reprensiones 
y discretas advertencias. 
Perdiste cuanto ganado 
tenías, cuando los dos 
hacíamos tanta hacienda. 

Apetito. Aunque la Paz me reprenda 
tengo que reñir con él; 
dime, necio, di cruel, 
¿qué ganancia tuve yo 
cuando contigo vivía? 
¿Tuve noche, tuve día 
que la pasase con gusto? 
Un continuado disgusto 
con tus celos é inquietudes, 
unas soñadas virtudes 
sin ningún ser ni sustancia. 

Sincerid. Y con pertinaz instancia 
cansando á lodos sin tasa, 
¿hubo convento ni casa 
recogimiento, hospital, 
que no recibiese mal 
todas las trazas, quimeras, 
que fabricó tu discurso 



265 — 



é indiscreto ejecutar? 
No me quisiera acordar 
de los males que has causado 
como necio porfiado, 
como presumido y loco. 

Alma. A cólera me provoco 

sólo en pensando los daños 
que ha ocasionado lu celo 
é indiscreto desvarío, 
y harto grande fuera el mío 
á no estar escarmentada, 
advertida y deseosa 
de no mirar jamás cosa 
que no eche á buena parte. 

Pa¡{. Toda la ciencia y el arte 

para conseguir dichosa 
la amada tranquilidad 
que los santos tanto aprecian 
y por ella se desprecian 
como la cosa mas vil, 
está sola en presumir 
que eres peor que todos 
y que te llevan ventaja; 
con este estimarte baja, 
como de verdad lo eres, 
subirás cuanto quisieres, 
y tanto descollarás 
que te unas al más alto, 
viviendo sin sobresalto 
de poder caer de ahí; 
quiero decir, mientras vivas 
en tu nada sepultada, 
en tu miseria enterrada 
con profunda comprensión, 
sin que la vana opinión 
haga ya impresión en ti, 
y la de todos así 
crezca y se descuelle más; 
siempre alabarlas podrás 
con sumo gusto y aprecio, 
que en faltando el Celo necio 
te parecerá muy bien 
cuanto dijeren y obraren. 

Sincerid. Por siempre jamás, amén. 
Parece que has predicado, 
Paz mía, con gran fervor; 
bendígate aquel señor 
que te me dio á conocer. 

Alma. Grande bien nos quiso hacer. 

Celo. Inteligencia he tenido 

que en cierta comunidad 
se concierta un grande mal 
que ha de hacer riza y extrago. 



Sincerid. ¿Pues quién te trajo esa nueva 
de tanta pena y dolor.-* 

Celo. Mi espíritu y grande amor 

de mis prójimos y hermanos 
que me hacen morir en brasas. 

Pa;^. Por cierto que tú lo pasas 

con grande penalidad 
é inútil trabajo siempre. 

Celo.' ¿Es posible que consienta 
el prior cosa como esta? 
que no tiene celo muestra; 
no le han dado más, ¡Jesús! 
Dios le dé del todo luz 
para que rija los frailes 
con vara de hierro fuerte; 
el lego merece muerte 
ó si no cárcel perpetua. 

Sincerid. ¿Han visto lo que se inquieta? 
Consigo solo está hablando. 

Celo. Él lo está considerando 
y con eso se destruye. 
Porque el mozo en tanto huye 
y queda el castigo en calma. 

Sincerid. Atiende que dice el Alma; 
en castigos y en prisiones, 
sus mal formadas razones 
están agora entendiendo. 

Celo. Que esté el marido vendiendo 
su pobre mercadería 
y su mujer sin tomar 
la rueca ni la almohadilla, 
¿quién no se pudre y aflige 
que su amo no corrige 
á un criado tan ingrato? 

Sincerid. ¿Si tendrá también el gato 
su culpa y su corrección? 

Celo. Ya se perdió la ocasión 
y no podrá la abadesa 
disciplinar á la monja; 
todo el diablo se lo lleva. 

Sincerid. Antes te lleve con ello, 

que no harás falta ni mengua 
en esta ni en otra parte. 

Celo. Perdiendo estoy la paciencia; 
atado estoy sin poder 
discurrir como quisiera, 
que se pierden sin remedio 
sin que queden ya en la tierra 
sino mi celo y mi amor. 

Sincerid. Bien se le luce á la negra 
y triste tierra, que vos 
sólo estáis en su defensa; 



266 



pobre siglo que ha venido 
sin que otro reparo tenga. 

Pa!{. Menester es remediar 
con alguna grave pena, 
ó curar con medicinas 
locura tan estupenda. 

Alma. ¿Qué remedio tomaremos 
para que sane de lepra 
tan grande y perjudicial 
que inficiona á cuanto llega? 

Sincerid. Aunque se juntasen hoy 
Hipócrates y Avicena, 
el gran Galeno, Esculapio, 
y diesen cuantas recetas 
y aforismos sin cesar, 
no sanarán los que tengan 
enfermedades ó achaques 
de tan nociva dolencia. 

Alma. Pues en fin, ¿qué se ha de hacer? 
¿Hemos de querer que pierda 
lo poco que le ha quedado 
de juicio en esta materia? 

Paí^. Yo le aplicaré remediy, 

no digo porque él le tenga, 
que siendo tan imposible 
en pertinacia tan necia, 
demás de gastar el tiempo 
en tan inútil empresa, 
fuera desacreditarnos 
si alguna lo pretendiera. 
Pero en fin, para ausentarle 
y echarle de nuestra tierra, 
yo discurriré después 
lo que en todo más convenga, 
para que quietas estemos 
pacíficas y contentas. 

Sincerid. ¡Qué pensativo que está 
fabricando sus quimeras! 
ni nos mira, ni nos oye; 
¡Dios por quien es del se duela! 

Celo. Si, sí: buen medio será 

el partirme yo á la guerra, 
á mirar si los soldados 
bien las órdenes observan 
que les dá su Capitán; 
que Será cosa muy fea 
ver que en la milicia falta 
en su modo, la obediencia. 

Pax,. Que no es faltarle muy poco; 

ya de necio ha dado en loco. 

Alma. ¡Notables aprehensiones! 

Sincerid. Esto es dejar al principio 
sin castigo las pasiones. 



Sincerid. 



Celo. 
Sincerid. 

Celo. 

Sincerid. 
Celo. 



Sincerid. 



Celo. 

Sincerid 
Celo. 
Sincerid 
Celo. 



Per;. 
Alma. 

Celo. 



Este pobre, por dejarse 
con buena intención sería 
llevar de su condición, 
sin buscar consejo ó guía 
que le ofrecías tú, Paz, 
con tanto agrado y caricias. 
No se vio igual compasión. 
Quiero seguirle el humor 
para entretenerme un rato. 
Demos esto de barato 
de cuanto hemos padecido 
con todas sus barabúndas. 
Yo no sé en lo que te fundas 
en no ir á misa temprano. 
¿Quién es ese mal cristiano • 
que no acude como debe 
á tan gran obligación? 
Bien hayas tú que así vuelves. 
Este es un Regidorcico 
de unos catorce años, 
y solía ser bonico. 
¡Oh, qué males tan tamaños! 
¿Pero cómo lo has sabido? 
Hámelo dicho un criado 
que es cierto muy á mi modo; 
siempre me lo cuenta todo 
cuanto ha pasado en su casa, 
y lo que en las otras pasa, 
que es muy santo y muy celoso. 
Ese es caso milagroso 
que diga lo que en sus casas 
hacen todos los vecinos. 
Tiene modos peregrinos 
para inquirir y saber. 
Muy sabio debe de ser. 
Trata conmigo, ¿pues no? 
, Pues también lo seré yo. 
Eres muy liana y sencilla 
y aun no creo que me hablas 
con amor y con lisura, 
que es muy poca mi ventura; 
casi todos me aborrecen. 
Cuanto tus delitos crecen, 
tanto de tiempo perdemos. 
Déjale, que por lo menos 
no hace en otra parle mal 
y excusamos disensiones. 
Notable obstáculo pones 
para que con más decencia, 
más culto y más reverencia 
se celebren los oficios. 
En una iglesia tan grave 
no lo tengo de sufrir, 



Sincerid. 



Á lina. 
Sincerid. 



Paz. 



antes lo pienso escribir 

luego al punto á Su Eminencia. 

S ¡icerid. ¿Quién provoca tu paciencia 
é inquieta tu gravedad? 

LlIo. Una muy grande maldad 
que se ha cometido cerca 
desta insigne villa y Corte, 
en una pequeña aldea; 
unos órganos muy lindos 
que había para las fiestas, 
estaban llenos de polvo 
y sin ninguna cubierta. 
¡Válgame Dios, qué desgracia! 
¡no hay consuelo para ella! 
Bueno va de disparates, 
Dios componga tu cabeza, 
y rogando por nosotras 
nos fortalezca las nuestras. 
No sé que se pueda hacer. 
Yo daré una traza buena, 
¿no dicen que hay en Madrid 
casa de locos muy buena? 
Pues enviémosle allá. 
Pero aunque se ha vuelto loco 
con ellos tendrá contiendas; 
dejad á los pobres locos 
con su desgracia y miserias, 
que sin duda crecerán 
con compañía como esta. 
Cierto que has dicho muy bien; 
aun el loco hallará pena 
con un Celoso ignorante 
que la ventaja le lleva. 
En fin, ¿qué habemos de hacer? 
¿no hallas á donde puedas 
acomodar para siempre 
un hombre de tantas prendas? 

Paí;. Poique son tantas y tales 

no está, ni con muchas leguas, 
fácil la estancia que darle 
que á propósito lo sea; 
¿quién habrá que le reciba 
ó que consigo le tenga? 
Pues ha de reñir á todos 
en entrando por la puerta, 
en advirtiendo la falta. 
Alma. También aunque no la tenga 
y si fueren las personas 
muy medidas y compuestas, 
no se librarán por eso 
de una corrección severa. 
También en todos estados 
de casadas y doncellas. 



Alma. 



Sincerid 



— 267 — 

de monjas y frailes, pues 
con estos siempre las riñas 
más airadas y sangrientas; 
ya si no son observantes 
y si lo son también cela, 
si rezan, que rezan mal, 
si no rezan, eso cela; 
de todo un pleito levanta 
y con nada se contenta. 
Sincerid. Estamos que no sabemos 
qué hacer de su reverencia; 
señor don Celo indiscreto, 
¿un consejo no nos diera, 
por qué en su casa ninguno 
recibirle en ella quiera? 
Estar en esta no es 
para nadie conveniencia; 
á usted porque no se halla 
con gente que no pelea, 
y á nosotros por tener 
las cabezas muy enfermas, 
con que nos tiene este caso 
con grande cuidado y pena; 
díganos su parecer, 
así halle quien le quiera, 
quien le sufra, quien le escuche, 
que hará grande penitencia. 
Celo. ¿Eso se ha de preguntar 

á un hombre de tantas prendas? 
¡Oh! el mundo se acaba ya, 
pues vemos señales ciertas, 
que aunque no es nuevo en el mundo 
el que la virtud padezca, 
señales del juicio son, 
pues que nada se reserva 
del Celo al ardiente brío 
de la observancia primera; 
al que siente como debe 
de Dios todas las ofensas, 
al prototipo de Elias 
que viene por línea recta 
de Fines y Matatías. 
Sincerid. Venga usted enhorabuena 
de todos esos señores, 
que con tal sangre en las venas 
no era mucho que quisiera 
que todo ser pereciera. 
Cierto que usted es muy honrado 
si tiene tal ascendencia. 
Alma. ¡En buena nos ha metido! 
Sincerid. Levantado hemos cantera. 
Celo. ¡A mí echarme de su casa! 
el Alma que sin mí queda. 



268 — 



^qué ha de hacer sino perderse 
sin Celo jjquién la despeña? 

Pai{. Grande trabajo tendrá 

si le fallan las pendencias. 

Celo. ¿Y los méritos, señora, 

que gana el que siempre cela? 

Pa\. Mejor dirás los que pierde 

con andar continuo inquieta, 
pero al fin yo determino, 
que soy la Paz verdadera, 
que tú no quedes en casa, 
y que el alma no te vea, 
no te sustente ni admita 
por un instante siquiera, 
y no hay réplica ninguna 
que ya de importancia sea, 
porque lo tengo mirado 
con toda cuanta advertencia 
he sabido, y así estoy 
en esta ya muy resuelta; 
mira cuando quieres irte 
porque al punto se prevenga 
lo necesario al viaje 
porque vayas con decencia. 

Sincerid. Mire usía signore, coche, 
caballo, muía ó litera 
escoja á su voluntad, 
que está muy pronta la nuestra 
á darle cuanto pidiere 
porque se vaya y no vuelva» 

Celo. En postas caminaré 

por llegar presto á esa tierra, 

que estará necesitada 

de quien la cele y advierta. 

Sincerid. Habla usía como quien es; 
está esperando sedienta 
á que la dé unos palos 
con sus palabrazas secas. 

Celo. Ella estará deseosa 

de mi corrección severa, 

que no todos son ingratos 

que han de aborrecer quien lleva 

ánimo de corregirles 

y procurarles la enmienda. 

Sincerid. Como allá en Berbería 
ó en Etiopia, prevenga 
correcciones á costales 
ó á carros, enhorabuena, 
y cierto que hará una obra 
de caridad muy acepta, 
si fuere á ver si el gran turco 
pone el turbante á derechas, 
^ i mirar si el preste Juan 



guarda en la risa modestia, 

y si las genuflexiones 

con puntualidad atenta 

las hace como debía 

el gran Tamorlan de Persia. 

Y si no hacen estas cosas 

con espíritu y decencia, 

obra será meritoria 

el quebrarles las cabezas. 

Celo. De todo estoy advertido, 
mi cuidado en todo piensa 
y nada puede omitir 
el Celo que me atormenta. 

Sincerid. Enhorabuena, señor, 
viva con esa pelea, 
pues él en ella se mete 
sin obligación que tenga. 

Pa\. Es muy justo que quien busca 

sin grande ocasión la guerra, 
en ella muera infeliz 
sin que lástima le tengan. 

Alma. ¡Oh, dichosísima Paz! 

quien te busca y te desea, 
ya tiene gajes de gloria 
y ya huella las estrellas; 
no mas mirar en las otras 
faltas grandes y pequeñas. 
En las mías ser un lince 
sin ojos en las ajenas; 
al contrario solía ser, 
pues con tan poca advertencia 
era un Argos para todos, 
sin que excepción admitiera, 
y para mí tan sin ojos 
como si no los tuviera. 

Pa\. Gracias al que quiso darte 

la luz en esas tinieblas. 

Alma. Bendito y glorificado 
por eternidades sea, 
que esta ciencia me ha enseñado 
á ver sólo mis miserias. 

Sincerid. No te ha hecho poca merced. 

Alma. Mas mi Alma la venera 
que los éxtasis y arrobos 
que tanto todos celebran, 
y cuando yo miserable 
tales dones mereciera, 
le suplicara rendida 
y con humilde obediencia, 
me conmutara el favor 
de grandes inteligencias, 
en saber conocer bien 
mi nada y propia bajeza. 



269 — 



Pa^. Eso es lo cierto y será; 

lo demás es peligroso. 
Sincerid. Entiendo que escrupuloso 
está don Celo indiscreto 
por la plática de agora. 
Celo. Todo mi sentir ignora, 

que yo estoy considerando 
lo que cierto está pasando 
en el Colegio Imperial. 
Que el sacristán ha hecho mal 
y no anduvo reverente, 
pues pasando por enfrente 
de la capilla mayor, 
pasó como si pasara 
por su celda ó aposento. 
Sincerid. ¡Y aquesto le dá tormento! 
Celo. Me traspasa el corazón. 
Sincerid. Con grandísima ocasión; 
no se oye mayor maldad, 
pero siempre la comete 
todo humano sacristán, 
y tienen Breve del Turco 
para no hacer reverencias. 
Sinceridad, ¿en qué piensas 
que no vas á prevenir 
la jornada sin tardanza? 
Pa\. Esto es de suma importancia; 

no te entretengas agora. 
Sincerid. Iré corriendo. Señora 

y aun volando si pudiera, 
que á trueco de que se fuera 
no habrá cosa que no intente. 
Pa^. Espera, que de repente 

se me ofrece que buscar 
será bien dos hombres fuertes, 
que nos le saquen de casa 
porque no haga resistencia. 
Alma. Señora, con tu presencia 

¿cómo podrá porfiar? 
Sincerid. Mejor será asegurar 

no nos dé de mogicones, 
que el quitar las ocasiones 
siempre fué muy acertado. 
Celo. En el frenesí que ha dado 
de querer vivir sin mí, 
¡pobre alma! ¡Sinceridad 
para sus tristes hermanas 
que se pierden sin remedio! 
Sincerid. Ponte tú, Paz, de por medio 
cuando quiera ya partirse, 
no sea que de su mano 
me dé alguna triste prenda 
para que pueda acordarme 



Alma. 

Pa^. 
Sincerid. 



Pa^. 



Sincerid 



Alma. 



Sincerid. 



Pa\. 



Sincerid. 

Pai{. 
Sincerid. 



de su mercé aunque no quiera. 
Temblando de miedo estoy 
y en el pulso intercadencias 
tengo, juzgándome ya 
ó descalabrada ó muerta. 
Si te acompaña la Paz, 
Sinceridad, no le temas. 
¿Buscastes los hombres fuertes? 
Sí señora, y á la puerta 
están cierto muy alegres 
de sacarle desta tierra. 
¿Supiste cómo se llaman? 
porque los nombres convengan 
con lo que han de ejercitar 
porque apropósito sean; 
¿buscaste los que te dije? 
. Los mismos, y ojalá fueran 
muchos más, porque mi miedo 
un ejército quisiera; 
¿si me sacará los ojos? 
¿Si me arrancará las muelas? 
Presumo que ya mis miembVos 
mutilados se presentan, 
y el Señor que me los diera 
recíbalos su clemencia. 
Ya miro el triste cadáver 
que yace sobre la tierra, 
siendo pasto de las aves, 
ó de la sangrienta fiera. 
¡Ay de mí! ¿qué puedo hacer? 
Sinceridad, ¡si no entran! 
¿por qué temen esos hombres 
deste otro la braveza? 
Son ellos cuerdos, sin duda, 
porque llevarán si entran, 
lo que aquesta desdichada 
con tanto temor espera. 
No es por temor el entrar, 
que no es posible que tenga 
el conocimiento propio, 
miedo á nada que no sea 
el salir de conocer 
su nada con tal certeza; 
pues el otro que es muy noble 
tampoco es justo que tema, 
que siendo el propio desprecio 
no habrá nadie que le ofenda. 
Un inconveniente hay 
para que llevarle puedan. 
¿Cuál es? 

Ser mudos los dos, 
que yo lo he visto en las señas. 



— 270 — 



Alma. 



Sincerid 



Celo. 



Sincerid. 
Celo. 

Sincerid. 
Pa!{. 



Sincerid. 



Pa^. 



Alma. 
Celo. 



Sincerid. 



¿Qvíé importa que sean mudos? 

ellos harán su obediencia. 

El propio conocimiento 

y el desprecio propio aciertan 

para mirarse mejor 

con alta y sabia prudencia; 

siempre añadirán de ojos, 

lo que les falta de lengua. 

¡Oh! que linda añadidura 

si el divino Provisor 

por dicha á mí me la diera! 

Mas la quisiera en mi plato, 

que la ración más entera; 

si de los que has escogido 

que le saquen desta tierra 

él se acompañara siempre, 

sanara de su dolencia. 

¿Qué dolencia tengo yo? 

Vosotras sois las enfermas, 

no sólo en la voluntad; 

del entendimiento ciegas 

desterráis de vuestra casa 

quien la defiende y la cela. 

Ya escampa, señoras mias; 

no hay sino prestar paciencia. 

Yo no lo siento por mí, 

mas me duelen vuestras menguas, 

que á mi persona con ansia 

en muchas partes esperan. 

Pues si os esperan, señor, 

al martirio se prevengan. 

Yo le veo pertinaz, 

sin esperanza de enmienda, 

y por eso doy agora 

difinitiva sentencia. 

Escribe, Sinceridad, 

y el Alma esté muy atenta. 

Aquí está tintero y pluma 

bien cortada, y bien ligera 

la mano para escribir 

una tan justa sentencia. 

Escribe, que desterrado 

el Celo indiscreto sea, 

á las islas más remotas, 

inhabitables y yermas, 

sin poder jamás vivir 

donde haya gente discreta. 

Grande aunque justo castigo. 

Muy grande castigo fuera 

sino supiera yo hacer 

entendidos con mi ciencia. 

Necios dijeras mejor. 



Pa^. Prosigue y no te detengas; 

que en monasterio jamás 
entrar, ni aun mirarle pueda. 

Celo. Deso no se me da nada 

pues que no he menester puertas, 
además que á mí las monjas 
y los frailes, con presteza, 
como sin mí no se hallan, 
me buscarán donde quiera 
que estuviere, aunque del mundo 
salido una vez hubiera. 

Alma. Para todo halla salida. 

Pa\. Yo me huelgo que la tenga, 

que en su fantasía solo 
tienen ser ya sus quimeras; 
y no escribas más, pues basta 
que él aquestas cosas sepa; 
¿qué orden llevarán los dos 
que en su compañía lleva 
para que le acaben luego 
que vean que no se enmienda? 

Sincerid. ¿Entrarán estos señores? 

Pa^. Entren muy enhorabuena. 

Sincerid. No son sordos, aunque mudos. 

Alma. Nunca lo fué la Obediencia. 

Sincerid. Entren señores hidalgos. 

Alma. ¡Con qué despejo que entran! 

Pa\. Asidle y llevadle fuera. 

Celo. Yo me iré sin tanta fuerza, 
que harto deseo ya irme 
donde ejercitar pueda 
en reñir con gran coraje 
todo lo malo que vea. 

Sincerid. ¿Ven, cómo se va enmendando? 

Pa^. Salga sin tardanza fuera. 

Celo. Dichoso yo que me voy, 
é infelices los que quedan, 
sin quien riña y sin quien vea 
todo lo malo que hacen. 

Sincerid. Su reverencia descuide 
que primero faltará 
la comida y aun la cena. 

Pa^. Ya nos detemos mucho, 

perdonen sus reverencias. 

Alma. De los hierros del coloquio 
pide perdón Sor Marcela 
para lo representado, 
que está sin dientes ni muelas. 

Pa\. Para lo escrito, que estaba 
con gran dolor de cabeza; 
además, que es ya la pobre, 
caduca como tan vieja. 



Sincerid. Pero amaros y serviros, 

aunque á serviros no acierta, 
siempre lo desea y tiene 
un ansia muy verdadera. 

Pa^. A todas el cielo guarde 

haciéndolas muy perfelas, 
y el Celo indiscreto, madres, 
en ninguna, que se vea. 



COLOQUIO ESPIRITUAL 
DE LA ESTIMACIÓN DE LA RELIGIÓN 



El. MUNDO 
LA RELIGIÓN 



LA VERDAD 
EL ALMA Y 



LA MENTIRA 
Salen el Alma y la Verdad. 
Alma. Bien sé, Verdad, que te debo 
mucho amor y beneficios, 
y conozco los oficios 
de piedad que usas conmigo; 
sé que por ti, por amigo 
tengo al Señor Soberano; 
que no hay propio ni hay extraño 
que por ti no me haga bien. 
Mil gracias. Verdad, te den 
mis potencias y sentidos; 
ellos están advenidos 
y recogidos están; 
después que me comunicas 
todos los bienes me aplicas, 
no hay dicha que no me venga; 
quiera Dios siempre te tenga 
á mi lado y en mi casa. 
Verdad. Quedo, adelante no pasa 

ni encarezcas mis servicios, 

que todos son beneficios 

que debes agradecer 

al Señor que te dio el ser 

y una buena voluntad 

para saberme buscar 

con tanto afecto y cuidado; 

por su gracia me has hallado 

y me sabrás conservar; 

así, para procurarlo 

con afecto y con desvelo, 

echar la Mentira luego 

de casa sin dilación, 

la primera prevención 

para guardarme ha de ser; 

es perjudicial mujer 

y mi mortal enemiga; 



271 — 

por más que yo te lo diga 
no podrás. Alma, creer 
el mal que te puede hacer 
en todas tus pretensiones, 
y si á tu lado la pones 
dame por ida de aquí; 
así te lo'prometí 
cuando me fuiste á buscar. 
Alma. Gran pena me ha de costar, 
Verdad amiga, el echarla; 
¡ay! quién pudiera ocultarla 
sin que Verdad lo supiera! 
que es criada muy antigua 
y me ha servido con ley. 
Verdad. Alma, no lo piensas bien, 

que no la guarda con nadie; 
es su condición mudable, 
es todo su trato doble, 
busca al rico, deja al pobre, 
y no tiene caridad; 
aborrece la amistad 
que se funda en la virtud, 
es amiga de inquietud, 
y es de la paz enemiga, 
nunca á seguirla se inclina, 
antes huye si lave, 
ni guarda leyes ni fe, 
toda engaños y mudanza. 
Alma. ¡Qué poco. Verdad, alcanza 

quien no atiende á tus razones! 
en gran confusión me pones; 
veo que eso me conviene, 
y soy de tal condición 
que de pura compasión 
de haberla de despedir 
estoy que casi el morir 
no sé que sintiera más. 
Verdad. En notable engaño estás 
si dices que es compasión; 
¿no tomas resolución 
en despedir la Mentira 
loca, vana y fementida 
y que te da mil pesares.'' 
en sus deudos no repares, 
que son viles y apocados; 
dicen que de los pecados 
su linaje se compone. 
Alma. No habrá nadie que la abone 

siendo tal su descendencia. 
Verdad. Yo con tu buena licencia 
quiero decirte, su padre 
y la madre de su madre, 
porque á temerla te inclines. 



— 2^2 — 



Alma. Sus principios y sus fines 

deben de ser de una suerte. 
Verdad. Ella condena á la Muerte 
á quien la sigue y codicia, 
no es creíble su malicia, 
sin que sea testimonio; 
ella es hija del Demonio, 
á quien más estima y quiere; 
por ella siempre le adquiere 
el caudal de que más gusta. 
Alma. ^Quién se la mira tan justa 
vendiéndosenos por santa? 
jCómo deso se adelanta 
su fingido proceder? 
¡Que esto pudo suceder! 
¡Que aquesta tan vil mujer 
haya tenido en mi casa! 
El justo enojo me abrasa 
y en cólera me deshago; 
cierto es que me diera el pago 
si más la tuviera aquí; 
todo te lo debo á ti; 
¡oh. Verdad, cuan obligada 
me tienes, y cuan prendada 
tu discreción y valor! 
Sólo podré con amor 
satisfacer tanta deuda; 
y Mentira se prevenga, 
que no la tendré una hora 
en mi compañía más. 
Verdad. Presumo que no podrás, 

porque hará tantos enredos 
que del todo no se irá. 
Alma. A mis manos morirá 
si resistirse intentare. 
Verdad. Pues ¿si ella no se quedare 
por algún tiempo contigo? 
Alma. Saldrá como te lo digo. 

Verdad, no me aflijas tanto. 
Verdad. Digo que se pone el manto; 

Alma, no tengas enojos. 
Alma. No te vean más mis ojos, 

traidora Mentira, más. 
Verdad. Digo que mucho podrás 
si como lo dices obras; 
conmigo crédito cobras 
muy grande si la despides 
y nunca más la recibes 
ni aun para breve visita. 
Alma. A enfado me solicita 

ver cuan poco de mí fías. 
Verdad. Que fío poco no digas, 
que temo á Mentira di, 



Alma. 
Verdad. 

Alma. 
Verdad. 



Alma. 
Verdad. 

Alma. 

Verdad. 
Alma. 

Mentira 



que el apartarla de ti 

lo ha de sentir con exceso. 

¿Y la he de sufrir por eso, 

tal cual tú. Verdad, la pintas? 

Mis palabras son sucintas, 

hipérboles aborrezco, 

y el crédito te merezco, 

pues sabes cuan puntual soy. 

En fin, quien es la Verdad, 

claro está que no me engaña; 

que se irá te desengaña, 

aunque me cueste mi hacienda. 

¿Qué es la hacienda y aun la vida? 

Détela Dios muy cumplida 

por valor tan singular; 

mucho. Alma, te ha costar 

despedir á la Mentira, 

bien es que estés advertida 

para lo que sucediere. 

¿Que tanto una mujer pueda 

de tan baja condición? 

Es por engaño y traición 

en lo que sus fuerzas funda 

y en lo que pone su mira. 

No digas más, que Mentira 

viene. 

Repórtate pues. 

¡Qué disimulada es! 

¡Dios te acabe y te destruya! 
. Verdad procura que huya 

de mí el Alma, y no podrá; 

que con ello no saldrá 

puede tener por muy cierto; 

que nada la esté encubierto 

es lo que me aflije más; 

¡que no se aparten jamás! 

¿Qué haré para que las dos 

riñan y se aparten luego? 

quiero prender un gran fuego 

de discordia y pesadumbre. 

¿No es aquesta la costumbre 

heredada de mi padre, 

el Demonio? ¿Y no es mi madre 

tan noble como hermosa, 

la Soberbia? ¿Ha de haber cosa 

en que haile dificultad 

para echar á la Verdad 

desta casa y aun del Mundo? 

En mucha razón me fundo, 

pues ella desea y quiere 

destruirme, y se prefiere 

á mi nobleza y poder; 

como si pudiera ser. 



- 273 — 



Verdad. 
Alma. 
Verdad. 
Mentira. 

Alma. 
Mentira. 



Alma. 



Mentira. 



siendo á mí tan desigual, 

mujer de poco caudal, 
que nadie la eslima ó precia; 
todos la tienen por necia 
y la muestran mala cara; 
ella en esto no repara, 
y los cansa é importuna; 
bien la sigue la fortuna, 
que hartos trabajos padece; 
pero ella se lo merece, 
pues á nadie gusto da 
y conmigo mal está, 
siéndome en todo contraria 
y mi mortal enemiga, 
que si se hiciera mi amiga 
con todos tuviera entrada 
y la recibieran bien. 
Trátame con gran desdén 
y con un desprecio tal, 
que he de hacella cuanto mal 
cupiere en mis fuerzas todas. 
^•A decirla te acomodas 
que salga luego de aquí? 
¿Pues no será bien que así 
entienda que sé quien es? 
iVluy determinada estás, 
pero yo lo veré ahora. 
¿Con Verdad estás, señora? 
en hora buena las dos 
unidas estéis y Dios 
os guarde como deseo. 
¡Oh villana! no te creo, 
que eres fingida y traidora. 
¿Qué es aquesto, mi señora? 
¿por qué estás tan enojada, 
la hermosa cara turbada, 
inquieta tu gravedad? 
Sin duda que algún gran mal 
te han dicho de mi inocencia, 
y con tu buena licencia, 
es la señora Verdad, 
que tiene pasión conmigo, 
ó algún mortal enemigo 
te ha dicho algún testimonio. 
Si eres hija del Demonio, 
¿quieres, traidora fingida, 
que sea de ti servida 
y que te tenga en mi casa? 
Bueno está ¡que aquesto pasa! 
¡Qué luego lo presumí, 
que por envidia de mí 
tales enredos dirían, 
y que pena le darían 



Alma. 
Mentira 



Verdad. 
Mentira. 

Alma. 
Mentira. 
Alma. 
Verdad. 

Mentira. 



al ángel de mi señora! 

Esto es lo que siento ahora 

más que mi deshonra y mengua. 

Calla, mentirosa lengua, 

y acaba ya de adular. 

Con qué aflicción y pesar 

estoy de verte con pena; 

el bello rostro serena, 

que estás inquieta y turbada, 

y en estando sosegada 

di lo que fueres servida 

que no habrá quien te lo impida; 

tu sierva soy, y rendida 

me tienes, alma querida; 

no me arrojes de tal suerte, 

que me causarás la muerte, 

y soy tu hechura y esclava. 

En lo que haces repara; 

no la escuches ni la creas 

que á destruirte camina. 

¿Cómo á piedad no se inclina 

tu apacible condición? 

¡que por una vil traición 

me aflijas y me consumas! 

Aplacarme no presumas, 

que tengo mucha razón. 

Sosiega ya el corazón, 

pues tienes tanta nobleza. 

A despedirte ya empieza 

de tus compañeras presto. 

¡Que no haya remedio en esto! 

¡Que se ha de quedar en casa 

la Mentira! ¿Hay tal pesar? 

sin duda me ha de matar, 

eso procura y pretende. 

Que mal que Verdad lo entiende; 

en todo engañada está, 

y á mis padres no conoce; 

así tu beldad se goce, 

que fueron muy principales 

y de lindos naturales 

con virtudes excelentes, 

y todos cuantos parientes 

he tenido son honrados 

y por todos estimados 

de lo mejor de la corte; 

mis tías son de gran porte, 

casadas con caballeros 

principales y muy ricos, 

y esto los grandes y chicos 

lo saben y lo pregonan; 

calidades son que abonan 

á quien tienes á tu lado, 

i8 



— 274 



Mentira. 



Verdad. 



y el crédito que me han dado 
todos los que me conocen, 
merece que me le des 
y no creas á envidiosos. 

Alma. Siempre me fueron odiosos, 
siempre los aborrecí, 
y si ahora crédito di 
fué porque Verdad lo dijo, 
de grande bondad y ser 
y á quien siempre he respetado. 
Pues por eso te ha engañado 
diciéndote mal de mí, 
porque cuanto la serví 
me paga con obras tales. 
¡Oh engaño de los mortales! 
ya la Mentira la vence; 
ni la Verdad la convence, 
ni hay virtud que no se acabe. 

Alma. ¿Qué he de hacer en conclusión? 
que deseo darte gusto 
te digo con claridad. 

Mentira. Despedir á la Verdad, 

pues no conviene á las dos 
su trato, y nos manda Dios 
todo escándalo quitar. 

Verdad. ¡Que aquesto puede pasar! 
mira, Alma, tu perdición. 

Alma. Verdad, no tienes razón, 
mira que estás engañada, 
que Mentira es muy honrada 
y su linaje muy grave 
y de solar conocido; 
nunca en nada te ha ofendido 
y quiere bien á las dos; 
desenójese, por Dios, 
que á lástima me provoca 
su aflicción y desamparo. 

Verdad. Que te ha de salir bien caro 
ten. Alma, por cosa cierta. 

Alma. Ya estaba yo muy resuelta 
á despedir á esta pobre; 
no tengo entrañas de roble; 
sus razones me movieron, 
sus quejas me enternecieron 
y sus lágrimas mudaron; 
es doncella, es bien nacida, 
sirvió á mis padres también; • 
no he de pagar con desdén 
tan grandes obligaciones. 
Si tú en la razón te pones 
verás que tengo razón, 
y aprobando aquesta acción 
me echarás mil bendiciones. 



Verdad. Cuando tu obrares mejor 
merecerás mis favores, 
y mientras á la Mentira 
dieres, Alma, tus oídos, 
haz cuenta que están perdidos 
los favores y regalos 
que te llenó por mis manos 
aquel Señor liberal, 
y tratándome tal mal 
retirará sus mercedes. 

Alma. Pues como conmigo quedes, 
di, ¿por qué se ha de enojar? 
¿Téngote yo de arrojar? 
¿No te estimo y te venero? 
Como á mi misma te quiero 
y siempre te he respetado. 

Verdad. Eso sólo te ha quedado, 
Alma, para tu remedio. 

Alma. Pues me pongo de por medio; 
Verdad, haz las amistades, 
y por tu vida que acabes 
el enojo con Mentira, 
que con humildad te mira, 
y espera que la recibas. 

Verdad. Alma, por más que me digas, 
no me obligarás jamás; 
que hacer mal, ¿cómo podrás 

* obligar á mi constancia, 

que es tratar con la Mentira? 

Alma. Qué ¿rendida no te obligas? 
Notable dureza tienes. 

Verdad. Aunque me digas mas bienes 
no mudaré parecer. 

Alma. Pues no puedo obedecer 
en echarla como quieres; 
mira que somos mujeres, 
para dolemos de aquesta. 

Verdad. Eso no tiene respuesta, 
y así no te la daré. 

Mentira. Y qué poco que podré 
si no te diere la muerte; 
¡que me trate de esta suerte 
esta atrevida Verdad, 
siéndome tan desigual 
en la virtud y en la sangre! 
En fin, es de baja suerte. 

Alma. Todo tu enojo convierte 
en agrado mi Verdad. 

Verdad. Yo no te puedo dejar, 
que será tu perdición; 
aguardaré otra ocasión 
para remediar tus daños 
y librarte de Mentira. 



Verdad. 
Mentira. 

Verdad. 



Alma. 



Verdad. 



Alma. 



Alma. Que te está escuchando, mira, 

y es fuerza que tenga pena. 
Verdad. Lo que gustares ordena, 
que de obedecerte gusto; 
como tu quieres lo justo, 
^•que otra cosa no querrá? 
Mentira. Dime, Verdad, si podré 

acompañar á mi hermana, 
que creo se irá mañana, 
por la tarde á entrarse monja. 
¿Y cuál de ellas es? 

Lisonja, 
que es la mayor de las tres. 
Y que parecida es 
á tí y á tus buenos padres; 
¡todos sois tan parecidos 
en la cara y en las obras! 
^•Díme ^-por qué no me nombras 
á tus hermanas y primas, 
que no sé como se llaman? 
Ha mucho que están ausentes, 
que si estuvieran presentes, 
es cierto que te sirvieran 
con el cuidado que yo. 
Así lo creo y estoy 
agradecida á tu afecto. 
Verdad. ^'Que yo haya de escuchar esto 

y sufrir tal desatino? 
Alma. ^Y cuándo tu hermana vino 
para entrar en el convento? 
Mentira. En él ha estado de asiento, 
aunque en hábito seglar, 
más ya le quiere dejar 
por el de la Religión, 
y espero su profesión, 
que está muy bien recibida. 
Es Lisonja muy querida, 
hácenla mucho favor, 
que le sabe merecer, 
y es muy discreta mujer, 
esparcida, muy urbana; 
fué en el siglo muy galana 
y pareció siempre bien; 
y así espero que también, 
en el convento ha de estar 
con gusto muy singular. 
Alma. Hágalo el cielo, Mentira, 

como deseo y lo pido. 
Mentira. De las demás no te digo, 

que son tantas mis hermanas, 
mis primas y mis sobrinas, 
que sí refiero sus ^nombres 
creo que le cansarás. 



275 — 

Alma. 



Verdad. 



Alma. 



Verdad. 



Mentira 



Verdad. 



Mentira. 



Alma. 
Mentira. 



Verdad. 
Mentira. 

\ 'erdad. 

Alma. 

Mentira. 



Te aseguro no podrás 
darme con ello disgusto, 
escucharé con gran gusto 
de tu linaje los nombres, 
y di también de los hombres, 
que conocerlos deseo. 
¡Ay! Alma, como te veo 
precipitar en el mal, 
pues á la Mentira atiendes! 
Alma, dime <qué pretendes 
con información tan necia? 
el saber la descendencia 
de Mentira ¿qué te importa? 
¿Ni oir su infame linaje? 
Empiézame á referir 
de tus hermanos los nombres, 
que es mi gusto y esto basta. 
Destruya el cielo tal casta 
que tantos males ha hecho 
y siempre nos los procura. 
. Tuvo muy grande ventura 
mi buena hermana Traición, 
que casó muy ricamente 
con un honrado pariente; 
es su nombre don Enredo, 
hombre de notable industria. 
¿Que de oir aquesto gusta 
el Alma? Perdida está, 
ya no admite mi consejo. 
Tengo un hermano ya viejo, 
su virtud de buen tamaño, 
aqueste se llama Engaño, 
bien conocido y bien quisto. 
¿Pues cómo nunca lo he visto? 
Ha dado ya en retirarse, 
que está cansado y enfermo, 
pero tiene tal gobierno 
que puede servir al Rey. 
Ni hay para ti Dios ni ley; 
Mentira, ¿porqué no callas 
y dejas al Alma en paz? 
Es Cautela muy capaz 
mi hermana menor, y es 
mujer que sin interés 
gustosa te servirá. 
Mejor, Mentira, será, 
que no trate de servir. 
Si ella trata de venir * 

la recibiré sin duda. 
Tengo una prima algo muda 
que se llama Sinrazón, 
hija de Relajación, 
sobrina de Libertad, 



276 — 



mujer de lindo despejo; 
casó con un primo mío 
que se llama Desahogo, 
hijo de doña Inquietud, 
señora de gran virtud 
muy igual á su marido, 
el señor Desasosiego, 
que tiene muchos lugares. 
Verdad. Mentira, ^-que nunca acabes 
relación que es tan prolija.-^ 
Mentira. De Murmuración es hija 
ipi prima la Distracción; 
á éstos persigue Oración, 
aquella mujer severa 
de pesada condición, 
de quien te dije que huyeses, 
que nunca jamás la vieses 
ni aun por imaginación. 
Verdad. ¿Hay tan notable invención 
como tiene en sus palabras? 
Mentira. Si tú con la Oración hablas 

nuestra amistad se acabó. 
Alma. Yo me guardaré de vella. 
Mentira. Es muy discreta doncella 
mi sobrina Parlería, 
hija de la Ociosidad 
y nieta de Adulación; 
mujeres de grande nombre, 
y me las persigue un hombre 
de mala suerte, encogido, 
á quien llaman el Silencio. 
A decirte no comienzo 
lo que siente Parlería 
deste hombre la tiranía 
y persecución extraña 
con villano proceder. 
Alma. Pues, ¿qué mal la puede hacer? 
Mentira. Siempre procura su muerte. 
Verdad. Que ^e está engañando, advierte. 
Alma. Grande compasión me das. 
Mentira. Y lo que luego sabrás 
te dará mayor dolor; 
Ociosidad in'erior, 
que es otra prima que tengo 
de muy linda condición, 
perseguida de un mozuelo 
á'quien llaman el Fervor, 
entremetido, arrogante, 
y pienso que casi loco; 
mas no la persigue poco, 
ni da menor aflicción, 
Alma, |Ay tan grande compasiónl 



Mentira. 
Verdad. 

Mentira. 



Verdad. 



Alma. 



Mentira 



Alma. 
Mentira 



¿Pues por qué no le castigan, 
ó prenden aquese necio? 
De todos hace desprecio 
como es rico y estimado. 
¡Que en tal locura haya dado 
el Alma! ¿qué puedo hacer? 
Ó ella se ha de perder, 
ó he de sufrir y esperar. 
¿Cómo te podre contar 
de mi tío el Amor propio, 
las hazañas y el valor? 
Es poderoso Señor; 
todo cuanto quiere hace; 
mas mucho me satisface. 
Propio Parecer, su hermano, 
que en nada le es inferior; 
yo le debo grande amor 
y otros muchos beneficios, 
y le trato de casar 
con la bella Obstinación, 
moza rica y muy discreta, 
y el decir que es hija, basta, 
de la señora Protervia, 
que de mi madre Soberbia 
es muy parienta y amiga; 
y no sé como te diga 
de mi primo Atrevimiento 
los muchos bienes que siento 
que se hallan en este mozo; 
apenas le apuntó el bozo 
cuando trató de ampararme, 
y parece que de honrarme 
tiene su cuidado sólo 
porque me estima en extremo. 
¡No te viera yo en un remol 
¿Quién creyera tal maldad? 
¡Y que el Alma lo consienta! 
Yo tomaré por mi cuenta 
el casar á tu buen primo, 
por que Lc hace laj favor. 
, Bien sé que se le merezco, 
y la oferta te agradezco, 
pero está ya desposado 
y ha sido grande ventura. 
¿Con quién? 

Con Desenvoltura,* 
bien conocida y bizarra, 
muy igual á su marido 
en linaje y condición. 
Dureza de corazón, 
que es otra prima que tengo, 
pero esta te prevengo 
que has de amparar su orfandad. 



I 



277 



y si puedo la'traeré, 
verás que linda presencia; 
su madre, Desobediencia, 
está pobre y no ha podido 
dar á su hija marido 
conforme á su calidad. 

Alma. ¡Lo que se inquieta Verdad! 

Mentira. No me admiro, porque siempre 
me aborreció con exceso. 

Verdad. Alma, ¿que te pagues deso 
y que escuches desatinos.'' 

Mentira. Por todos cuantos caminos 
puede, busca el acabarme. 

Alma. ¿Pues no tengo de pagarme 
del donaire de Mentira? 
Su gran discreción me admira 
y su lindo discurrir. 

Mentira. Ella ha de contradecir; 

no hay. Alma, sino callar. 

Verdad. Eso quiere procurar 

que hicieses y no ha podido. 

Alma. Di, ¿cómo te has divertido 
de lo que diciendo estabas? 

Mentira. Como con Verdad hablabas 
no te quise interrumpir, 
y no me aprovecha nada, 
que se saldrá con la suya; 
Que soy peor que la Cava 
y no me puede sufrir, 
pero mi bondad es tanta, 
y el amor que á ti te tengo, 
que á todo penar se allana, 
y por no poner á prueba 
mi Paciencia y Tolerancia 
dejaré con tu licencia 
la relación comenzada, 
cuando estemos en tu estancia. 
Verdad. ¡Qué devotas Oraciones! 

Alma. ¿Quieres ya, Verdad, dejarla? 
Verdad. Si ella te dejara á ti, 

ganarías mucho. Alma. 
Mentira. Con tu licencia, Señora (se va.) 
voy á ver quién es quien llama. 
Verdad. Conoces que te decía 

la Verdad, ingrata Alma, 
que Mentira haría de suerte 
que no saliese de casa. 

Y tú con notable brío 
respondías confiada, 
que la echarías de ti 
si la vida te costaba. 

Y sin más que cuatro enredos 



y palabras afectadas, 
derribó tantos intentos 
y deshizo tu constancia; 
qué ¿no puedes responder 
para que me satisfagas? 
Alma. Yo te lo diré Verdad, 

paréceme que tú estabas 
enojada con Mentira, 
que la pasión te incitaba 
á decirme tanto mal, 
que una mujer irritada 
exagera niñerías 
y torres grandes levanta 
de átomos tan pequeños 
que vista no los alcanza. 
Verdad. Suma todas tus disculpas 
frivolas y sin sustancia. 
Dicen tus culpas mejor, 
y tus delitos señalan, 
que podías advertir 
que la Verdad no se engaña, 
ni tener puede pasiones 
que obliguen á violarla. 
Mira que vuelve Mentira, 
Verdad, disimula y calla; 
¿que te querían. Mentira? 
¿Quién era el que te llamaba? 
Un criado de un Señor 
caballero de importancia, 
grande amigo de mi padre, 
y siempre muy de mi casa, 
que me traía un recado. 
Y díme, ¿cómo se llama? 
¿El caballero ó el mozo? 
¿Cómo el criado se llama? 
Interés. 

¿Interés? ¡qué bajo nombre! 
Harto le aprecian y aman. 
Tengo un poco de vergüenza 
preguntar como se llama 
su dueño; parecerá 
curiosidad escusada 
y me muero por saberlo, 
mas como Mentira calla 
y no me dice quien es, 
confusa estoy y turbada. 
Ea, ya me determino; 
¿no dices cómo se llama 
ese honrado caballero, 
conocido de tu casa, 
por saber si le conozco? 
Mentira. Yo su nómbrete ocultaba 
porque no quiero que diga 



Alma. 



Mentira. 



Alma. 

Mentira 

Alma. 

Mentira 

Alma. 

Mentira 

Alma. 



— 278 



Alma. 
Mentira 



Alma. 
Verdad. 



Alma. 
Mentira. 



Alma. 
Mentira. 



Verdad, que yo busco trazas 
para que te galanteen; 
no soy mujer de marañas, 

opónese á mi decoro; 

como quien soy no me trata; 

yo no lie de andar en pendencias; 

si Verdad las busca ó trata; 

puede tenerlas con otra 

que yo no quiero aguardarla, 

y si me das tu licencia 

quiero volver á mi casa, 

pues que comer y vestir, 

gracias á Dios no me falta, 

y un rincón en que vivir, 

que para una mujer basta. 

Con esto la pico más. 

¡Oh! Mentira, no te vayas; 

¿pues cómo dejarme quieres? 
, La Verdad, Alma, te basta, 

ella es mujer para mucho 

y yo soy una cuitada; 

tengo yo muy pocas prendas, 

estas, en Verdad se hallan, 

tú la quieres más que á mi, 

con Verdad nada te falta; 

aquí nunca seré buena, 

y en otra parte me aguardan. 

Alma, quédate con Dios. 

Mentira, ¿que así me trates? 

¿que no admitas mis razones? 

No hayas miedo que se vaya, 

dura mucho la Mentira 

en casa si está en el Alma. 

Por mi vida no has de irte. 

Basta, que lo quieres Alma, 
tu gusto es ley para mí 
y así me importa guardarla. 
Siempre te lo estimaré. 
Bien sé yo que se holgara 
Aquel señor de mi patria, 
de que yo no me haya ido, ' 
Alma hermosa, de tu casa. 
¡Si vieras su lindo talle, 
su cara tan agraciada, 
su donaire, su buen brío, 
su lindo pisar, su gala! 
jPues su clara inteligencia! 
¡Qué entendimiento, si pasma! 
¡Qué voluntad, si enamora! 
y ¡qué voluntad no enlaja! 
para un poco tu pensar 
en la multitud de gracias 
que tiene este caballero 



que te aseguro son tantas 
que no hay guarismo que pueda 
referirlas y contarlas, 
ni tampoco sus riquezas. 
Verdad. Grande enredo nos aguarda. 
Con que gusto y suspensión 
se la está escuchando el Alma. 
¡Que no lo pueda estorbar! 
¡Dios ponga su mano santa! 
Mentira. ¿Qué diré de sus criados? 
la grandeza de su casa 
excede todo decir, 
y los pensamientos pasa. 
Ahna. ¿Quieres decirme su nombre? 
Mentira. Ello va, el Mundo se llama. 
Verdad. Nunca fuiste más Mentira, 
que en esta ocasión villana. 
¿De ese viejo impertinente 
lleno de arrugas y canas 
de miserias y desdichas, 
con tanto descaro hablas 
con tanto gusto celebras, 
con tanto hipérbole ensalzas? 
á gran risa me provoca 
tu relación; ¿hay tal gracia? 
¿Al Mundo pintas galán? 
¿Al mundo con buena cara? 
¿Al mundo entendido y rico? 
Alma, mira que te engaña, 
que es un viejo miserable 
que ya ni finge ni engaña, 
que ni aun eso puede hacer, 
tal le tienen sus desgracias, 
sus hierros y sus miserias, 
que un poco de buena cara 
con que solía engañar, 
la tiene toda tiznada. 
Aun apariencias no tiene, 
aun fingimientos la faltan, 
á un ciego no engañará, 
sus fuerzas son acabadas, 
y sólo á faltos de juicio 
podrá engañar con sus trazas, 
y aunque está como le pinto 
tan sin fuerzas, tan sin nada, 
es gran discreción huirle, 
buenavcnturada Alma. 
Alma. ¿Pues qué me puede importar 
ver al mundo, si son tantas 
como tú me las ponderas 
sus miserias y desgracias? 
Antes, recibiendo avisos 
de k> que por otros pasa 



— 27§ — 



quedaré con su escarmiento 
con más luz y más guardada. 
Verdad. No, Alma, no dices bien, 
esos frutos no se sacan 
de comunicar al mundo, 
que su trato, si no engaña, 
es á pocos y muy cuerdos, 
y hay muchos locos que pasan 
sus vidas en las miserias 
con que el Mundo los enlaza, 
porque se dejan prender 
de cara tan afectada 
que tal vez el Mundo muestra, 
con que sus arrugas tapa; 
. tú puedes ser uno de estos 
si en sus deleites te embarcas, 
mejor dijera vilezas 
y en fin, en ellos acaba. 
Alma. Mentira, ¿qué dices de esto? 
Mentira. ¿Qué quieres que diga. Alma, 
si te veo con mil dudas 
que te falta la constancia? 
No se puede hablar contigo, 
tratar cosas de importancia 
una persona, es lo mismo 
que si novelas contara. 
Al mejor tiempo. Verdad, 
ha de entrar con sus palabras 
á deshacer cuanto digo 
y á dejarme bien turbada, 
bien corrida y deseosa 
de nunca meterme en nada. 
¿Para qué? ¿Para hacer burla? 
Pudiera yo escarmentada 
callar siempre y no decirte 
' nada de cuanto me mandas. 
Alma. ¿Que siempre te has de enojar? 
Cierto que es cosa pesada 
el sufriros á los dos, 
y que estoy ya muy cansada 
y resuelta en el hacer; 
¡ninguna me hable palabra 
más de lo que yo quisiere! 
Yo no las tengo en mi casa 
para tener pesadumbres; 
cesen ya de darme tantas, 
y si no se hallaren bien, 
la que quisiere se vaya, 
que toda mi vida estoy 
servida y acompañada, 
sin miedos y sin pendencias. 
Mentira. ¡Que estés, señora, tan brava 
que ofendes á tu hermosura 



y á tu condición agravias, 
pues Dios te la dio tan dulce! 
Verdad. ¡Cómo la adula y la engaña! 
Alma. Ya estoy en esto, Mentira, 
resuelta y determinada; 
nadie me vaya á la mano, 
al Mundo luego me llama, 
sea viejo, sea mozo, 
de buena ó de mala traza, 
tenga riqueza ó pobreza, 
tenga gracias ó desgracias; 
yo quiero ver cómo es, 
la curiosidad me llama; 
no soy yo tan novelera 
ni es mi calidad tan baja, 
que he de casarme con él 
sin estar averiguadas 
sus prendas y sin saber 
la nobleza de su casa. 
Al punto me llama el Mundo; 
Di, Mentira, ¿por qué tardas 
en satisfacer mi gusto? 
Mentira. Porque me temo no salga 
con alguna de las suyas 
aquesta tu dueña honrada 
mi señora, la Verdad, 
que siempre las fiestas agua, 
y quedemos todos fríos 
y el Mundo vuelto á su casa, 
llevándose de camino 
dos pesadumbres bien dadas. 
Verdad. ¡Quiera Dios que en tal me vea! 
Mentira. Espera, que el Mundo pasa 
en su caballo y se apea 
aquí, á la puerta de casa; 
ya está en el zaguán, ya sube 
con ligereza extremada. 
Mundo. Dadme, señora, las manos. 
Alma. Con gran deseo esperaba 

que me hiciésedes merced. 
Mundo. Yo la recibo sin tasa 

de vuestra grande bellezaí 
mucho la fama contaba 
de beldad tan singular; 
mayor sois que vuestra fama, 
y sólo igualar podrá 
vuestras prendas extremadas 
el amor que os tengo; ya 
con su fuego el pecho abrasa. 
Alma. ¿Pues qué puedo yo decir 
sino que estoy muy pagada 
de vuestra linda presencia? 



— 28o — 



Mentira, yo estoy turbada; 
gallarda presencia tiene. 
Mentira. Y ¿cómo, si es muy gallardo? 
¿no te lo decía yo? 
¿Y no aquella santonaza 
que te dijo que era viejo, 
sin brío y de mala cara? 
Alma. ¡Qué corrida está Verdad! 
Mentira. Aquí sus delitos paga. 
Mundo. Señora, no tenéis casa 
acomodada; yo quiero 
serviros hoy en mi casa, 
que es un palacio decente, 
con dueñas y con criadas, 
con muy ricas colgaduras, 
estrados, muebles y camas, 
y las paredes ostentan 
pinturas y cosas varias 
puestas en los camarines, 
de gusto muy extremadas. 
Tengo coches y carrozas, 
sillas de mano bordadas, 
ricas telas y jabíes 
y joyas de piedras varias 
en valor y en artificio; 
hay músicas concertadas, 
saraos, comedias, paseos, 
toros y juegos de caña 
y todos cuantos deleites 
la imaginación alcanza 
á desear, yo los tengo 
sin límites y sin tasa. 
Verdad. Vos mentís como quien sois, 

que en vuestra casa no hay nada 
de cuanto habéis referido; 
la casa de la desgracia 
es la vuestra. Mundo triste, 
tan sin ser y sin sustancia. 
¿Vos riquezas? ¿Qué decís? 
Volvedme acá vuestra cara, 
que quiero ver cómo miente 
esa boca mal hablada. 
Hermano, ya estáis caduco; 
bien lo muestra vuestras trazas, 
vuestros trajes é invenciones, 
que á los patanes engañan. 
Mejor fuera recogeros 
en alguna ermita ó casa 
de religión; pero no, 
que la dejaréis turbada: 
Volved en vos, miserable, 
id luego por esas casas 
á pedir una limosna 



Mundo. 



Verdad. 

Mentira 
Alma. 



Mentira 
Alma. 



Mentira. 

Alma. 

Verdad. 



que alivie vuestras desgracias. 
En esta, si presumís 
que el Alma estará engañada, 
mientras yo viviere en ella 
jamás tendrá esa desgracia: 
La Verdad os echará 
y la vuestra fué toparla. 
¿Cómo os atrevisteis, pues, 
á entrar en aquesta casa 
estando en ella de asiento 
la Verdad? ¿Cuál fué la causa? 
Estar también la Mentira, 
que facilitó la entrada. 
Pero á saber que eras tú 
la que acompañaba al Alma, 
por cierto puedes tener 
que la puerta no rondara; 
téngote gran aversión, 
y de manera me cansas, 
me enojas y me persigues. 
Verdad, que no reparara 
en dejar todo mi gusto, 
por no escuchar tu palabra, 
que eres mi contraria siempre. 
A fe. Mundo, que me pagas 
la voluntad que me debes, 
y siempre que yo pudiere 
te haré guerra declarada. 
Lindamente se requiebran; 
¿qué piensas?, ¿qué dices. Alma? 
Que estoy corrida y confusa 
de ver como me engañabas, 
en decirme bien del Mundo. 
. ¿Pues qué dices? ¿No te agrada? 
Antes me parece mal, 
y sólo Verdad, mi amada, 
es á quien le debo todo, 
y así quisiera pagarla, 
en admitir sus consejos 
y en estimar sus palabras, 
en aborrecerte á ti 
echándote de mi casa. 
¿Y tan mal pago me das? 
El que mereces te aguarda. 
De tres enemigos, Mundo, 
que siempre infestan el Alma, 
eres el primero tú, 
y el mayor si no se escapa 
y huye de tus uñas presto, 
de tus dientes y tus garras; 
fiera bestia, engañador, 
sirena que siempre encantas 






— 2Íil 



con voz suave á los necios 
que á oirte cantar se paran. 

Mentira. ¿Qué dices. Mundo, qué dices, 
que te callas y no hablas? 
Vuelve por ti, que me tienes 
afligida por tu causa. 

Mundo. No tengo que responder, 
que si la Verdad me saca 
en público mis defectos, 
sólo cubrirme la cara 
de vergüenza me conviene, 
y cubrir mis ignorancias. 

Alma. ¿Hay tan miserable Mundo 
que de corrido no habla 
porque Verdad le conoce 
y ha descubierto sus faltas? 
¿pareceos bien engañar 
á las mujeres honradas 
con artificio y doblez? 
¿aquesas son vuestras gracias? 
Estad cierto que conmigo 
no ganáis honra ni fama, 
que conocida la treta 
la huiré con notable maña. 

Verdad. Alma, ni aun haciendo burla 
con el Mundo te embaraza; 
déjale para quien es, 
que aquesta es la mejor gala, 
y yaque le has despreciado 
y conocido cuan bajas 
y viles son sus promesas, 
y sus dádivas cuan falsas, 
será razón que te inclines 
á la Religión Sagrada; 
¡Alma, si la conocieras! 
Es perfectísimo estado 
y la misma perfección; 
en tu vida no has hallado 
ni visto más linda dama, 
tal discreción, tal agrado. 
Santamente cariñosa 
y con divino agasajo, 
regala tan dulcemente 
que en su amor enciende á cuantos 
la comunican y sirven, 
y son bienaventurados, 
en conocer tal Señora 
y dársele por esclavos. 

Alma. ¿Y por qué. Verdad amiga, 

de tanto bien me has privado? 

Verdad. Porque no lo has merecido; 
que este bien tan soberano 
de apreciar la Religión 



Alma. 
Verdad. 



Relig. 



Verdad. 



Relig, 



Mentira. 
Mundo. 



Mentira, 



Mundo. 



Verdad. 



y de ponerse étt sus martes, 

le da el Señor á muy pocos, 

que este beneficio raro 

de la vocación divina 

es privilegio guardado 

para sólo los dichosos 

que son de Dios muy amados. 

Llévame á verla. Verdad. 

Aunque la engrandezco tanto 

de señora, es muy humilde 

y vendrá si yo la llamo. 

¡Ah, señora Religión! 

Verdad amiga, ¿has llamado? 

Vengo á saber qué me quieres, 

con mucho gusto y agrado, 

que bien sabes que te quiero 

como amiga, y observado 

que tu amistad generosa 

con lealtad he guardado. 

Ya sé que me has estimado; 

quiero que el Alma le vea 

y que conozca tu trato, 

porque se vaya contigo. 

Que al Mundo ha desestimado, 

y así la procuro yo 

su remedio, y de su estado 

por esta razón me obligo 

á tener mayor cuidado, 

y quería que en tu casa 

se acoja como á sagrado, 

porque pueda estar segura 

del Mundo y de sus engaños. 

Dichosa el Alma sería, 

si en mí buscara el descanso 

que no puede darla al Mundo, 

que sólo tiene trabajos. 

¡Pobre de ti, cuál le ponen! 

Mentira, ¿aquí qué aguardamos? 

La Religión ha venido; 

siempre nos persigue á entrambos. 

Espera á ver en qué para 

nuestro desgraciado caso, 

porque yo á contradecir 

á la Religión aguardo. 

Puede ser que el Alma mude 

su parecer, y que á entrambos 

nos tome á su gracia hoy 

y más dichosos seamos. 

D;ie, amiga Religión, 

de lo que tienes guardado 

en tu casa para aquéllos 

que merecen alcanzarlo. 

Di de los grandes favor«3 



— 282 — 



y misteriosos regalos 

que tus hijos gozan siempre. 

Relig. Dirélo con mucho agrado. 
Alma dichosa, apercibe 
oídos desocupados, 
corazón limpio y atento, 
ojos despiertos y claros, 
para oir lo que Dios tiene 
en este cielo abreviado 
de la santa Religión 
y suntuoso palacio 
donde viven grandes reyes 
y reinas, que dominando 
sus afectos y pasiones 
le son humildes vasallos; 
vencedores de sí mismos 
que con esfuerzo bizarro, 
alcanzan grandes victorias 
de domésticos contrarios. 
Estas, pues, dichosas almas, 
que viven claustros sagrados, 
gozan de bienes tan sumos 
que no es posible contarlos. 
En este puerto seguro, 
que de mar tan alterado 
como es el mundo, en mi nave 
los que te digo escaparon, 
tomáronle, pues, dichosos, 
y viven tan sosegados, 
tan quietos y tan acordes 
que en paz están abundando. 
Aquí se halla todo gozo, 
todo deleite y regalo, 
que de la buena conciencia 
brotaron muy levantados. 
- Aquí gozan de continuo 
sin peligro ni embarazo, 
del vino que á los ánimos 
deja siempre embriagados. 
Aquí comunica Dios 
muy á lo fino y despacio, 
con su fiel esposa el Alma 
que á su amor s.e ha consagrado; 
que si bien allá en el mundo, 
tiene también sus privados, 
amigos fieles y esposas 
que le sirven con cuidado, 
no sé que se tiene Dios 
en estos sagrados claustros 
con las almas religiosas, 
que parece que agradado 
con mayor exceso destas 
les d» mayores regalos. 



Aquí les da de sus dones 
tan liberal y tan franco 
que acreditara su amor 
si no lo estuviera tanto. 
- Aquí los une consigo 
con tan apretados lazos, 
con tan íntimas caricias 
y regalados abrazos, 
que decirse no se puede, 
y sólo para estimarlos 
para sólo agradecerlos, 
no basta el mayor cuidado 
toda la vida es rñuy corta 
para beneficios tantos, 
que puedan agradecerse 
de caudales limitados. 
Aquí con suma concordia 
muy unidos los hermanos, 
sirven y alaban á un dueño 
sin envidiar á los altos 
los que les son inferiores 
en los dones ó en los grados, 
porque con grande igualdad 
se gozan los que están faltos, 
de los bienes de los otros, 
que así saben estimarlos. 
Todos se aman y acuden 
en sus penas y trabajos, 
si los hay en este cielo 
que yo, Alma, no los hallo; 
antes todas las delicias, 
los deleites y regalos 
que imaginarse pudieran 
y no son imaginados, 
si Dios te da vocación 
y te llama á su Palacio, 
si te lleva al Paraíso 
de goces tan soberanos, 
dale por esta merced 
y favor tan de sus manos, 
incesables gracias. Alma, 
y ríndele todo cuanto 
te pidiere este Señor; 
consúmete en holocausto 
y no quede cosa en ti 
que no inmoles á su agrado, 
que no rindas á su gusto 
que estarás adivinando, 
porque vivir sin fervor, 
sin viveza, sin cuidado, 
puede amargar esta vida 
que tan dulce te he pintado. 
Verdad. ¡Qué poco has encarecido, 



i 



— 283 — 



Religión, lo que hay en tí, 
tus dichas y tus delicias! 
yo conozco que son tales 
que á saberlo los mortales 
todos á ti se vinieran 
y dulces frutos cogieran 
en tus amenos jardines; 
pero Dios tiene sus fines 
en no descubrirlo á todos, 
y que por diversos modos 
se salven sus criaturas. 

Relig. En mí estarán más seguras 
de conseguir su salud. 

Alma. Con tan divina quietud 

caminarán muy sin miedo; 
agradecerte no puedo, 
Religión, señora mía, 
las mercedes que este día 
recibo con tu presencia. 

Mentira. Y yo pidiendo licencia, 
salvo la buena crianza; 
á la seria Religión 
quiero un poco replicarla; 
¡qué azucarado lo ha dicho 
y con qué de circunstancias 
lo halló suave y gustoso 
en lo que tiene mil fallas! 
Alma, estameun poco atenta 
y te diré en dos palabras 
lo que sin^exagerar 
en la Religión se halla; 
una perpetua molestia 
de voluntad quebrantada 
en todas cuantas acciones 
se ofreciere ejecutarlas; 
un comer siempre sin gusto, 
en el beber siempre tasa, 
porque Mortificación, 
que es una vieja cansada, 
quita el bocado de gusto 
y aun de la boca le saca; 
no deja satisfacer 
la sed que más pena daba, 
y luego dice que Cristo 
la padeció más pesada; 
cuando se toma reposo 
en aquellas duras camas, 
al mejor tiempo despiertan 
sobre unas terribles tablas, 
terribles para las pobres 
que tan sin piedad levantan; 
pues ya si quieren rezar 
ó de leer tienen ganas. 



luego tocan á acostar 

sin que haya réplica humana; 

pues si triste alguna monja 

quiere hablar una palabra 

para tener un alivio 

de alguna pena turbada, 

luego llega ese buen viejo 

á quien el Silencio llaman, 

y la da tal reprensión 

que la deja muy penada; 

sí por negras de sus culpas 

cae en faltillas livianas, 

el Buen Ejemplo la pone 

como si fuera su esclava; 

para aliviar estas penas 

irase á las oficialas 

y topará unas torneras 

sin memoria y con mil gracias 

como cierta condición, 

y otras que no hay que contarlas; 

las provisoras que siempre 

votaron el ser escasas, 

que esta profesión hicieron 

con las roperas y guardas 

que son de miseria extremo, 

5in encarecerlo nada; 

las enfermeras por fuerza 

han de andar siempre cansadas, 

y más que á curar las monjas 

quisieran ir á enterrarlas. 

De lo demás no te digo 

porque el tiempo se me pasa, 

y tengo mucho que hacer 

y es la relación pesada. 

Así, Alma, sé advertida 

que te afirmo en puridad 

que siendo yo la Mentira 

hoy te digo la verdad. 

Verdad. Así tengas tú la dicha 

como mientes sin compás. 

Alma. No tienes ya que cansarte, 
pues no creeré jamás, 
Mentira, lo que dijeres; 
ya no podrás engañar; 
yo estoy de la Religión 
tan pagada y satisfecha, 
que si tuviere trabajos 
estaré yo más contenta; 
pues llevados por tal dueño 
que tanto los remunera, 
serán para mí más dulces 
que los gustos que me cuentas. 
Mí Qsposo se puso en Cruz, . •■ 



— 284 — 



Relig. 

Verdad. 

Mentira. 

Mundo. 

Verdad. 

Alma. 



Verdad. 



Alma. 
Verdad. 



Tazón es qUé en ella muera 

quien goza de honroso título 

de esposa de tal grandeza; 

no voy á la Religión 

por gustos que en ella vea, 

sino á padecer dolores 

que á mi dulce amante cercan; 

abatimiento, cansancio, 

fatigas, congojas vengan, 

desde aquí las llamo á todas, 

que á recibirlas abiertas 

tengo las mismas entrañas 

para guardarlas en ellas; 

y esto no para afectar 

el premio ni otra excelencia, 

sino sólo para dar 

gusto al que el Alma me lleva, 

y por imitar á Cristo, 

que con inmensas finezas, 

enamorado de mí, 

me pide correspondencias. 

Mucho me alegro de oírte. 

Estoy alegre y risueña. 

Y yo rabio de pesar. 

Y yo me muero de pena. 
¿A qué Religión te inclinas, 
para que más gusto tengas? 
A la Trinidad Sagrada, 

mi vocación endereza; 
á las descalzas humildes 
cuyas alabanzas fueran 
mi objeto en grandes elogios 
y en alabanzas perpetuas, 
á no advertir temerosa, 
que ofenderé su modestia. 
Dices bien, porque al humilde 
no hay represión más severa 
como la humana alabanza. 
Son como humildes, discretas. 
Esta Religión sagrada 
que Juan y Félix gobiernan, 
sua divinos Patriarcas, 
luces del mundo y estrellas, 
poco dije, claros soles 
que iluminan y hermosean 
á Religión tan dichosa, 
que mereció su defensa 
y la de Inés soberana, 
su patrona y niña tierna 
que selló de trece años 
con su sangre su pureza, 
al Cordero que ya sigue 
^ ba premiado sus finezas, 



Relig. 



Verdad. 



Alma. 



Relig. 



Alma. 



Verdad. 
Mentira, 
Mundo. 
Mentira. 



con hacer que patrocine 
la Religión más acepta 
á la misma Trinidad, 
pues la funda y la revela 
con tan notables prodigios 
y tan declaradas muestras, 
de que será toda suya, 
porque su nombre la entrega. 
También Ildefonso Santo, 
el más ilustre prelado 
de la toledana Iglesia, 
el amante de la Reina, 
su mayor favorecido, 
es de esta casa defensa, 
de las descalzas, que ya 
dichosas llamar pudiera, 
pues tienen tal Protector 
que las ampare y defienda. 
Sin duda que él las alcanza 
la devoción verdadera. 
El tierno afecto y piadoso 
que tienen á la Princesa 
y Emperatriz délos cielos 
que cada día se aumenta. 
Serán ellas muy dichosas 
si á servirla bien aciertan. 
También yo seré dichosa, 
y quiera Dios que lo sea, 
si en compañía de Santas 
también sirviere á tal Reina. 
Confía que sí serás, 
y guardarás una Regla 
de primitivo rigor, 
tan suave y tan discreta, 
que siendo en extremo dulce 
es en extremo perfecta. 
Ya muero por verme en ti. 
Religión, ¡santa maestra 
de perfección, donde Cristo 
da lecciones tan perfectas! 
Acompáñame, Verdad, 
para que mi entrada sea 
autorizada contigo. 
La Mentira acá la deja 
con el Mundo miserable. 
¡Buen compañero me quedal 
No dejaré de medrar. 
Y yo medraré con ella; 
^tan linda pieza me dan? 
No dejo de serte buena, 
pues con mentiras negocias, 
con mentiras te sustentas, 
y al fin con mentiras mueren 



285 — 



los que corren por tu cuenta. 
Pero entre tantas mentiras, 
una verdad sólo es cierta, 
que he deseado, mis madres, 
dar gusto á sus Reverencias. 
Perdonen mis ignorancias, 
que la voluntad es buena, 
y si se acaba el Coloquio, 
mi afecto siempre comienza. 
Mundo. Señoras, huyan de mí, 

jamás en burlas ni en veras, 
por más que las tiente el Diablo, 
con el Mundo no se metan, 
porque al cabo y la postre 
las pondré como unas negras. 



Loas á diferentes Coloquios. 

Después de dar á mis madres 
humildemente las gracias, 
que las tengan muy felices 
en los cuerpos y en las almas. 
Después de pedir á Dios 
las haga á todas muy santas, 
fieles esposas, y ricas 
de virtudes soberanas, 
vengo á preguntar á todas 
una duda que me enfada 
el tenerla, porque yo 
no quisiera dudar nada. 
En fin, pregunto, señoras, 
¿qué se la ocasión y la causa, 
que se hayan de echar las loas, 
pudiendo estar ya dejadas, 
olvidadas, prohibidas, 
por más de doscientas causas, 
que por ser cosa enfadosa 
no me pongo aquí á contarlas? 
Vemos siempre que perecen 
todas las cosas humanas, 
¿pues por qué razón las loas 
han de ser privilegiadas? 
Los edificios padecen 
las ruinas inopinadas, 
cada día hay usos nuevos, 
unos mueren y otros pasan. 
Todo envejece y se pudre, 
todo se olvida y se acaba; 
¿y sólo han de estar de pié 
las loas?; ¡cosa es pesada! 
Si se hiciese algún coloquio 
aunque fuese en Lusitania, 
nos han de sacar la loa 



como por punta de lanza. 
Extraño rigor por cierto, 
la paciencia se me acaba, 
que después de haberme roto 
la cabeza, no es patraña, 
para hacer este coloquio 
que me mandó mi prelada, 
á quien he de obedecer 
humilde y de buena gana, 
dan en decir que será 
una grandísima falta 
el que no le haga loa 
y que es preciso la haya; 
esta obligación pondría 
la que fué tan inhumana 
que en la fiesta de la Cruz 
el hacer coplas estampa. 
Vamos á que sea ansí 
pues que ya es cosa sentada 
el que echemos esta loa; 
lleve Judas la vellaca 
que lo inventó; quiera Dios 
que no lo pene su alma: 
pero gracias al Señor, 
que me ha ocurrido la traza 
de una historia muy gustosa 
y para el tiempo extremada, 
que es lo esencial de las cosas 
á propósito buscarlas. 

Y es como dice el adagio, 
que en casa llena y colmada 
presto se guisa la cena 

y se dá bien sazonada. 
Ansí me ha dado mi ingenio 
la historia más adecuada, 
más compuesta y más medida, 
cosida y eslabonada. 

Y es aquél caso de asombro 
que lamentó lodo el Asia, 

el robo de Elena digo, 
griega hermosa y desdichada 
por quien Troya tristemente 
se anegó en voraces llamas; 
y con esto, madres rnías, 
ya la loa está acabada. 
¡Bendito Dios! que ha salido 
como pude desearla, 
tierna, devota y tan dulce 
como pía y dilatada, 
y ya se quedan dispuestas 
para la fiesta que aguardan 
deste santo Nacimiento, 
mas atentas é inflamadas. 



— 286 



Y yo me parto á rendir 
al Señor debidas gracias, 
que me deparó el asunto 
con que pude recrearlas. 

Y advierto á sus reverencias 
una cosa de importancia, 
que el poeta que las sirve 

y tiene ya dedicadas 
las Musas para su obsequio, 
porque en servirlas descansa, 
el Coloquio que hoy ofrece 
para alegrarles la Pascua, 
le ha sacado de la pieza 
(si bien en remiendos trata), 
y por nuevo y nunca oído 
le ofrece y poneá sus plantas. 
Humilde pide perdón 
de todas sus ignorancias, 
y que admitan las suplica 
la voluntad de agradarlas. 



Otra Loa. 

Como sé que la piedad 
tan de asiento mora y reina, 
en religiosas tan santas, 
vengo á que de mí la tengan. 
Deste bendito convento 
hágalas Dios muy perfectas, 
pero desta obligación 
que mi afecto representa 
se origina mi cuidado 
y mi aflicción se fomenta. 
Porque llegando yo un día 
al torno por ciertas berzas 
por extremo sazonadas, 
que las tripas me consuelan, 
cuando me dio la escudilla 
la una de las torneras, 
entiendo que la menor, 
que la conozco en la flema 
y las palabras que dice, 
más frias que no discretas, 
(no es hipérbole que digo), 
en la boca se la hielan; 
me dijo como imperando 
muy desabrida y severa: 
mire, señor Licenciado, 
que le tengo por poeta 
y que me ha de hacer favor 
de sacarme de una afrenta. 
Tenemos una novicia 
cuya profesión se acerca, 



hanme encomenda á mí 

que le haga alguna fiesta. 

Tengo hecho ya un coloquio 

que las madres entretenga, 

pero fáltame la loa, 

que en ocasiones como esta 

es lo que da la sazón 

y hace la entrada en la fiesta. 

Por vida del Licenciado 

que de su buena cabeza, 

me saque una linda loa 

que yo la pondré á mi cuenta, 

y quedando agradecida, 

no comerá sólo berzas. 

Luego llegando la otra, 

digo la menor tornera, 

me dijo con voz suave 

que es de azúcar' y canela: 

Mire, señor Licenciado, 

que siempre en cosas como estas, 

para tales ocasiones 

la devoción resplandezca. 

Mire, que diga en la loa 

unas sentencias perfectas, 

unos conceptos muy vivos 

y que en dulces versos puedan 

quedar muy edificadas, 

muy gustosas y contentas, 

las madres que, aunque descalzas, 

son por extremo discretas. 

Diga que la Religión 

es la vida más perfecta, 

que son ángeles las monjas 

y que es un cielo en la tierra. 

Dígale la obligación 

que tiene ya la profesa 

de perfeccionarse en todo, 

haciendo grandes finezas 

al que así la obligó, 

que la trajo en edad tierna 

á comunidad tan santa, 

adonde con tantas veras 

procuran servir á Dios 

sus candidas azucenas. 

Dígale cuan obligada 

hoy la tiene su grandeza, 

pues que la sacó del mundo 

para esposa y para reina. 

Dígale que se desvele 

en pagar tan grande deuda, 

que tenga grande cuidado ■ 

en las cosas más pequeñas, 

y que en los actos comunes 



A 



287 — 



procure ser la primera, 

y que piense cada día 

que es aquel el que comienza; 

que tenga por superiores 

á las demás, y que ella 

sólo nació para ser 

de todas humilde sierva. 

Dígale con lindo modo, 

dulce estilo y agudeza, 

que no le falta un instante 

de su esposo la presencia. 

Y que en su amor abrasada 
siempre actuarle pretenda 
con deseos inflamados 

de su corazón, saetas 
que arrojadas á su amado 
suavemente le hieran, 
pues estarlo de sus ojos 
tal vez él mismo confiesa. 
Mire que no se le olvide 
el ponderar la grandeza 
de estado tan soberano 
que hoy la constituye reina. 

Y dígale que no afloje 

del fervor, que siempre crezca 
en caridad y humildad, 
en pobreza y obediencia. 
Que observe con gran cuidado 
el silencio y la modestia, 
y que sean sus palabras 
muy afables y compuestas. 

Y luego salió la otra 
monjidiablo de tornera: 

Y mire que no haya falta, 
y de ninguna manera 
deje de ponerlo todo 

sin que falte ni una letra. 

Y que nos haga una loa 
tan acabada y perfecta 
que no la pudiera hacer 
tan linda Lope de Vega. 
Pues, ¡desdichado de mí! 
que en mi vida fui poeta, 
ni le ha habido en mi linaje 
por el siglo de mi abuela, 
ni jamás hice una copla 

ni sé qué tamaño tenga. 
^Qué me piden estas monjas? 
¿Quieren que mi juicio pierda? 
¡Si yo no conozco á Apolo 
ni aquellas ninfas ó dueñas 
á quien apellidan musas, 
que influyen en los poetas! 



¡Ni nunca subí al Parnaso, 

ni en la fuente clara y bella 

á quien llaman Cavalina 

bebí una gota siquiera! 

¿Pues cómo puedo yo hacer 

la loa para la fiesta? 

¡valga Judas el coloquio 

que tantas penas me cuesta! 

Aquel día, como estaba 

con tal hambre y tal flaqueza, 

dije que haría la loa, 

y mucho más prometiera; 

¡Oh, lentejas desgraciadas! 

¡Oh, desventuradas berzas! 

Pluguiera á Dios que ponzoña 

y tósigo se volvieran 

antes que el pobre gaznate 

á engullirlas se atreviera, 

pues me veo por su causa 

en una aflicción como esta. 

Señoras, denme una loa, 

así yo santas las vea, 

sea chica ó sea grande, 

sea nueva ó sea vieja, 

para que pueda cumplir 

con tan terribles torneras; 

que si yo no se la doy, 

he de perder, cosa es cierta, 

la limosna que me dan, 

que es por ahora mi renta. 

¡Que no supiera yo hacer 

una loa, mala ó buena! 

¡Que sea tan desgraciado! 

¡Que tan poca maña tenga! 

Quiero probar y empezar 

alguna copla siquiera, 

aunque me coma las uñas 

ni que me pele las cejas. 

No podré, cosa es de burla, 

no me ayuda la cabeza, 

que como el sustento es parco 

mucho se me bambolea. 

¿Es que aún un solo verso 

me vendrá? ¿Hay tan gran dureza 

que no halle un consonante 

con todas mis diligencias? 

¡Eh..., que va...! y en mi ayuda 

todo el poetismo venga, 

aquí de Terencio y Plauto, 

aquí de Lope de Vega, 

que de lo antiguo y moderno 

fueron luz de los poetas. 

Quiero empezar á decir • 



— 288 



las dichas de la profesa, 
¡glorioso San Policarpo! 
San Damián... Es cosa cierta 
que no acierto á decir cosa 
que algún consonante tenga. 
Ni por la imaginación 
me ha pasado cosa destas. 
Señoras, no puedo más; 
yo quisiera ser poeta 
cultífero y criticazo 
del gran Taborlán de Persia. 
Pero mi ingenio no puede 
salir con aquesta empresa, 
y por Dios que me disculpen 
con las señoras torneras. 
Pues para hacerles la loa 
he puesto las diligencias, 
que si la vida importara 
que se den por satisfechas. 
Y que la encargen á otro 
que con ingenio y con letras 
las saque de aqueste apuro 
con más gracia y agudeza. 
Que yo en prosa les diré 
que al coloquio se prevengan 
con benévola atención, 
que le ha compuesto Marcela 
por el deseo que tiene 
que las madres se entretengan. 
Porque las ama de suerte 
y de suerte las venera, 
que todo cuanto trabajo 
el escribirlo la cuesta, 
y el estudiarlo también 
que muy buen tiempo la lleva, 
lo diera por bien gastado 
aunque el tiempo eterno fuera, 
por acertar á servir 
á quien tanto amor profesa. 
Ahora me falta pedir 
á todas sus reverencias, 
que si vienen á informarse 
deste caso las torneras, 
las digan que hice la loa, 
porque no pierda mi hambre 
lo que la mata y remedia. 



Otra LOB i una profesión. 

Digo, pues, que ya les dije 
una noche en cierta fiesta, 
cómo era un estudiante 
que pasaba con pobreza. 



Supe que en este convento 

había una grande fiesta 

á las bodas celestiales 

de un ángel que á Dios se entrega. 

Y como sabía yo 

que en ocasiones como esta 

recitan las religiosas 

á lo devoto comedias, 

digo, coloquios divinos 

que útilmente las divierta, 

parecióme que podría 

con mi ingenio y con mis letras, 

haciéndoles una loa 

salir de tanta miseria, 

y por lo menos comer 

un par de días siquiera. 

Y luego se me ofreció 
que el secretario Canencia, 
liberal en tal acción, 

la casa tendría llena. 

Parto al convento en dos saltos, 

mas, ¡ay!, que topé á la puerta 

un león, un tigre hircano, 

en fin, con una Marcela. 

Llegúeme por un ladito 

y díjele con modestia: 

Madre mía, tengo á dicha 

hablar con su reverencia, 

porque la traigo una cosa 

que habrá menester por fuerza. 

Aunque me ve caparroto 

tengo un girón de poeta, 

y me precio de discípulo 

de aquella fecunda vega 

de cuyo ingenio los partos 

dieron á España nobleza. 

Hela compuesto una loa 

para acompañar la fiesta, 

y quisiera fuera tal 

que á todas gusto las diera. 

¿Adonde tiene la loa? 

me respondió boquisesga, 

boquiseca, boquiabrojos, 

boquiespinas y asperezas; 

Madre, en el seno la traigo, 

véala su reverencia. 

Mire, amigo. Dios le guarde, 

que me voy á rezar tercia. 

Madre mía, repliqué, 

hágame su reverencia 

caridad de darme algo, 

que es muy grande mi pobreza. 

¡Jesús, amigo, Jesús! 



-— 289 - 



mucho mayor es la nuestra: 
á cuarenta y dos personas 
este convenio sustenta, 
con cien mil obligaciones 
y con poquísima renta, 
y no cobramos un real 
y tenemos muchas deudas. 



Loa á una Profesión. 

A darte mil parabienes 
Alma dichosa, me envía 
desde su eterno palacio 
la trinidad individua. 
Lo primero, recibid 
de la celestial Ala- ía. 
Emperatriz de los cielos, 
norabuenas y caricias. 
Con benévolo favor 
hoy te adopta por su hija; 
mucho pide tal merced 
de correspondencia digna. 
Recibe las norabuenas 
de tantas glorias y dichas 
de los espíritus nobles, 
de todas las jerarquías. 
De los santos y las santas 
que acá militar solían 
y ganaron sus coronas 
con virtudes infinitas. 
No las ganaron de balde, 
si bien son tales sus dichas 
que las pareció muy poco 
dar sus honras y sus vidas; 
y todas sus asperezas, 
y penitencia excesiva 
que ejercitaron por Dios 
por regalos las estiman. 
De los Patriarcas santos 
Juan y Félix recibidlas, 
y vean todos en vos 
que os preciáis de ser su hija, 
en la humildad y paciencia, 
en la caridad más fina, 
y sobre todo en estar 
á la Obediencia rendida; 
y de manera sujeta 
á toda humana fatiga 
que sea gusto el mandaros 
y que sea hablaros dicha. 
Muy grande la habéis tenido 
en renunciación tan digna 
de vuestras obligaciones 



como habéis hecho este día. 

¿Qué pensáis que habéis dejado 

en las riquezas? espinas 
. que fatigando las almas 

las congojan y fatigan. 
' Todo cuanto aprecia el Mundo 

son miserias, son mentiras, 

accidentes sin sustancia, 

todo apariencias fingidas. 

Y así debéis estimar 

y estar muy agradecida 

á favor tan singular 

y mercedes tan crecidas, 

como ha sido daros luz 

para desechar mentiras 

y conocer las verdades 

que os conducen á tal vida. 

Vos, esposa del gran Rey, 

un gusano y una hormiga 

que tan alto estado goce 

á los ángeles admira. 

Procurad con todo el alma 

imitarlos en la Vida, 

que el estado en que hoy os ponen 

á mayor cuidado obliga. 

Un Serafín abrasado 

cuyas llamas esparcidas ■ ' 

en todas nuestras hermanas 

las encienda y las derrita 

en amores del esposo 

que liberal os obliga 

á que le busquéis humilde, 

á que le sirváis muy fina. 

Estad con todas igual, 

estad con todas benigna, 

amadlas en general, 

seréis de todas queridas. 

Sea la santa Oración 

el alivio y acogida 

de todos cuantos pesares 

se ofrecen en esta vida. 

Sed muy afecta al Silencio, 

de Soledad muy amiga, 

porque son de la Oración 

las dos hermanas queridas; 

que vos y Dios solamente 

vivís en aquesta vida 

asentad en vuestra alma, 

que es perfección peregrina. 

Huid de todo y de todas 

y mucho más de vos misma, 

que es lección que Cristo lee 

á sus esposas queridas. 

19 



— 290 — 



Si guardáis, Alma dichosa, 
aquesta breve doctrina 
presto ascenderéis al monte 
de la perfección divina. 
Alabad á tan buen Dios, 
siembre en vuestros labios vivan 
sus loores y alabanzas 
sirviéndole con leticia. 
Si queréis saber quién soy, 
de los que mi Dios asigna 
para guardas de los hombres 
en ínfima jerarquía. 
Que tanto Amor os asiste 
nuestra celestial milicia, 
con tanta humildad os guarda, 
con tanto cuidado os mira. 
Porque Dios lo quiere y manda, 
cosa rara y peregrina 
como si el hombre tuviera 
naturaleza divina. 
Engrandecido sea Dios, 
alábenle sin medida 
los ángeles, y los hombres 
su santo nombre bendigan. 



Loa en la Profesión de la Hermana Isabel 
del Santísimo Sacramento. 

Discretísimo Senado, 
dominas santas y bellas 
monji-serafines todas 
en ardores y en pureza. 
Jardín de diversas flores, 
de abundantes frutas huerta 
y de perfumes divinos 
pomo hermoso y cazoleta. 
Yo soy un pobre estudiante 
tentado por ser poeta, 
cosa que por mis pecados 
me ha venido por herencia, 
Porque qualis Pater talis 
filius est, etcétera; 
supe que en aquesta casa 
hoy la fiesta se celebra 
de las bodas siempre alegres, 
siempre felices y exentas 
de las humanas desgracias 
que ha vinculado la tierra 
en todos sus regocijos 
por más lícitos que sean; 
en fin, supe se co.nsagra, 
se dedica y hace entrega 
la hermana Isabel dichosa. 



Que hoy su himeneo celebra 

con la sacra Trinidad, 

que la persona tercera 

enlaza dos corazones. 

Que en voluntad está puesta 

Isabel, de hacer que Cristo 

tome posesión entera. 

Tan á lo tierno la mira, 

tan fino la galantea, 

tan liberal la enriquece * 

y tan Maestro la enseña, 

que esperamos ha de ser, 

si humana correspondencia, 

más que humano, su fervor, 

y que á comenzar dispuesta 

se halla para una vida 

que de virtudes compuesta, 

dé á Dios infinita gloria; 

y todas sus reverencias 

de tenerla por hermana 

sumamente estén contentas. 

Ya Isabel con sus nuevos bríos 

se dispone y considera 

que con lo activo de ¡Vlarta 

tendrá á María contenta, 

porque no hará división 

de dos hermanas tan buenas. 

Con esto el divino Esposo 

que ama todo cuanto cela, 

gustoso en su corazón 

hará asiento, de manera 

que ella unida y transformada 

goce del cielo en la tierra. 

Pero porque en tan gran día 

si todo fuere de veras, 

sería cosa cansada, 

melancólica y funesta, 

quisiera templar si acierto 

á lo humano mi vihuela, 

y que en estilo gracioso 

me ayudasen las doncellas 

del sacro monte Parnaso, 

sin que á lo serio compuestas, 

vengan en esta ocasión; 

con cuidado las espera 

mi calabaza en ayunas; 

lo mismo es tan poca cena 

como ha dispuesto y trazado 

la más lucida miseria, 

la poquedad más bizarra 

que ha sacado en quinta esencia 

con inflexible trabajo 

la gran flema de Marcela. 



291 — 



El otro día apostaron 
la madre Ministra y ella, 
á cuál haría más actos 
de escasez y de miseria. 
Y sucedió un caso raro 
que pide atención entera, 
que entrambas á dos ganaron 
y quedaron muy contentas. 
Quisiera por mi consuelo 
el que la misma Marcela 
relatara por sí misma 
lo que hay en esta materia. 
Mas dejémoslo al silencio 
que no es posible que pueda 
explicarse con palabras 
una cosa que es inmensa; 
pero la Madre Ministra 
bien quisiera que comieran, 
pero que no se gastara; 
sí, que de milagro fuera; 
ya presumo que dirán 
con causas sus Reverencias. 
¿Á qué propósito fué 
el decir que era poeta? 
yo daré razón de mí; 
que me olvido, no lo entiendan, 
de lo que dije al principio. 
Ninguna se me divierta, 
ni me escupa, ni me tosa, 
se me recoja ó se duerma, 
que es tan sutil y delgado 
mi ingenio, que si bostezan 
ó hacen acción semejante 
se me perturba y enreda. 
Es cosa para admirar 
tan grande delicadeza. 
Si oyese yo que respiran 
hagan cuenta que no hay fiesta. 
En fin, los días pasados 
quise hacer cierta comedia, 
digo, un coloquio que fuese 
del gusto de la profesa. 
Levánteme una mañana 
cuando con boca de perlas 
despertaba el alba al sol 
y acostaba las estrellas, 
porque aurora grata est Musís. 
Mas con grandes aparatos 
salieron todas compuestas 
las Musas (digo que Apolo 
me influía su elocuencia) 
vestidas gallardamente, 
tocadas por excelencia. 



Traían joyas muy ricas, 
velos, bandas, flores, trenzas, 
aunque una vino muy tosca; 
mala Musa, Musa adversa; 
el desaliño y desaire 
pienso que imitar pudiera 
María de San Francisco 
que tan gustosa le ostenta. 
No traía cual las otras 
arte, precetos y ciencia; 
ninguna las profesaba, 
gran defecto en la pobreza, 
porque necessitas caret legem... (Risas.) 
Madres mías, ¿eso hacen? 
Pues ya mi ingenio me deja. 
• Si quieren que fiesta haya 
han de quedar como muertas. 
Ríanse, pero de modo 
que no se oiga y se vea. 
Quiero volverá decir 
las dichas de la Profesa. 
No hay que tratar... Yo no acierto, 
¿no saben estarse quedas? 
¿Concepción hase asentado?, 
que perturbará si entra 
á la mitad del coloquio, 
que no será cosa nueva. 
Gracias al Señor que ya 
se va rompiendo la vena, 
y si va tomando brío 
tendremos galana fiesta. 
Un poquito ha estado floja; 
quiera el cielo que no vuelva 
á enflaquecer; hagan Madres, 
oración con toda priesa. 
Atención, que va una cosa 
con erudición muy nueva. 
¡Válame Dios, qué trabajo! 
No hay hipérbole que pueda 
encarecer lo que pasa 
de aflicciones un poeta 
si se le embota el ingenio, 
si la venase le cierra. 
No me ocurre de importancia 
cosa que deciros pueda. 
Corrido estoy y confuso, 
¡quién escaparse pudiera! 
¡Ea!... consonantes tardos, 
¡Ea! gordas agudezas, 
¿por qué me desamparáis 
en ocasión tan de veras? 
Señoras Monjas, yo voy 
hacer luego una receta 



292 — 



de anacardina y un parche 
de gualano y girapliega 
que dicen es milagroso 
para hacer que los poetas 
en un momento disparen 
los versos como escopetas. 
También dicen que es famoso 
unas rosquillas muy buenas; 
vaya la Madre Ministra, 
y venciendo su miseria, 
de boUicos y rosquillas 
me traiga una grande espuerta. 
Con esto confío en Dios 
que en seis semanas enteras 
habré compuesto una copla 
con cuatro pies, muy derecha. 
Iré remitiendo así 
algunas otras que ostentan 
lo grande de mi talento, 
lo lucido de mis letras. 
Si de ello fueren gustando 
mis madres sus reverencias, 
envíen á mi posada 
ricos dulces y conservas. 
Así, Madres, he pensado 
el dejar hecha una hacienda; 
quiero darles hoy las pascuas 
de la Navidad que llega, 
que aunque faltan cinco meses 
la prevención siempre es buena; 
quien da luego, da dos veces, 
dice el adagio en mi tierra. 
Pues recíbanlas con gusto, 
tengan las pascuas cual sean 
los años que yo deseo, 
no se las demos á medias; 
además, que podrá ser 
que ocupaciones me tengan 
entonces sin atención 
y caiga en falta tan fea; 
¿cómo dejar de cumplir 
obligación como ésta? 
Mas porque ya se hace tarde 
y mi compañía espera, 
y á recitar el coloquio 
con grande afecto se apresta, 
será bien que cesen ya 
las burlas, porque de veras 
digamos á nuestra novia 
una palabra siquiera. 
Y darela un documento 
que si bien común, encierra 
una grande perfección 



á que el Alma santa anhela; 

y es que piense cada día 

que aquél es el que comienza 

á servir y amar su esposo. 

Muy desvelada y atenta 

á no hacer imperfección 

que alguna advertencia tenga, 

que en lo frágil de esta vida 

es imposible que pueda 

pasar sin el tropezar. 

Pero es menester que advierta 

que ha de sacar más virtud 

con el pesar y la enmienda, 

y que á la oración continua 

tan aficionada sea 

que ore sin interrupción 

como San Pablo lo enseña. 

Mas crea que la oración 

no puede ser muy intensa 

si dejan de acompañarla 

el silencio y la modestia. 

Sus sólidos fundamentos, 

la Humildad y la Obediencia; 

levantará un edificio 

con hermosura y grandeza. 

Compañera inseparable 

la rica Pobreza sea, 

gozará de la abundancia 

aunque haya grandes miserias. 

A la santa mansedumbre 

ni la olvide ni la ofenda, 

que es de la Humildad hermana 

y de la Paz muy parienta. 

Con esto será sin duda 

tan ajustada y perfecta, 

que sea Dios alabado 

y engrandecido por ella. 



Villanoico ¿ la Profesión 
de la Hermana Isabel del Santísimo Sacramento. 

No pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 

Hoy que al más dichoso lazo, 
el alma, Isabel, ofreces, 
y de tu esposo mereces 
el dulce mental abrazo, 
y á su divino regazo 
entregas tu hermoso Abril, 
pues para lograr gentil 
tanta repetida flor, 
no pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 



I 



— 293 — 



Más nobleza has adquirido, 
pues con ilustre renombre, 
de su dulcísimo nombre 
te vales para apellido. 
El favor que has conseguido 
no es de mano temporal, 
y así con afecto igual 
eterno será el favor, 
que no pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 

Esa bella juventud 
que á tu esposo has consagrado, 
aseguras en su agrado 
no menos que la quietud. 
El dote de la virtud 
te hizo de tan buena estrella, 
pues para con él es ella 
la prenda de más valor, 
tío pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 

A tu entendimiento unida 
tu fortuna corresponde, 
pues quien á Dios le responde 
sin duda es bien entendida; 
de los riesgos de la vida 
tu discurso te previno 
y la elección del camino 
fué de tu ingenio primor, 
que no pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 

^ Liberal de tus riquezas 
con tu esposo procediste; 
cuerda diligencia hiciste 
para lucir la pobreza; 
á pesar de la belleza 
sus aliños moderaste 
y con ánimo dejaste 
todo su ambicioso error, 
que no pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 

Vive, pues, enamorada 
de quien lo merece tanto 
¡oh, bella Isabel! en cuanto 
dure esta breve jornada, 
y pues que ya asegurada 
de los humanos desvelos, 
de todo el sol de los cielos 
atiendes al resplandor, 
que no pudo Amor 
hacer tu dicha mayor. 



Al buen eapleo del f leapo. 



ROMANCE. 

|Ohl cuanto pierde quien pierde 
el preciosísimo tiempo. 
¡Oh! cuanto gana quien gana 
sus instantes y momentos. 
Toda la plata y el oro 
y diamantes de más precio, 
no valen lo que un instante 
que se gasta para el cielo. 
¡Oh! tiempo, riqueza sumal 
á quien te estima yo creo, 
que ni un solo respirar 
no le exhale sin provecho. 
¡Oh! infelicísima vida, 
la que he gastado sin miedo, 
de la cuenta que he de dar 
del instante más pequeño! 
Las coronas y las mitras 
y aún las aras es cierto 
que son la misma desgracia 
y desperdician el tiempo. 
¡Oh! si licencia les dieran 
á los que gastaron necios 
el tiempo sin granjear, 
que volvieran á sus cuerpos! 
Con provechosa codicia, 
divinamente avarientos 
guardarían los instantes 
como antes los dineros; 
para adquirir y ganar 
vivimos este destierro 
y nuestros censos y juros 
sen los espacios del tiempo. 
Depende una eternidad 
de sólo un instante incierto, 
¿pues cómo se pasa instante 
sin dar pasos á lo eterno? 
¡Oh! si me dieran á mí 
tiempo en que llorar el tiempo 
que tan sin cuenta he gastado! 
¡Todo lo mejor del tiempo 
de mi tiempo mal gastado! 
¡Dios mío, aquel tiempo apelo 
que dispuso tu piedad 
el que yo llegase á tiempol 
A sus vanas alegrías 
llama el malo pasatiempos, 
y tiempos que así se pasan 
traerán llantos á su tiempo, 
{Oh! si todos entendieraa 



294 — 



el que no es ahora tiempo 
de gozar, que al padecer 
se ha dedicado este tiempo! 



Á una ausencia de Dios. 

Ausente de mis ojos, 
regalada esperanza, 
sin mí no puedes irte, 
pues no llevas el alma. 

Belleza por quien muero 
y vivo enamorada, 

¿por qué, mi bien, te ausentas 

cuando presente abrasas? 

¡Ay, dulce amado mío! 

si tu piedad es tanta, 

¿cómo no te enternecen 

mis amorosas ansias? 

¿Por qué morir me dejas 

con ausencia tan larga, "^^ 

cuando con más finezas 

tierno me regalabas? 

Cuándo yo presumía 

verme más levantada 

al cielo de tu amor, 

con desvíos me bajas. 

Cuando más encendida 

pudiste ver la llama, 

con desdenes tan tristes 

pretendes apagarla. 

Cuando con mayor dicha 
tu presencia gozaba, 
tus regalos sentía 
con mayor abundancia. 
Cuando con más afectos 
á tú unión anhelaba, 
me veo sola y triste 
tan lejos de gozarla. 
Cuando con tal ternura 
mi amor te requebraba, 
significando tú 
que desto te agradabas. 
' Cuando yo de alegría 
gozaba en abundancia 
por tu apacible trato 
lleno de gloria tanta. 
Cuando mis esperanzas 
tanto se remontaban, 
que ya por posesiones 
pudiera bien juzgarlas. 
Cuando en tan dulce sueño, 
sin'él, sin ti y sin mí 
me ve8 desvelada. 



Cuando el estar conmiga, 
esposo de mi alma, 
que eran deleites tuyos 
creía confiada. 
Cuando en otras mil cosas 
que dejo de contarlas, 
para tenerte siempre 
tú mismo me alentabas. 
Ahora, dueño mío, 
con ausencias me acabas, 
con desvíos me afliges, 
con rigores desmayas. 
Confieso que te doy 
ocasión por mil causas 
para que te desvíes 
con aspereza tanta. 
Pero bien sabes tú, 
mi bien y mi esperanza, 
que serte esposa fiel 
desea toda el alma. 



Ronanoe de un alma que temía distraerte al salir de un retiro. 



Dulce querido mío, 
hechizo de mi alma, 
. si enamorarme intentas 
ya estoy enamorada. 
Si pretendes, mi bien, 
con amorosas trazas, 
con cautelas divinas, 
probar mi fe y constancia, 
Excesiva es la prueba, 
mas parece amenaza, 
pues dice que mi amor 
admitirá mudanza. 
Aunque tú niegues luego 
tu presencia á mi alma, 
estará firme en todo 
con la misma constancia. 
Aunque por tus desdenes, 
desvíos y amenazas, 
crezcan las aflicciones 
sin término ni pausa. 
Aunque no quede en mí 
señal de que me amas, 
me tendrás, vida mía, 
guardando tus espaldas. 
Aunque me diga todo 
que me tienes dejada 
y que dejar la empresa 
puedo por oh idada^ 
tierna te buscaré 
desde la noche al alba, 



1 



— 295 — 



desde el alba á la noche, 
sin dar fin á mis ansias. 
Es muy grande el incendio 
en que yace mi alma, 
para que se consuma 
aunque le cerquen aguas. 
Tú, que en mi corazón 
vives como en tu casa, 
sabes de mis amores 
los efectos y causas. 
Sabes que es ya tan tuyo 
que en tí sólo descansa, 
en tí sólo se alegra, 
y lo demás le cansa. 
Sabes que por tenerte 
mil suspiros exhala, 
mil congojas padece 
con infinitas ansias. 
Pues hallado una vez 
el bien que deseaba, 
¿cómo le ha de olvidar 
por más que le combatan?* 
Si con dulces violencias 
tus amores me enlazan, 
tus caricias me obligan, 
tu hermosura me mata. 
Si sabes que me tienes 
cautiva y hechizada, 
y de amor por tus ojos 
ardiendo en vivas llamas, 
y que dejando yo 
tu soledad sagrada, 
y en volviendo á la aldea 
mitigaré mis ansias. 
Que el continuo tropel 
de criaturas tantas, 
con las ocupaciones 
apagarán la llama. 

Y si tú te retiras 

y haces ausencias largas, 
faltará la memoria 
de finezas pasadas. 

Y sin ella, el afecto 

es fuerza tenga pausa, 
y todo el bien se acabe 
en voluntad templada. 
Si yo de presumida, 
con loca confianza 
esperara en mis fuerzas, 
sin duda me faltaran. 
Pero si pongo en ti 
todas mis esperanzas, 
¿quién- ha de persuadirme 



que se han de ver frustradas? 
¿Tengo yo de pensar 
que de burlas me amas? 
¿que por juego acaricias? 
¿por donaire regalas? 

Y después, dueño mío, 
que con veras tan claras, 
con finezas tan tuyas, 
me obligas y dilatas, 

no puedo yo creer 

que amistad tan fundada 

acabe un accidente, 

en fin, tan leve causa. 

Pues en ti presumida 

y en tu amor alentada, 

prometo á tu belleza 

que no ha de haber mudanza. 

Tu esposa fiel seré, 

mi bien, aunque te vayas, 

y ausentes tantas veces 

cuantas te doy el alma. 

Y aunque tu sierva inútil, 
tu puntual esclava, 
estaré practicando 

tu voluntad sin falta. 
¿Ha de faltar tan presto 
tanto amor, sin más causa 
que volver á la aldea 
á servir en tu casa? 
Bien se yo, señor mió, 
que ha de sentir el alma 
el que breves instantes 
has de comunicarla. 

Y es fuerza que eche menos 
las horas regaladas 

que en tan dulces coloquios 
en tus brazos pasaba. 
Bien sé que he de decir 
¡ay, soledad amada! 
donde con tanta gloria 
de mi esposo gozaba. 

Y que con tierno llanto, 
en memorias pasadas 
pasaré de tu ausencia 
noches tristes y largas. 
Pero en quererlo tú 
toda fatiga para, 

todo afecto se niega 
y toda queja es vana. 
No sé si á fuer de necia 
estoy tan confiada, 
que te he de amar ahora, 
mi bien, con más ventajas. 



296 



Y que no ha de ser parte 
toda la astucia humana 
del que afecta oponerse 
para entibiar mi alma. 
Afile su agudeza 
y primorosas trazas, 
que armado con la fe 
hollaré su arrogancia. 
Con esto, dueño mío, 
no haya más amenazas, 
no mates con temores 
á quien de amores mata. 



El Jardín del Convento. 

En estas verdes hojas 
que aquesta fuente riega 
con agua de mis ojos, 
que suya no la lleva, 
contemplo amado mío 
tu grande providencia, 
tu beldad soberana, 
y tu hermosura inmensa. 
También por el contrario 
conozco mi vileza, 
mi imperfección sin par, 
mi descuido y tibieza. 
Pues las hojas y flores 
que crecen tan apriesa, 
con sus calladas voces 
significan mis menguas. 
Y siempre que las miro, 
parece que me enseñan 
que yo sola en el mundo 
soy la que nunca medra. 
Miro del cinamomo 
aquella copia inmensa 
de su olorosa flor 
que tanto nos deleita. 
Parece que á porfía 
la multitud afecta 
llevarse de las flores 
la palma de belleza. 
En las guardadas rosas 
á quien espinas cercan, 
de tus hermosas llagas 
la memoria refrescan. 
Los vistosos jazmines 
en su candor ostentan 
lo lindo de tus manos 
y liberal franqueza. 
Porque sin aguardar 
que los cojan por fuerza, 



ellos se dan al suelo 
sin hacer resistencia. 
Acuérdame tu olor 
la fragante mosqueta, 
tan linda entre las flores 
y tan noble en si mesma. 
El clavel estimado 
tu sangre representa, 
y por esto merece 
le traten con decencia. 
De tus hermosos labios, 
del coral dulce afrenta, 
su cárdeno color 
me muestran las violetas. 
Majestuosa siempre 
la candida azucena, 
tu bellísimo cuello 
venturosa semeja. 
La fecunda retama, 
tan rubia como bella, 
de tus cabellos de oro 
me dá memorias tiernas. 
Muestra por abrazar 
la siempre verde yedra, 
á que busque tu unión 
provoca mi tibieza. 
Procurando ascender 
si presumida trepa, 
humilde se aprisiona, 
que de amante se precia. 
Misericordia y paz 
este olivo me enseña 
que siempre las procure 
por costosas que sean. 
Las rojas clavellinas 
y minutisas bellas, 
de imitar tu color 
parece que se precian. 
Pero el bizarro lirio 
con gravedad modesta, 
porque á él te comparas, 
mas ufano campea. 
Y la suave albaca, 
símbolo de pureza, 
su verdor apacible 
nuestra esperanza alienta. 
Clavelones, adorno 
de las últimas fiestas, 
enseña que la muerte, 
como terrible, es cierta. 
Recuerdo de humildad 
es la yerba doncella, 
aunque vistosa y grave 



297 — 



no sale de la tierra. 

Los amargos ajenjos 

me enseñan á que tenga 

mortificado el gusto 

y al apetito venza. 

El robusto alhelí 

que el invierno no seca, 

me fuerza que haga rostro 

á toda la aspereza. 

El funesto ciprés, 

aunque árbol de tristeza, 

provoca á devoción 

y soledad enseña; 

y la del nombre dulce, 

felicísima yerba 

que de Santa María 

nos acuerda y recrea. 

Las ásperas ortigas 

intratables y fieras, 

en igualar mi agrado 

presumen competencia. 

Entre todas las flores, 

puede la gigantea 

pretender por amante 

que alaben tus finezas. 

Del sol enamorada 

siempre mirarle intenta, 

y por vueltas que da 

de seguirle no cesa. 

¡Oh! cómo reprehende 

El descuido y tibieza 

con que busco, Dios mío, 

á tu amable presencia! 

Los árboles copados 

aleares manifiestan 

los sazonados frutos 

que el justo le presenta. 

Las abundantes parras, 

alegres manifiestan 

que á tu sangre Real 

accidentes le prestan. 

Mis años mal gastados 

me acuerda aquesta higuera, 

pues ha crecido tanto, 

y yo estoy tan pequeña. 

Y habiéndonos pL.niado 
en esta santa tierra, 

casi en un mismo tiempo 
mil ventajas me lleva. 
El riguroso invierno 
con su mucha pereza, 
os quita los vestidos 

Y deja en gran pobreza; 



tolerando rigores, 
y sufriendo inclemencias, 
me enseñáis apacibles 
á que tenga paciencia. 
Con suave agasajo 
la hermosa primavera 
siempre os sirve gustosa 
de madre y camarera. 
De lá Resurrección 
parece nos da nuevas, 
cuando sin menoscabo 
nos tornen nuestra tierra. 
Los árboles y plantas, 
las flores y las yerbas 
publican tu hermosura 
y dicen tu grandeza. 
Todos, Señor, me animan, 
me enseñan y me fuerzan, 
á que te sirva y ame, 
te alabe y te engrandezca. 



Liras al desacato que se hizo al Santisimo Sacramento. 

¿Quién dará á mi cabeza 
Agua que satisfaga al sentimiento mío? 
¿Quién á mis tristes ojos 
fuentes de lágrimas, que rindan por despojos 
de una sangrienta guerra 
que hace á su Dios, la vil, la infame tierra? 
¡Oh, amantes Serafines! 
¡Oh, espíritus alados! si lo visteis 
¿cómo ai brazo cruel, no destruísteis? 
¡Oh, sacrilega mano! 
¡Oh, pérfido Deicida! ¡oh, vil tiranol 
¡Oh, villana osadía! 
¡La tema contra Cristo, así porfía! 
Su crueldad alentaron 
las furias que á Plutón acompañaron, 
de su consejo son tus sinrazones, 
pues con tu Criador te descompones; 
profanar presumió tu atrevimiento 
al misterio más dulce 
no tierno afecto; furioso te conduce 
para indecencias fieras. 
¿Y que sufra tal Dios, que allí no mueras? 
¿Que salieses con vida 
habiéndonos robado la comida 
que su substancia encierra 
De Dios todo su ser, los bienes de la tierral 
Como su caridad es demasiada 
así lo es su paciencia y extremada 
deste señor piadoso 
que pudo confundir al alevoso,; 



I 



-298- 



de la esfera del fuego, 

fulminando mil rayos deshacello 

y la ceniza infame en el abismo, 

esta hazaña contara al judaismo. 

jOh, sufrimiento inmenso! 

¿Cómo de mí no salgo si lo pienso? 

¿cómo el seso no quita 

ver que sufra tan poco quien te imita? 

Pues no te considero 

si de cualquier afán quejarme quiero. 

lOh, mi solo Maestro, 

enséñame esa ciencia en que eres diestro! 

Y tú, alevosa mano, 

¿Dónde pusiste á Dios? ¿Cómo, inhumano, 

pudiste hacerle tan enorme ultraje? 

¿Por haberse vestido nuestro traje? 

¿Por eso, ¡oh, fementido! 

Su tremenda deidad has ofendido? 

En tristes mar de culpas y pecados 

parece que nos vemos anegados; 

¡quién én tantos enojos 

desecho el corazón diera á los ojos! 

¡Oh, suma majestad. Bondad inmensa! 

¿Quién pudiera escusaros tanta ofensa? 

¿Conque nuestra maldad, bárbara y loca 

vuestra grande piedad así provoca? 

No castiguéis severo ofensas tales 

con la repetición de aquestos males, 

no se vea otro igual al que se ha visto. 

Padre, mirad la cara á vuestro Cristo. 



Endeohtt á una traza amorosa para perfecoionarse un Alma. 

Pastor de mi Alma, 
dulce prisión mía, 
escucha la traza 
de aquesta cautiva. 
Muchos años há 
que paso los días 
' con mucha aflicción, 

penas y fatigas, 
por verme que soy 
la imperfección misma. 
Descuidada en todo, 
poco recogida 
y viendo, señor, 
que traigo una vida 
llena de defectos, 
por estremo tibia, 
busqué mi remedio, 
procuré mi dicha 
en li que eres fuente 
y abundante mina 



de todo el consuelo 

con copia infinita, 

si buscar se sabe 

con amor y estima. 

Acordeme, amado, 

que dado te había 

todas mis potencias, 

el alma y la vida, 

sin que haya cosa 

que tenga por mía; 

y esta dulce entrega 

fué toda mi dicha 

y por estas cosas 

que poco valían, 

me diste. Señor, 

la riqueza misma, 

todos los tesoros 

y soberanía 

que venera el cielo 

y el justo codicia. 

Así que ya tengo 

tu vida por mía, 

lo mismo tu alma 

y esencia divina, 

y de aquí adelante 

diré presumida 

aunque humildemente 

y reconocida; 

ya tengo yo alma 

pura, santa y limpia, 

y lo mismo puedo 

decir de la vida. 

Ya se me ausentó 

la que antes tenía, 

fea y sin adorno 

pobre y mal vestida; 

yo no soy traydora, 

falsa ni atrevida, 

ni malogro el tiempo 

ni digo mentiras, 

porque tengo un alma 

la cosa más linda, 

la más agraciada 

y digna de estima, 

que es fuerza que á Dios 

le agrade y le sirva, 

le contente en todo, 

que es la mayor dicha (i). 



(:) El Marqués de MoHns publicó en La sepultura de 
Cervantes (págs. 213 á 225), tres romances de Sor Marcela; 
reimpresos en la Nueva biografía de Lope de Vega, por 
D. Cayetano Alberto de la Barrera (págs. 683 á 687). 



— 199 — 



SAN FRANCISCO (Sor Catalina de). 

53i.— Carta á un Prelado de suOrden con 
la que envía una relación de lo que sabía to- 
cante á la Madre Francisca de Cristo.— Con- 
vento de San José, de Soria, 25 de Noviem- 
bre de 1619. 

Original.— Dos hojas en folio. 

Bibl. Nac— Mss. L. 239, fols. 429 y 430. 

SAN FRANCISCO 
(D.* Catalina Josefa de). 

532. — Décimas: 

Retrataba un Cristo fiel... 

El segundo quince de Enero de la Corte 
Mexicana. Solemnes fiestas que á la canoni- 
zación del mystico Doctor San Juan de la 
Cruz celebró la Provincia de San Alberto 
de Carmelitas Descalzos de esta Nueva Es- 
paña.— En México. Por Joseph B. de Hc- 
gal. Año de 1730. 

Págs. 678 á 682. 

SAN FRANCISCO (Sor Isabel de). 

533.— Soneto á Santa Teresa de Jesús: 

Fué tan feliz, Teresa, vuestra suerte 
que el Dios de amor, de vuestro amor prendado 
la mano os viene á dar de desposado, 
queriendo unirse en vos con lazo fuerte. 

Y como bienes de su mano vierte, 
tanto bien de este bien os ha tocado 
que en vos de Cristo se hallará el traslado, 
pues fuistes toda amor en vida y muerte... 

Retrato de las fiestas que á la Beatifica- 
ción de la Bienaventurada Virgen y Madre 
Santa Teresa de lesús, hi^o la Imperial ciu- 
dad de Zaragoga. Por Luis Díei de Aux.— 
En Zaragoza. Por luán de Lanaja y Quar- 
tanet. 161 5. 



En el Juicio de este Certamen se lee: 

Un soneto dio Isabel 
De San Francisco, famoso, 

Y una guirnalda por él 
Lleve de olivo precioso 
Digna de su ingenio y del, 
Porque se ciña la frente 
Para Dios resplandeciente, 

Y tan ejemplar al mundo 
Que hace templar al profundo 
Con su virtud refulgente. 

534. — Relación de nuestro padre fray Juan 
de la Cruz, particularmente de su prisión. 
31 de Julio de 1603. 

Autógrafa. — Dos hojas en folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, págs. 1.017 á 1.020. 

SAN FRANCISCO (Sor Isabel de). 

Fué hija de D. Antonio Vázquez de Cha- 
ves, alcalde mayor de Noya, y de D.' María 
de Castro. Nació en Cambados á fines del 
año 1611, pues recibió el bautismo en el 
mes de Diciembre. Huérfana de madre á 
los pocos años, se la llevó á su casa D.' Jua- 
na Suárez, hermana de D. Cristóbal de 
Solis y Enríquez, Adelantado de Yucatán. 
Inclinándose á entrar en religión, dicha 
señora le proporcionó el dote. Tomó el 
hábito en el convento de franciscas descal- 
zas de Salamanca, donde llegó á ser .\bade- 
sa. Falleció á i5 de Febrero de 1679. 

535. — Relación de su vida. 

Hay algunos fragmentos de ella en el si- 
guiente libro: 

Vida de la Venerable Madre Sóror Isabel 
de S. Francisco, Religiosa Descalca en el 
convento, que la Religión Seráfica tiene en la 
ciudad de Salamanca. Compuesta por el 
R.^° P. Gabriel de Aranda, de la Compañía 
ds Jesús. Dedicada á Don Jayme de Pala- 
fox y Cardona, Arzobispo de Sevilla, del 
Consejo de Su Magesíad. Por Don Geróni" 



3oo — 



mo deCastro, su familiar. —En Sevilla, por 
Tomás López de Haro, año de 1694. 

Un vol. 8.° de 287 págs., con un retrato 
de Sor Isabel, hecho por D. Lucas de 
Valdés. 

SAN FRANCISCO (Sor María de). 

Declaración de la madre María de San 
Francisco, en las informaciones de Alba 
sobre la vida de Santa Teresa. 

Biblioteca de aut. esp. de Rivadeneyra, tomo LV, pági- 
aa 418. 

536. — Declaraciones de la Madre María 
de San Francisco, en Medina, en los infor- 
mes de aquella ciudad [sobre la vida de 
Santa Teresa de Jesús]. 

Obra citada, págs. 392 y 394. 

537.— Noticias para la vida de la Madre 
Catalina de Cristo: 

Consta que las escribió, en el prólogo de 
este libro: 

La V. M. Catalina de Christo, Carmelita 
Descal¡ia compañera de la Santa Madre Te- 
r.esa de Jesús. Descríbela D. Miguel Batís- 
ta, de Lanuda. — Zaragoza. Por Joseph La- 
naja. 1657. 

538. — Testimonio acerca de la vida de 
San Juan de la Cruz y de los milagros obra- 
dos por las reliquias de éste. 

Ms. del siglo XVII. — Orig. — Una hoja en 
folio. 

Bibl. Nac— Mss. Pp. 79, fol. 899. 

. SAN ILDEFONSO (Gertrudis de). 

' Ecuatoriana, de la familia Dávalos, y 
monja , en «1 convento d€ Santa Cruz.de 
Quito. Nació en el año iGSa y murió con, 
feima de santidad en el de 1709. 
- 539.— Escribió su vida por mandato de su 
Confesor el P. Fr. Martín de la Cruz, de la 
cual se valió éste para una biografía que 



compuso de Sor Gertrudis, en tres gruesos 
volúmenes, copiando aquélla íntegra. 

SAN IGNACIO 
(Sor Gertrudis María de). 

540. — Escribió en colaboración con la Ma- 
dre Clara de San Isidro, ambas monjas car- 
melitas descalzas en el convento del Toboso, 
la vida de la fundadora. Sor Ángela María 
dt la Concepción. Copió parte de ella fray 
Miguel de San Antonio. 

Archivo «Histórico Nacional. — Papeles de Carmelitas 
Descalzas. 

SAN IGNACIO (Sor María de). 

Nació en Madrid á 2 de Febrero de 1592. 
Fué hija de Juan Alonso Páramo del Rin- 
cón, y estuvo al servicio de la Condesa de 
Puñonrostro. En el año 161 1 entró en el 
convento de agustinas recoletas de Vallado- 
lid, y más adelante trabajó en la fundación 
del de Carmoria. Falleció á 17 de Octubre 
de 1660. 

541. — Suspiros del alma á Dios. 

542. — Protestaciones de la Fe. 

543.— Peticiones al Señor. 

544. — Sacrificios de su alma y cuerpo. , 

Álvarez Baena, Hijos ilustres de Madrid. 

SAN IGNACIO 
(Sor xMaría Ana Águeda de). 

Nació en un rancho del lugar de Santia- 
go Tecali, en la diócesis de la Puebla de 
los Angeles, á 3 de Marzo de 1695. Fueron 
sus padres Pedro de la Cruz Aguilar, anda- 
luz, y Micaela Velarde, de la Puebla de los 
Angeles. A los 19 años de edad entró en el 
beaterío de Santa Rosa, de dicha ciudad. 
Elevado el beaterío á convento de recoletas 
' dominicas por una bula de Clemente XII, 



— 3o 
dada á 23 de Mayo de 1739, mereció ser j 
elegida Priora, cargo que desempeñó has- 
ta su muerte, ocurrida á 25 de Febrero 
de 1756. 

545. — Maríivillas del divino amor, selladas 
con el sello de la verdad. — Imp. en México, 
año 1758. — 4.* 

546. — Devoción en honra de la purísima 
leche con que fué alimentado el Niño Jesús. 
Imp. en México, año 1782. 

En 1791 se publicó un libro rotulado: 

Devociones varias sacadas de las obras de 
la V. M. Marta Águeda de San Ignacio. 

BeristaÍD y Souza, Biblioteca hispano-americana. 

Acerca de sus escritos dice Fr. Juan de 
Villa Sánchez (pág. 5): 

A la semejanza de un sapientísimo legislador, 
para arreglarlo en lo espiritual y temporal, dio 
en aquel quadernito de oro que anda impresso, 
que intituló: Modo de exercitar los Oficios de 
Obediencia con aprovechamiento espiritual: flió, 
digo, bellissimos y prudentíssimos documentos 
christianos, morales, religiosos, económicos y po- 
líticos; y si quando me lo dieron no me dixeran 
que era obra suya, pensaría yo que eran Ordena- 
ciones de alguno de los sapientísimos Prelados. 

Escribió otros tratados mímicos; ¡qué altos, qué 
sublimes! ya daré de ellos especie. 

En la pág. 41 añade: 

Escrivió en su juventud un copioso tratado de 
la Leche virginal de la Soberana Madre de Dios, 
en que hablando primero en sentido natural de 
los beneficios que debemos á Nuestra Señora, 
pasa á tratar en sentido místico y alegórico, en- 
tendiendo en la lecie la doctrina. 

Obra es ésta de su juventud, á mi parecer digna 
de un hombre docto y versado en las Escritu